martes, 26 de febrero de 2013

ESA SENSACIÓN DE INDIGNIDAD

De repente, somos afectadas por una sensación de indignidad. Nos volvemos hacia nosotros mismos, pensando: "¡Lo hice otra vez! Yo no he cambiado en absoluto. Nunca voy a ser como Cristo. Todavía reacciono como un niño no como un cristiano maduro. ¿Por qué no he cambiado?"

Amado, el diablo quiere que usted se mantenga preocupado por sus defectos y su falta de crecimiento; el quiere que usted piense que la carrera es imposible para que se desaliente y abandone.

Ciertamente a veces tropezaremos porque la carrera es larga y va a continuar hasta que regrese nuestro Señor; pero siempre debemos ponernos de pie y seguir avanzando.

La Palabra de Dios habla de los vencedores: "Porque todo aquello que es nacido de Dios vence al mundo" (1 Juan 5:4). "El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo" (Apocalipsis 21:7).

Vencer es "conquistar y sacar lo mejor de toda tentación y obstáculo." ¿Qué es un obstáculo? Es cada reacción en la carne, cada fracaso en ser como Cristo; cada situación en la que perdemos el control de nuestro temperamento, cada amargura o agitación.

David escribió: "Mi pecado está siempre delante de mí" (Salmo 51:3) Este hombre fue expuesto ante el mundo entero como un adúltero y un asesino, él también escribió: " Mi culpa me abruma, es una carga demasiado pesada para soportar. . . Estoy abrumado, totalmente abatido ¡todo el tiempo ando afligido."(Salmo 38:4-6).

El David que estuvo preocupado e inquieto por sus fracasos, se arrepintió de todo corazón y por eso pudo decir: "Tú cambiaste mi duelo en alegre danza; me quitaste la ropa de luto y me vestiste de alegría," (Salmo 30:11).

La manera más rápida de deshacerse de "esa sensación de indignidad" es confiar en el perdón de Cristo. Él está dispuesto a perdonar en todo momento: "Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, Y grande en misericordia para con todos los que te invocan" (Salmo 86:5).