jueves, 28 de febrero de 2013

CONVENCIDOS Y CONDENADOS

No somos salvos por la ley, pero por la ley estamos convencidos y condenados a causa de nuestro pecado. "Porque por la ley es el conocimiento del pecado" (Romanos 3:20).

La ley fue enviado "para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios" (Romanos 3:19). "La ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, para que fuésemos justificados por la fe" (Gálatas 3:24).

"La ley es santa... justa y buena ¿lo que es bueno, se convirtió en muerte para mí? ¡De ninguna manera! Más bien el pecado, para demostrar que es pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que por medio del mandamiento llegara a ser extremadamente pecaminoso." (Romanos 7:12-13).

Pablo estaba diciendo, "Yo no podía confesar mis pecados hasta que supe que eran pecado. Yo no podía buscar la santidad de Dios hasta que vi lo lejos que estaba de Él. La ley dio en el blanco conmigo destruyendo mi indiferencia acerca del pecado. Cuando vi la santidad de Dios por Sus mandamientos, el pecado se hizo completamente pecaminoso para mí."

Esa es la convicción que te lleva directamente a los brazos de Cristo, clamando: "¡Misericordia, Señor, no puedo salvarme a mí mismo, no puedo cumplir tu ley. He visto el pecado de mi corazón!"

La fe ha sido definida como "la huida de un condenado pecador arrepentido, hacia la misericordia de Dios en Cristo Jesús." Sólo la persona que ha sido convicta por sus pecados según la ley de Dios "escapa hacia Cristo" en busca de refugio.

En el día de Pentecostés, Pedro se levantó y ofreció a la multitud el evangelio de la gracia de Dios. Pero primero, las puso bajo la luz resplandeciente de la ley, los señaló con el dedo y les dijo: "y ustedes lo aprehendieron y lo mataron por medio de hombres inicuos, crucificándolo" (Hechos 2:23). El corazón de la gente fue compungido, completamente convictos por la Palabra de Dios se pusieron a gritar: "¿qué debemos hacer?" (Versículo 37).

A Adán se le dio el evangelio de la gracia, después de que sus "ojos fueron abiertos" (Génesis 3:7). ¡Fue sólo después de haber visto su lamentable condición y las consecuencias de su pecado que Dios le trajo el mensaje de misericordia y de esperanza!

JUSTIFICADOS POR FE

La justificación y la justicia vienen por la fe. Soy salvo por la fe, hecho justo por la fe y guardado por la fe en la sangre de Cristo. Esa es la base misma del Evangelio. Pero no toda la fe es fe que justifica. La Biblia claramente habla de dos clases de fe: una que justifica y otra que no tiene ningún valor, una fe que incluso los demonios ejercitan. 

El libro de los Hechos narra que Simón el mago "creyó", pero su fe no era del tipo que justifica. "Simón también creyó y... fue bautizado" (Hechos 8:13). Simón ofreció dinero al apóstol Pedro para adquirir el poder del Espíritu Santo, pero Pedro le contestó: " Por lo que veo, estás en manos de la amargura y la maldad" (versículo 23). Él estaba diciendo, "Tu corazón está todavía atado por el pecado." 

Pedro le dijo a Simón que sin arrepentimiento tanto él como su dinero se perdería. De hecho, Simón creyó pero no fue hecho justicia de Dios en Cristo. Su fe no era fe que justifica, la clase de fe que purifica el corazón y trae la justicia de Cristo. 

La Escritura dice mucha gente "creyó [en Jesús]... al ver los milagros que hacía. Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos... pues él sabía lo que había en el hombre" (Juan 2:23-25). Estas personas tenían una creencia en Cristo, pero no era la fe de aquellos que reciben "potestad de ser hechos hijos de Dios" (1:12). 

Justificación por fe es más que una fe de consentimiento; hace más que simplemente reconocer a Dios. Santiago sostuvo: "Tú crees que Dios es uno; bien haces: también los demonios creen, y tiemblan" (Santiago 2,19). Santiago estaba hablando de una fe muerta, temporal, no de aquella eterna. Y Jesús les advirtió acerca de esta clase de fe, diciendo que algunos creen por algún tiempo "[pero] no tienen raíces. . . y en el tiempo de la tentación se apartan "(Lucas 8:13). 

Pero hay una fe que justifica, que "purifica el corazón" (Hechos 15,9) y "cree para justicia" (Romanos 10:10). Para que la fe sea de justificación, tiene que estar acompañada por el deseo de obedecer y ser fiel a Dios. Esta clase de fe tiene una fuerza vital, un principio de obediencia eterna y amor a Dios

miércoles, 27 de febrero de 2013

NO SER UNA MULA

«Yo te voy a hacer que entiendas. Voy a enseñarte el camino que debes seguir, y no voy a quitarte los ojos de encima. No seas como los caballos ni como las mulas, que no quieren obedecer, y que hay que sujetarlos con la brida y el freno, pues de lo contrario no se acercan a su amo.» (Salmo 32:8-9). 

En estos dos breves versículos Dios nos da una gran lección acerca de su dirección. Podemos construir una gran fe sobre el fundamento de saber que Él está dispuesto a llevarnos y guiarnos en todo. 

Sin embargo, la Palabra de Dios dice que una persona puede ser un creyente que goza de todos los beneficios espirituales de ser un hijo de Dios y aun así, seguir siendo una mula terca cuando se trata de someterse a la guía y dirección en los caminos de Dios. El Señor le dijo a Israel, "Cuarenta años estuve disgustado con la nación, y dije: Es un pueblo que divaga de corazón, Y no han conocido mis caminos" (Salmo 95:10). 

Piense en lo que Dios estaba diciendo: "Después de cuarenta largos años de recibir Mi tierna guía y milagrosa liberación, ellos todavía no tienen la menor idea de la forma en que yo trabajo. Jamás trataron de entender mis principios para dirigirlos, Para ellos, mis principios para guiarlos fueron sólo una serie de bendiciones sin relación, nada más que una puerta abierta para salir de la crisis". 

