martes, 2 de julio de 2013

CRISTIANOS HAMBRIENTOS

Lucas escribe acerca del hijo pródigo: “Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba” (Lucas 15:14-16).

He visto este tipo de inanición entre los cristianos. Alguna vez tuvieron un testimonio maravilloso de gracia y misericordia pero, a causa del pecado, se convirtieron en esqueletos espirituales sin vida en absoluto.

Lucas escribe: “Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros” (versículos 17-19).

El joven pródigo tuvo que admitir: “Yo no puedo manejar estas bendiciones después de todo. ¡He pecado contra Dios y contra mi familia y he derrochado todo lo que me fue dado!”

El arrepentimiento es más que sólo girar y volver a Dios. Es una rendición total del auto gobierno, es un retorno a Dios con esta confesión: “Señor, he arruinado mi vida y ahora vengo en humildad delante de ti para pedirte que te encargues de mi vida”. Ahí es cuando Dios comienza a hacer una obra muy especial de restauración.

Cuando el hijo regresó, fue completamente restaurado en la casa de su padre, ¡no como siervo sino como hijo! Él estaba dispuesto a someterse a su padre y estar bajo su gobierno. Lo que más deseaba era tener intimidad con su padre. Había perdido todo interés en las cosas del mundo y estaba listo para hacer lo que su padre le ordenara (ver versículos 20-23)

¡Qué escena tan maravillosa de restauración total!