jueves, 6 de junio de 2013

MÁS DE CRISTO

“Ve…al sacerdote…para testimonio a ellos” (Lucas 5:14). Durante los años venideros, los diez leprosos que fueron sanados pudieron haber tenido un testimonio poderoso, al pasar su vida hablando de cómo con una sola Palabra Jesús los sanó: “¡Yo era un leproso! Estaba solo y sin esperanza, sucio, perdido, muriendo. Entonces vino Jesús y me limpió. Llevo veinticinco años de estar sano ¡y alabo Su nombre!”.

Todo esto suena maravilloso. Pero el problema era que ellos estarían hablando sobre un Hombre que no conocían, dando testimonio del poder de un Salvador del cual no sabían nada. Sólo lo vieron a lo lejos. Ellos podrían decirte cómo se veía Jesús, cómo hablaba, cómo caminaba, pero nunca se acercaron a Él ni a Su corazón.

Una de las mayores tristezas que he tenido en todos mis años de ministerio ha sido el ser testigo del agotamiento de es adictos y ex alcohólicos que fueron liberados milagrosamente de un vida de terrible pecado y crimen. Muchos de ellos fueron llamados por Dios para predicar, pero las iglesias y los pastores insistían en pedirles que vayan a dar sus testimonios espectaculares. Ellos eran presionados y alentados a dar los detalles más escabrosos de su pasado.

Ahora, años después, muchos de estos ex adictos me cuentan la misma historia: “Hace quince años yo era un proxeneta. Vivía con prostitutas y fui a la cárcel veinte veces. Un día alguien me habló acerca de Jesús y ¡fui lavado y sanado!”.

Amados, ¡cientos de tales preciosos convertidos están ahora consumidos, se han apartado y han naufragado! No tienen el carácter de Cristo, ni relación con Dios, porque están viviendo en una experiencia única del pasado. Nunca regresaron a Jesús, nunca llegaron a conocerle o a acercarse a Su corazón.

Muchos preguntan por qué la iglesia Times Square no trae a los convertidos de las campañas evangelísticas para que testifiquen cada semana. Es cierto, estos hombres y mujeres tienen algunos de los testimonios más increíbles que pudiéramos haber oído. Pero queremos más para ellos que terminar con un testimonio viejo y gastado. Queremos que prosigan en Jesús, que sean capaces de ponerse de pie y hablar de un caminar fresco y diario con Él, ¡hablar de lo que Él está haciendo por ellos ahora!

¡Queremos que ellos tengan más de Cristo!