Personalmente, estoy cansado de ser un cristiano con cabeza de mula sin la comprensión clara de los principios de la dirección de Dios. Yo no quiero que Dios diga de mí: "Sí, David fue perdonado. Él oró y lo liberé de problemas una y otra vez. De hecho, le guie de formas maravillosas y mi mano estuvo sobre él. Pero en su corazón, nunca tuvo un conocimiento firme de mis caminos." 

Amado, no haga que el Señor sea severo con usted en Su dirección. No sea como el mulo, sin entendimiento. Dios no quiere ladrar instrucciones a sus hijos ni obligarnos a cumplir sus órdenes. Dios quiere un pueblo que le conoce lo suficientemente bien como para moverse con el impulso más breve.

martes, 26 de febrero de 2013

ESA SENSACIÓN DE INDIGNIDAD

De repente, somos afectadas por una sensación de indignidad. Nos volvemos hacia nosotros mismos, pensando: "¡Lo hice otra vez! Yo no he cambiado en absoluto. Nunca voy a ser como Cristo. Todavía reacciono como un niño no como un cristiano maduro. ¿Por qué no he cambiado?"

Amado, el diablo quiere que usted se mantenga preocupado por sus defectos y su falta de crecimiento; el quiere que usted piense que la carrera es imposible para que se desaliente y abandone.

Ciertamente a veces tropezaremos porque la carrera es larga y va a continuar hasta que regrese nuestro Señor; pero siempre debemos ponernos de pie y seguir avanzando.

La Palabra de Dios habla de los vencedores: "Porque todo aquello que es nacido de Dios vence al mundo" (1 Juan 5:4). "El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo" (Apocalipsis 21:7).

Vencer es "conquistar y sacar lo mejor de toda tentación y obstáculo." ¿Qué es un obstáculo? Es cada reacción en la carne, cada fracaso en ser como Cristo; cada situación en la que perdemos el control de nuestro temperamento, cada amargura o agitación.

David escribió: "Mi pecado está siempre delante de mí" (Salmo 51:3) Este hombre fue expuesto ante el mundo entero como un adúltero y un asesino, él también escribió: " Mi culpa me abruma, es una carga demasiado pesada para soportar. . . Estoy abrumado, totalmente abatido ¡todo el tiempo ando afligido."(Salmo 38:4-6).

El David que estuvo preocupado e inquieto por sus fracasos, se arrepintió de todo corazón y por eso pudo decir: "Tú cambiaste mi duelo en alegre danza; me quitaste la ropa de luto y me vestiste de alegría," (Salmo 30:11).

La manera más rápida de deshacerse de "esa sensación de indignidad" es confiar en el perdón de Cristo. Él está dispuesto a perdonar en todo momento: "Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, Y grande en misericordia para con todos los que te invocan" (Salmo 86:5).

lunes, 25 de febrero de 2013

MIRANDO A JESÚS by Gary Wilkerson

He estado cargado por aquellos de ustedes que actualmente pasan por pruebas, luchas o confusión del alma. Quiero que usted sepa que Dios ve exactamente dónde está y Él no le ha olvidado; de hecho, ha estado caminando junto a usted a través de su situación. Él quiere que sea consciente de Su gran amor y quiere que este conocimiento disipe cualquier temor aferrado a su corazón.

No debemos tener miedo de enfrentar valles en nuestra vida porque Dios está con nosotros. En medio de esas situaciones, Él nos pide que hagamos una sola cosa: buscarle. Él es nuestra roca, nuestra torre fuerte y nuestra salvación. Sólo en Él podemos esperar, todo lo demás falla, pero Él es seguro por toda la eternidad.

Recientemente tuve el privilegio de ministrar en una prisión de Luisiana, junto al Pastor Jim Cymbala de Tabernáculo de Brooklyn. Aunque esos presos no están en una situación ideal, escuchamos testimonio tras testimonio de vidas que han sido redimidas. A pesar de que en lo natural no tienen libertad, ellos están realmente viviendo en el conocimiento y la esperanza del amor de Cristo. Algunos están solicitando ser trasladados a otras prisiones para compartir el Evangelio ¡Es un testimonio muy alentador de victoriosa vida llena de fe!

Así que, mientras usted enfrenta su prueba, sepa que Jesús es su respuesta. Vamos a tener dificultades en esta vida, pero nuestra gran esperanza está en la obra completa de Cristo en la cruz. Él ha tomado todo pecado, enfermedad y dolor sobre sí mismo. Él da todo por nosotros, para que podamos vivir una vida de victoria y esperanza. Este último acto de amor fue hecho para usted, en su situación actual, el Señor quiere mostrar su amor y poder en su vida.

"Mirando a Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz" (Hebreos 12:2).

viernes, 22 de febrero de 2013

TENER AMOR

“Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente… el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente” (1 Pedro 2:19-23).

Pedro describió la forma en que Jesús manejaba cada situación en la vida. Cuando la gente lo hería y lo maldecía, Él no contraatacaba ni los amenazaba. Cuando ellos querían discutir con Él, Él no se involucraba, al contrario, simplemente se alejaba.

“Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas” (versículo 21). Pedro lo deja claro: Jesús es nuestro ejemplo de conducta.

El apóstol Pablo añade: “Si no tengo amor - es decir, el amor de Cristo- nada soy”. De acuerdo con 1 Corintios 13, el amor significa mostrar bondad a todos sin excepciones, no tener celos de ninguna forma, no jactarse o promoverse uno mismo, buscar el beneficio de los demás por encima del tuyo propio, no irritarse fácilmente, no pensar mal de nadie, no regocijarse cuando alguien cae, aunque sea un enemigo.

