martes, 31 de mayo de 2011

ESTÉ LISTO

En Mateo 24, Jesús usa una parábola para enseñar sobre el estar listo para su retorno: “Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá.”

“Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes.” (Mateo 24:44-51)

Note que Jesús se refiere a siervos, dando a entender, creyentes. Un siervo es llamado fiel y el otro es llamado malo. ¿Qué es lo malo ante los ojos de Dios? Según Jesús, es algo que éste “dijere en su corazón” (Mateo 24:48). Este siervo no vocaliza dicho pensamiento, ni tampoco lo predica. Pero lo piensa. Ha entregado su corazón a una mentira demoniaca. “El Señor tarda en venir”. Note que no dice: “El Señor no vendrá”, sino: “tarda en venir”. En otras palabras: “Jesús no vendrá repentina o inesperadamente. Él no retornará en mi generación.”

Este “siervo malo” es claramente, un tipo de creyente, quizás uno que está en el ministerio. Se le ordenó “vigilar” y “estar listo”, “porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis” (Mateo 24:44). Pero este hombre aplaca su conciencia aceptando la mentira de Satanás.

Jesús nos muestra el fruto de esta manera de pensar. Si un siervo está convencido de que el Señor a retrasado su venida, entonces no ve la necesidad de vivir correctamente. No tiene urgencia de hacer las paces con sus compañeros. No ve la necesidad de preservar la unidad en su hogar, en su trabajo ni en su iglesia. Puede golpear a sus compañeros siervos, acusarlos, guardar rencores, destruir su reputación. Como Pedro dijo, este siervo es impulsado por sus deseos, éste quiere vivir en ambos mundos: aprueba una vida de maldad al mismo tiempo que cree estar a salvo del justo juicio de Dios.

lunes, 30 de mayo de 2011

¡CRISTO REINA!

Muy a menudo, las personas nos escriben diciendo, “No tengo con quién hablar, nadie con el que pueda compartir mis penas. Nadie tiene tiempo de escuchar mi llanto. Necesito a alguien con quien pueda descargar mi corazón.”

El rey David estaba rodeado de gente. Él estaba casado, con una familia grande, y tenía muchos acompañantes a su lado. Pero también escuchamos el mismo clamor de David: “¿A quién iré?” Está en nuestra naturaleza necesitar a otro ser humano con rostro, ojos y oídos para escucharnos y aconsejarnos.

Cuando Job se sintió abatido por sus pruebas, él clamó con dolor: “¡Quién me diera ser escuchado!” (Job 31:35). Él pronunció este clamor mientras estaba sentado frente a sus “amigos.” Pero esos amigos no tenían compasión por los problemas de Job. En lugar de eso, eran mensajeros de desesperación.

En su dolor, Job buscó sólo al Señor: “En los cielos está mi testigo y mi testimonio en las alturas...Disputadores son mis amigos, mas ante Dios derramaré mis lágrimas” (Job 16:19-20). En los Salmos, David urge al pueblo de Dios a hacer lo mismo: “Pueblos, ¡esperad en él en todo tiempo! ¡Derramad delante de él vuestro corazón! ¡Dios es nuestro refugio!” (Salmo 62:8). David también escribió en el Salmo 142:

“Con mi voz clamaré a Jehová; con mi voz pediré a Jehová misericordia. Delante de él expondré mi queja; delante de él manifestaré mi angustia. Cuando mi espíritu se angustiaba dentro de mí, tú conocías mi senda. En el camino que andaba, me escondieron lazo. Mira a mi diestra y observa, pues no hay quien quiera conocer. ¡No tengo refugio ni hay quien cuide de mi vida! Clamé a ti Jehová; dije: ¡Tú eres mi esperanza y mi porción en la tierra de los vivientes! (142:1-5).

Yo creo en mi corazón que este mensaje es una invitación del Espíritu Santo a encontrar un lugar privado donde usted pueda frecuentemente vaciar su alma al Señor. David “expuso (vació) su queja” y usted puede hacerlo también. Usted puede hablar con Jesús sobre todas las cosas – sus problemas, su prueba presente, sus finanzas, su salud – y dígale qué tan abatido se encuentra, y aún qué tan desanimado está usted. Él lo escuchará con amor y compasión, y no desechará su llanto.

Dios le contestó a David. Él le contestó a Job. Y por siglos él ha contestado el clamor de cualquier corazón que confía en sus promesas. De igual manera, él ha prometido escucharlo y guiarlo. Verdaderamente, él ha prometido con juramento ser su fortaleza. Vaya a él, y usted saldrá renovado.

domingo, 29 de mayo de 2011

DIOS NUNCA, NUNCA NOS HA FALLADO

No importa lo que pase con la economía, no importa la crisis que enfrentemos, no importa qué pena o problema venga a nuestro camino – NUESTRO BENDITO SEÑOR NOS ESTÁ GUIANDO Y CUIDANDO DE NOSOTROS EN CADA PASO QUE DAMOS.

Dios finalmente repudió a aquellos que rescató de Egipto, porque ellos dudaron y lo limitaron después de haber sido milagrosamente abrazados en sus brazos amorosos. No es que simplemente Dios quiera que confiemos en él durante los tiempos difíciles – él lo demanda. Por eso es que las Escrituras nos advierten tan fuertemente sobre la incredulidad. Se nos dice que entristece al Señor y nos cierra la puerta a cada bendición y buenas obras que él nos ha prometido. Nuestra incredulidad, convierte cada promesa en “inefectiva.”

Para nosotros en la ciudad de Nueva York, esto no es una teología muerta. Tenemos que practicar lo que predicamos para poder sobrevivir cada día. Si no confiáramos plenamente en las promesas del Señor y dependiésemos de Jesús con todo lo que hay en nosotros, nos paralizaríamos de miedo y pánico. Las calles aquí son como zonas de guerra; las personas viven en constante temor y peligro, y los transeúntes son asesinados a diestra y siniestra. Los costos para cuidar a los que ministramos son pesados, y las necesidades de las personas dolientes son enormes. SI NO DESCANSÁRAMOS EN LAS PROMESAS INQUEBRANTABLES DE DIOS, ESTARÍAMOS ABRUMADOS.

Pero no estamos abrumados – no tenemos miedo. Mientras los problemas se hacen peores, nosotros nos volvemos más fuertes en el poder del Espíritu Santo.

jueves, 26 de mayo de 2011

YO ORO QUE USTED ESTÉ DISFRUTANDO DE LA PRESENCIA DEL SEÑOR

Hay un texto en el hebreo original que me ha bendecido grandemente, y quiero compartirlo con usted. “Se acercaron a la maldad los que me persiguen; se alejaron de tu ley. Cercano estás tú, oh Jehová, y todos tus mandamientos son verdad” (Salmo 119:150-151). Hellen Spurrell lo traduce así: “Cuando los perseguidores se me acercaron, eran de los que estaban lejos de tu ley; entonces tú, oh Jehová, estabas cerca con todos tus fieles mandamientos.”

Principados y poderes demoniacos habían cercado a David, tratando de traer ruina y destrucción a él y a Israel. Pero este hombre de Dios testificó que mientras el enemigo se acercaba, él confió que Dios se acercaba aún más a él. David dijo que Dios lo sostuvo de su mano derecha y caminó con él guiándolo a través de cada asalto del enemigo.

