martes, 9 de julio de 2013

UN CIELO ABIERTO

Entonces Jesús se volvió a Natanael y le dijo: “De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre.” (Juan 1:51). La expresión griega aquí viene de una raíz que sugiere “repetitivamente”. En otras palabras, Jesús le estaba diciendo a Natanael: “Dios va a darte revelaciones en forma continua”.

De la misma manera, Dios hace este pacto con todo ministro del evangelio que vive una vida irreprensible, sin pecado oculto o secretos oscuros. Tal siervo recibe un continuo fluir de la revelación de la gloria de Cristo. Y él actúa como un oráculo de Dios, recibiendo continuamente una palabra fresca del cielo.

Muchas veces me sorprendo por las palabras frescas y ungidas que escucho en estos días provenientes de una cantidad de predicadores jóvenes desconocidos. Recibimos muchas grabaciones de predicaciones de todo el país, y ocasionalmente una grabación contiene un mensaje así. Cuando escucho este tipo de visión pura de Cristo, a veces llamo al ministro que predica y le pido más grabaciones.

Si las grabaciones prueban ser consistentes en visión y mensaje, el predicador puede ser invitado a predicar en nuestra iglesia de Times Square. De hecho, así fue como conseguimos a nuestro pastor asociado Carter Conlon.

Tales siervos son francos y sencillos en su caminar con Dios, y sus vidas son libros abiertos. Son devotos a sus familias y ni siquiera dan una señal de ambición. En vez de eso, pastorean felizmente pequeñas congregaciones, pasando muchas de sus horas del día solos en oración. Su mismísima presencia está llena del Espíritu de Dios y las revelaciones de Cristo fluyen de ellos como ríos de vida.

Nuestra iglesia está compuesta también de ancianos piadosos. A menudo cuando escucho a estos hombres enseñar, muevo la cabeza en señal de asombro, y me pregunto: “¿De dónde sacaron estos siervos de Dios tan increíbles revelaciones de la gloria, poder y suficiencia de Cristo? Ellos no tienen adiestramiento teológico, sin embargo, ¡están enseñando raudales de revelación pura y santa!

Como Natanael, estos son siervos en quienes no se encuentra malicia, ni hábito secreto o pecado. Por lo tanto, ellos pueden ver, oír y discernir la voz de Dios hacia ellos y ¡reconocer el latido de Su corazón claramente!