lunes, 31 de marzo de 2014

UN TESTIMONIO DIGNO DE GLORIA by Gary Wilkerson

Vivimos en una época en la que las predicciones bíblicas se han vuelto realidades visibles. Pablo escribió que en los últimos días vendrían tiempos peligrosos en la Tierra (ver 2 Timoteo 3:1). Ahora mismo, están ocurriendo cosas que no podíamos haber imaginado hace unos años.

Jesús predijo que los hombres se volverían amadores de sí mismos, amadores del dinero, aborrecedores y arrogantes. Hoy en día, los líderes de nuestra nación no pueden ponerse de acuerdo sobre los principios comunes más elementales. Si alguien tiene la osadía de mencionar el pecado, es llamado intolerante y es rechazado. A medida que la Palabra de Dios es movida al margen de la cultura, el pecado prevalece más y más.

Los pastores sienten el bombardeo espiritual. Semana tras semana, me entero de que otro matrimonio puede estar cayéndose a pedazos. Unos niños se cortaron su propia piel por su propio odio. Las drogas se han extendido más que nunca. Y cada día hay menos voces de ayuda, ya que cada mes 1,500 pastores dejan el ministerio.

Como Cuerpo de Cristo, no podemos estar dormidos ante estas cosas. El Antiguo Testamento habla de los hijos de Isacar, un grupo que tenía conocimiento de los tiempos y habilidad para tratar con el mundo (ver 1 Crónicas 12:32). ¿Puede decirse lo mismo del cuerpo de Cristo hoy? Si discernimos los tiempos, sabemos que éste no es un momento para medias tintas. La única forma que nosotros tenemos de "tratar con el mundo" es no permitiendo que la iglesia sea “lo de siempre”. Jesús dijo de ciertos espíritus demoníacos: "Este género no sale sino con oración y ayuno" (Mateo 17:21). En estos momentos, nuestras oraciones deben ser fervientes porque sin un cambio espiritual, el panorama se ve demasiado sombrío.

En medio de la oscuridad, Jesús nos llama a ser luz. Y éste es nuestro mensaje para tal hora: "Mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo" (1 Juan 4:4). Dios ha hecho obras impresionantes en la vida de Su pueblo y cada uno de nosotros es llamado a proclamar Su gloria a través de un testimonio digno de gloria.

¿Cómo es un testimonio digno de gloria? A este tipo de gloria (jactancia) me estoy refiriendo: "Mas el que se gloría, gloríese en el Señor" (2 Corintios 10:17). Para jactarnos como Pablo describe, tenemos que tener una jactancia digna de la gloria de Dios.

viernes, 28 de marzo de 2014

AYUDANTES EN ORACIÓN

Pablo estaba tan consciente de su necesidad por las oraciones de los santos, que rogaba por “ayudantes en oración” por todas partes. Le rogó a los romanos: “Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios, para que sea librado” (Romanos 15:30-31). Y le pidió a los tesalonicenses: “Hermanos, orad por nosotros.” (1 Tesalonicenses 5:25).

En griego, la palabra “ayudéis” aquí significa “luchar conmigo como compañero en oración; pelear por mí en oración”. Pablo no estaba pidiendo una mención rápida ante el trono. Él estaba rogando: “Pelea por mí en oración, Haz batalla espiritual tanto por mí, como por la causa del evangelio.”

Cuando Pablo estaba en la prisión, listo para entregar su vida, les rogó a los filipenses que oraran por él: “Porque sé que por vuestra oración y la suministración del Espíritu de Jesucristo, esto resultará en mi liberación” (Filipenses 1:19). Pablo sabía que era un hombre fichado, que las huestes de Satanás estaban empeñadas en destruirlo, y así es con cada verdadero ministro del evangelio. Cada pastor, predicador y evangelista necesita ayudantes en oración que intercedan por él continuamente.

Les aseguro que yo no estaría escribiéndoles hoy si no fuera por los ayudantes en oración que han estado a mi lado a través de los años. Fui recordado de esto recientemente mientras estuve en Europa para conducir unas conferencias de ministros y cruzadas nocturnas. Todo el tiempo, el Espíritu de Dios me hizo saber que estaba siendo sostenido por las oraciones de multitudes de personas.

En Niza, Francia, los norteamericanos no son muy queridos, en particular los evangelistas norteamericanos. Todos se preocupaban por la cruzada evangelística nocturna, pensando: “¿Se podrá llevar a cabo?”. Francia está desenfrenada con escepticismo, ateísmo, gnosticismo e incredulidad. Y la clase de reunión que planeamos nunca se había intentado antes.

Cuando llegó la hora, sin embargo, miles se habían reunido. Pero fue entonces cuando comencé a sentirme icapaz. No sabía qué predicar, porque ningún mensaje de los que tenia preparados parecía apropiado. Mi intérprete y yo habíamos revisado algunas notas de antemano, pero no estaba seguro si eran apropiadas para la reunión. Le advertí: “No estoy seguro de lo que voy a decir.”
Cuando pasé al podio, no obstante, el Espíritu cayó sobre mí poderosamente. Sentí las oraciones de miles de santos respaldándome, y mientras comenzaba a hablar, el Espíritu Santo llenó mi boca. Prediqué por cuarenta minutos, y durante todo ese tiempo se podía escuchar un alfiler caer al suelo. Cuando terminé, simplemente dije: “Si necesitas a Jesús, por favor pasa al frente”, y cientos de personas se pusieron en pie de un salto en respuesta.

jueves, 27 de marzo de 2014

PERSISTENCIA EN LA ORACIÓN

Algunos maestros bíblicos dicen que es incredulidad pedirle a Dios una y otra vez las mismas cosas. No, eso es erróneo y ha debilitado la fe de multitudes. Dios nos manda a pedir, buscar, ayunar y clamar con súplicas eficaces y fervorosas. (Ver Mateo 7:7)

Desde el mismo principio, los siervos verdaderos han tornado las promesas de Dios en oraciones:
  • Jesús sabía que su padre le había prometido todas las cosas antes de la fundación del mundo, y aún así Cristo pasó horas orando para que la voluntad de Dios se cumpliera en la tierra. Hasta dijo una parábola ilustrando la persistencia en la oración. Se trataba de la “viuda inoportuna” que seguía demandando justicia de un juez hasta que la consiguió. (Ver Lucas 18:1-8) 
  • Dios le dio maravillosas profecías a Ezequiel acerca de la restauración de Israel, prometiendo que las ruinas de la nación serían como el Jardín del Edén. Aún así el Señor dijo que Su palabra no se cumpliría sin oración: “Aún seré solicitado por la casa de Israel, para hacerles esto” (Ezequiel 36:37). En otras palabras: “Te hice una promesa pero quiero que ores por su cumplimiento. Búscame con todo tu corazón, hasta que la veas cumplida. Te liberaré, pero primero tienes que pedir.” 
  • Daniel había leído la promesa que Dios hizo a Jeremías (Daniel 9:2), que después de setenta años Israel sería restaurada. Cuando Daniel vio que el año señalado había llegado, pudo haber esperado en fe para que Dios cumpliera su promesa, pero en lugar de eso, ese santo hombre cayó sobre su rostro y oró por dos semanas hasta ver al Señor cumplir todo lo que había prometido. 
En el Antiguo Testamento, los sacerdotes de Israel llevaban los nombres de todas las tribus de Israel sobre su pectoral. Esto significaba que las necesidades del pueblo eran llevadas continuamente en el corazón del sacerdote en oración. Para los cristianos de hoy, esto ofrece una imagen maravillosa de Cristo llevándonos en Su corazón y presentando nuestras necesidades al Padre. Más aún, cada cristiano en la actualidad es un sacerdote del Señor, y debemos llevar siempre las necesidades de los demás en nuestros corazones (Ver Santiago 5:14-16)

miércoles, 26 de marzo de 2014

NO CON ORACIONES A MEDIAS

Como siervos del Señor, estamos en peligro constante del enemigo. Nuestro amor por Jesús es una amenaza a todo el infierno y no podemos tomar ninguna obra santa sin que Satanás ponga toda clase de lazos y trampas para nosotros.

