jueves, 29 de abril de 2010

SED SANTOS

Tres meses después de que Israel salió de Egipto, ellos llegaron a los pies del Monte Sinaí y acamparon. Moisés escaló esa áspera montaña para tener comunión con Dios, y Dios lo llamó desde el monte y le dijo: “Yo vendré a ti en una nube espesa, para que el pueblo oiga mientras yo hablo contigo, y así te crean para siempre. Ve al pueblo, y prepáralos para mi visita -santifícalos.”

Aconteció que al tercer día, cuando vino la mañana, hubo truenos y relámpagos, una nube espesa cubrió el monte. Todo el Monte Sinaí humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en medio del fuego. Toda la montaña tembló con un terremoto violento, y mientras el sonido de bocina se hacía cada vez más fuerte, Moisés habló y Dios le respondía con voz de trueno (ver Éxodo 19:9-19).

Con voz de trueno Dios le Dijo a Moisés y a su pueblo escogido: “Vosotros me seréis un reino de sacerdotes y gente santa…” (Éxodo 19:6).

Una profecía de conmover la tierra ha sido escrita en el libro de Hebreos y será revelada en este tiempo. Dios ha prometido hablar una vez más –tal como lo hizo en el Monte Sinaí.

“Su voz conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido diciendo: Una vez más conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo” (Hebreos 12:26).

“Mirad que no desechéis al que habla, pues si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desechamos al que amonesta desde los cielos” (Hebreos 12:25).

Una vez más Dios está hablando desde los cielos con el mismo mensaje que él habló en los días de Moisés. Nuestro Dios está aún ahora dando este mandato con voz de trueno: “Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:16).

¿Cómo nos mantenemos santos en estos tiempos malvados? ¿Quién puede mantenerse sin ser contaminado por todo? Ninguno –en sus propias fuerzas. Sólo Dios tiene el poder de mantenernos santos –a fin de presentarnos a sí mismo como un pueblo santo sin mancha ni arruga.

¡El Dios que nos da su santidad, tiene el poder de mantenernos en ella! El lugar más seguro en la tierra es a los pies de la cruz, humillados delante del trono de Dios. ¡Mientras más malvados sean los tiempos, más necesitamos estar entregados a él!

miércoles, 28 de abril de 2010

EL DESCANSO QUE DIOS PROMETIÓ

“Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios, porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas” (Hebreos 4:9-10).

Usted puede preguntarse, “¿Que significado tiene entrar en este reposo prometido? ¿Cómo debe de reflejarse en mi vida?” Yo oro para que Dios remueva las escamas de nuestros ojos y nos permita captar esto. Para ponerlo de una manera simple, entrar al descanso prometido por Dios significa confiar totalmente que Cristo ha hecho todo el trabajo de salvación para usted. Usted debe de descansar en la gracia salvadora de él, sólo por fe.

Esto es lo que Jesús quiere decir cuando él anima, “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Esto significa el fin de todos los esfuerzos de su carne, de todos sus esfuerzos humanos para obtener paz. Y significa depender totalmente en el trabajo de Jesús por usted.

Nuestra lucha no es contra sangre y carne. Toma lugar en el ámbito espiritual. El Antiguo Testamento lo pone esto tan claro como el cristal. Una y otra vez, Israel hizo promesas vacías e inútiles a Dios: “Queremos servirte, Señor. Haremos todo lo que nos ordenas.” Pero la historia prueba que no tenían ni el corazón ni la habilidad para llevar a cabo lo que habían prometido. Dios tenía que despojarlos de toda su fe en ellos mismos. Todo lo que necesitamos debería de venir de la preciosa presencia del Señor.

Pablo declara, “Por que en él vivimos, nos movemos y somos” (Hechos 17:28). Esto habla de comunión sin interrupción. A través de la victoria de la cruz, nuestro Señor está disponible para nosotros a cada momento del día o de la noche. Tenemos que tomar una decisión: “Yo quiero a Cristo en mi vida. Quiero ser libre de toda mi carne. Así que voy a ir hacia delante, a su presencia y reclamaré mi posesión. Yo quiero que Jesús sea mi todo, mi única fuente de satisfacción.”

martes, 27 de abril de 2010

¿ALGUNA VEZ SERÁN CONTESTADAS MIS ORACIONES?

Yo creo en que el Espíritu Santo tiene su tiempo. En el propio tiempo de Dios, todas nuestras oraciones serán respondidas –de una u otra manera– pero el problema es que, tenemos temor de someter nuestras oraciones al escrutinio del Espíritu Santo. Algunas de nuestras oraciones necesitan ser purgadas debido a que muy a menudo nuestra fe es malgastada en peticiones sin madurez. No sabemos cómo orar “Hágase tu voluntad”. Porque no queremos tanto su voluntad sino aquéllas cosas que se nos permiten por su voluntad.

Abraham ejercitó su fe para continuar recordándose a sí mismo que él era un extranjero en esta tierra. La bendición de su pacto produjo tan sólo una carpa donde vivir, porque él puso toda su fe en aquella ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios.

¿No estaban viviendo por fe algunos de estos guerreros de la fe? ¿Se rehusó Dios a contestar algunas de sus oraciones? Después de todo, no todos ellos fueron liberados y no todos vivieron para ver sus oraciones contestadas. No todos fueron librados del dolor, sufrimiento ni aún de la muerte. Algunos fueron torturados; otros fueron aserrados, anduvieron de acá para allá, pobres, angustiados y maltratados (Hebreos 11:36-38).

Algunos, aún con reputación de tener gran fe, “ninguno de ellos…recibieron lo prometido” (Hebreos 11:39). Aquellos que “alcanzaron promesas” usaron su fe para hacer justicia, para sacar fuerzas de la debilidad y para poner en fuga a ejércitos.

No se preocupe de si Dios le está respondiendo “Sí” o “No” a la petición que usted le ha hecho. No esté abatido cuando la respuesta no viene, y por favor, deje de concentrarse en fórmulas y métodos de fe. Tan sólo encomiende su oración a Jesús y continúe su vida cotidiana con confianza. Él no se adelantará ni se retrasará ni un momento en contestar, y si la respuesta que usted espera no aparece pronto, dígale a su corazón, “Él es todo lo que necesito. Si necesito más, él no me lo mezquinará. Él contestará en su tiempo y a su manera. Y si él no me concede mi petición, él tendrá una perfecta razón por no hacerlo. No importa lo que suceda, yo siempre tendré fe en su fidelidad.”

