miércoles, 31 de julio de 2013

ELÍAS

El odio de Elías por los pecados de Israel brotaba de su fuerte amor por el pueblo de Dios. Él no aborrecía a la gente, sólo al pecado. Él no era un hombre vengativo, sino un hombre cuyo corazón anhelaba que Israel retorne al Señor. Para entender el espíritu y el poder que estaba sobre Elías, debes escuchar su clamor desconsolado en el Monte Carmelo: “Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos. Entonces cayó fuego de Jehová… Viéndolo todo el pueblo, se postraron…” (1 Reyes 18:37-39).

Elías no estaba en absoluto interesado en ser reconocido como profeta. Sólo quería ver la honra de Dios restaurada y al apóstata de corazón “volviendo su corazón”. Los verdaderos profetas, a pesar de que aparenten ser duros contra el pecado, son de corazón misericordioso, bondadoso y paciente. Y cuando ven un verdadero arrepentimiento bíblico, son constructores y restauradores de brechas.

Creo que hoy en día existe una ‘compañía de Elías’ de verdaderos pastores. No todos los predicadores son apóstatas o egoístas. Oigo de un gran número de pastores santos que han sido heridos y rechazados por ovejas indiferentes. Algunos están siendo literalmente expulsados de sus iglesias por predicar principios santos. Pero lo más cruel de todo, son las llamadas profecías y denuncias de “voces proféticas” duras, que no tienen piedad ni cualidad redentora para ellos.

Si alguna vez escuchas a un “profeta” pronunciando maldiciones sobre cualquier persona, puedes estar seguro de que no está andando en el Espíritu de Cristo. A menudo es un soberbio, autoproclamado Elías, lleno de arrogancia y lujuria. La Palabra dice claramente: “Bendecid y no maldigáis”(Romanos 12:14). Aquéllos que andan hablando sobre maldiciones debieran estremecerse ante estas advertencias: “Amó la maldición, y ésta le sobrevino; Y no quiso la bendición, y ella se alejó de él. Se vistió de maldición como de su vestido, Y entró como agua en sus entrañas, Y como aceite en sus huesos” (Salmos 109:17-18).

La compañía de Elías se compone de un pueblo que llora y cualquier palabra profética que sale de sus labios está bañada en lágrimas. En quebrantamiento y dolor piadoso, caminan en arrepentimiento. Se niegan a guiñarle el ojo a pecado y no temen a hombre o demonio cuando se trata de defender el honor de Cristo.

martes, 30 de julio de 2013

COMPARTIENDO UNA CARTA QUE NUESTRO MINISTERIO RECIBIÓ

“Estimado Pastor David, Hace unos años, mi marido perdió un trabajo que era muy importante para él. Esto fue trágico para él, ya que perdió toda su autoestima y su buen ingreso, y nunca se recuperó. A pesar de que tiene un empleo, su salario actual es menos de la mitad de lo que era. Ahora soy yo, el principal sostén de la familia”.

“Hace unas semanas, estaba buscando algo para leer, cuando el Señor me llevó a una caja de papeles que había guardado. Saqué uno de sus viejos sermones: 'Un lugar llamado “Sin Salida”’. Al leer este mensaje, el Espíritu de Dios me ministró que ahí es exactamente donde yo estoy: ¡Sin salida!”

“Dios me mostró a través de su mensaje que yo me estaba llena de ira contra mi esposo. He estado dependiendo de él, esto es, en la carne. Tengo que volver sólo a Jesús, como mi esperanza, como el único que puede proveerme y sacarme de estos problemas. Ahora sé que mi esposo nunca podrá hacerlo. Y, al leer su mensaje, recibí la seguridad de que Dios está conmigo.

“Aún no ha terminado mi tribulación. Todavía es muy difícil. A veces, cuando miro hacia adelante, veo posibles desastres rodeándonos como a los hijos de Israel. Pero Dios me ha mostrado que he dudado de Su amor por mí y Su fidelidad para proveerme”.

“También me he dado cuenta, como lo ha enseñado, de que he logrado suprimir mis temores y nunca le he dado un golpe mortal a mis dudas. Ahora quiero poner fin a todo eso. Elijo alabar a Dios por amarme y proveerme, aunque todavía no haya visto la provisión”.

Amado, puede que vengan más días malos, pero tienes que venir al lugar en el que puedas decir: “Jesús, echo toda mi ansiedad sobre ti ahora. Soy un heredero de las riquezas de Dios en Cristo Jesús. Y sé que esas riquezas incluyen provisión completa de todas mis necesidades físicas”.

¡Puedes creer y confiar en Dios por ello!

lunes, 29 de julio de 2013

EL CONSUELO DEL PADRE

Imagina un hijo adoptado que ha madurado y heredado el señorío sobre todas las riquezas de su padre. Sin embargo, este hijo sigue ganándose la vida con los criados, viviendo bajo los términos de la esclavitud.

¿Es correcto que el padre de este joven lo consuele en su esclavitud, asegurándole que es amado y que todo va a estar bien? ¡Por supuesto que no! Cualquier padre que ama a su hijo querría que éste reclamara su herencia y saliera de su pobreza. ¡Le instaría a apropiarse de las riquezas que le pertenecen!

Del mismo modo, Dios no tan sólo nos consuela en nuestra esclavitud. Más bien, Él viene a nosotros diciendo: “Hijo, hija, ¿cuándo vas a ocupar tu lugar a Mi lado? ¿Cuándo vas a entrar en Mi casa y echar mano de todos los recursos que ya son legítimamente tuyos?”

“Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo” (Gálatas 4:6-7).

Si Jesús es tu Señor y Salvador, entonces tú eres un hijo de Dios. Y debido a que eres Su hijo, ¡eres automáticamente un heredero y coheredero con Cristo de todas las riquezas del Padre!

Por supuesto, nuestra posición como herederos no tiene nada que ver con la riqueza material. Decir que Cristo murió para hacernos ricos en oro o plata es una blasfemia. La Biblia dice: “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9). Esto significa que Dios ha dado a Jesús todas las riquezas en gloria. Por lo tanto, él tiene todos los recursos necesarios para sacarnos de cualquier día malo que podríamos enfrentar.
Aun así, nos preguntamos: “¿No está Dios interesado en nuestro bienestar físico? Todos mis días malos tienen que ver con mi falta de dinero. Ando siempre preocupado por llegar a fin de mes.”

Amado, tu Padre comienza satisfaciendo todas sus necesidades físicas. Su Palabra promete: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús" (Filipenses 4:19). La palabra griega “falta” proviene de una raíz que significa: “Para administrar todo negocio, todo lo que hace falta o es necesario”.

