miércoles, 31 de marzo de 2010

HAYA PUES EN VOSOTROS ESTE SENTIR

“Haya pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Filipenses 2:5).

En esta exhortación el apóstol Pablo le está diciendo al pueblo de Dios, “Permitan que la mente que está en Cristo – el pensar mismo de Jesús – sea vuestro pensamiento también. Su manera de pensar es lo que todos debemos de buscar.”

¿Qué quiere decir tener la mente de Cristo? Simplemente, significa pensar y actuar como lo hizo Jesús. Significa tomar decisiones de acuerdo a Cristo que determinan nuestra manera de vivir. Quiere decir que llevemos cada facultad de nuestra mente dirigida a cómo podemos actualmente tener la mente de Cristo.

Cada vez que miremos en el espejo de la Palabra de Dios, debemos de preguntarnos a nosotros mismos: “¿Lo que veo acerca de mi persona, refleja la naturaleza del pensamiento de Cristo? ¿Estoy cambiando de imagen a imagen, conformado a la semejanza de Cristo en cada experiencia que Dios trae a mi vida?”

De acuerdo a Pablo, esta es la manera de pensar de Cristo: “(El) se despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo y se hizo semejante a los hombres” (Filipenses 2:7).

Jesús tomó una decisión mientras todavía estaba en el cielo. El hizo un acuerdo con el Padre de dejar su gloria celestial y venir al mundo como hombre. El iba a descender al mundo como un humilde sirviente. Y él buscaría ministrar, en lugar de ser ministrado.

Para Cristo, esto significaba que él diría, “Iré a hacer tu voluntad, Padre.” Verdaderamente, Jesús determinó antes que nada “Estoy dejando a un lado mi voluntad, para hacer la tuya, Padre. Subyugo mi voluntad para poder abrazar la tuya. Todo lo que digo y hago tiene que venir de ti. Estoy dejando a un lado todo para estar totalmente dependiente de ti.”

Sucesivamente, el compromiso del Padre con el Hijo era el de revelarle su voluntad a él. Dios dijo en esencia, “Mi voluntad nunca estará escondida de ti. Tú siempre sabrás lo que estoy haciendo. Tú tendrás mi mente.”

Cuando Pablo audazmente declara, “Yo tengo la mente de Cristo”, él está declarando, “Yo también me he despojado a mí mismo. Como Jesús, he tomado el rol de siervo.” Y Pablo afirma que lo mismo es verdad para cada creyente. “Nosotros (todos podemos) tenemos la mente de Cristo” (1 Corintios 2:16).

martes, 30 de marzo de 2010

¿QUÉ QUIERE DECIR TODO ESTO?

¿Qué significa cuando las oraciones no son respondidas? ¿Cuando el dolor permanece y parece que Dios no está haciendo nada en respuesta a nuestra fe? Muy a menudo Dios nos está amando supremamente en ese tiempo más que en cualquier otro. La Palabra dice, “El Señor al que ama, disciplina.” Una disciplina de amor toma precedente sobre todo acto de fe, sobre cada oración, sobre cada promesa. Lo que yo veo como dolor, podría ser su amor amándome. Podría ser su mano suave dándome unas palmadas por mi terquedad y orgullo.

Tenemos fe en nuestra fe. Colocamos más énfasis en el poder de nuestras oraciones, que en conseguir que su poder esté en nosotros. Queremos entender a Dios para poder leerlo como un libro. No queremos ser sorprendidos o quedarnos perplejos, y cuando las cosas suceden contrarias al concepto que tenemos de Dios, decimos, “Ese no puede ser Dios; él no trabaja de esa manera.”

Estamos tan ocupados trabajando en Dios, que nos olvidamos de que él está tratando de trabajar en nosotros. De eso se trata esta vida: Dios trabajando en nosotros, tratando de rehacernos en una vasija de gloria. Estamos tan ocupados orando para cambiar las cosas, que tenemos poco tiempo para permitir que la oración nos cambie. Dios no ha puesto la oración y la fe en nuestras manos como si fuesen dos herramientas secretas mediante las cuales un grupo selecto de “expertos” aprenden a arrancar algunas cosas de él. Dios ha dicho que él está más dispuesto a dar que recibir. ¿Por qué estamos usando la oración y la fe como “llaves” o herramientas para abrir algo que nunca estuvo cerrado?

La oración no es para beneficio de Dios, sino para el nuestro. La fe no es para beneficio de él sino para el nuestro. Dios no es un bromista eterno y divino. Él no se ha rodeado de acertijos para que los hombres los descubran, como si estuviera diciendo, “el sabio se lleva el premio.”

Estamos tan confundidos en este asunto de oración y fe; tenemos la audacia de pensar que Dios es nuestro “genio mágico” que cumple cada deseo nuestro. Pensamos que la fe es una manera de acorralar a Dios en sus promesas. Pensamos que Dios está complacido por nuestros esfuerzos de ponerlo en contra de la pared y gritarle, “Señor, tú no puedes fallar en tus promesas. Yo quiero lo que me pertenece. Tú estás atado a tu Palabra. Debes hacerlo o tu Palabra no es verdadera.”

Esta es la razón por la que perdemos el verdadero significado de la oración y de la fe. Vemos a Dios sólo como el dador y nosotros los que recibimos. Pero la oración y la fe son las avenidas por las cuales nos convertimos en dadores a Dios. Deben de ser usadas, no como maneras de conseguir cosas de Dios, sino como maneras de darle a él aquellas cosas con las cuales podemos complacerlo.

lunes, 29 de marzo de 2010

TENTANDO A CRISTO

“Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos lo tentaron, y perecieron por las serpientes.” (1 de Corintios 10:9)

¿Qué quiere decir Pablo aquí cuando habla de “tentar al Señor”? Para decirlo simplemente, tentar al Señor significa ponerlo a prueba. Lo tentamos cuando nos preguntamos, “¿Cuán misericordioso me será el Señor si continúo hacia delante con este pecado? ¿Cuánto tiempo puedo deleitarme en mi pecado antes que su enojo se manifieste? Yo sé que Dios es misericordioso y que ésta es una era de gracia, sin condenación para los pecadores. ¿Cómo me va a juzgar a mí, si soy su hijo?”

Multitudes de Cristianos casualmente preguntan éstas mismas preguntas mientras juegan con una tentación malvada. Quieren ver qué tan cerca ellos pueden llegar a las llamas del infierno sin sufrir las consecuencias del pecado. Llanamente, ellos están tentando a Cristo. Y mientras lo hacen, estos creyentes están rechazando la convicción de la Palabra de Dios.

Cada vez que nosotros vamos en contra de la verdad que el Espíritu Santo nos ha hecho clara, estamos desechando la advertencia de Pablo: “Así que el que piensa estar firme, mire que no caiga…Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil” (1 de Corintios 10: 12, 8).

Pregúntese si usted está probando los límites del precioso regalo de la gracia de Dios. ¿Está tentando a Cristo para satisfacer su pecado en el umbral de su abierta rebelión? ¿Se ha convencido a usted mismo diciendo, “Soy un creyente del Nuevo Testamento Estoy cubierto con la sangre de Jesús. Por lo tanto, Dios no me juzgará?”