Que Dios nos perdone si estamos más preocupados por conseguir que nuestras oraciones sean respondidas en lugar de aprender a estar totalmente en sumisión a Cristo mismo. No aprendemos obediencia por las cosas que obtenemos sino por las cosas que sufrimos. ¿Está usted dispuesto a aprender mediante un poco más de sufrimiento con lo que parece ser una oración que no ha sido respondida? ¿Descansará usted en el amor de Dios mientras espera pacientemente por la promesa?

lunes, 26 de abril de 2010

EL VERDADERO SIGNIFICADO DE LA TIERRA PROMETIDA

Dios le dio a nuestro antepasado Abraham la tierra de Canaán “en heredad perpetua” (Génesis 17:8). En Hebreo, la palabrea “perpetua” significa que nunca acaba. Usted puede pensar, “Abraham tenía que haberse regocijado sobre esto. Dios le prometió a sus descendientes una tierra permanente, tan lejos como ellos podrían ver, por que perduraría por toda la eternidad.” Sin embargo, el Nuevo Testamento nos dice que el mundo será destruido por fuego, quemado completamente, dejando de existir, para que el Señor forme un nuevo cielo y una nueva tierra.

Usted puede preguntarse: ¿Cómo puede esta “heredad perpetua” de Dios hacia Abraham ser sólo un pedazo de tierra? ¿Cómo puede eso ser eterno? El hecho es, que esta tierra de promesa era un lugar simbólico más allá de la tierra. Yo creo que Abraham sabía esto en su espíritu. La Biblia dice que mientras Abraham vivía en Canaán, él siempre se sentía extranjero: “Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida, como en tierra ajena” (Hebreos 11:9). ¿Por qué era esto? Era por que el corazón de Abraham anhelaba por algo más que un terreno.

“Por que esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.” (Hebreos 11:10). Abraham podía ver el verdadero significado de la bendición de la tierra, y se dio cuenta que “Esta tierra no es la verdadera heredad. Es sólo un sermón ilustrado de la gran bendición que viene.” Abraham captó el verdadero significado de la Tierra Prometida; él sabía que Canaán representaba al Mesías que había de venir. Jesús mismo nos dice, “Abraham se gozó de que había de ver mi día; y lo vio y se gozó” (Juan 8:56).

El Espíritu Santo permitió a este patriarca mirar hacia los años venideros, a la venida de Cristo. El sabía que el significado de su tierra prometida era un lugar de paz y descanso total. Y, como Abraham supo, ese lugar de descanso es el mismo Jesucristo. Así es, el Señor Jesús es nuestra heredad prometida. Nosotros somos de él, pero él también es nuestro. Y Dios nos invita a obtener nuestra heredad perpetua por simple fe.

domingo, 25 de abril de 2010

EL CLUB DE LOS 7000

Elías, el gran profeta de santidad y de justicia, se había descorazonado por el decaimiento moral que su nación estaba experimentando, y había huido de las amenazas de Jezabel, la esposa malvada del rey Acab. Dios lo encontró escondido en una cueva en el monte Horeb y le pregunta, “Elías, ¿qué haces aquí escondido?”

Con indignación, Elías respondió, “Dios, he sentido un celo vivo por tu gloria, pero tu pueblo ha dejado tu Palabra; tus altares han sido derribados; tus ministros han sido perseguidos. Yo soy el único que queda – y ahora me quieren agarrar a mí también.”

Aparentemente, Elías tenía un buen argumento. El gobierno era el más malvado y vil en toda la historia, y la sociedad estaba a punto de colapsar. La Biblia dice, “También hizo Acab una imagen de Asera [templos paganos de placer], para provocar así la ira de Jehová, Dios de Israel, más que todos los reyes de Israel que reinaron antes de él” (1 Reyes 16:33). El gobierno estaba actualmente forzando a toda la nación a la idolatría. Jezabel, la reina más malvada que había compartido el trono, odiaba a Dios, y estaba inclinada a matar a cada seguidor de Jehová.

Elías estaba determinado a “seguir hasta el final.” Si toda la nación se apartó de Dios, ¡él seguiría fiel! Pero Dios no estaba con ánimo de felicitar a este profeta escondido, porque en ese momento, el Espíritu Santo se estaba moviendo sobre la región. Eliseo, el sucesor eventual de Elías, estaba sintiendo los primeros toques de las manos de Dios sobre él, y Jehú, un joven revolucionario poderoso, estaba impaciente esperando ansiosamente declarar la guerra contra la corrupción y la impiedad en la región. Un gran despertar moral estaba a punto de suceder, y Dios pronto arrojaría a Jezabel a los perros y removería a los gobernantes malvados.

Elías fue enfáticamente informado por Dios, “Yo tengo 7,000 que no han transigido ni se han entregado a la maldad que se encuentra alrededor de ellos. Ellos no han sido seducidos – ¡son Míos!” Dios estaba tratando de decirle a Elías que él tenía a su gente estacionada en posiciones claves, por toda la nación, creyentes parados en alto, firmes y verdaderos a pesar de la corrupción alrededor de ellos.

Dios me ha estado animando a que yo abra mis ojos al gran llamamiento de santos que está ahora tomando lugar en estos nuestros tiempos. Dios le dijo a Elías, “Miles cuyas rodillas no se doblaron.” A nosotros, yo creo que él nos está diciendo, “¡Millones no han doblado sus rodillas!”

¡Gloria sea a Dios, no somos un pequeño remanente! Somos un ejército, una multitud lavados con la sangre, de toda clase social, inamovibles, verdaderos, en medio de una época enloquecida. Satanás quisiera que los hijos de Dios piensen que sus números se están reduciendo rápido; él quiere que los verdadero creyentes piensen que la mayoría ha desertado y se ha ido al lado del enemigo, y que el temor los guíe a esconderse. ¡No crea esas mentiras de Satanás! Dios sigue trabajando, derramando su Espíritu Santo y atrayendo corazones hambrientos hacia él.

jueves, 22 de abril de 2010

SALIENDO DE LA OSCURIDAD, ENTRANDO A LA LUZ

¿Qué será necesario para sacarnos de nuestras vidas miserables de culpa, temor y depresión? ¿Qué será necesario para hacernos ver que hay una vida mucho más gloriosa esperándonos?