Recientemente, una consejera matrimonial me llamó: “Dondequiera que miro en nuestra iglesia, las parejas se están separando”, me dijo. “Literalmente, es una plaga en el cuerpo de Cristo ahora mismo”.

Escucho toda clase de razonas por el descontrol en hogares cristianos: incompatibilidad, falta de comunicación, pérdida de afecto, infidelidad. Pero en realidad, es algo que va mas allá de eso. Detrás de todo, es un ataque del infierno contra los santos de Dios.

La causa de los hogares rotos entre inconversos no es un misterio. Pero entre los justos, tal descontrol tiene una causa. Piénsalo, ¿Cómo pueden perder la autoridad en sus hogares los cristianos dedicados que han estado escuchando predicación santa por años? Ellos conocen muy bien el juramento de Dios en su pacto de ser su fortaleza. Ellos saben que Él promete destruir cada poder satánico que venga contra ellos. Así que, ¿Por qué el diablo está prevaleciendo? ¿Por qué sus matrimonios están bajo constante amenaza?

Creo que es porque al menos un integrante de la pareja ha abierto la puerta al engaño satánico. Quizás ambos han permitido algo de liviandad en sus vidas, o se han vuelto espiritualmente flojos. Y ahora un demonio enfurecido ha obtenido una fortaleza en sus corazones y hogar.

Si estás bajo ataque como este, debes preguntar lo que los discípulos preguntaron: “Maestro, ¿Por qué no pudimos echar fuera esos demonios?” Jesús respondió que ciertas ataduras satánicas no responderán a la imposición de manos o una sola oración a medias. Estas fortalezas están arraigadas tan profundamente, que la única forma de echarlas fuera es a través de oración y ayuno continuo.

Sin embargo, la iglesia de hoy está en un adormecimiento en relación al poder de la oración. Un velo ha caído sobre los ojos de millones. Y ahora, cada vez que confrontan problemas, el último a quien van es a Jesús. Han abandonado el aposento secreto, y a cambio, se han vuelto a la sicología, consejeros, libros, amigos; a todo, menos al Señor.

Si dices que tu matrimonio está arruinado y quieres que sea sanado, tengo que preguntarte ¿Cuánto tiempo pasas a solas con Dios? ¿Cuántas veces has apagado el televisor por una hora para solamente sentarte ante Jesús y descargar tu alma? ¿Cuántas comidas has dejado para ayunar por tu matrimonio?

“La oración eficaz del justo puede mucho.”(Santiago 5:16)

martes, 25 de marzo de 2014

EL FOCO DE ATENCIÓN DE LA ORACIÓN

La oración es a menudo una de las áreas más egoístas en la vida del cristiano. Cuando lo piensas bien, la mayor parte de nuestras oraciones se enfocan en nuestras necesidades. Los dos temas centrales de nuestra intercesión son nuestro crecimiento espiritual y las necesidades de nuestra familia y amistades.

Ocasionalmente, puede que alcancemos más allá de nuestros intereses y oremos por los demás. Sin embargo, usualmente cuando decimos: “Oraré por ti”, no lo hacemos, o si no, oramos por ellos una vez y luego nos olvidamos rápidamente de su necesidad.

Recientemente, he estado examinando mi vida de oración a la luz de las escrituras y he sido redargüido por la estrechez y limitaciones de mis propias oraciones. Como muchos creyentes, paso gran parte de mi tiempo buscando el rostro del Señor acerca de mi caminar con Él. Clamo a Él por santidad, para ser más como Él, para recibir dirección para la vida y para tener Su unción en mi ministerio. Y disfruto de dulce comunión con Él, adorándole calladamente y siendo refrescado en su presencia.

También intercedo diariamente por mi familia, le pido al Señor que proteja a mis hijos de las acechanzas del diablo, que haga a mis hijos como árboles plantados junto a los ríos de Dios, que haga a mis hijas como piedras preciosas en Su palacio, y que haga de todos mis nietos amantes de Jesús. También oro por los asuntos y preocupaciones del cuerpo de Cristo en nuestra iglesia. Intercedo por individuos que están en crisis y por los tantos misioneros y ministerios que apoyamos.

Dirás: “Todo eso es de elogiar, hermano David. Nos conforta saber que estás separado con el Señor, en comunión con Él y orando por todas esas necesidades”.

Pero según la palabra de Dios, dulce comunión no es suficiente. Sí, es el secreto para el crecimiento espiritual; y no podemos tener más grande experiencia en la tierra; pero si vamos al trono solo para nuestra edificación y necesidades personales, estamos siendo egoístas. Sencillamente, no podemos descuidar de orar seriamente por las grandes necesidades a nuestro alrededor.
“Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies”. (Mateo 9:37-38).

lunes, 24 de marzo de 2014

SUEÑOS DE DIOS by Gary Wilkerson

Génesis 37:5 nos dice: “Y soñó José un sueño”. Dios habló directamente a José en sueños y él no retrocedió, sino que permitió que los sueños despierten una ambición divina en su corazón. La palabra sueño aparece 113 veces en la Biblia, y más de 30 de esos pasajes están relacionados con José.

Génesis 37:5 continúa: “y…contó [el sueño] a sus hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía”. Muchos de nosotros estamos avergonzados de los sueños que Dios ha puesto en nuestro corazón, y parte de esa vergüenza viene de nuestro miedo a las opiniones de los demás. Pero hasta que no hablemos nuestra ambición divina, nunca será realizada. Dar voz a nuestro sueño es en sí mismo, un paso de fe.

Durante años, mi sueño era conducir una iglesia vibrante como “The Spring Church”, pero cuando lo di a conocer podía ver la duda en los ojos de la gente. Hubiera sido fácil para mí sumirme en sus dudas, después de todo, yo solamente había pastoreado iglesias pequeñas, pero gracias a Dios, su Espíritu me animó a seguir diciendo “sí” al sueño que Él Puso en mí, y a confiar en Él para hacer que se cumpla.

No hay nada como rendirse al libertinaje para destruir un sueño dado por Dios. José pudo haber cedido ante el pecado cuando la esposa de Potifar intentó seducirlo. Pero cuando estás viviendo para Dios, haces cualquier cosa para evitar angustiarlo. La integridad de José enfureció a la esposa de Potifar, pero él estaba poniendo en alto la justicia cuando rechazó a la mujer. “¿Cómo, pues, haría yo este grande mal y pecaría contra Dios?” (Génesis 39:9).

Ha llegado el momento de que retomes el sueño que Dios te dio hace mucho tiempo. Puede que estés en un pozo, pero lo que se ve como una prueba muy larga puede ser el terreno firme de Dios para tu servicio honorable a Él. ¿Temes soñar? Pídele a Dios que reemplace tu miedo con fe. ¿Vienes de un trasfondo disfuncional? Confía en que Él te guiará a pesar de las cicatrices persistentes. ¿Tienes miedo de que has pecado por mucho tiempo? Recuerda su promesa de ir en busca de cada oveja que se ha extraviado.