Tanto Pedro como Pablo dejan bien claro en estos pasajes: "Nuestro mandamiento es que no debe existir revancha, ni venganza, ni amenazas entre ustedes. Al contrario, entreguen todas sus inquietudes, temores y amarguras a Cristo”.

Nuestros corazones pueden responder: “Señor, eso es lo que quiero”. Puede que obtengamos algunas victorias a nuestro haber y nos empecemos a sentir confiados. Entonces, de la nada, alguien dice o hace algo que clava una fea, inesperada y ácida flecha dentro de nosotros, y se nos viene una rápida avalancha de pensamientos de enojo. Antes de darnos cuenta, estamos lanzando de vuelta flechas venenosas al que nos molestó.

Nos damos cuenta de que fallamos, a pesar de que nos esforzamos mucho, orando, buscando a Dios, aferrándonos a la verdad, y disfrutamos también de muchas victorias. Pero cuando el enemigo vino como río, fracasamos completamente en nuestro intento de ser como Jesús.

“Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante” (Hebreos 12:1). Simplemente debes tener paciencia contigo mismo y con tu crecimiento. Después de todo, la carrera continúa hasta que Jesús regrese. Sí, te tropezarás, trastabillarás y quedarás sin aliento, pero si fallas, te levantarás y continuarás.

jueves, 21 de febrero de 2013

¿ESTÁS ENOJADO CON DIOS?

Creo que no hay nada más peligroso para un cristiano que llevar consigo un resentimiento contra Dios. Estoy impactado por el cada vez mayor número de creyentes que guardan algún tipo de rencor contra Él. ¿Por qué? Están convencidos de que a Dios no le importan, porque no ha respondido a una oración en particular o no ha actuado en beneficio de ellos.

Jonás tuvo un llamado misionero de parte Dios y fue a Nínive a predicar el mensaje de juicio que había recibido. Después de entregar el mensaje, Jonás se sentó en una colina, a la espera de que Dios comience el juicio. Pero habían transcurrido cuarenta días y nada había pasado. ¿Por qué? ¡Porque Nínive se había arrepentido y Dios había cambiado de opinión acerca de destruirlos!

Generalmente la ira contra Dios comienza con una decepción. Dios puede llamarnos, darnos su carga y enviarnos. Entonces, cuando las cosas no salen como habíamos planeado, nos podemos sentir engañados o traicionados. Dios entiende nuestro clamor de dolor y confusión. Después de todo, nuestro clamor es humano. Y no es diferente del clamor de Jesús en la cruz: “Padre, ¿Por qué me has desamparado?”

Si seguimos alimentando un espíritu molesto, éste se transformará en rabia. Y Dios nos hará la misma pregunta que le hizo a Jonás: “¿Tanto te enojas?” (Jonás 4:9). En otras palabras, “¿Crees que tienes el derecho de estar tan enojado?”

Jonás respondió: “Mucho me enojo, hasta la muerte" (mismo versículo). Este profeta estaba tan lleno de rabia hacia Dios, que dijo: "No me importa si vivo o muero. Mi ministerio es un fracaso. Tengo todo el derecho de estar enojado con Él".

La Palabra de Dios dice que hay esperanza. “Reprime del llanto tu voz, y de las lágrimas tus ojos; porque salario hay para tu trabajo, dice Jehová” (Jeremías 31:16). En otras palabras, “Deja de quejarte. Voy a premiar tu fidelidad”.

“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Corintios 15:58).

Amado, tu clamor y tus oraciones no han sido en vano. Todo tu dolor y tus lágrimas tienen un propósito. Dios te está diciendo: “¿Crees que todo ha terminado? Tú solamente ves fracaso y ruina, no hay resultados. Así que dices: ‘Este es el fin’ Pero Yo digo que éste es el principio. Veo la recompensa que estoy a punto de derramar sobre ti. Tengo en mente buenas cosas para ti, cosas maravillosas. Así que, ¡Deja de llorar!”.

martes, 19 de febrero de 2013

CONFIANZA TOTAL EN CRISTO

Cuando hablo de confianza total en Cristo, me refiero no sólo confianza en Su poder para salvarnos, sino a la confianza en Su poder para guardarnos. Debemos confiar en que Su Espíritu hará nuestra vida conforme a la Suya, esto es, nos guardará en Cristo.

Hubo un tiempo en que eras extraño, estabas separado de Dios, haciendo malas obras. Entonces, ¿Qué buena obra hiciste para arreglar las cosas con Él? ¡Ninguna! Nadie jamás ha sido capaz de ser santo. Antes, somos llevados a la santidad de Cristo únicamente por la fe, aceptando lo que la Palabra de Dios dice: “Porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:16).

Sí, Él quiere que tu caminar práctico y diario esté a la altura de tu caminar de fe. Pero el hecho es que tenemos que creer en Él incluso para eso. Debemos confiar en Su promesa de darnos el Espíritu Santo y Él nos conformará a la semejanza de Cristo en nuestro caminar diario.

“Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él; si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe”. (Colosenses 1:21-23).

“Si …permanecéis …en la fe”. Por favor ten en cuenta que Jesús está diciendo: “Solamente sigue confiando en Mí, viviendo por la fe, y yo te presentaré limpio e impecable, santo ante el Padre” Esa es la obra santificadora del Espíritu Santo.

Ningún cristiano es más santo que otro, porque no hay grados de santidad, sólo grados de madurez en Cristo. Tú puedes ser un bebé cristiano y aún así ser absolutamente santo en Jesús. Todos somos medidos por un estándar: la santidad de Cristo. Si estamos en Cristo, Su santidad es nuestra en igual medida.

Nunca más debes volver a mirar a otro líder cristiano o miembro de la iglesia y decir: “Oh, me gustaría ser tan santo como él es”. Puede que no tengas la vida de oración de esa persona, puede que cometas más errores que ella, pero esa persona no es más aceptada por el Padre que tú. ¡No debes compararte con nadie, porque nadie es más amado ante los ojos del Padre que tú!

