viernes, 30 de agosto de 2013

IGNORANDO LA PALABRA DE DIOS

Estoy seguro de que Josafat estaba convencido de que estaba actuando con justicia cuando se comprometió a unirse a Acab en la guerra. De hecho, la Escritura dice: “…dijo Josafat al rey de Israel: Te ruego que consultes hoy la palabra de Jehová” (2 Crónicas 18:4). Él dijo: "Vamos a pedir al Señor Su consejo sobre el asunto. ¡No haremos nada hasta que oigamos de Él!"

Dios les hizo saber con claridad Su palabra a Josafat y a Acab, sin dejar duda alguna en cuanto a lo que Él pensaba sobre este asunto: “¡La suerte está echada! Vayan a su propio riesgo. Nada más que muerte y derrota les esperan en el campo de batalla” (Ver 2 Crónicas 18: 16).

En este punto, Josafat parecía dispuesto a obedecer una verdadera palabra profética y a hacer todo lo que Dios le dijera. Sin embargo, durante siglos, los eruditos bíblicos se han maravillado de lo que sucedió después: ¡Cuando llegó la palabra clara, Josafat la ignoró!

Amados, podemos presumir todo lo que queramos acerca de amar a Dios y de querer obedecerle. Pero si no nos desligamos del engaño de los amigos impíos y buscamos discernimiento del Espíritu Santo, ¡terminaremos haciendo caso omiso de la Palabra de Dios!

Puedes acompañar a tu amigo en su guerra, pero cuando las cosas vayan mal, éste te entregará al enemigo. Eso es lo que le sucedió a Josafat, cuando fue a la guerra con Acab. El malvado rey preparó la muerte de Josafat; le dijo que se vista con sus vestiduras reales, mientras que el propio Acab se vistió como un soldado. De esta forma, Acab pensó, el enemigo iría tras Josafat en lugar de ir hacia él.

Irónicamente, Acab fue muerto por una flecha que atravesó un pequeño hueco en su armadura. Y de repente, Josafat estaba rodeado por soldados enemigos, listos para cortarlo en pedazos. El rey sabía que se enfrentaba a la muerte y clamó a Dios por ayuda. La Escritura nos dice: “y Jehová lo ayudó, y los apartó Dios de él” (18:31).

La guerra fue un desastre. El ejército de Israel huyó desordenadamente, como ovejas que no tienen pastor. Entonces Josafat se retiró a Jerusalén, su amigo Acab había muerto y sus ejércitos habían sido derrotados. ¡Fue sólo por la gracia de Dios que él escapó de la muerte!

Puedo imaginar los pensamientos que deben haber pasado por la mente de Josafat, mientras se apresuraba a regresar a Jerusalén: “¡Oh, Dios, gracias por librarme! Ahora veo el peligro de caminar con un compañero impío. ¡Nunca más, Señor! No volveré a ser parte de ese sistema mundano. ¡Todo ha terminado ahora!”. 

IGNORANDO LA PALABRA DE DIOS

Estoy seguro de que Josafat estaba convencido de que estaba actuando con justicia cuando se comprometió a unirse a Acab en la guerra. De hecho, la Escritura dice: “…dijo Josafat al rey de Israel: Te ruego que consultes hoy la palabra de Jehová” (2 Crónicas 18:4). Él dijo: "Vamos a pedir al Señor Su consejo sobre el asunto. ¡No haremos nada hasta que oigamos de Él!"

Dios les hizo saber con claridad Su palabra a Josafat y a Acab, sin dejar duda alguna en cuanto a lo que Él pensaba sobre este asunto: “¡La suerte está echada! Vayan a su propio riesgo. Nada más que muerte y derrota les esperan en el campo de batalla” (Ver 2 Crónicas 18: 16).

En este punto, Josafat parecía dispuesto a obedecer una verdadera palabra profética y a hacer todo lo que Dios le dijera. Sin embargo, durante siglos, los eruditos bíblicos se han maravillado de lo que sucedió después: ¡Cuando llegó la palabra clara, Josafat la ignoró!

Amados, podemos presumir todo lo que queramos acerca de amar a Dios y de querer obedecerle. Pero si no nos desligamos del engaño de los amigos impíos y buscamos discernimiento del Espíritu Santo, ¡terminaremos haciendo caso omiso de la Palabra de Dios!

Puedes acompañar a tu amigo en su guerra, pero cuando las cosas vayan mal, éste te entregará al enemigo. Eso es lo que le sucedió a Josafat, cuando fue a la guerra con Acab. El malvado rey preparó la muerte de Josafat; le dijo que se vista con sus vestiduras reales, mientras que el propio Acab se vistió como un soldado. De esta forma, Acab pensó, el enemigo iría tras Josafat en lugar de ir hacia él.

Irónicamente, Acab fue muerto por una flecha que atravesó un pequeño hueco en su armadura. Y de repente, Josafat estaba rodeado por soldados enemigos, listos para cortarlo en pedazos. El rey sabía que se enfrentaba a la muerte y clamó a Dios por ayuda. La Escritura nos dice: “y Jehová lo ayudó, y los apartó Dios de él” (18:31).

La guerra fue un desastre. El ejército de Israel huyó desordenadamente, como ovejas que no tienen pastor. Entonces Josafat se retiró a Jerusalén, su amigo Acab había muerto y sus ejércitos habían sido derrotados. ¡Fue sólo por la gracia de Dios que él escapó de la muerte!

Puedo imaginar los pensamientos que deben haber pasado por la mente de Josafat, mientras se apresuraba a regresar a Jerusalén: “¡Oh, Dios, gracias por librarme! Ahora veo el peligro de caminar con un compañero impío. ¡Nunca más, Señor! No volveré a ser parte de ese sistema mundano. ¡Todo ha terminado ahora!”. 

jueves, 29 de agosto de 2013

AMISTAD FIEL

Si eres un seguidor de Jesús, si eres parte del linaje de sangre de Cristo, ¡Satanás tratará de traer a tu vida a alguien para destruir todo lo divino en ti!

En este momento, puedes estar pensando: “¡Espera un minuto! Yo no quiero empezar a dudar de mis amigos o de pronto sospechar de ellos”. Si son amigos de verdad, unidos a tu corazón en el Espíritu de Cristo, no tienes nada que temer al examinar tu relación con ellos. Debes mirar todas tus amistades, a la luz de las Escrituras.

