sábado, 18 de enero de 2014

CONTROLE LOS SIGNOS VITALES by Jim Cymbala

La oración es la fuente de la vida cristiana, la tabla de salvación del cristiano. De otro modo, es como tener en sus brazos un bebé y ponerle linda ropa, ¡pero resulta que no está respirando! Olvídese de la ropa con adornos; estabilice los signos vitales del bebé. No sirve de nada hablarle a una persona que está en estado comatoso. Por eso son tan limitados los resultados que produce el gran énfasis que se da a la enseñanza en las iglesias de hoy. La enseñanza sólo es provechosa si puede ser canalizada donde hay vida. Si los oyentes están en un coma espiritual, lo que les decimos puede ser bueno y ortodoxo, pero desafortunadamente, la vida espiritual no puede ser enseñada.
Pastores e iglesias deben llegar a sentirse incómodos al punto de decir: “No somos cristianos neotestamentarios si no tenemos una vida de oración”. Esta convicción nos produce un poco de incomodidad, pero ¿de qué otra manera podrá abrirse camino hacia Dios?

Si verdaderamente prestamos atención a 1o que dice Hechos 2:42: “perseveraban en la doctrina de los apóstoles; en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones”, podemos ver que la oración casi es una prueba de la normalidad de una iglesia. Invocar el nombre del Señor es el cuarto sello distintivo contenido en la lista. Si mi iglesia o su iglesia no están orando, no debiéramos hacer alarde de las cifras de asistencia de nuestra reunión del domingo.

Carol y yo nos hemos dicho repetidas veces que si alguna vez se afloja el espíritu de quebrantamiento y de invocación del nombre de Dios en la Iglesia Brooklyn Tabernacle, sabremos que estamos en dificultades, aun cuando tengamos una asistencia de 10.000 personas.

Durante incontables reuniones de oración los martes por la noche me encuentro rodeado de los sonidos sagrados de oración e intercesión que llenan la iglesia, y que se desbordan de cada corazón presente. Cuando la reunión va tocando su fin, puedo escuchar a madres que piden por sus hijos rebeldes, hombres que piden que Dios por favor los ayude a encontrar empleo, y a otros que dan gracias por respuestas recientes a la oración. No puedo evitar pensar: “Esto es la más cercano al cielo que puedo llegar aquí en esta vida. No quiero irme de aquí. Si me invitaran a la Casa Blanca para conocer a algún dignatario, nunca me produciría el tipo de paz y gozo profundo que siento aquí en la presencia del pueblo que invoca al Señor”.


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Jim Cymbala comenzó la iglesia Brooklyn Tabernacle con menos de veinte miembros en un pequeño y deteriorado edificio en una parte difícil de la ciudad. Nacido en Brooklyn, es un viejo amigo de David y Gary Wilkerson, y un orador frecuente en conferencias para pastores y líderes patrocinadas por World Challenge en todo el mundo.