Aquí en el testimonio de David hay una promesa maravillosa para usted y para mí. Podemos estar seguros que Satanás quiere destruirnos, molestarnos, y derribar a todo al que ama al Señor. El enemigo hará todo lo que está en su poder para arrastrarnos a su pozo de desesperación, confusión, culpa y condenación.

¿Tiene usted algunos “perseguidores” satánicos que están viniendo contra usted ahora mismo? ¿Tentaciones abrumadoras? ¿Pruebas? ¿Cargas financieras? ¿Problemas matrimoniales o familiares? ¿Problemas en sus negocios? Cuando sus perseguidores se le acerquen para destruirlo, anime su corazón, el Señor Dios Todopoderoso está aún más cerca de usted que ellos – y si él está cerca, él actuará en su ayuda. Yo no puedo imaginar que Dios esté cerca de algún hijo suyo y que no haga nada, permitiéndole al diablo abusar o corromper a su amado hijo de alguna manera.

Lea el Salmo 68:1-4 y vea lo que Dios ha prometido hacer por usted si tan sólo confía en él. Usted puede proclamar estos cuatro versos ahora y durante todo el año. Memorice estos versos, párese firme en ellos, y Dios hará huir a sus enemigos.

miércoles, 25 de mayo de 2011

QUE LA PAZ DE DIOS GOBIERNE EN SU CORAZÓN

El Espíritu me ha estado poniendo muy en claro que todas mis oraciones son totalmente en vano a no ser que ore en fe. Yo puedo llorar, ayunar, interceder, agonizar y afanarme en oración, y no hacer ningún impacto en el Señor – a no ser que haga todo esto con una fe simple, como la de un niño.

Sin fe, Dios no actuará en nuestro beneficio. La Palabra dice, “No piense, pues, quien tal haga [el que duda], que recibirá cosa alguna del Señor” (Santiago 1:7).

El Señor nos manda a confiar en él. Pero muy a menudo tenemos muy poca confianza en él, limitada fe en su buena disposición y deseo de contestar el clamor de nuestro corazón. Cuando lleguemos al cielo, estaremos asombrados de descubrir todas las bendiciones, paz y poder que teníamos a nuestra disposición pero que no llegamos a apropiarnos por nuestra débil fe.

ESTOY SIENDO MOVIDO GRANDEMENTE POR EL ESPÍRITU SANTO A DESAFIARLO A AUMENTAR SU FE. Pídale al Señor que perdone su incredulidad y que llene su alma con confianza en la disposición que él tiene de responder abundantemente a sus sinceras oraciones.

¿Quiere usted una fe aumentada? Cuando vaya a orar nuevamente, use las siguientes Escrituras para entrar en razón con el Señor. Él no negará su propia Palabra. Aprópiese de éstas:

Salmo 62:8
Salmo 91:4
Salmo 56:3
Proverbios 30:5
Jeremías 29:10-14

¡Siga agarrándose de su fe! Él le contestará y pronto.

martes, 24 de mayo de 2011

SALUDOS EN EL MARAVILLOSO NOMBRE DEL SEÑOR

Para animar su fe, le recomiendo que se dé tiempo para leer estos poderosos Salmos 142 y 143.

Yo estaba interesado en lo que David se encontraba pasando cuando dijo, “Cuando mi espíritu se angustiaba dentro de mí, tú conociste mi senda” (142:3). Él repite esto en el versículo 143:4, “Y mi espíritu se angustió dentro de mí; está desolado mi corazón.” David le está diciendo a Dios, “Me estoy ahogando en problemas. Estoy siendo atacado por mis enemigos. Esto me está afligiendo.” Él clamó al Señor, “Escucha mi clamor porque estoy muy afligido…Saca mi alma de la cárcel” (142:6-7).

Amado, estas palabras fueron escritas para nuestro beneficio, para nuestra instrucción. Aquí encontramos palabras de ánimo para todos los del pueblo de Dios que están abrumados por problemas y aflicciones. Algunos se están ahogando en problemas financieros, sobrecargados con deudas. Multitudes de preciados creyentes están luchando para cumplir con sus obligaciones. Muchas viudas y parejas de la tercera edad apenas pueden sustentarse.

Muy a menudo he sido acusado de ser muy pesimista, muy negativo. Las personas dicen que nadie quiere escuchar malas noticias, que dejan de escuchar a cualquier predicador que habla de sufrimiento, dolor y problemas. Pero la verdad es que la mayoría de nosotros vivimos en un mundo donde la vida puede ser a veces muy abrumadora. Como David, enfrentamos cantidades inmensas de problemas; somos afligidos aún en nuestra justicia. Soportamos enfermedades, muertes de nuestro seres queridos, tiempos de confusión, sin saber qué hacer. Enfrentamos ataques a nuestra fe de parte de Satanás.

Es durante nuestros tiempos de aflicción que aprendemos a buscar a Dios y aprendemos a clamar en nuestro dolor. David dijo, “Delante de él expondré mi queja, delante de él manifestaré mi angustia” (142:2). “Respóndeme por tu verdad, por tu justicia” (143:1). ¿Está usted ahora abrumado por las circunstancias en su vida? Haga lo que hizo David:

“Extendí mis manos a ti, mi alma a ti como la tierra sedienta” (143:6).

“No escondas de mí tu rostro…Hazme oír por la mañana tu misericordia, porque en ti he confiado; hazme saber el camino por donde ande, porque a ti he elevado mi alma” (143:9-11).

“Líbrame de mis enemigos, oh Jehová; en ti me refugio. Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud. Por tu buen nombre, oh Jehová, me vivificarás; por tu justicia sacarás mi alma de angustia” (143:9-11).

Anímese. ¡Dios tiene todo bajo control! Él suplirá su necesidad en el momento exacto.

lunes, 23 de mayo de 2011

SU BATALLA ES DEL SEÑOR (2Crónicas 30:15)

La razón por la cual estoy escribiendo esto, es para recordarle que la batalla que usted está enfrentando no es suya, sino del Señor. Si usted es un hijo de Dios, puede estar seguro que Satanás se “enfurecerá contra ustedes.”

En 2 Crónicas 20, una gran multitud vino contra el pueblo de Dios. El rey Josafat y su gente propusieron en sus corazones buscar a Dios y ayunar. El rey clamó a Dios con una oración que la mayoría de nosotros ha orado en nuestro caminar espiritual: “En nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros; no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos” (20:12). “Vino el Espíritu de Jehová en medio de la reunión…Jehová os dice así: No temáis ni os amedrentéis…porque no es vuestra la guerra, sino de Dios” (20:14-15).

Isaías dio esta advertencia a todas las fuerzas satánicas: “¿A quién vituperaste, y a quién blasfemaste? ¿Contra quién has alzado tu voz?...Contra el Santo de Israel” (Isaías 37:23).

Dios le dijo a su pueblo Israel, y él nos dice hoy día: “La batalla no es contra ustedes. Es la furia de Satanás contra mí, el Señor que habita en vosotros”. Dios le dijo a Satanás, “He conocido tu condición, tu salida y tu entrada, y tu furor contra mí” (37:28).

Yo le pregunto a usted: ¿Dónde está su batalla? ¿En su matrimonio? ¿En su negocio o en su trabajo? ¿En sus finanzas? ¿En su salud? ¿Se intensifica la batalla día tras día? Si usted tiene un corazón devoto a Jesús y un deseo de aferrarse a él, usted enfrentará la rabia del infierno. Pero ésta sigue no siendo su batalla.

Usted puede terminar su batalla rápidamente si así lo decide – simplemente rindiendose o entregándose a sus miedos y temores. Satanás no molestará a aquellos que pierden su confianza en el Señor.

