lunes, 23 de mayo de 2011

SU BATALLA ES DEL SEÑOR (2Crónicas 30:15)

La razón por la cual estoy escribiendo esto, es para recordarle que la batalla que usted está enfrentando no es suya, sino del Señor. Si usted es un hijo de Dios, puede estar seguro que Satanás se “enfurecerá contra ustedes.”

En 2 Crónicas 20, una gran multitud vino contra el pueblo de Dios. El rey Josafat y su gente propusieron en sus corazones buscar a Dios y ayunar. El rey clamó a Dios con una oración que la mayoría de nosotros ha orado en nuestro caminar espiritual: “En nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros; no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos” (20:12). “Vino el Espíritu de Jehová en medio de la reunión…Jehová os dice así: No temáis ni os amedrentéis…porque no es vuestra la guerra, sino de Dios” (20:14-15).

Isaías dio esta advertencia a todas las fuerzas satánicas: “¿A quién vituperaste, y a quién blasfemaste? ¿Contra quién has alzado tu voz?...Contra el Santo de Israel” (Isaías 37:23).

Dios le dijo a su pueblo Israel, y él nos dice hoy día: “La batalla no es contra ustedes. Es la furia de Satanás contra mí, el Señor que habita en vosotros”. Dios le dijo a Satanás, “He conocido tu condición, tu salida y tu entrada, y tu furor contra mí” (37:28).

Yo le pregunto a usted: ¿Dónde está su batalla? ¿En su matrimonio? ¿En su negocio o en su trabajo? ¿En sus finanzas? ¿En su salud? ¿Se intensifica la batalla día tras día? Si usted tiene un corazón devoto a Jesús y un deseo de aferrarse a él, usted enfrentará la rabia del infierno. Pero ésta sigue no siendo su batalla.

Usted puede terminar su batalla rápidamente si así lo decide – simplemente rindiendose o entregándose a sus miedos y temores. Satanás no molestará a aquellos que pierden su confianza en el Señor.

Sí, la batalla es del Señor, pero nosotros tenemos una parte en ella – y ésta es confiar y creer en sus promesas cuando enfrentamos desesperanza y lo que parece ser imposible. “¿Por qué dices, oh Jacob, y hablas tú, Israel: Mi camino está escondido de Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio?” (Isaías 40:27).

La fe demanda que yo entregue todos mis problemas – todas mis situaciones críticas, todos mis miedos, todas mis ansiedades – en las manos del Señor. Cuando he hecho todo lo que puedo hacer y cuando sé que mi batalla va más allá de mi poder, yo debo someter todo en sus manos.

Nuestro Señor sabe de la furia de Satanás y debemos verdaderamente creer que él actuará. Él nos ayudará a pasar por las muchas aguas y por los fuegos, y hará huir a todos nuestros enemigos espirituales. Esta es la Palabra de Dios acerca de lo que él hará: “Porque contra mí te airaste…y ha subido a mis oídos; pondré, pues mi garfio en tu nariz, y mi freno en tus labios, y te haré volver por el camino por donde viniste” (Isaías 37:29).

Si usted permanece agarrado de su fe – confiando en él, descansando en sus promesas, rechazando todas las mentiras de Satanás que vengan a su mente – entonces esté a la expectativa que Dios vendrá con su Espíritu a su situación, y pondrá un fin esperado a su batalla en particular. Él moverá cielos y tierra para librarlo y hacer un camino. El camino de salida es ¡confiar, confiar, confiar! Él es quien “hace cesar las guerras” (Salmo 46:9).