Pablo dice: “Dios es fiel para cuidar de todas tus preocupaciones, sean comerciales, económicas o de cualquier otro tipo. Eso incluye tu empleo, comida, ropa y hogar. Sin embargo, también implican las riquezas de Su bondad: Fuerza, sabiduría y gracia, así como las riquezas de Su plena certidumbre de salvación. Y, aún más allá de éstos, están Sus inescrutables riquezas”.

domingo, 28 de julio de 2013

PODER EN LOS TIEMPOS DIFÍCILES by Gary Wilkerson

Visité una iglesia en El Salvador, donde el ingreso promedio de los miembros es de cuatro dólares al día. Me quedé asombrado al enterarme de que las personas dan dos de sus dólares ganados a la caridad. Cuando les pregunté por qué dan tanto, todos ellos respondieron: “Porque Jesús nos dijo que diéramos a los pobres.”

Cuando les indiqué que ellos estaban pasando por necesidad, ellos respondieron: “¡Oh, no! Hemos sido bendecidos y en agradecimiento, queremos bendecir”.

Estos corazones no son impíos ni inflados de orgullo. ¿Podemos decir lo mismo de nosotros mismos? Como cristianos, ¿estaremos dispuestos a bendecir a otros cuando tenemos poco en nuestras propias cuentas? ¿O vamos a retroceder en lo que respecta a bendecir a otros como nosotros hemos sido bendecidos?

Los tiempos difíciles que vienen, revelarán la condición de nuestros corazones. Por primera vez en la historia, menos del 50% de los estadounidenses se identifican a sí mismos como creyentes de alguna clase. Esa cifra es aún más baja, un 30%, para las personas menores de treinta años. Muchos de éstos marcaron “ninguno” en el recuadro de “afiliación religiosa”. Se estima que dentro de una década esta generación estará completamente perdida en el secularismo y el ateísmo. Y la intolerancia hacia los cristianos sólo continuará en aumento.

¿Qué vamos a hacer con esto? El escritor de Hebreos contesta: “Pero traed a la memoria los días pasados, en los cuales, después de haber sido iluminados, sostuvisteis gran combate de padecimientos” (Hebreos 10:32). Dios tornó los sufrimientos de aquellos primeros cristianos en herramientas de poder del Evangelio: “…por una parte, ciertamente, con vituperios y tribulaciones fuisteis hechos espectáculo…el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos. No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá…mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma. Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma” (10:33-39).

Este es un pasaje difícil, sin duda, pero hay buenas nuevas contenidas aquí. Dios nos está diciendo que en medio de la creciente oscuridad, Él está haciendo algo glorioso, levantando una iglesia de los últimos días como testimonio de Su poder en tiempos difíciles.

jueves, 25 de julio de 2013

ÉL NOS ADOPTÓ

Creo que las dificultades a menudo nos sirven para llevarnos a la madurez y sacarnos de ataduras infantiles. Considera como reaccionan los niños: un minuto están riendo, y al otro están gritando. Son heridos con facilidad y lloran en demasía. Pero a pesar de esto, los padres piadosos aman y confortan a sus hijos a través de todas las experiencias de la vida.

De igual manera, como cristianos, algunas veces hacemos pucheros o rabietas carnales cuando enfrentamos tiempos difíciles. Exclamamos: “Esta bien, Dios, si esa es la manera en que vas a tratarme, si tu vas a seguir permitiendo que me pasen cosas malas, entonces, ¿por qué tendría que seguir orando a Ti?

Sin embargo, nuestro Padre celestial nos ama y conforta a través de cada rabieta, cada preocupación, cada uno de nuestros altibajos infantiles. Su gran deseo es que en medio de nuestras pruebas comencemos a echar mano del conocimiento de quiénes somos y de qué poseemos como Sus hijos. Él sabe que cuando somos sacudidos por el viento y las olas de nuestras emociones, a menudo olvidamos que somos Sus hijos y comenzamos a vivir muy por debajo de nuestros privilegios. ¡Sin embargo, su Palabra nos dice que somos Sus herederos y coherederos con nuestro hermano mayor, Jesús!

“Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo;” (Gálatas 4:1). Pablo estaba hablando de una costumbre Romana de la época. Un niño podía ser adoptado por un hombre rico y entonces era puesto bajo un tutor hasta que cumpliera los ocho años de edad. Desde de los ocho hasta los veinticinco años, el niño era puesto bajo la autoridad de un guardián. Durante todos esos años, el niño era heredero de una fortuna, sin embargo, virtualmente no tenía control o poder sobre su vida.

Pablo dice que este niño es una ilustración de aquellos que están bajo la ley. La ley es el tutor que nos instruye en los mandamientos de Dios. Pero llega el tiempo en que la escuela termina y tenemos que ocupar nuestro lugar como herederos de las riquezas de Dios por medio de la gracia de Cristo. Sin embargo, muchos cristianos siguen viviendo de acuerdo a las buenas obras y reglas sin comprender su posición como hijos de Dios. “Cuando éramos niños, estábamos en esclavitud” (Versículo 3). Ellos aún están sirviendo a Dios como esclavos, atados por el temor, la culpa y la desesperación, porque no entienden su adopción.

Pablo le dice a tales creyentes: “Aun eres niño en tus pensamientos, esforzándote bajo la esclavitud de leyes que tú mismo estableciste. ¿No ves que ahora eres señor sobre todas las cosas, capaz de participar en todo lo que tu Padre posee? Él te adoptó, te amó y te puso en la escuela para prepararte”.

miércoles, 24 de julio de 2013

INCLUSO EL APÓSTOL PABLO TUVO DÍAS MALOS

Pablo fue azotado con un día malo mientras viajaba por Macedonia. “Cuando vinimos a Macedonia, ningún reposo tuvo nuestro cuerpo, sino que en todo fuimos atribulados; de fuera, conflictos; de dentro, temores” (2 Corintios 7:5). Este hombre piadoso confesó que su hombre interior estaba plagado no solo por un temor, ¡sino qué por muchos temores!

Ciertamente, Pablo no era un súper humano. Él estaba sujeto a las mismas emociones humanas que nosotros enfrentamos. En una ocasión, todos los creyentes de Asia se habían vuelto en su contra, aquellos por los cuales él había dado su vida. Él escribió: “…aunque amándoos más, sea amado menos” (2 Corintios 12:15).

