martes, 16 de marzo de 2010

LA CRUZ NOS ENSEÑA A CÓMO NEGARNOS A NOSOTROS MISMOS

Nunca nuestro Señor nos dice, “Agáchate y deja que ponga esta cruz sobre ti.” Jesús no recluta obligadamente; su ejército es todo de voluntarios. No todos los Cristianos llevan cruces. Usted puede ser un creyente sin llevar una cruz, pero no puede ser un discípulo.

Yo veo muchos creyentes que rechazan el camino de la cruz. Ellos han optado por la buena vida con su prosperidad, sus ganancias materiales, su popularidad y éxito. Estoy seguro que muchos de ellos llegarán al cielo – habrán salvado sus cueros – pero no habrán aprendido a Cristo. Habiendo rechazado el sufrimiento y las penas de la cruz, ellos no tendrán la capacidad de conocerlo y disfrutarlo en la eternidad, tal como lo harán todos los santos que llevaron la cruz y entraron en la comunión del sufrimiento.

Usted tendrá que llevar su cruz hasta que aprenda a negarse. ¿Negarse qué? La única cosa que impide el trabajo de Dios en nuestras vidas – nuestro yo. Jesús dijo, “Si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mateo 16:24). Estaríamos malinterpretando este mensaje si ponemos énfasis en que esto significa rechazar las cosas materiales o ilícitas. Jesús no nos estaba llamando a que aprendamos a tener disciplina antes de que tomemos nuestra cruz. Es mucho más severo que eso. Jesús nos está pidiendo que nos neguemos a nosotros mismos. Esto significa negar nuestra propia habilidad de llevar cualquier cruz en nuestras propias fuerzas. En otras palabras, “No tomes tu cruz hasta que estés listo a rechazar cualquier y cada pensamiento de llegar a ser un discípulo santo como resultado de tu propio esfuerzo.”

Millones que profesan ser Cristianos se jactan de que se niegan a sí mismos. No fuman, no beben, no maldicen ni fornican – ellos son tremendos ejemplos de propia disciplina. Pero ni en cien años ellos admitirían que esto fue logrado por ninguna otra cosa sino su propio esfuerzo de voluntad. Están practicando a cómo negarse, pero no se han negado a sí mismos. De cierta manera, todos nosotros somos así. Experimentamos “enviones” de santidad, acompañados de sentimientos de pureza. Las buenas obras generalmente producen buenos sentimientos, pero Dios no nos permitirá pensar que nuestras buenas obras y buenos hábitos nos pueden salvar. Es por eso que necesitamos una cruz.

Yo creo que Jesús actualmente nos está diciendo, “Antes de que tomes tu cruz, alístate para enfrentar un momento de realidad. Alístate para experimentar una crisis mediante la cual tú aprenderás a negar tu propia voluntad, tu propia rectitud, tu propia suficiencia, tu propia autoridad. Te puedes levantar y seguirme como un verdadero discípulo sólo cuando puedas admitir libremente que no puedes hacer nada en tus propias fuerzas – no puedes vencer al pecado a través de tu voluntad propia – tus tentaciones no pueden ser vencidas sólo por tus propios esfuerzos – tú no puedes solucionar las cosas con tu propio intelecto.

Su amor por Jesús lo puede poner a usted de rodillas, pero su cruz lo pondrá con el rostro en el suelo.