LA ÚNICA MANERA DE LLEGAR A SER SANTO

Es imposible para cualquiera de nosotros alcanzar santidad a los ojos de Dios por nuestro propio esfuerzo o fuerza de voluntad. Debemos llegar a Él, diciendo: “Señor, no tengo nada para darte. Tú tienes que hacerlo todo”

Aun así seguimos convencidos: “Si tan sólo pudiera conseguir la victoria sobre este último pecado que queda, sería capaz de ser santo”. Así que empuñamos la espada de la fuerza de voluntad, las promesas y las buenas intenciones y nos disponemos a matar al enemigo en nuestros corazones. Pero nunca podremos ser santos mientras creamos firmemente en la auto-justificación.

Tú y yo nos enfrentamos a la misma zarza ardiente que Moisés. Y esa zarza es un tipo del celo ardiente de Dios contra todo lo carnal que se trae ante su presencia disfrazado de santidad. Él nos dice: “No puedes estar de pie delante de Mí sobre ese tipo de tierra carnal. Sólo hay una tierra santa y es la fe en Mi Hijo y Su obra en la cruz”.

Esta es la única manera en que Dios podría haber salvado y reconciliado a todo el mundo. Si nuestras obras merecieran nuestra salvación, sólo un número selecto serían candidatos para la salvación, pero yo creo que Cristo murió por todos.

Podemos contemplar el peor ladrón, violador, asesino, drogadicto o alcohólico, personas que no tienen buenas obras en lo absoluto, y testificar que: “A través del arrepentimiento y la fe, pueden presentarse como justos en Cristo Jesús”.

Ese es el verdadero poder salvador de Dios. Sin embargo, muchos cristianos viven como si sus obras fuesen suficientes. En el día del juicio, ellos estarán de pie delante de Dios en su carne, diciendo: “Mira todo lo que he hecho por ti, Señor. He trabajado para mantenerme limpio y santo. He profetizado, alimenté a los pobres, sané a los enfermos, eché fuera demonios. ¡Y todo lo hice para complacerte!”

Pero Dios le contestará, “No hiciste ninguna de esas cosas a través del poder de Mi Espíritu. Las hiciste todas con sus propias fuerzas. Yo solamente acepto la justicia de un hombre: Mi Hijo. Y no veo a Mi Hijo en ti”

“Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor”. (1ra Corintios 1:30-31).

domingo, 17 de febrero de 2013

NO TENGAS MIEDO by Gary Wilkerson

“No temas, porque has hallado gracia delante de Dios” (Lucas 1:30).

Cuando Dios nos anuncia que este es el año de Su gracia, quiere decir este año. Dios está hablándote acerca de encontrar Su gracia ahora, este mes, esta semana, hoy día.

Cuando prediqué este mensaje de la gracia de Dios en la Iglesia “The Springs Church”, en Colorado Springs, una mujer alcohólica estaba sentada en el servicio. Ella escuchó que el Espíritu Santo le decía a su corazón: “Aunque has perdido las esperanzas, Mi favor es contigo. Verás un giro de 180 grados en tu vida”. La mujer le dio todo al Señor en ese servicio, y ha estado sobria desde hace meses.

En Nueva York, un hombre joven que había vivido en la calle durante un año se tropezó con la Iglesia “Times Square Church”. Estuvo sentado durante el servicio, pero cuando éste terminó, se fue pensando: “Odio este lugar. No voy a volver a venir” Sin embargo, algo lo empujó a volver. Vino de nuevo a la semana siguiente y pasó lo mismo. Una vez más se fue, diciendo: "No voy a volver nunca más."

Este patrón se repitió y finalmente, después de un año completo, el joven volvió a levantarse de su asiento cuando terminó el servicio, sólo que esta vez dijo: “Te amo, Jesús, y te necesito en mi vida”. Se dirigió hacia el altar y dio su vida a Cristo.

Los pastores de la Iglesia “Times Square Church” sintieron que había un llamado especial para la vida de este joven. Ellos lo ayudaron a ir a la escuela bíblica, donde resultó ser un estudiante brillante. Terminó con un promedio de calificaciones excelente (equivalente a grado A) y se inscribió en el seminario, completando una licenciatura de tres años en sólo dieciocho meses. Cuando le preguntaron si quería quedarse en el seminario como profesor, él declinó, diciendo: “No, yo soy un pastor”.

El mismo día en que yo entregué este mensaje en la Iglesia “The Springs Church”, este joven estaba predicando en la iglesia “Times Square Church”. El favor de Dios había recaído sobre un vagabundo, una vida insignificante, y Dios hizo toda la diferencia!

Que esta verdad comience a resonar en tu corazón, como lo hizo con María. Dios está concibiendo algo nuevo, transformando tu período de prueba en Su gloria. Puede que no sientas su presencia, pero Su mano está sobre ti. Confía en Él con todo - tu corazón, tu familia, tu situación - y verás Su gloria.

viernes, 15 de febrero de 2013

EN SU PRESENCIA

"A fin de que en su presencia nadie pueda jactarse." (1 Corintios 1:29). Este versículo no es sólo una verdad del Nuevo Testamento fue cierto en los días de Moisés también. Moisés no pudo liberar al pueblo de Dios por su propia fuerza. Él tuvo que ser enseñado, una vez y para siempre, que la obra de Dios no se realiza a través de la capacidad humana, sino por la confianza y dependencia total del Señor.

Eso es cierto para todos los cristianos de hoy. Es necesario quitar de una vez todo lo que la carne intenta para llevarnos a Dios. En efecto, Dios nos dice como lo hizo con Moisés: "Sólo hay un fundamento sobre el que puedes acercarte a mí, y es tierra santa. ¡No puedes tener confianza en la carne porque ninguna carne estará de pie en mi presencia!"