Sí, la batalla es del Señor, pero nosotros tenemos una parte en ella – y ésta es confiar y creer en sus promesas cuando enfrentamos desesperanza y lo que parece ser imposible. “¿Por qué dices, oh Jacob, y hablas tú, Israel: Mi camino está escondido de Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio?” (Isaías 40:27).

La fe demanda que yo entregue todos mis problemas – todas mis situaciones críticas, todos mis miedos, todas mis ansiedades – en las manos del Señor. Cuando he hecho todo lo que puedo hacer y cuando sé que mi batalla va más allá de mi poder, yo debo someter todo en sus manos.

Nuestro Señor sabe de la furia de Satanás y debemos verdaderamente creer que él actuará. Él nos ayudará a pasar por las muchas aguas y por los fuegos, y hará huir a todos nuestros enemigos espirituales. Esta es la Palabra de Dios acerca de lo que él hará: “Porque contra mí te airaste…y ha subido a mis oídos; pondré, pues mi garfio en tu nariz, y mi freno en tus labios, y te haré volver por el camino por donde viniste” (Isaías 37:29).

Si usted permanece agarrado de su fe – confiando en él, descansando en sus promesas, rechazando todas las mentiras de Satanás que vengan a su mente – entonces esté a la expectativa que Dios vendrá con su Espíritu a su situación, y pondrá un fin esperado a su batalla en particular. Él moverá cielos y tierra para librarlo y hacer un camino. El camino de salida es ¡confiar, confiar, confiar! Él es quien “hace cesar las guerras” (Salmo 46:9).

domingo, 22 de mayo de 2011

PROMESAS

Nuestra gran necesidad de paciencia se repite a lo largo del libro de Hebreos:

• “Cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo diciendo....Y habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa. (Hebreos 6:13-15, itálicas mías).
• “A fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas” (6:12).
• “Pues os es necesaria la paciencia, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa” (10:36).

Dios nos ha dado maravillosas promesas -romper toda atadura del pecado, darnos poder para vencer todo dominio del pecado, darnos un nuevo corazón, limpiarnos y santificarnos, conformarnos a la imagen de Cristo. Su palabra nos asegura, “A aquel que es poderoso para guardaros sin caída y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría”(Judas 24).

No obstante, Dios hace todas estas cosas en su tiempo, acorde a su itinerario divino. Él no tiene fechas límite que lo presionen. Él ignora todas las demandas que apelan a una cura instantánea y total. En resumen, la verdadera fe demanda de nuestra parte que pacientemente esperemos en el Señor. Nuestra respuesta a Él debiera ser, “Señor, yo creo que tú eres fiel a tu Palabra. Y por el poder de tu Espíritu dentro de mi, voy a esperar pacientemente hasta que hagas que estas cosas sucedan en mi vida. Mi responsabilidad es permanecer en la fe, esperando en ti.”

Tal vez usted soportará terribles tribulaciones y tentaciones. E incluso usted podrá escuchar horribles mentiras que Satanás le suspirará al oído. En ocasiones, usted podrá fallar. Es más, usted podrá preguntarse si algún día alcanzará la meta. Sin embago, mientras usted soporte sus aflicciones, si usted simplemente se agarra de su fe con paciencia -confiando en que Dios está obrando, guardando su Palabra, siendo Jehová Tsidkenu—Él lo verá como justo. Él ha hecho un juramento, “Por fe, usted recibirá la promesa.”

Pablo nos brinda lo que Dios define como justo en Romanos 4:20-23: “[Abraham] Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció por la fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido.Por eso, también su fe le fue contada por justicia. Pero no solo con respecto a él se escribió que le fue contada.”

La Biblia no lo puede dejar más claro. La justicia es creer en las promesas de Dios, estar completamente convencidos de que Él cumplirá su palabra. De manera contraria, la incredulidad es tambalearse ante sus promesas, dudar que Dios hará lo que prometió.

jueves, 19 de mayo de 2011

DAME TODOS TUS MAÑANAS

Un día el Señor se le apareció a Abraham y le dió un increíble mandato: “Vete de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.” (Génesis 12:1).

¡Qué cosa tan maravillosa! De repente, Dios escogió a un hombre y le dijo “Quiero que te levantes y te vayas, dejando todo atrás: tu casa, tus familiares, e inclusive tu país. Quiero enviarte a otro lugar, yo te guiaré a lo largo de tu jornada.”

¿Cómo respondió Abraham a esta increíble palabra del Señor? “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba.” (Hebreos 11:8).

¿Qué estaba haciendo Dios? ¿Por qué buscaría entre las naciones a un hombre, y luego le pediría que lo abandone todo y emprenda un viaje sin ningún mapa, sin dirección preconcebida, sin saber cual sería su destino? Piense en lo que Dios le estaba pidiendo a Abraham. Él nunca le mostró cómo iba a alimentar y a cuidar a su familia. Él no le dijo qué tan lejos tendría que ir ni cuando él llegaría a su destino. Al principio solamente él le dijo dos cosas: “Ve”, y, “Te mostraré el camino.”

En esencia, Dios le dijo a Abraham, “Desde este día en adelante, quiero que me entregues todos tus mañanas. Día tras día, tú vivirás el resto de tu vida poniendo tu futuro en mis manos. Abraham, te estoy pidiendo que comprometas tu vida a la promesa que te estoy dando. Si tú te comprometes a hacer esto, te bendeciré, guiaré y dirigiré a un lugar que nunca imaginaste.”

El lugar a donde Dios quería dirigir a Abraham es el lugar donde él quiere llevar a cada miembro del cuerpo de Cristo. Abraham es lo que la Biblia llama un “hombre patrón”, alguien que sirve de ejemplo de cómo se debe caminar delante del Señor. El ejemplo de Abraham nos muestra lo que es requerido de todos los que buscan agradar a Dios.

No se equivoque, Abraham no era un hombre joven cuando Dios lo llamó a hacer este compromiso. Probablemente había puesto ya en marcha planes asegurar el futuro de su familia, así que debió de estar preocupado por muchos asuntos mientras él sopesaba el llamado de Dios. Sin embargo, Abraham “le creyó a Dios; y (Dios) se lo contó por justicia” (Génesis 15:6)

El Apóstol Pablo nos dice que todos los que creen y confían en Cristo son hijos de Abraham. Y así como Abraham, somos contados como justos por que obedecimos al mismo llamado de confiar todos nuestros mañanas en las manos del Señor.

miércoles, 18 de mayo de 2011

LIBRADO DE LAS GARRAS DEL LEON

Es por nuestro propio beneficio que Dios nos dice que recordemos. La memoria de nuestras liberaciones pasadas nos ayuda a incrementar nuestra fe ante lo que estamos viviendo en este momento.

¿Está usted enfrentando una crisis? ¿Tiene algún problema amenazante en casa, en el trabajo o en su familia? La única manera de enfrentar a un gigante es como lo hizo David: recuerde al león y al oso. Así es como David pudo ir en contra de Goliat sin temor: Recordando la fidelidad de Dios hacia él en sus crisis pasadas.

Cuando David se ofreció a pelear contra Goliat: “Dijo Saúl a David: No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él…David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca…Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos” (1 Samuel 17:33-36).

David conocía el peligro que enfrentaba ante Goliat. El no era un novicio o un muchacho ingenuo que de pronto se armó de bravura y quiso buscar pelea. No, David estaba simplemente recordando sus liberaciones pasadas. Y ahora, él miraba a su enemigo directamente a los ojos y le dijo: “Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo” (1 Samuel 17:37).

