domingo, 28 de febrero de 2010

PODEMOS ESCUCHAR HOY SU VOZ

Millones se han convertido porque un hombre esperó hasta escuchar la voz de Dios. Saulo “cayendo en tierra oyó una voz” y cuando él llegó a ser Pablo, siguió escuchando esa voz. El Señor habló de hombre a hombre con él.

Pedro permitió que la voz del Salvador llegase a él. “Pedro subió a la azotea para orar…Y le vino una voz (Hechos 10:9,13).

Toda la raza de los Gentiles fue bienvenida al reino, junto con la casa de Cornelio, porque un hombre obedeció una voz. Estamos viviendo en los mismos tiempos del Nuevo Testamento al igual que Pablo y Pedro, y nosotros también, debemos permitir que Su voz venga a nosotros. “Si oís hoy su voz …” ¡Lo que Dios podría hacer con los Cristianos que aprendan a escuchar del cielo!

En lugar de esperar a que Su voz venga a nosotros, corremos buscando sesión tras sesión con consejeros y psicólogos Cristianos, y leemos libros y escuchamos grabaciones – queriendo escuchar de Dios. Buscamos una palabra clara de dirección para nuestras vidas y queremos que los pastores nos digan lo que está bien y lo que está errado. Deseamos un líder a quien seguir, un diagrama para el futuro. Pero son pocos los que saben cómo ir al Señor y escuchar su voz. Muchos saben cómo conseguir la atención de Dios – tocar a Dios realmente – pero no saben nada de que Dios los alcance a ellos.

“Los que tienen oídos para oír, oigan lo que dice el Espíritu” (ver Mateo 11:15).

Dios quiere sacudir la tierra una vez más.

“Mirad que no desechéis al que habla, pues si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desechamos al que amonesta desde los cielos. Su voz conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido diciendo: Una vez más conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo” (Hebreos 12:25-26).

Él ha prometido, “Otra vez mi voz se oirá. Aquellos que la escuchen conmoverán la tierra, y los cielos y la tierra serán conmovidos. Al escuchar mi voz, lo que sea desatado en la tierra será desatado en el cielo.”

A la última iglesia, la iglesia de Laodicea, el Señor le dice:

“Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).

“Estoy pidiendo ser escuchado. Ábreme. Déjame entrar a tu lugar secreto. Quiero hablarte y que tú me hables. Tengamos comunión. Así es como te guardaré de la hora de tentación que está viniendo a todo el mundo.”

jueves, 25 de febrero de 2010

ELLOS TENÍAN LA VIDA Y LA LUZ

A la iglesia de Jesucristo le falta autoridad espiritual en la sociedad porque le falta espiritualidad.

¿Por qué son tan condescendientes con los cristianos, las autoridades gubernamentales y los medios de comunicación? ¿Por qué ha perdido la iglesia todo significado y propósito a los ojos del mundo? ¿Por qué han desechado los jóvenes el cristianismo como si fuera algo totalmente irrelevante para sus vidas?

Es porque, en su mayor parte, la iglesia ya no es luz. Cristo no está gobernando en nuestra sociedad porque Él no gobierna en nuestras vidas. A medida que veo alrededor, veo muy pocos en la casa de Dios en verdadera unión con Cristo. Hay tan poca comunión con los cielos. Y pocos ministros rechazan los métodos mundanos para poder confiar en la dirección de Dios para sus vidas. Hemos perdido nuestra luz porque hemos perdido la vida de Cristo. Para que la autoridad de Dios tenga algún impacto, ésta debe ser real en vasijas rendidas y obedientes.

Considere el reino de Babilonia durante el tiempo de Nabucodonosor. Era el imperio más poderoso sobre la Tierra. Daniel profetizó que todo rey sucesor sería inferior, menos poderoso, menos influyente. ¿Por qué? Porque Nabucodonosor no era el verdadero gobernante de Babilonia. El poder detrás del imperio no estaba en la estatua de oro que él levantó. No, la autoridad de Babilonia se hallaba en las manos de un pequeño grupo de hombres llenos por Dios. El Señor había establecido un gobierno celestial secreto, gobernado por Daniel y los tres jóvenes hebreos. Estos hombres fueron los instrumentos de gobierno de Dios, porque operaban en el ámbito celestial. Rehusaban el tener algo que ver con el sistema del mundo. Por el contrario, se encerraban con Dios.

Como resultado de ello, estos hombres conocían los tiempos. Podían decirle a la gente lo que Dios iba a hacer en cualquier momento. Eran luces brillantes y resplandecientes para la nación entera, porque tenían la vida de Dios dentro de ellos.

En 2 Reyes 6, leemos sobre Siria haciéndole guerra a Israel. Durante este conflicto, el profeta Eliseo se sentó en su casa, teniendo comunión con el Señor. Este hombre era el gobierno secreto de Dios, y gobernaba con autoridad. Eliseo oía de parte de Señor y enviaba mensajes al rey de Israel, advirtiéndole sobre cada movimiento que realizaba el ejército sirio.

Cuando el rey sirio se enteró de los dañinos mensajes de Eliseo, rodeó el pueblo del profeta con un batallón de su ejército. Pero Dios cegó a los sirios y Eliseo acabó por llevarlos cautivos al campamento israelita. Eliseo tenía la luz, y conocía cada movimiento de Satanás, porque tenía la vida.

miércoles, 24 de febrero de 2010

LIMITANDO AL SANTO DE ISRAEL

“Provocaban al Santo de Israel” (Salmos 78:41). El verbo “provocar” aquí, viene de dos raíces, que significan: “entristecer a Dios, trazando un dibujo”. En resumen, provocar a Dios significa dibujar una línea, o hacer un círculo, una declaración: “Dios está acá adentro, y no puede ir más allá”. Esto describe la manera de pensar de muchos creyentes. Hemos trazado en nuestras mentes un dibujo muy pequeño, o un concepto, sobre la grandeza de Cristo.

Eso es justamente lo que hizo la iglesia en Jerusalén. Limitaron a Cristo a un pequeño círculo, confinándolo a la población judía. Pero Jesús no puede ser confinado. Él está constantemente rompiendo los límites de nuestros pequeños y limitantes círculos y siempre se extiende hasta el extremo.