Es fácil determinar si tus amistades cercanas son de Dios o si han sido plantados por el enemigo para destruirte. Basta con pensar en tu mejor amigo, y luego, responder a estas preguntas:
  • ¿Él (o ella) chismea, difama o habla mal de los demás? 
  • ¿Argumenta sobre la Escritura, debate continuamente y nunca llega a la verdad? 
  • ¿Llama a las personas piadosas, “fariseos”? 
  • ¿Detectas en sus palabras, un espíritu de desobediencia, envidia o sospecha? 
  • ¿Escupe palabras venenosas contra su cónyuge? 
  • ¿Ha tenido éxito en plantar malos pensamientos en tu mente respecto a los demás? 
  • ¿Has comenzado a unirte a él (o ella) en escupir amargura? 
Si tu amigo se ajusta a esta descripción, y tú estás siendo alejado más y más de Jesús por esa amistad, entonces puedes estar seguro de que el diablo ha sembrado a esa persona en tu vida. ¡Tiene el espíritu de Acab y ha sido enviado para destruir la obra de Cristo en ti!

Por otro lado, un amigo verdadero, piadoso, siempre se pondrá del lado de la Palabra de Dios en cualquier asunto y no sólo de tu lado por el hecho de ser tu amigo. Tal amigo no te conducirá a la amargura del pecado. En cambio, te amará lo suficiente como para decirte la verdad.

“Fieles son las heridas del que ama; pero importunos los besos del que aborrece” (Proverbios 27:6). 

miércoles, 28 de agosto de 2013

UNA SEDUCCIÓN SUAVE

Déjame mostrarte lo que le sucede a todo hijo de Dios que entra en una relación con una persona amargada, injusta y rebelde. Hay consecuencias terribles.

“Y cayó el pavor de Jehová sobre todos los reinos de las tierras que estaban alrededor de Judá, y no osaron hacer guerra contra Josafat” (2 Crónicas 17:10). El reino de Josafat, Judá, fue bendecido y prosperado abundantemente, y nadie se atrevió a venir contra ellos.

Pero después de que Josafat entró en una relación con Acab, dice la Escritura: “Acab…le persuadió [a Josafat] que fuese con él contra Ramot de Galaad…Y él respondió: Yo soy como tú, y mi pueblo como tu pueblo; iremos contigo a la guerra” (18:2-3). Josafat voluntariamente fue succionado hacia una guerra sin esperanza, de la que Dios no tenía parte.

La palabra hebrea “persuadió” en este pasaje significa: “una seducción suave”. Josafat se dejó seducir en una guerra por Acab, respondiendo: “Yo soy como tú”. En otras palabras: “Yo soy tu amigo, así que estoy contigo hasta el final. No te voy a defraudar. ¡Puedes contar conmigo!”

¿Está tu amigo cercano, lleno de amargura, odio, ira y buscando algún tipo de guerra? ¿Está involucrado en una guerra matrimonial, familiar o personal? Y ¿eres como un Josafat para él, ofreciéndole ayuda y ánimo? Si es así, cuidado, porque estás a punto de ser seducido del todo.

Así es, muy pronto te encontrarás justo en el medio del gran lío de tu amigo y se te pedirá que tomes una posición. Si tu amigo está en un matrimonio con problemas, por ejemplo, vas a ser obligado a tomar partido. Y terminarás apoyándolo, ¡en todo su proceso de divorcio!

Cuidado, cristiano, ya que cada vez que das comodidad o estímulo a alguien que está en rebelión, tomas partido contra el Espíritu Santo. Y eso te vuelve participante en el pecado de esa persona. Trágicamente, cuando Josafat se unió a la guerra de Acab, ¡él sólo apresuró a su amigo en el camino de la destrucción! 

martes, 27 de agosto de 2013

¡UN ESTALLIDO!

Miqueas trae a nuestra atención una de las profecías más gloriosas de todo el Antiguo Testamento. Él profetizó de un pueblo que seguirá al Señor a nuevos pastos. “De cierto te juntaré todo, oh Jacob; recogeré ciertamente el resto de Israel; lo reuniré como ovejas…en medio de su aprisco” (Miqueas 2:12).

Miqueas vio al pueblo de Dios siendo liberado, un pueblo cuyo corazón late como uno solo, un pueblo tan guiado por el Espíritu que serían llamados marginados por la iglesia apóstata. “En aquel día, dice Jehová, juntaré la que cojea, y recogeré la descarriada, y a la que afligí; y pondré a la coja como remanente, y a la descarriada como nación robusta; y Jehová reinará sobre ellos en el monte de Sion desde ahora y para siempre” (Miqueas 4:6-7).

¿Quiénes conforman este santo remanente? No los soberbios, los ministerios egocéntricos, los “lustrosos” ni las estrellas aplaudidos. ¡No! Son las personas que han pasado por el fuego de la prueba. Incluidos los desconocidos, los marginados, los que se consideran laicos en comparación con la poderosa y elevada iglesia establecida y los que levantan sus voces contra la corrupción en la casa de Dios.

Dios dice: "¡Voy a juntarlos!" Todos los esfuerzos humanos de juntar a los siervos de Dios son en vano. Dios tiene que hacerlo y lo único que trae este remanente en unidad, haciendo que se ven a los ojos, es un corazón arrepentido en unión con Cristo.

Jerónimo, uno de los padres de la iglesia y un estudioso de la Biblia, los describe como “aquellos hijos de Dios que están arrepentidos y que se elevan por encima de las cosas mundanas y aspiran al cielo”. Éste es un pueblo con la mente celestial, cansados ​​de la ligereza y de la transigencia, un pueblo que anhela la santidad en la casa de Dios. Incluso ahora hay un remanente santo surgiendo de entre los hombres. Cada hombre y mujer de Dios, cuyo corazón está quebrantado por el pecado y la corrupción en la casa de Dios ¡puede sentir este brote del Espíritu! ¡Hay una salida, un estallido justo por delante! 

lunes, 26 de agosto de 2013

LAS RIQUEZAS DE SU GRACIA by Gary Wilkerson

“En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia” (Efesios 1:7-8).

Siento que nosotros, en la iglesia, ni siquiera hemos empezado a conocer la superficie de la gracia. Tomamos unos sorbos de la taza de la gracia de vez en cuando en nuestro caminar con Dios y luego poco a poco empezamos a confiar en nuestras habilidades para el resto del camino.