Al hablar con Moisés, Dios puso énfasis en los zapatos (ver Éxodo 3:5) porque nuestros pies son dos de las partes más sensibles de nuestro cuerpo. ¿Y qué son los zapatos, sino una protección de nuestra carne? Ellos nos protegen de la intemperie, de las piedras, de las serpientes, de la suciedad, del polvo y del pavimento caliente.

¿Nota lo que Dios le estaba diciendo a Moisés aquí? Él estaba usando algo cotidiano, ordinario para enseñar una lección espiritual, tal como Jesús lo hizo más tarde cuando usó las monedas, las perlas, los camellos y las semillas de mostaza. Dios estaba diciendo: "Moisés, te pones traje de protección para preservar tu carne de una lesión. Pero ninguna protección carnal será capaz de preservarte cuando te envíe a Egipto, ese antro de iniquidad, para hacer frente a un duro dictador. Estarás en una situación en la que solamente Yo podré librarte. Así que, a menos que dejes de lado toda confianza en tu carne, tu mansedumbre, celo y humildad, no serás capaz de hacer lo que te estoy pidiendo que hagas. Todas tus habilidades no tendrán ningún valor a menos que Yo las santifique".

En efecto, Moisés enfrentó todo tipo de pruebas y dificultades mientras conducía a unos tres millones de personas en el desierto. Sin supermercados, centros comerciales ni siquiera un pozo de agua, él tuvo que depender enteramente de Dios para todo.

Moisés ya había tratado de actuar como un libertador en el poder de la carne. Cuarenta años antes, había tomado la espada en la mano y mató a un cruel egipcio conductor de esclavos. Y ahora Dios estaba diciendo: "Moisés, tu celo tiene que ser santificado o te destruirá. ¿Estás dispuesto a deponer tu espada y poner toda tu confianza en mí?"

miércoles, 13 de febrero de 2013

¡SOMOS SU CUERPO!

"Ahora bien, ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno es miembro de ese cuerpo" (1 Corintios 12:27). ¡Somos los propios miembros del cuerpo de Cristo! Por la fe, somos hueso de sus huesos y carne de su carne. Y ahora, hemos sido adoptados en una familia: "También nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, y cada miembro está unido a todos los demás." (Romanos 12:5).

Note como de la tumba llegó un hombre nuevo. Y desde el momento de la cruz, todos los que se arrepienten y creen en este hombre nuevo se reúnen en Él: "Todos fuimos bautizados por un solo Espíritu para constituir un solo cuerpo —ya seamos judíos o gentiles, esclavos o libres—, y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. Ahora bien, el cuerpo no consta de un solo miembro sino de muchos." (1 Corintios 12:13-14).

Ya no hay más negro, blanco, amarillo, marrón, Judío, musulmán o gentil. Somos todos una sangre en Cristo Jesús. Y a causa de la obra de Cristo en la cruz, el hombre ya no puede tratar de ser santo por guardar la ley y los mandamientos. No puede llegar a ser santo por las buenas obras, hechos justos, esfuerzo humano o afanes de la carne.

“Para reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo mediante la cruz, por la que dio muerte a la enemistad." (Efesios 2:16). "Pues anuló la ley con sus mandamientos y requisitos. Esto lo hizo para crear en sí mismo de los dos pueblos una nueva humanidad al hacer la paz" (v. 15).
Sólo un hombre sería aceptado por el Padre, ¡El Hombre nuevo, resucitado! Y cuando este hombre nuevo presentó ante su Padre a todos los que tenían fe en Él, el Padre respondió: "¡Yo los recibo a todos como santos, porque están en mi santo Hijo!" "Él nos hizo aceptos en el Amado" (1:6).

Además, hemos sido sellados con el Espíritu Santo: "para llevarlo a cabo cuando se cumpliera el tiempo: reunir en él todas las cosas, tanto las del cielo como las de la tierra.... En él también ustedes, cuando oyeron el mensaje de la verdad, el evangelio que les trajo la salvación, y lo creyeron, fueron marcados con el sello que es el Espíritu Santo prometido." (1:10,13).

Entonces, note como la santidad no es algo que hacemos, o alcanzamos, o vamos trabajando en. Más bien, es algo que creemos. Dios nos acepta como santos sólo si tenemos fe en Cristo y permanecemos en él. ¡El camino a la santidad no es a través de la capacidad humana, sino por la fe!

martes, 12 de febrero de 2013

SANTAS RAMAS

Al leer 1 Pedro 1:15, "Sed santos, porque yo soy santo", es posible que se alarme. "¿Quiere decir que voy a ser tan santo como lo fue Jesús? ¡Imposible! Él era impecable, perfecto. ¿Cómo puede alguien vivir de acuerdo con esa norma en la tierra?"

El verdadero propósito de la ley era mostrarnos que es imposible para nosotros estar a la altura de los estándares de santidad de Dios. Ninguna cantidad de fuerza de voluntad humana, fortaleza o habilidad podría hacernos santos. Por lo tanto, sólo puede haber un camino para llegar a ser santos: Debemos estar en Cristo y su santidad debe ser nuestra santidad.

"Si la raíz es santa, también lo son las ramas" (Romanos 11:16). Pablo dice que debido a que Jesús, la raíz es santa, entonces nosotros, las ramas, somos santas también. Y Juan escribe: "Yo soy la vid, vosotros los pámpanos" (Juan 15:5). En otras palabras, porque estamos en Cristo, somos hechos santos en virtud de su santidad.

El hecho es que Dios sólo reconoce un hombre santo: Jesucristo. Y a los ojos de Dios, sólo ha habido dos hombres representativos a lo largo de la historia: el primero, literalmente Adán y el segundo Adán, que es Jesús. Toda la humanidad estaba envuelta en el primer Adán y cuando él pecó, todos se convirtieron en pecadores. Entonces Jesús vino como un hombre nuevo y por su reconciliación en la cruz, toda la humanidad potencialmente ha venido a ser recogida en él. Hoy Dios sólo reconoce este hombre, Jesús, y Él es santo.