Multitudes del pueblo de Dios, hoy están enfrentando a gigantes por todos lados. Sin embargo, muchos son intimidados. ¿Esto lo describe a usted? ¿Se ha olvidado acaso de aquella ocasión en la que enfermó tanto que estuvo cerca de la muerte pero el Señor lo levantó? ¿Se acuerda de aquel desastre económico que le hizo pensar: “Esto se acabó, estoy en la ruina”, pero el Señor lo vió a través de ello y lo ha guardado hasta el día de hoy?

Hay muchas cosas que no entendemos y no las comprenderemos hasta que estemos en casa con Jesús. Pero yo absolutamente creo que Dios puede sanar y que Él tiene una salida para cada situación. La pregunta para nosotros es: “¿Dónde encontramos la fe, el valor, para ponernos de pie y obtener victoria en Él?

Esto solamente se logra al recordar al león y al oso. Ello sucede cuando usted es capaz de recordar la increíble fidelidad de Dios y las victorias que Él le dio en el pasado. Usted no podrá enfrentar a un gigante hasta que sea capaz de asimilar y entender la majestad y la gloria de Dios en su vida.

martes, 17 de mayo de 2011

ENCONTRANDO NUEVAS FUERZAS

¡Cuán rápido olvidamos las grandes liberaciones de Dios en nuestras vidas! ¡Cuán fácil tomamos por sentado los milagros que Él obró en nuestras vidas! Sin embargo, la Biblia nos dice vez tras vez: “Recuerda tu liberaciones”.

¡Somos tan parecidos a los discípulos! Ellos no entendían los milagros de Jesús cuando sobrenaturalmente alimentó a miles con tan sólo unos cuantos panes y peces. Jesús hizo este milagro dos veces, alimentando a 5,000 personas en una ocasión y a 4,000 en la siguiente. Pocos días después, estos eventos desaparecieron de la memoria de los discípulos. Ello sucedió cuando Jesús les advertía sobre la levadura de los fariseos. Los discípulos pensaron que Él había dicho esto porque ellos se habían olvidado de traer el pan para el viaje. Pero Cristo les respondió: “¿No entendéis aún, ni os acordáis de los cinco panes entre cinco mil hombres, y cuántas cestas recogisteis? ¿Ni de los siete panes entre cuatro mil, y cuántas canastas recogisteis?” (Mateo 16:9-10).

Según Marcos, Cristo estaba impresionado de cuán rápido habían olvidado los discípulos. Jesús dijo: “¿No entendéis ni comprendéis? ¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón? ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no recordáis? Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas cestas llenas de los pedazos recogisteis?” (Marcos 8:17-19).

¿Qué nos dicen estos pasajes? Es claro que ninguno de los discípulos se detuvo a considerar lo que estaba llevándose a cabo mientras las milagrosas multiplicaciones de pan sucedían. Intente imaginar a estos hombres caminando entre las multitudes llevando canastas, repartiendo los panes y los peces que fueron multiplicados milagrosamente frente a ellos. Uno pensaría que dichos discípulos caerían postrados clamando: “¿Cómo puede estar sucediendo esto? Es simplemente asombroso. Esto va más allá de toda explicación humana. Oh Jesús, verdaderamente Tú eres Señor”. Me los puedo imaginar animando a la gente que servían: “Tomen, deléitense en esta comida milagrosa, enviada de la misma gloria. Jesús la ha provisto”.

Los discípulos vieron estos milagros con sus propios ojos, no obstante, su relevancia no quedó registrada en ellos. Los discípulos no entendieron los milagros, así como nosotros olvidamos los prodigios de Dios en nuestras vidas. Las liberaciones de ayer son rápidamente olvidadas ante la crisis de hoy.

A través de ambos Testamentos, podemos leer: “Recuerden el brazo del Señor, poderoso para obrar milagros a favor de ustedes. Recuerden todas sus liberaciones del pasado”. Consideren la exhortación de Moisés a Israel después del milagro del Mar Rojo: “Moisés dijo al pueblo: Tened memoria de este día, en el cual habéis salido de Egipto, de la casa de servidumbre, pues Jehová os ha sacado de aquí con mano fuerte…” (Exodo 13:3).

lunes, 16 de mayo de 2011

¡EXALTAMOS EL NOMBRE DE JESUCRISTO NUESTRO SEÑOR!

Alguien que está leyendo este mensaje, necesita que Jesús lo toque. Cuando el Señor ministró aquí en la tierra, él sanaba y restauraba a los afligidos con simplemente tocarlos. Cuando Jesús tocó a la suegra de Pedro, “la fiebre la dejó”. Él tocó el féretro de un joven muerto y éste volvió a la vida. Él tocó los ojos de los ciegos y ellos pudieron ver. Él tocó el oído de un sordo y éste pudo oír. Padres trajeron sus hijos a Jesús “para que los tocara”. Su suave toque cambió todo. Multitudes trajeron a sus enfermos,y Jesús se dio tiempo para extender su mano, tocarlos y sanarlos.

Si usted verdaderamente conoce al Señor íntimamente, usted ha conocido y ha sentido el toque de la mano de Jesús. En momentos de soledad, en tiempos de desánimo, en tiempos de confusión, en tiempos tan dolorosos e inciertos, usted clamó desde lo profundo de su alma: “Señor Jesús, necesito tu toque. Necesito sentir tu presencia. Ven Jesús y toca mi alma sedienta.”

Algunos necesitan el toque de Jesús sobre sus mentes. Satanás ha venido junto con sus malvados principados para molestar y sobrecargar su mente con pensamientos infernales – pensamientos de incredulidad, pensamientos que no nos hacen como Cristo, pensamientos de temor, pensamientos de baja estima, pensamientos de que estamos desagradando a Dios. Los creyentes honestos le dirán a usted que ellos han experimentado estos ataques en sus mentes. Satanás está decidido a destruir nuestra fe y dependencia del Señor.

En las Escrituras, el toque de Jesús vino en respuesta a un clamor. No hay evidencia de que él alguna vez haya rechazado un clamor. Y él no le dará la espalda a su clamor, sino que responderá misericordiosamente a su necesidad. En Mateo 8, nosotros leemos sobre un leproso el cual vino a él diciendo, “Señor, si quieres, puedes limpiarme.” Jesús extendió su mano y lo tocó diciendo, “Quiero; sé limpio.” “Y al instante su lepra desapareció”.

Hoy busque un lugar a solas con Jesús y dígale lo que el leproso le dijo: “Señor, tú puedes. Límpiame.” Luego esté a la expectativa de que aquél que no hace acepción de personas lo tocará y lo sanará en mente, cuerpo, alma y espíritu. El brazo del Señor está extendido hacia usted, pero él espera por aquél clamor de necesidad, ese clamor por ayuda que también es un clamor de expectativa.

“Y los Egipcios nos maltrataron y nos afligieron, y pusieron sobre nosotros dura servidumbre. Y clamamos a Jehová el Dios de nuestros padres; y Jehová oyó nuestra voz, y vio nuestra aflicción, nuestro trabajo y nuestra opresión; y Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte, con brazo extendido, con grande espanto, y con señales y milagros; y nos trajo a este lugar, y nos dio esta tierra, tierra que fluye leche y miel” (Deuteronomio 26:6-9).

domingo, 15 de mayo de 2011

QUE DIOS LOS BENDIGA Y LOS GUARDE EN PAZ

El Espíritu Santo me animó a leer Éxodo 12 que habla sobre el rescate de Israel de Egipto.