Dios da la bienvenida a todos los pecadores a la vida de fe y librará a cada siervo que confía en Él de cada pozo en que caiga. Que nada estorbe el supremo llamamiento que el Señor te está haciendo. Él desea ponerte en un camino acelerado que glorifique Su nombre.

sábado, 22 de marzo de 2014

COMO EMPIEZA EL AVIVAMIENTO by Jim Cymbala

Si estudias la historia de cualquiera de los avivamientos pasados, siempre encontrarás hombres y mujeres que primeramente gimen por dentro, anhelando ver un cambio en el statu quo, tanto en sí mismos como en sus iglesias. Empiezan a invocar a Dios con insistencia y la oración engendra avivamiento, que a su vez engendra más oración. Es como lo que ocurre en el Salmo 80, donde Asaf se lamenta por el estado triste que se vive en su época, los muros derrumbados, los animales desenfrenados, las viñas quemadas. En el versículo 18 suplica: “Revívenos para que podamos invocar tu nombre una vez más”

El Espíritu Santo es el Espíritu de oración. Únicamente cuando estamos llenos del Espíritu sentimos la necesidad de Dios dondequiera que vayamos. Quizá estemos conduciendo un automóvil, y espontáneamente nuestro espíritu empieza a elevarse a Dios con necesidades y peticiones e intercesiones allí en medio del tránsito.

Si nuestras iglesias no oran, y si el pueblo no tiene apetito de Dios, ¿Qué importancia tiene la cantidad de gente que asiste a nuestros servicios? ¿Qué impresión le causaría eso a Dios? ¿Puede usted imaginarse a los ángeles diciendo: “¡Oh, qué bancas! ¡Son de una belleza increíble! Aquí en el cielo hemos estado hablando acerca de ellas durante años. La forma en que tienen escalones que ascienden hasta el púlpito es maravillosa”

Si no nos interesa experimentar la cercanía de Dios aquí en la tierra, ¿Por qué tendríamos interés de ir al cielo? Él es el centro de todo allí. Si no disfrutamos estar en su presencia aquí y ahora, entonces el cielo no será cielo para nosotros. ¿Por qué Dios habría de enviar allí a alguien que no tuviera un ferviente anhelo por Él aquí en la tierra?

No es que sugiera que somos justificados por obras de oración o por cualquier otro acto de devoción. No soy legalista. Pero no esquivemos el tema de cómo será el cielo: disfrutar de la presencia de Dios, dedicar tiempo para amarlo, escucharlo y rendirle alabanza.


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Jim Cymbala Jim Cymbala comenzó la iglesia Brooklyn Tabernacle con menos de veinte miembros en un pequeño y deteriorado edificio en una parte difícil de la ciudad. Nacido en Brooklyn, es un viejo amigo de David y Gary Wilkerson, y un orador frecuente en conferencias para pastores y líderes patrocinadas por World Challenge en todo el mundo.

viernes, 21 de marzo de 2014

¡ETERNAMENTE SUYO!

Quizás piensas, ¿cuántas veces te perdonará el Señor por cometer el mismo pecado una y otra vez? Puedes estar seguro de que Su increíble perdón es ilimitado. Cada vez que pecas, puedes ir a Jesús y encontrar liberación. Sin embargo, el perdón del Señor no es tonto ni ciego. Es cierto que nuestro Padre celestial nos perdona, pero en cierto punto, nos castiga para que no sigamos en ese pecado.

Cuando mis cuatro hijos estaban creciendo, tuve que castigarlos por portarse mal. Los llamaba a mi habitación para pegarles y comenzaban a llorar, gritando: “¡No, papi, lo siento! ¡Por favor, perdóname!”

Yo los perdonaba, pero eso no me detenía de aplicarles la correa. Yo sabía que si no lo hacía, iba a perder significado para ellos, se convertiría en una broma en lugar de una fuente de disciplina. De igual manera, la ley de Dios existe para recordarnos Sus normas santas, Sus caminos ¡y que Él hace lo que dice!

Déjame dejarte con una palabra de esperanza. Si estás en las profundidades ahora mismo por tu pecado, anímate. Él te está castigando a causa de Su tierno amor. ¡Él quiere que sepas lo que es temerle!

Exactamente, ¿qué significa temer al Señor? Significa poder decir: “Sé que mi Padre me ama. Le pertenezco con total seguridad y sé que Él nunca me abandonará. El siente mi dolor cada vez que lucho y es paciente conmigo mientras lucho contra el pecado. Él siempre está listo para perdonarme cada vez que le invoco, pero también sé que nunca va a permitir que continúe desobedeciendo Su Palabra. Mi Padre celestial no impedirá mi corrección ¡porque Él me ama profundamente!”

Ese es el punto de todo. Dios quiere que aceptemos Su perdón para que Le temamos. “Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado” (Salmo 130:4). Una vez que temamos al Señor, querremos más que sólo obedecerle. Querremos agradarle, poner una sonrisa en Su rostro. ¡Ese es el resultado bendito del temor santo de Dios!

jueves, 20 de marzo de 2014

SÓLO POR FE

Una de las promesas fundamentales del Nuevo Pacto se encuentra en Jeremías 31:34: “…perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado”. Y Pablo añade en el Nuevo Testamento: “Y a vosotros, estando muertos en pecados… os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados” (Colosenses 2:13). Dios nos ha prometido Su perdón para cada pecado.

Sin embargo, esta promesa de perdón está limitada a ciertas personas. Sólo aplica a los que han sido aplastados y consumidos por sus pecados, quienes han llegado a las profundidades de la culpa, a quienes soportaron que el Espíritu Santo escudriñe sus almas y se han arrepentido ¡y se han vuelto a Cristo en fe!

Jesús mismo dice: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos” (Mateo 7:21). Tristemente, multitudes de cristianos no sienten molestia alguna por su pecado. Sus malos hábitos no le molestan en lo más mínimo. Se han convencidos a sí mismos de que Dios es tan misericordioso y tan lleno de gracia, que les perdonará aunque continúen viviendo tercamente en pecado.

No, ¡nunca! ¡Se han hecho de una paz falsa! ahogando todo lo que el Espíritu Santo haya querido escudriñar y tratar; ahogando cualquier convicción de pecado que el Espíritu santo haya querido traer. Han buscado perdón antes que su culpabilidad haya podido madurar para convertirse en tristeza según Dios.

Al mismo tiempo, el perdón de Dios sólo se puede obtener por fe. No podemos obtenerlo con la razón. El regalo de Cristo: Su sangre expiatoria, es tan profundo, tan lleno de gracia, tan misterioso, que está más allá de la capacidad del entendimiento humano. Podemos sentir condenación, temor y culpa por nuestras ofensas, pero nuestro Padre celestial está amorosamente a nuestro lado todo el tiempo, listo para perdonar. La sangre de Cristo, el amor del Padre, el deseo de perdonar del Señor; todas estas bendiciones se experimentan sólo por fe: “Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá” (Gálatas 3:11).

miércoles, 19 de marzo de 2014

EL SEÑOR ES BUENO Y PRONTO PARA PERDONAR

Muchos creyentes son abrumados de tal manera por sus fracasos que con el tiempo se sienten atrapados sin esperanza de ayuda alguna. Isaías escribió acerca de tales creyentes: “Pobrecita, fatigada con tempestad, sin consuelo” (Isaías 54:11).