Pablo dijo, “Daréis gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en la luz” (Colosenses 1:12).

¿Quiere usted esta vida gloriosa, liberada? ¿Cree usted ahora que esa es su herencia? ¿Cree usted ahora que Dios quiere desesperadamente que usted la tenga? ¡Entonces acéptelo por fe y entre en ella! ¡Reclámela como suya! Pablo dice, “¿No han sufrido lo suficiente? ¿No han aprendido su lección todavía?” En otras palabras, ¿No están ya cansados de vivir una vida de temor y tortura mental? ¿No han aprendido que hay un camino mejor?”

“El justo por la fe vivirá” (Gálatas 3:11). Usted simplemente ponga su fe en lo que Dios ha dicho que hará por usted. Esta vida liberada de justicia, gozo, y paz en el Espíritu Santo es un regalo. Usted no puede trabajar para conseguirla.

El gozo más grande de todos es saber que usted ya no es “culpable” ante Dios. Es el gozo de saber que su fe lo hace a usted justo delante de él.

“Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos. Bienaventurado el hombre a quien el Señor no culpa de pecado” (Romanos 4:7-8).

Abraham llegó a ser el padre de naciones simplemente porque él tomó la Palabra que Dios le dio. Él pudo haber dudado y habría perdido todo.

“Tampoco dudó, por incredulidad de la promesa de Dios, sino que se fortaleció por la fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido…Pero no solo con respecto a él se escribió…sino también con respecto a nosotros…a los que creemos en aquel que levantó de los muertos a Jesús Señor nuestro” (Romanos 4:20-24).

Nosotros le creemos que nos perdona para salvarnos; debemos creer que él nos guardará. ¡El poder que nos salva, también nos guarda! La fe que trajo a Cristo a nuestras vidas nos mantiene sin caída.

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios” (Romanos 5:1-2).

miércoles, 21 de abril de 2010

LLAMADOS DESDE ANTES DE LA CREACIÖN

El apóstol Pablo dice que Dios “El nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos” (2 Timoteo 1:9).

Cada persona que está “en Cristo” es llamada por el Señor. Y todos tenemos el mismo mandato: escuchar la voz de Dios, proclamar su Palabra, nunca temer a los hombres, y confiar en Dios cuando enfrentamos cualquier prueba concebible.

Verdaderamente, Dios hizo esta promesa al profeta Jeremías cuando él lo llamó (ver Jeremías 1:1-10). Como Jeremías, nosotros no necesitamos tener un mensaje preparado para hablarle al mundo. El ha prometido llenar nuestras bocas con su Palabra, en el momento exacto que sea necesario. Pero eso sucederá sólo si confiamos en él.

Pablo nos dice que muchos son designados como predicadores, maestros y apóstoles, y que todos van a sufrir por esa razón. El se contaba entre ellos: “De este evangelio yo fui constituido predicador, apóstol y maestro de los gentiles, por lo cual asimismo padezco esto (2 Timoteo 1:11-12). El estaba diciendo, “Dios me ha dado un trabajo santo para hacer. Y por que tengo ese llamado, voy a sufrir.”

Las escrituras muestran que Pablo fue probado como pocos ministros lo han sido. Satanás trató de matarlo una y otra vez. La multitud que decía llamarse religiosa lo rechazó y ridiculizó. A veces también aquellos que lo respaldaron, lo dejaron abusado y abandonado.

Pero Pablo nunca estuvo confundido delante de los hombres. El nunca desmayó ni fue avergonzado ante el mundo. Y Pablo tampoco se abatió. En cada ocasión, él tenía una palabra ungida para hablar de parte de Dios, cada vez que fuese necesario.

El hecho es que, Pablo simplemente no podía ser sacudido. El nunca perdió su confianza en el Señor. En lugar de eso, él testificó, “Por que yo se a quién he creído y estoy seguro de que es poderoso para guardar mi depósito para aquél día” (2 Timoteo 1:12). El está diciendo, “Yo he comprometido mi vida totalmente a la fidelidad de Dios. Ya sea que yo viva o que muera, soy de él.” Y él animó a Timoteo su joven encargado a hacer lo mismo: “Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y el amor que es en Cristo Jesús” (1:13).

martes, 20 de abril de 2010

LA MISMA FE

¿No es asombroso que los hijos de Israel creyeron que Dios podía sacarlos de Egipto, pero no podían creer que él los podía introducir a la Tierra Prometida? Ellos habían sobrevivido a diez plagas sobrenaturales. Ellos miraron con horror cómo la muerte tomó a los hijos primogénitos en Egipto, pero que ninguno de ellos murieron. Ellos fueron testigos de la increíble visión de un mar apilándose a ambos lados para abrir un camino seco que lo atravesaba – ¡y ellos caminaron a través del mar! Luego ellos miraron con asombro cómo el mar cayó sobre Faraón y su ejército, ahogándolos.

“Así salvó Jehová aquél día a Israel de mano de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar…el pueblo temió a Jehová, y creyeron a Jehová” (Éxodo 14:30-31).

¡Cuán excitado estaba Israel! ¡Ahora estaban a salvo! La vida antigua se había ido y la nueva vida era de ellos. Ellos danzaron de alegría, llenos con la anticipación de una nueva y gloriosa vida en una tierra de belleza y descanso.

“Tú los introducirás y los plantarás en el monte de tu heredad, en el lugar donde has preparado, oh Jehová tu morada” (Éxodo 15:17).

¡Sólo seis semanas después, la gente estaba abatida en el pozo de la desesperación! Estaban miserables, preocupados, temerosos y quejumbrosos. Se habían olvidado del poder milagroso de Dios.

“A los quince días del segundo mes después de su salida de la tierra de Egipto…toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés…Ojalá hubiéramos muerto a manos de Jehová en la tierra de Egipto…” (Éxodo 16:1-3).

Durante los meses siguientes, estas mismas personas dudaron de Dios diez veces diferentes.

