martes, 19 de mayo de 2015

EL ANHELO DE ESCUCHAR LA PALABRA DE DIOS

El salmista David esperaba diariamente recibir palabra de Dios y se deleitaba en la palabra que recibía. Él testificó: “Me regocijaré en tus estatutos; no me olvidaré de tus palabras” (Salmo 119:16). “Pues tus testimonios son mis delicias y mis consejeros” (Salmo 119:24). “Y me regocijaré en tus mandamientos, los cuales he amado” (Salmo 119:47). “Tu ley es mi delicia” (Salmo 119:77). El significado literal en hebreo de este último verso es: “Yo disfruto tu palabra”.

Proverbios 8:34 dice: “Bienaventurado el hombre que me escucha, velando a mis puertas cada día, aguardando a los postes de mis puertas” ¿A qué puertas se refiere aquí?

El salmista nos da la respuesta: “Abridme las puertas de la justicia; Entraré por ellas, alabaré a Jehová” (118:19). Pienso que estas “puertas de justicia” son también la “puerta estrecha” de la que habló Jesús (Ver Lucas 13:24), que se refieren a cualquiera que diariamente va a la palabra de Dios para aprender de su justicia.

Tal creyente ha determinado caminar en rectitud delante del Señor. Le entusiasma cada revelación que lo guía por el sendero de una vida santa. Se dice a sí mismo: "Quiero la verdad en mi hombre interior. Sé que no la voy a obtener con tan sólo oír sermones o leer libros. Tengo que esperar pacientemente en el Señor, y él me abrirá sus puertas”.

Fielmente, el Espíritu de Dios viene al encuentro de este creyente cada mañana. Y le invita a entrar, susurrando: “Bienvenido, amigo. Déjame enseñarte hoy algo nuevo sobre la justicia de Dios.”

¿Qué significa “aguardar a los postes de mis puertas”? Esto se refiere a cada creyente que tiembla ante la palabra de Dios. La frase viene de Isaías 6, cuando el profeta esperó en los postes de la puerta del templo, anhelando escuchar de parte de Dios.

Mientras Isaías estaba ahí parado, escuchó serafines cantando: “Santo, Santo, Santo” y los cielos resonando con sus alabanzas. Entonces repentinamente, una voz poderosa retumbó desde los cielos, una voz que fue tan fuerte y clara que todo se estremeció: “Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo" (Isaías 6:4). Isaías es un ejemplo de alguien que “aguarda a los postes de mis puertas”. Este creyente anhela escuchar la palabra de Dios.