Al continuar en su pecado, usted está tratando con un desprecio total el gran sacrificio que Jesús hizo por usted. Su pecado intencionado está exponiendo a vergüenza abierta a Jesús, no solamente a los ojos del mundo, pero también ante todo el cielo y el infierno (ver Hebreos 6:6).

En 1 de Corintios 10:13 Pablo describe una manera de escapar a toda tentación: “No os ha sobrevenido ninguna prueba que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser probados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la prueba la salida, para que podáis soportarla.”

¿Cuál es este medio de escape? Es un conocimiento creciente y experimentar el temor santo de Dios.

domingo, 28 de marzo de 2010

ESTAMOS MUY AFERRADOS AL MUNDO

¿Ha notado usted que hoy en día no se escucha mucho acerca del cielo o acerca de dejar este viejo mundo atrás? En lugar de eso, estamos bombardeados con mensajes de cómo usar nuestra fe para adquirir más cosas. “El próximo avivamiento,” dijo un maestro muy conocido, “será un avivamiento financiero. Dios va a derramar bendición financiera sobre todos los creyentes.”

Cualquier mensaje sobre la muerte nos molesta. Tratamos de ignorar el aún pensar sobre eso y pensamos que aquellos que hablan de ello son morbosos. Ocasionalmente hablamos acerca de cómo es el cielo, pero la mayoría del tiempo, ese tema es un tabú.

¡Qué concepto atrofiado de los propósitos eternos de Dios! No es de maravillarse por qué tantos Cristianos están aterrados de pensar en la muerte. La verdad es que estamos lejos de entender el llamado de Cristo a abandonar el mundo y todos sus enredos. Él nos llama a venir y morir – morir sin construir monumentos recordatorios de nosotros. A morir sin preocuparnos de cómo seremos recordados. Jesús no dejó ninguna autobiografía – ni edificios corporativos – ni universidades ni Institutos Bíblicos. Él no dejó nada más para perpetuar su memoria sino el pan y el vino.

Cuán diferentes eran los primeros Cristianos. Pablo habló mucho de la muerte. De hecho, nuestra resurrección de los muertos es referida en el Nuevo Testamento como nuestra bienaventurada esperanza. Pero hoy en día, la muerte es considerada como una intrusa que nos priva de la buena vida a la cual nos hemos acostumbrado. Hemos llenado nuestras vidas de tantas cosas materiales, que estamos hundidos. Ya no podemos soportar la idea de dejar nuestras hermosas casas, nuestras cosas bonitas, nuestras dulces esposas. Parecería que pensamos, “Morirme ahora sería una gran pérdida. Yo amo al Señor – pero necesito tiempo para disfrutar mi hacienda. Acabo de casarme. Necesito ir a probar mis bueyes. Necesito más tiempo.”

¿Cuál es la revelación más grande de la fe, y cómo se la debe ejercer? Usted la puede encontrar en Hebreos: “Conforme a la fe murieron todos estos…y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra…Pero anhelaban una [patria] mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad” (Hebreos 11:13 y 16).

jueves, 25 de marzo de 2010

LA VIDA NO ESTÁ EN LA CAPARAZÓN

Nuestros cuerpos mortales no son más que una caparazón, y la vida no está en la caparazón. La caparazón no es para tenerla siempre, sino es un confinamiento temporal que envuelve una fuerza de vida que está creciendo y madurando. El cuerpo es una caparazón que actúa como un guardián transitorio de la vida que hay adentro. La caparazón es sintética en comparación a la vida eterna que reviste.

Cada verdadero Cristiano ha sido saturado con vida eterna. Ha sido plantada como una semilla en nuestros cuerpos mortales y está constantemente madurando. Está en nosotros un proceso de desarrollo que está siempre creciendo, siempre expandiéndose – y debe eventualmente salir de la caparazón para llegar a ser una nueva forma de vida. Esta gloriosa vida de Dios en nosotros ejerce presión en la caparazón, y en el momento mismo de que la vida de resurrección está madura, la caparazón se rompe. Los límites artificiales se rompen y, como un pollito recién nacido, el alma se libera de su prisión. ¡Alabado sea el Señor!

La muerte es simplemente la rotura de la caparazón frágil. En el momento preciso que nuestro Señor decide que nuestra caparazón ha cumplido su función, entonces los hijos de Dios abandonan sus cuerpos viejos y corrompidos de vuelta al polvo de donde vinieron. ¿Quién pensaría en recoger los pedazos fragmentados de la caparazón del huevo y forzar al polluelo recién nacido de vuelta a su estado original? ¿Y quién pensaría en pedirle a un ser amado que se ha muerto, que deje su nuevo y glorificado cuerpo – hecho en la misma imagen de Cristo – y retornar a la caparazón deteriorada de la cual se ha liberado?

Pablo lo dijo: “Morir es ganancia” (Filipenses 1:21). Ese hablar es absolutamente extraño a nuestros vocabularios espirituales modernos. Nos hemos convertido en tales adoradores de la vida, que tenemos muy poco deseo de morir para estar con el Señor.

Pablo dijo, “Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor” (Filipenses 1:23-24). Pero, por el bien de edificar a los convertidos, él pensó que era mejor “quedarse en la caparazón.” O, como él lo dice, “quedar en la carne.”

¿Era Pablo morboso? ¿Tenía él una fijación malsana con la muerte? ¿Mostró Pablo una falta de respeto por la vida con la cual Dios lo había bendecido? ¡Absolutamente no! Pablo vivió su vida plenamente. Para él, la vida era un regalo, y él la usó bien para pelear la buena batalla. Él había vencido el miedo al “aguijón de la muerte” y podía ahora decir, “Es mejor morir para estar con el Señor, que quedarme en la carne.”

miércoles, 24 de marzo de 2010

LOS DIEZ MANDAMIENTOS

La mayoría de las personas saben que en los Estados Unidos, la Corte Suprema ha dictaminado que los Diez Mandamientos no pueden ser exhibidos en ninguna de las cortes de justicia gubernamentales. Esta decisión histórica ha sido cubierta muy extensamente por los medios de comunicación. Pero, ¿qué significa en realidad este dictamen?

Una corte de justicia es donde se hacen cumplir las leyes. Los Diez Mandamientos representan las leyes morales de Dios, las cuales nunca se mueven ni cambian. Están fijas al igual que la ley de la gravedad. Si usted desobedece esa ley, es como que se lanzara de un edificio alto. Usted puede negar que la ley lo vaya a afectar, pero seguro que sufrirá las consecuencias.

Para ponerlo de una manera simple, los Diez mandamientos son leyes eternas diseñadas por Dios para que la sociedad no se destruya a sí misma. Pero sorprendentemente, muchos obreros están ahora removiendo esos Mandamientos – al igual que el nombre de Dios- de cada corte de justicia donde han sido inscritos en mármol o concreto.

¡Qué situación reveladora del estado de nuestra sociedad! Estas leyes incambiables fueron originalmente grabadas en piedra por el mismo dedo de Dios. Y ahora están siendo borrados de las piedras por las leyes de los hombres.

Algunos Cristianos están diciendo, “¿Por qué darle tanta importancia? Ya no estamos bajo la ley. ¿Por qué hacer de esto un dilema?” No, nosotros no estamos bajo la ley Hebrea, es decir los 613 mandamientos adicionales añadidos por los rabinos Judíos. Pero cada Cristiano está bajo la autoridad de las leyes morales de Dios, las cuales están resumidas en los Diez Mandamientos.