Jesús dijo, “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el Reino” (Lucas 12:32).

¿Dios quiere darme un reino? ¿Dónde está?

“El reino de Dios no vendrá con advertencia [visible]…porque el reino de Dios está entre vosotros” (Lucas 17:20,21). Es algo que usted posee en su hombre interior. ¡Es una vida liberada!

“Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14:17).

lunes, 19 de abril de 2010

CAMINA COMO UN HOMBRE NUEVO

Usted conoce la historia. Un joven tomó la porción de su herencia que le dio su padre, y la derrochó viviendo descontroladamente. Terminó sin dinero, con su salud y espíritu arruinado; y en su momento más bajo, él decidió volver a su padre. Las escrituras nos dicen, “Entonces se levantó y fue a su padre. Cuando aún estaba lejos, lo vio su padre y fue movido a misericordia, y corrió y se echó sobre su cuello y lo besó” (Lucas 15:20).

Note que nada impidió el perdón del padre hacia este joven. Este muchacho no tenía que hacer nada – ni siquiera confesar sus pecados – por que el padre ya había hecho provisión para la reconciliación. Verdaderamente, todo ocurrió por iniciativa del padre; él corrió hacia su hijo y lo abrazó tan pronto que vio al muchacho venir por el camino. La verdad es, que el perdón nunca es un problema para un padre que ama. De igual manera, nunca es un problema con nuestro Padre celestial cuando él ve un hijo arrepentido.

Así que el perdón no es el tema en esta parábola. De hecho, Jesús pone bien en claro que no era suficiente para éste pródigo ser sólo perdonado. El padre no abrazó a su hijo sólo para perdonarlo y dejarlo que siga su camino. No, ese padre anhelaba mucho más que tan solo la restauración de su hijo. El quería la compañía de su hijo, su presencia, su comunión.

Aunque el hijo pródigo fue perdonado y favorecido una vez más, él todavía no se había acomodado en la casa del padre. Sólo después de hacerlo estaría satisfecho el padre, su gozo se realizaría una vez que su hijo fuese traído a su compañía. Ese es el tema en ésta parábola.

Aquí la historia se vuelve muy interesante. El hijo claramente no estaba tranquilo con el perdón del padre. Por eso él titubeó a entrar a la casa del padre. El dijo en esencia, “Si supieras lo que he hecho, todas las cosas malas y sucias. He pecado contra Dios y contra tu amor y tu gracia. Ya no merezco tu amor. Tienes todo derecho a echarme.”

Note lo que el padre le responde a su hijo. El no dice ninguna palabra de reproche. No se refiere a lo que el pródigo ha hecho, no hace mención de su rebelión, su insensatez, su derroche, ni de su bancarrota. Es más, el padre ni siquiera se da por entendido del atento de su hijo de quedarse afuera, inmerecido. ¡El ignoró todo esto! ¿Por qué?

A los ojos del padre, el joven antiguo estaba muerto. Ese hijo estaba completamente fuera de su mente. Ahora, a los ojos del padre, este hijo que había retornado era un hombre nuevo. Y su pasado nunca más sería recordado. El padre estaba diciendo, “En cuanto a mí me concierne, tu viejo yo está muerto. Ahora, camina conmigo como un hombre nuevo. No hay necesidad de que vivas bajo culpa. El problema del pecado ha sido resuelto. Ahora, entra confiadamente a mi presencia y disfruta de mi misericordia y gracia”.

domingo, 18 de abril de 2010

LA VIDA LIBERADA

Siglos antes de que Cristo naciera, Isaías profetizó que Dios enviaría un liberador el cual libraría a toda la humanidad. Jesús mismo se puso de pié en una sinagoga un sábado y recordó al mundo de ésta profecía:

“Y habiendo abierto el libro [Jesús], halló el lugar donde está escrito [por Isaías]: El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos…Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros” (Lucas 4:17-21).

Jesús le estaba diciendo a todo el mundo, “Mi misión en la tierra es liberar cada vida oprimida.” Liberar significa poner en libertad a todos los presos; soltar a todos los que están esclavizados; quitar todo lo que oprime. Si usted cree que Cristo está diciendo la verdad, entonces usted debe creer que él está diciéndole a usted y a mí, “Yo he sido enviado a liberar tu vida, a soltarte de todas tus opresiones y esclavitudes. He venido a poner a tu espíritu en libertad.”

Pablo también predicó que Cristo vino a llamar a cada creyente a una vida liberada. “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud” (Gálatas 5:1).

Pablo predicó acerca de “la libertad gloriosa de los hijos de Dios” (Romanos 8:21).

Si Cristo vino a liberarnos de una vida miserable, ¿por qué seguimos viviendo de la misma manera miserable? Pensamos que una vida totalmente libre de temores y culpas es demasiado increíble. No podemos imaginarnos una vida con 24 horas al día de paz y descanso – una vida sin la carga pesada de la condenación o depresión – una vida en la presencia de un Salvador amoroso, tierno, cuidadoso de todas nuestras necesidades.

Esto tal vez parezca demasiado bueno para ser verdad, pero ésta es exactamente la clase de vida liberada que Cristo quiere que cada uno de sus hijos disfrute. No sólo unos cuantos de sus hijos – ¡sino todos! ¡Esta vida no es sólo para aquellos que logran abrir algún “código teológico”, sino que es para todos aquellos que simplemente confían en que Jesús la da!

viernes, 16 de abril de 2010

UNA PALABRA PARA ALGUIEN AL BORDE DE RENDIRSE

Hoy día, he sido motivado a hablarles a aquellos que están siendo doblegados emocional e intelectualmente bajo una carga demasiado pesada para soportar.

Las promesas de Dios parecen no estar funcionando para usted y su familia. Usted ha tratado de agradar a Dios, usted ora – verdaderamente ama a Dios – pero ahora se encuentra al borde de sus fuerzas y resistencia.

Sus pruebas aumentan mientras usted se aferra a su fe. Parece que Dios está silencioso con usted.

AMADO, USTED NO ESTÁ SOLO. Multitudes de personas devotas están sufriendo de la misma manera y Satanás les susurra – ¡la Palabra de Dios no es verdad! Sabemos que es el devorador el que habla. No le tenga temor a los poderes del infierno.

