miércoles, 24 de febrero de 2010

LIMITANDO AL SANTO DE ISRAEL

“Provocaban al Santo de Israel” (Salmos 78:41). El verbo “provocar” aquí, viene de dos raíces, que significan: “entristecer a Dios, trazando un dibujo”. En resumen, provocar a Dios significa dibujar una línea, o hacer un círculo, una declaración: “Dios está acá adentro, y no puede ir más allá”. Esto describe la manera de pensar de muchos creyentes. Hemos trazado en nuestras mentes un dibujo muy pequeño, o un concepto, sobre la grandeza de Cristo.

Eso es justamente lo que hizo la iglesia en Jerusalén. Limitaron a Cristo a un pequeño círculo, confinándolo a la población judía. Pero Jesús no puede ser confinado. Él está constantemente rompiendo los límites de nuestros pequeños y limitantes círculos y siempre se extiende hasta el extremo.

Déjeme darle un ejemplo. Hace casi 40 años, los pentecostales creían tener el bautismo del Espíritu Santo confinado a su movimiento. Muchos pentecostales pensaron: “¡Somos la iglesia de Dios llena del Espíritu Santo!” Los predicadores pentecostales lamentaban la muerte de las principales denominaciones. “Ellos no tienen el evangelio completo, como nosotros”, declaraban.

De pronto, el Espíritu de Dios estalló más allá de los círculos que todos habían dibujado. El Espíritu Santo cayó sobre creyentes en todas las denominaciones. Un libro clásico fue escrito, sobre este mover del Espíritu, llamado Hablaron En Otras Lenguas por John L. Sherrill.

El Señor también usó mi libro, La Cruz y el Puñal, especialmente en los círculos católicos. Sin embargo, como Pedro y la iglesia primitiva, tuve que permitir a Dios obrar en mi corazón antes de poder aceptar lo que estaba sucediendo. Yo había sido criado como pentecostal, y por primera vez en mi vida, veía sacerdotes llorando con convicción de pecado, clamando a Jesús.

Pronto se presentaron predicadores evangélicos para contender conmigo, exigiéndome: “¿Qué acerca de la doctrina de María de esos católicos? ¿Cómo puedes ministrar a gente que cree en eso?” Me encontraba respondiendo igual que Pedro: “No sé nada de la doctrina de María. Todo lo que sé es que hay gente que tiene hambre en la Iglesia Católica. Y hay verdaderos adoradores de Jesús entre los sacerdotes. Dios está llenando a esta gente con su Espíritu”.

Dios tiene a su pueblo en todo lugar, y no debemos llamar a ninguno de ellos común o inmundo. Debemos tener cuidado de no representar a Jesús como si fuera pequeño y de no encajonarlo con nuestro endeble pensamiento.