lunes, 30 de noviembre de 2015

LO QUE SIGNIFICA PERMANECER EN CRISTO by Gary Wilkerson

La gracia de Dios no sólo nos salva, sino que también nos enseña.

“Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres” (Tito 2:11). ¡Qué gran noticia! Pablo exalta la gracia gloriosa de Dios, que nos salva. Fin de la historia, ¿Cierto? No, ese no es el final de la historia. Pablo añade rápidamente que esta misma gracia “[nos enseña a renunciar] a la impiedad” (2:12).

Pablo describe aquí lo que significa permanecer en Cristo. Se trata de "[renunciar] a la impiedad y a los deseos mundanos, [vivir] en este siglo sobria, justa y piadosamente (2:12). En otras palabras, la gracia de Dios provee no sólo la vida eterna, sino también vida abundante ahora, hoy. El rol que jugamos al permanecer en Cristo conduce a una vida bendecida, piadosa y pacífica.

Pero Pablo no se detiene allí. Instruye a Tito con valentía: “Esto habla, y exhorta y reprende con toda autoridad” (2:15). Recuerda, el tema de Pablo en este pasaje es la gracia. Él está afirmando, en esencia: “Cuando la gracia es predicada pero no te enseña a renunciar a la impiedad, algo falta”. Si queremos servir a Jesús, no podemos evitar la corrección, sea que esta venga de la Palabra de Dios o de nuestros estimados amigos. Sin embargo, también se nos ha prometido esto acerca de la poda correctiva de Dios: “después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados” (Hebreos 12:11).

Su poda es poderosa, tanto en su dolor como en su glorioso fruto. ¿Te falta paz? ¿Te has alejado de la vid, tu fuente de vida, para sacarla de otras fuentes? Pídele a Dios que lleve Su cuchillo de podar a tu corazón. El puede cortar, limpiar y quitar cosas que no corresponden y cuando Él termina, el glorioso árbol en tu jardín puede parecer que no es más que un tronco. Pero lo que crece a partir de ese tronco es el fruto que nunca podrías haber imaginado, y es algo que no podrías haber producido por tu cuenta. 


¿Por qué un cuchillo en esta enseñanza de Jesús al partir? Él explica: “Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido” (Juan 15:11). “Cumplido” aquí indica absoluto, completo, potente. Qué palabras de despedida tan buenas, verdaderas y hermosas les dio a Sus discípulos, y ellas son el maná para nosotros hoy. El corte y la poda de Dios terminan por producir gozo, todo proviene de la mano del jardinero experto que nos ama.

sábado, 28 de noviembre de 2015

ABRAHAM Y EL HAMBRE ESPIRITUAL by Claude Houde

El hambre empeoraba y Abraham comenzó a alejarse de su altar. Échale un buen vistazo, porque Abraham nos representa a ti y a mí en uno u otro momento de nuestro caminar cristiano. Tú dices: “Tengo algo perdido: mi pasión por la oración, mi paz, mi adoración, mi gozo, mi celo por Su casa, mi bondad, mi generosidad, mi capacidad de ser movido por las necesidades de la gente que me rodea o la que está lejos”. Abraham había perdido su altar porque había una hambruna.

¿Qué es una hambruna? Es una serie de experiencias difíciles, un sufrimiento tras otro. Es cuando atravesamos por temporadas que traen una serie de decepciones, y con valentía tratamos de seguir adelante como si estuviéramos bien. Abraham había perdido su objetivo, su visión. Escúchenlo mientras reflexionaba sobre la siguiente idea: “para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti” (Ver Génesis 12:10-13). Él fue llamado a ser una bendición para otros, pero había perdido su mismísimo propósito.

Abraham estaba muriendo lentamente en las garras de una hambruna espiritual. Estaba perdiendo no sólo su fervor y propósito, sino también su favor y su fe. El hombre que había sido llamado a ser una fuente de bendición comenzó a abandonar trágicamente lo que le había hecho grande: la mismísima fe que le había traído el favor de Dios sobre él y a través de él para tocar y bendecir a otros.

“Mas Jehová hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas, por causa de Sarai mujer de Abram. Entonces Faraón llamó a Abram, y le dijo: ¿Qué es esto que has hecho conmigo?” (Génesis 12:17-18). Abraham ya no era una fuente de alegría y respeto; de hecho, se había convertido en alguien que trajo vergüenza y dolor. Había perdido por completo su fe y confianza en Dios.

Acércate, échale un vistazo. Él estaba atormentado, asustado, y su herencia espiritual estaba en peligro. Mientras nos arrodillamos junto a él, nos damos cuenta de por qué fue considerado como el padre de la fe. Él no fue un modelo porque era impecable y sin pecado, o porque su vida fue una sucesión ininterrumpida de proezas, sabiduría e inmaculada perfección. La Biblia no trata a su pecado a la ligera ni lo justifica de ninguna manera. Sin embargo, él tiene un mensaje para todos nosotros, simplemente porque él sabía cómo reconstruir su altar y encontrar a Dios de nuevo. “Abraham volvió al lugar donde antes había construido un altar e invocó el nombre del Señor” (Ver Génesis 13:3-4).

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Claude Houde es el pastor principal de la Iglesia de la Nueva Vida (Eglise Nouvelle Vie) en Montreal, Canadá; y es un orador frecuente en conferencias para pastores y líderes dirigidas por World Challenge en todo el mundo. Bajo su liderazgo la Iglesia de la Nueva Vida se ha incrementado de ser un puñado de personas, a más de 3500 miembros, en una parte de Canadá donde pocas iglesias protestantes han alcanzado éxito.

viernes, 27 de noviembre de 2015

UNA NUBE DE CONFUSIÓN

Me pregunto cuántos cristianos que están leyendo este mensaje ahora mismo, están en una nube de confusión. ¿Esto te describe? Quizás tus oraciones no son contestadas. Estás deprimido constantemente. Enfrentas cosas en tu vida que no puedes explicar. Estás desilusionado con tus circunstancias y con la gente. Y continuamente dudas de ti mismo, estás plagado de preguntas y constantemente examinas tu corazón para ver dónde fallaste. Sientes melancolía, desesperación, indecisión y no puedes sacudirte de ello.

Puede que seas un creyente maduro. Por años te has sentado bajo una predicación del evangelio puro, pero ahora dudas de ti mismo y te sientes inadecuado. No sientes el gozo del Señor como alguna vez lo sentiste. Así que ahora te preguntas si el Señor tiene una controversia contigo.

Déjame preguntarte: ¿Confías en Sus promesas? ¿Abrazas Su preciosa Palabra? ¿Vas a la ofensiva contra Satanás con la Palabra que te predicaron? O, ¿ignoras las fidelidades pasadas del Señor hacia ti? ¿No confías que Él está contigo y en control de todo lo que tiene que ver con tu vida? Si es así, entonces has dado la entrada a las tinieblas.

Jesús describe a la persona que vive en tinieblas, diciendo: “El que anda en tinieblas, no sabe a dónde va” (Juan 12:35). En otras palabras: “Tal persona ha perdido su camino. Sus pasos están confundidos, está indeciso y camina ciego”.

Yo sé cómo es entrar en tal nube de tinieblas. Las cosas se ponen confusas. No puedes escuchar una palabra clara de Dios. Quieres respuestas rápidas, clamando a Dios: “Oh, Señor, no estoy viéndote ni oyéndote como antes”. Terminas pidiéndole que sea más compasivo, que tenga piedad por tu condición. 