Vaya a Job 19 – lea todo el capítulo. Job dijo “Yo grito…pero no se me oye…Dios ha cercado con valla mi camino…y sobre mis veredas ha tendido tinieblas…por todos lados me ha arruinado…y me tiene por uno de sus enemigos…” (19:7-11).

En medio de un ataque satánico – Job clama – “Pero yo sé que mi Redentor vive, y que al fin se levantará sobre el polvo, y que después de deshecha ésta mi piel, en mi carne he de ver a Dios. Lo veré por mí mismo; mis ojos lo verán…” (19:25-27).

Dios dijo, “Efraín es dado a los ídolos, ¡déjalo!” (Oseas 4:17). Sin aflicciones, sin pruebas para esa tribu. Pero usted no está dado a los ídolos. Usted todavía es la niña del ojo de Dios. Dios ve en usted algo con lo que vale la pena seguir trabajando.

Dios castiga a los que ama. No es placentero, y duele – pero es el Padre que nos está salvando para su propia gloria que será revelada en los años venideros.
Él nunca lo ha amado más que ahora mismo. Anímese – Dios todavía sigue hablándole.

jueves, 15 de abril de 2010

LA VERDAD ACERCA DE LA FE

Supóngase que uno de mis hijos ha caído en una trampa para osos en la selva y se encuentra herido y sangrando, gritando por ayuda.

Como padre de él, ¿me detengo a analizar la calidad de su fe? ¿Me pregunto, “Tiene mi hijo suficiente fe en mí para confiar que iré a su rescate?”

¡No! ¡Mil veces no! Yo corro hacia mi hijo – sin preguntas – sin incluir la fe – porque estoy motivado por el amor de un padre hacia su hijo herido. Su fe de él no me motiva. No es nada de lo que él hace; es simplemente mi amor por él.

¿Qué clase de padre terrenal dejaría a su hijo sangrando y herido en una selva remota simplemente porque el hijo no demuestra en su voz alguna clase de fe en su padre? Y Dios no dejará que ninguno de sus hijos sufra solo. Él nunca cerrará sus oídos a su llanto simplemente porque su fe es débil.

“Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo” (2 Timoteo 2:13).

Mi fe, su fe de usted, toda fe debe descansar en la misericordia y preocupación de nuestro Padre celestial por nosotros. Se nos ordena gloriarnos en el amor y en la eterna bondad de nuestro Padre.

“Si alguien ha de gloriarse, que se gloríe en conocerme y de comprender que yo soy el Señor, que actúo en la tierra con amor, con derecho y justicia, pues es lo que a mí me agrada…” (Jeremías 9:24 NVI).

Dios ama tanto a sus hijos, que él escucha antes de que lo llamen, como la madre que anticipa el llanto de su bebé. Por esa razón David oró, “Oye mi voz conforme a tu misericordia; Jehová vivifícame conforme a tu justicia” (Salmo 119:149).

Él me ama y viene a mi rescate cuando mi fe es débil, cuando no merezco ninguna respuesta de él, todo debido a su ternura y bondad.

“Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira y grande en misericordia” (Salmo 103:8).

La paz más grande ha inundado mi alma desde que me he convencido de que Dios me ama. Tanto que, él vendrá a mi rescate y hará lo que es correcto en cada situación de mi vida. Fe débil o no, él todavía me ama y nada puede estorbar ese amor.

miércoles, 14 de abril de 2010

A ARABIA

Si yo busco complacer a las personas, yo simplemente no puedo ser un siervo de Cristo. Si mi corazón está motivado por la aprobación de las personas – si esa es mi manera de pensar que influencia mi forma de vivir – mis lealtades estarán divididas. Yo siempre estaré tratando de complacer a otros en lugar de complacer a Jesús.

Unos pocos años después de que el apóstol Pablo fue convertido, él fue a la iglesia de Jerusalén para tratar de juntarse con los discípulos. “Pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuera discípulo” (Hechos 9:26).

Los apóstoles conocían la reputación de Pablo como perseguidor. “Pero no me conocían personalmente las iglesias de Judea que están en Cristo, pues sólo habían oído decir: ‘Aquél que en otro tiempo nos perseguía, ahora predica la fe que en otro tiempo combatía’” (Gálatas 1:22-23).

Bernabé ayudó a que los apóstoles dejaran de temer a Pablo, y lo acogieron. Pero Pablo decidió andar entre los gentiles. Verdaderamente, Pablo cuidadosamente describe su llamado muy claramente. El dice que éste vino “no por disposición de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios Padre que lo resucitó de los muertos” (Gálatas 1:1).

El luego añade enfáticamente: “Pero os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí no es invención humana, pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo…no me apresuré a consultar con carne y sangre” (1:11-12, 16).

Lo que Pablo está diciendo aquí, aplica a todos los que desean tener la mente de Cristo: “Yo no tuve que leer libros o prestarme métodos de hombres para conseguir lo que tengo. Yo recibí mi mensaje, mi ministerio y mi unción estando de rodillas.” En Gálatas 1:17, Pablo señala que “fui a Arabia” El está diciendo en otras palabras: “Yo no recibí mi revelación de Cristo por medio de los santos en Jerusalén. En lugar de eso, me fui a Arabia, al desierto, para que Cristo se revele a mí. Pasé tiempo precioso allí, vaciándome de mí mismo, y escuchando y siendo enseñado por el Espíritu Santo.”

Pablo no era un predicador solitario, altivo y arrogante. Sabemos que tenía un corazón de siervo. El se había vaciado de sus ambiciones, y había encontrado satisfacción total en Cristo.

Cuando su mente esté decidida a agradar a Cristo, usted nunca necesitará el aplauso y la aprobación de los hombres.

lunes, 12 de abril de 2010

EN EL LUGAR SECRETO

El Espíritu Santo vino a un hombre de Dios el cual vivía en Damasco y se llamaba Ananías. El Espíritu instruyó a Ananías que fuese a la casa de Judas en la calle que se llamaba Derecha, y que impusiese sus manos sobre Saulo para que recuperase la vista.

Por supuesto, Ananías conocía la reputación de Saulo y se dio cuenta que sería peligroso ir a verlo. Pero el Espíritu Santo recomendó a Saulo al decirle a Ananías “por que él ora” (Hechos 9:11).