Al igual que Adán, apartados de la redención en Cristo no podemos ser santos. No importa cuánto tiempo vivamos o cuán duro tratemos, no importa cuántas oraciones pronunciemos o con qué frecuencia leamos la Biblia, y no importa cuánta lujuria podamos dominar, nunca seremos perfectamente santos.

Jesús se levanta único en perfecta santidad. Si alguna persona está siempre en pie delante del Padre celestial y es recibido por Él, esa persona tiene que estar en Cristo. Estamos ante el Padre sin ningún mérito propio o reivindicación nuestra. Estamos sólo por la gracia de Cristo.

TODOS LOS DÍAS DE MI VIDA

El Antiguo Testamento está lleno de tipos y sombras de la verdad del Nuevo Testamento. Cada vez que tengo dificultades para tratar de comprender la verdad del Nuevo Testamento, me dirijo de nuevo a su prefiguración en el Antiguo. De hecho, creo que cada episodio o historia del Antiguo Testamento está llena de maduras verdades para los creyentes del Nuevo Testamento.

Un ejemplo de ello es el pasaje sobre Moisés en la zarza ardiente. Creo que esta historia está llena de profunda verdad del Nuevo Testamento sobre el tema de la santidad.

Mientras Moisés estaba solo en el monte Horeb pastoreando las ovejas de su suegro, una extraña visión de repente llamó su atención: una zarza ardía intensamente, completamente encendida en fuego y sin embargo ¡no se consumía!

Moisés decidió dar un vistazo más cercano y mientras daba un paso más cerca, Dios lo llamó desde la zarza: "así que pensó: ¡Qué increíble! Voy a ver por qué no se consume la zarza. Cuando el Señor vio que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza" (Éxodo 3:3-4).

Esa zarza ardía sin consumirse, porque Dios estaba presente en ella. Era una representación visual de la santidad de Dios. Así es, donde quiera que Él esté presente, ese lugar es santo.

El Nuevo Testamento nos dice que estamos llamados a ser santos "así como Dios es santo":
  • "Como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo" (1 Pedro 1:15-16). En otras palabras: "Escrito está y registrado, establecido de una vez por todas: Hemos de ser santos, como nuestro Dios es santo."
  • "Pues Dios no nos ha llamado a vivir en la inmundicia, sino a vivir en santidad" (1 Tesalonicenses 4:7). Dios no nos ha llamado sólo para la salvación, o para ir al cielo, o para recibir su perdón. Más bien, estas cosas son los beneficios de nuestro único verdadero llamado que es ser santos como Él es santo.
Cada creyente en la iglesia de Jesucristo está llamado a ser puro y sin mancha delante de Dios. Por lo tanto, si usted ha nacido de nuevo, el grito de su corazón debe ser: "Dios, yo quiero ser como Jesús y caminar en santidad delante de ti, todos los días de mi vida."

lunes, 11 de febrero de 2013

DE AHORA EN ADELANTE by Gary Wilkerson

Tras el anuncio del ángel: "Has hallado gracia delante de Dios. . . "(Lucas 1:30), la Biblia dice que María" concibió. "Esto es lo que nos sucede cuando nos encontramos con el favor de Dios, Él hace nacer algo nuevo en nuestras vidas. Si usted tiene niños, sabe que una vez que llegan, nada es lo mismo, su mundo está completamente al revés. Y lo mismo ocurre cuando el favor de Dios cae en nuestras vidas.

María comprendió esto. Ella vio que las cosas iban a ser diferentes, sin importar qué problemas podrían venir; el ángel le dijo que su hijo iba a liberar a los cautivos, el alma de María se conmovió y ella rompió a cantar:

“Entonces María dijo: «Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador. Pues se ha dignado mirar a su humilde sierva, y desde ahora me llamarán dichosa por todas las generaciones. Grandes cosas ha hecho en mí el Poderoso; ¡Santo es su nombre! La misericordia de Dios es eterna para aquellos que le temen."(Lucas 1:46-50, NVI, énfasis mío).

Quiero centrarme en las dos frases que resalté del canto de María. Primero: " Pues se ha dignado mirar a su humilde sierva." María se dio cuenta que Dios había visto su situación, su corazón, sus miedos, esperanzas y sueños. Y Dios "mira en, por y a" ti de la misma manera, Él ve directamente nuestras necesidades, anhelos y temores y eso incluye nuestra idea de que: "Mi vida es demasiado imposible de arreglar, incluso para Dios. Nada va a cambiar."

Con el favor de Dios, podemos testificar como María: "Estoy bendecido por el Señor, porque Él me ve en todas mis circunstancias. Él puede hacer cambios en mi vida en cualquier momento y concebir las cosas que yo nunca podría imaginar."

En la segunda frase de la canción de María, al darse cuenta que Dios estaba haciendo una transición en su vida, ella declaró: "De ahora en adelante, yo camino en el favor de Dios. Dejo a un lado todos mis esfuerzos por lograr estabilidad y seguridad, y entrego todas mis necesidades y deseos a Él".

Este es el momento decisivo que el favor de Dios trae a nuestras vidas. La declaración: "De ahora en adelante," marca un cambio de 180 grados en nuestra dirección. Cualquier persona que camina en el favor de Dios puede decir: "A partir de ahora, mis adicciones no pueden mantenerse sobre mí. Mi matrimonio difícil será transformado por el amor de Dios. Mi hijo que está huyendo de Dios volverá contrito a Su amor".

viernes, 8 de febrero de 2013

EL PODER DEL ESPÍRITU SANTO

Aquellos que subieron al Aposento Alto amaban a Jesús de verdad. Eran compasivos, abnegados y amaban a las almas. Pero todavía no estaban capacitados para ser Sus testigos. Se necesita más que sólo amor por Jesús y compasión por las almas para ser calificado como Su testigo.