No podemos elegir nuestras áreas de obediencia. Estamos obligados a hacer lo que el Señor nos llama a hacer. Cuando Jesús dice que debemos nacer de nuevo, tener fe, orar y buscar Su rostro, amar a nuestro prójimo, amar a nuestra esposa como Cristo ama a la iglesia, todos Sus mandamientos son sí y amén. Sin embargo, algunas iglesias prefieren ciertas áreas de obediencia sobre otras. Enfatizan la evangelización, la justicia social, el activismo político, el servicio a los pobres o la oración. Quizás ellos no lo admiten, pero ven los énfasis de las otras iglesias como inferiores a los ojos de Dios.

Ninguna iglesia es agradable a Dios cuando ésta funciona con un solo cilindro en lugar de ocho. Simplemente Él no nos permitirá ignorar algunos de sus mandamientos. Lee Apocalipsis 3 para que tengas una idea de Su desagrado cuando hacemos eso. Cualquier persona o iglesia que no está obedeciendo los mandamientos de Dios está viviendo en desobediencia. Sin embargo, la obediencia perfecta no está dentro de nuestra capacidad. La razón por la que tendemos a enfatizar ciertas áreas de la obediencia en nuestras vidas es porque son más fáciles de cumplir que otras. Puede que incluso seamos recompensados ​​por hacerlas. Pero así, se pierde completamente el objetivo.

Tener una vida de gozo y de victoria no dependerá de si tenemos éxito o fracasamos en obedecer los mandamientos de Dios, sino que tiene que ver con cómo vamos a obedecer los mandamientos de Dios. A mí me enseñaron cuando era niño en la iglesia que yo podría manifestar cambios espirituales por mi propia voluntad. Los líderes juveniles nos decían: "Ustedes puede cambiarse a ustedes mismos para que las tentaciones no vuelvan. Pueden librarse a ustedes mismos de cualquier cosa”. No nos tomó mucho tiempo darnos cuenta de lo inútil que esto es.

El punto es no hacer cambios en nosotros mismos. El punto es permitir que la gracia de Dios nos dé el poder para la transformación, en nosotros mismos y en nuestro mundo. 

viernes, 23 de agosto de 2013

LA PROFECIA DE MIQUEAS

Miqueas fue un profeta que vio a la iglesia a través de los ojos de Dios, ¡y causó a su alma lloro y lamento! Estaba viendo en el Espíritu lo que Dios veía: los pecados graves y horribles del pueblo, de los pastores y líderes. ¡Vio idolatría! Una iglesia ramera tomando el salario de una ramera.

“Por esto lamentaré y aullaré, y andaré despojado y desnudo… Porque su llaga es dolorosa, y llegó hasta Judá; llegó hasta la puerta de mi pueblo, hasta Jerusalén.”(Miqueas 1:8-9)

Escucha el lamento de Miqueas: “…De parte de Jehová el mal había descendido hasta la puerta de Jerusalén… porque en vosotros se hallaron las rebeliones de Israel.”(Miqueas 1:12-13)

Miqueas vio una enfermedad incurable entre el pueblo de Dios y un juicio ineludible. Mira a lo que Dios llama rebelión y observa la causa de su controversia con ellos:
  1. Un nuevo esquema de codicia urdido por sirvientes mercenarios de Dios, que tiene que ver con ganancia de dinero, propiedad y éxito. 
  2. El énfasis en uno mismo: “¡Ay de los que…maquinan el mal…porque tienen en su mano el poder! Codician las heredades…y casas, y las toman; oprimen a [mi pueblo]” (Miqueas 2:1-2). 
  3. Rechazo de las advertencias del profeta y decir a la gente que la predicación de juicio no es de Dios, ¡que es contrario a Su carácter! “No profeticéis… ¿se ha acortado el Espíritu de Jehová?” (Miqueas 2:6-7). 
¡Los falsos profetas y pastores ladrones le dijeron a Miqueas que se calle! “¡No prediques tanto juicio!” Somos el pueblo de Dios, Él nos ama. No habrá juicio sobre nosotros.”. La interpretación literal significa: “¡Basta! ¡Basta de ese mensaje de juicio sobre el pueblo de Dios! ¡Deja de amonestar a gente buena! Esto no es de Dios.”

¡Pero escucha la respuesta de Miqueas! “No profeticéis, dicen a los que profetizan; no les profeticen, porque no les alcanzará vergüenza.” (Miqueas 2:6) En otras palabras, si este mensaje no se predica, nunca se deshará el reproche de este lugar. “¿No hacen mis palabras bien al que camina rectamente?” (Miqueas 2:7).

jueves, 22 de agosto de 2013

DE GLORIA EN GLORIA

Pablo habla de un ministerio al que cada cristiano es llamado, uno que no requiere dones o talentos especiales, sino que debe ser asumido por todos los que han nacido de nuevo, tanto ministros reconocidos como laicos. De hecho, este ministerio es el primer llamamiento de cada creyente y todos los otros emprendimientos deben nacer de él.

Ningún ministerio puede ser agradable a Dios a menos que nazca de este llamado. Estoy hablando del ministerio de contemplar el rostro de Cristo. Pablo dice: “Pero nosotros todos, con rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor…” (2 Corintios 3:18 BTX).

¿Qué significa contemplar la gloria del Señor? Pablo está hablando aquí de adoración centrada y dedicada, el tiempo que se le da a Dios simplemente para contemplarle. Y el apóstol añade rápidamente: “Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio” (4:1). Pablo deja en claro que contemplar el rostro de Cristo es un ministerio al que todos debemos ser devotos.

La palabra griega para contemplando en el versículo anterior es una expresión muy fuerte. Indica no sólo echar un vistazo, sino “fijar la mirada.” Significa decidir: “No me moveré de esta posición. Antes de hacer cualquier cosa, antes de intentar lograr una simple meta, tengo que estar en la presencia de Dios.”

Muchos cristianos interpretan mal la frase “contemplando como en un espejo.” Piensan en un espejo, con la cara de Jesús reflejándose a ellos. Pero eso no es lo que quiere decir Pablo aquí. Él está hablando de una mirada enfocada intensamente, como escudriñando algo con empeño a través de un vidrio, tratando de verlo más claramente. Tenemos que “fijar nuestros ojos” de esta manera, determinados a ver la gloria de Dios en la faz de Cristo. Tenemos que encerrarnos en el lugar santísimo con una sola obsesión: mirar tan intensamente y tener comunión con tal devoción, que seamos transformados.