Déjeme darle un ejemplo. Hace casi 40 años, los pentecostales creían tener el bautismo del Espíritu Santo confinado a su movimiento. Muchos pentecostales pensaron: “¡Somos la iglesia de Dios llena del Espíritu Santo!” Los predicadores pentecostales lamentaban la muerte de las principales denominaciones. “Ellos no tienen el evangelio completo, como nosotros”, declaraban.

De pronto, el Espíritu de Dios estalló más allá de los círculos que todos habían dibujado. El Espíritu Santo cayó sobre creyentes en todas las denominaciones. Un libro clásico fue escrito, sobre este mover del Espíritu, llamado Hablaron En Otras Lenguas por John L. Sherrill.

El Señor también usó mi libro, La Cruz y el Puñal, especialmente en los círculos católicos. Sin embargo, como Pedro y la iglesia primitiva, tuve que permitir a Dios obrar en mi corazón antes de poder aceptar lo que estaba sucediendo. Yo había sido criado como pentecostal, y por primera vez en mi vida, veía sacerdotes llorando con convicción de pecado, clamando a Jesús.

Pronto se presentaron predicadores evangélicos para contender conmigo, exigiéndome: “¿Qué acerca de la doctrina de María de esos católicos? ¿Cómo puedes ministrar a gente que cree en eso?” Me encontraba respondiendo igual que Pedro: “No sé nada de la doctrina de María. Todo lo que sé es que hay gente que tiene hambre en la Iglesia Católica. Y hay verdaderos adoradores de Jesús entre los sacerdotes. Dios está llenando a esta gente con su Espíritu”.

Dios tiene a su pueblo en todo lugar, y no debemos llamar a ninguno de ellos común o inmundo. Debemos tener cuidado de no representar a Jesús como si fuera pequeño y de no encajonarlo con nuestro endeble pensamiento.

martes, 23 de febrero de 2010

SIN MANCHA NI ARRUGA

La iglesia de Cristo jamás fue aprobada o aceptada por el mundo. Y nunca lo será. Si usted vive para Jesús, no tendrá que procurar separarse de la compañía de otros; ellos lo harán por usted. Todo lo que usted debe hacer es vivir para Él. De pronto, se verá a sí mismo, despreciado, rechazado, tildado de malo: “…los hombres os aborrezcan, y cuando os aparten de sí, y os vituperen, y desechen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre” (Lucas 6:22).

Aun así, Jesús añade, éste es el camino hacia el verdadero cumplimiento. “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 16:25). En otras palabras: “La única forma en la que podrán hallar el significado de la vida es vendiendo su todo por mí. Entonces hallarán el verdadero gozo, paz y satisfacción”. Cristo nos dice: “Mi iglesia no tiene mancha ni arruga. Así que, cuando vengas a mí, debes estar dispuesto a despojarte de todo pecado. Debes rendirlo todo a mí, morir completamente a ti, a la ambición pecaminosa y al ego. Por fe, serás sepultado conmigo. Pero Yo te resucitaré a una nueva vida”.

Piense acerca de lo que quiere decir no tener mancha ni arruga. Sabemos que una mancha es una marca de suciedad. Pero ¿qué acerca de una arruga? ¿Alguna vez ha oído la frase “una nueva arruga”? Significa añadir una nueva idea a un concepto existente. Una arruga, en ese sentido, se aplica a aquéllos que tratan de mejorar el evangelio. Sugiere una manera más fácil de obtener el cielo, sin una rendición completa a Cristo.

Ese es el tipo de evangelio que está siendo predicado en muchas iglesias el día de hoy. Los sermones sólo procuran satisfacer las necesidades de la gente. Mientras leo las palabras de Jesús, veo que este tipo de predicación no funcionará. No logra la verdadera obra del evangelio.

No malinterprete: No estoy en contra de predicar consuelo y fortaleza al pueblo de Dios. Como pastor del Señor, soy llamado a hacer exactamente eso. Pero si predico sólo para las necesidades de las personas e ignoro el llamado de Cristo de postrar nuestras vidas, entonces las verdaderas necesidades nunca serán satisfechas. Las palabras de Jesús, son claras: Nuestras necesidades son satisfechas muriendo a nosotros mismos y tomando Su Cruz.

lunes, 22 de febrero de 2010

ÉL PREDICÓ ARREPENTIMIENTO

Jesús declara: “Mi iglesia es un lugar de arrepentimiento público, sin vergüenza”. De hecho, el apóstol Pablo testifica: “Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado” (Romanos 10:8-11).

Puesto de una manera sencilla, somos salvos a través de nuestra confesión pública de arrepentimiento. Jesús declara: “Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento” (Mateo 9:13). Y dice, que por el arrepentimiento, somos sanados y restaurados: “Respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (Lucas 5:31-32).

Éstas son buenas nuevas. Jesús nos está diciendo: “En mi iglesia, todos son sanados a través del arrepentimiento. No importa quién seas tú, el quebrantado físicamente, el enfermo mental, el enfermo espiritual. Todos deben venir a mí de la misma manera. Y todos hallan sanidad a través del arrepentimiento.

¿Cuántas iglesias todavía abren sus altares para que la gente quebrantada de corazón pase delante y se arrepienta? ¿Cuántos pastores han dejado de hacer llamados para esta importantísima obra espiritual? ¿Cuántos creyentes han perdido todo sentido de su necesidad confesar el pecado?

¿Cuál es el mensaje central del evangelio de Cristo? El lo deja claro a lo largo de los cuatro evangelios. Nos dice: “Esto es lo que predico en mi iglesia. Este es mi mensaje para todos los pecadores”.

“Jesús vino…predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:14-15). Este fue el primer mensaje registrado de Jesús. ¡Él predicó el arrepentimiento!”.