En esencia, el Señor estaba diciendo, “Ananías, encontrarás a este hombre de rodillas. El sabe que estás yendo. El también sabe tu nombre, y por qué se te está enviando. El quiere que se abran sus ojos”.

¿Cuándo recibió Saúl este conocimiento interior? ¿Cómo recibió ésta visión, ésta palabra pura de Dios? Llegó a través de oración ferviente y súplica. De hecho, yo creo que las palabras que le habló el Espíritu Santo a Ananías nos revelan cómo movió Saulo el corazón de Dios: “él ora”.

Saulo había estado encerrado con Dios por tres días, rehusando alimento y agua. Lo único que él quería era al Señor. Así que continuó de rodillas todo ese tiempo, orando y buscando a Dios.

Cuando yo era niño, mi padre era un predicador y me enseñó lo siguiente: “Dios siempre abre un camino para un hombre que ora”. Han habido periodos en mi vida cuando el Señor ha provisto evidencias irrefutables de este principio. Fui llamado a predicar a los ocho años de edad, cuando el Espíritu Santo vino sobre mí. Yo lloraba y oraba, clamando “Lléname, Señor Jesús.” Después cuando fui un adolescente yo oré hasta que el Espíritu vino sobre mí con intensidad divina.

Cuando fui un pastor joven, un hambre profunda me sobrevino la cual causó que orase diligentemente. Algo en mi corazón me decía, “Hay más para servir a Jesús de lo que estoy haciendo”. Así que pasé meses de rodillas – llorando y orando por horas a la vez – cuando finalmente el Señor me llamó a ir a Nueva York a ministrar a las pandillas y a los drogadictos.

Yo también estaba de rodillas veinte años atrás, buscando a Dios con lágrimas y clamando, cuando él me llamó de vuelta a Nueva York para abrir una iglesia en Times Square.

Si alguna vez escuché a Dios – si he tenido alguna revelación de Cristo, alguna medida de la mente de Cristo – no vino solamente de estudiar la Biblia. Vino por la oración. Vino de buscar a Dios en el lugar secreto.

domingo, 11 de abril de 2010

EL CAMINO HACIA ARRIBA

Yo he conocido grandes Cristianos que han experimentado una prueba tan grande y profunda que la propia vida parecía no valer la pena vivirla. En su propia hora oscura, Jeremías descubrió una gloriosa verdad la cual trajo nueva esperanza y seguridad a su mente. Era algo que ya conocía de Dios, pero que no tocó su alma hasta que él llegó al final de sus límites. Él descubrió que en el mismo fondo donde había caído, ¡Dios estaba ahí! Mientras más profundo él caía, más de Dios él descubría. Dios no estaba para ser descubierto allí arriba en cielos tranquilos, sino en las sombras de pena y desesperación. Cuando Jeremías cayó al fondo, ¡él se tropezó con Dios! Él cayó fuertemente contra la fidelidad de un Dios misericordioso. Esto él descubrió:
“Dios es un Dios de misericordia…sus misericordias no pueden decaer…son nuevas cada mañana…grande es su fidelidad…” (Lamentaciones 3:22-23).


Poco a poco Jeremías llegó a darse cuenta de grandes verdades las cuales sólo pueden ser descubiertas por aquéllos que están abatidos.


1. Cuando estoy en mi punto más bajo; cuando los problemas fluyen sobre mi corazón como agua, y yo digo, “Muerto soy,” Dios se me acerca y susurra, “¡No temas!” (Lamentaciones 3:54-57).

2. Cuando Dios parece haberse “cubierto con una nube para que no pasase la oración,” él todavía ve mi agravio y “defiende mi causa” (Lamentaciones 3:44, 59).

3. Si el Señor permite pena y aflicción, él también me sostiene con abundante compasión y amor (Lamentaciones 3:32).

4. Dios no está en contra mía, tratando de aplastarme bajo su pié cuando estoy abatido como un prisionero en problemas (Lamentaciones 3:34).

5. Dios no está tratando de sabotear ninguno de mis planes; él no está causando mi confusión; él no está trabajando en contra mía (Lamentaciones 3:35-36).

6. Aún en mi desesperación y amargura, cuando yo odio enfrentar un nuevo día, sus misericordias no decaen. Sus misericordias estaban esperándome, nuevas cada mañana (Lamentaciones 3:22-23).

7. Porque Dios es siempre fiel, él no me desechará. Él me hará el bien y me salvará (Lamentaciones 3:25-26).

8. ¡Cuando estoy en lo más profundo, y no tengo a nadie más a quién buscar, levantaré mi corazón y mis manos, y le agradeceré por su fidelidad! (Lamentaciones 3:40-41).

9. Habiendo estado abatido, he gastado mi fuerza y esperanza. ¡Estoy vacío y humillado, así que ahora dependo totalmente de sus misericordias! (Lamentaciones 3:18, 20-22).

jueves, 8 de abril de 2010

¡ABORRECER LA VIDA PARA ENCONTRARLA!

“El que ama su vida, la perderá, y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará” (Juan 12:25).

La llave para una vida abundante está aquí mismo en esta declaración que parece confusa e insignificante. ¡Este es el desafío de Jesús a nuestro pequeño mundo! Entendiendo lo que él quiere decir aquí es la puerta hacia una revelación que da vida. Jesús también dijo: “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aún también su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:26).

Ciertamente Cristo no se refiere a aborrecer en los términos clásicos de interpretación del diccionario: abominar o detestar; aversión o rechazo. La Palabra de Dios dice, “Todo aquél que aborrece a su hermano es homicida…” (1 Juan 3:15). “Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas” (Colosenses 3:19).

No es la vida lo que se debe de odiar, porque la vida es un regalo de Dios. No es a las personas que debemos odiar; eso va en contra de las escrituras.

Debemos aprender a odiar la manera en que estamos viviendo la vida. Debemos de odiar lo que nuestra preocupación por la familia y los seres queridos nos está haciendo. ¿Está su vida toda empaquetada en sólo sus hijos, esposo, esposa, o padres? ¿Están todas sus alegrías y problemas limitados a este pequeño círculo?