Me pregunto qué pensará Dios mientras se borran sus leyes para que nuestros ojos no las vean. Algunos creyentes dicen, “Nosotros no necesitamos este despliegue de los Mandamientos. Todo lo que realmente es necesario es que estén escritos en nuestros corazones.” Esto no es lo que dice la Palabra de Dios. Considere lo visible que Dios quería que estén sus Mandamientos cuando se los entregó a su pueblo:

“Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón. Se las repetirás a tus hijos, y les hablarás de ellas estando en tu casa y andando por el camino, al acostarte y cuando te levantes. Las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas” (Deuteronomio 6: 6-9).

martes, 23 de marzo de 2010

LA LIBERTAD DE LA ESCLAVITUD AL PECADO DEBE DE SER ACEPTADA POR FE

Fe es algo que usted hace por lo que sabe. El conocimiento no significa nada si no se actúa sobre lo que se conoce.

El pueblo de Israel recibió las buenas noticias de que Dios les había dado Canaán como su tierra. Esa información no hubiera significado nada para todos ellos si se hubiesen quedado en Egipto como esclavos. Pero la Biblia dice, “Por la fe [ellos] dejó a Egipto…Por la fe pasaron el Mar rojo (Hebreos 11:27, 29).

Los Israelitas no marcharon hasta el borde de Canaán, disparando flechas y esperando que los ejércitos enemigos cayeran muertos. La tierra era de ellos, pero tenían que poseerla “matando al enemigo uno por uno.”

¿Qué tiene esto que ver con mi victoria sobre la garra del pecado? ¡Tiene todo que ver! Cristo ya arregló la disputa de la esclavitud al pecado, declarándolo a usted emancipado de ese dominio, pero usted tiene que creerlo hasta el punto en que usted haga algo sobre eso.

No es suficiente decir, “Sí, yo creo que Cristo perdona los pecados. Yo creo que él es Señor. Yo sé que él puede romper el poder del pecado en mi vida.” Usted está mentalmente consintiendo a lo que ha escuchado, pero fe es más que eso. Fe es salir apoyado en esa promesa de libertad y actuando en base a ella.

Los creyentes vencen el poder maligno de este mundo a través de la fe. La verdadera fe es la única cosa que puede ayudarle a pararse con confianza contra los poderes de la tentación. El dominio propio es posible sólo cuando, por fe, la verdad de ser emancipado es aceptada.

“Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos. Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1 Juan 5:3-4).

“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo. Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos” (1 Pedro 5:8-11).

lunes, 22 de marzo de 2010

LA GENERACIÓN PARPADEANTE

Muchos Cristianos leen regularmente la Biblia, y creen que es la Palabra viva y revelada de Dios para sus vidas. Una y otra vez en las páginas de las escrituras, ellos leen sobre generaciones que escucharon la voz de Dios. Ellos leen que Dios le habla a su pueblo todo el tiempo, con la misma frase repetida “Y Dios dijo…” Pero muchos de esos Cristianos viven como si Dios no hablara a su pueblo hoy día.

Una generación entera de creyentes está tomando decisiones completamente por sí solos, sin orar o sin consultar la Palabra de Dios. Muchos simplemente deciden lo que quieren hacer, y luego le piden a Dios que lo haga válido. Ellos van hacia delante con ímpetu, y su única oración es, “Señor, si esta no es tu voluntad, entonces detenme”.

Estamos ahora viviendo en un tiempo que se lo conoce como la “generación parpadeante”. Las personas están tomando decisiones importantes en un parpadeo. Un libro muy vendido ha sido escrito sobre este concepto, y su título es Parpadeo: El Poder de Pensar sin Pensar. Esta teoría dice, “Confía en tus instintos. Las decisiones tomadas en un parpadear han demostrado ser las mejores”.

Piense en todo el “lenguaje parpadeante” que escuchamos hoy día: “¡Esta es la oferta del siglo! ¡Usted puede ganar millones en un día! ¡Pero tiene que actuar pronto! ¡Hágalo ahora!” El espíritu que está atrás de todo esto es, “¡Hazlo en un abrir y cerrar de ojos!”

Este pensamiento ha empezado a infectar la iglesia, afectando las decisiones de no sólo los “Cristianos parpadeantes”, sino también “ministros parpadeantes”. Cantidades de feligreses confundidos nos han escrito contando la misma historia: “Nuestro pastor acaba de regresar de una conferencia de Crecimiento de Iglesias, y anunció inmediatamente, ‘De ahora en adelante, todo cambia’. ¡El ha decidido que nosotros debemos de ser una iglesia popular en una noche! Ni siquiera nos pidió que oremos sobre esto… todos estamos confusos”.

No hacen muchos años atrás, los cristianos nos preguntábamos, “¿Has orado sobre este asunto? ¿Has buscado al Señor sobre esto? ¿Están tus hermanos y hermanas cubriéndote con oración? ¿Has recibido consejo de parte de Dios?” Yo ahora le pregunto a usted, ¿Ha sido esta su práctica? En el año, ¿cuántas decisiones importantes ha tomado usted en las cuales usted honestamente llevó el asunto a Dios y oró sinceramente? O, ¿cuántas de esas decisiones usted tomó en “un parpadeo”? La razón por la cual Dios quiere completo control sobre nuestras vidas es para salvarnos de desastres- y es allí donde nos llevan las decisiones tomadas en un abrir y cerrar de ojos.

domingo, 21 de marzo de 2010

YA NO SOMOS ESCLAVOS

Se dice que Abraham Lincoln ha “librado a los esclavos” con el documento de la Proclamación de Emancipación. Este documento legal declaró que la esclavitud había muerto y que todos los esclavos estaban libres.

Cuando esta noticia primero se propagó por las plantaciones sureñas de Estados Unidos, muchos de los esclavos no lo creían. Ellos continuaron siendo esclavos de sus amos, convencidos de que la promesa de libertad era un engaño. Muchos de los dueños inescrupulosos de tierras les dijeron a sus esclavos que todo era un rumor y los mantuvieron esclavizados. Pero poco a poco, la verdad amaneció sobre ellos mientras veían a otros que antes eran esclavos y ahora caminaban felices en esta nueva libertad. Uno por uno, ellos dejaron sus cargas, le dieron la espalda a la esclavitud, y la dejaron atrás comenzando una nueva vida.

Tal vez usted no lo haya oído todavía, o tal vez le suena muy bonito para ser verdad, pero Cristo emancipó a los esclavos del pecado en el Calvario. ¡Usted puede ahora “dejar atrás” al diablo! Usted puede soltar y dejar a un lado su carga de pecados, y alejarse del dominio de Satanás, y entrar a una nueva vida de libertad.

Permítame mostrarle lo que la Biblia quiere decir cuando habla de morir al pecado. Cuando Lincoln emancipó a los esclavos, el “punto de disputa” de la esclavitud murió. No murió el amo de los esclavos – ni los esclavos. El esclavo podía salir e irse libre, diciendo, “la esclavitud ya es un tema muerto, ya resuelto.”