En la puerta de cada casa israelita, la sangre del cordero estaba impregnada en los dos postes y el dintel. Esto era para proteger al pueblo de Dios del ángel de la muerte que pasaría. Cuando llegó el día, una multitud de Israelitas salieron de la cautividad, incluyendo 600.000 hombres, además de las mujeres y los niños. “En el mismo día…todas las huestes de Jehová salieron de la tierra de Egipto” (Éxodo 12:41).

En el capítulo siguiente me detuve en el versículo 3, el cual dice: “Pues Jehová os ha sacado de aquí con mano fuerte” (Éxodo 13:3). El pueblo de Dios fue rescatado sólo por el poder de Dios, no por medios humanos.

David declara, “Dios es el que me ciñe de fuerza, y quien despeja mi camino…Envió desde lo alto y me tomó; me sacó de las muchas aguas. Me libró de poderoso enemigo, y de los que me aborrecían, aunque eran más fuertes que yo…Escudo es a todos los que en él esperan” (2 Samuel 22:33, 17, 18, 31).

Nuestra fe y fortaleza pueden debilitarse, pero en nuestros tiempos de debilidad Dios nos ha dado maravillosas promesas para renovarnos y fortalecernos:

• “Pues me ceñiste de fuerzas para la pelea” (2 Samuel 22:40).

• “Los débiles se ciñeron de poder” (1 Samuel 2:4).

• “Jehová dará poder a su pueblo; Jehová bendecirá a su pueblo con paz” (Salmo 29:11).

• “El Dios de Israel, él da fuerza y vigor a su pueblo. Bendito sea Dios” (Salmo 68:35).

• “Cuando mi fuerza se acabare, no me desampares…Volveré a los hechos poderosos de Jehová el Señor” (Salmo 71:9, 16).

• “Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas…Irán de poder en poder; verán a Dios en Sion” (Salmo 84:5, 7).

Amado, ¿cree usted que nuestro Dios es fuerte? Si él es fuerte, ningún poder puede hacerle frente a él. Por lo tanto, encomiende todo a la poderosa mano de poder y fuerza de Dios. Él hará un camino. Sobre todo, crea en esta palabra: “El día que clamé, me respondiste; me fortaleciste con vigor en mi alma” (Salmo 138:3).

Que Dios lo ame y lo bendiga.

jueves, 12 de mayo de 2011

PERDONADO

Jesús nos dice: "De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida" (Juan 5:24). La palabra griega que Jesús usa aquí para condenación es juicio. Él está diciendo, "Si crees en mí, no vendrás a juicio, sino que pasarás de la muerte a la vida."

En efecto, la Escritura nos dice de principio a fin que una vez que el Señor perdona nuestros pecados, Él los borra de su memoria.

"Yo, Yo Soy el que borro tus rebeliones por amor de mí, y no me acordaré de tus pecados" (Isaías 43:25).

"Yo deshice como a una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados: vuelve a mí, porque yo te redimí" (Isaías 44:22).

"Yo les perdonaré su iniquidad, y no me acordaré más de su pecado" (Jeremías 31:34).

"Yo seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré sus pecados ni de sus iniquidades" (Hebreos 8:12).

"Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice Jehová el Señor. Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré, y de sus pecados e iniquidades no me acordaré más "(Hebreos 10:16-17).

"El volverá, a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará todos nuestros pecados a las profundidades del mar" (Miqueas 7:19).

Aquí hay abundancia de buenas noticias para todos los cristianos que alguna vez hayan sudado, que se hayan esforzado y trabajado para morir a las obras de la carne en sus propias fuerzas.

¿Esto lo incluye a usted? ¿Cuántas promesas le ha hecho a Dios sólo para romperlas? ¿Cuántas veces ha tratado de complacer al Señor luchando para abandonar su propia lujuria y hábitos para fallar una vez más?

En el libro de Miqueas encontramos una buena noticia para usted: "Yo, El Señor, someteré todas tus iniquidades." Dios nos da ejemplos tras ejemplos de cómo Él borra los pecados de su memoria. Él los elimina, no se acuerda más de ellos, los entierra en el mar. Cuando Dios dice que Él los "somete" significa que los persigue y captura.

Isaías incluso nos dice que Dios toma nuestros pecados y los lanza por encima de su hombro. "Porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados" (Isaías 38:17). Esto significa que Dios nunca mirará nuestros pecados o los reconocerá otra vez.

Ahora déjeme preguntarle, si Dios se olvida de nuestros pecados, ¿por qué nosotros no? ¿por qué siempre le permitimos al diablo desenterrar algo del estiércol o del fango de nuestro pasado y ondearlo en nuestra cara, cuando todos nuestros pecados ya han sido cubiertos por la sangre de Cristo?

La limpieza y el poder de perdonar en la sangre de Cristo lo abarca todo. ¡Cubre nuestra vida entera!

miércoles, 11 de mayo de 2011

JUSTO ANTES DE LA VICTORIA

Si usted está experimentando confusión, dolor y sufrimiento puede ser que Dios esté obrando las cosas a su manera. Por lo general se trata del trabajo soberano de nuestro Dios quien se encuentra desarrollando un plan maestro que sólo él conoce. A través del sufrimiento de los hijos de Dios, Él está obrando. La confusión precede al milagro.

Estudie la Biblia y descubrirá que estos son los mismos patrones que siguen las vidas de los que conforman el pueblo de Dios. En cada ocasión cuando Dios comenzaba a llevar a cabo su promesa, pareciera que primero el techo se venía abajo.

Piense en Daniel y los tres jóvenes hebreos. Ellos se entregaron a una vida de santidad y separación del mundo y de sus placeres. Daniel se entregó fielmente a una vida de oración, lágrimas, e intercesión, ¿pero qué le trajo esto a él y a sus tres amigos hebreos? ¡Pruebas antes de la victoria!

Usted no sale del lugar secreto de oración y se va a la cima de la montaña de victoria – usted va al foso de los leones. Usted no va de la consagración hacia una vida fácil sólo de bendiciones – usted va al horno ardiente. Estos hombres no tuvieron temor de enfrentar dolor y sufrimientos porque sabían que todo siempre terminaría de la manera en que Dios lo había propuesto. ¡De pasar por leones y hornos abrasadores hasta llegar a la perfecta voluntad de Dios!

Piense en Elías. Dios le dio una gloriosa promesa acerca de un despertar espiritual en la región; un derramamiento de lluvia abundante; un nuevo día de victoria para el pueblo de Dios; y el derrocamiento de Acab y Jezabel. Pero mire toda la confusión que se desató después que le fue dada la promesa. Jezabel amenazó con quitarle su vida y lo persiguió haciendo que huyera a las montañas. Fuerzas del mal mataron a los profetas de Dios y la región continuó en maldad y sequía. De hecho, la Palabra de Dios parecía una mentira.

¿Se imagina lo confuso que estaba Elías? “¿Qué clase de respuesta a mi oración es ésta? Estoy aquí abandonado. ¿Dónde está el Señor? ¿Han fallado sus promesas?” Mientras tanto, Dios estaba haciendo exactamente lo que dijo que haría. La confusión pasaría pronto y la respuesta aparecería.

Cristo dejó a sus discípulos una promesa la cual podía haberlos ayudado a salir de toda confusión y dolor, pero ellos estaban demasiado abatidos por la tristeza como para acordarse de ella. Él les dijo: “Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea” (Mateo 36:32).

