miércoles, 15 de enero de 2014

CONMOVER NACIONES PARA CRISTO

“Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).

Quedo asombrado y perplejo por la cantidad de ministros, tanto jóvenes como viejos, que recorren todo el mundo buscando estrategias para producir crecimiento en sus iglesias. Hoy, muchos predicadores asisten a seminarios, convenciones y “comités de especialistas”, dónde jóvenes ministros profesionales usan gráficas y encuestas para mostrarles cómo construir iglesias más grandes. Otros ministros acuden en masa a “campañas de avivamiento”, esperando aprender nuevos métodos de cómo hacer para que el Espíritu Santo caiga sobre sus congregaciones.

Ahora mismo, sociedades misioneras están enviando más obreros que nunca antes. Su grito de guerra ha llegado a ser: “¡Tenemos que llevar más mano de obra al campo misionero! Se necesitan más hombres y mujeres calificados para ganar las naciones para Cristo.”

Pero muchos de los misioneros que son enviados están regresando a casa dentro de unos pocos años. Han sido vencidos, desanimados, azotados por las fuerzas demoníacas en esas naciones extranjeras. ¿Por qué? Porque sus vidas no estaban a la par con el evangelio que predicaban; nunca desarrollaron un conocimiento personal del señorío de Cristo o de la llenura del Espíritu Santo.

Amado, se necesita más que nuevas ideas o estrategias para conmover a las naciones para Cristo. ¡Todos nuestros planes son en vano si Jesús no está entronizado en cada área de nuestras vidas!

Nunca antes en la historia ha habido tal estampida de espíritus demoníacos que estallan desde las entrañas del infierno. La anarquía está barriendo la tierra, levantándose nación contra nación. ¡Y todo está sucediendo porque Satanás ha desatado sus hordas demoníacas en una guerra final contra los santos!

Sin embargo, Dios nunca esta desprevenido de nada de lo que pasa en nuestro mundo. Él no está sorprendido por la terrible plaga de la droga o el baño de sangre del aborto. Así que, ¿cuál es su respuesta en este tiempo de descontrol e inmoralidad? ¿Qué propone como antídoto a la apostasía y al creciente poder demoníaco? ¿Qué hará Dios en tal tiempo de ruina?
Su respuesta es la misma de siempre: hacer nacer la victoria de Cristo de una manera renovada. Dios siempre ha respondido levantando un remanente fresco de hombres y mujeres que serán un testimonio puro de su poder salvador y santificador, y lo mismo es verdad hoy. ¡Su plan es traer hacia esta escena de actividad del anticristo, un cuerpo de vencedores, separados, llenos de Cristo: hombres y mujeres piadosos que vivirán en sumisión total a Su gobierno y señorío!