Ahora, el esclavo podía volver al campo y cosechar unos cuantos surcos de algodón – tal vez por miedo o por instinto – pero eso de ninguna manera lo hacía esclavo de nuevo. Él era libre, pero tenía que ejercer su libertad. Esta proclamación de libertad no podía forzar consentimiento, y ni el amo podía forzar a que regresara el esclavo. Era una cuestión de la voluntad del esclavo.

La Biblia dice, “Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él” (Romanos 6:7-8).
Lo que esto quiere decir, es simplemente esto: Ya que la esclavitud al pecado es un tema muerto, y viendo que Cristo ya lo ha declarado a usted emancipado, usted ahora está libre para vivir como nueva persona en Cristo, viéndose a usted mismo como desencadenado.

Cristo no puede hacer que usted haga el bien, y Satanás no puede hacer que usted haga lo malo. Cristo declara que usted es libre por fe, pero usted debe actuar como una persona libre.

jueves, 18 de marzo de 2010

DIOS TIENE PLANES PARA LAS EMERGENCIAS DE CADA CREYENTE

No importa cuán inestable se vuelva el mundo, el pueblo de Dios puede estar tranquilo y mantener su gozo fluyendo, porque nuestro Señor ha prometido protección especial para cuando más la necesitemos.

¿No tuvo Dios un plan de emergencia para los hijos de Israel durante el hambre que vino sobre toda la tierra? Él envió de antemano a José a Egipto, lo promovió a primer ministro y llenó los graneros con suficiente grano para aguantar el tiempo de hambre. Luego él trajo a su pueblo y los instaló donde podían llegar caminando a los graneros, y los alimentó hasta que estuviesen llenos durante el hambre que consumía la tierra.

¿No tuvo Dios planes de emergencia para Elías? Mientras la nación se tambaleaba bajo el impacto de un colapso económico y los alimentos escaseaban debido a una hambruna severa – y un rey malvado había puesto una recompensa sobre su cabeza – Dios puso su plan de emergencia en efecto para Elías. Lo escondió en un arroyo tranquilo y lo alimentó enviando un ave a que le diera alimento. Este plan de sobrevivencia también incluyó un barril misterioso de grano que nunca se agotaba.

¿Y qué hay de Noé? ¡Qué plan tan detallado de sobrevivencia que Dios tuvo para él y su familia! Un arca – para que flotasen él y su familia a salvo por encima de toda la muerte y destrucción de un diluvio mundial.

¿Y Lot? Dios realmente envió ángeles para sacarlos personalmente a él y a sus hijas fuera de la ciudad sentenciada de Sodoma. Las manos de Dios estuvieron atadas hasta que Lot estuvo a salvo fuera de los suburbios. Fue más que una pérdida de su trabajo, más que un colapso de la economía, más que una caída de gobierno – era la aniquilación total de de su sociedad. Pero Lot fue rescatado a salvo.

¡Pablo probó las contingencias de emergencias de Dios una y otra vez! Éste apóstol fue náufrago, fue perseguido por ladrones, encarcelado, acusado de traición y tramaron su asesinato. Sin embargo, en cada crisis, Dios tenía un plan de contingencia para librarlo. Sólo cuando Dios determinó que la carrera de Pablo había acabado, fue cuando puso en efecto su último plan de contingencia. Él lo llamó a su resurrección.

Nosotros también tenemos un plan de emergencia para sobrevivir – designado especialmente para cada creyente.

¡Que no tengamos ninguna duda – Dios nos ayudará a salir de cada crisis!

miércoles, 17 de marzo de 2010

SIGUIENDO LA SANTIDAD

La Palabra de Dios nos dice en términos muy claros: “Seguid…la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14).

Aquí está la verdad, clara y simple. Sin la santidad que es impartida sólo por Cristo (ese precioso regalo que honramos llevando una vida devota a obedecer cada una de sus Palabras) ninguno de nosotros verá al Señor. Y esto no se refiere solamente al cielo, sino a nuestra vida presente también. Sin santidad, no veremos la presencia de Dios en nuestro caminar diario, nuestra familia, nuestras relaciones, nuestro testimonio o nuestro ministerio.

No importa a cuantas conferencias Cristianas nosotros atendemos, o a cuantos mensajes escuchemos, o a cuantos estudios Bíblicos asistamos. Si guardamos escondido un pecado canceroso, si el Señor tiene una controversia con nosotros sobre nuestra iniquidad, entonces ninguno de nuestros esfuerzos producirá fruto divino. Por lo contrario, nuestro pecado crecerá más contagioso e infectará a todos los que estén alrededor nuestro.

Por supuesto, este tema va más allá de las lujurias de la carne, y tiene que ver también con la corrupción del espíritu. Pablo describe este mismo pecado destructivo cuando dice, “Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor” (1 de Corintios 10:10).

Así que, amado santo, ¿permitirá usted al Espíritu Santo que trate con las lujurias que está usted albergando? ¿Buscará y confiará en el escape que Dios ha provisto para usted? Le exhorto a que cultive un temor santo y confianza para estos últimos días. Lo mantendrá puro, no importa cuán fuerte ruge la maldad alrededor suyo. Y hará posible que camine en la santidad de Dios, la cual contiene la promesa de su perdurable presencia.

Es un asunto de fe. Cristo ha prometido mantenerlo a usted sin caída, y darle poder para resistir al pecado - si usted simplemente cree lo que él ha dicho. Así que créale a él por este temor divino. Ore para recibirlo y acójalo. Dios cumplirá su Palabra. Usted no puede escaparse de las garras mortales del pecado acosador por medio de su propia voluntad, con sus promesas, o por ningún esfuerzo humano solamente. “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Zacarías 4:6).

martes, 16 de marzo de 2010

LA CRUZ NOS ENSEÑA A CÓMO NEGARNOS A NOSOTROS MISMOS

Nunca nuestro Señor nos dice, “Agáchate y deja que ponga esta cruz sobre ti.” Jesús no recluta obligadamente; su ejército es todo de voluntarios. No todos los Cristianos llevan cruces. Usted puede ser un creyente sin llevar una cruz, pero no puede ser un discípulo.

Yo veo muchos creyentes que rechazan el camino de la cruz. Ellos han optado por la buena vida con su prosperidad, sus ganancias materiales, su popularidad y éxito. Estoy seguro que muchos de ellos llegarán al cielo – habrán salvado sus cueros – pero no habrán aprendido a Cristo. Habiendo rechazado el sufrimiento y las penas de la cruz, ellos no tendrán la capacidad de conocerlo y disfrutarlo en la eternidad, tal como lo harán todos los santos que llevaron la cruz y entraron en la comunión del sufrimiento.

Usted tendrá que llevar su cruz hasta que aprenda a negarse. ¿Negarse qué? La única cosa que impide el trabajo de Dios en nuestras vidas – nuestro yo. Jesús dijo, “Si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mateo 16:24). Estaríamos malinterpretando este mensaje si ponemos énfasis en que esto significa rechazar las cosas materiales o ilícitas. Jesús no nos estaba llamando a que aprendamos a tener disciplina antes de que tomemos nuestra cruz. Es mucho más severo que eso. Jesús nos está pidiendo que nos neguemos a nosotros mismos. Esto significa negar nuestra propia habilidad de llevar cualquier cruz en nuestras propias fuerzas. En otras palabras, “No tomes tu cruz hasta que estés listo a rechazar cualquier y cada pensamiento de llegar a ser un discípulo santo como resultado de tu propio esfuerzo.”