Pablo dice que la persona que se encierra con Cristo, contemplándole, está siendo transfigurada. ¿Qué ocurre cuando un creyente contempla el rostro de Cristo? Pablo escribe: “…somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.”(2 Corintios 3:18).

miércoles, 21 de agosto de 2013

EL LLAMADO DE CRISTO A LA IGLESIA DE LAODICEA

Para la última iglesia, la iglesia de Laodicea, el Señor dice: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.” (Apocalipsis 3:20).

Esa es la última llamada de Cristo a la iglesia. Vendrá un espíritu de tibieza y multitudes se enfriarán. Pero Él está diciendo a Su pueblo: “Yo estoy pidiendo que me oigas. Abre. Déjame entrar en tu aposento secreto. Déjame hablar contigo y tú conmigo. Tengamos comunión. Así es como te guardaré de la hora de tentación que viene sobre todo el mundo.”

Juan, en su revelación, habla de un día cuando el corazón de nuestro Señor no estará solo nunca más. “Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido…y él (Dios) morará con ellos…y [Dios] dijo…al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.” (Apocalipsis 21:2-6).

Esto significa comunicación libre y plena sin pared intermedia de separación; sin gafas oscuras, sin conocimiento parcial, ¡sino conversación cara a cara! Pensemos cuán glorioso será pasar la eternidad alabando a nuestro Señor, inclinándose a sus pies. Pero ¿alguna vez has tratado de darte cuenta lo que esa gran bienvenida significará para nuestro Salvador? Todos sus hijos en casa, con la libertad de compartir Su mismísima presencia. Él hará que todos nosotros nos sentemos, y de su interior correrán ríos de verdad gloriosa. Como lo hizo en el camino de Emaús, nuestro Redentor comenzará desde Moisés y nos llevará a través de todos los profetas. Compartirá los secretos del universo, revelará cada plan y cada nube de oscuridad se disipará. ¡Cristo compartirá por toda la eternidad!

Creo que el verdadero gozo del cielo no es sólo nuestro, sino Suyo. Nuestra mayor alegría en el cielo será ver Su alegría cuando Él nos hable libremente, cara a cara. Veremos a Cristo colmado, sus necesidades plenamente satisfechas. 

martes, 20 de agosto de 2013

ELLOS DEPUSIERON SU ARMADURA

“Y viendo Moisés que el pueblo estaba desenfrenado, porque Aarón lo había permitido, para vergüenza entre sus enemigos, se puso Moisés a la puerta del campamento, y dijo: ¿Quién está por Jehová? Júntese conmigo.” (Éxodo 32:25-26)

La palabra hebrea usada aquí para desenfrenado es “para”, que significa “desnudarse, relajarse, exponerse, desestimar.” También implica “un nuevo comienzo.”

Un comercial de cerveza moderna aconseja a esta generación que “se libere esta noche.” Significa, simplemente, deshacerte de las inhibiciones morales pasadas, liberarte de toda ley y comenzar a complacerte a ti mismo. Hacer lo tuyo, lo que sea que te haga feliz.

Solamente quitarse la ropa no era corrupción, sino que era la señal, el mensaje que estaban enviando a los paganos que los miraban. ¿Puedes imaginarte a los amalecitas en las montañas aledañas, a lo lejos, mirando esta escena tan peculiar? Estos enemigos, que habían temblado al ver a Dios obrando entre ellos, ahora se reían y burlaban: “¡Míralos, son tan sólo como nosotros! Su Dios no tiene poder ¡Ellos ni siquiera confían en Él! Quieren lujuria, fiesta y juego al igual que el resto de nosotros. ¡Qué hipocresía!”

¡En ese solo acto de desenfreno menospreciaron a su Dios ante los ojos de los impíos! Hicieron que el Señor pareciera como despiadado, cruel, insensible, impotente. Ellos mancharon el honor y la majestad de un Dios omnipotente. Dejaron de ser un ejemplo y dejaron de ser admirados, temidos o respetados.

¡Ellos habían depuesto su armadura para hacer fiesta! Pusieron en peligro los planes de Dios para su salvación. Estaban diciéndole al mundo: “¡No queremos pelear con más enemigos! ¡No queremos oponernos! Hemos tenido suficiente del rechazo, del sacrificio, de futuras esperanzas y de bendiciones lejanas. ¡Queremos vivir ahora! ¡Queremos divertirnos! Queremos que los buenos tiempos empiecen”.

La corrupción era esta: Esto iba a ser su nuevo comienzo. ¡No más combates! Si iban a tener que existir en un desierto cruel y duro, entonces renunciarían a la lucha y harían lo mejor que pudieran, por su propia cuenta. 

lunes, 19 de agosto de 2013

LA PUERTA DE LA GRACIA by Gary Wilkerson

Isaías profetizó: “Reedificarán las ruinas antiguas, y levantarán los asolamientos primeros, y restaurarán las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones.” (Isaías 61:4). Los oyentes de Isaías no podían comprender la clase de libertad y las hazañas que él estaba describiendo aquí. Durante generaciones el pueblo de Dios había sido aplastado bajo la Ley, devastado por su carga.

Lo mismo puede decirse de la gente en los días de Jesús. Eran duros con ellos mismos y aceptaban las cargas legalistas puestas en ellos por los líderes religiosos. Es por eso que las palabras de Cristo fueron tan revolucionarias cuando citó directamente a Isaías para anunciar su ministerio: “El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel” (Isaías 61:1).

Jesús sabía que el don de la gracia nos haría completamente libres y Su mensaje no era sólo para los inconversos. Cuando habló de liberar a los cautivos, Él estaba hablando a los creyentes: “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.” (Juan 8:36).

Hoy día somos tan duros con nosotros mismos como lo era el pueblo de los tiempos de Jesús. Pensamos en la gracia como suave, fácil, permisiva. Pero la gracia es la potencia más poderosa que puedas ver trabajar en tu vida. También es el único poder que trae fruto real en tu caminar con Dios, tu vida de oración, tu testimonio, tus buenas obras en Su nombre. Sólo al entrar plenamente en la gracia de Dios su iglesia será conmovida y llena de poder para caminar en las obras gloriosas que Él ha puesto delante de nosotros.