Sí, Pablo tuvo días terribles. Pero nunca cedió a las emociones y tentaciones que les acompañaban. Él testificó en su peor momento: “lleno estoy de consolación; sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones.” (2 Corintios 7:4). Entonces añadió: “Pero Dios, que consuela a los humildes, nos consoló…” (verso 6).

¿Estás pasando por un mal día, una mala semana, un largo período de desaliento? ¿Estás decaído, desanimado, con pensamientos de abandonarlo todo? Si esto te describe, entonces, ¿cómo crees que Dios reacciona a tu prueba? ¿Acaso te reprende o te castiga? ¡No, nunca! Pablo declara: “El Señor nunca ha estado más cerca de ti, y más dispuesto a ayudarte que cuando estas decaído y herido”.

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.” (2 Corintios 1:3-4). La palabra griega para “consolación” aquí significa “confortar o alentar, llamar cerca.” ¡Qué maravillosa verdad! Cuándo experimentamos días malos, nuestro Padre celestial saca provecho de ellos para acercarnos más a Él.

martes, 23 de julio de 2013

CUANDO LLEGAN LOS DIAS MALOS

Mis días malos vienen a menudo cuando estoy a solas con el Señor, escudriñando Su Palabra. Me siento agobiado por los sentimientos de ignorancia cuando siento que existe un gran océano de verdad ante mí, pero me es imposible comprenderlo todo porque ¡es tanto lo que hay!

Y mi frustración es aún mayor cuando leo los escritos de predicadores que vivieron hace 300 años. Y termino exclamando: “¡Oh Señor, soy como un niño en entendimiento comparado con estos gigantes espirituales! Ellos vivieron en una era presuntamente sin instrucción y sin embargo, siendo aun jóvenes, escribieron sobre materias que aún yo no puedo captar a los sesenta años. ¿Por qué se me hace tan difícil captarlo?”

La única respuesta que recibo es la que escucho de las palabras de Pablo: “no es por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:9). Todo el poder reside en Dios, incluyendo el poder de comprender la verdad y mantener una vida piadosa. Este gran tesoro esta en vasos de barro, de manera que toda la gloria sea para Él.

Si tu día malo consiste en un ataque satánico contra tu fe, puedes ser tentado a creer que no eres espiritual por ser objeto del ataque. Sin embargo, no hay nada más lejos de la verdad.

Un joven piadoso me llamó llorando y me dijo: “Acabo de tener el peor día de mi vida ¡y no sé qué hacer! Una sensación extraña vino sobre mi hoy día y no la puedo quitar. Hermano David, ¡no sé si Dios existe!”

El joven no tenía idea de dónde venía esa sensación de duda y estaba en estupefacto y herido por los terribles pensamientos que entraron a su mente. Él confesó: “No siento la presencia de Dios. Y ahora no puedo dejar de dudar de su existencia. ¿Qué voy a hacer? ¡Yo no quiero abrigar estos terribles pensamientos!”

Le dije: “No tengas miedo ni te desalientes. Créeme, este es un viejo truco del diablo y le gusta hacer esto con los nuevos creyentes que son preciosos para el Señor. Él está tratando de atacar tu fe y confundirte”.

Hoy le pude decir a este joven lo mismo que le dije a mi hijo Gary cuando él estaba pasando por días malos: “Solo resiste. Tu Padre celestial sabe exactamente por lo que estas pasando y Él te sustentará a través de todo. Recuerda que Él ha prometido que no te dejará. Sigue acudiendo a Él, ¡solamente por fe!” 

TESORO EN VASOS DE BARRO

La vida cristiana no es una vida sin obstáculos. Cada creyente va a tener días malos, sin importar lo consagrado que sea. La mayoría de los cristianos saben que Jesús no es sólo un salvador para "los buenos tiempos solamente". Él está con nosotros, no sólo cuando las cosas van bien, sino también durante nuestros días malos. Cuando los tiempos difíciles nos golpean, Él no desaparece, diciendo: "Volveré cuando esté todo solucionado". No, Él es fiel y nos cuida a través de todas las épocas.

El apóstol Pablo se refiere a esto cuando escribe: "Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios y no de nosotros" (2 Corintios 4:7). El tesoro al que Pablo se refiere es el conocimiento y la presencia de Jesucristo.

La palabra griega que Pablo usa para barro es "barro frágil", que significa “débil, quebradizo, fácilmente tentado”. Él está diciendo:" Sí, tenemos la presencia de Jesús en nosotros, pero nuestros cuerpos son débiles, fácil de ser tentados y quebrantados”.

El hecho es que todos padecemos lo que la Biblia llama “enfermedades”. Para muchos cristianos, una enfermedad común en la vida es una frágil constitución física o una pobre salud. Pablo habló de las enfermedades frecuentes de Timoteo, llamándolas "frecuentes enfermedades" (1 Timoteo 5:23). La palabra griega enfermedad aquí significa “enfermizo, sin fuerzas, débil en cuerpo o mente.”

Sin embargo, hay otras enfermedades además de las físicas, que son igualmente difíciles de manejar. En mi opinión, las enfermedades de la mente son probablemente las más comunes. Estoy hablando de esos momentos inexplicables cuando tus sentimientos te traicionan y le juegan malas pasadas a tu mente. Me explico: La culpa, el miedo y la ansiedad son todas enfermedades de la mente. Puedes ser perseguido por causa de tu pasado o por algún pecado que todavía se aferra a tu vida. Y no puedes evitar que estas enfermedades afecten sus sentimientos.

Si estás pasando por este tipo de prueba, debes saber que no estás siendo poco espiritual mientras soportas este tipo de ataques. Aún eres un hijo del Padre celestial, y Él no te dejará luchando solo. Él enviará el Espíritu Santo para ahuyentar todas sus dudas. No trates de discutir con el diablo, no le puedes probar nada. Por el contrario, cuando venga el próximo ataque, corre a tu Padre celestial. Entonces quédate quieto, con paciencia y esperanza. 

domingo, 21 de julio de 2013

IVIR LA VIDA EMPODERADOS POR DIOS by Gary Wilkerson

Muchos de nosotros queremos conocer el camino de Dios y escuchar la verdad del evangelio, pero evitamos vivirlo. Tristemente, en la iglesia de hoy es aceptable disfrutar de sermones y adoración, sin embargo, volver a casa sin un cambio.

Pablo dijo de su propio testimonio: “ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder” (1 Corintios 2:4). Si no estamos viviendo una vida empoderada por Dios, el problema es con nosotros, no con el Señor.