Millones que profesan ser Cristianos se jactan de que se niegan a sí mismos. No fuman, no beben, no maldicen ni fornican – ellos son tremendos ejemplos de propia disciplina. Pero ni en cien años ellos admitirían que esto fue logrado por ninguna otra cosa sino su propio esfuerzo de voluntad. Están practicando a cómo negarse, pero no se han negado a sí mismos. De cierta manera, todos nosotros somos así. Experimentamos “enviones” de santidad, acompañados de sentimientos de pureza. Las buenas obras generalmente producen buenos sentimientos, pero Dios no nos permitirá pensar que nuestras buenas obras y buenos hábitos nos pueden salvar. Es por eso que necesitamos una cruz.

Yo creo que Jesús actualmente nos está diciendo, “Antes de que tomes tu cruz, alístate para enfrentar un momento de realidad. Alístate para experimentar una crisis mediante la cual tú aprenderás a negar tu propia voluntad, tu propia rectitud, tu propia suficiencia, tu propia autoridad. Te puedes levantar y seguirme como un verdadero discípulo sólo cuando puedas admitir libremente que no puedes hacer nada en tus propias fuerzas – no puedes vencer al pecado a través de tu voluntad propia – tus tentaciones no pueden ser vencidas sólo por tus propios esfuerzos – tú no puedes solucionar las cosas con tu propio intelecto.

Su amor por Jesús lo puede poner a usted de rodillas, pero su cruz lo pondrá con el rostro en el suelo.

lunes, 15 de marzo de 2010

EL PLAN SUPREMO DE DIOS

El final del libro de Génesis termina mostrando que Dios había escogido a un pequeño grupo de personas insignificantes para llegar a ser una nación testimonio. El quería levantar a personas que serían ejemplos vivos de su bondad ante un mundo malvado. Así que, para llevar a cabo este testimonio, Dios llevó a su pueblo a lugares donde ellos no podrían ejercer control. El aisló a Israel en un desierto, para ser su única fuente de vida, cuidando de cada necesidad de ellos.

Israel no tenía control sobre su supervivencia en aquél lugar desolado. Ellos no podían controlar la disponibilidad de alimentos o agua. Ellos no podían controlar hacia donde estaban yendo por que no tenían brújulas ni mapas. ¿Cómo comerían y beberían? ¿Qué dirección tomarían? ¿Y a dónde llegarían?

Dios lo haría todo para ellos. El los guiaría cada día con una nube milagrosa, la cual resplandecía de noche disipando la oscuridad alrededor de ellos. El los alimentaría con comida de ángeles del cielo, y les proveería con agua de una roca. Sí, cada una de sus necesidades sería suplida por el Señor, y ningún enemigo podría vencerlos.

“Desde los cielos te hizo oír su voz para enseñarte” (Deuteronomio 4:36). El pueblo de Dios escuchaba sus palabras guiándolos, y ellos testificaron “¿Ha oído pueblo alguno la voz de Dios hablando…? (ver Deut. 4:32-34).

Las naciones que rodeaban a Israel estaban llenas de “otros dioses”, ídolos hechos de madera, plata y oro. Estos dioses eran mudos, incapaces de ver o escuchar, incapaces de amar, guiar o proteger a las personas que los adoraban. Pero cualquiera de estas naciones podía mirar a Israel y ver a unas personas especiales que Dios guiaba a través de un terrible desierto. Ellos verían a un Dios que le hablaba a su pueblo, y podía amar y sentir, y respondía a las oraciones y proveía milagros. Este era un Dios vivo, el cual guiaba a su pueblo en cada detalle de sus vidas.

Dios levantó a personas que serían entrenadas por él. Tenían que ser personas que vivirían bajo su autoridad, y confiarían en él completamente, entregándole a él completo control de cada aspecto de sus vidas. Aquellas personas llegarían a ser su testimonio para el mundo.

¿Por qué quería Dios tener el control completo de las personas, e insistir en que confíen en él todo el tiempo? Era por que sólo Dios conocía el camino y él realizaría hasta lo imposible para llevarlos hasta allá.

domingo, 14 de marzo de 2010

USTED NO PUEDE LLEVAR SU PROPIA CRUZ

Jesús le dijo a sus discípulos, “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mateo 16:24). Sin embargo, ¡Jesús no podía llevar su cruz y ni tampoco usted puede!

Mientras Jesús soportaba su propia cruz hacia el Gólgota, guiado por sus atormentadores, él estaba muy débil y agotado para llevarla por mucho tiempo. Cuando él llegó al final de su aguante, su cruz fue puesta sobre otros hombros. La Biblia no nos dice qué distancia Jesús llevó su cruz, pero sabemos que Simón el Cireneo fue obligado a tomarla y llevarla hasta el lugar de la crucifixión (ver Mateo 27:32).

¿Qué significa esto para nosotros? ¿Nos haría nuestro Señor hacer algo que él no pudo hacer? ¿No dijo él “Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:27)? Una cruz es una cruz, ya sea de madera o espiritual. No es suficiente decir, “su cruz era diferente – nuestra cruz es espiritual.”
Personalmente, a mí me da gran esperanza saber que Jesús no pudo tomar su propia cruz. Me anima saber que no soy el único que está abatido hasta el suelo a veces, y que no soy capaz de continuar con mis fuerzas.

Jesús sabía exactamente lo que estaba diciendo cuando nos llamó a “tomar nuestra cruz y seguirlo.” Él recordaba su propia cruz y que otro tuvo que llevarla en lugar de él. ¿Por qué entonces él me pediría que yo le ponga el hombro a una cruz que pronto me aplastaría en el suelo? Él conoce la agonía, la impotencia, y la carga que la cruz produce. Él sabe que no podemos llevarla todo el camino en nuestras propias fuerzas.

Aquí hay una verdad escondida que necesitamos descubrir, una verdad tan poderosa que cambiará la manera en que miramos todos nuestros problemas y dolores. Parecería como un sacrilegio sugerir que Jesús no llevó su propia cruz, pero esa es la verdad.

Dios sabe que no hay ninguno de sus hijos que pueda llevar su cruz cuando la tomamos al seguir a Cristo. Queremos ser buenos discípulos negándonos a nosotros mismos y tomando nuestra cruz, pero parece que nos olvidamos que esa misma cruz nos llevará algún día al final de nuestra resistencia humana. ¿Nos pediría Jesús a propósito que tomemos una cruz la cual él sabe que nos quitará todas nuestras energías humanas y nos dejará en el suelo, impotentes, hasta el punto de rendirnos? ¡Sí, absolutamente! Jesús nos advierte de antemano, “Separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5). Así que él nos pide que tomemos nuestra cruz, que breguemos con ella, hasta que aprendamos esa lección. Recién cuando nuestra cruz nos derriba al suelo, es que aprendemos la lección de que no es por nuestra fuerza ni por nuestro poder o fortaleza, sino por su poder. Eso es lo que la Biblia quiere decirnos cuando dice que su poder se perfecciona en nuestras debilidades.

jueves, 11 de marzo de 2010

LOS TESOROS DE DIOS ESTÁN EN VASOS DE BARRO

Uno de los versículos más alentadores de la Biblia está en 2 Corintios 4:7: “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios y no de nosotros.” Luego Pablo procede a describir esas vasijas de barro – hombres que están muriendo, atribulados en todo, perplejos, perseguidos, derribados. Y aunque nunca abandonados ni desesperados, esos hombres usados por Dios están constantemente llevando la carga de sus cuerpos humanos, esperando ansiosamente ser revestidos con un cuerpo nuevo.