Para algunos cristianos, esto puede parecer un lenguaje fuerte. Quizás digan: “De acuerdo, pero, ¿cuán fuerte predicó Jesús, el arrepentimiento?”. Lucas lo responde en su evangelio. Jesús dijo a sus oidores: “Antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente” (Lucas 13:5).

domingo, 21 de febrero de 2010

DIBUJANDO NUESTRO PROPIO CÍRCULO

¿Está usted preocupado por algún miembro de su familia o amigo que parece no estar creciendo o madurando en Cristo? A medida que evalúa a dicha persona, ¿está usted usando su propio concepto de Cristo sobre esa vida? ¿Ha dibujado usted su propio círculo de lo que significa ser un verdadero seguidor de Cristo y no puede ver a su amado entrando en ese círculo?

¿Es posible que usted esté limitando a Cristo? ¿Es su Jesús tan pequeño, tan limitado que usted no puede creer que Su Espíritu pueda estar realizando una obra profunda, oculta? ¿Condena usted a alguien por no entrar dentro de su dibujo? ¿Cree usted que Dios es suficientemente grande para obrar en tal persona de maneras que no son vistas?

Hace 35 años, una infame mujer llamada Celeste Horvath entró a las instalaciones de Desafío Juvenil en Brooklyn. Ella era la tratante de blancas más conocida de Nueva York, administraba una casa de citas que recibía a algunos de los hombres más famosos de la nación. Celeste había sido criada en un hogar pentecostal, y su abuela, una mujer de oración, había profetizado sobre ella: “Serás una evangelista”. Pero Celeste rechazó su formación en la iglesia y se volcó a la prostitución.

A medida que el negocio de Celeste crecía, ella se volvió adicta a las drogas. Durante todo ese tiempo, una batalla se estaba llevando a cabo en su corazón. Noche tras noche, ella oraba: “Dios, por favor sólo permíteme vivir un día más”. Finalmente, Celeste fue arrestada. La noticia ocupaba los titulares. En un punto su hermano le escribió una carta, donde decía: “Has avergonzado tanto a la familia, que ya no tienes redención”. Pero Jesús nunca la desamparó. Un día, en su hora más solitaria, Celeste oró y se quebrantó delante del Señor. El cambio en ella fue inmediato, e instantáneamente se convirtió en una nueva criatura.

Todos los que habían visto la vida de Celeste por fuera, pensaron que ella no tenía ninguna esperanza en lo absoluto, dura como una piedra. Pero ellos habían limitado la mirada de Cristo. No vieron al Espíritu Santo obrando en ella a lo largo de los años. Mientras la gente cercana a Celeste la había visto como una persona común e inmunda, el Señor había visto en ella, una evangelista.

Celeste apareció en Desafío Juvenil, justo antes de ser sentenciada, y nosotros la recibimos. Ella sirvió un tiempo en la prisión, donde se convirtió en la evangelista que Dios la había llamado a ser. Ella llevó a muchas almas a Jesús, estando en la cárcel. Después de salir, se volvió una poderosa predicadora de las calles y eventualmente comenzó una iglesia en la ciudad de Long Island, una congregación que sigue encendida en fuego hasta el día de hoy.

jueves, 18 de febrero de 2010

ADMIRACIÓN Y RESPETO

La Biblia establece claramente que todo creyente debe cultivar el temor de Jehová. El verdadero temor de Dios incluye admiración y respeto, pero va mucho más allá de eso. David nos dice: “La iniquidad del impío me dice al corazón: No hay temor de Dios delante de sus ojos” (Salmos 36:1). David está diciendo: “Cuando veo a alguien consintiendo en la maldad, mi corazón me dice que tal persona no tiene temor de Dios. No reconoce la verdad acerca del pecado, o acerca del llamado a la santidad por parte de Dios”.

El hecho es, que el temor de Dios nos da el poder para mantener la victoria en tiempos de maldad. Así que, ¿cómo obtenemos este temor? Jeremías responde con esta profecía de la Palabra de Dios: “Y les daré un corazón, y un camino, para que me teman perpetuamente, para que tengan bien ellos, y sus hijos después de ellos. Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí” (Jeremías 32:39-40).

Esta es una maravillosa promesa del Señor. Nos garantiza que Él nos proveerá de su temor santo. Dios no derrama simplemente su temor a nuestros corazones en un destello sobrenatural. No, Él pone Su temor en nosotros a través de Su Palabra.

¿Significa esto que el temor de Dios es plantado en nuestros corazones cuando simplemente leemos la Biblia? No, en lo absoluto. Viene cuando concientemente decidimos obedecer cada palabra que leemos en la Palabra de Dios. La Escritura se encarga de ello. Nos dice cómo es que el temor de Dios vino sobre Esdras: “Porque Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla” (Esdras 7:10).

El temor de Dios no es tan sólo un concepto del Antiguo Testamento. Vemos que el temor de Dios se menciona en ambos Testamentos. El Antiguo nos dice: “Teme a Jehová, y apártate del mal” (Proverbios 3:7). Así también el Nuevo declara: “No hay temor de Dios delante de sus ojos” (Romanos 3:18). Pablo añade: “Limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Corintios 7:1).

miércoles, 17 de febrero de 2010

UNA LUZ QUE NO DEBE ESCONDERSE

Jesús nos dice: “Vosotros sois la luz del mundo” (Mateo 5:14). Su declaración acá va mucho más allá de simplemente ministrar. Se extiende más allá de enseñar, predicar o repartir volantes. Cristo nos dice categóricamente: “Vosotros sois la luz”. Está diciendo: “No son tan sólo un reflejo de la luz. No son un mero conducto. Ustedes son la luz misma. Y la intensidad de su luz depende de la intensidad del caminar que ustedes tengan conmigo”.

¿Puede ver lo que está dando a entender el Señor aquí? El mundo reconoce a los que caminan cerca de Él. Sus vecinos o compañeros de trabajo, quizás no sepan de su comunión diaria con Cristo, su fe en Él, su fuerte dependencia en Él. Pero ellos sí ven la luz que resplandece en usted a causa de la vida que usted tiene con Él. Y mientras nada impida esa vida, su luz continuará alumbrando en las tinieblas.

“Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder” (Mateo 5:14). Jesús está diciendo: “Yo los he puesto como exhibición para el mundo. La gente los mira, porque los he hecho un espectáculo. Ustedes son una luz, que no debe esconderse”.