En otras palabras, “No traten de descifrarlo todo. No cuestionen el tiempo de confusión. No es su batalla. ¡Dios está trabajando! Cuando todo esto termine, yo seguiré yendo delante de ustedes. Su pastor siempre estará ahí.” ¡Qué palabra alentadora!

martes, 10 de mayo de 2011

GUARDADOS POR EL PODER DE DIOS

Pedro dijo, “…sois guardados por el poder de Dios, mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo final” (1 Pedro 1:5). A través de esta profecía observo que en estos últimos tiempos Dios va a revelar a su pueblo una vez más su poder guardador.

Cristo oró al Padre concerniente a sus discípulos: “Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé y ninguno de ellos se perdió” (Juan 17:12). Los discípulos no se guardaron ellos mismos en la voluntad de Dios, ellos fueron guardados por un grandioso poder fuera de ellos mismos. Ellos no pudieron haber terminado ningún día sin el poder guardador de Cristo.

Qué gloriosa oración Cristo oró a nuestro favor: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal” (Juan 17:15).

En el Griego, la palabra guardar es muy expresiva. En 1 Pedro 1:5, ésta significa:

• Establecer un puesto militar.
• Guardar, resguardar, proteger con una guarnición.
• Establecer una fortaleza con una línea militar completa, con todas sus armas militares.
• Reconocer al enemigo por adelantado y proteger del peligro.

El Señor no es solamente una torre fuerte, sino también establece en nosotros un puesto militar resguardado por un ejército completamente equipado. Actualmente, nos convertimos en un poderoso puesto militar con ejércitos de soldados, caballos, carros listos para el combate, y con un centinela que ve venir al enemigo muy por adelantado.

Jesús oró, “…que los guardes del mal” La palabra guardar significa:

• Liberar de un efecto o influencia de cualquier cosa mala, malvada, cruel, perjudicial, lujurioso, malicioso, o perverso.
• Liberar del mismo Satanás y de todo lo que es corrupto o enfermo.

Si resume todo lo anterior parecería demasiado bueno para creerlo. Somos un puesto militar de Dios, protegido por una armada espiritual equipada completamente con innumerables caballos, carros y soldados armados para la batalla, completamente informados de cada plan y artimaña del enemigo – totalmente resguardada contra Satanás y todos los poderes demoniacos en el universo. Ahora tal vez podamos entender lo que las Escrituras quieren decir cuando proclaman, “Mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4).

lunes, 9 de mayo de 2011

GUARDADOS POR JEHOVÁ DE LOS EJÉRCITOS

Los santos del Antiguo Testamento conocieron a Dios de una manera que los santos del Nuevo Testamento conocieron muy poco. ¡Ellos lo conocieron como Jehová de los ejércitos! Más de 200 veces en el Antiguo Testamento – desde Samuel hasta Malaquías – se refieren a Dios de esta manera. Leemos que “Y David iba adelantando y creciendo, y Jehová de los ejércitos era con él.” Encontramos repetidamente este majestuoso título en los Salmos:

• ¡Jehová de los ejércitos está con nosotros! ¡Nuestro refugio es el Dios de Jacob! (46:7).
• Jehová, Dios de los ejércitos, ¿quién como tú? Poderoso eres, Jehová, y tu fidelidad te rodea” (89:8).
• Jehová, Dios de los ejércitos, oye mi oración” (84:8).
• ¡Es Jehová de los ejércitos! ¡Él es el Rey de gloria! (24:10).

La palabra Hebrea para “ejércitos” es tsbaah. Significa “una armada lista y posesionada para la batalla.” Soldados, caballos, y carros listos para ir a guerrear en un momento dado; un ejército agrupado y congregado, esperando instrucciones.

En una ocasión, el ejército Asirio vino contra el Rey Ezequías y Judea. Este rey no se inmutó cuando se vio rodeado por un ejército feroz y le dijo al pueblo de Dios, “Esforzaos y animaos; no temáis ni tengáis miedo del rey de Asiria, ni de toda la multitud que con él viene; porque más hay con nosotros que con él. Con él está el brazo de carne, pero con nosotros está Jehová, nuestro Dios, para ayudarnos y pelear nuestras batallas. Y el pueblo tuvo confianza…” (2 Crónicas 32:7-8).

Los santos del Antiguo Testamento descansaron en la visión que tenían de un Dios grandioso cuyo ejército todopoderoso, invisible, estaba agrupado y listo para protegerlos. David con alarde dijo, “Los carros de Dios son veinte mil, y más millares de ángeles. El Señor entre ellos…” (Salmo 68:17). De acuerdo con el salmista, ellos están listos para nosotros: “Jehová es tu guardador” (121:5).

No nos protegemos de lo malvado por medio de nuestro propio poder; no batallamos con Satanás en nuestra propia fuerza. El Señor de los ejércitos debe de guardarnos. Escuche lo que dice la Biblia: “Envió desde lo alto y me tomó, me sacó de las muchas aguas. Me libró de mi poderoso enemigo…pues eran más fuertes que yo” (Salmo 18:16-17).

En Judas, se nos promete, “A aquel que es poderoso para guardaros sin caída y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría” (Judas 24).

domingo, 8 de mayo de 2011

EL SEÑOR ES QUIEN TE GUARDA

Una historia apasionante del Antiguo Testamento en 2 Reyes 6 ilustra muy bien lo que significa ser guardado por el poder de Dios.

Ben-Adad, rey de Siria, declaró guerra contra Israel y marchó contra ellos con un gran ejército. Mientras avanzaban, él llamaba muy seguido a sus consejeros de guerra a su aposento privado para planear las estrategias para el próximo día. Pero el profeta Eliseo seguía mandando mensajes al Rey de Israel, detallando cada movimiento de las tropas enemigas. De hecho, en varias ocasiones, los israelitas escaparon de ser vencidos debido a las advertencias de Eliseo.

Ben-Adad estaba furioso y llamó a sus siervos. “¡Díganme quién es el que está revelando nuestros planes al Rey de Israel! ¿Quién es el traidor?” Los sirvientes le dijeron, “No es lo que piensas, mi señor. No hay traidor en el campamento ni en tu corte; todos somos fieles – leales. El profeta Eliseo, que está en Israel, es el que hace saber al Rey de Israel las palabras que tú hablas en tu habitación más secreta” (2 Reyes 6:12).

Ben-Adad inmediatamente despachó un ejército de caballos, carros, y soldados a capturar a Eliseo. “Vayan a Dotán y tráiganlo” demandó el rey. Ellos fueron de noche y rodearon la ciudad, con intención de tomar al profeta por sorpresa, pero el siervo de Eliseo despertó temprano. Cuando él vio que “el ejército tenía sitiada la ciudad, con gente de a caballo y carros” (vs.15), él corrió a su amo con terror y clamó “¡Ah señor mío! ¿qué haremos?”
Sonriendo confiadamente, Eliseo respondió, “No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos. Y oró Eliseo diciendo: Te ruego Jehová que abras sus ojos para que vea. Jehová abrió entonces los ojos del criado, y este vio que el monte estaba lleno de gente de a caballo y de carros de fuego alrededor de Eliseo” (2 Reyes 6:16-17).