Ellos habían aprendido en la escuela de Cristo. Habían sanado a los enfermos, habían echado fuera demonios y habían realizado milagros. Habían visto a Jesús en el monte transfigurado en su eterna gloria.

Habían estado cerca cuando Él sudó gotas de sangre mientras oraba y luego le habían visto colgado en la cruz. Le habían visto resucitado, vieron el sepulcro vacío, comieron con Él y hablaron con Él en Su cuerpo glorificado. ¡Lo habían visto ascender al cielo! Sin embargo, todavía no estaban listos para testificar de Él.

¿Por qué Pedro no podía ir a esas multitudes que deambulaban en Jerusalén e inmediatamente testificarles de Su resurrección? ¿Acaso no había sido él personalmente un testigo de ese evento? A lo mejor podría haber predicado: “¡Jesús está vivo! ¡Subió a los cielos! ¡Arrepiéntete!”

Pedro hace una poderosa declaración a los sumos sacerdotes: “Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.” (Hechos 5:32).

Por medio de las palabras del Espíritu Santo habladas a través de Pedro, los sacerdotes “oyendo esto, se enfurecían y querían matarlos” (Hechos 5:33). El Espíritu Santo también había hablado por medio de Pedro en el día de Pentecostés, y todos los que lo oyeron “se compungieron de corazón” (Hechos 2:37).

Esteban, lleno del Espíritu Santo, predicó a los líderes religiosos: “¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros. Oyendo estas cosas, se enfurecían en sus corazones, y crujían los dientes contra él” (Hechos 7:51, 54).

Cuando tú emerjas después de haber buscado a Dios, lleno del Espíritu Santo, serás capaz de pararte con valentía ante tus compañeros de trabajo, tu familia o cualquier persona, y tu testimonio provocará una de dos reacciones. O bien ellos clamarán: ¿Qué debo hacer para ser salvo?, ¡O ellos querrán matarte! Hablarás palabras que corten el corazón. La diferencia se encuentra en el poder del Espíritu Santo.

jueves, 7 de febrero de 2013

LLÉVALO A LA CRUZ

Bajo el Antiguo Pacto, se requería obediencia absoluta. La ley de Dios no permitía ni la más mínima desobediencia. En sencillas palabras, el alma que pecaba, moría.

Esos mandamientos fueron presentados claramente, describiendo la perfecta obediencia que un Dios santo requiere. Sin embargo, la ley no proveía nada en la carne para tal obediencia y el hombre se vio totalmente incapaz de cumplir con las demandas de la ley. Pablo llamó a la ley “un yugo sobre la cerviz que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar” (Vea Hechos 15:10).

Sin embargo, Pablo también describe la ley como un “ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe” (Gálatas 3:24). La ley expone nuestros corazones y nos enseña que somos de voluntad débil, indefensos como bebés y que necesitamos un salvador.

A estas alturas, te estarás preguntando, “¿Por qué Dios demandaría obediencia perfecta de parte nuestra, y sin embargo no nos proporcionaría el poder para cumplir?” La Biblia lo deja en claro: Dios nos tenía que llevar un punto en donde nos demos cuenta que no teníamos poder para escapar de nuestro pecado.

A Israel le tomó cuatrocientos años de aflicción aprender que no podían producir su propia liberación. No pudieron librarse del dominio de la esclavitud en sus propias fuerzas. Ellos necesitaban tener un libertador, un Dios que les extienda la mano y los saque de su esclavitud.

Y pasaron siglos, hasta el tiempo de Zacarías, para que Israel reconozca su necesidad de un redentor. Finalmente se convencieron que necesitaban un salvador que sería “a ellos un muro de fuego en derredor, y que estaría para gloria en medio de ellos” (Vea Zacarías 2:5). ¡Dios mismo será el fuego alrededor de ellos y la gloria dentro de ellos!

Sin embargo, muchos cristianos de hoy en día todavía no han aprendido esta lección. Ellos están viviendo bajo la ley, esforzándose en su carne, haciendo promesas a Dios, tratando de liberarse de sus pecados. Se despiertan cada día diciendo: "Este es el día, Señor! Voy a encontrar la fortaleza y la fuerza de voluntad para romper estas cadenas. ¡Con sólo un poco más de esfuerzo, voy a ser libre! "

¡No! Nunca va a suceder. Eso solo terminará en más culpa. La ley tiene el propósito de conducirnos a la cruz para reconocer nuestra incapacidad, nuestra necesidad de un redentor.

miércoles, 6 de febrero de 2013

LA MISERICORDIA DEL SEÑOR

“Cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido”. (Santiago 1:14). Todos somos tentados por nuestros deseos, cada uno de nosotros. ¡Sin excepción!

Santiago luego agrega: "Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado" (Santiago 1:15). Él está hablando aquí del proceso del nacimiento. En cada uno de nuestros corazones hay una matriz de concupiscencia y cada pecado que cometemos nace de esa matriz. Así como no hay dos bebés iguales, no hay dos pecados iguales. Cada persona produce su propio tipo de pecado. A través de los años, muchos cristianos se acostumbran a su pecado secreto y, como Lot, se ciegan al pecado y lo comienzan a tomar con liviandad.

Pienso en muchos ejemplos de ese tipo dentro del cuerpo de Cristo. Le guiñamos el ojo al pecado de buscar la alabanza de los demás o a la codicia por una posición. Le guiñamos el ojo al pecado de enorgullecernos de nuestras raíces espirituales, nuestro conocimiento bíblico, o nuestra vida de oración consistente. Puede que nos veamos a nosotros mismos como humildes, amables y dispuestos a ser enseñados, pero no lo somos.