Así que, ¿quiénes son estas luces puestas sobre un monte? Y, ¿dónde las vemos? No se encuentran normalmente en los lugares más vistosos. No están entre las personas egocéntricas, que se promocionan a ellos mismos y viven en este mundo sólo para ser reconocidas. Tampoco están entre esas “argollas” o grupos exclusivos dentro de las iglesias, que pretenden ser santos pero chismosean, murmuran y se quejan.

A través de los años, he visto muchos creyentes que tienen la apariencia de piedad, pero en verdad son flojos espirituales. Hablan a otros sobre sus fallas y debilidades, pensando que esto los hace humildes. Pero son prontos para juzgar a otros. No poseen el Espíritu verdadero, dador, amoroso y humilde de Cristo. Por el contrario, la “luz” que ellos tienen es, de hecho, tinieblas. Jesús dice: “Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?” (Mateo 6:23). Donde no hay vida de Cristo, no puede haber vida para otros.

“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16). La razón por la que debemos dejar alumbrar nuestra luz al mundo, es para que Dios reciba gloria.

martes, 16 de febrero de 2010

LA VIDA DETRÁS DE LA LUZ

“Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12).

Jesús era, y sigue siendo, la luz del mundo. Juan dice que esta luz era producida por la vida que estaba en Cristo: “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Juan 1:4). Simplemente, la vida que Cristo poseía era su fuente de luz para el mundo. Y todo el que cree “tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12). ¿Qué cosa es la “vida detrás de la luz” a la que se refieren las Escrituras?

La mayoría de nosotros creemos que esta vida es la existencia eternal personificada en Cristo. La vemos como Su poder para conceder existencia eterna a todo aquél que cree. Pero Juan se está refiriendo a algo más aquí. Cuando él usa la palabra “vida”, está refiriéndose a la biografía completa de la existencia de Jesús.

Jesús nos dice que debemos vivir como Él lo hizo. Que nosotros seamos como Cristo fue en el mundo, su vida debe ser algo que podamos conocer y experimentar por nosotros mismos. Debe relacionarse a nuestras propias vidas.

Quiero decirle cómo me relaciono yo con la vida que está en Cristo. Me regocijo en las cosas pequeñas y tiernas que Jesús hizo, tocó y dijo. Creo que sus obras, palabras y caminar diario con el Padre está escrito para definir el significado de la vida de Cristo para nosotros.

Pienso en la amistad de Jesús con Lázaro. Pienso en Él, cuando se retiraba de las multitudes después de un largo periodo de ministración. Pienso en Él, mientras disfrutaba su visita al hogar de María, Marta y Lázaro. Y pienso en Jesús, tomando en sus brazos a los niños pequeños y bendiciéndolos. Pienso en su obediencia a su madre, aun de adulto, cuando convirtió el agua en vino en la fiesta de bodas. Pienso en el amor de Jesús, en su cuidado para los despreciados, aborrecidos, pobres. Pienso en su compasión por la mujer atrapada en adulterio o cuando alabó a la viuda que tan sólo tenía dos blancas y las dio.

Dudo que haya suficientes libros para registrar todas las cosas que Jesús hizo por amor, por su actitud de siervo, mientras estuvo en la Tierra. En estos pasajes, hallamos las formas en las que debemos relacionar nuestras vidas con la de Él. Así es como comprendemos la vida que es la luz.

lunes, 15 de febrero de 2010

CABALGANDO SOBRE LA PROMESA

A causa de la promesa de Dios que “sale al encuentro”, somos capaces de proclamar victoria y dominio aun antes de que comience la batalla. David cantó: “El rey se alegra en tu poder, oh Jehová; y en tu salvación, ¡cómo se goza! Le has concedido el deseo de su corazón, y no le negaste la petición de sus labios” (Salmos 21:1-2).

Quizás usted se pregunte: “¿Cómo podía regocijarse David? El estaba enfrentando el ataque más intenso que haya enfrentado. ¿Cómo podía tener gozo cuando podía ser herido o muerto?”.

David responde: “Porque le has salido al encuentro con bendiciones de bien; corona de oro fino has puesto sobre su cabeza” (Salmos 21:3). Lo que David está diciendo aquí puede cambiar vidas: “Yo enfrento a un poderoso enemigo que ha jurado mi destrucción, pero mi alma está en paz. ¿Por qué? El Señor ha visto de antemano mi lucha, y me ha inundado con la seguridad de Su amor. Mi enemigo puede hacerme tropezar o caer, y en cierto punto pareciera que estoy acabado. Pero Dios me ha dicho que si yo tan sólo me pongo de pie, recibiré Su fuerza y ganaré la batalla”.

Luego, David hizo una declaración de fe justo antes de ir a la Guerra: “Corona de oro fino has puesto sobre (mi) cabeza” (Salmos 21:3). La corona de oro que David menciona acá, es un símbolo de victoria y dominio. David estaba diciendo: “Voy a la guerra, cabalgando sobre la promesa que Dios me he hecho. El dijo que yo volvería de la batalla llevando sobre mi cabeza la corona de victoria”.

Esto resume la doctrina de la “bondad que sale al encuentro” de Dios: El se ha anticipado a todas nuestras luchas, todas nuestras batallas contra el pecado, la carne y el diablo, y en Su misericordia y Su bondad, ha pagado nuestra deuda antes que ésta venza. Nuestra victoria es un acuerdo ya realizado.

La “bondad que sale al encuentro” de Dios se aplica especialmente a aquéllos que aman a Jesús y son sorprendidos por el pecado. El Señor nos garantiza que aunque seamos temporalmente derribados, nos levantaremos en la batalla, parados firmes, todo porque Jesús ha pagado nuestra deuda.

domingo, 14 de febrero de 2010

AMOR QUE “SALE AL ENCUENTRO”

“Porque le has salido al encuentro con bendiciones de bien; corona de oro fino has puesto sobre su cabeza” (Salmos 21:3). A primera vista, este verso escrito por David pareciera un poco confusa. La frase “salir al encuentro” (en inglés dice “impedir”), está usualmente asociada con impedimento, no con bendición. Una traducción moderna para este texto, sería: “El Señor impidió a David con las bendiciones de bien”.