Pero la verdad es que el Señor no tiene piedad hacia la incredulidad rotunda. Él se entristece por ella. Él espera que caminemos en la luz que hemos recibido. Debemos confiar en Su Palabra y echar mano de Sus promesas. Cuando volvamos a nuestro conocimiento de Su Palabra y a la convicción del Espíritu Santo, saldremos de dichas tinieblas, ¡pero sólo entonces!

jueves, 26 de noviembre de 2015

ANDANDO EN LA LUZ

“Andad entre tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas” (Juan 12:35). Las tinieblas aquí significa “ceguera espiritual, confusión, perdida de claridad, oscuridad”. Al principio, me preguntaba: “¿Tinieblas sobre los que aman a Jesús? ¿Cómo podrían llegar tales tinieblas al pueblo de Dios?”.

Realmente, admito que yo, personalmente, he sido inundado con la luz de Jesús. En mis más de cincuenta años de ministerio, he sido testigo del poder del Señor para levantar a los muertos espirituales. He visto a muchos salir de sus tumbas de drogadicción y alcoholismo. Mi libro La Cruz y el Puñal sólo trataba sobre el poder milagroso de Dios. Tengo una vida de ver muertos andantes vivificados a través de Su poder de resurrección.

He visto muchos otros rayos de luz, desde los nombres dadores de vida de Dios, las promesas de Su Nuevo Pacto, hasta el cumplimiento de Sus profecías. En cierto sentido, he sido testigo de todo lo que Juan 12 describe y mucho más. Ciertamente, Dios ha revelado a Su pueblo hoy, lo que los ojos de aquellos judíos no pudieron ver. Nosotros no sólo conocemos por las Escrituras sino por experiencia que Dios ha preparado grandes cosas para aquellos que Le aman. Nos fue dado el Nuevo Testamento para instruirnos en esto y nos fue dado el Espíritu Santo para enseñarnos. De la misma manera, tenemos “mejores promesas”, para que podamos ser participantes de Su naturaleza divina.

También hemos recibido maestros, pastores, evangelistas y profetas ungidos que inundan nuestros corazones y mentes con la luz. Nos sumergen en la verdad, nos llenan de gloriosas promesas y nos recuerdan la fidelidad de Dios para libertarnos una y otra vez. Te pregunto, con todas estas bendiciones maravillosas, ¿cómo es posible que haya nubes de oscuridad sobre nosotros?

Usualmente, cuando pensamos en oscuridad espiritual, pensamos en ateos. O pensamos en pecadores hastiados y saturados de pecado, caminando a tientas en tristeza y vacío. Pero esa no es la clase de tinieblas que Jesús describe aquí en Juan 12. No, estas tinieblas son una nube de confusión, un espíritu de ceguera, indecisión, un abatimiento de espíritu y mente; y viene sobre los creyentes. 


Cuando llegan esos tiempos, cuando somos asediados por la tentación o la desesperación, debemos decir con confianza: “Tú has librado a Tus siervos sobrenaturalmente a lo largo de la historia. Hazlo otra vez y que Tu fuerza se perfeccione en mi debilidad”.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

MARAVILLADOS POR SU AMOR

Debemos tomar en serio esta palabra de la parábola de Cristo: “Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné… ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?” (Mateo 18:32-33).

La pregunta para cada cristiano es esta: “¿Perdono a mis hermanos? ¿Soporto sus diferencias?” Si me niego a amarlos y a perdonarlos, como yo he sido perdonado, Jesús me llamará ‘siervo malvado’”.

No mal entiendas: Esto no significa que nosotros comprometamos a nuestros principios. Pablo predicó la gracia valientemente, pero instruyó a Timoteo: “Redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” (2 Timoteo 4:2). Tenemos que ser guardianes valientes de la doctrina pura.

Pero nosotros no debemos usar la doctrina para levantar muros entre nosotros. Ese fue el pecado de los fariseos. La ley les decía: “Santificarás el sábado”. Pero el mandamiento en sí mismo no era suficiente para su carne. Ellos añadieron sus salvaguardas, múltiples reglas y regulaciones que permitían el mínimo movimiento físico posible durante el sábado. La ley también decía: “No tomarás el nombre de Dios en vano”. Pero los fariseos levantaron aún más muros, al decir: “No pronunciaremos el nombre de Dios. De esa forma, no podremos tomarlo en vano”.

¿Cuál fue la respuesta del rey a la ingratitud de su siervo en la parábola de Jesús? La escritura dice: “Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que debía” (Mateo 18:34). En griego, esto se traduce así: “Llevándolo hasta el fondo para ser atormentado”. No puedo dejar de pensar que Jesús está hablando aquí del infierno.

Por lo tanto, ¿qué nos dice esta parábola? ¿Cómo resume Cristo Su mensaje a Sus discípulos, Sus compañeros más cercanos? “Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas” (Mateo 18:35).

Mientras leo esta parábola, tiemblo. Me hace querer caer sobre mi rostro y pedirle a Jesús un bautismo de amor hacia mis consiervos. Esta es mi oración y te insto a hacerla tuya también: 


“Dios, perdóname. Yo soy tan fácilmente provocado por otros y a menudo respondo en ira. Aun así, no sé dónde estaría mi propia vida sin Tu gracia y paciencia. Estoy maravillado por Tu amor. Por favor, ayúdame a entender y a aceptar completamente Tu amor por mí. Entonces podré ser paciente con mis hermanos, en Tu Espíritu de amor y misericordia”.

martes, 24 de noviembre de 2015

EL MARAVILLOSO AMOR DE DIOS

¿Qué hay detrás del juicio contencioso? ¿Por qué los siervos de Dios, a quienes se les ha perdonado tanto personalmente, maltratan a sus hermanos y rehúsan tener comunión con ellos? Podemos seguirle la huella hasta el pecado más doloroso posible: El menosprecio de la bondad de Dios.

Llegué a esta conclusión sólo después de haber examinado mi propio corazón por la respuesta. Recordé mi propia lucha por aceptar la misericordia y la bondad de Dios hacia mí. Por años, Yo había vivido y predicado bajo una atadura legalista. Traté con todas mis fuerzas de cumplir con los estándares que pensaba que me llevarían a la santidad. Pero estas eran mayormente sólo una lista de “haz esto” y “no hagas lo otro.”

La verdad es que estaba más cómodo acompañado de estruendosos profetas que al estar en la cruz, donde mi necesidad estaba expuesta al desnudo. Yo predicaba paz, pero nunca la experimenté completamente. ¿Por qué? Porque Yo estaba inseguro del amor del Señor y de su paciencia por mis fallas. Yo me veía tan débil y tan malvado que era indigno del amor de Dios. Engrandecía mis pecados por encima de Su gracia.

Debido a que Yo no sentía el amor de Dios por mí, juzgaba a todos los demás. Veía a otros en la misma forma en que me percibía a mí mismo: como negociadores. Esto afectó mi predicación. Yo gritaba contra la maldad en otros mientras la sentía levantarse en mi propio corazón. Como el siervo ingrato, no había creído en la bondad de Dios hacia mí. Y porque yo no me apropiaba de Su amor y tolerancia por mí, yo no la tenía para otros.

Finalmente, la interrogante real empezó a aclararse para mí. Ya no era: “¿Por qué tantos cristianos son duros y rencorosos?” Ahora yo preguntaba: “¿Cómo puedo yo cumplir los mandamientos de Cristo de amar a otros como Él me amó a mí, cuando yo no estoy convencido de que Él me ama a mí?”.

Pablo amonesta: “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:31-32).

lunes, 23 de noviembre de 2015

VOLVIÉNDONOS MÁS FRUCTIFEROS by Gary Wilkerson

Jesús dijo: "Todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto" (Juan 15:2).

¿Los cristianos que llevan fruto son limpiados? Eso no es lo que la mayoría de nosotros espera de una vida de servicio a Dios. En lo profundo de nuestro ser esperamos una recompensa. Después de todo, ¿no es justo?