Dios no toma ninguno de nuestros pecados a la ligera y esto lo aprendí de la manera difícil. Hoy en día, cuando miro hacia atrás los casi cincuenta años de ministerio, me avergüenzo por esas veces en que fui engañado por el pecado de orgullo.

Recuerdo haber sido el predicador destacado en una conferencia de ministros en particular. Yo pensaba: “El Señor me ha bendecido con una revelación tan grande que no estoy impresionado con ninguna de las personas de renombre aquí. Dios me apartó desde el nacimiento como un predicador ungido”.

No mucho tiempo después, terminé bajo la luz examinadora del Espíritu Santo que alumbró directamente sobre mi orgullo. Si yo no me hubiera aferrado a la exhortación de Pablo de dejar las cosas pasadas atrás, habría caído en la desesperación. Pero Dios me mostró misericordia y estoy agradecido por su gracia y paciencia hacia mí, entonces y ahora.

Hoy en día, el clamor de mi corazón es: “Señor, yo sé que no soy el ministro humilde y modesto que siempre he pensado que soy. He sido arrogante, seguro de sí mismo, determinado. ¡Ahora me doy cuenta de que toda unción que tenga es a causa de tu misericordia!”

martes, 5 de febrero de 2013

PROTEGIENDO TU AFECTO POR ÉL

“Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido” (Apocalipsis 2:5).

Jesús está diciendo: "Piensa en cómo eras cuando te salvé. ¡Te regocijaste porque vine a morar en tu corazón! No podías esperar a que llegara el domingo para ir a la iglesia y pasabas todo tu tiempo libre escudriñando Mi palabra, aprendiendo sobre Mi amor por ti. Nunca consideraste la oración como una carga, porque Yo significaba todo para ti. Me amabas más que a la vida misma. Pero ahora te has alejado de todo eso. Me dedicas tan poco de su tiempo ahora, tan poca de tu atención. Te has vuelto frío hacia Mí. ¡Otra cosa cautivó tu corazón! "

Mira la seria advertencia en este versículo:“Arrepiéntete…pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido”. Durante muchos años los teólogos han tratado de suavizar esta advertencia, queriendo que signifique algo diferente. Pero no puede ser suavizada -significa exactamente lo que dice.

Jesús nos está diciendo: “Si tú dices tener el fuego de Dios, y sin embargo Yo ya no soy el deleite de tu corazón, entonces voy a quitar la luz que tienes. No importa cuántas buenas obras hagas para mí, nunca más serás Mi testigo. Simplemente, no reconoceré nada de lo que hagas, porque has perdido tu amor por mí”.

¿Es tu amor por Jesús un amor no dividido? ¿Apartas tiempo de calidad regularmente para estar con Él? ¿O has dejado que otras cosas entren en tu corazón, ocupando sus pensamientos y afectos?

Jesús te está pidiendo en este momento que te arrepientas y empieces de nuevo. Él quiere que te detengas y te des cuenta: “Espera un minuto. Veo cómo esta cosa ha entrado a mi vida y está robando mi amor exclusivo por Jesús. No puedo dejar que esto continúe por más tiempo. ¡Señor, perdóname! Enciende mi candelero de nuevo.”

Regresa a tu primer amor hoy. Pídele gracia y fortaleza a Él para comenzar otra vez a proteger tu afecto por Cristo.

lunes, 4 de febrero de 2013

GRACIA QUE HACE UNA VIDA PELIGROSA by Gary Wilkerson

El ángel Gabriel le habló a María, la madre de Jesús, y le dijo: “¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo;…mas ella…se turbó por sus palabras” (Lucas 1:28-29).

Yo creo que María se turbó cuando el ángel le habló porque ella estaba consciente de la historia de su pueblo. Ella sabía lo que le había sucedido a los israelitas que hallaron gracia delante de Dios. El resultado fue bendición, es cierto, pero no siempre era agradable. Considere estos ejemplos:

Abel halló gracia delante de Dios a través de su sacrificio agradable al Señor. Pero el hermano de Abel, Caín, estaba celoso porque él no halló el mismo favor - y Abel pagó con su vida.

Noé halló gracia ante Dios. Él vivió rectamente en una generación malvada y fue salvado de la destrucción del diluvio. Sin embargo, todas las comodidades que Noé conoció en la tierra fueron aniquiladas. La historia de la construcción de la sorprendente arca no fue un cuento para niños, sino que era una historia triste de juicio en una escala mundial. Aunque Noé y su familia sobrevivieron, perdieron todo lo que tenían en gran estima.

Lot halló gracia delante de Dios y fue capaz de escapar al juicio. Dios lo libró de Sodoma, una ciudad preparada para enfrentar la destrucción ardiente. Pero al escapar, Lot perdió casi todo lo que estimaba, incluyendo a su esposa.

José halló gracia delante de Dios y fue bendecido con sueños proféticos. Pero el don que distinguió el favor de José también enfureció a los que lo rodeaban.

Mi punto es que hallar gracia ante Dios es peligroso - y María lo sabía. Las Escrituras hebreas lo dejan claro historia tras historia: Hallar gracia puede ir acompañado de peligro, dificultades, presión, persecución, dolor y tribulaciones. Lamentablemente, gran parte de la iglesia americana no reconoce esto en cuanto al favor de Dios. Muchos pastores enseñan que hallar gracia significa ser próspero, tener una linda casa o auto, nunca ser perseguido, vivir sin dificultades y siempre estar en la cima.

María lo sabía muy bien y lo demostró en su respuesta al ángel: “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra” (Lucas 1:38). ¡Esa es la respuesta que quiero tener! No importa qué tan peligroso sea hallar gracia ante Dios, no quiero cambiarlo por una vida fácil y cómoda. Yo no quiero ser librado de los problemas si es que eso significa perder Su favor.