Sin embargo, la palabra bíblica “impedir” o “salir al encuentro” tiene un significado totalmente diferente. Significa “anticipar, preceder, ver y cumplir con anticipación, pagar una deuda antes de que ésta venza”. Más aun, en casi todas las instancias, implica algo placentero.

Isaías nos da una idea de este tipo de placer. Viene cuando Dios se anticipa a una necesidad y la satisface anticipadamente. “Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído” (Isaías 65:24).

Este versículo nos da una increíble figura del amor de nuestro Señor para con nosotros. Evidentemente, Él está tan ansioso por bendecirnos, tan pronto para cumplir su misericordia en nuestras vidas, que no puede siquiera esperar a que nosotros le digamos nuestras necesidades, Así que el se apresura y lleva a cabo actos de misericordia, gracia y amor hacia nosotros. Y esto es de supremo placer para Él.

Eso es lo que David estaba diciendo en el Salmo 21: “Señor, Tú derramas bendiciones y misericordias sobre mí, aun antes de que yo las pida. Y me has dado más de lo que pude imaginar”.

David se estaba refiriendo a alguna obra maravillosa que Dios logró para él, en el ámbito espiritual. Se trataba de algo que le dio a David la victoria sobre sus enemigos, la respuesta a sus oraciones, el poder para vencer y un gozo inexplicable. Y Dios lo hizo todo aun antes que David orara para dejar sus cargas o presentara su petición. Una vez que David finalmente derramó su corazón, descubrió que Dios ya había hecho provisión para derrotar a sus enemigos. La victoria de David estuvo asegurada desde antes que él pudiera siquiera acercarse al campo de batalla.

jueves, 11 de febrero de 2010

NUESTRO ENFOQUE

A medida que los cristianos en los días de Pablo, veían venir la destrucción de Jerusalén, querían conocer más acerca de los eventos proféticos. Estaban temerosos por los rumores sobre ejércitos invasores, que capturaban multitudes para llevarlas a la esclavitud. Esto producía, en estos creyentes, una sensación de que los tiempos peligrosos estaban muy cerca. Así que le pidieron a Pablo que les contase más acerca de lo que vendría: “Escríbenos acerca de cómo leer los tiempos”.

Pablo respondió con estas palabras de seguridad: “Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba. Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche” (1 Tesalonicenses 5:1-2).

Pablo les describió lo que acontecería cuando Cristo volviera: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras” (1 Tesalonicenses 4:16-18).

La exhortación de Pablo a ellos, debía alentarlos. Estaba, en esencia, diciendo: “No hay necesidad de que ustedes se preocupen por las cosas que vendrán a la Tierra. No deben estar excesivamente interesados por todas las calamidades y atemorizantes señales. Ustedes saben muy bien de qué se trata. Todo apunta a la venida del Señor Jesús, quien viene a llevarse a su pueblo”.

La verdad es que la historia se dirige a un lugar. Podemos estar seguros de que el intenso flujo de eventos presentes nos está llevando al propósito eterno de Dios. El mundo no está a la deriva; el Señor no ha abandonado a la Tierra, no importa cuán débil e incrédula se haya tornado la humanidad. Por el contrario, Dios simplemente ha mantenido el paso. Y lo que hoy vemos no es otra cosa que un rápido movimiento de eventos hacia “el evento divino” por venir: la creación de un cielo nuevo y una tierra nueva, donde Cristo reinará supremamente por toda la eternidad”.

Como seguidores de Cristo, nuestro enfoque no debe estar en los reportes noticiosos de los diarios. No debemos morar en las guerras y rumores de guerra, ni en la posibilidad de un accidente nuclear, tampoco en las otras cosas que vendrán sobre la Tierra. Cuando Jesús dijo: “En aquel día, levantad vuestra cabeza” (ver Lucas 21:28), Él estaba hablando acerca de dónde debe estar nuestro enfoque.

miércoles, 10 de febrero de 2010

DIOS DE NUESTROS MONSTRUOS

Dios le dijo a Job: “He aquí ahora behemot [el hipopótamo], el cual hice como a ti” (Job 40:15). “¿Sacarás tú al leviatán [el cocodrilo] con anzuelo, o con cuerda que le eches en su lengua?” (Job 41:1)

¿Por qué comenzaría Dios su revelación, llevando a Job a considerar estos dos monstruos masivos? ¿Por qué haría mirar Dios a Job los rostros de un hipopótamo y un cocodrilo?

Primeramente, el Señor planteó este problema a su siervo: “Mira, Job, aquí viene el hipopótamo detrás de ti, ¿qué vas a hacer? ¿Puedes luchar contra él y derribarlo con tus fuerzas físicas? ¿No? Quizás podrías intentar un diálogo amable.

“Ahora, he aquí al cocodrilo, que te está amenazando. ¿Cómo lo manejarás? Esta criatura tiene un corazón de piedra. No tiene noción de misericordia”. Ésta fue más que una simple enseñanza sobre el reino animal. Por el contrario, Dios estaba diciéndole a Job, algo sobre los “monstruos” de la vida. Le estaba mostrando a su siervo que estas dos criaturas asombrosas, feroces y poderosas, representaban los monstruosos problemas atacando la vida de Job.

“Considera al hipopótamo. El atropella todo cuanto esté en su camino. Simplemente, Job, él es un problema demasiado grande para que tú lo manejes. No eres rival para él, en lo absoluto. Nada puedes hacer para domesticarlo. Sólo Yo, el Señor, sé cómo detener a una criatura tan monstruosa.

“¿Y qué acerca del cocodrilo, Job? Ningún humano puede batallar contra tal criatura. Y nadie en su propia fuerza podrá desvestirlo de su gruesa armadura. Lo mismo es cierto de tu enemigo espiritual, el diablo. Sólo Yo puedo ganar la batalla contra él”.