Lo que Jesús dice acá va en contra de la intuición y de la cultura. Cuando yo era niño, era difícil recibir un cumplido por algún logro. Hoy, si un niño o niña simplemente participa en un deporte de equipo, él o ella recibirá un trofeo. No pienses que soy un viejo amargado que cree que nunca le hicieron un cumplido. Y Yo estoy totalmente a favor del sorprendente apoyo que muchos padres dan a sus hijos hoy. Pero nuestra sociedad está comenzando a descubrir el efecto negativo de mimar a nuestros hijos. Les enseña a aborrecer el ser corregidos y cuando se les celebra por todo lo que hacen, creen que todo lo que hacen está bien.

Esto describe a gran parte de la iglesia actual. Como cristianos, disfrutamos del amor incondicional, pero aborrecemos ser corregidos. En Su analogía de la vid, Jesús dice que nuestro Padre quiere que conozcamos un amor más profundo que el de un padre o madre que mima. Nuestro amoroso Dios dice: "Sí, estás llevando un buen fruto y eso Me agrada. Sin embargo, quiero que aumente tu gozo de la vida eterna. Y lo lograré al limpiarte más".

"Lo limpiará para que lleve más fruto". La mayoría de nosotros no entiende este concepto. Mi esposa y Yo lo aprendimos de la manera difícil el año pasado, cuando un jardinero podó nuestras plantas. Volvimos de un viaje para ver que todo lo verde de nuestro jardín se había reducido a muñones. Nuestro hermoso jardín parecía un cuadro estéril de un planeta solitario. ¡Casi despedimos al jardinero!

Pero cuando llegó la primavera, todas las plantas florecieron el doble. Cada una de ellas se disparó con rapidez y plenitud, y lo que alguna vez estaba desolado, ahora estaba limpio y hermoso, con fruto floreciente. La obra limpiadora de Dios en nuestras vidas es así. No es fácil para nosotros, de hecho es doloroso. Y no es bonito, pero produce un fruto glorioso que de otra forma no habría salido.

sábado, 21 de noviembre de 2015

ENCONTRANDO TU FUEGO by NIcky Cruz

Estudios recientes han pronosticado que para el año 2020 el Islam será la religión principal en Noruega y los países escandinavos. Si eso es correcto, podemos esperar a verla como la religión del estado en Noruega en los próximos años. Eso es lo que ha ocurrido en todos los países donde los musulmanes han desarrollado un posicionamiento.

Me entristece ver cuán poco impacto han hecho los cristianos en Europa. No hemos tenido ningún poder para alcanzar de manera efectiva a los perdidos, no sólo en los países europeos, sino también en los Estados Unidos. Oramos a Dios para que expanda nuestro territorio, para ayudar al cuerpo de Cristo a crecer y florecer, sin embargo pocas denominaciones están viendo esto suceder. La mayoría ha ido disminuyendo, y algunas están muriendo por completo.

¿Qué se necesita para que Dios finalmente nos agarre y produzca la transformación que necesitamos, la transformación por la que oramos? ¿Cuándo vamos finalmente a levantarnos y hacer un impacto importante en el posicionamiento de Satanás en el mundo?

La respuesta es tan simple que se siente extraño tener que decirla: ¡Debemos confiar en Dios para grandes milagros! Debemos levantarnos juntos con corazones contritos y una fe audaz, pidiéndole a Dios que nos haga poderosos guerreros para el reino. Al igual que los jóvenes que trabajan con nosotros -nuestros doce discípulos- debemos abrir nuestros corazones y nuestras vidas a Dios y permitirle inculcar Su pasión por las almas dentro de nosotros, para desarrollar en nuestros corazones una obsesión por las almas. ¡Para quebrantarnos, usarnos y darnos poder para servir!

Cuando miras nuestra pequeña banda de jóvenes, estos doce improbables héroes, estos niños magullados y maltratados que poseen poco más que unos cuantos conjuntos de ropa y un fuego intenso de pasión en sus corazones, y ves cómo Dios los está usando poderosamente en el frente de batalla, empiezas a obtener sólo un pequeño vistazo de lo que Dios puede hacer con incluso la pizca más pequeña de fe. Tú ves qué fue lo que hizo que la iglesia primitiva explotara en números, atrayendo a miles a la fe a causa de tan sólo un puñado de discípulos. Entiendes qué fue lo que atrajo a la gente al mensaje – el mensaje de Jesús. Y ves lo mucho que Dios puede lograr con tan poco.

“Sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte” (1 Corintios 1:27).

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Nicky Cruz, evangelista internacionalmente conocido y prolífico autor, se volvió a Jesucristo de una vida de violencia y crimen después de encontrarse con David Wilkerson en la ciudad de Nueva York en 1958 La historia de su dramática conversión fue contada por primera vez en el libro “La Cruz y el Puñal” escrito por David Wilkerson y más tarde en su propio best seller “Corre, Nicky, Corre”.

viernes, 20 de noviembre de 2015

LA BONDAD DE DIOS

¿No ves que desprecias las riquezas de la bondad de Dios, de su tolerancia y de su paciencia, al no reconocer que su bondad quiere llevarte al arrepentimiento?” (Romanos 2:4, NVI)

¿Qué quiere decir Pablo cuando dice que esta persona desprecia las riquezas de la bondad de Cristo? La palabra para despreciado aquí significa: “El no pensaría que esto fuera posible”. En otras palabras, este creyente dijo: “Tal gracia y misericordia no es posible, no puedo comprenderla”. Esto no penetró en su teología, así que, en lugar de aceptarlo, se propuso estar en contra de ello.

¿Por qué el siervo ingrato de Mateo 18:23-35 no pudo aceptar la gracia del rey? Hay una razón: no tomó seriamente la enormidad de su pecado. Sin embargo, el rey ya le había dicho: “Eres libre. No hay más culpa, no hay más derechos sobre ti, ni libertad condicional, ni se te requiere que hagas obras. Todo lo que necesitas hacer ahora es centrarte en la bondad y paciencia que Yo te he mostrado.”

Trágicamente, una persona que no acepta el amor no es capaz de amar a nadie más. En lugar de ello, se vuelve crítico de otros. Eso es lo que le había ocurrido a este siervo. Él perdió por completo el sentido de la misericordia que mostró el rey hacia él. Verás, la paciencia y el perdón inmerecido de Dios están destinados para una cosa: llevarnos al arrepentimiento. Pablo declara: “¿No ves que la bondad de Dios quiere llevarte al arrepentimiento?”

Está claro a partir de la parábola que esta es la razón por la que el amo perdonó a su siervo. Él buscaba que este hombre de confianza se volviera de las obras de la carne para descansar en la increíble bondad del rey. Tal descanso le liberaría para amar y perdonar a otros en devolución por el favor recibido. Pero en lugar de arrepentirse, el siervo salió de allí dudando de la bondad de su amo. Él determinó tener un plan de contingencia. Y, despreciando la gracia del rey, se volvió un crítico de los demás.

¿Puedes imaginar la mente torturada de tal persona? Este hombre dejó un lugar sagrado de perdón, donde experimentó la bondad y gracia de su amo. Pero en lugar de regocijarse, despreció el significado de tal libertad absoluta. Te digo que cualquier creyente que crea que la misericordia de Dios es imposible se abre a sí mismo a cada mentira de Satanás. Su alma no tiene descanso. Su mente está en una constante agitación. Y él está continuamente temeroso de ser juzgado.