A veces algunos se enojan con Dios. Se cansan de esperar a que Él se mueva, entonces, claman en forma acusadora: “Señor, ¿dónde estabas cuando te necesitaba? Clamé a ti para que me libraras, pero nunca respondiste. Hice todo lo que sé hacer, pero aun no soy libre. Estoy cansado de arrepentirme y llorar, sin ver ningún cambio”. Muchos creyentes así, sencillamente dejan de luchar y se entregan a su lujuria.

Otros caen en una neblina de apatía espiritual. Están convencidos de que Dios no se preocupa por ellos. Se dicen a sí mismos: “Mi camino está escondido de Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio” (Isaías 40:27). “Me dejó Jehová, y el Señor se olvidó de mí.” (Isaías 49:14).

Incluso otros terminan poniendo toda su atención en su pecado, tratando de mantenerse en un estado de constante convicción. Esto sólo hace que ellos se desconcierten, clamando: “Nuestras rebeliones y nuestros pecados están sobre nosotros, y a causa de ellos somos consumidos; ¿cómo, pues, viviremos?” (Ezequiel 33:10). El hecho es que, sentir convicción de pecado no es un fin en sí mismo. Cuando somos humillados a causa de la culpa y la tristeza por nuestro pecado, no debiéramos permanecer en esos sentimientos. Éstos existen para llevarnos al final de nosotros mismos y a la victoria en la cruz.

Después de tanto llorar y clamar al Señor, David terminó testificando: “Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado” (Salmo 130:4). El Espíritu Santo comenzó a inundar su alma con recuerdos de la misericordia de Dios y David recordó todo lo que había aprendido acerca de la naturaleza perdonadora del Padre: “Pero tú eres Dios que perdonas, clemente y piadoso, tardo para la ira, y grande en misericordia” (Nehemías 9:17).


Pronto, David comenzó a regocijarse, recordándose a sí mismo:” Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan” (Salmos 86:5).

martes, 18 de marzo de 2014

DIOS NO ESTABA ENOJADO CON JONÁS

“Si mirares a los pecados, ¿quién, oh Señor, podrá mantenerse?” (Salmos 130:3).

Muchos cristianos luchan como David. Cuando el temor santo y justo de Dios es implantado en su alma, Su terrible majestad acampa sobre ellos. Ríos de Su ley señalan directamente a su corazón, y comienzan a languidecer en agonía. Como David, claman, Señor, ¿quién puede estar delante de ti? ¿Quién puede soportar tu santidad?

Jonás hizo la misma pregunta. Él estaba literalmente en el fondo del océano, sin poder escapar de su dilema. También él clamó: “Me echaste a lo profundo, en medio de los mares, y me rodeó la corriente; todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí…descendí a los cimientos” (Jonás 2:3, 6).

¿Quién lanzó a Jonás a aquella profundidad de tinieblas? ¡Fue Dios! Ciertamente, fue el Padre celestial quien llevó al profeta al mismo fondo y preparó un gran pez para que se lo tragara.

Dios no estaba enojado con Jonás, entonces, ¿por qué permitió que esto le sucediera a él? ¡Porque Él quería detener a su siervo de huir de Su voluntad! Él quería que Jonás siguiera Su plan, para que fuera bendecido. En resumen, ¡Dios llevó a Jonás a las profundidades para restaurarlo!

Jonás 2:2 nos dice exactamente lo que Dios buscaba: “Invoqué en mi angustia a Jehová, y él me oyó; desde el seno del Seol clamé, y mi voz oíste”. El Señor estaba esperando que Jonás se volviera a Él, que clamara sólo a Él. “Entonces dije: Desechado soy de delante de tus ojos; mas aún veré tu santo templo” (versículo 4). “Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová” (versículo 7).

En la actualidad, el Señor hace lo mismo con nosotros: Él permite que nos hundamos en la desesperación de nuestro pecado hasta que no tengamos otra opción que recurrir a Él. Y finalmente, desde el vientre de nuestro infierno, clamamos: ¡Oh Señor, por favor escúchame! No tengo esperanzas. ¡Tienes que liberarme!”

Quizás has llegado al fondo de tu pecado. Simplemente, parece que no puedes obtener la victoria sobre ese pecado que te asedia. Y ahora el Señor ha permitido que desciendas a las profundidades. Sin embargo, todo es con un propósito. Él está esperando que, como Jonás, tú puedas “mirar otra vez a Él”.

Tenlo por seguro, que cuando Jonás clamó al Señor, Dios lo libró rápidamente:” Y mandó Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra” (versículo 10). Dios le dijo al pez: “¡Basta ya! Ahora, vomítalo. ¡Mi siervo me ha invocado y Yo le voy a contestar!”

lunes, 17 de marzo de 2014

EL ALIENTO DE VIDA DE DIOS by Gary Wilkerson

“Y miré, y he aquí tendones sobre ellos, y la carne subió, y la piel cubrió por encima de ellos; pero no había en ellos espíritu” (Ezequiel 37:8). ¡Qué trágica escena! Sé de iglesias que tienen todos los programas y estrategias en su lugar, pero no tienen vida. Así que, muchas iglesias hacen seminarios, conferencias, libros, sitios web, transmisiones en vivo y reuniones para todos los segmentos de edades y de necesidades. Todas estas cosas fueron diseñadas para lo bueno, pero a menos que el Espíritu de Dios sople en ellas, no son nada. De hecho, tales cosas tienen el poder sutil de despojarnos de la vida que Dios desea para nosotros.

Mientras recorremos las actividades de la iglesia, nos engañamos pensando que somos espirituales. Puede dar la apariencia de que los huesos secos se están uniendo entre sí, pero en realidad éstos carecen del aliento de vida de Dios. Yo cambiaría 1,000 servicios de adoración y 10,000 estrategias por un solo aliento de Su Espíritu. Sólo Dios puede soplar vida en lo que hacemos, para que vivan estos huesos secos.

“Y me dijo: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu” (37:9). La palabra “espíritu”, acá es la palabra en hebreo “rauch”, que se refiere al Espíritu de Dios. Una vez más, Dios le ordenó a Ezequiel que profetizara. La primera vez debía profetizar a los huesos, esto es, al pueblo, pero este segundo mandato es a profetizar a Dios mismo. “Rauch”, el Espíritu Santo.

¿Qué está diciendo Dios en este versículo? Nos está diciendo que predicarnos el uno al otro, articular doctrina, no es suficiente. No podemos, simplemente hablar al hombre acerca de las cosas de Dios. También debemos hablar a Dios acerca del hombre, rogándole a Él para que obre. Dios llama a hombres y mujeres de fe a clamar hasta que Él intervenga en su situación y cambie las cosas. Sólo el Espíritu Santo de Dios puede traer vida. Nuestros ojos no pueden ver, nuestros oídos no pueden oír, nuestras bocas no pueden hablar nada sobre Él sin que primeramente Él nos haya despertado.

Cuando Él lo hace, los resultados nos asombran: “Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos [los huesos], y vivieron, y estuvieron sobre sus pies” (37:10).

El aliento de Dios nos pone de pie con confianza. Lo mismo sucedió en Hechos 2: “Pedro, poniéndose en pie con los once” (2:14). El Evangelio que Pedro proclamó en Pentecostés no era diferente al Evangelio que él conocía y que ahora, puesto de pie, proclamaba con poder de lo alto.