¿Escucha usted lo que Dios está diciendo en este discurso? Él está hablando no tan sólo a Job, sino a todos los creyentes. Y está declarando: “Enfrenta la verdad sobre los monstruos en tu vida. No puedes con ellos. Yo soy el único que puede”.

Job respondió: “Mi Dios es Todopoderoso. Él puede hacerlo todo. Y ninguno de Sus propósitos podrá ser jamás frustrado. Sé que no puedo ir en contra del hipopótamo o del cocodrilo, pero eso no importa. Yo sé que Dios puede. Mi parte, simplemente es, pararme firme y ver la salvación del Señor” (ver Job 42:1-2).

Todos los post futuro están siendo trasladados a: http://www.worldchallenge.org/es/view/devotions

martes, 9 de febrero de 2010

VICTORIOSO EN CADA BATALLA

Dios prometió que usted saldría victorioso de cada batalla, coronado de su fuerza. “Engrandécete, oh Jehová, en tu poder; cantaremos y alabaremos tu poderío” (Salmos 21:13).

¿Cómo es que el Señor nos “impide” con estas bendiciones de bondad y misericordia? El Espíritu Santo echa fuera (impide) todo temor de nosotros, temor de caer, de ser cortado de Dios, de perder la presencia del Espíritu Santo, implantando en nosotros Su gozo. Debemos avanzar, regocijándonos, como lo hacía David, porque Dios nos ha asegurado que prevaleceremos.

Sin embargo muy pocos son los cristianos que tienen este gozo y gran alegría. Multitudes nunca llegan a conocer el descanso del alma o la paz en la presencia de Cristo. Caminan como si estuvieran de luto, visualizándose a ellos mismo como si estuvieran bajo el pulgar de la ira de Dios, en lugar de bajo sus alas protectoras. Lo ven a Él como un duro capataz, siempre pronto para sacudir el látigo sobre sus espaldas. Y de esta forma viven, infelices, sin esperanza, más muertos que vivos.

Pero a los ojos de Dios, nuestro problema no es el pecado; el la confianza. Jesús solucionó nuestro problema de pecado una vez y para siempre en el Calvario. El no nos amenaza diciendo: “Esta vez, sí pasaste la línea”. No, ¡jamás! Su actitud hacia nosotros es justamente lo opuesto. Su Espíritu está constantemente atrayéndonos, haciéndonos recordar de la misericordia del Padre, aun en medio de nuestros fracasos.

Cuando nos enfocamos en nuestro pecado, perdemos completamente de vista lo que Dios quiere más que nada: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6). Este versículo lo dice todo. Nuestro Dios es galardonador, y Él está tan ansioso por inundarnos con su misericordia, que nos bendice mucho antes de lo previsto.

Este es el concepto que nuestro Padre Celestial anhela que tengamos de Él. Él sabe cuándo nos vamos a arrepentir de nuestros fracasos y pecados. Él sabe cuándo viene nuestra contrición. Pero no puede esperar hasta ese momento, así que, se apresura en decir: “Quiero garantizarle a mi hijo que no será juzgado, porque Yo ya lo perdoné a través de la sangre limpiadora de mi Hijo”.

lunes, 8 de febrero de 2010

¿POR QUÉ EL “VERDOR” ES TAN IMPORTANTE?

“Y se les mandó que no dañasen a la hierba de la tierra, ni a cosa verde alguna, ni a ningún árbol, sino solamente a los hombres que no tuviesen el sello de Dios en sus frentes” (Apocalipsis 9:4).

¿Por qué es tan importante el “verdor” para nuestra fe? Recuerden, se les mandó a las langostas que no tocaran nada verde. Dicho de manera simple, no pueden herir a nadie que esté caminando en la fe.

Así que, incluso cuando los ataques del enemigo son más feroces, aquéllos que ponen su confianza en Dios permanecerán de pie, como árboles verdes y sólidos.

Permítame preguntarle:

  • ¿Confía usted plenamente en el perdón de Dios? ¿Depende usted de Su Sangre para ser limpio de toda iniquidad? Si usted se siente condenado, y está constantemente luchando para agradar a Dios, entonces no está verde ni saludable. El mayor deseo de Dios es que usted acepte Su dádiva de perdón y descanse en ella.

  • Usted ha aceptado el perdón de Dios, pero, ¿confía en Su Amor incondicional para usted?

Nuestro Señor no nos elimina cada vez que fracasamos. Él no está constantemente mirándonos por encima del hombro, exigiéndonos compensar nuestro daño. Él simplemente nos pide que vengamos a Él, confesando: “Yo creo en tu Palabra, Señor. Perdóname, lávame, tómame en tus brazos”.

El deseo de Dios para nosotros es que vivamos todos nuestros días sin miedo. Por lo tanto, no nos atrevemos a permitir que Satanás nos acuse por un fracaso del pasado. Si nos hemos arrepentido de ello, entonces estamos cubiertos por la preciosa sangre limpiadora de Cristo.

Acá tenemos la promesa de Dios para todos aquéllos que ponen su confianza en Él: “Estos confían en carros, y aquéllos en caballos; mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria. Ellos flaquean y caen, mas nosotros nos levantamos, y estamos en pie” (Salmos 20:7-8).

domingo, 7 de febrero de 2010

MEJOR QUE PENTECOSTÉS

¡Juan el Bautista nunca llegó hasta Pentecostés! Él no vio las lenguas de fuego ni escuchó el estruendo del viento recio. Él no vio a Jerusalén sacudirse ni a las multitudes convertidas. ¡Pero Juan dijo que su gozo fue cumplido! Él había escuchado algo mejor que el viento recio – mejor que buenas noticias – mejor que la risa de una novia feliz. Él había escuchado la voz del Salvador.

“El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo está cumplido” (Juan 3:29).

Juan disfrutó del gozo más grande que cualquier seguidor de Jesús pudiera conocer. Él dijo, “Me quedé quieto y lo escuché hablarme. Su voz hizo saltar mi corazón. Él me habló personalmente. Yo escuché a mi Señor y ese es mi gozo. Sólo escuchar su voz.”