Dios no dejó de dar a Su pueblo Su poder en el año 100 D.C. Jesús nunca dijo: “y aun mayores [obras] harán...hasta la Reforma”. Pablo predicó un mensaje del Evangelio de poder y él quería ese poder para Timoteo por una razón específica: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos,… aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita”. (2 Timoteo 3:1-5).

Pablo está hablando aquí de feligreses, pero describe que tienen sólo “apariencia de piedad”. A estos cristianos no les importaba ir a la sinagoga, leer textos espirituales o tomar parte en actividades religiosas. Sin embargo, el consejo de Pablo a Timoteo era: “evítalos”. Él estaba diciendo, “Es peligroso estar cerca de esas personas. Puedes empezar a pensar que lo que hacen es aceptable. Pueden parecer piadosos, pero el Señor mira el corazón, y Él ve la impiedad y la soberbia”.

Pablo dijo de esos cristianos “siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad”. (3:7). En otras palabras, escucharon todas las enseñanzas del Evangelio, pero nunca les hicieron caso. Eso los hizo incapaces, dijo Pablo, ya que se “resisten a la verdad” (3:8).

Note como Pablo comienza este pasaje: “en los postreros días vendrán tiempos peligrosos.”(3:1). Él deja claro que el cristianismo “normal” no será sostenible en los días que vienen, esos tiempos peligrosos marchitarán una fe superficial. Soy probablemente el menor profeta cristiano vivo, pero hasta yo puedo ver los malos tiempos vislumbrándose. Cuando las economías mundiales tambalean, el estadounidense promedio se enfrenta a un desastre financiero, y la agitación política se agudiza, entonces algo tiene que ceder.

¿Qué va a hacer la mayoría de los cristianos cuando las cosas realmente empeoren? ¿Están nuestros corazones verdaderamente preparados para hacer frente a tiempos difíciles? Ruego que reaccionemos como lo hizo la iglesia en Hechos cuando se enteraron que venía una hambruna. No acumularon bienes para hacer frente a la crisis, en lugar de eso, tomaron una ofrenda para ayudar a las otras iglesias que sabían que sufrirían. 

jueves, 18 de julio de 2013

MEDITAD SOBRE VUESTROS TUS CAMINOS

Gracias a Dios por el profeta Hageo. Él era un hombre de Dios, viviendo en victoria, alguien que tenía la mente de Dios, que caminó en la gracia, y que tenía el cielo abierto. Llegó al lugar del templo (que no estaba terminado) en Jerusalén y les dio esta advertencia a Zorobabel y a Josué: “¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa [de Dios] está desierta? Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos” (Hageo 1:4-5).

Éste era un llamado para dejar de enfocarse en sí mismos, no sólo en su comodidad, sino también en su desesperación. Hageo estaba diciendo: "¡Olvida el pasado! Es hora de levantarse de su letargo. A pesar de todo su pecado, Dios quiere que continúen Su obra desde donde la dejaron. Ahora, recojan sus instrumentos de trabajo y recuperen su confianza en el Señor. ¡Vuelvan a su lugar secreto de oración y a confiar en Dios. ¡Pronto escucharán su voz otra vez!"

La Escritura dice: “Y despertó Jehová el espíritu de Zorobabel…y el espíritu de Josué…y el espíritu de todo el resto del pueblo; y vinieron y trabajaron en la casa de Jehová de los ejércitos, su Dios” (versículo 14). Luego Dios les dio esta promesa: “Meditad, pues, en vuestro corazón, desde este día en adelante…desde este día os bendeciré” (2:18-19).

Zorobabel y Josué volvieron a caminar una vez más en fe y en justicia. Y ahora el profeta les trajo la mejor palabra de todo: ¡Dios iba a derribar el obstáculo que casi los destruyó! “¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel serás reducido a llanura; él sacará la primera piedra con aclamaciones de: Gracia, gracia a ella” (Zacarías 4:7).

Amado, en esto consiste tu tribulación presente. Dios despertará una vez más tu corazón y verás el cumplimiento de tu llamado. El Espíritu Santo va a destruir todas las fortalezas en tu vida, no por tu fuerza, sino por la de Él. Entonces, terminarás el curso que Dios ha puesto delante de ti. Y, como Zacarías, lo harás con gritos: “¡Gracia, gracia! ¡Dios ha sido misericordioso y fiel conmigo!” 

miércoles, 17 de julio de 2013

NO CON EJÉRCITO, NI CON FUERZA

“No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová” (Zacarías 4:6).

El Señor envió a dos hombres en una misión para reconstruir el templo caído en Jerusalén. Zorobabel y el sumo sacerdote Josué, fueron líderes piadosos que obedecieron al Señor y llevaron a cabo su trabajo con celo y fidelidad.

Al principio tuvieron que trabajar contra una fuerte oposición. Grupos de judíos idólatras y apartados de Dios junto con samaritanos celosos, se opusieron a la obra, tratando todo lo posible para evitarlo. Por último, estos grupos lograron que Ciro se pronuncie en contra de la misión de los dos hombres. Después de eso, Zorobabel y Josué se cansaron de la lucha, de la oposición, de ser calumniados y falsamente juzgados. Así que durante los siguientes dieciséis años, la obra de Dios se detuvo.

Pero Zorobabel y Josué nunca recibieron un mandato de Dios para retirarse. La Biblia no registra ningún edicto de Ciro en el que les haya revocado su permiso de construir. Así que su trabajo no debería haber perdido el ritmo. El hecho es que Dios todavía tenía todo el poder necesario para ayudarlos a salir adelante.

En tales tiempos, Satanás siempre aparece ofreciendo una teología pervertida para apoyar el estilo de vida de aquél que cede a sus principios. La doctrina en este caso era: “Todavía no es el tiempo de Dios. La palabra de Ciro lo ha dejado claro. El Señor nos hará saber, cuando sea el momento adecuado para construir. Mientras tanto, vamos a construir nuestras fincas. ¡Necesitamos disfrutar de nuestra religión!”

En pocas palabras, el pueblo de Israel, incluyendo estos dos hombres piadosos, era culpable de incredulidad descarada. Perdieron toda su confianza en que Dios los dirigiría y los apoyaría.

Veo al mismo espíritu de incredulidad operando hoy. Predicadores me han dicho sin rodeos: “Estoy contando los días hasta que me jubile. ¡Me harté de la gente! No quiero tener que aguantar sus cosas ya. Tan pronto como salga mi fecha de jubilación, me largo de aquí”.