La vida que Dios está a punto de soplar dentro de nosotros es la que hace vivir a los huesos secos, la que da vida a un lugar de tinieblas y desesperación. Del caos, Jesús produce vida. De las cenizas, Él produce belleza. ¡Y en una horrorosa situación en la que el enemigo sólo quiere destruirnos, Jesús sopla vida nueva!

sábado, 15 de marzo de 2014

LA CLAVE by Carter Conlon

“Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas” (Mateo 7:12). Es como si Jesús estuviera diciendo: “Si yo estuviera sufriendo me gustaría que alguien me consolara, y si me perdiera me gustaría que alguien me diera lo que tuviese para sacarme de ahí”.

Haz por los demás lo que quieras que hagan por ti. Esta es la clave para liberar todos los recursos que Jesús nos dice que debemos pedir. Es la clave para soportar el desprecio de aquellos que se le oponen y la clave para ser amable con sus enemigos. Es el corazón de Dios que dice: “No estoy dispuesto a que ninguno se pierda”, y eso es lo que te permite no tomar represalias cuando te abofetean en la cara. Es la clave de la felicidad y el amor en el lugar de trabajo a pesar de la rudeza de los que te rodean.

La promesa al final de este capítulo de la Escritura dice: “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca” (Mateo 7:24-25). La casa fue fundada sobre la obra de Dios en la tierra. Es por eso que Pablo podía estar en un barco azotado por la tormenta, todavía en pie, y tomar la santa cena, y alentar a los que tendrían que nadar hasta llegar a un lugar seguro (Ver Hechos 27). Todo se trataba de la gloria de Dios y de los demás, no se trata de su propia preservación. Pablo podía ver lo que el hombre común no podía ver. El capitán de la nave y los otros tripulantes no podían verlo, pero los ojos de Pablo fueron abiertos y se le dio una visión increíble, porque él había elegido ser usado para la gloria de Dios y los demás. Él era un tipo de aquellos que tendrían aceite para sus lámparas en los últimos días (Ver Mateo 25:1-13).

Los animo a estudiar los capítulos 5 al 7 de Mateo. He leído estos tres capítulos una y otra vez, y creo que dan una visión clara de lo que la vida cristiana debiese ser. Mientras más estudies estos capítulos, más convencido estarás que no puedes vivir esta vida por ti mismo, necesitas el poder de Dios. Así que el Señor te dice: “¡Pídelo ahora!” (Mateo 7:9).


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Carter Conlon se unió al equipo pastoral de la Iglesia Times Square en 1994, por invitación del pastor fundador David Wilkerson, y fue nombrado para el cargo de Pastor Principal en 2001. Un líder fuerte y compasivo, y un orador frecuente en conferencias para pastores y líderes dirigidas por World Challenge en todo el mundo.

viernes, 14 de marzo de 2014

CLAMA A SU NOMBRE

“Estoy debilitado y molido en gran manera; gimo a causa de la conmoción de mi corazón. Señor, delante de ti están todos mis deseos, y mi suspiro no te es oculto.” (Salmo 38:8-9)

¿Te encuentras tan desesperado como lo estaba David? ¿Te has encerrado con el Señor, te has postrado y has gemido ante Él? Una oración aburrida, callada y floja no logrará nada. Si no estás descargando tu corazón ante Dios, realmente no quieres sanidad, ¡quieres rendirte!

Tienes que clamar a toda voz, como David, “¡Señor, escucha mi súplica! ¡No te dejaré hasta que me contestes!”

Déjame ilustrarte la clase de desesperación que David experimentó. Suponte que vas camino a casa y al doblar la esquina de tu calle, ves carros de bomberos estacionados frente a tu casa. Humo negro está saliendo de las ventanas y todo el lugar está a punto de encenderse en llamas. Y tú sabes que tu cónyuge e hijos están atrapados adentro.

Dime, ¿cuán tranquilo y calmado estarías en ese momento? ¿Cuánto tiempo estarías sin hacer nada, esperando que el fuego se apague por sí solo? ¿Te sentarías ahí calladamente orando: “Jesús, espero que tú apagues el fuego”? ¡No! ¡Si tuvieras algo amor en tu corazón, correrías a tu casa a través del humo y tratarías de hacer algo!

Si tu matrimonio está en problemas, entonces tu hogar se está quemando y tu relación está sufriendo. Si permites que este fuego continúe, vas a perderlo todo.

Entonces, ¿tienes temor de Dios por tu matrimonio? ¿Te sientes cargado con culpabilidad y condenación por el rol que has cumplido en su desintegración? Si es así, no trates de calmar tu conciencia. Dios te está mandando Su palabra fuerte porque te ama. Él te está advirtiendo en forma misericordiosa, tratando de despertarte antes que te autodestruyas. Así que corre a Él y ora diligentemente. Toda sanidad comienza al llamar Su Nombre con urgencia.

jueves, 13 de marzo de 2014

¿QUEDA ALGUNA ESPERANZA?

En desesperación, David clamó: “Señor, oye mi voz; Estén atentos tus oídos a la voz de mi súplica” (Salmo 130:2). Esto me suena al ruego de un hombre moribundo. Es obvio que David no estaba haciendo “oraciones solo con el pensamiento”. El estaba con el rostro en tierra, quebrantado, contrito, rogando a Dios desde lo más profundo de su corazón.

David sabía que su alma necesitaba ser libertada y se volvió sólo a Dios para encontrar esa liberación. Él concluyó: “Estoy en una condición tan desesperada que sólo el Señor puede ayudarme ahora. No puedo depender de consejeros, amigos, o familia. Mi única esperanza está en la oración. ¡Así que voy a clamar día y noche hasta que Dios escuche mi súplica!

Muchos matrimonios cristianos necesitan el tipo de liberación que David buscaba. En todo lugar veo parejas hundiéndose en el pozo oscuro de la desesperación. Cónyuges que dicen amarse el uno al otro, pero que ni siquiera se comunican de buena manera. Demuestran más bondad a un extraño que a su cónyuge. Con el tiempo, su hogar se ha convertido en un lugar frio de absoluta mediocridad. No se dan cuenta, pero van en caída libre hacia la destrucción, su relación está girando rápidamente fuera de control. Quizás tu matrimonio ha caído, ambos han tocado fondo, y te despiertas cada día preguntándote si queda alguna esperanza.

Amado, necesitas despertar a tu condición. Has caído en un hoyo oscuro, lleno de actitudes impías, y esta condición no desaparecerá por sí sola. Si no actúas, empeorará hasta que finalmente uno de ustedes terminará con el matrimonio.

¡Despierta ahora a la voz del Espíritu Santo! Hay pecado en tu matrimonio y está siendo cometido por ambos, tú y tu cónyuge. Tienen que confrontarlo, o permanecerán en el fondo del pozo oscuro para siempre.

Así que, ¿a quién estás llevando tus penas? ¿Te estás desahogando con tu mejor amigo? Si es así, ¿estás simplemente creando un caso en contra de tu cónyuge? Si estás viendo a un consejero, ¿estás simplemente buscando una justificación para terminarlo todo?

Por favor no malinterpretes mis preguntas, yo creo en la consejería matrimonial, pero si de verdad quieres llegar al fondo del problema, sólo existe un lugar donde ir. ¡No tienes que mirar más lejos que en tu propio corazón! El pecado esta allí mismo dentro de ti y, al igual que David, necesitas clamar al Señor por misericordia.

miércoles, 12 de marzo de 2014

LA FLECHA DE LA VERDAD

Muchos cristianos se sienten aliviados al saber que no están incluidos en la lista de pecados mortales de los que habla Pablo: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.” (1 Corintios 6:9-10). Muchos creyentes sinceros hacen todos los esfuerzos para no convertir Su gracia en libertinaje y aun así se dan cuenta que su caminar no está a la altura del estándar de santidad de Dios.