Juan podía decir, “Oh sí, yo lo amo. Yo he adorado postrado a sus pies, y le he dicho cuán indigno yo soy. Pero mi gozo no está en lo que le dije, ¡mi gozo está en que él me habló! Escuché su voz, y me regocijo tan solo en el sonido de esa voz.”

Algunas personas enseñan que el Señor ya no habla a los hombres, excepto a través de su Palabra revelada. Ellos no pueden creer que los hombres puedan ser dirigidos y bendecidos al escuchar esa voz apacible y delicada hoy en día.

Jesús dijo, “Mis ovejas conocen mi voz; ellas escuchan cuando las llamo…a otro no escucharán…” Hoy en día estamos temerosos de todos los abusos, temerosos de ser guiados hacia revelaciones contrarias a la Palabra de Dios. Pero, ningún abuso es culpa de Dios. Cada visión falsa, profecía falsa, dirección falsa es el resultado directo del propio orgullo del hombre y de su voluntad propia. Los hombres abusan cada don de Dios. No obstante, Dios todavía habla directamente a los corazones de aquellos dispuestos a escuchar.

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo…” (Hebreos 1:1).

“Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones” (Hebreos 3:7).

jueves, 4 de febrero de 2010

UNA LECCIÓN SOBRE ESCUCHAR

Dios tenía que enseñarle a Elías una lección sobre escuchar, así que lo llevó a la cima del monte Horeb y le dio un sermón ilustrado.

“Él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?” (1 Reyes 19:11-13).

Cuando ese viento comenzó a rugir, yo creo que Elías pensó, “Ya era hora, Señor. Que este viento remueva a Jezabel de su trono – que ella y sus amigos pecadores sean arrojados a los vientos. ¡Destrúyelos a todos!” ¡Pero Dios no estaba en el viento!

De repente, vino un gran terremoto y Elías dijo, “¡Eso los asustará en sobremanera! Dios se encargará. ¡Él los sacudirá hasta que no quede nada de ellos! Señor, tú estás vengando a tu siervo.” ¡Pero Dios no estaba en el terremoto!

Después del terremoto, ¡un fuego! ¡Los cielos radiaban con el fulgor de las llamas! Elías clamó, “Señor, ellos no aceptaron el fuego que cayó sobre el altar - ¡Quémalos ahora! ¡Quema al impío Acab! Frita a Jezabel. Que tu fuego consuma a los impíos. ¡Dios, yo sé que tú estás en este fuego!” ¡Pero Dios no estaba en el fuego!

“Y tras el fuego un silbido apacible y delicado” (verso 12).

¿Puede usted imaginarse esto? Un profeta que no temía a un huracán ni a un terremoto, ni al fuego del cielo, ahora está asustado por el susurro de una brisa apacible. “Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto” (verso 13).

¡Elías cubrió su cabeza con su abrigo! ¿Por qué? ¿No había hablado este profeta con Dios varias veces? ¿No era él un gran hombre de oración? ¿No lo había usado Dios grandemente? ¡Sí! ¡Pero para Elías esa voz apacible y delicada era desconocida!

Cuando Elías finalmente permitió que aquella voz hablase – al estar solo, callado, lejos de las muestras de poder – él recibió las direcciones más específicas de todo su ministerio.

“Vuélvete por tu camino; por el desierto de Damasco; ungirás a Hazael por rey de Siria; ungirás a Jehú por rey sobre Israel; y unge a Eliseo para que sea profeta en tu lugar…” (ver 1 Reyes 19:15-16).

¿Cuántos hijos de Dios están tan ocupados hoy día y nunca han conseguido que la voz venga a ellos? Ellos están ocupados testificando – haciendo el bien – orando por un despertar espiritual – ayunando – intensos – dedicados. Sin embargo, ellos han escuchado todo, menos la voz del Señor.

miércoles, 3 de febrero de 2010

DEBEMOS PERMITIRLE HABLARNOS

Elías ejercitó el poder de la oración. Él cerró y abrió los cielos, pidió que cayera fuego del cielo, y partió las aguas con su manto. Fue un hombre de acción impactando gobiernos enteros, y en el monte Carmelo se burló de los profetas de Baal, matándolos en las mismas narices del rey.

Este hombre poderoso entró al lugar del trono de Dios siete veces, orando fervientemente por lluvia. Siete veces Elías habló con Dios acerca de esta necesidad. Una pequeña nube apareció, y este profeta después de haber cerrado anteriormente los cielos durante tres años y medio causando una terrible sequía, ahora abrió los cielos y “una abundancia” de lluvia cayó.

Elías estaba exuberante con la victoria. Un gran despertar espiritual estaba por comenzar. El fuego de Dios había caído y los milagros habían sido presenciados por las multitudes. Había sido una muestra increíble del poder de Dios. Elías pensó, “Ahora, ¡aún Jezabel se arrepentirá! Ni siquiera ella puede desechar estos milagros y prodigios. Esta es la hora de Dios para esta nación.”

Qué golpe se llevó. Jezabel no estaba impresionada de ninguna manera con las señales y el poder, y le dijo a Elías, “Mañana, a esta misma hora, te mataré así mismo como tú mataste a mis sacerdotes.”

La siguiente vez que encontramos a este gran hombre de poder y de acción, está escondido en una cueva en el monte Horeb a trescientos kilómetros de distancia.

¡Qué espectáculo! Él se pasó cuarenta días y cuarenta noches “empollando” sobre cómo todo había salido mal. Él se tornó preocupado con los problemas, y sus ojos estaban sobre sí mismo en lugar de estar puestos en Dios. Así que Dio lo llamó, “Elías, ¿qué haces aquí escondido en esta cueva?”

Rezongando, Elías respondió, “Señor, la nación se está desintegrando. El gobierno está totalmente impío, inmoral. Las personas te han abandonado; ni siquiera creen en los milagros. La sociedad se ha enloquecido. El mensaje que les di, me lo han arrojado de vuelta en mi cara. El diablo está en control – él se ha apoderado de todos menos de mí. Yo soy el único que te sigue fiel, Señor. Me estoy escondiendo para que por lo menos quede un santo vivo.”