Dios se burla del poder del hombre. Él se ríe de nuestros esfuerzos ególatras de ser buenos. Él nunca usa al grandioso ni al poderoso, sino que usa a las cosas débiles de este mundo para confundir a los sabios.

“Considerad, pues, hermanos, vuestra vocación y ved que no hay muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia” (1 Corintios 1:26-29).

¡Eso me describe a mí! Algo débil – algo tonto – algo despreciado – algo común – no muy noble – no muy inteligente. Pero ese es el plan perfecto de Dios – el misterio más grande del mundo. Dios nos llama en nuestras debilidades. Él pone su tesoro de incalculable valor en estas vasijas de barro nuestras, porque él se deleita en hacer lo imposible de la nada.

Yo vi a Israel Narvaez, un líder de la violenta pandilla Mau Mau de Nueva York, arrodillarse y recibir a Cristo como su Señor. No fue tan sólo una experiencia emocional y superficial – él verdaderamente lo hizo de corazón. Pero Israel volvió a la pandilla y terminó en prisión, culpado de tomar parte en un asesinato. ¿Dios se dio por vencido con él? ¡Ni por un momento! Hoy día Israel es un ministro del evangelio, habiendo aceptado el amor y el perdón de un Salvador que todo lo soporta.

¿Ha fallado usted? ¿Hay un pecado que lo acosa fácilmente? ¿Se siente usted como un cobarde débil, que no puede lograr la victoria sobre un pecado escondido? Pero con esa debilidad en usted, ¿también hay un hambre por Dios? ¿Usted lo anhela – lo ama – lo busca? Esa hambre y sed es la llave para nuestra victoria. Eso es lo que lo hace a usted diferente de todos los otros que se sienten culpables de haberle fallado a Dios. Eso es lo que lo separa a usted de los demás. Usted debe mantener esa hambre viva. Continúe teniendo sed de justicia. Nunca justifique su debilidad – nunca se rinda a ella – y nunca la acepte como parte de su vida.

miércoles, 10 de marzo de 2010

EL LO HACE A TRAVÉS DE LA VIDA

Permítame decirle cómo es que Dios trae personas a su casa, cómo es que les habla y cómo las salva. Él lo hace a través de la vida. El Señor edifica su iglesia a través de los testimonios de la luz que brilla en aquéllos que lo aman. Y Él puede hacerlo, no porque sus siervos utilicen los métodos correctos, sino porque éstos viven la vida.

La vida de Cristo produce luz en los hogares, en los vecindarios, en las ciudades, en los centros de trabajo. ¿Cómo se obtiene esta vida? Viene a todo santo que vive correctamente, por encima del reproche, como ejemplo de la misericordia de Dios. Tales siervos viven honestamente, sin egoísmo, sin partes oscuras en ellos. Llevan vidas completamente entregadas a Jesús y están listos para servir a otros en todo tiempo.

Pablo habla de siervos que “conoces su voluntad, e instruido por la ley apruebas lo mejor, y confías en que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas” (Romanos 2:18-19). Dichos santos, como lo describe Pablo, no deben ser encomendados.

Permítame darle un ejemplo de tal luz. Recientemente, el director general de una compañía en Nueva York llamó a nuestra iglesia. El pastor Neil tomó la llamada. El gerente le habló al pastor Neil sobre dos mujeres de nuestra iglesia que trabajan para él. Dijo que no eran como las otras personas de su oficina. Estas dos mujeres eran siempre corteses, sonrientes, siempre ayudaban a los demás y nunca se quejaban ni hablaban mal de nadie. “Hay algo diferente en ellas”, dijo. “Quisiera conocerlo para saber a qué se debe dicha diferencia”.

Estas mujeres eran lámparas celestiales, puestas en sus trabajos por Jesús. Y la luz que ellas tenían alumbraba todo el centro de trabajo. ¿Cómo? Tenían la vida de Cristo en ellas. Su jefe lo identificó como algo más allá de lo que este mundo puede ofrecer.

Este gerente era judío. ¿Piensa usted que él hubiera aceptado una invitación a una reunión de avivamiento? ¿Hubiera leído un paquete de material impreso por la iglesia? No, lo habría enviado todo al “Archivador 13” para nunca más volver a verlo. Este hombre respondió a la verdadera luz, una luz nacida en vidas escondidas en Cristo, y siendo vivida diariamente por dos mujeres humildes.

Sólo seremos capaces de traer tanta luz a nuestras comunidades, como estemos nosotros mismos llenos de Cristo. Debemos vivir el mensaje que llevamos, si es que vamos a predicarlo con algo de poder. Que Dios nos ayude a recordar que la luz alumbra a través de las cosas pequeñas de la vida.

martes, 9 de marzo de 2010

UN PERIODO DE SEQUÍA

Yo predico a miles de personas, pero hay tiempos en que me siento tan seco – tan lejos de la presencia de Dios. Es en esos momentos que no tengo deseos de leer la Palabra. La lectura de la Biblia durante tiempos de sequedad, se hace mayormente a través de un sentido de obligación. Cuando estoy seco y vacío, siento muy poco ánimo de orar, aunque yo sé que mi fe está intacta, y mi amor por Jesús está fuerte.

¿Alguna vez se ha sentado usted en la iglesia y ha visto a las personas a su alrededor siendo bendecidas, mientras usted no siente nada? Ellos lloran; ellos oran; ellos alaban con gran sentimiento. Pero usted no es movido a hacerlo – por nada. Usted empieza a preguntarse si algo está mal con su vida espiritual.

Yo creo que todos los verdaderos creyentes experimentan un periodo de sequía durante diferentes etapas de sus vidas Cristianas. Aún Jesús sintió abandono – cuando él clamó a gran voz, “Padre, ¿por qué me has abandonado?

¿Qué debo hacer para vencer la sequedad espiritual?

1. ¡Debo mantener una vida de oración!

Nada disipa la sequedad y el vacío tan rápido que una o dos horas de encerrarse con el Señor. El dejar a un lado nuestra cita con Dios en su lugar secreto, causa culpa. Sabemos que nuestro amor por él debería de guiarnos a su presencia, pero nos volvemos ocupados con tantas otras cosas – el tiempo se pasa, y Dios queda abandonado. Le enviamos una cantidad de “oraciones de pensamientos.” Pero nada puede tomar el lugar de ese lugar secreto – con la puerta cerrada – encerrados orando al Padre.

Acérquese al trono de la gracia – aún cuando usted ha pecado y fallado. Él perdona – al instante – a aquellos que se arrepienten con tristeza santa.

2. ¡No debo tener temor de un poco de sufrimiento!

La resurrección de Cristo fue precedida por un corto periodo de sufrimiento. ¡Nosotros morimos! ¡Nosotros sufrimos! Tenemos dolores y penas.

¡No queremos sufrir o nos resistimos a ser heridos! ¡Queremos ser librados sin dolor! Queremos una intervención sobrenatural. “Hazlo, Dios” oramos, “porque soy débil y siempre lo seré. ¡Hazlo todo, mientras sigo mi camino esperando que me libres sobrenaturalmente!”