Después de leer esto, ¿sigues esforzándote para ser perfecto? Sólo hay una entrada al camino de la perfección: la puerta de la gracia. Tú ya eres perfecto a los ojos de Dios por la justicia de su Hijo, Jesucristo. Ahora, ésta es tu responsabilidad: deja de esforzarte.

Tus esfuerzos sólo te llevan hacia atrás, no hacia adelante, y son la causa de que te pierdas por completo la gracia de Dios, gracia que trae libertad, gozo y poder para hacer todo lo que Dios te ha llamado a hacer. El hecho es que tú vas a necesitar gracia sobre gracia a medida que avanzas con Jesús. Así que ahora no es el momento de redoblar tus esfuerzos. Es el momento de confiar en que Cristo ha provisto toda la gracia que necesitas, a cada paso, para caminar en el llamado único que Él tiene para ti.

viernes, 16 de agosto de 2013

LA ALIANZA IMPÍA

El rey Josafat era un hombre justo, que gobernó sobre Judá cuando el reino de Israel se dividió. El corazón de este hombre estaba totalmente puesto en Dios y él fue bendecido y honrado por encima de todos los otros miembros de su generación: “Y Jehová estuvo con Josafat, porque anduvo en los primeros caminos de David su padre…” (2 Crónicas 17:3).

Sin embargo, la Escritura dice que Josafat hizo una alianza con el malvado rey Acab, quien gobernaba el reino del norte de Israel: “Tenía, pues, Josafat riquezas y gloria en abundancia; y contrajo parentesco con Acab” (18:1). La Biblia dice de Acab: “...haciendo así Acab más que todos los reyes de Israel que reinaron antes que él, para provocar la ira de Jehová Dios de Israel” (1 Reyes 16:33).

Quizás te preguntes cómo un rey justo como Josafat terminó unido en alianza con un hombre tan impío. Creo que hay una sola razón: ¡Era parte de un complot satánico para destruir al justo Josafat!

Vemos que Josafat había limpiado la tierra, expulsando a todos los ídolos de Baal y matando a los profetas idólatras. Sin embargo, la malvada esposa de Acab, Jezabel, adoraba a Baal y sabía lo que Josafat había hecho a sus ídolos. ¡Así que ella determinó destruir a este hombre de Dios!

Jezebel se confabuló con su malvada hija, Atalía, para infiltrarse en la corte piadosa de Josafat. Atalía conoció al hijo de Josafat, Joram y usó todos sus encantos para ganar su corazón. El plan funcionó y Joram decidió casarse con Atalía. Le pidió a su padre su bendición y, tontamente, Josafat se la dio.

A causa de este matrimonio, el mal entró en el círculo íntimo de Josafat, y ¡el diablo debe haber bailado de alegría! Josafat pudo haber advertido a su hijo que Atalía era una mujer rebelde que lo alejaría de Dios, pero no lo hizo. Pudo haberle aconsejado que termine la relación de inmediato, pero, en cambio, Josafat no dijo nada.

Josafat tenía las Escrituras a su disposición; David había dicho claramente: “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado” (Salmo 1:1). ¡Josafat lo sabía y aun así él no fue firme! 

jueves, 15 de agosto de 2013

MEJORES AMIGOS

¿A quiénes consideras tus mejores amigos? Lo creas o no, este asunto es de gran interés del Señor porque tus amistades hablan en alta voz, tanto a Dios como al mundo, sobre la condición de tu corazón.

“Señor, ¿qué piensas de mis amistades? ¿Te agradan?” ¿Alguna vez has pensado en hacerle a Dios estas preguntas? El hecho es que un amigo justo puede proporcionar un vínculo a la bendición y el favor de Dios, porque te alienta a llevar un estilo de vida piadoso. Por otro lado, un amigo injusto puede encadenarte a toda clase de mal, conduciéndote a terribles ataduras.

Al usar la palabra “amigo” a lo largo de este mensaje, no me refiero a los miembros de tu familia inmediata. Mi definición de un amigo es alguien con quien estés estrechamente relacionado, en el que tú confías, naturalmente. En resumen, un amigo es alguien con quien uno camina y habla y a quien uno le abre su alma.

Probablemente tengas varios círculos de amigos: un círculo de "negocios", que incluye a tus compañeros de trabajo, socios o clientes; un círculo "social", que incluye a aquéllos con los que te juntas a un nivel superficial. Puedes también tener contacto con conocidos impíos. El apóstol Pablo dice que es imposible evitar este tipo de contactos, de lo contrario, ¡tendríamos que dejar el mundo en su totalidad!

Sin embargo, el círculo que le preocupa más a Dios, es tu círculo íntimo, tus amigos íntimos. Éstas son las personas que más quieres, y que más influyen en tu vida. Son naturalmente atraídos el uno al otro y están de acuerdo en la mayoría de las cosas, de tal forma que se sienten seguros de abrir el uno al otro su corazón.

La Biblia nos dice que no debemos ignorar las maquinaciones de Satanás. Y uno de los ataques más comunes del diablo contra nosotros es traer a nuestro círculo íntimo de amigos, a alguien que está caminando en engaño, un agente del infierno cuya misión es destruirnos. Satanás utiliza especialmente este truco con los cristianos solitarios o compasivos, tratando de convertir la bondad de una persona sin discernimiento, ¡en una afinidad con un espíritu maligno!

“No erréis; las malas conversaciones [compañías] corrompen las buenas costumbres [personas]” (1 Corintios 15:33). 

miércoles, 14 de agosto de 2013

PAGA CON ALABANZAS

Dios nunca se queja por el poder de Sus enemigos, sino más bien por la impaciencia de Su propio pueblo. Dios quiere que confiemos en Su amor, porque el amor es el principio desde el cual Él siempre obra y del cual Él jamás se desvía. Cuando Él frunce el ceño, reprende con Sus labios o golpea con Su mano, aun en todo esto, Su corazón arde de amor y todos sus pensamientos para con nosotros son de paz y bondad.

Toda hipocresía radica en la desconfianza y el alma que no puede confiar en Dios, a la larga no podrá serle fiel. Una vez que empezamos a cuestionar Su fidelidad, comenzamos a vivir por nuestros propios medios, cuidándonos a nosotros mismos. Al igual que los hijos descarriados de Israel, decimos: “Levántate, haznos dioses…porque a este Moisés…no sabemos qué le haya acontecido” (Éxodo 32:1).