Elías, un profeta de oración, había estado tan ocupado con las cosas de Dios, tan ocupado demostrando el poder de Dios, tan ocupado salvando el reino de Dios, que se había tornado en un siervo que sólo hablaba. Él había estado hablando con Dios a menudo, pero no había estado escuchando mucho. Si él hubiese estado escuchando, hubiera escuchado a Dios decirle que había 7,000 santos que no se habían apartado.

martes, 2 de febrero de 2010

UNA MIRADA FUGAZ AL CORAZÓN DE JESÚS

“¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: ‘Pasa, siéntate a la mesa’? ¿No le dice más bien: ‘Prepárame la cena, cíñete y sírveme hasta que haya comido y bebido. Después de esto, come y bebe tú’?” (Lucas 17:7-8).

No tenemos ningún problema en identificarnos con el sirviente en su deber hacia su amo. Ningún problema en ponernos nuestro delantal y servir al Señor una mesa llena de alabanzas – un buen banquete de adoración. ¡Amamos alimentar a nuestro Señor! Es nuestro mayor gozo, nuestra realización suprema – ministrar al Señor.

Pero tenemos dificultad con la última parte – la parte del Señor. “Después de esto, come y bebe tú”. Eso es demasiado para nuestro entendimiento. No sabemos cómo sentarnos después de haberlo servido – ¡para permitirle el mismo gozo a él que nosotros experimentamos al servirle! Le robamos a nuestro Señor el gozo de ministrarnos.

Creemos que nuestro Señor recibe suficiente placer de lo que hacemos por él, pero hay mucho más. Él responde a nuestra fe y se regocija cuando nos arrepentimos. Él le habla al Padre de nosotros y se deleita en nuestra confianza como de niños. Pero yo estoy convencido de que su necesidad más grande es tener una comunicación uno-a-uno con aquellos que dejó aquí en la tierra. Ningún ángel en el cielo puede suplir esa necesidad. Jesús quiere hablar con aquellos que se encuentran en el campo de batalla.

¿De dónde tengo yo la noción de que Cristo se siente solo y tiene una necesidad desesperante de hablar? Está todo allí en el pasaje donde Cristo se les aparece a los dos discípulos en el camino a Emaús. Jesús recién había resucitado y ese mismo día dos de sus discípulos estaban caminando de Jerusalén a Emaús. Ellos estaban tristes porque su Señor se había ido, pero cuando él se les acercó, no lo reconocieron. Él quería hablarles; tenía mucho que decirles.

“Y sucedió que, mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó y caminaba con ellos…Y comenzando desde Moisés y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían” (Lucas 24:15, 27).

No podía haber ninguna experiencia mejor para esos discípulos y se decían el uno al otro, “¿No ardía nuestro corazón en nosotros mientras nos hablaba?” Pensamos en el gozo de los discípulos, pero ¿qué hay del gozo de Jesús? Yo puedo ver a un Señor resucitado, con lágrimas cayendo sobre sus mejillas glorificadas, y con el corazón lleno de gozo. Él estaba satisfecho, su necesidad había sido suplida, y lo veo gozoso en sobremanera. Él había ministrado, y en su forma glorificada él había podido experimentar por primera vez una comunión mutua. Él había derramado su corazón, pero su corazón ya no se sentía solo y su necesidad había sido suplida.

lunes, 1 de febrero de 2010

CÓMO VENCER SOBRE LA TENTACIÓN

El poder para aguantar y no ceder a la tentación, no viene de llenar nuestras mentes con versos de las Escrituras, o de hacer promesas y votos, o de pasar horas en oración y ayuno, ni aún de entregarnos a alguna gran causa espiritual. Estas cosas son todas loables y normales para el crecimiento Cristiano, pero no es ahí donde se encuentra nuestra victoria.

El simple secreto para aguantar cualquier tentación es ¡romper el miedo que tenemos al poder de Satanás! El temor es el único poder que Satanás tiene sobre el hombre. Dios no nos da el espíritu de temor. ¡Eso es sólo de Satanás! Pero el hombre le tiene miedo al diablo. Está atemorizado de los demonios. Tiene miedo a fallar. Miedo a que sus apetitos y hábitos no puedan ser alterados. Miedo a sus deseos íntimos, a que estos estallarán y controlarán su vida. Miedo a que él sea uno entre mil que es diferente a los demás, lleno de lujuria, y sin compostura.

El hombre tiene miedo a no poder dejar su pecado. Él acredita a Satanás con poder que éste no tiene. El hombre clama, “¡Estoy atrapado y no puedo parar! Estoy hechizado y en poder del diablo. ¡El diablo me hace hacerlo!”

El miedo tiene tormento. Mientras usted esté con miedo del diablo, usted nunca podrá romper el poder de ninguna tentación. El temor le da alas a Satanás, y los Cristianos que tienen miedo del diablo tienen poco o nada de poder para resistir.

¡Todo está basado en una mentira! La mentira es que Satanás tiene poder para derribar a los Cristianos que están bajo presión. ¡No es así! Jesús vino a destruir todo el poder del diablo sobre los hijos de Dios que han sido lavados en la sangre. Yo me he preguntado varias veces por qué Dios permite que las personas espirituales sean tentadas. ¿Por qué Dios no remueve todas las tentaciones en lugar de dar con la prueba “la salida para que podáis soportarla” (1 Corintios 10:13)? La respuesta es simple. Una vez que usted se da cuenta de que Satanás está sin poder – una vez que usted se da cuenta de que él no puede hacerle hacer ninguna cosa – una vez que usted se da cuenta que Dios tiene todo el poder para mantenerlo sin caída – de ahí en adelante usted puede “aguantar” cualquier cosa que Satanás lance contra usted. ¡Usted podrá atravesar eso sin temor a fallar!

No somos librados de la tentación, pero sí del miedo al diablo que nos hace ceder a ella. Seguiremos siendo tentados hasta que lleguemos al lugar de “descanso” en nuestra fe. Ese descanso es la confianza inamovible de que Dios ha derrotado a Satanás, de que Satanás no tiene en nosotros derecho ni reclamo, y que nosotros emergeremos como oro probado en el fuego.