¡No! Que ésta nunca sea la actitud de un verdadero siervo de Dios. El Espíritu Santo es un Espíritu vivificante y si tú estás viviendo y ministrando en el Espíritu, cuanto mayor seas y cuanto más ministres, más fuerte te pondrás a través de todo ello. ¡La obra de Dios debe ponerse más emocionante con los años!

martes, 16 de julio de 2013

VOLVIENDO A EGIPTO

Isaías habla de Cristo sanando la lengua tartamuda (ver Isaías 33:19). En este pasaje, la palabra hebrea: “tartamuda” significa “una declaración defectuosa”. Ésta es una voz de incertidumbre e indecisión, que habla una palabra que carece de poder o verdad.

Escuchen las solemnes palabras del profeta sobre este asunto: “Porque el ruin hablará ruindades, y su corazón fabricará iniquidad, para cometer impiedad” (32:6). La palabra hebrea “ruindad”, en este pasaje, significa “necedad, un crimen pecaminoso”. Viene de la palabra “nabal”, que significa tonto, necio.

Isaías nos está diciendo: “Sólo un hombre malvado, necio intentaría llevar la palabra de Dios, mientras practica el pecado. ¡Sus palabras suenan a una gran necedad! Tal hombre comete “impiedad y para hablar escarnio contra Jehová, dejando vacía el alma hambrienta, y quitando la bebida al sediento” (mismo versículo). Su propio error acaba por desviar a otros.

Estoy convencido de que un pecado en particular, más que cualquier otro, produce tal distorsión de la verdad. Es el pecado de la incredulidad, la cual es galopante en muchos ministerios de hoy.

Dios dice que el pecado de incredulidad es “volver a Egipto”. “y de los que descienden a Egipto por ayuda…y no miran al Santo de Israel, ni buscan a Jehová” (31:1). “Ay de los hijos que se apartan…para tomar consejo, y no de mí…se apartan para descender a Egipto” (30:1-2).

Isaías se quedó estupefacto al ver que muchos de los líderes de Israel montar sus caballos y galopar a Egipto para tratar de obtener consejo sobre la política y la seguridad nacional. Éstos fueron los mismos hombres que le dijeron al profeta que no tenían tiempo para buscar al Señor o consultar con Él. Pero Dios no tomó sus acciones a la ligera. Llamó a todo ello, rebelión ¡y pronunció ayes sobre ellos!

Hoy en día, nada ha cambiado. Multitudes de cristianos atraviesan el país asistiendo a seminarios y convenciones con una mentalidad de “ir a Egipto”. Están navegando en la red, creando estrategias, tomando prestado métodos mundanos, obteniendo consejos inspirados en la carne. En resumen, están buscando cualquier cosa nueva que pudiera emocionarlos.

Pero el siervo que ora y confía en Dios completamente, sabe que no tiene tiempo para los conceptos egipcios. El único lugar al que corre es a su aposento de oración, de donde obtiene su consejo, ¡de rodillas! 

UN VERDADERO SIERVO DE DIOS

Cuando el profeta Isaías anunció la venida de Cristo y Su reino, trazó cómo serían los verdaderos ministros de Cristo. Al hacerlo, definió nuestro ministerio en estos postreros días, al decir, en esencia: “Quiero que conozcas las señales del verdadero pueblo de Dios, aquéllos que estarán ministrando ¡justo antes de que el Príncipe de Paz regrese a reinar!”

Isaías comienza con estas palabras: “He aquí que para justicia reinará un rey” (Isaías 32:1). Luego, el profeta añade: “Y será aquel varón como escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión; como arroyos de aguas en tierra de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra calurosa” (versículo 2).

Para mí, es claro que Isaías está refiriéndose a Cristo. Y continúa diciéndonos que un verdadero siervo de Dios va a predicar la suficiencia de Cristo. De hecho, este creyente se encierra con Jesús, confiando en que su Señor hará de su alma, un jardín bien regado. Él vive con gran confianza, su espíritu reposa y está lleno de paz.

Este verdadero siervo de Dios no tiene una tempestad efervescente en su alma a causa del pecado. Por el contrario. Él confía plenamente en el Espíritu Santo para hacer morir sus pecados y hacer su espíritu libre como un ave. Él no tiene temores ni preocupaciones, porque todo está claro entre él y su Señor. Hay un cántico en su corazón, ¡porque Cristo es su deleite!

Más allá, este siervo sabe que nadie puede herirlo porque está asido de la seguridad y comodidad de la promesa de que Dios defiende a los justos. Ningún arma forjada contra él puede prosperar porque Dios mismo se levanta contra toda lengua que viene contra él. Dios es su defensa una tierra de abatimiento.

Isaías destaca dos características que distinguen al siervo justo. Primero, tiene discernimiento y, segundo, conoce claramente la voz de Dios: “No se ofuscarán entonces los ojos de los que ven, y los oídos de los oyentes oirán atentos” (Isaías 32:3).

Vemos un ejemplo en el primer encuentro que tuvo Jesús con Natanael. Cuando Él vio a Natanael venir a Él, clamó: “He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño” (Juan 1:47). En otras palabras, “¡Miren, hermanos! Acá viene un hombre que no es hipócrita. No hay engaño en él, no hay inmoralidad. ¡Él es una vasija limpia!”. 

lunes, 15 de julio de 2013

LA MAYORÍA DE CRISTIANOS NO TIENE PODER by Gary Wilkerson

“Porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará” (Lucas 12:48).

La mayor parte de los cristianos no tiene poder. Para algunos lectores, esta declaración puede parecer osada y para otros, sonará obvia. De cualquier forma, es un comentario de la iglesia que preferiría no tener que hacer.

Considera cómo se ve hoy, el cristianismo “normal” del creyente típico. Es una persona un poco espiritualista y un poco materialista y la mayor parte de sus decisiones diarias son acerca de cómo mejorar su vida. Eso incluye sus búsquedas espirituales, desde los grupos que integra en su iglesia, lo que descarga de internet y los seminarios a los que asiste.

No hay nada de malo con ninguna de estas cosas. Nuestro Señor quiere que nuestras vidas sean bendecidas, pero para algunos cristianos, éstas no son más que búsquedas mundanas. Ellos sólo buscan el éxito personal, no buscan el reino de Dios y pueden diluir en un creyente el poder del verdadero evangelio.

Le que hoy se considera un cristianismo normal debe ser un ultraje para Dios. No sólo no tiene poder, tampoco tiene pasión, ni sacrificio personal. En otras palabras, carece de la cruz, y, por consiguiente, de Cristo. No lo malinterpretes, se trata de la gracia de Dios y Yo nunca pondría una carga indebida a alguien. Pero es hora de que la iglesia haga un inventario espiritual para determinar si nuestras metas “espirituales” nos están acercando más al corazón de Dios o están haciendo que corramos en círculos.

