viernes, 3 de octubre de 2014

LA GRANDEZA DE SU PODER

Recibo una gran cantidad de profecías y extensos escritos cristianos "espirituales" de creyentes que dicen que pasan días y semanas, incluso meses en oración. Un esposo me pidió que corrigiera a su esposa. Esta mujer iba por ahí diciendo a la gente que ella había muerto y que había ido al cielo, que había bailado con Jesús ¡y después había hecho esquí aéreo con Él! Ella decía que tuvo esta revelación después de haber orado durante horas.

¿Por qué es que estos amados hermanos no están entre el pueblo, predicando a Jesús resucitado? ¿Por qué gastan todo su tiempo condenando a los demás, sin tener carga alguna por los perdidos? La mejor cura para la "súper espiritualidad” es salir a donde están los pecadores y predicarles el amor de Jesús. Oramos: "Ven Espíritu Santo". Pero, ¿para qué? ¿Sólo para bendecirnos y satisfacer nuestras necesidades? ¿O para equiparnos y revelarnos el corazón quebrantado de nuestro Señor? Las últimas palabras de Jesús antes de salir de esta tierra fueron: "Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura" (Marcos 16:15).

Hemos venido orando para que Dios cierre el bar que está al lado de la iglesia “Times Square”. El propietario nos dijo: "Van a tener serios problemas. No saben con quién se están metiendo". ¡No! ¡Él no sabe que está tratando con Jesús, quien dijo: "Toda potestad me es dada ..." (Mateo 28:18). Por lo tanto, "podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre" (Hebreos 13:6). Pablo oró: "…para que sepáis cuál es…la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo…sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies" (Efesios 1:18-22).

Satanás ha logrado que algunos de ustedes tengan miedo, miedo al fracaso, miedo al pecado habitual o a un pecado acechante y miedo a los hombres. Pero la Palabra dice: "Resistid al diablo, y huirá de vosotros" (Santiago 4:7). ¡Tú no eres el que debe salir huyendo!

"Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado…Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal…Sobre una roca me pondrá en alto" (Salmo 27:3,5).