martes, 22 de diciembre de 2015

LAS PROMESAS DE DIOS

Las promesas de Dios son para aumentar nuestras expectativas en Él. Debemos declarar que Su Palabra es la promesa, sólida como una roca, de un Padre amoroso y poderoso para con Sus hijos. Sin embargo, a menudo, cuando no vemos que Su Palabra se cumpla según nuestro itinerario, el enemigo inunda nuestras mentes con preguntas acerca de la fidelidad de Dios. El blanco de Satanás es sencillo: robarnos de toda nuestra confianza en el Señor.

Estoy convencido de que el diablo trató de levantar toda clase de dudas en Juan el Bautista, mientras estaba en prisión. Me lo imagino susurrando al oído de Juan: “Sí, este Jesús es un hombre santo. Pero, Él es otro profeta cualquiera que hace milagros y buenas obras. Si Él es el Mesías, entonces ¿por qué estás pasando tú tanta necesidad? ¿Por qué es que Él no ha cumplido Su Palabra, como lo mencionaron Isaías y los profetas? Y, ¿por qué tu propia predicación no te ha funcionado?”

Satanás usa estas mismas mentiras y engaños contra nosotros hoy. Y su meta es sembrar semillas de duda en nosotros acerca de la Palabra de Dios, de Sus promesas, de Su deleite en nosotros. El enemigo susurra: “Dices que tu Padre celestial es un Dios de milagros, de lo imposible, que Él escucha tus peticiones inclusive antes de que las hagas. Entonces, ¿por qué todo este sufrimiento? ¿Por qué todo el silencio del cielo? ¿Por qué no hay una sola chispa de evidencia de que Dios ha escuchado tu clamor?

“Mira a tu alrededor. Todos están recibiendo respuestas a sus oraciones, excepto tú. Tú estás atrapado en un matrimonio insatisfecho. Oras para que tus hijos se salven, pero nada cambia. Por años, has predicado sobre la fidelidad de Dios a otros, entonces, ¿por qué no ha te ha funcionado a ti? ¿Por qué te ha dejado Él aquí, en esta espantosa condición?”
Una evidencia segura de que la incredulidad se ha arraigado en tu alma es que dejas de orar por lo que una vez creíste que Dios podía hacer. Ya no le llevas tus cargas a Él. Ya no vienes a Él en fe. En resumen, ya no estás dispuesto a dejarlo hacer las cosas a Su manera en tu vida.

“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Mateo 7:7).