Como el Salmista, Eliseo podía ponerse de pie en medio de la crisis y decir con absoluta confianza:

• No temeré ni a una gran multitud que ponga sitio contra mí. (Salmo 3:6).
• Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado” (Salmo 27:3).
• Él redimirá en paz mi alma de la guerra contra mí, aunque muchos estén contra mí” (Salmo 55:18).

Mi oración es la de Eliseo: “¡Señor, abre nuestros ojos para que veamos y contemplemos las montañas llenas de caballos y carrozas de fuego – del Señor de los ejércitos!

jueves, 5 de mayo de 2011

ESTAD QUIETOS Y CONOCED

Después que la Palabra nos dice que Dios es el que hace cesar las guerras, esto es añadido: “Estad quietos y conoced que yo soy Dios…” (Salmo 46:10).

La palabra Hebrea para “quietos” es raphah, la cual significa cesar, dejar tranquilo, volverse débil, impotente. Viene de la palabra raíz rapha la cual significa reparar y ser hecho completo por las manos de un médico.

Cuán consistente es la Palabra de Dios. Él hace cesar las guerras y hasta que Él termine su trabajo, debemos de cesar nuestros esfuerzos de auto justicia, confiarle todo en sus manos, confesar nuestras debilidades y flaquezas, y confiar nuestro futuro y restauración en las manos de Cristo, nuestro Gran Médico.

Amado creyente, ¿está usted siendo desgarrado por su conflicto interior? Satanás puede zarandearlo, pero él no puede herirlo ni destruirlo. Más bien usted está siendo despojado con el propósito de prepararlo para recibir una revelación más profunda de la cruz y de esta manera, poder estar listo para ofrecer un mayor servicio a Dios.

Usted es como Pedro, el cual fue despojado de todo antes de ir al Pentecostés. Mire a este gran hombre de Dios caminando sin rumbo en las colinas de Jerusalén – completamente abatido. Pedro caminó sobre las aguas una vez y ayudó a alimentar milagrosamente a multitudes. Él experimentó la actual gloria de Dios y fue un siervo usado, bendecido, prominente, y amado de Cristo. Pero él pecó gravemente, fallándole al Señor como pocos lo han hecho,y después, lloró y se afligió pensando que había perdido su salvación y su ministerio.

“¿Qué está mal dentro de mí?,” debió de haberse preguntado una y otra vez. “¿Por qué no tuve poder o fuerzas cuando fui tentado? ¿Por qué no tuve la reserva moral - la voluntad para resistir al enemigo? ¿Por qué tuve que ser yo el que fallara? ¿Cómo puede un hombre de Dios hacerle tan horrenda cosa a su Señor? ¿Cómo pude haberles predicado a otros cuando yo no tengo poder en medio de mi crisis?”

Dios no causó la caída de Pedro, pero un gran bien vino como resultado de la misma. Era parte del proceso de despojo que tenía que pasar este hombre de Dios – permitir que se revelara lo que estaba arraigado profundamente en su hombre interior. Sólo el fracaso podría exponer su orgullo y auto suficiencia. El fracaso abatió a Pedro y le reveló su necesidad de depender absolutamente en su Señor para todo, incluyendo su pureza y rectitud.

¡Es en la sombra de la cruz que podemos soportar nuestras tentaciones y fracasos más grandes, para luego salir a la resurrección!

miércoles, 4 de mayo de 2011

LA META DE DIOS PARA NOSOTROS ES PAZ Y DESCANSO

La meta fundamental que Dios tiene para con todos sus hijos es una vida abundante. Él nunca tuvo la intención de que nosotros viviéramos enfocados en nuestros pecados y fracasos. La buena noticia es que servimos a un Dios de amor absoluto – un Dios de misericordias el cual desea llevar a sus amados hijos a un lugar superior a todas sus angustias. Pero nosotros no podemos tomar nuestro lugar, sentados con Cristo en los lugares celestiales, hasta que nos identifiquemos totalmente con su muerte y resurrección.

No puede haber una brecha hacia una vida ascendida sin haber experimentado primero la muerte en la cruz. El Espíritu Santo ha puesto dentro de nosotros el conocimiento de que no podemos vivir verdaderamente hasta que muramos por completo. Pareciera que tenemos entendimiento acerca de nuestra cita con la muerte, un destino que tiene que ver con la cruz de Cristo.

Observe dónde nos encontramos actualmente, nuestros temores, vacíos, soledad, fracasos, y cómo estamos cediendo al pecado. Considere cuán poco realmente poseemos de la paz que el Señor nos prometió. Nos hemos quedado muy lejos de lo que un cristiano victorioso debiera ser. Sin embargo, sabemos que la Palabra de Dios habla claramente de victoria, paz y liberación del dominio del pecado. Hemos visto algunos cristianos que han podido lograr entrar a esa hermosa vida de seguridad y quisiéramos preguntarles: ¿Cómo pudo usted llegar a esa victoria? Y luego nos preguntamos cómo podemos nosotros lograrlo.

El Espíritu Santo debe traernos a la cruz y hacernos enfrentar la realidad de morir al mundo y al pecado. El momento en que comencemos a buscar al Señor diligentemente con un deseo de someternos a su señorío en todas las cosas, entonces seremos atraídos irresistiblemente por el Espíritu. Seremos llevados hasta el final de nosotros mismos, despojados, debilitados, y sin confianza en nuestra carne.

Yo estoy convencido que el Espíritu Santo está trayendo a su iglesia de vuelta a las gloriosas verdades de identificarse con la vida de Cristo en muerte, resurrección y ascensión.

La muerte puede ser muy aterradora, especialmente si usted no puede ver la gloria al otro lado de ella. Pero Cristo nos asegura de su amor perpetuo a pesar de nuestros fracasos, y nos da paz y el gozo de su vida de resucitada.

martes, 3 de mayo de 2011

MANTENIENDO LA VISION

Nubes oscuras, lluvia a cántaros, y un viento frío sopló a través de la carpa donde el cuerpo de mi padre fue sepultado. Pero aquéllos quienes se reunieron en el lugar de su tumba tras un glorioso funeral, encontraron consuelo e inclusive gozo al saber que David Wilkerson había corrido su carrera, había terminado su curso y había dejado un legado de millones de vidas profundamente impactadas y transformadas. Nuestra familia, amigos cercanos y compañeros de ministerio cantamos, “¡Pronto, muy pronto vamos a ver al Rey! ¡No más muerte aquí, nosotros vamos a ver al Rey!” Nos regocijamos al saber que el aguijón de la muerte ha perdido su poder.

Hoy, con el funeral y el entierro a nuestras espaldas, las obras de Jesús emprendidas a través del ministerio de David Wilkerson aún siguen funcionando con total vitalidad. A papá le gustaba decir, “Lo mejor está por venir.” Estoy convencido que estaba en lo correcto. Los días de alimentar a niños en hambruna, de ministrar a los más pobres de los pobres, de rescatar a huérfanos sin hogar, de predicar el Evangelio a los inalcanzables, no disminuirá mientras sigamos aquí.

Inclusive esta semana, lanzaremos nuevos centros de provisión de alimentos a través de Please Pass the Bread (Por favor Pasa el Pan). En esta semana, en Haití casas están siendo construídas para las personas sin hogar por el equipo de misiones de World Challenge. En esta semana nuevas iglesias están siendo establecidas entre las personas de difícil acceso en el Norte de la India. En las próximas semanas, meses y Dios mediante, años, continuaremos alimentando a los corazones hambrientos a través de los Devocionales Diarios de David Wilkerson y de los boletines desde el púlpito de World Challenge.

