martes, 19 de febrero de 2013

CONFIANZA TOTAL EN CRISTO

Cuando hablo de confianza total en Cristo, me refiero no sólo confianza en Su poder para salvarnos, sino a la confianza en Su poder para guardarnos. Debemos confiar en que Su Espíritu hará nuestra vida conforme a la Suya, esto es, nos guardará en Cristo.

Hubo un tiempo en que eras extraño, estabas separado de Dios, haciendo malas obras. Entonces, ¿Qué buena obra hiciste para arreglar las cosas con Él? ¡Ninguna! Nadie jamás ha sido capaz de ser santo. Antes, somos llevados a la santidad de Cristo únicamente por la fe, aceptando lo que la Palabra de Dios dice: “Porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:16).

Sí, Él quiere que tu caminar práctico y diario esté a la altura de tu caminar de fe. Pero el hecho es que tenemos que creer en Él incluso para eso. Debemos confiar en Su promesa de darnos el Espíritu Santo y Él nos conformará a la semejanza de Cristo en nuestro caminar diario.

“Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él; si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe”. (Colosenses 1:21-23).

“Si …permanecéis …en la fe”. Por favor ten en cuenta que Jesús está diciendo: “Solamente sigue confiando en Mí, viviendo por la fe, y yo te presentaré limpio e impecable, santo ante el Padre” Esa es la obra santificadora del Espíritu Santo.

Ningún cristiano es más santo que otro, porque no hay grados de santidad, sólo grados de madurez en Cristo. Tú puedes ser un bebé cristiano y aún así ser absolutamente santo en Jesús. Todos somos medidos por un estándar: la santidad de Cristo. Si estamos en Cristo, Su santidad es nuestra en igual medida.

Nunca más debes volver a mirar a otro líder cristiano o miembro de la iglesia y decir: “Oh, me gustaría ser tan santo como él es”. Puede que no tengas la vida de oración de esa persona, puede que cometas más errores que ella, pero esa persona no es más aceptada por el Padre que tú. ¡No debes compararte con nadie, porque nadie es más amado ante los ojos del Padre que tú!