Pero gracias a Dios, el sufrimiento es siempre ese corto periodo antes de la victoria final. “Pero el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca” (1 Pedro 5:10).

lunes, 8 de marzo de 2010

EL PRÓDIGO Y SU PADRE

Creo que el hijo pródigo volvió a su hogar, a causa de su historia con su padre. Este joven conocía el carácter de su padre y aparentemente había recibido mucho amor de parte de él. De otra forma, ¿por qué regresaría donde un hombre que se habría airado y vengado, que le habría golpeado y obligado a devolver hasta el último centavo que se llevó?

De seguro, el pródigo sabía que si regresaba, no sería reprendido ni condenado por sus pecados. Quizás pensó: “Sé que mi padre me ama. No me echaría mi pecado en mi cara. Me aceptaría de vuelta”. Cuando uno tiene ese tipo de historia, uno siempre puede volver a casa.

Note cómo el padre del pródigo le “sale al encuentro” con la bendición del bien. El joven estaba dispuesto a ofrecer una confesión de corazón a su padre, porque la estuvo ensayando durante todo el camino de regreso. Sin embargo, cuando se encontró con su padre, ni siquiera tuvo la oportunidad de confesar todo. Su padre lo interrumpió, corriendo hacia él y abrazándolo.

“Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó” (Lucas 15:20). El padre estaba tan feliz por el regreso de su hijo, que lo llenó de besos, y dijo: “Te amo hijo. Ven a casa y sé restaurado”.

El padre hizo todo esto, antes de que su hijo pudiera terminar su confesión. El joven pudo liberar sólo la primera parte de su discurso. Pero su padre no esperó a que terminara. Para él, el pecado del joven había sido ya arreglado. La única reacción del padre fue emitir una orden a sus siervos: “Pónganle un vestido a mi hijo y anillos en sus dedos. Preparen una fiesta, porque vamos a celebrar. ¡Alégrense todos, porque mi hijo está en casa!”.

El pecado no era el asunto para este padre. El único asunto en su mente era el amor. El quería que su muchacho supiera que era aceptado, aun antes de poder pronunciar su confesión. Y ése es el punto que Dios quiere mostrarnos a todos: Su amor es más grande que nuestros pecados. “Su benignidad te guía al arrepentimiento” (Romanos 2:4).

domingo, 7 de marzo de 2010

JESÚS Y LAS TORMENTAS

Jesús les ordenó a sus discípulos que entrasen a un bote que estaba de ida hacia una colisión. La Biblia dice que “Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca…” la cual estaba de ida hacia aguas turbulentas donde sería zarandeada como un corcho en el agua.

“En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud” (Mateo 14:22).

¿Dónde estaba Jesús? Él estaba en las montañas que miraban al mar. Él estaba allí orando para que ellos no fallasen en la prueba que deberían pasar. El viaje en la barca, la tormenta, las olas, los vientos, todo era parte de la prueba que el Padre había planeado. Ellos estaban a punto de aprender la lección más grande que podrían aprender – a reconocer a Jesús en medio de la tormenta.

Hasta ahora, los discípulos lo podían reconocer como el que hace milagros, el Hombre que convirtió los panes y los peces en comida milagrosa. Lo reconocían como el amigo de los pecadores, Aquél que trajo la salvación a toda la humanidad. Lo conocían como el que suplía todas sus necesidades, aún pagando los impuestos con dinero de la boca de un pez.

Ellos reconocían a Jesús como “el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Ellos sabían que él tenía las palabras de vida eterna. Ellos sabían que tenía poder sobre todas las obras del diablo. Lo conocían como maestro, el cual les enseñó a orar, a perdonar, a atar y desatar. Pero ellos nunca habían aprendido a reconocer a Jesús en la tormenta.

Ésta es la raíz de muchos de nuestros problemas hoy día. Confiamos en Jesús para los milagros y sanidades. Le creemos para nuestra salvación y perdón de nuestros pecados. Lo vemos como el que suple todas nuestras necesidades y confiamos en que él nos lleva a la gloria algún día. Pero cuando una tormenta súbita cae sobre nosotros y parece que todo está perdido, es difícil ver que Jesús esté cerca de nosotros. No podemos creer que él permite las tormentas para enseñarnos a confiar. Nunca estamos completamente seguros de que él está cerca cuando las cosas realmente se ponen difíciles.

¡Había una sola lección para que los discípulos aprendiesen en esta tormenta – sólo una! Una lección simple – no era una lección profunda, mística, ni ningún terremoto. Jesús simplemente quería que confiaran en él como su Señor en cada tormenta de sus vidas. Él simplemente quería que sus discípulos mantuvieran su ánimo y confianza aún en las horas más oscuras de la prueba. ¡Eso es todo!

jueves, 4 de marzo de 2010

VAYAN “EN EL ESPÍRITU”

Usted puede ir “en el Espíritu” a cualquier nación en la Tierra. Puede tocar un pueblo inalcanzable, estando de rodillas. De hecho, su lugar secreto de oración podría convertirse en la sede de un mover del Espíritu sobre toda una nación.

Pienso en el ejemplo de Abraham. Él oró por una Sodoma impía e inmunda. El Señor le respondió: “Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo este lugar por amor a ellos” (Génesis 18:26).

Cuando Abraham lo oyó, comenzó a negociar con el Señor. Preguntó: “Quizá faltarán de cincuenta justos cinco; ¿destruirás por aquellos cinco toda la ciudad?” (Génesis 18:28). Lo que Abraham estaba preguntando era: “Señor, ¿qué tal si hay cuarenta y cinco justos entre aquellos cincuenta creyentes? ¿Qué tal si sólo ellos te están buscando en oración? O, ¿qué tal si tan sólo hay diez justos que te buscan? Si solamente diez te invocan, ¿perdonarás la ciudad?”. Dios le respondió a Abraham: “No la destruiré, respondió, por amor a los diez” (Génesis 18:32).

Este pasaje nos dice algo acerca del Señor. Él está dispuesto a salvar sociedades enteras si pudiera hallar un puñado de justos dentro de ella. Esto se refiere a personas que buscan el rostro de Dios por amor a su nación.

Dios va aun más allá en este asunto, que lo que fue con Abraham. En Ezequiel 22, Dios habla de hallar tan sólo un creyente que ore, que se pare en la brecha: “busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé” (Ezequiel 22:30).

En la época de la profecía de Ezequiel, Israel se había corrompido espiritualmente. Los profetas eran profanos; quebrantaban totalmente las leyes de Dios. El pueblo era oprimido, vejado por doquier, lleno de deseos pecaminosos, robándose unos a otros. Ni un solo hombre clamaba al Señor. Nadie se paraba en la brecha a interceder. Aun así, Dios habría salvado la nación entera por amor a un sólo intercesor.

Si usted no puede ir físicamente a las naciones, puede ser parte del cuerpo de respaldo de intercesores. Y debemos asistir a aquéllos que se han dado a sí mismos para ir a las naciones. Cuando Pablo escribe de sus viajes, menciona no sólo a Timoteo y Tito, como sus ayudantes, sino también a Lidia y a otras preciosas mujeres que lo ayudaron. Todos eran siervos devotos cuya asistencia, ayudó a tocar naciones enteras con el Evangelio.

miércoles, 3 de marzo de 2010

ROGAD AL SEÑOR DE LA MIES

Cuando Jesús miró los tiempos desde sus días hasta los últimos días, advirtió sobre un terrible problema. Dijo a sus discípulos: “A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos” (Mateo 9:37).