Les aseguro que la visión y el ministerio de mi padre y World Challenge, Inc. continuarán. Contamos con la misma Mesa Directiva, el mismo enfoque y guianza del Espíritu Santo para la obra que Dios ha depositado en nuestras manos. Yo he estado sirviendo activamente como Presidente de World Challenge, Inc. desde el año pasado y oficialmente asumiré dicha posición ahora. No haremos mayores cambios direccionales sino continuaremos con el mismo corazón y visión de mi padre.

A pesar de que mi padre ha partido con el Señor, la labor continuará. Las necesidades aún son grandes y agradecemos su continuo apoyo, conforme seguimos brindando ayuda a los pobres y necesitados.

domingo, 1 de mayo de 2011

UN HOMBRE DE FE ILIMITADA

Esposo y padre amoroso, abuelo adorable. Amigo del marginado y del dolido. Testigo audaz del poder salvador de Cristo. Voz apasionada por Dios hacia su iglesia. Partidario sensible de las viudas, los huérfanos y del pobre. Padre espiritual de generación tras generación - desde el destituído hasta el poderoso, desde adultos hasta adolescentes, desde seres queridos hasta desconocidos que cruzan por el diario caminar de la vida.

Estas características son solamente el comienzo de lo que definió la vida de David Wilkerson. Por más de seis décadas, él sirvió al Señor fielmente en el ministerio por medio de la fundación y ejecución de programas de alcance que crecieron internacionalmente con el paso de los años. Detrás de todo ello, se encuentra una confianza inquebrantable en el amor de Dios hacia todos los seres humanos y su incesante deseo por alcanzarlos.

El “Hermano Dave”, como le gustaba que le llamaran, fue literalmente conocido por su fe ilimitada por parte de millones de personas. Él creyó que Dios podía cambiar las vidas de pandilleros y transformar a los drogadictos más desesperados -y el Señor lo llevó a cabo. Él creyó que una iglesia dinámica podía ser establecida en el corazón de Times Square, en la ciudad de Nueva York -y Dios permitió que ello sucediera. Él creyó que podía ser un hombre que amara a su esposo e hijos bien - y él lo hizo.

David Ray Wilkerson nació el 18 de mayo de 1931, en Hammond, Indiana, en una familia de devotos pastores pentecostales. Después de ser ordenado en las Asambleas de Dios, se casó con el amor de su vida -Gwendolyn Carosso, quien serviría con él en su ministerio por 57 años.
Desde el principio, el Hermano Dave empleó un espíritu creativo e innovador en el ministerio. No obstante, él predicó con angustia y dolor, creyendo en que Dios obraba através de nuestra debilidad. El sabía que Dios desconcertaba a la sabiduría del mundo para revelarse a sí mismo - y esta verdad fue probada una y otra vez por los ministerios fundados por el Hermano Dave.

En 1958, él viajó desde su pequeña iglesia en Phillipsburg, Pennsylvania, para contactar a los miembros de pandillas que estaban en juicio en la ciudad de Nueva York. De acuerdo con su hermano Don Wilkerson,“Él nunca había estado en Nueva York -él ciertamente nunca había conocido a ningún pandillero o drogadicto.” “Él solamente vino aquí con su simplicidad, ingenuidad, o como usted quiera llamarle, y cambió la vida de muchas personas.”

Como escribió el amigo del Hermano Dave y reportero del The New York Times, McCandlish Phillips, “Su método fue un absoluto modelo de simplicidad, franqueza y no sofisticación total- él solamente salió a las calles, se mezcló con los jóvenes, y razonó con ellos cara a cara, citando continuamente la Biblia - y esto funcionó.”

De este paso firme, nació el ministerio Teen Challenge, un programa de rehabilitación de drogas y alcohol centrado en Cristo. El ministerio llegó a ser reconocido a través del libro La Cruz y el Puñal, del cual se han vendido más de 50 millones de copias y se ha traducido en 30 idiomas. Este ministerio se ha extendido a 1,000 centros de rehabilitación en los Estados Unidos y en otros 80 países.

Posteriormente, el Señor incitó al Hermano Dave a fundar Cruzadas Juveniles, ministerio evangelístico dirigido a los jóvenes. Una generación entera fue alentada al hacerle saber que sus vidas eran importantes para Dios.

El Hermano Dave también escribió prolíficamente. Sus libros incentivaron a generaciones de lectores a llevar una vida de devoción santa a Cristo. Las docenas de libros que él produjo se encontraban llenos de una poderosa visión, claridad y convicción. Al hablar continuamente de sus propias debilidades y de la fidelidad de Cristo hacia él, el Hemano Dave experimentó una vida conforme a la imagen de Cristo de la cual él tanto escribió.

Como su homónimo, el Rey David, el Hermano Dave sirvió a su generación conforme a la voluntad de Dios. Él predicó con una pasión sin concesiones y una gracia incesante. A él no le gustaba la fanfarria, ser aclamado o las ceremonias. El declinó invitaciones para reunirse con líderes mundiales, no obstante él daba todas sus posesiones para apoyar al pobre huérfano o a la viuda en situación de emergencia.

Sú última misión en la tierra fue el abogar por el pobre de los pobres - proveer auxilio y apoyo a los niños hambrientos, a las viudas y a los huérfanos en los Estados Unidos y en países pobres. El programa de alcance que fundó para lograr este objetivo, Please Pass the Bread (Por favor Pasa el Pan), ministra a miles de niños diariamente a través de 56 campañas en 8 países.

El corrió la carrera bien y cuando la finalizó, fue llamado a casa por el Señor. David Wilkerson tocó las vidas de millones de personas, y hoy le sobreviven las obras inspiradas por Dios que él fundó. El impacto de su vida es inmesurable - no solamente a través de su predicación, sus mensajes escritos y creación de ministerios de impacto internacional, sino también por su amor, devoción, compasión y habilidad para mover nuestra fe hacia mayores obras.

El hijo de David, Gary, ofrece este mensaje a todos aquellos que conocieron y amaron a su padre: “Sé que si mi padre hubiera sido capaz de alentarlo el día de hoy con sus palabras, él le hubiera invitado a darle su todo a Jesús, a amarle a Dios y a dar todo de sí mismo en pos de las necesidades de los demás.”

El último artículo del blog del Hermano Dave titulado, “Cuando todos los recursos fallan,” es una palabra ad hoc de despedida de las vidas de todos aquellos que él tocó: “Amado, Dios nunca ha dejado de actuar en bondad y amor. Cuando todos los recursos fallan, su amor prevalece. Aférrese a su fe. Permanezca firme en su Palabra. No hay otra esperanza en este mundo.”

El fallecimiento de David Wilkerson es una pérdida personal para muchos. Sin embargo, nos regocijamos sabiendo que él vivió su vida al máximo, con obediente devoción a Dios y con un amor radical por Jesús.

Le sobreviven su esposa, Gwen Wilkerson; su hija Debi Jonker, su esposo, Roger, y sus hijos Brent y Matthew, y su esposa, Christina e hijos, Eva y Grant; su hija Bonnie Hayslip, su esposo Roger, y sus hijos David y Brandon, y su esposa Christina; su hijo Gary Wilkerson, su esposa Kelly, y sus hijos, Ashley, Elliot, Evan y Annie; su hijo Greg Wilkerson, su esposa Teresa, y sus hijos Alyssa y Ryan; sus hermanos Don Wilkerson y Jerry Wilkerson, y su hermana Ruth Harris. Sus nietos sirven como portadores de féretro.