¿Cómo puede ser preservado el amor a Dios en un corazón que se queja? La Palabra lo llama: “contender con Dios”. Sólo un necio se atreve a hallar una falta en Él. Él retará a dicha persona a poner su mano sobre su boca o de lo contrario ser consumido por la amargura.

El Espíritu Santo gime dentro de nosotros con gemidos indecibles, con ese lenguaje del cielo que ora conforme a la perfecta voluntad de Dios. Pero la queja carnal que proviene del corazón del creyente desencantado es veneno. La murmuración impidió a toda una nación entrar a la Tierra Prometida, y hoy, está impidiendo que multitudes reciban las bendiciones del Señor. Gime, si es necesario, pero Dios no permita que murmures.

Las promesas de Dios, que Él dice que nos sostendrán, son como el hielo en un lago congelado. El creyente se aventura con confianza, pero el inconverso, con temor de que éste se quiebre debajo de él y lo deje sin saber qué hacer.

Si Dios se está retrasando, simplemente significa que tu solicitud está ganando intereses en Su Banco de bendiciones. Los santos de Dios estaban tan seguros de Su fidelidad a Sus promesas, que se gozaban incluso antes de ver cualquier conclusión. Iban con gozo, como si ya lo hubieran recibido. ¡Dios quiere que nosotros paguemos en alabanzas antes de recibir las promesas!

El Espíritu Santo nos ayuda en la oración, y, ¿no es Él bienvenido en el trono? ¿Negaría el Padre al Espíritu? ¡Nunca! Ese gemido en tu alma no es menos que Dios mismo y Dios no va a negarse a sí mismo. 

martes, 13 de agosto de 2013

LA FE DEBE TENER UNA BUENA MEMORIA

El alma creyente, después de haber descargado su corazón en oración al Señor, se rinde a la fidelidad, bondad y sabiduría de Dios. El verdadero creyente dejará la conformación de la respuesta a la misericordia de Dios. Cualquiera que sea la forma en la que Dios decida responder, el creyente le dará la bienvenida.

David oró diligentemente por su casa y luego encomendó todo al pacto de Dios: “No es así mi casa para con Dios; sin embargo, él ha hecho conmigo pacto perpetuo” (2 Samuel 23:5).

Los que le especifican a Dios cómo y cuándo responder, de hecho limitan al Santo de Israel. Ya que Dios no traerá la respuesta por la puerta principal, no están al tanto de su venida por la puerta trasera. Ellos confían sólo en conclusiones, no en promesas. Pero Dios no está atado al tiempo, a la manera o a los medios de la respuesta. Él siempre hará mucho más abundantemente de lo que pedimos o pensamos en pedir. Él responderá con salud, o gracia, que es mejor que la salud. Él enviará amor, o algo más grande. Él libertará o hará algo aun mayor.

Él desea que nosotros simplemente alojemos nuestras peticiones en sus poderosos brazos, echemos toda nuestra ansiedad sobre Él, y vayamos con paz y serenidad a esperar su respuesta. ¡Qué trágico es tener un Dios tan grande y una fe tan pequeña en Él!

Cuando estés caído y Satanás susurre a tu oído que Dios te ha olvidado, ciérrale la boca con esto: "Diablo, no es Dios quien se ha olvidado, sino yo. He olvidado todas sus bendiciones del pasado, de lo contrario no podría hoy estar cuestionando su fidelidad”.

La fe debe tener una buena memoria. Nuestras palabras ásperas y apresuradas son el resultado de nuestro olvido sus beneficios pasados. Como David, debemos orar: “Enfermedad mía es esta; Traeré, pues, a la memoria los años de la diestra del Altísimo, Me acordaré de las obras de JAH; Sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas” (Salmo 77: 10-11). 

lunes, 12 de agosto de 2013

APTOS POR SU GRACIA by Gary Wilkerson

La gracia de Dios ha de cubrir todo lo que Él nos llama a hacer. Mira si estas palabras describen tu caminar con el Señor: cargado, estresado, agobiado, mentalmente agotado, fatigado. Estos son los resultados cada vez que redoblamos nuestros esfuerzos carnales para agradar a Dios. Son señales claras de que la ley, no la gracia de Dios, se encuentra en funcionamiento.

La libertad que Cristo ganó para nosotros en la cruz no es sólo buenas nuevas para los perdidos, lo es para todo creyente. Sin embargo, muchos siguen viviendo bajo una nube pensando que no es un hijo o una hija de calidad para Dios. Creen que Él los ama porque Él tiene que hacerlo. Los evangelios no dicen eso. Jesús llamó a los doce discípulos pecadores, defectuosos e imperfectos a Él porque Él quería su amistad: “Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer” (Juan 15:15).

Jesús escogió compartir los deseos profundos del corazón del Padre con estos amigos. También ha hecho eso contigo cuando elegiste seguirle. Así que cuando vayas a Él en oración o entres en la iglesia, la actitud de Jesús no es: “¿Tú, otra vez?”. ¡Todo lo contrario! Él quiere estar contigo, sentarse junto a ti, ser tu amigo, porque Él está realmente complacido contigo.

Tú podrás pensar: “¿Cómo puede ser? Nada de lo que veo en mi vida podría ser agradable al Señor”. Es por eso que la Escritura nos dice: “…porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree” (Romanos 10:4). Es imposible que alguien pueda vivir de acuerdo a la ley por mucho tiempo. Podemos seguir diciéndonos a nosotros mismos: "Mañana lo arreglaré. Sólo tengo que re-energizarme a mí mismo”, pero no podemos mantenernos. Finalmente somos vencidos por una carga imposible y llegamos al final de nosotros mismos. Jesús es el que nos espera al final de todos nuestros esfuerzos propios. Sólo en Él hallamos la verdadera libertad. 

viernes, 9 de agosto de 2013

EL PODER DE LA ORACIÓN

Cuando cuestionamos el poder de la oración, lo perdemos. El diablo está tratando de robarnos la esperanza, haciendo parecer que la oración ya no es eficaz.

Qué astuto es Satanás, porque trata de engañarnos con mentiras y temores innecesarios. Cuando a Jacob le trajeron la falsa noticia de que José había sido muerto, se enfermó de desesperación, incluso a pesar de que era una mentira. José estaba vivo y prosperando, mientras que todo el tiempo su padre estaba afligido en la tristeza, habiendo creído la mentira.