Mientras leo estas palabras, me pregunto: “¿Cuál es la solución? ¿Cómo se pueden preparar más obreros para que vayan a las naciones?” Jesús dio inmediatamente la respuesta, en el siguiente versículo: Alguien debe orar para que estos obreros vayan a la cosecha. “Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mateo 9:38).

Usted pensará: “Las puertas en todo el mundo se están cerrando”. Puede ser cierto, pero no importa cuán cerradas estén algunas naciones a nuestros ojos. Si Dios puede destruir la Cortina de Hierro en Europa y la Cortina de Bambú en el Asia, nada puede impedir que Él obre donde quiera.

En la década de los ochenta, cuando nuestro ministerio estaba ubicado en Texas, pasé un año orando para que Dios enviara a alguien a la ciudad de Nueva York, alguien que levantase una iglesia en Times Square. Prometí ayudar a quien sea que Dios escogiera: enviando dinero, organizando reuniones, levantando un respaldo económico. Pero, mientras yo estaba orando para que Dios envíe un obrero a una cosecha en particular, el Señor puso la carga sobre mí.

El apóstol Pablo fue enviado como misionero a través del poder de la oración. Sucedió en Antioquía, donde los líderes de una iglesia oraban por la cosecha (ver Hechos 13:2-6). El primer viaje misionero de Pablo fue el producto de una reunión de oración. Fue el resultado directo de hombres piadosos obedeciendo las palabras de Jesús, de orar a Dios para que envíe obreros a la cosecha.

Lo mismo es cierto hoy. Debemos estar orando por la cosecha, tal como esos hombres de Dios en Antioquía lo hicieron. El hecho es que, mientras oramos, el Espíritu Santo está buscando en la Tierra, poniendo un sentido de urgencia en los corazones de aquéllos que desean ser usados por Dios; tocando a su pueblo por doquier, apartándolos para Su servicio.

En Mateo 8, un centurión vino a Jesús para pedir la sanidad de su siervo agonizante. Cristo le respondió: “Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora” (Mateo 8:13). Creo que lo mismo sucede con todos los que interceden por la cosecha. Mientras le pedimos a Dios que envíe obreros, el Espíritu Santo está despertando el corazón de alguien en algún lugar y no interesa dónde sucede. La poderosa verdad es que nuestras oraciones están sirviendo para enviar obreros a la mies.

martes, 2 de marzo de 2010

EL PERDÓN ILIMITADO DE DIOS

Querido amigo, ¡nunca ponga límites al perdón de Dios para usted! No hay límites a su perdón ni a su paciencia. Jesús le dijo a sus discípulos, “Y si (tu hermano) siete veces al día pecare contra ti, y si siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale” (Lucas 17:4).

¿Puede usted creer tal cosa? Siete veces al día ésta persona intencionadamente peca delante de mí, y luego dice “lo siento”. Y yo debo de perdonarlo – continuamente. ¡Cuánto más nuestro Padre celestial perdona a sus hijos que acuden arrepentidos a él! No se detenga a razonarlo – y no pregunte cómo o porqué él perdona tan libremente. ¡Simplemente acéptelo!

Jesús no dijo, “Perdona a tu hermano una o dos veces, y luego dile que vaya y no peque más. Dile que si lo vuelve a hacer otra vez, será echado fuera. Dile que es un pecador habitual.” ¡No! ¡Jesús habló de un perdón ilimitado, sin condiciones!

Es la naturaleza de Dios perdonar. David dijo, “Porque tú Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan” (Salmo 86:5). Dios está esperando ahora mismo para inundarle todo su ser con el gozo del perdón. Usted necesita abrir todas las puertas y ventanas de su alma y permitirle al Espíritu de Dios que lo inunde con el perdón.

Juan, hablando como Cristiano, escribió, “Él es la propiciación por nuestros pecados, y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 de Juan 2:2).

Según Juan, la meta de cada cristiano es “que no pequéis”. Esto significa que el Cristiano no está inclinado hacia el pecado, sino que se inclina hacia Dios. ¿Pero qué sucede cuando el hijo que está inclinado hacia Dios peca?

“Pero si alguno ha pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo, el justo” (1 de Juan 2:1).

Deje a un lado su culpa, mi amigo. Usted no necesita llevar esa carga un minuto más. Abra las puertas y ventanas de su corazón, y deje que el amor de dios entre. ¡Él lo perdona – una y otra vez! Él le dará el poder para que vea su lucha a través de la victoria. Si usted pide – si usted se arrepiente - ¡usted es perdonado! ¡Acéptelo – ahora!

lunes, 1 de marzo de 2010

EL PELIGRO DE LA CULPA

El peligro de la culpa está en que destruye la fe. El enemigo de nuestras almas no está interesado en hacer que los Cristianos sean adúlteros, adictos o prostitutas. Él está interesado en sólo una cosa – en hacer que los Cristianos sean incrédulos. Él usa la lujuria del cuerpo para atar a la mente.

Satanás quiere abrumarlo con culpa, para que usted abandone su fe. Él quiere que usted dude de la fidelidad de Dios y que piense que nadie se importa de usted; que usted vivirá en miseria y con el corazón destrozado; que usted siempre será un esclavo de sus lujurias; que la santidad de Dios es inalcanzable; que usted está solo y nadie le ayudará con sus problemas; que Dios ya no se interesa de sus necesidades ni de sus sentimientos. Si él puede llevarlo a usted al punto de desesperación, podrá inundarlo con incredulidad – y entonces él ha logrado tener éxito en su misión. Los tres simples pasos hacia el ateísmo son culpa, duda e incredulidad.

La culpa puede carcomer la vitalidad espiritual de un Cristiano de la misma manera que lo hace un cáncer galopante. Hace que la persona pierda control de su vida; lo lleva hacia un deseo de querer dejar o retirarse de la actividad espiritual; y finalmente, acarrea dolor físico y enfermedad. Al igual que el cáncer, la culpa se alimenta de sí misma hasta que toda vida espiritual se vaya, y el resultado es debilidad y un sentir de vergüenza y fracaso.

La manera de deshacernos de la culpa es deshaciéndonos del pecado, lo cual parece ser simple pero no lo es. Usted simplemente no decide “soltar” a esa tercera persona que ha entrado en su vida. Muchos lo han intentado y se han dado cuenta que eso no funciona. Usted no puede simplemente dejar las cosas que lo atan.
El paso más importante que usted tomará en su vida es el paso que usted tome después de haberle fallado a Dios. ¿Va a creer las mentiras del acusador y se rendirá en desesperación, o se permitirá a usted mismo recibir el manantial de perdón del amor de Dios?

¿Teme usted pedirle perdón a Dios porque usted no está seguro de querer ser libre de aquello que lo ata? ¿Quiere usted al Señor, pero secretamente desea algo que no debería ser suyo? Dios puede responder oraciones sinceras, para hacer que usted quiera hacer la perfecta voluntad de Él. Pídale que le haga cumplir Su voluntad.