Cuando leen el verso que sigue, sienten la penetrante flecha de la verdad: “Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (Versículo 11). De repente, recuerdan un pecado que los asedia que nunca han sido capaces de sacudir. Piensan: “Espera un minuto, he sido liberado y santificado, entonces ¿por qué no puedo dejar este mal hábito? ¡No estoy verdaderamente libre!”

Quizás recientemente has regresado a una vieja concupiscencia. A lo mejor has visitado un sitio web pornográfico en internet, o te involucraste en adulterio o pecado homosexual. O quizás has robado algo de tu trabajo, o estas bebiendo a escondidas en el camino del trabajo a la casa. Cualquiera que sea tu mal hábito, tú sabes que no eres libre en esa área.

No te sorprendas si te comienzas a sentir como David. “Me acordaba de Dios, y me conmovía…y desmayaba mi espíritu.”(Salmo 77:3)

Cada vez que el Señor ve a uno de sus hijos luchando con alguna concupiscencia o atadura, Él se mueve rápidamente para traernos de vuelta al camino de la obediencia, paz y descanso. ¿Cómo lo hace? ¡El trae condiciones a nuestra vida que nos obligan a confrontar nuestro pecado!

A menudo esto significa llevarnos a las profundidades, como Dios hizo con Jonás. Nos permite sentir su reprensión y que seamos tragados por nuestras circunstancias. Finalmente cuando Jonás estuvo en la más oscura de las profundidades clamó a Dios. ¡Y el Señor respondió rápidamente al clamor de su siervo, restaurándolo en Sus bendiciones y Su voluntad!

martes, 11 de marzo de 2014

SEÑOR, OYE MI VOZ

“De lo profundo, oh Jehová, a ti clamo. Señor, oye mi voz; estén atentos tus oídos a la voz de mi súplica. JAH, si mirares a los pecados, ¿Quién, oh Señor, podrá mantenerse? Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado.” (Salmo 130:1-4).

David se angustió por el escándalo que había causado en Israel. Su pecado fue descubierto, y todo el mundo lo sabía. Su pesar por la vergüenza que había causado era tan abrumador, que le rogó a Dios, “No me pongas por escarnio del insensato” (39:8).

Conozco un sin número de cristianos que al igual que David, aman a Jesús, sin embargo, han pecado horriblemente en contra de la luz que les fue dada. Han escuchado miles de sermones, han leído la Biblia diariamente por años, y han pasado innumerables horas en oración, sin embargo han pecado a pesar de todas las bendiciones de Dios. ¿Cómo? ¡Porque tienen un pecado que los asedia que nunca han confrontado!

Con el tiempo, su pecado ha cortado su comunión con Jesús y ahora el Espíritu Santo ha señalado su hábito, poniéndolo en alto ante ellos. Él les está advirtiendo: “¡Basta ya, este pecado tiene que salir! No aceptaré que continúes consintiéndolo. De ahora en adelante, estás bajo plazo. He expuesto tu pecado ante ti, pero pronto puede ser expuesto ante el mundo.

Cada vez que entran en la casa de Dios, no pueden levantar el rostro y lloran como David: “¡Mis pecados son muy numerosos! ¡Mi iniquidad se ha apoderado de mí, y ni siquiera puedo levantar mi rostro al cielo!”

Han perdido todo el gozo y la libertad que una vez disfrutaban, no pueden orar ni cantar con vida o poder, y acarrean un sentimiento de fracaso. Se han vuelto débiles, enfermos del alma, encorvados y listos para desmayar. ¡Y saben que es por su pecado que ha cortado su comunión con Dios!

¿Es ésta una descripción de la condición de tu alma en este momento? Si es así, dale gracias a Dios por su misericordia. ¡El está implantando en ti un temor santo del Señor!

lunes, 10 de marzo de 2014

¿VIVIRÁN ESTOS HUESOS? by Gary Wilkerson

Dios le preguntó a Ezequiel: “Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos?” (Ezequiel 37:3)

Qué pregunta más penetrante. Dios nos hace la misma pregunta hoy: “¿Pueden volver a la vida los huesos secos de tu situación? ¿Puede volver a la vida tu hijo rebelde? ¿Pueden venir a Cristo tus seres queridos inconversos?”.

Es una pregunta de fe: “¿Crees que esto puede suceder?”. También es una cuestión de voluntad: “¿Quieres que esto suceda? ¿Estás apenado por los huesos secos en tu vida?”. Si su respuesta es no, eso es un signo de sequedad, una falta de unción espiritual (pasión) sobre la oscura condición del mundo.

Esta fue la respuesta de Ezequiel: “Señor Jehová, tú lo sabes” (37:3). Esta fue una respuesta de confianza: “Señor, sólo Tú sabes estas cosas. Me has dado una visión de la horrible muerte. ¿Estás sugiriendo que estos huesos pueden vivir? ¿Es realmente posible?”. La pregunta había despertado la fe de Ezequiel. Era lo que Dios estaba esperando oír, y Él hace lo mismo con nosotros para estimular nuestra fe.

“Me dijo entonces: ‘Profetiza sobre estos huesos’” (37:4). Una vez que nuestra fe se involucra, una vez que hemos esperado en Dios y Él ha despertado nuestra fe, nos llama a la acción. Él nos pide que “profeticemos”, es decir, que hagamos frente a nuestra situación de huesos secos en fe. Tenemos que hablar vida en nuestras familias, creyendo que Dios da poder a nuestras palabras. Debemos hablar vida en nuestros trabajos, sabiendo que Él nos sostiene en su mano, no importa cuán oscuro sea el entorno. Para hacer esto, Dios tiene que respirar Su vida en nuestro ser: “Y pondré en vosotros espíritu, y viviréis” (37:6).

Dios hizo eso por Ezequiel. El profeta testifica: “Profeticé, pues, como me fue mandado” (37:7). ¿Se puede decir lo mismo de tu caminar con Dios? “Proclamé bendiciones y paz a las vidas de las personas. También dije cosas difíciles, les dije todo lo que el Señor quería que yo dijera, y a través de todo, yo sabía Él estaba conmigo”. Ese es el poder de la proclamación del evangelio.

¿Qué sucedió cuando Ezequiel profetizó en fe? “Hubo un ruido mientras yo profetizaba, y he aquí un temblor” (37:7). La palabra “ruido” aquí es la misma de Hechos 2, cuando el Espíritu Santo infundió nueva vida a los discípulos en Pentecostés. Ezequiel fue testigo de algo similar, ya que de pronto revivieron todos los huesos secos en el valle, se llenaron de vida. Se unieron para formar cuerpos vivos: “Y pondré tendones sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel, y pondré en vosotros espíritu, y viviréis; y sabréis que yo soy Jehová.” (37:6).

sábado, 8 de marzo de 2014

FE CONTAGIOSA by Claude Houde

Durante demasiado tiempo en muchas iglesias evangélicas, una actitud patética y sentimental de falsa humildad, excusaba, justificaba y animaba a los cristianos a decir: “¡No me mires! ¡No mires al hombre, mira sólo a Dios!” Permíteme explicarme: Es correcto, sano y bíblico mantener nuestro enfoque, devoción y máxima confianza en Dios y sólo Dios. Los hombres serán siempre falibles e imperfectos, ya que pueden decepcionarnos y herirnos. El apóstol Pablo nos recuerda que tenemos los tesoros eternos y perfectos del Reino de Dios en vasos de barro, junto con la fragilidad y las imperfecciones humanas (Ver 2 Corintios 4:7).