Los temores incrédulos roban al creyente del gozo y la confianza en Dios. Dios no escucha todas las oraciones, Él escucha solo la oración de fe. La oración es la única arma que tenemos contra el enemigo y debe ser utilizada con gran confianza, pues de lo contrario no tenemos ninguna defensa contra las mentiras de Satanás.

Creemos que Dios no nos ha escuchado, porque no vemos ninguna evidencia de respuesta. Pero puedes tener certeza de que cuanto más tiempo una oración es postergada, tanto más perfecta finalmente será la respuesta. Y también, cuanto más profundo el silencio, ¡más fuerte la respuesta!

Nuestra falta de paciencia es prueba suficiente de que no esperamos mucho de la oración. Abandonamos el aposento secreto de oración, prontos a seguir nuestro camino de cualquier modo, y al parecer incluso quedaríamos impactados si Dios respondiera.

Abraham oró por un hijo y Dios respondió. Sin embargo, ¿Cuántos años pasaron antes de que pudiera sostener al niño en sus brazos? Cada oración fiel es oída en el momento en que es hecha, pero Dios decide responder a Su manera y en Su propio tiempo. Mientras tanto, Él espera que nos regocijemos en las simples promesas y nos deleitemos en la esperanza mientras esperamos el cumplimiento. Además, Él envuelve sus negaciones en un dulce envoltorio de amor para impedir que caigamos en la desesperación.

“Porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.” (Hebreos 10:36). 

miércoles, 7 de agosto de 2013

ORACIÓN Y OBEDIENCIA

A veces vamos a Dios en oración como si fuera un pariente rico que nos financiara y nos diera todo lo que suplicamos, mientras nosotros no levantamos ni siquiera una mano para ayudar. Levantamos nuestras manos a Dios en oración, y luego las ponemos en el bolsillo.

Esperamos que nuestras oraciones pongan a Dios a trabajar para nosotros mientras nos sentamos sin hacer nada, pensando para nosotros mismos: “Él tiene todo el poder, yo no lo tengo, así que simplemente voy a estar quieto y dejar que Él haga el trabajo.”

Suena como una buena teología, pero no lo es. Dios no tendrá mendigos ociosos en su puerta. Ni siquiera nos permitirá ser caritativos con los que se niegan a trabajar.

“Os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma.” (2 Tesalonicenses 3:10).

No está fuera de los principios bíblicos añadir sudor a nuestras lágrimas. Tomemos, por ejemplo, el asunto de la oración por victoria sobre un deseo secreto que permanece en el corazón. ¿Simplemente le pides a Dios que lo quite milagrosamente y a continuación te sientas, esperando que muera por su cuenta? Ningún pecado ha sido extinguido en el corazón sin la cooperación de la propia mano del hombre, como en el caso de Josué. Durante toda la noche, estuvo postrado y de duelo por la derrota de Israel. Dios lo puso en sus pies diciendo: “Levántate; ¿por qué te postras así sobre tu rostro? Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto que yo les mandé;… Levántate, santifica al pueblo” (Josué 7:10-13).

Dios tiene todo el derecho de hacernos salir de nuestras rodillas y decir: “¿Por qué te quedas sentado sin hacer nada, esperando un milagro? ¿No te he mandado a huir de toda apariencia de maldad? Tienes que hacer más que simplemente orar contra tu deseo, se te ordena también huir de él. No puedes descansar hasta que hayas hecho todo lo que se te ha mandado.”

No culpes a Dios por no escuchar tus oraciones, si no estás escuchando a Su llamado a la obediencia. Terminarás blasfemando a Dios y acusándole de negligencia, mientras que todo el tiempo tú eres el culpable. 

martes, 6 de agosto de 2013

ORACIONES RETRASADAS Y DENEGADAS

“Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.” (Santiago 4:3).

Dios no responderá ninguna oración que aumente nuestra propia honra o que ayude a nuestras tentaciones. En primer lugar, Dios no responde a la oración de una persona que alberga la codicia en su corazón. Todas las respuestas dependen de eliminar de nuestros corazones el mal, la codicia, y los pecados que asedian.

“Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado.” (Salmo 66:18).

La prueba para saber si nuestra solicitud está basada en la codicia es muy simple: cómo manejamos los retrasos y negaciones es la clave. Las oraciones que se fundan en la codicia exigen respuestas apresuradas. Si el corazón codicioso no consigue lo deseado rápidamente, llora y grita, desfallece y desmaya, o estalla en un ataque de murmuración y queja, finalmente, acusando a Dios de sordera.

“¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso…” (Isaías 58:3).

El corazón codicioso no puede ver la gloria de Dios en las negaciones y demoras. Sin embargo, ¿Acaso Dios no recibió más gloria al negar la oración de Cristo de salvar Su vida, si fuese posible, de la muerte? Me estremezco al pensar en dónde estaríamos hoy si Dios no hubiese negado esa solicitud.

Dios, en su justicia, está obligado a retrasar o negar nuestras oraciones hasta que se elimine todo egoísmo y codicia.

¿Podría haber una razón simple de por qué la mayoría de nuestras oraciones son estorbadas? ¿Podría ser el resultado de nuestro actual coqueteo con una codicia o un pecado asediante? ¿Nos hemos olvidado de que sólo los que tienen las manos limpias y corazones puros pueden poner sus pies en el monte de Su santidad? Sólo una renuncia total a un pecado favorito abrirá las puertas del cielo de par en par y desatascará las bendiciones.

En lugar de ceder, corremos de consejero a consejero, tratando de encontrar ayuda para hacer frente a la desesperación, el vacío, y la inquietud. Sin embargo, todo es en vano porque el pecado y la codicia aun no han sido sacados. El pecado es la raíz de todos nuestros problemas. La paz viene solamente cuando nos rendimos y abandonamos todo pecado secreto. 

ORACIONES ABORTADAS

No estamos en libertad de orar al azar por cualquier cosa que nuestras mentes egoístas puedan concebir, ni estamos autorizados a entrar en Su presencia y ventilar nuestras ideas tontas y divagaciones sin sentido. Si Dios aprobara todas nuestras peticiones sin criterio, terminaría entregando su gloria.

Hay una ley de la oración, una ley destinada a eliminar las oraciones egoístas, mientras que al mismo tiempo hace posible que los íntegros pidan confiadamente. En otras palabras, podemos orar por cualquier cosa queramos, siempre que sea Su voluntad.

“Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.”(1 Juan 5:14-15).

