lunes, 21 de diciembre de 2015

GOZOSAMENTE APARTADO by Gary Wilkerson

Abraham no era cristiano ni judío. Según lo que sabemos, él no tuvo historia alguna con Dios en lo absoluto. Pero un día, Dios le ordenó: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré” (Génesis 12:1). Así que, ¡Abraham empacó y se marchó!

Todos veneramos a Abraham como nuestro Padre en la fe, pero su historia es en realidad un poco extraña. Acá tenemos a un hombre que lo tenía todo: riquezas y herencia, una maravillosa esposa y cantidades de ganado y de tierra. Sin embargo, increíblemente, cuando una voz le dijo: “Levántate y sal de aquí”, él obedeció. Voluntariamente se apartó a sí mismo de todo lo que conocía, aún de las cosas buenas, para seguir a Dios.

Ahora, déjenme preguntarles a aquéllos de ustedes que están casados: ¿Les parecería algo extraño si tu cónyuge te dice que una voz le dijo que debía renunciar a su trabajo, a su casa y a sus posesiones y trasladarse con su familia a otro estado, a otro lugar sin ninguna promesa de manutención o ingreso económico; incluso si pensara que Dios le dijo que lo hiciera? Tal vez tú estarías dispuesto a ir, pero, ¿no estarías tentado a llamar a un siquiatra antes?

¿Qué forzó a Abraham a hacer esto? ¿Qué movió con tanto poder a Abraham a hacer esa clara separación? Una mirada a Esteban en Hechos 6 y 7, nos da una percepción más clara. Él estaba realmente apartado para los propósitos de Dios, haciendo milagros y maravillas en nombre de Cristo en la Iglesia Primitiva. Sin embargo, esto le traía problemas con los líderes religiosos. Cuando él estuvo frente a ellos en juicio, él les predicó: “Varones hermanos y padres, oíd: El Dios de la gloria apareció a nuestro padre Abraham, estando en Mesopotamia” (Hechos 7:2).

Esteban les estaba diciendo, en efecto, “¿Están ustedes ofendidos por mi fe? Bien, todo comenzó cuando nuestro padre Abraham dejó atrás su dependencia de las cosas de este mundo para seguir a Dios. Una vez que él contempló la gloria del Señor, ¡gozosamente se apartó a sí mismo de todo lo que él conocía!”

Muchas de los que están leyendo esto saben de lo que Esteban estaba hablando. Cuando ustedes tuvieron su primer encuentro con Cristo, reconocieron: “Acabo de probar algo que nunca había probado antes. Nunca había conocido esta clase de gozo. Nunca había experimentado algo tan asombroso. Estoy completamente seguro de que estoy en tierra santa”.