Sin embargo, el tiempo de ignorar y dar la espalda a nuestra responsabilidad y al llamado bíblico supremo de comunicar fe, amor, perdón, pureza, generosidad y un corazón apasionado por Dios y Su casa para con nuestros hijos y seres queridos, debe llegar a su fin. Sin arrogancia o pretensión, sino mas bien poseyendo un sentido espiritual interior y agudo de dependencia en Dios, el apóstol Pablo invitó apasionadamente a los creyentes jóvenes que lo rodeaban: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios 11:1). Pablo dijo más tarde a Timoteo: “Lo que has oído de mí…esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.” (2 Timoteo 2:2).

Tenemos que empezar a vernos a nosotros mismos de esta manera. Cuando nos damos cuenta y aceptamos el significado de nuestras vidas, de la inmensurable posibilidad de influencia que todos llevamos dentro de nosotros, un clamor se eleva desde la profundidad de nuestras almas hacia nuestro Dios: “¡Oh Señor, aumenta nuestra fe!” Querido lector, permíteme decírtelo de esta manera: ¡Cada uno de nosotros debe ser contagioso!

Déjame hacerte esta pregunta: ¿Qué comunican tus valores, pasiones y prioridades a los que están observando tu caminar y tu hablar en tu vida cotidiana? Déjame preguntarte de forma directa: Si me junto contigo, aprendo de ti y te imito… ¿Que me “contagiarás”? Tú y yo sabemos que la fe, el amor, el gozo y la pasión de algunos hombres y mujeres son comunicativos. ¡Estar cerca de ellos nos hace bien, nos inspira, nos sana y nos reconcilia con la raza humana! Nos encanta estar cerca de ellos y damos gracias a Dios por su fe que produce esperanza y nos impulsa hacia nuevas alturas de anhelos, compromisos y posibilidades en Dios.


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Claude Houde es el pastor principal de la Iglesia de la Nueva Vida (Eglise Nouvelle Vie) en Montreal, Canadá; y es un orador frecuente en conferencias para pastores y líderes dirigidas por World Challenge en todo el mundo. Bajo su liderazgo la Iglesia de la Nueva Vida se ha incrementado de ser un puñado de personas, a más de 3500 miembros, en una parte de Canadá donde pocas iglesias protestantes han alcanzado éxito.

viernes, 7 de marzo de 2014

QUITANDO EL CANDELERO

En Apocalipsis 2:5, Cristo nos da una palabra que nos deja saber que es más valer prestar atención. Él dice: “Arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar”.

Jesús dice, que si no nos arrepentimos, Él quitará toda la autoridad espiritual que nos haya dado. Esto incluye nuestra influencia en la ciudad, en nuestra comunidad, en el vecindario, en todos los que sean parte de nuestro círculo de influencia. Toda partícula de influencia nos será quitada.

Ahora mismo, por todo el mundo, hay iglesias cerrando sus puertas. ¡Sus luces están siendo literalmente apagadas, debido al juicio por rehusar arrepentirse! Dios dijo que perderían su discernimiento, sus bendiciones espirituales, su economía y hasta la misma presencia de Dios. Ahora están muertas, sin vida, con sólo recuerdos de las bendiciones pasadas.

He predicado en muchas iglesias como éstas, hace treinta años. En ese tiempo estaban repletas de creyentes animados. Hoy, unas pocas docenas de personas se sientan en los bancos. Pronto serán reducidos a nada y sus puertas cerrarán para siempre. Dios ha escrito: "Icabod" sobre sus puertas, lo cual significa: "¡El Espíritu del Señor se ha apartado!"

Sin embargo, amado, Dios le da el mismo mensaje a todo cristiano individualmente. Él dice: "Si rehúsas arrepentirte, si permaneces en tu apatía, quitaré tu candelero. ¡Ya no tendrás influencia sobre tu familia, tus colegas, sobre nadie!"

Sin embargo, mientras leemos estas palabras, no debemos temer. Jesús termina su amonestación de esta manera: " Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios" (Apocalipsis 2:7). Estimado santo, ¡Jesús es ese árbol! Él nos está diciendo: "Si te arrepientes, te daré vida constante de Mi propio ser. Y mientras sigas amándome, te proveeré de un fluir de vida sobrenatural en ti. ¡Esta vida se revelará en tu discernimiento, en tu amor por la gente y en tus buenas obras para Mi reino!" Este es el rasgo que distingue a todo cristiano que está verdaderamente enamorado de Jesús.

Jesús promete que tu tristeza según Dios, tu corazón arrepentido y tu amor renovado por Él te llevarán a la vida. Así que, ora ahora mismo: "Señor, dame un corazón verdaderamente arrepentido. Hazme volver a ser quien yo era cuando estuve enamorado de Ti por primera vez. ¡Pero esta vez, llévame más allá, más profundo de lo que antes había estado!"

Mientras te arrepientes, el Espíritu de Dios comenzará a producir en ti una nueva revelación de la gloria de Cristo. ¡Y Él lo hará conocer a todos alrededor de ti!

jueves, 6 de marzo de 2014

LA IGLESIA DE ÉFESO

Recordarás las siete iglesias que Juan menciona en Apocalipsis 2. Entre ellas está la iglesia de Éfeso, una congregación altamente encomendada por Jesús.

Me gusta pensar en nuestra iglesia “Times Square” como si fuera la iglesia de Éfeso. Ese cuerpo de creyentes trabajaba sin desmayar en una de las ciudades más populares del mundo, en medio de la maldad más vil. La gente se sacrificaba, odiaba el pecado y no aceptaba doctrinas falsas. Estaban fuertes en la fe, amando a Dios con todo su corazón sin importar las tentaciones que Satanás les lanzaba.

Sin embargo, Cristo sabía que algo andaba mal en ese pueblo. ¡Él amaba tanto a esta iglesia! Era una lámpara tan brillante a las naciones, que Él no estaba dispuesto a quedarse sentado y dejarla morir. Así que les dijo a los efesios: "Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor" (Apocalipsis 2:4).

Jesús estaba diciendo: "¡Tu fuego se está apagando! Tu amor por Mí, que alguna vez motivó tu fidelidad, está menguando. Antes llevabas Mi carga por los perdidos, pero ahora estás satisfecho tan sólo con sentarte y escuchar sermones. Estás totalmente envuelto en tus propios intereses, ignorando los Míos. ¡Has caído lejos de donde alguna vez estuviste!"

Jesús entonces les dice: "Recuerda, por tanto, de dónde has caído..." (versículo 5). Él está diciendo: "¡Recuerda! Añorabas ir a Mi casa, estar con Mis santos, llevar Mi carga. ¡Pero ahora, una hora el domingo por la mañana, es suficiente para ti!"

Así que, amado cristiano, ¿sigues encendido por Jesús? ¿Estás enamorado de Él como cuando te entregaste a Él por primera vez? ¿O has perdido el interés en lo que a Él le interesa, abandonando todo ministerio? ¿Tienes muchas otras cosas en tu vida? Si es así, el Señor te dice: "Tengo algo contra ti, ¡has dejado tu primer amor!"

