martes, 12 de febrero de 2013

TODOS LOS DÍAS DE MI VIDA

El Antiguo Testamento está lleno de tipos y sombras de la verdad del Nuevo Testamento. Cada vez que tengo dificultades para tratar de comprender la verdad del Nuevo Testamento, me dirijo de nuevo a su prefiguración en el Antiguo. De hecho, creo que cada episodio o historia del Antiguo Testamento está llena de maduras verdades para los creyentes del Nuevo Testamento.

Un ejemplo de ello es el pasaje sobre Moisés en la zarza ardiente. Creo que esta historia está llena de profunda verdad del Nuevo Testamento sobre el tema de la santidad.

Mientras Moisés estaba solo en el monte Horeb pastoreando las ovejas de su suegro, una extraña visión de repente llamó su atención: una zarza ardía intensamente, completamente encendida en fuego y sin embargo ¡no se consumía!

Moisés decidió dar un vistazo más cercano y mientras daba un paso más cerca, Dios lo llamó desde la zarza: "así que pensó: ¡Qué increíble! Voy a ver por qué no se consume la zarza. Cuando el Señor vio que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza" (Éxodo 3:3-4).

Esa zarza ardía sin consumirse, porque Dios estaba presente en ella. Era una representación visual de la santidad de Dios. Así es, donde quiera que Él esté presente, ese lugar es santo.

El Nuevo Testamento nos dice que estamos llamados a ser santos "así como Dios es santo":
  • "Como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo" (1 Pedro 1:15-16). En otras palabras: "Escrito está y registrado, establecido de una vez por todas: Hemos de ser santos, como nuestro Dios es santo."
  • "Pues Dios no nos ha llamado a vivir en la inmundicia, sino a vivir en santidad" (1 Tesalonicenses 4:7). Dios no nos ha llamado sólo para la salvación, o para ir al cielo, o para recibir su perdón. Más bien, estas cosas son los beneficios de nuestro único verdadero llamado que es ser santos como Él es santo.
Cada creyente en la iglesia de Jesucristo está llamado a ser puro y sin mancha delante de Dios. Por lo tanto, si usted ha nacido de nuevo, el grito de su corazón debe ser: "Dios, yo quiero ser como Jesús y caminar en santidad delante de ti, todos los días de mi vida."