Me pregunto cuántos cristianos hoy viven esta existencia torturada. ¿Es esa la razón por las que existen tantas disputas, tantas divisiones en el cuerpo de Cristo? ¿Es esta la razón por la que hay tantos ministros que están en desacuerdo, la razón por la que muchas denominaciones rehúsan a tener comunión con las demás?

jueves, 19 de noviembre de 2015

LA RESPONSABILIDAD DE LA GRACIA

En la parábola de Mateo 18:23-35 ¿El rey pasó por alto el pecado de su siervo? ¿Miró de reojo su deuda y simplemente la justificó? No, de ninguna manera. El hecho es, que perdonándole a él, el rey colocaba sobre este hombre una pesada responsabilidad, una responsabilidad mucho más grande que la responsabilidad de su deuda. De hecho, este siervo debía ahora a su amo más que nunca. ¿Cómo? Él era responsable de perdonar y amar a otros, tal como el rey había hecho por él.

Qué increíble responsabilidad es ésta. Y ésta no puede estar separada de las otras enseñanzas del reino de Cristo. Después de todo, Jesús dijo, “Mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mateo 6:15). Su punto es claro: “Si tú no perdonas a otros, yo no podré perdonarte a ti.” Esta palabra no es opcional, es un mandato. Jesús está diciéndonos, en esencia, “Yo fui paciente contigo. Me ocupé de ti con amor y gracia; y te perdoné solamente por mi bondad y gracia. Del mismo modo, tú tienes que ser amoroso y misericordioso hacia tus hermanos y hermanas. Tú estás para perdonarles gratuitamente, tal como yo te perdoné a ti. Tú has de ir a tu casa, tu iglesia, tu trabajo, y por las calles, para mostrar a todos la gracia y amor que te he mostrado a ti.

Pablo se refiere al mandamiento de Jesús, diciendo “De la manera en que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (Colosenses 3:13). Él entonces expone sobre cómo nosotros debemos buscar ser obedientes a este mandato: “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre de paciencia, soportándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro… Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto (Colosenses 3: 12-14).

¿Qué significa ser paciente? La palabra griega significa “soportar, tolerar.” Esto sugiere aguantar cosas que no nos gustan. Nosotros estamos siendo enseñados a tolerar las fallas de otros, a pasar por alto los comportamientos que no entendemos.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

ACEPTANDO SU MISERICORDIA

Jesús nos dio la parábola de Mateo 18:23-35 para mostrarnos un ejemplo de un siervo de confianza, talentoso, quién es repentinamente descubierto como el cabecilla de todos los deudores. He aquí alguien que no es merecedor, lleno de motivos errados, del todo indigno de compasión. Sin embargo, su amo le perdona gratuitamente – tal como Jesús lo hizo por ti y por mí.

Déjenme decirles una palabra breve aquí sobre el arrepentimiento. Este concepto es a veces definido como “dar un giro”. Habla de un cambio radical, un giro de 180 grados de nuestros previos caminos. También, se dice que el arrepentimiento va acompañado de una angustia santa.

Sin embargo, una vez más, el Nuevo Pacto toma un concepto del Antiguo Testamento y va más allá. El arrepentimiento es mucho más que simplemente alejarse de los pecados de la carne, más que angustiarse por el pasado y estar triste por haber afligido al Señor. De acuerdo con la parábola de Jesús, el arrepentimiento es acerca de alejamiento de la enfermedad en nuestra mente que nos hace creer que de alguna manera podemos compensarlo por nuestros pecados.

Esta enfermedad aflige a millones de creyentes. Cada vez que tales cristianos caen en pecado, piensan: “Yo puedo arreglar las cosas con el Señor. Le traeré lágrimas sinceras, oraciones más fervientes, más lectura de la Biblia. Estoy decidido a compensarlo”. Pero eso es imposible. Esta clase de pensamiento lleva a un solo lugar: pérdida total de la esperanza. Tales personas están luchando incesantemente y siempre están cayendo, y terminan conformándose con una paz falsa. Persiguen una falsa santidad fabricada por ellos mismos, convenciéndose a sí mismos de una mentira.

Dime, ¿Qué te salvó a ti? ¿Fueron tus lágrimas y tus fervientes plegarias? ¿Tu profundo dolor por haber angustiado a Dios? ¿Tu decisión sincera de volverte de tu pecado? No, no fue ninguna de estas cosas. Fue solamente la gracia la que te salvó. Y como el siervo en la parábola, tú no lo merecías. De hecho, continúas sin merecerlo, no importa cuán santo sea tu caminar.

He aquí un modelo simple de arrepentimiento verdadero: “Debo apartar de mi mente, de una vez por todas, cada pensamiento que crea que alguna vez podré pagarle al Señor. Yo jamás podré ganarme Su gracia por mi propio esfuerzo. Por lo tanto, ningún esfuerzo o buena obra de mi parte puede saldar mi pecado. Simplemente tengo que aceptar Su gracia. Este es el único camino a la salvación y a la libertad”.

martes, 17 de noviembre de 2015

HAMBRE DE DIOS

Cuando el avivamiento irrumpió en Jerusalén, un ángel le habló al apóstol Felipe, indicándole que fuera al desierto de Gaza, donde encontraría a un diplomático etíope sobre un carro. Felipe encontró al hombre que leía en voz alta el libro de Isaías, así que le preguntó al oficial: “¿Entiendes lo que lees?” (Hechos 8:30).

Aparentemente el diplomático estaba estancado en un pasaje que lo desconcertaba: “Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho” (Isaías 53:9-11).

Trata de imaginar la emoción del etíope mientras leía estas cosas maravillosas. Evidentemente, estaba hambriento de Dios, o no habría estado leyendo las Escrituras. Y ahora la profecía de Isaías revelaba la venida de un rey eterno. Con cada revelación, el diplomático debe haber pensado: “¿Quién es este maravilloso hombre?”

Primero, “Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús.” (Hechos 8:35). Felipe explicó al diplomático: “El hombre del que estás leyendo ya vino. Su nombre es Jesús de Nazaret, y Él es el Mesías.”

Luego, Felipe le explicó Isaías 53:11: “Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho.” Felipe le dijo al diplomático, en esencia; “El padecimiento de Cristo fue la Crucifixión. Es allí donde fue cortado y sepultado. Pero el Padre le levantó de la muerte, y ahora está vivo en gloria. Todo el que confiese Su nombre y crea en Él vendrá a ser Su hijo. De hecho, la descendencia de Cristo vive en todas las naciones. Así es como Su vida se prolonga, por medio del Espíritu Santo en Sus hijos. Y ahora tu puedes ser Su hijo también”.

Que increíble noticia escucharon los oídos del etíope. No me asombra que él haya estado ansioso por saltar de su carro y ser bautizado. “Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó.” (Hechos 8:37-38).

lunes, 16 de noviembre de 2015

PERMANECIENDO EN LA VID by Gary Wilkerson

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador” (Juan 15:1).

Cuando Jesús se refiere a Sí mismo como la vid “verdadera”, está hablando de algo más que información precisa. Lo “Verdadero” aquí, implica el mismo sentido que la frase “verdadero amigo” –que significa real, genuino, auténtico, que está a tu lado para apoyarte en realidad.

¿Qué pasa con el labrador, nuestro Padre celestial? Él atiende su jardín amorosa y perfectamente. Es Su trabajo mantener la vida fluyendo a través de nosotros, y se puede confiar en Él para poner las cosas correctas en su sitio para hacerlas crecer. Por lo tanto, si permanecemos en Cristo, unidos a la vid, no tenemos que preocuparnos o estresarnos acerca de nuestras vidas. Se nos ha dado el flujo de vida verdadero de Jesús y somos cariñosamente atendidos por nuestro Padre.


Si estamos injertados en la vid, ¿no deberíamos dar frutos de forma natural? Sabemos que somos salvos y estamos seguros en Cristo y que somos honrados por el amor del Padre. ¿Cómo podría no haber frutos de esto?

Una vez más Jesús suministra la palabra clave: “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí” (Juan 15: 4). Aquí hay otra frase que activa las alarmas en muchos cristianos: “Si no permanecéis en mí”. Algunos seguidores se vuelven temerosos cuando leen esto. Crean reglas de lo que deben y no deben hacer, que en realidad los cortan de la vida verdadera.