Escucha lo que Jesús nos dice en este punto: "...arrepiéntete, y haz las primeras obras" (versículo 5). Él está diciendo: "¡Entristécete y tómalo en serio! Luego, deja que tu aflicción te traiga de vuelta ¡a donde estabas cuando me amaste por primera vez!"

miércoles, 5 de marzo de 2014

“ARADO PROFUNDO”

“¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?” (Romanos 2:4)
No estoy de acuerdo con todas las doctrinas de los escritores puritanos, pero me encanta su énfasis en la santidad. Estos piadosos predicadores llamaban sus sermones "arado profundo". Ellos creían que no podían sembrar verdaderas semillas de fe hasta que la tierra de los corazones de sus oyentes haya sido profundamente arada.

Los puritanos se aseguraban de que sus prédicas llegaran a lo profundo, rompiendo la tierra rocosa de las almas de sus oyentes. Sus sermones producían genuino arrepentimiento en sus congregaciones. Y, a través de los años se produjeron cristianos fuertes, maduros y fieles.

Hoy, sin embargo, la mayoría de las prédicas es sembrar sin arar. Escucho muy pocos sermones, hoy en día, que penetren más allá de la superficie. El “arado profundo” no sólo trata con la enfermedad del pecado; cava hasta llegar a la causa misma de la enfermedad. Muchas de las predicaciones que escuchamos hoy, se enfocan en el remedio mientras que ignoran la enfermedad. ¡Ofrecen una receta sin proveer la cirugía!

Tristemente, hacemos que la gente piense que ha sido sanada del pecado cuando nunca supo que estaba enferma. Les ponemos vestimentas de justicia, cuando nunca supieron que estaban enfermos. Les instamos a confiar en Cristo, cuando ni siquiera se han dado cuenta de su necesidad de confiar. Tales personas terminan pensando: "No me hará daño el añadir a Jesús a mi vida".

C.H. Spurgeon, el poderoso predicador inglés, dijo lo siguiente acerca de la necesidad de arrepentirse:

“Creo que la penitencia dolorosa aún existe, aunque últimamente, no he oído mucho acerca de ella. La gente parece saltar muy rápidamente hacia la fe en estos días… Espero que mi viejo amigo, El Arrepentimiento no haya muerto. Estoy desesperadamente enamorado del arrepentimiento; parece ser el hermano gemelo de la fe.

No entiendo mucho acerca de la fe sin lágrimas; sé que vine a Cristo por el camino de la cruz de llanto...Cuando vine al Calvario por fe, fue con gran llanto y súplicas, confesando mis transgresiones, y deseando encontrar salvación en Jesús, y en Jesús solamente”.

martes, 4 de marzo de 2014

EL EVANGELIO DEL ARREPENTIMIENTO

Mientras leo las palabras de Pablo, me encuentro examinando mi propio ministerio y tengo que preguntar: "¿He acortado el evangelio que Jesús predicaba, el evangelio del arrepentimiento? ¿Esencialmente, he cortado con tijeras mi Biblia y he quitado el alto precio de seguir a Cristo? ¿He rebajado Sus normas al decirle a la gente: "Sólo cree y sé salvo?"

¿Hemos acortado la convicción genuina por el pecado? ¿Nos hemos adelantado y ofrecido la salvación a aquellos que realmente no se han arrepentido, a quienes no se han dolido por sus ofensas, a quienes no se han dolido por sus transgresiones, a quienes han buscado la fe tan sólo para esconder sus lujurias tras ella?

Constantemente escuchamos exageraciones acerca del número de personas que viene a Jesús a través de diversos ministerios. Cristianos reportan que un sinnúmero de personas fueron salvas mientras predicaban en prisiones, escuelas y otras instalaciones. Dicen: "Todos en el lugar entregaron su corazón a Jesús. Cuando terminé de predicar, todos pasaron al frente para recibir salvación".

A menudo, lo que sucede es que todos sencillamente repiten una oración. Ellos simplemente oran lo que se les ha dicho que oren y muchos no entienden lo que están diciendo. ¡Después, la mayoría vuelve a sus caminos perversos!

Tales personas nunca experimentan una obra profunda del Espíritu Santo. Como resultado, nunca se arrepienten, nunca sienten dolor por sus pecados y nunca creen realmente. Trágicamente, les hemos ofrecido algo que Jesús mismo nunca ofreció: Salvación sin arrepentimiento.

Yo creo que la iglesia, incluso ha quitado el sentimiento de la convicción de pecado. Piénsalo, casi nunca ves lágrimas en las mejillas de los están siendo salvos. Por supuesto, sé que las lágrimas no salvan a nadie, pero Dios nos hizo humanos a todos, con sentimientos muy reales. Y cualquier pecador atado por el infierno que ha sido tocado por el Espíritu Santo, naturalmente sentirá un dolor profundo por la forma en que ha contristado al Señor.

El apóstol Pedro sintió este tipo de dolor piadoso, cuando el negó al Señor. De pronto, fue inundado con el recuerdo de lo que Jesús le dijo: "Entonces Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces. Y pensando en esto, lloraba" (Mr. 14:72).

lunes, 3 de marzo de 2014

HUESOS MUY SECOS by Gary Wilkerson

En la visión de Ezequiel 37, Dios llevó al profeta a un valle lleno de huesos secos. "La mano de Jehová vino sobre mí, y me llevó en el Espíritu de Jehová, y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos. Y me hizo pasar cerca de ellos por todo en derredor; y he aquí que eran muchísimos…y…secos en gran manera" (Ezequiel 37:1-2). ¡Qué horrible escena! Una vasta extensión llena de esqueletos hasta donde Ezequiel podía alcanzar a ver.

Quizás tú, como Ezequiel, te has preguntado: "Dios, todo lo que veo delante de mí son cosas difíciles. ¿Por qué me llevas a través de este valle oscuro? "Se debe a que en el valle de los huesos secos, no hay otra fuente de vida. En ese lugar no tenemos ni aliento, ni poder, ni fuerza propia. El valle de muerte nos lleva a un lugar de dependencia total. En año dos mil trece fue uno de los años más duros de mi vida, sin embargo, mirando hacia atrás, doy gracias a Dios por cada momento de ese año. En medio de todo de los huesos secos de mi vida, veo que Dios había orquestado un lugar en donde mi vida terminaba y la Suya comenzaba.

El valle de los huesos secos en la visión de Ezequiel nos revela dos cosas:

Primero, representa la condición del pueblo de Dios. Yo amo a la Iglesia de Cristo, nunca habré estudiado lo suficiente sobre ella, ni habré orado lo suficiente por ella. Es la mayor vasija de Dios en la tierra para expresar Su naturaleza y mostrar Su poder. Pero también tengo una carga, porque hoy en día, muchas iglesias están llenas de huesos secos. Esto no es una crítica, es una realidad. Como cristianos, podemos secarnos antes de darnos cuenta. Jesús lo expresó de esta manera: "Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor" (Apocalipsis 2:4). Podemos hacer toda la dinámica, y aun así no tener nada de vida en el interior.

Lo segundo que veo revelado en la visión de Ezequiel de los huesos secos es nuestra cultura. Hubo un tiempo en que éramos una nación que honraba a Dios. El setenta por ciento de los estadounidenses alguna vez profesó a Cristo y asistió a la iglesia. Las últimas estadísticas muestran que dicha cifra es ahora sólo el ocho por ciento. ¡Estamos viviendo en medio de tinieblas espirituales, habitamos en un valle de huesos secos!

¿Cómo puede, una iglesia de huesos secos, una iglesia tibia, que no tiene vida ni oración, hablarle a una cultura de huesos secos? No puede suceder a menos que nuestros espíritus sean vivificados, despertados por el Espíritu Santo.