Déjame hacerte una pregunta: ¿Crees que sería mejor para tu salud espiritual, asistir a una iglesia que no predique tanto el evangelio, ni de la Palabra de Dios o que no tenga mucha pasión por Su Reino? ¿Una iglesia en la que nadie realmente sigue Sus mandamientos? O ¿sería mejor asistir a una iglesia que exalte la Palabra de Dios, proclame el evangelio y tenga reuniones en casas para cada tipo de creyente?

Sugeriría humildemente que la segunda opción podría ser más peligrosa para tu salud espiritual. ¿Por qué? Porque Jesús declara que a quien más se le da, más se le demandará. Para alguien cuya vida no encaja con la verdad bíblica que le fue enseñada, el día del juicio será aterrador. 

viernes, 12 de julio de 2013

CUANDO DIOS YA NO HABLA

Isaías fielmente profetizó a Israel que “los oídos de aquel que oye” algún día serían abiertos. Pero tristemente, sus oidores habían cerrado sus oídos a la voz de Dios. ¡Ellos deseaban aferrarse a sus pecados!

“Por cuanto llamé, y no respondisteis; hablé, y no oísteis, sino que hicisteis lo malo delante de mis ojos, y escogisteis lo que me desagrada. Por tanto, así dijo Jehová el Señor: He aquí que mis siervos comerán, y vosotros tendréis hambre; he aquí que mis siervos beberán, y vosotros tendréis sed; he aquí que mis siervos se alegrarán, y vosotros seréis avergonzados; he aquí que mis siervos cantarán por júbilo del corazón, y vosotros clamaréis por el dolor del corazón, y por el quebrantamiento de espíritu aullaréis.”(Isaías 65:12-14)

Cuán trágico es rehusarse a escuchar las dulces advertencias del Espíritu Santo. Cuando cerramos nuestros oídos a la orden de Dios de hacer morir los pecados de nuestra carne, estamos condenados a experimentar todo tipo de tristeza y dolor.

Por favor, entiende que no estoy hablando de un siervo de Dios que ha sido sobrepasado por un pecado que odia. Ni tampoco me refiero al creyente que no se permitirá descanso hasta que el Espíritu Santo lo libere. Más bien, estoy hablando del creyente que ha aprendido a amar su pecado, quien ha puesto su cabeza sobre la falda de una Dalila. Tal persona ha endurecido su conciencia.

El siervo que continúa en sus caminos pecaminosos ciertamente oirá voces, pero ninguna de esas voces será la de Dios. Al contrario, esa persona será entregada al engaño: “También yo escogeré para ellos escarnios, y traeré sobre ellos lo que temieron; porque llamé, y nadie respondió; hablé, y no oyeron, sino que hicieron lo malo delante de mis ojos, y escogieron lo que me desagrada.” (Isaías 66:4).

¡Qué cosa más horrible es cuando Dios ya no habla! Pero qué alentador es saber que el Espíritu Santo nos advertirá amorosamente y nos protegerá del pecado.

miércoles, 10 de julio de 2013

OBRAS DE LAS TINIEBLAS

“Pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas? (Mateo 6:23). La Escritura deja en claro que los pecados ocultos son “obra de las tinieblas”. Sabemos por la Palabra de Dios que la luz no tiene comunión con las tinieblas.

Pedro nos dice que Cristo “predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron” (1 Pedro 3:19-20). La desobediencia envió a esas almas a una prisión de oscuridad. De igual manera hoy en día, cada acto voluntario de desobediencia hace que la luz del discernimiento dentro de nosotros se vaya oscureciendo. Al pasar el tiempo, nuestra percepción de la verdad se va distorsionando y nuestro “cielo abierto” se vuelve cada vez más nublado.

El Señor sufre grandemente cuando el pecado oculto trae densa oscuridad a nuestras almas. Y nada le entristece más que cuando resistimos y rechazamos Sus amonestaciones y la convicción de pecado. Considera este caso trágico descrito en una carta que recibimos:

“Mi esposo se ha entregado completamente a la pornografía por Internet. Ahora presenté una demanda para el divorcio y a él ni siquiera le importa. Estuvimos felizmente casados durante veinticinco años antes que esto sucediera. No podía entender por qué él pasaba tanto tiempo encerrado en su cuarto con su computador. Entonces cierto día entré, y quedé impactada por la horrible suciedad que vi en la pantalla. Él se obsesionó. Su personalidad cambió y una maldad vino sobre él. Entonces supe que se había hecho un adicto. Él me dijo: ‘No puedo evitarlo. Voy a hacer lo que me dé la gana.’”

El apóstol Pablo hace una declaración horrible dirigida a aquellos que “andan en la vanidad de su mente” (Efesios 4:17). Tales personas justifican su pecado, ya no buscan liberarse de él. Pablo dice de ellos: “teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón”. (Versículo 18)

¿Cómo fue que quedaron tan a oscuras y fueron cegados? Ellos cayeron bajo una ceguera que viene sobre todos los que se entregan al pecado: “los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza.” (Versículo 19).

John Owen, el escritor puritano, explica el trágico resultado: “Un hombre bajo el poder de una lujuria predominante está bajo una falsa seguridad y no discierne los tiempos peligrosos que vienen.”

martes, 9 de julio de 2013

UN CIELO ABIERTO

Entonces Jesús se volvió a Natanael y le dijo: “De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre.” (Juan 1:51). La expresión griega aquí viene de una raíz que sugiere “repetitivamente”. En otras palabras, Jesús le estaba diciendo a Natanael: “Dios va a darte revelaciones en forma continua”.

De la misma manera, Dios hace este pacto con todo ministro del evangelio que vive una vida irreprensible, sin pecado oculto o secretos oscuros. Tal siervo recibe un continuo fluir de la revelación de la gloria de Cristo. Y él actúa como un oráculo de Dios, recibiendo continuamente una palabra fresca del cielo.

Muchas veces me sorprendo por las palabras frescas y ungidas que escucho en estos días provenientes de una cantidad de predicadores jóvenes desconocidos. Recibimos muchas grabaciones de predicaciones de todo el país, y ocasionalmente una grabación contiene un mensaje así. Cuando escucho este tipo de visión pura de Cristo, a veces llamo al ministro que predica y le pido más grabaciones.

Si las grabaciones prueban ser consistentes en visión y mensaje, el predicador puede ser invitado a predicar en nuestra iglesia de Times Square. De hecho, así fue como conseguimos a nuestro pastor asociado Carter Conlon.