Los discípulos no estaban orando de acuerdo a la voluntad de Dios cuando oraron con afán de venganza. Ellos pidieron a Dios de esta manera: “Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo…y los consuma? Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois” (Lucas 9:54-55).

Job, en su dolor, le suplicó a Dios que le quitara su vida. ¿Y si Dios hubiese contestado su oración? Tal oración es contraria a la voluntad de Dios. La Palabra advierte: “No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios” (Eclesiastés 5:2).

Daniel oró de la manera correcta. En primer lugar, fue a las Escrituras y buscó cual era la mente de Dios. Entonces, después de recibir instrucciones claras, y estando seguro de la voluntad de Dios, corrió hacia el trono de Dios con una poderosa confianza. “Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración” (Daniel 9:3).

Sabemos demasiado acerca de lo que queremos y muy poco acerca de lo que Dios quiere. Nuestras oraciones son abortadas cuando no están de acuerdo con Su voluntad.

lunes, 5 de agosto de 2013

GRACIA Y RESPONSABILIDAD by Gary Wilkerson

Tengo un sistema por defecto en operación, un reflejo que se pone en movimiento cada vez que no cumplo el estándar en mi caminar con el Señor. Estoy hablando de mi tendencia a volverme a las obras en lugar de a la increíble gracia de Dios para restablecer mi posición con Él.

Creo que la mayoría de nosotros tenemos tal sistema, ésta es la razón por la cual Pablo enfatiza acerca de la gracia de Dios repetidamente a través de todo el Nuevo Testamento. Carta tras carta, el hace énfasis en la suficiencia de la gracia para nuestra correcta relación con el Señor.

Sin embargo, ese sistema por defecto (el impulso de volver a las obras para compensar nuestras fallas) está constantemente en operación en nosotros. ¡La razón por la cual predico la gracia tan a menudo es porque la necesito! A veces mi iglesia debe pensar que exagero, porque la gente me dice: “Sé que estoy bajo la gracia, pero, ¿Cuál es mi responsabilidad?”. Esa es una buena pregunta. En un pacto de gracia (uno en el cual Dios ha hecho todo lo requerido para nuestra salvación) ¿Cuál es el rol nuestro? ¿Qué rol desempeñamos nosotros?

Para muchos de nosotros, el concepto de la gracia no tiene ningún poder en nuestra vida diaria. Sabemos que Dios ha impartido sobre nosotros regalos preciosos y costosos en Su Hijo y en el Espíritu Santo; por lo tanto, nosotros pensamos que no deberíamos ser imperfectos. Entonces, cuando fallamos, nos sorprendemos. No tiene lógica que todavía podamos ser horribles pecadores después de todo lo que Dios ha hecho por nosotros y nos lo imaginamos moviendo su cabeza con decepción.

Nos convencemos a nosotros mismos que podemos mejorar así que redoblamos nuestros esfuerzos de oración, de lectura bíblica y de actividades en el ministerio. Hacemos esto sabiendo muy bien que nuestras obras no hacen nada para ganar una correcta relación con Dios. ¿Realmente pensamos que lo que Dios quiere de nosotros son más obras? ¿Dos horas de oración en lugar de una? ¿Él realmente nos quiere más ocupados?

Solo dos cosas resultan de estos esfuerzos por salvarnos a nosotros mismos. En primer lugar, evitamos confrontar nuestra pecaminosidad. En segundo lugar, y mucho peor, nos privamos de beber del profundo pozo de la gracia de Dios. Pablo enfrenta este dilema en las primeras etapas de la iglesia, cuando los cristianos de Galacia trataron de agradar a Dios a través de las obras de la ley, Pablo los confrontó: “¡Oh gálatas insensatos! ¿Quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado? Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?” (Gálatas 3:1-2) Pablo estaba preguntando: “¿Realmente piensan que pueden mejorar lo realizado en la cruz” 

viernes, 2 de agosto de 2013

ALBOROTADORES DE ISRAEL

¿Quiénes son los verdaderos alborotadores en la casa de Dios hoy? No es la “compañía de Elías”, que gime y llora por las abominaciones de la iglesia; tampoco son aquéllos que exponen el pecado y testifican contra las obras malvadas de los líderes religiosos y de los reposados en Sion. Por el contrario, toda división es causada por la transigencia. Todo problema en la casa de Dios es el resultado de la apostasía y el abandono de los mandamientos del Señor. “Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa” (Santiago 3:16).

Pablo les rogó a los hermanos “…que os fijéis en los que causan divisiones...y que os apartéis de ellos” (Romanos 16:17). Pero, ¿quiénes eran estos que “…causan…tropiezos en contra de la doctrina”? Eran nada menos que un grupo de apóstatas egocéntricos que “…sirven…a sus propios vientres” (versículo 18). Esto demuestra que la división es causada por el abastecimiento soberbio y arrogante de los intereses personales. Pablo dijo: “…con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos” (versículo 18). Los que son blandos con el pecado, que pasan por alto las malas acciones, mientras reclaman unidad, son los verdaderos causantes de división. El verdadero cuerpo de Cristo nunca ha sido ni será dividido. Aquéllos unidos en santidad con Cristo ya están unidos entre sí. ¡El pecado es el que divide!

Pablo y Silas fueron llevados ante los magistrados de la ciudad de Filipos, después de haber sido acusados, diciendo que “alborotan nuestra ciudad” (Hechos 16:20). Fueron golpeados y echados en la cárcel como resultado de los alborotos que habían causado. ¿De qué se trataba este gran alboroto? Pablo y Silas habían echado un espíritu de adivinación de una muchacha “la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando...Pero viendo sus amos que había salido la esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas” (Hechos 16:16 y 19).

Cuando el interés personal es amenazado de alguna manera, se eleva el grito: “¡Alborotadores! ¡División! ¡Amenaza a la unidad!”. Pablo y Silas habían descubierto una estafa religiosa, un engaño demoniaco bajo el disfraz de la religión. Era una artimaña muy rentable para unos cuantos que sabían cómo manipular a las masas sin discernimiento. ¿Qué fue lo que levantó el grito: “División”? Fue un avivamiento de limpieza. Los que acusaron a Pablo y Silas de causar disensión tenían motivos ocultos y rehusaron el llamado al arrepentimiento y a andar en santidad.

¡Dios, danos más alborotadores de Israel que no tengan temor de ponerse en pie contra la hipocresía religiosa y la desobediencia!