martes, 23 de septiembre de 2014

¡NECESITAMOS MÁS ALBOROTADORES!

¡Mi oración es que cada miembro del cuerpo de Cristo se convierta en un alborotador! ¡Necesitamos un ejército de alborotadores tan llenos del Espíritu Santo que agiten la ciudad de Nueva York y las demás ciudades de todo el mundo, que remuevan las instituciones impías; que desafíen a las iglesias tradicionales muertas; que perturben a los líderes, los alcaldes, los consejos municipales y los líderes de la comunidad! En otras palabras, necesitamos alborotadores que se muevan en el Espíritu Santo, proclamando el reinado de Cristo con tanta eficacia, que ciudades enteras se alboroten.

¡Pablo y Silas fueron dos de los mayores alborotadores del mundo! La Biblia habla de “hombres que han [arriesgado] su vida por el nombre de nuestro Señor Jesucristo” (Hechos 15:26). Pablo, Bernabé, Silas y Timoteo eran tales hombres, caminando en el poder del Espíritu. Como se ve en Hechos 16, cuando el Espíritu Santo les prohibió hablar de la Palabra en Asia, ellos obedecieron. Cuando intentaron ir a Bitinia y el Espíritu no se los permitió, en lugar de eso fueron a Troas, bajo la dirección del Espíritu.

Pablo tuvo entonces una visión de un hombre llamándolos a Macedonia, por lo que procuró de inmediato salir a Filipos, la principal ciudad de Macedonia. Cuando llegaron, una muchacha que era adivina les seguía, dando voces: “Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación” (Hechos 16:17). Después de soportar eso durante muchos días, Pablo “se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en aquella misma hora” (Hechos 16:18). De pronto, toda la ciudad estaba alborotada. ¡Esta adivina aparentemente había sido una gran atracción turística, pero ahora estaba sana y alabando al Señor!

Pablo había alterado el statu quo. Había desafiado al diablo que había estado haciendo lo que quería durante años. Los dueños de la mujer esclava que ahora había sido liberada, arrastraron a Pablo y Silas al mercado para ser juzgados ante los magistrados de la ciudad. El cargo era: “Estos hombres…alborotan nuestra ciudad” (Hechos 16:20).

¡Necesitamos más alborotadores como ellos hoy en día!