Es cierto que la declaración de Jesús aquí es condicional, lo que significa que tenemos un papel que desempeñar. Pero la otra parte de la ecuación es la siguiente: Jesús permanece en nosotros y su presencia en nosotros es firme, incondicional, inamovible: “No te desampararé, ni te dejaré” (Hebreos 13:5). Cuando Cristo dice: “si no permanecéis en mí”, no se refiere a nuestra salvación, porque nuestra salvación fue asegurada por Él en la cruz. Él está hablando del fruto del Espíritu en nuestras vidas, nuestro testimonio, nuestro caminar justo, nuestra alegría y paz.

sábado, 14 de noviembre de 2015

NO HAY ABRACADABRA by Jim Cymbala

No hay mejor ejemplo del mover poderoso de Dios en una ciudad que el relato de Hechos 11:20-21: “Unos varones de Chipre y de Cirene… entraron en Antioquía, hablaron también a los griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús. Y la mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó y se convirtió al Señor.”

Ocurrió tal cosecha que Bernabé fue enviado desde Jerusalén para investigar. “Este, cuando llegó, y vio la gracia de Dios, se regocijó…y una gran multitud fue agregada al Señor.” (Versículos 23-24).

¿Quiénes eran estos hombres que lanzaron esta iglesia tan poderosa que con el tiempo superó a la iglesia madre en Jerusalén? No sabemos sus nombres. No sabemos su metodología. Pero sí sabemos un par de cosas: Se anunciaba “el evangelio del Señor Jesús”, y “la mano del Señor estaba con ellos” (Versículos 20-21).

Esta resultó ser la primera iglesia verdaderamente multicultural, con los líderes multiculturales, según Hechos 13:1 – Simón el que se llamaba Niger, algunos líderes judíos, algunos griegos, el que se había criado junto con Herodes (¡Que lo habría hecho sospechoso ante todos!), y otros. Sin embargo, ellos trabajaban juntos en un poderoso modelo de unidad entre las culturas.

El odio entre judíos y gentiles del primer siglo era aún mayor que nuestra lucha racial de hoy. Dios se ocupó de este problema de frente, porque Él estaba construyendo Su iglesia a Su manera.

La sensibilidad racial en la ciudad de Nueva York es peor de lo que era hace diez años. Un espíritu hostil prevalece en muchas iglesias. Necesitamos desesperadamente el amor de Dios para superar esas tensiones, como lo hizo en Antioquía hace mucho tiempo.

Ninguna enseñanza innovadora va a realizar el truco. No hay atajos de moda, no hay frases abracadabra que puedan derrotar a Satanás. Un hombre me dijo: “Sabe, comience a pensar en conseguir un mapa topográfico de Brooklyn para averiguar el punto más alto de la ciudad. Entonces usted podría ir allí y orar en contra de los espíritus territoriales".

Otros dicen: “La clave para liberar el poder de Dios es cantar por las calles de tu ciudad. Salir a marchar, hacer pancartas, y declarar la soberanía de Dios en un gran desfile”. Y otros dicen: "Reprende al diablo, ponte de frente al norte y pisa fuerte cuando lo hagas. Eso traerá la victoria".

Olvidemos las innovaciones. Si prevalecemos en la oración, Dios hará lo que sólo Él puede hacer. Cómo Él hace las cosas, cuando las hace, y de qué manera depende de Él. El nombre de Jesús, el poder de Su sangre, y la oración de fe no han perdido su poder.

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Jim Cymbala comenzó la iglesia Brooklyn Tabernacle con menos de veinte miembros en un pequeño y deteriorado edificio en una parte difícil de la ciudad. Nacido en Brooklyn, es un viejo amigo de David y Gary Wilkerson, y un orador frecuente en conferencias para pastores y líderes patrocinadas por World Challenge en todo el mundo.

viernes, 13 de noviembre de 2015

¡HAZLO OTRA VEZ, SEÑOR!

En Marcos 8, una vez más, Jesús alimentó a una multitud, esta vez se trataba de 4,000 personas, tan sólo con siete panes y unos cuantos peces. Nuevamente, los discípulos recogieron varias canastas de sobras (ver Marcos 8:5-8). Sin embargo, Cristo discernió que los discípulos aún no aceptaban Su poder de obrar milagros. Así que les preguntó: “¿Aun tenéis endurecido vuestro corazón?” (8:17).

Me imagino a los discípulos después de esta segunda alimentación, sentados y enmudecidos. Ellos quizás pensaron: “Esto no puede estar sucediendo. Si Jesús realmente es Dios, ¿por qué nos escogería para mostrar tan increíble poder? Nosotros somos sólo pescadores, sin educación. ¿Por qué caminaría Él sobre las aguas para entrar a nuestro pequeño bote, en lugar de revelar este milagro a un grupo que sea más digno?”.

Quizás tú pensaste lo mismo en algún momento, acerca de ti mismo: “Existen billones de personas en esta tierra. ¿Por qué me habló Dios a mí? ¿Por qué me escogió a mí?” La razón es que fue un milagro absoluto. Tu conversión fue totalmente sobrenatural. No fue sólo uno de aquellos eventos naturales. No, no hubo nada natural al respecto.
¿Por qué? Porque no hay nada natural acerca de esta vida cristiana. Es toda sobrenatural. Es una vida que depende de milagros desde su mismo comienzo (incluyendo tu conversión). Y simplemente no puede ser vivida sin fe en lo sobrenatural.

El poder que te mantiene en Cristo es totalmente sobrenatural. El mundo vive en tinieblas, pero tú tienes la luz, todo porque vives en el ámbito de lo sobrenatural. No es nada natural que tu cuerpo sea el templo del Espíritu Santo. Nada es natural acerca de ser la habitación del Dios sobrenatural del universo.

Sin embargo, a menudo, aquí es donde ocurre el endurecimiento. La gente comienza a atribuir las obras sobrenaturales de Dios en sus vidas a lo natural. Es peligroso olvidar Sus milagros. Es atemorizante mirar atrás a las maravillas divinas y decir: “Solo sucedió”. Cada vez que retiramos la parte “sobre” de la palabra “sobrenatural”, tu corazón se endurece un poco más.

Querido santo, simplemente debes aceptar esto por fe: El mismo Dios sobrenatural que alimentó a miles con sólo unos cuantos panes, también obrará sobrenaturalmente en tu crisis. Su poder de obrar milagros te libertará de toda atadura. Te dará poder para caminar en libertad. Y Él usará tu debilidad, ciertamente, tu peor estado, para mostrarle al mundo Sus milagros de poder guardador.

Es garantizado que los tiempos difíciles llegarán a todos los que siguen a Jesús. Pero cuando lleguen esos tiempos, debemos decir con confianza: “Hazlo otra vez, Señor. Tú has obrado milagros en mi vida antes. Tú has librado a tus siervos de manera sobrenatural a través de la historia. Que tu fuerza se perfeccione en mi debilidad”.

jueves, 12 de noviembre de 2015

NADA QUE TEMER

Dios le dijo a Israel: “Ustedes no Me creyeron cuando les dije que no tenían nada que temer, que yo pelearía por ustedes. Olvidaron por complete que yo los crie como criaturas y cuide de ustedes. Nunca confiaron en Mí, aunque fui delante de ustedes, les di una nube para refugiarlos del sol ardiente, les di fuego en la noche para alumbrar su camino y darles consuelo en la noche oscura. Pero, ustedes dieron oído a sus dudas, me difamaron, y me hicieron ver como mentiroso” (ver Deuteronomio 1:27-35).

