martes, 7 de enero de 2014

NUEVAS FUERZAS

Pregúntale a cualquier persona que haya sido llamada por Dios a salir a alguna nueva obra del Reino y esa persona te dirá que Satanás ha venido a él en furia, lanzando una aflicción tras otra.

Así fue en la vida de Cristo. Tan pronto como Jesús fue bautizado, la paloma que apareció y la voz del cielo que lo declaró el Cordero de Dios, Satanás se puso a trabajar. Sabía que tenía sólo cuarenta días y noches para tratar de devorar a Jesús y detener Su ministerio (ver Mateo 4).

Tan pronto como Jesús declaró lo dicho por Pedro, una roca de la fe, Satanás se acercó para zarandear al discípulo, llevándolo a la incredulidad y a la traición (ver Lucas 22:21). Satanás sabía que tenía que actuar rápidamente en la vida de Pedro, antes de que las palabras de Jesús sobre el discípulo, llegaran a suceder, pero la tentación, ¡finalmente fracasó!

¡Yo sé de qué se trata este tipo de ataque infernal, porque me sucedió a mí cuando Dios me hizo un llamado fresco al ministerio! Después de pasar mucho tiempo en oración, sentí el llamado de Dios para expandir mi ministerio, hablando con los pastores de todo el mundo. (Yo no iba a dejar el ministerio de la Iglesia “Times Square” o el ministerio de estos mensajes escritos. Yo sólo estaba añadiendo este aspecto ocasional del ministerio, por la dirección del Espíritu Santo).

Yo estaba planeando compartir en conferencias de pastores en Francia, Rumania, Polonia y los Balcanes. Apenas incluí en mi agenda este viaje, Satanás entró en acción. Hasta ese momento yo estaba en la cima de la salud, pero repentinamente fui abatido físicamente. En cuestión de horas me sentí tan débil que apenas podía caminar. Sentí, dolores internos agonizantes e intensos y de pronto aparecieron manchas en mi estómago.

Un amigo médico me dijo que tenía herpes zóster, una enfermedad que proviene de los residuos de la varicela infantil. El diablo parecía estar riéndose, diciendo: "Así que estás tomando este nuevo ministerio, ¿verdad? ¡No lo harás si yo puedo evitarlo!"

Sin embargo, pocas semanas después de mi viaje, todas las llagas desaparecieron. El Señor me levantó y me dio nuevas fuerzas. ¡Todo era un ataque del infierno! Siempre ha sido así a lo largo de mis años en el ministerio. Cada nuevo paso en aceptar un llamado del Señor ha sido seguido por ataques demoníacos.