Tales siervos son francos y sencillos en su caminar con Dios, y sus vidas son libros abiertos. Son devotos a sus familias y ni siquiera dan una señal de ambición. En vez de eso, pastorean felizmente pequeñas congregaciones, pasando muchas de sus horas del día solos en oración. Su mismísima presencia está llena del Espíritu de Dios y las revelaciones de Cristo fluyen de ellos como ríos de vida.

Nuestra iglesia está compuesta también de ancianos piadosos. A menudo cuando escucho a estos hombres enseñar, muevo la cabeza en señal de asombro, y me pregunto: “¿De dónde sacaron estos siervos de Dios tan increíbles revelaciones de la gloria, poder y suficiencia de Cristo? Ellos no tienen adiestramiento teológico, sin embargo, ¡están enseñando raudales de revelación pura y santa!

Como Natanael, estos son siervos en quienes no se encuentra malicia, ni hábito secreto o pecado. Por lo tanto, ellos pueden ver, oír y discernir la voz de Dios hacia ellos y ¡reconocer el latido de Su corazón claramente! 

lunes, 8 de julio de 2013

¡LA GRACIA ES GRATUITA!

“[El Padre] entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.” (Lucas 15:31-32)

El hijo más joven, el hijo pródigo, estaba entrampado en un fango de soledad provocado por el pecado. Estaba muerto en su propia voluntad y en su miseria, experimentó algo más allá de su dolor… ¡experimentó su perdición!

Mientras pensaba en su padre, quería volver con él para someterse por entero. Sabía que nunca podría compensar o agradar a su padre a través de cualquier buena obra. También se dio cuenta de que estaba dependiendo totalmente de la gracia y amor de su padre para que haya cualquier tipo de restauración.

Pero el hijo mayor nunca tuvo un sentido de su perdición, de lo vano que era tratar de zanjar el abismo existente entre él y su padre, por lo que nunca hizo frente a su necesidad de hacer morir al yo.

Amados, ese abismo no puede ser zanjado por obras, promesas o esfuerzo propio. Nuestra aceptación en el amor del Padre viene sólo a través de la sangre de Jesucristo. No hay ninguna otra plegaria. Sólo la cruz zanja el abismo.

Puedes estar en contra de todo lo que he escrito aquí. Puedes decir: “Hermano Wilkerson, usted le está diciendo a los pecadores que si ellos simplemente se arrepienten, todo súbitamente va a estar bien, y que Dios les borrará su pasado y que los traerá inmediatamente para Su favor y bendición.”

Sí, eso es exactamente lo que estoy diciendo… ¡porque eso es lo que está diciendo Jesús en esta parábola! Cada vez que un pecador se vuelve al Señor en absoluto arrepentimiento, quebrantamiento y humildad, es llevado de inmediato a los brazos amorosos de su Pastor.

La gracia se concede gratuitamente a aquellos que han muerto a los sentimientos de valor propio… ¡y que han reconocido cuán perdidos están!

¿DEBERÍAMOS INVERNAR EN FENICE? by Gary Wilkerson

Pablo y “algunos otros prisioneros” estaban siendo transportados a Roma, pero encontraron muchas dificultades en su travesía. Debido a que navegar era muy peligroso, Pablo quería permanecer en un lugar llamado Buenos Puertos pero no le hicieron caso. “Y siendo incómodo el puerto para invernar, la mayoría acordó zarpar también de allí, por si pudiesen arribar a Fenice…e invernar allí. (Hechos 27:12)

Cuando estamos pasando por una tormenta, podemos perder la vista del hecho de que la nave donde vamos es un barco de guerra. Estamos en una guerra contra Satanás, y por eso enfrentamos una batalla constante contra los poderes de las tinieblas. Esa es una buena razón de porqué no podemos permitirnos “invernar en Fenice”.

Estamos en guerra contra un enemigo que trae depresión, que ataca los matrimonios y que está esclavizando a una nueva generación de adolescentes a la heroína, un problema creciente en muchas ciudades. Hemos ido a la guerra creyendo que el evangelio glorioso de Cristo liberará a los cautivos, que Él es fiel para romper las cadenas de aquellos en esclavitud, para liberar a las familias envueltas en problemas y para alcanzar a los más necesitados con Su generoso amor. Para estar en esta batalla, es imperativo que mantengamos nuestro enfoque en la misión que Él nos ha dado y escuchar Su voz dirigiéndonos. Nuestra misión es siempre secundaria, lo que es primario es “saber a quién hemos creído” (Ver 2 Timoteo 1:12)

¿Te habla esto a ti? ¿Es que tu embarcación ha tomado la prioridad por sobre Jesús en tu corazón? ¿Has sido atrapado por una preocupación de la carne, sea esta vivir la buena vida o tener éxito en tu ministerio? Ninguna de las anteriores es el supremo llamado de Dios para ti. No me malentiendas: Él no quiere que dejes de trabajar duro o de servir con devoción. Sin embargo, ¿Podría ser que Él esté hablando ahora mismo acerca de qué es más importante en tu corazón?

Si has estado pasando tus inviernos en Fenice, Él te está llamando a volver a tu viaje hacia Roma. Deja de lado todo lo que te impide estar “en misión por Jesús”.

jueves, 4 de julio de 2013

EL PRÓDIGO Y SU HERMANO

Tanto el hijo pródigo, como su hermano eran igualmente pecaminosos. El más joven no había entendido el propósito de la gracia, el cual es crecer hasta la madurez de la santidad. Pero el hijo mayor nunca conoció el corazón de su padre. Siempre trató de ganarse el amor de su padre por su obediencia y sus actos. Él no podía aceptar que su padre siempre lo había amado incondicionalmente, totalmente aparte de sus buenas obras. La verdad es que su padre lo amaba simplemente porque había nacido de él.

“Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo” (Lucas 15:28-30).

El hijo mayor estaba diciéndole a su padre: “Todos estos años, he trabajado tan duramente para agradarte, pero tú nunca me has mostrado este tipo de amor. Por lo menos yo nunca lo he sentido”. Esto resume la raíz del problema del hijo que protestaba. Él pensaba que él había ganado, a través de buenas obras, lo que su hermano menor había recibido a través de la gracia.

A todo legalista le cuesta dejar de lado la obra de la carne. ¿Por qué? ¡Porque nuestra carne quiere hacer cosas para Dios! Queremos ser capaces de decir: “Me gané mi paz en el Señor. He ayunado, he orado, he hecho todo para obtener la victoria. He trabajado duro y ahora finalmente, lo he logrado”.