Puedes ser salvo, lleno del Espíritu y caminar en santidad delante de Dios, y aun así, ser culpable de incredulidad. Puedes pensar: “Yo no tengo incredulidad alguna”. Pero, ¿te molestas cuando las cosas van mal? ¿Temes fallarle a Dios? ¿Estás ansioso, temeroso del futuro?”

El creyente que tiene una fe incondicional en la promesa de Dios disfruta de completo reposo. ¿Qué caracteriza este reposo? Una confianza plena y absoluta en la Palabra de Dios y una dependencia total en su fidelidad a dicha Palabra. De hecho, el reposo es la evidencia de la fe.

Puedes preguntarte: ¿Cómo es que el corazón de un creyente se endurece en incredulidad? Vemos una ilustración impactante en Marcos 6. Los discípulos estaban en un bote camino a Betsaida, navegando en la oscuridad. De pronto, Jesús aparece, caminando sobre las aguas. Los doce pensaron que era un fantasma y temblaron de miedo. Pero Cristo les aseguró: “¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!” (Marcos 6:50). Entonces Él entró al bote y cesó el viento.

El siguiente versículo dice todo acerca de los corazones de los discípulos en ese momento: “…y ellos se asombraron en gran manera, y se maravillaban. Porque aún no habían entendido lo de los panes, por cuanto estaban endurecidos sus corazones” (6:51-52). (El significado griego de “endurecidos” es: “Una incredulidad dura como piedra, ciega y terca”). Se nos recuerda que estos acababan de experimentar un increíble milagro. Ellos habían visto a Jesús alimentando a cinco mil personas con sólo 5 panes y dos peces y Él usó a los doce para hacerlo. Cuando Marcos nos dice que los discípulos “no habían entendido” este milagro, Él quiere decir: “Ellos no habían llegado a comprenderlo”.

El endurecimiento llega cuando retiramos la parte “sobre” de la palabra “sobrenatural”. Estos hombres no tuvieron la fe para creer lo que acababan de ver a Jesús hacer. En el lapso de veinticuatro horas, ellos habían descartado Su alimentación milagrosa como si fuera una especia evento natural. Ellos aún tenían dudas sobre el poder sobrenatural de Cristo.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

CONFIANDO EN LO QUE ÉL DICE

Puede que recuerdes la historia en el Antiguo Testamento de los espías israelitas enviados a revisar la Tierra Prometida. Ellos volvieron diciendo: “Sí, es una tierra donde fluye leche y miel. Pero también está llena de gigantes y ciudades fortificadas. No podemos enfrentar a esta gente. Comparados con ellos, somos como langostas” (ver Números 13).

Ahora, estos hombres no acusaron a Dios. Ellos nunca dijeron: “Dios no es capaz. Él no es lo suficientemente fuerte”. Ellos no se atrevieron a pronunciar tal incredulidad. En lugar de eso, ellos se fijaron en sí mismos, diciendo: “Nosotros no podemos. Somos como pequeños insectos ante nuestros enemigos”.

Pero esto no es humildad. Tampoco es una plática inocente ni inofensiva. Más bien, es una afrenta a Aquél que es la Luz del mundo, que nos ordena creer: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).

Ves, cuando te quejas de tu falta de habilidades y de tus debilidades, no estas menospreciándote a ti mismo. Estás menospreciando a tu Señor. ¿Cómo? Al rechazar creer o caminar en Su Palabra. Eso es pecar contra la Luz; y esto trae tinieblas.

Los espías israelitas estaban tan enfocados en su falta de habilidades, que estaban prontos a darse por vencidos. Ellos hasta hablaron de regresar a Egipto. ¿Cuál fue la respuesta de Dios a sus temores e incredulidad? “Y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos?” (Números 14:11). Dios los acusó de un pecado: incredulidad.

Hoy, el Señor le hace a Su pueblo la misma pregunta que le hizo a Israel: ¿Cuándo van a creer lo que les prometí? Yo les dije que Mi fuerza vendría a ustedes en sus momentos de debilidad. No deben confiar en la fuerza de su carne. Yo les dije que usaría lo débil, lo pobre, lo despreciado de este mundo para confundir a los sabios. Yo soy Jehová, fortaleza eterna. Y yo les haré fuertes a través de Mi poder, por Mi Espíritu. Así que, ¿cuándo actuarán en base a esto? ¿Cuándo confiarán en lo que les digo?”.

martes, 10 de noviembre de 2015

EL TESTIMONIO DE PENTECOSTÉS

Casi todos los sermones acerca del Pentecostés se enfocan las señales y maravillas hechas por los apóstoles. O, ponen énfasis en los 3,000 que fueron salvos en un día, o las lenguas y la aparición de fuego. Pero no oímos acerca del acontecimiento que fue la mayor maravilla de todas. Este acontecimiento llevó a multitudes de regreso a sus naciones con una impresión viva, inequívoca de quién es Jesús.

Tú has oído de señales y prodigios. Quiero hablarte acerca de las “señales maravillosas” de esta historia. De la noche a la mañana, miles de letreros que decían “SE VENDE” aparecieron delante de casas por toda Jerusalén y alrededores. La escritura dice: “Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno…no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad” (Hechos 2:44-45; 4:34-35).

¿Puedes imaginar esta escena en Jerusalén? Cantidades de casas, tierras y fincas eran repentinamente vendidas. Artículos del hogar también estaban siendo vendidos: muebles, ropa, artesanía, ollas y sartenes, obras de arte. En las calles, en los mercados, en cada puerta de la ciudad, cientos de anuncios debían de decir: “Artículos en Venta” Esta tuvo que haber sido ser la venta de garaje más grande en la historia de Jerusalén.

No hay evidencia en las Escrituras de que las casas que se vendían eran las casas donde sus propietarios moraban como dirección principal. Y no hay ninguna mención de vida comunal. Si eso hubiera ocurrido, se habría colocado una carga insoportable sobre la Iglesia. La Palabra de Dios les mandó claramente que provean para sus familias e hijos. Estos creyentes no podrían haber cumplido dichos mandamientos si no tuvieran sus propias casas. Además, leemos que tenían comunión en sus casas, “partiendo el pan en las casas” (2:46). Es evidente que estas personas todavía eran dueñas de sus casas.

No, los bienes que ellos vendieron eran cosas que tenían por encima de sus necesidades, cosas no esenciales para vivir. En algunos casos, estas cosas probablemente habían tomado el control de áreas en los corazones de sus dueños. Así que los bienes eran vendidos, convertidos en dinero efectivo y donados para mantener a las viudas de la iglesia, a los huérfanos y a los desamparados.

Este era el testimonio de Pentecostés. El mundo veía a aquellos creyentes con poder amándose los unos a los otros, vendiendo sus bienes, dando al necesitado. Y esto es exactamente lo que el Espíritu Santo quería de ellos. Él deseaba un testimonio vivo del amor de Dios al mundo. Estaban proclamando el evangelio de Cristo por sus acciones.

lunes, 9 de noviembre de 2015

LA VID VERDADERA by Gary Wilkerson

Era la última noche de Jesús con los discípulos y Él sabía que Su tiempo era corto. Acababan de terminar la cena y Cristo quiso impartir a Sus amigos una última enseñanza, mientras estaba en la tierra. Él los llamó: "Levantaos, vamos de aquí" (Juan 14:31) y los llevó a dar una caminata. En el camino, Él les dio esta analogía:

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer” (15:1-5).

¡Qué linda imagen que resume nuestra relación con el Hijo y el Padre! Jesús es la vid y nosotros somos las ramas que se extienden a partir de Él; Él es la fuente de toda vida que fluye en nosotros. Supervisando todo este flujo de vida está nuestro Padre celestial, el jardinero que busca nuestro crecimiento. ¿Podría haber alguna imagen más serena de nuestra vida en Cristo?

