jueves, 11 de febrero de 2010

NUESTRO ENFOQUE

A medida que los cristianos en los días de Pablo, veían venir la destrucción de Jerusalén, querían conocer más acerca de los eventos proféticos. Estaban temerosos por los rumores sobre ejércitos invasores, que capturaban multitudes para llevarlas a la esclavitud. Esto producía, en estos creyentes, una sensación de que los tiempos peligrosos estaban muy cerca. Así que le pidieron a Pablo que les contase más acerca de lo que vendría: “Escríbenos acerca de cómo leer los tiempos”.

Pablo respondió con estas palabras de seguridad: “Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba. Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche” (1 Tesalonicenses 5:1-2).

Pablo les describió lo que acontecería cuando Cristo volviera: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras” (1 Tesalonicenses 4:16-18).

La exhortación de Pablo a ellos, debía alentarlos. Estaba, en esencia, diciendo: “No hay necesidad de que ustedes se preocupen por las cosas que vendrán a la Tierra. No deben estar excesivamente interesados por todas las calamidades y atemorizantes señales. Ustedes saben muy bien de qué se trata. Todo apunta a la venida del Señor Jesús, quien viene a llevarse a su pueblo”.

La verdad es que la historia se dirige a un lugar. Podemos estar seguros de que el intenso flujo de eventos presentes nos está llevando al propósito eterno de Dios. El mundo no está a la deriva; el Señor no ha abandonado a la Tierra, no importa cuán débil e incrédula se haya tornado la humanidad. Por el contrario, Dios simplemente ha mantenido el paso. Y lo que hoy vemos no es otra cosa que un rápido movimiento de eventos hacia “el evento divino” por venir: la creación de un cielo nuevo y una tierra nueva, donde Cristo reinará supremamente por toda la eternidad”.

Como seguidores de Cristo, nuestro enfoque no debe estar en los reportes noticiosos de los diarios. No debemos morar en las guerras y rumores de guerra, ni en la posibilidad de un accidente nuclear, tampoco en las otras cosas que vendrán sobre la Tierra. Cuando Jesús dijo: “En aquel día, levantad vuestra cabeza” (ver Lucas 21:28), Él estaba hablando acerca de dónde debe estar nuestro enfoque.