Si somos honestos, veremos que nuestra carne siempre protesta contra la dependencia en el Señor. No queremos depender de Su misericordia y de Su gracia o reconocer que sólo Él nos puede dar el poder, la sabiduría y la autoridad para vivir como vencedores.

Debemos tener cuidado de no hacer la protesta del hermano mayor. Es una protesta de la soberbia humana y ¡es un hedor en la nariz de Dios!

miércoles, 3 de julio de 2013

EL CLAMOR DE UN CORAZÓN ARREPENTIDO

“Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano. Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase” (Lucas 15:25-28).

El hermano mayor del pródigo se molestaba más y más. Después de todo, él había servido diligentemente a su padre por años, nunca había transgredido ningún mandamiento. Él estaba erguido según la ley y se había mantenido escrupulosamente limpio.

Así, asomándose por esa ventana, este hijo mayor vio la visión de gracia más grande dada a la humanidad: El padre estaba abrazando a un hijo arrepentido, perdido. Él no formuló pregunta alguna ni sermoneó; por el contrario, lo vistió con un vestido nuevo y lo puso de vuelta en su posición inicial de favor y bendición plenos. ¡Luego, lo trajo a la fiesta!

La visión que este hijo mayor tuvo fue que una persona puede arrepentirse, sin importar cuánto se haya hundido, si es que simplemente deja de manejar su propia vida y vuelve al padre. Pero el hermano mayor protestó y se negó a ir a la fiesta. ¿Por qué? ¡Él no quería participar de lo que él vio como una gracia fácil!

Es típico que una mente legalista proteste ante una muestra generosa de gracia para con un hijo apartado que retorna. Muchos cristianos, sentados al costado de drogadictos o alcohólicos en la iglesia, piensan: “Gracias a Dios yo nunca pequé de esa forma. Él podría caer otra vez mañana”.

La Escritura dice que este tipo de orgullo es más letal que cualquier adicción: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Corintios 10:12).

La verdad es que cuando el pródigo vio a su hermano mayor mirándolo con el ceño fruncido desde la ventana, probablemente pensó: “¡Oh, mi hermano, si sólo supieras cuánto te admiro! Tú nunca te fuiste a pecar como yo lo hice. Tú tienes el mejor testimonio. Y deberé vivir toda mi vida con el recuerdo de haber traído vergüenza al buen nombre de nuestra familia. Sé que no merezco nada de esto. De hecho, tú deberías estar en este lugar. ¡Cuánto deseo haber tenido comunión contigo!”

“Ése es el clamor de un corazón verdaderamente arrepentido y humillado!

martes, 2 de julio de 2013

CRISTIANOS HAMBRIENTOS

Lucas escribe acerca del hijo pródigo: “Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba” (Lucas 15:14-16).

He visto este tipo de inanición entre los cristianos. Alguna vez tuvieron un testimonio maravilloso de gracia y misericordia pero, a causa del pecado, se convirtieron en esqueletos espirituales sin vida en absoluto.

Lucas escribe: “Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros” (versículos 17-19).

El joven pródigo tuvo que admitir: “Yo no puedo manejar estas bendiciones después de todo. ¡He pecado contra Dios y contra mi familia y he derrochado todo lo que me fue dado!”

El arrepentimiento es más que sólo girar y volver a Dios. Es una rendición total del auto gobierno, es un retorno a Dios con esta confesión: “Señor, he arruinado mi vida y ahora vengo en humildad delante de ti para pedirte que te encargues de mi vida”. Ahí es cuando Dios comienza a hacer una obra muy especial de restauración.

Cuando el hijo regresó, fue completamente restaurado en la casa de su padre, ¡no como siervo sino como hijo! Él estaba dispuesto a someterse a su padre y estar bajo su gobierno. Lo que más deseaba era tener intimidad con su padre. Había perdido todo interés en las cosas del mundo y estaba listo para hacer lo que su padre le ordenara (ver versículos 20-23)

¡Qué escena tan maravillosa de restauración total! 

lunes, 1 de julio de 2013

LO QUE NOS ENSEÑA LA GRACIA

En la iglesia Times Square, predicamos sobre la misericordia, la compasión y la ternura de Dios para con nosotros. Su justificación y santificación para nosotros y la aceptación de nuestras vidas por parte de Él, en Su Hijo. Todas estas doctrinas se centran en la gracia de Dios hacia nosotros a través de Jesucristo. Pero ¿qué nos sucede cuando intentamos acumular esta rica herencia?

Considera lo que le sucedió al hijo pródigo en Lucas 15:11-32. Cuando se hizo de las riquezas de su padre, comenzó a hacerse un agujero en su bolsillo y decidió volverse al mundo para satisfacer el deseo de su corazón. Se dijo a sí mismo: “¡Mi bendición durará mucho tiempo!”.

Estoy convencido de que muchos cristianos no pueden manejar las bendiciones de la gracia. Se glorían en el mensaje del perdón inmerecido de Dios, se llenan la cabeza de todos los pasajes bíblicos que hablan de Su misericordia y compasión. Les encanta escuchar la historia del pastor que va en busca de la oveja perdida, ya que les hace sentir bien. Pero, una vez que ellos han acumulado toda la rica y gloriosa verdad acerca de la gracia de Dios para con ellos, un agujero comienza a hacerse en su cartera de carne. Y en ellos, ¡se convierte en una licencia para pecar!

De esta manera, el pródigo hizo mal uso de su riqueza. Gastó las riquezas de su padre, en fiestas, apuestas, borracheras y prostitutas. Noche tras noche malgastaba sus bendiciones, cayendo cada vez más profundo en el pecado. Aun así, cada mañana se despertaba, se sacudía de cualquier convicción de pecado, volvía a su escondite y se decía a sí mismo: “Todavía me queda mucho, lo tengo bajo control”.

De la misma forma, hoy muchos cristianos huyen a algún lugar de placer prohibido, esperando gastar sus riquezas en una vida desenfrenada. Sus deseos los llevan a la cama de un fornicario, al consumo de cocaína, al homosexualismo, a la pornografía, al alcohol o a las drogas. Sin embargo, ellos constantemente se consuelan a sí mismos en su pecado, diciendo: “La gracia de Dios es más que suficiente para mí. Él me amará sin importar lo que yo haga con mi carne. ¡Sus misericordias son para siempre!”

¡No! La gracia de Dios no está para ser pervertida y malgastada. De hecho, está para tener justamente el efecto contrario. Pablo escribe: “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente” (Tito 2:11-12). ¡La gracia de Dios nos enseña piedad, justicia y un temor santo al Señor!