Hay mucho para desenvolver en este pasaje y les puedo asegurar, que todo es bueno. Me viene a la mente la imagen de una pala, el instrumento de un jardinero experto, nuestro Señor misericordioso, compasivo, amoroso. Hay belleza profunda contenida en este mensaje de despedida que Él dio a Su iglesia y la primera clave para entender este pasaje es la frase de Jesús: "Vid verdadera". 


Cristo nos está diciendo que Él es más que una mera fuente de vida para con nosotros; Él es LA fuente de vida. Otras "vides" pueden aparentar que prometen vida pero ninguna contiene la vida verdadera como Él lo hace. Algunos cristianos buscan vida en otras vides, fuentes que destruyen la vida y no son legítimas para ningún cristiano. Otros buscan vida en fuentes que se ven buenas y legítimas: ambición, empuje, éxito y comodidad, pero estas vides en sí mismas no tienen vida. Éstas no pueden producir vida verdadera. Jesús nos quiere injertados firmemente en Él, para que podamos beber profundamente de Su vida abundante todos los días.

sábado, 7 de noviembre de 2015

DIOS SERÁ NUESTRO PROVEEDOR by Carter Conlon

Recuerdo que la primera vez que dejé mi trabajo secular para entrar en el ministerio a tiempo completo, puse una cierta cantidad de dinero en el banco para mi plan de jubilación. Pensé que si todo el asunto del ministerio no funcionaba, al menos tendría un fondo de reserva en el que apoyarme. Un día, un amigo que también estaba en el ministerio vino a mi oficina y me dijo: “Pastor, no sé qué voy a hacer. El motor de mi auto se echó a perder, y no tengo dinero. Ni siquiera sé cómo voy a ir a la iglesia”.

Yo sabía que su necesidad era legítima, y también sabía que yo tenía el dinero suficiente en el banco para comprarle un auto. Sin embargo, de pronto me puse muy, muy espiritual y dije: “Bien, vamos a orar. Dios es el dueño de millares de animales en los collados, así que tiene poder para proveer. David dijo: ‘Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan’” (Ver Salmo 37:25).

Mientras se sentaba al otro lado del escritorio, incliné mi cabeza y comencé a orar, sin embargo, pareció como si mi boca hubiera estado llena de mantequilla de maní. Casi no podía orar, todo el tiempo esta pequeña voz detrás de mí estaba diciendo: “¡Hipócrita! Si un hombre ve a su hermano padecer necesidad y cierra contra él su corazón, ¿cómo puede decir que el amor de Dios habita en él?” (Ver 1 Juan 3:17). Traté de sacarla de mi mente mientras estaba orando hasta que finalmente me quedé sin energía y dije: “Tengo dinero en el banco si lo necesitas”.

Terminé comprándole un nuevo auto. Poco después de eso, el motor en mi auto se echó a perder y en ese momento dije: “Bueno, Señor, te he obedecido. Eso es todo lo que puedo decir”.

Algún tiempo después, estábamos renovando una iglesia que habíamos comprado en el campo. Yo estaba en un andamio, ayudando a pintar el techo, cuando de repente llegó alguien y me dijo: “¡Tienes una llamada de emergencia!" Cuando tomé el teléfono, el hombre en la línea se presentó como un vendedor de un concesionario local de automóviles. Luego dijo: "Un caballero vino esta mañana y le compró un auto nuevo. ¡Todo lo que tiene que hacer es venir a firmar!”. Le pregunté la identidad de la persona, pero me dijo que había optado por permanecer en el anonimato.

Por favor, quiero que comprendas que no estoy diciendo que si compras un auto para un amigo, vas a obtener uno nuevo a cambio. Lo que quiero comunicarte es, simplemente, que en la medida que hacemos las cosas a la manera de Dios, rehusándonos a retener algo cuando vemos una necesidad real ante nosotros, Dios será nuestro proveedor y suplirá nuestras necesidades.

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Carter Conlon se unió al equipo pastoral de la Iglesia Times Square en 1994, por invitación del pastor fundador David Wilkerson, y fue nombrado para el cargo de Pastor Principal en 2001. Un líder fuerte y compasivo, y un orador frecuente en conferencias para pastores y líderes dirigidas por World Challenge en todo el mundo.

viernes, 6 de noviembre de 2015

EL DAÑO CAUSADO POR LA INCREDULIDAD

Nosotros pensamos que cuando fallamos en confiar en Dios en nuestras situaciones diarias, solo nos hacemos daño a nosotros mismos. Pensamos que simplemente estamos perdiendo Sus bendiciones. Pero esa no es toda la historia. Primeramente, herimos y airamos a nuestro bendito Señor. Él nos advierte: “Si no confías en Mí, vas a desarrollar un corazón endurecido.”

Leemos en Hebreos: “No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, donde me tentaron vuestros padres; me probaron y vieron mis obras cuarenta años. A causa de lo cual me disguste contra esa generación, y dije, siempre andan vagando en su corazón, y no han conocido mis caminos. Por tanto jure en mi ira: no entraran en mi reposo. (Hebreos 3:8-11).

¿Qué razón se le da al pueblo de Dios para no entrar en Su reposo? ¿Fue por adulterio, codicia, o borrachera? No; fue solamente a causa de la incredulidad. Aquí había una nación expuesta por cuarenta años a los milagros, maravillas sobrenaturales que Dios obró a su favor. Ningún otro pueblo en la tierra ha sido tan amado, tan tiernamente cuidado. Ellos recibieron revelación tras revelación de la bondad y severidad del Señor, y escucharon una palabra fresca predicaba con frecuencia por Moisés, su profeta líder.

Pero nunca mezclaron esa palabra con fe; por lo tanto, escucharla no les fue de provecho. En medio de todas esas bendiciones, no confiaron en que Dios es fiel. Y al pasar el tiempo, la incredulidad se afianzó. De ahí en adelante, la oscuridad cubrió su peregrinaje en el desierto.

La incredulidad es la raíz detrás de toda dureza de corazón. Hebreos pregunta: “¿Y con quienes estuvo el disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto?” (Hebreos 3:17). La palabra griega para disgustado aquí significa indignación, furia, ira. En palabras simples, la incredulidad de la gente encendió la ira de Dios contra ellos. Además, los endureció en un espiral continuo de incredulidad: “Mirad, hermanos que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo, antes exhortaos unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado.” (3:12-13). 


La incredulidad es la madre de todos los pecados. Fue el primer pecado cometido en el Jardín del Edén y es la raíz de toda amargura, rebeldía y frialdad. Por eso Hebreos 3 está dirigido a creyentes (“Mirad, hermanos”). El escritor concluye con estas escalofriantes palabras: “¿Y a quienes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad” (3:18-19).

jueves, 5 de noviembre de 2015

LIMPIANDO MI BOCA, MIS OÍDOS Y MIS OJOS

Recientemente me encontré con un ministro que conozco hace varios años. Cada vez que lo encontraba en el pasado, me desahogaba después con mi esposa: “Ese hombre es tan superficial, mostrando semejante jactancia. Yo no se como Dios podría bendecirlo.” Entonces me encontré con este mismo hombre después que el Espíritu Santo había tratado conmigo acerca del juzgar mentalmente a otros. Esta vez, el Espíritu me dijo: “Ámalo. No hables y escúchalo. Luego ora con él.”

Yo obedecí. Amé al hombre; escuché su conversación, y luego tomé su mano y oré. En cuanto tomamos nuestro propio camino, me pasó algo extraño: Yo estaba afligido con pesar. Un terror barrió sobre mí – el terror de lo que le había hecho a este hombre durante años. Pude ver la excesiva maldad de mi sucio pecado.

David exhorta: “Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío” (Salmo 19:14). El apóstol Pablo agrega esta perspectiva: “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:31-32x).

“Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios” (Efesios 4:29-30).

