jueves, 25 de septiembre de 2014

CONFIADO COMO UN LEÓN

Predico mucho acerca de la oración, porque creo en la oración eficaz del justo. ¡Pero la oración por sí sola no va a sacudir una ciudad!

Elías era un hombre de oración poderosa, pero fue más que su oración lo que hizo temblar el reino de Acab y provocó la furia de Jezabel. De hecho, llamó a los falsos profetas al Monte Carmelo y los desafió. Jezabel había matado a los profetas de Dios y había conducido a Israel a la apostasía y a la horrible idolatría del culto a Baal - ¡y nadie la había desafiado! A pesar de que siete mil creyentes no habían doblado sus rodillas ante Baal, permanecían en silencio, anónimos y con miedo. ¡Y apareció Elías, a quien Acab llamó “el alborotador de Israel!” (Ver 1 Reyes 18:17 NTV). Elías terminó en el arroyo de Cisón con una espada en su mano, degollando a cientos de falsos profetas de Baal “en el nombre de Jehová”.

Elías no se comportaba como un caballero con el diablo y su multitud. Mientras ellos“andaban saltando cerca del altar…Elías se burlaba de ellos” (1 Reyes 18:26-27). La iglesia de los últimos tiempos se ha acobardado ante los poderes de las tinieblas debido a la falta de santidad, porque la Escritura nos dice: “el justo está confiado como un león” (Proverbios 28:1). Algunos dirán: “¡Pero Jesús era manso! Él nunca abrió su boca o se resistió cuando lo llevaron a ser crucificado”. Pero eso fue porque la hora de las tinieblas había llegado, la hora en que iba a ser entregado en manos del enemigo. Él no se quedó en silencio en el templo cuando expulsó a los cambistas. Tampoco se quedó en silencio cuando llamó a los líderes religiosos serpientes, guías ciegos, sepulcros blanqueados, generación de víboras (Ver Mateo 23). ¡Incluso le dijo audazmente a algunos que Satanás era su padre!

Muchas iglesias hoy están llenos de diplomáticos silenciosos y caballeros, que no quieren causar problemas. ¡Nadie quiere problemas! Así el reino del diablo no es desafiado. ¡Tenemos más que suficiente de cristianos sonrientes y apocados! Escuché a un hombre embravecido que me dijo: “Hagamos una apuesta en dinero, no importa el monto! Ustedes, la gente de la Iglesia no puede detener nada. Consiguen un poco de publicidad, pero nada cambia. No pueden cerrar nada. No tienen poder alguno”. Él estaba hablando acerca del aborto y pude detectar la burla de Satanás en el tono de su voz. ¡Fue un atrevimiento! Era como si quisiera decir a todos los cristianos: “Todos ustedes son unos debiluchos espirituales. No van a durar, se darán por vencidos cuando venga la oposición. Correrán de vuelta a la seguridad de sus cuatro paredes y se ocultarán”.

¡No! “El justo está confiado como un león”.