Dios nos está simplemente llamando a que ensanchemos nuestro círculo de vida. La vida debe de ser más que sólo cortinas, cuentas, el colegio de los niños, el bienestar de los padres, relaciones de familia. ¡Marta estaba adicta a una vida trivial, pero María quería crecer! María quería expandir sus horizontes – y Jesús aprobó el acercamiento de María hacia la vida.

Usted no puede crecer hasta que odie su inmadurez actual. Usted no tiene que abandonar sus deberes y obligaciones hacia su familia y amigos, pero usted puede llegar a envolverse tanto con sus deberes que su crecimiento será impedido. Un día usted debe de despertar. Un enojo santo, un aborrecimiento santo, debe de levantarse en su alma, y usted debe clamar, “¡Oh Dios! Odio lo que he llegado a ser. Odio mis berrinches. Odio lo irritable que soy a veces. Odio mis caprichos. Odio lo pequeño en que me he convertido. ¡Lo odio! ¡Lo odio! ¡Lo odio!” Usted debe de odiar tanto su vida presente, que usted clama a Dios, “Señor, ¡trasládame a tu glorioso reino de poder y victoria! (Ver Colosenses 1:13).

miércoles, 7 de abril de 2010

CONFESANDO A CRISTO

“A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también lo confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 10:32-33).

La palabra Griega “confesar” en este pasaje significa pacto, asentir o acuerdo. Jesús está hablando de un acuerdo que tenemos con él. Nuestra parte es confesarlo a él, o representarlo, en nuestro vivir diario. Es vivir por sus promesas de protección y cuidado personal para nosotros. Y testificar de sus maravillosas bendiciones por la manera en que vivimos.

Confesar a Cristo significa más que creer en su divinidad. Es más que declarar que él es el Hijo de Dios, crucificado, sepultado, resucitado y sentado a la derecha del Padre. La Biblia dice que aun los demonios creen eso y tiemblan con este conocimiento. Así que ¿qué es lo que Jesús quiere decir cuando dice que lo confesemos delante de los hombres?

“A cualquiera, pues, que me confiese…” (10:32 itálicas mías) Al usar la palabra “pues” Jesús está diciendo en esencia, “a la luz de lo que acabo de decir…”, o “Por motivo de lo que acabo de decirles…” ¿Qué fue lo que Cristo les acababa de decir a los que lo escuchaban? El había dicho, “¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin el permiso de vuestro Padre” (10:29). Jesús les estaba diciendo, “Piensen en los millones de pájaros en todo el mundo. Ahora piensen en los que existieron desde la creación. Hasta este día, ningún pájaro ha muerto o ha sido atrapado sin que vuestro Padre celestial lo sepa.

Luego él especificó, “Pues aun vuestros cabellos están todos contados” (10:30). Cristo estaba enfatizando, “Dios es tan grande, que él está fuera de vuestra habilidad de comprender. Ustedes nunca podrán alcanzar de comprender cuán detallado es su cuidado de ustedes.”

Jesús concluyó diciendo, “Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos” (10:31). El termina resumiendo todo al decir, “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos (10:32). El está diciendo, “Piensen en lo que les acabo de revelar sobre el cuidado del Padre que lo ve todo y lo sabe todo. Ustedes confiesen esta verdad a todo el mundo. Ustedes vivan, respiren y testifiquen que `Dios cuida de mí.`”

Crea en el amor que el Padre tiene por usted y acepte su cuidado íntimo. Y deje a un lado todos sus temores y dudas. Viva delante de los hombres con la fe que Dios no lo ha pasado de largo. Confiese a todos, “Sus ojos están sobre el gorrión, y yo sé que él cuida de mí.”

martes, 6 de abril de 2010

ÉL ENTIENDE COMPLETAMENTE

Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:15-16).

Me reconforta en gran manera el saber que mi Salvador entiende mis sentimientos. Él se relaciona con todo lo que yo estoy sufriendo. Él verdaderamente entiende cada sentimiento y nunca me condena por sufrir ataques del enemigo. En lugar de eso, él me dice que me sujete fuerte a él y que no tema. Él me deja saber que él también está familiarizado con esa clase de lucha. Él entonces me concede una audiencia de gracia a su trono, con una promesa de misericordia y gracia en mi hora de necesidad. Ya sea que mis sentimientos negativos hayan sido el resultado de una batalla física o espiritual, nuestro Señor ofrece comodidad y ayuda cuando más lo necesitamos.

¿Qué quiere decirnos nuestro Señor con esto? Él está animando a todos sus hijos amados a dejar de angustiarse cuando estén bajo la influencia de pensamientos negativos. Ya no se acuse de fracaso y de maldad. Desesperación y miedo pueden ser causados por el pecado – pero no siempre. ¡Así que no se rinda a ser atormentado! No se acueste a dormir hasta que usted se haya encerrado con Dios, se haya acercado al trono confiadamente, y haya reclamado la misericordia y la ayuda que él ha prometido tan claramente. Reclame misericordia, perdón, y gracia para expulsar todos los sentimientos negativos. Esa es la fórmula de Cristo, no la mía.

Habiendo proclamado victoria, habiendo usado la autoridad de su nombre, habiendo venido a él con fe para agarrarse al perdón y a las promesas, ¡resista su tormenta en un estado de descanso! Deje que Dios disipe los sentimientos negativos a su propio paso.

“…habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa” (Hebreos 6:15).

“…por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría” (Salmo 30:5).

Usted puede acostarse a dormir con esta oración en sus labios: “Oh Señor, yo rechazo estos sentimientos negativos. Yo los repudio. Yo no sé de donde vienen ni cómo, pero yo te los encomiendo todos a ti. Dame una nueva seguridad y quita todo temor. ¡Amén!

“Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados” (Hebreos 2:18).

lunes, 5 de abril de 2010

CONTROL TOTAL

No hay una fórmula para vivir totalmente dependiente del Señor. Todo lo que puedo ofrecerles es lo que Dios me ha estado enseñando en esta área. El me ha mostrado dos cosas simples sobre cómo darle a él control total.

Primero, debo de estar convencido de que el Señor está ansioso y deseoso de hacerme conocer su voluntad, aun en los detalles más pequeños de mi vida. Yo debo de creer que el Espíritu que mora en mí conoce la voluntad de Dios para mí, y que él me guiará, me conducirá y me hablará.

“Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad…El me glorificará, por que tomará de lo mío y os lo hará saber” (Juan 16:13-14).

Talvez ahora mismo usted está pasando alguna aflicción, tal vez el resultado de haber tomado alguna decisión apresurada. Aun así, el Señor le promete, “Tu oído interior escuchará a mi Espíritu que te dice ‘Ve por aquél camino. Has esto. No hagas aquello…’”

Segundo, debemos orar con fe inamovible por poder para obedecer la dirección de Dios. Las escrituras dicen, “Pero pida con fe, no dudando nada, por que el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor” (Santiago 1:6-7). Cuando Dios nos dice que hagamos algo, necesitamos el poder para mantener el rumbo y obedecerle totalmente. A través de 5 décadas de mi vida de ministerio, he aprendido que Satanás y la carne siempre plantarán dudas y preguntas en mi mente. Y necesito fortaleza del cielo para no decir “sí” a cualquier situación que Jesús ha dicho “no”.

Muchos de nosotros oramos, “Señor, yo sé lo que me has dicho. Pero todavía no estoy seguro si era tu voz la que me hablaba. No estoy ni seguro de ser lo suficientemente espiritual para reconocer tu voz. Por favor, ábreme o ciérrame la puerta sobre este asunto.”

Esa no es la respuesta de fe que Dios espera de sus hijos. Usted puede orar todo lo que quiera, por horas o aun días. Pero si usted no ora con fe – creyendo que el Espíritu Santo lo guiará como Jesús lo ha prometido – nunca tendrá la mente de Cristo transmitida a usted. El espera hasta ver que usted está comprometido a aceptar todo lo que él dice, y a obedecerlo sin cuestionar.

domingo, 4 de abril de 2010

LOS SENTIMIENTOS, LOS MENSAJEROS DE SATANÁS

Estoy tan agradecido de que mis sentimientos no tienen significado. Estoy más agradecido de que ellos no afectan mi salvación ni mi relación con el Señor. Cuando el enemigo viene como un torrente, tratando de ahogarme en sentimientos depresivos y pensamientos negativos, tengo la tendencia de culparme a mí mismo. Yo le digo a mi corazón, “¿Por qué estoy abatido, oh alma mía? ¿Por qué estoy repentinamente intranquilo en espíritu? ¿Por qué estoy inquieto e irritable – cuando no quiero estarlo? ¿Qué cosa malvada he cometido para merecer estos sentimientos negativos, depresivos?”

¡Mis sentimientos negativos, tristes no vienen de Dios así que no tengo que tolerarlos!

“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7).

Yo puedo rechazar cada sentimiento negativo porque yo sé que ninguno de ellos es de Dios. ¡Los sentimientos que nos hacen temer no son enviados del cielo, son mensajeros de las cuevas del infierno! Ellos deben ser rechazados y atados a través del poder de la oración y de la fe.

Dios nos está diciendo, “Yo no les he dado esos sentimientos de temor y de duda. En lugar de eso, les he dado espíritu de amor, de poder, y de autoridad. Él nos llama a abolir esos pensamientos indeseables, llevándolos cautivos y a la obediencia a él. No nos atrevamos a permitir que nuestros sentimientos sean nuestros amos. No nos atrevamos a permitir que permanezcan y crezcan raíces de amargura y duda. Debemos ir en contra de ellos en el nombre de Cristo el Señor y derribarlos. ¡Se nos ordena que lo hagamos!

“Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10:5).

Cada sentimiento de abatimiento es el fruto de una semilla satánica de desconfianza. ¡Es la serpiente antigua trabajando para hacernos cuestionar la fidelidad de Dios, cuestionar el cuidado de Dios, cuestionar a Dios! Esas mentiras son la semilla de sentimientos negativos y Dios nos ordena que guerreemos contra ellas.

jueves, 1 de abril de 2010

DIOS NO SE HA OLVIDADO DE USTED

¡Dios no se ha olvidado de usted! Él sabe exactamente dónde usted está, por lo que usted está pasando ahora mismo, y él está monitoreando cada paso de su camino. Pero somos como los hijos del pueblo de Israel los cuales dudaron del cuidado diario que Dios tenía de ellos, aún cuando profetas fueron enviados para entregarles maravillosas promesas del cielo. Nos olvidamos en nuestra hora de necesidad de que Dios nos tiene en la palma de su mano. En lugar de recordar eso, como el pueblo de Israel, estamos temerosos de que vamos a fracasar y que seremos destruidos por el enemigo.

¿Podría ser que continuamos en nuestros dolores – continuamos viviendo en fracasos y fallas – simplemente porque realmente ya no creemos que Dios responde oraciones?

¿Somos tan culpables como los hijos de Israel en pensar que Dios nos ha abandonado y nos ha dejado a que con nuestras astucias solucionemos las cosas nosotros mismos? ¿Creemos realmente que Dios dijo en serio que él actuaría a tiempo, para responder nuestra oración de fe? Jesús nos advierte que la mayoría de nosotros, aunque somos llamados y escogidos, no estaremos confiando en él cuando regrese. Algunos del pueblo de Dios ya han perdido su confianza en él. Ellos no creen en lo profundo de sus almas, que sus oraciones hacen alguna diferencia. Ellos actúan como si estuvieran completamente solos.

¡Sea honesto ahora! ¿Ha estado débil su fe últimamente? ¿Se ha rendido sobre ciertas cosas por las que ha orado tanto? ¿Se ha cansado de esperar? Tal vez usted se ha resignado diciendo, “Parece que no puedo lograrlo. No sé lo que está mal y por qué mi oración no es respondida. Evidentemente Dios me ha dicho que no.”

¡Dios no me ha abandonado – ni a usted tampoco! ¡Mil veces no! Él está ahora mismo esperando que nosotros creamos que él está trabajando para que todas las cosas sean para nuestro bien (Romanos 8:28). ¡Así que deje de tratar de descifrarlo; deje de preocuparse; deje de de dudar de su Señor! La respuesta viene. ¡Dios no ha cerrado su oído y usted cosechará a su debido tiempo si usted no desmaya! “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos” (Gálatas 6:9).