jueves, 18 de julio de 2013

MEDITAD SOBRE VUESTROS TUS CAMINOS

Gracias a Dios por el profeta Hageo. Él era un hombre de Dios, viviendo en victoria, alguien que tenía la mente de Dios, que caminó en la gracia, y que tenía el cielo abierto. Llegó al lugar del templo (que no estaba terminado) en Jerusalén y les dio esta advertencia a Zorobabel y a Josué: “¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa [de Dios] está desierta? Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos” (Hageo 1:4-5).

Éste era un llamado para dejar de enfocarse en sí mismos, no sólo en su comodidad, sino también en su desesperación. Hageo estaba diciendo: "¡Olvida el pasado! Es hora de levantarse de su letargo. A pesar de todo su pecado, Dios quiere que continúen Su obra desde donde la dejaron. Ahora, recojan sus instrumentos de trabajo y recuperen su confianza en el Señor. ¡Vuelvan a su lugar secreto de oración y a confiar en Dios. ¡Pronto escucharán su voz otra vez!"

La Escritura dice: “Y despertó Jehová el espíritu de Zorobabel…y el espíritu de Josué…y el espíritu de todo el resto del pueblo; y vinieron y trabajaron en la casa de Jehová de los ejércitos, su Dios” (versículo 14). Luego Dios les dio esta promesa: “Meditad, pues, en vuestro corazón, desde este día en adelante…desde este día os bendeciré” (2:18-19).

Zorobabel y Josué volvieron a caminar una vez más en fe y en justicia. Y ahora el profeta les trajo la mejor palabra de todo: ¡Dios iba a derribar el obstáculo que casi los destruyó! “¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel serás reducido a llanura; él sacará la primera piedra con aclamaciones de: Gracia, gracia a ella” (Zacarías 4:7).

Amado, en esto consiste tu tribulación presente. Dios despertará una vez más tu corazón y verás el cumplimiento de tu llamado. El Espíritu Santo va a destruir todas las fortalezas en tu vida, no por tu fuerza, sino por la de Él. Entonces, terminarás el curso que Dios ha puesto delante de ti. Y, como Zacarías, lo harás con gritos: “¡Gracia, gracia! ¡Dios ha sido misericordioso y fiel conmigo!”