lunes, 17 de junio de 2013

LOS VIENTOS ESTABAN EN CONTRA DE NOSOTROS by Gary Wilkerson

Para cuando el navegó hacia Roma (Hechos 27), Pablo ya había llevado una vida ministerial plena. Este hombre había logrado cosas increíbles y aún conservaba una pasión ardiente de derramar su vida por el evangelio.

Pablo fue llamado por Dios como apóstol y había supervisado iglesias a lo largo de Asia y parte de Europa. Pero él también era un evangelista y apologético que llevaba la causa de Cristo delante de cortes y reyes. Pablo lo había sacrificado todo para servir en sus misiones dirigidas por el Espíritu Santo. Ahora estaba resuelto: “Quiero llevar el evangelio de Cristo al mismo epicentro del mundo. He puesto mi meta en Roma, para predicarle al mismo César.”

Pablo estaba tan decidido de hacerlo, que puso su propia vida en riesgo para verlo cumplido. Él estaba en prisión en ese entonces y tuvo una oportunidad de ser puesto en libertad, pero él la desestimó para poder estar delante de César, a quien él había apelado. Si perdía, él podría perder su vida. Fue una elección que tomó solamente por la causa del Evangelio (ver Hechos 25:1-12).

En su viaje a Roma, Pablo fue llevado en un barco que pronto enfrentó la dificultad: “…los vientos eran contrarios” (Hechos 27:4). Éste era un obstáculo de la naturaleza, pero fácilmente Pablo pudo haberlo visto como una oposición espiritual. El hecho es que si tú has fijado tu rostro como una saeta con la visión del Evangelio, el infierno entero te perseguirá.

Esta frase pudo usarse para describir la vida de Pablo hasta ese punto. Él había soportado muchas tribulaciones, desde naufragios y golpes hasta conspiraciones de asesinato. Pablo pudo resistirlo todo porque su mente estaba siempre puesta en su misión: vivir, predicar y servir a Cristo. Tú puedes soportar mucho sufrimiento cuando tu corazón está fijo en un propósito, pero si tu corazón se ha establecido en la comodidad, no podrás soportar ningún sufrimiento en lo absoluto.

La Biblia dice claramente que debemos proclamar la gracia de Dios a un mundo caído y pecaminoso. Somos llamados a amarnos unos a otros y a adorar juntos en la verdadera unidad del Evangelio. Somos llamados a ministrar a los pobres, y al hacer todas estas cosas, llevamos la luz de Cristo a un mundo en tinieblas. En resumen, hemos sido llamados a entregar el amor de Dios a los demás a través de nuestras palabras y acciones, para que el mundo pueda cambiar.