Amado santo, no hay ninguna persona leyendo este mensaje que sea tan santa como para no prestar atención y hacer un cambio. Por mi parte, siento el pesar de Dios sobre todas las veces que he juzgado mal a la gente a través de los años, a sabiendas o sin saberlo. Yo te insisto que clames como mi corazón lo hace:

“Oh, Señor, ¿Por qué no estuve preparado para oír esto antes? ¿Por qué no he tratado con esto antes? Quiero proclamar tu evangelio, manifestar tu generación. Por favor, Jesús, perdóname. Limpia mi boca contaminada, mis oídos contaminados, mis ojos contaminados, y dame un corazón renovado. No quiero que nada impida que mi vida sea una completa manifestación de quien eres Tu.”

Que el Señor oiga nuestro clamor y se mueva rápidamente para renovarnos. Él nos dará fuerzas para hacer a un lado todo mal hablar, mal oír y el juzgar mentalmente. Entonces estaremos mejor capacitados para prolongar los días de nuestro Señor.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

¿COMO HARIA JESÚS PARA INICIAR UNA IGLESIA?

¿Cómo crees que Jesús comenzaría una iglesia en tu pueblo o ciudad?

Lo primero que Cristo haría sería tomar una excursión de llanto por toda tu ciudad. La escritura nos dice: “Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos.” (Lucas 19:41-42).

¿Qué hizo llorar a Jesús? Comenzó con una caminata por la ciudad que quebrantó Su corazón. Él se sintió abrumado de tristeza al ver que las personas llamadas religiosas no tenían paz. Esta gente había rechazado la verdad cambiándola por fábulas y ahora estaban siguiendo una religión muerta. Eran ovejas sin verdaderos pastores.

Ahora bien, no estoy empeñado en juzgar a ningún ministro. Pero quiero preguntarle a todo aquel que este leyendo este mensaje: ¿Puedes imaginarte a tu pastor conduciendo por tu pueblo y llorando por él? Qué imagen tan diferente nos ofrece Jesús de los tantos estrategas y organizadores que están edificando iglesias hoy en día. Estos hombres van de puerta en puerta, haciendo encuestas, preguntándole a la gente qué quieren en una iglesia: "¿Cuánto te gustaría que dure el sermón? ¿Quince minutos? ¿Diez?"

Jesús fue testigo de algo parecido a esto en Sus días. Mientras caminaba por el templo, vio mesas de cambistas, ministros que comercializaban las cosas de Dios. No había verdadera oración, ningún temor del Señor. Y Cristo lloró por todo eso, gritando: “Escrito está: Mi casa es casa de oración; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones” (Lucas 19:46).

Te pregunto: ¿Lloraría Jesús por lo que ve en tu iglesia hoy? ¿Encontraría a tu pastor angustiado por las almas perdidas? ¿Encontraría Cristo a Su pueblo orando? ¿O, los encontraría ocupados en mucho ajetreo y programas, enfocados en sus propios intereses? Una vez que Jesús terminara su excursión de duelo por tu ciudad, ¿elogiara a Su pueblo? ¿O, traería esta advertencia: “Ustedes están ciegos a las señales de los tiempos. El juicio está a las puertas, pero ustedes se parecen mas que nunca al mundo. ¿Por qué no están orando, buscándome para darles fortaleza y sabiduría para redimir el tiempo??”

martes, 3 de noviembre de 2015

PALABRAS FUERTES DEL ESPÍRITU

Si estas en la Iglesia de Jesús, entonces los mensajes fuertes van a proceder del Espíritu Santo. ¿Por qué? Debido a que el Espíritu clama en nosotros en contra de todo lo que pensamos, decimos o hacemos que es de la carne. Jesús dice: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias” (Mateo 15:19).

Sin embargo, el signo de cada verdadero seguidor de Jesús es que se entrega a cada palabra de Cristo. Este siervo ama ser regañado debido al resultado que produce en su corazón. Él ve el cambio que trae, y sabe que es vida para él.

En el fondo, esa es también la razón por la que un pecador viene a la casa de Dios. No es sólo para ser contado como uno más en una gran congregación. Es para ser encontrado por Dios, porque en su corazón él sabe que está perdido. Su alma no está en paz, y pasa demasiadas largas noches sin dormir. Quiere respuestas, la verdad, un cambio real, porque siente que está destinado al infierno.

A todos se nos ha enseñado que Cristo es la piedra angular de Su Iglesia. Pablo dice que esta piedra es piedra de tropiezo: “Como está escrito: He aquí pongo en Sion piedra de tropiezo y roca de caída; Y el que creyere en él, no será avergonzado.” (Romanos 9:33). Pedro también llama a Jesús roca que hace caer: “La cabeza del ángulo; y: piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes” (1 Pedro 2:7-8).

Pedro puede decirte de primera mano lo que sucede cuando se intenta eliminar el mensaje de la cruz. Él se sintió ofendido cuando Jesús anuncio Su muerte a los discípulos. Entonces, “Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca” (Mateo 16:22).

Pero Jesús le respondió con estas agudas palabras: “¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres” (16:23). Aquí hay un claro ejemplo de cómo Satanás puede sembrar un engaño incluso en un pastor devoto que ama a Cristo. Y puedes apostar que Pedro nunca olvidó las palabras de su maestro. Del mismo modo hoy, cada ministro y creyente debe hacer caso a la advertencia de Cristo: “Mi cruz y Mi sangre pueden ofenderte, pero si te avergüenzas de mi mensaje, o intentas suavizarlo, entonces eres una ofensa para Mí y no representas Mi palabra ni Mi Iglesia”.

lunes, 2 de noviembre de 2015

CONOCER A DIOS by Gary Wilkerson

Cada generación de cristianos debe realizar un auto análisis para así discernir si su misión y acciones honran a Dios. Continuamente tenemos que preguntarnos: "¿Estamos todavía sirviendo al Señor y al prójimo con fidelidad y sacrificio? ¿O hemos caído en una mentalidad que solo dice "bendíceme"?

Cristo sabía exactamente donde estaban los corazones de las masas cuando comenzaron a seguirle. “Me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis” (Juan 6:26). ¿Por qué Jesús se refiere a las "señales" aquí? Piensa en la función que cumple una señal: Apunta a algo, no es el objetivo. Cuando una señal de tráfico dice: "Denver a 60 Millas", sabemos que no estamos en Denver todavía, pero estamos en el camino. De la misma manera, Jesús estaba dejando saber a los discípulos que los panes y los peces no eran el punto. Ellos revelaban el cuidado amoroso del Padre celestial. Sus milagros son signos de su cuidado por nosotros.

La respuesta de la multitud reveló sus corazones. "Moisés les dio pan del cielo para comer" (Ver Juan 6:31). Estaban usando el ejemplo de Moisés en de contra Jesús. Fue un forcejeo, como un niño que va a cada uno de sus padres tratando de conseguir lo que quiere. ¿Buscamos que Dios esté en medio nuestro o simplemente buscamos su provisión? Seamos honestos, a menudo cuando oramos queremos una respuesta ahora, el día de hoy, en esta hora. Ese es un rasgo desafortunado de la cultura de "tenerlo todo ahora" de nuestro mundo. En un sentido espiritual, nos falta un enorme valor que la más Grande Generación apreciaba mucho: saber que por la fe con el tiempo veremos grandes bendiciones.

Para el cristiano, conocer a Dios no se trata de ser "bendecido ahora." El Señor no cederá a nuestros deseos para darnos todo lo que queremos, cuando lo queremos. Su deseo es tener una relación con nosotros, una relación permanente y a largo plazo que de fruto duradero. Así que sus bendiciones no son el todo de la relación, son señales de su fidelidad y compasión, rasgos que cualquiera de nosotros puede desear en una relación. Los milagros de Cristo eran evidencia de esos hermosos rasgos.