lunes, 30 de junio de 2008

UN CAMINO AL TRONO

Usted no puede entrar a este lugar celestial mediante llanto. Usted no puede lograr entrar por lo que ha estudiado o por su trabajo o por su voluntad. No, el único camino hacia la vida-del-trono es por el camino del sacrificio vivo: “Presentad vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro verdadero culto” (Romanos12:1)

Pablo está hablando por experiencia propia. He aquí un hombre quien fue rechazado, tentado, perseguido, golpeado, encarcelado, náufrago, apedreado. Además, Pablo tenía sobre su persona todas las responsabilidades de la iglesia. Aún así, él podía testificar, “En cada situación, yo he estado feliz.”

Ahora él nos está diciendo a nosotros, “¿Quieren saber cómo yo llegué a conocer éste caminar celestial? ¿Quieren saber cómo yo llegué a estar feliz en cualquier situación que fui puesto, cómo yo llegué a encontrar verdadero descanso en Cristo? Aquí está el camino, el secreto para que se apropien de su posición celestial: Presenten sus cuerpos como sacrificio vivo al Señor. Yo sólo puedo alcanzar satisfacción mediante el sacrificio de mi propia voluntad.”

La raíz Griega de la palabra “vivo” aquí en este pasaje, sugiere “de por vida”. Pablo está hablando de un compromiso que nos sujeta, un sacrificio que se hace una vez en la vida. Pero, no se equivoque; este no es un sacrificio que tiene que ver con la propiciación por los pecados. El sacrificio de cristo en la cruz es la única propiciación digna. “Pero ahora, en la consumación de los tiempos, se presentó de una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado.” (Hebreos 9:26)

No, Pablo está hablando una clase diferente de sacrificio. Pero tampoco se equivoque; Dios no se agrada en los sacrificios hechos por los hombres como los del Antiguo Testamento. El libro de Hebreos nos dice: “Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron (10:6). ¿Por qué no fueron agradables al Señor estos sacrificios? Diciéndolo de una manera simple, estos sacrificios no requerían del corazón.

El sacrificio que Pablo describe, es el sacrificio en el cual Dios se deleita en gran manera, precisamente por que implica el corazón. ¿Cuál es este sacrificio? Es el de morir a nuestra voluntad, haciendo a un lado nuestra propia suficiencia y abandonando nuestras ambiciones.

Cuando Pablo exhorta, “Presentad vuestros cuerpos”, él está diciendo, “Acercaos al Señor”. Pero, ¿qué quiere decir esto exactamente? Significa que nos acercamos a Dios para ofrecernos completamente a él. Significa que venimos a él no en nuestra propia suficiencia, sino como un niño resucitado, como santo en la justicia de Cristo, como siendo aceptado por el Padre a través de nuestra posición en Cristo. El momento en que usted renuncia a su propia voluntad, el sacrificio ha sido hecho. Sucede cuando usted deja de luchar por agradar a Dios por usted mismo. Este acto de fe es el “verdadero culto” al cual Pablo se refiere. Se trata de confiar en él con nuestra voluntad, creyendo que él proveerá las bendiciones que necesitamos.

domingo, 29 de junio de 2008

DELEITATE EN EL SEÑOR

Nuestra paz y contentamiento siempre dependen de nuestra rendición a las manos del Señor, sin importar nuestras circunstancias. El salmista escribió: “Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón” (Salmos 37:4).

Si usted se ha rendido totalmente a las manos de Dios, entonces es capaz de soportar cualquiera y todas las pruebas. El deseo de su Padre es que sea capaz de manejar su vida diaria sin miedo ni ansiedad, confiando totalmente en su cuidado. Y su entrega a Él tiene un efecto muy practico en su vida. Mientras más entregado esté al cuidado de Dios, más indiferente será a las condiciones de su alrededor.

Si está rendido a Él, no estará intentando constantemente descifrar el siguiente paso. No estará asustado por las noticias espantosas alrededor suyo. No estará abrumado pensando en los días venideros porque ha confiado su vida, su familia y su futuro a las manos seguras y amorosas de su Señor.

¿Cuán preocupadas cree que están las ovejas cuando siguen a su pastor? No están preocupadas para nada, porque están totalmente entregadas a su dirección. Así mismo, nosotros somos las ovejas de Cristo, quien es nuestro Pastor. Así que, ¿por qué deberíamos preocuparnos o inquietarnos acerca de nuestras vidas y de nuestro futuro? Él sabe perfectamente cómo proteger y preservar su rebaño ¡porque Él nos guía en amor!

En mi propia vida, he tenido que aprender a confiar a Dios un problema a la vez. Piense en ello: ¿Cómo puedo decir que confío en Dios en todo, si no he podido probar que puedo confiar en Él en una sola cosa? En resumen, decir: “Confío en el Señor completamente” no es suficiente. Tengo que probar una y otra vez esto en mi vida, en muchas áreas y en las cosas diarias.

Muchas personas han dicho: “Me rindo, me comprometo, confío”, sólo después de haber visto que no hay otra salida para su situación. Pero la verdadera rendición, la que le agrada al Señor, es hecha libre y voluntariamente, antes de llegar al final de nuestro problema. Debemos actuar en común acuerdo con el Señor, como Abraham lo hizo, dándole a Dios su vida como un cheque en blanco, y dejando que el Señor la llene completamente.

jueves, 26 de junio de 2008

ORACION EN TIEMPO DE ANGUSTIA

En tiempos peligrosos como éstos, ¿no tiene la iglesia poder para hacer algo? ¿Nos sentaremos a esperar que Cristo regrese? O, ¿somos llamados a tomar medidas drásticas de algún tipo? Cuando todo el mundo a nuestro alrededor está temblando, con los corazones de los hombres llenos de miedo, ¿somos llamados a tomar las armas espirituales y batallar contra el adversario?

El profeta Joel vio que se acercaba un día similar a Israel, uno de “densa oscuridad y tristeza”. Según Joel, el día de oscuridad que se aproximaba a Israel sería como nunca se había visto en su historia. El profeta clamó: “¡Ay del día! porque cercano está el día de Jehová, y vendrá como destrucción por el Todopoderoso” (Joel 1:15).

¿Cuál fue el consejo de Joel para Israel en aquella hora oscura? El trajo esta palabra: “Por eso…dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo. ¿Quién sabe si volverá y se arrepentirá y dejará bendición tras de él?” (Joel 2:12-14).

Mientras leo este pasaje, dos palabras me golpean fuertemente: “ahora - pues” Mientras la densa oscuridad caía sobre Israel, Dios se llamaba a su pueblo: “Por eso pues, ahora, a la hora de mi venganza, cuando me expulsaron de su sociedad, cuando la misericordia parece imposible, cuando la humanidad se ha burlado de mis advertencias, cuando el miedo y la tristeza cubren la tierra, ahora pues, les insto a que vuelvan a mí. Soy tardo para la ira, y soy conocido por retener mis juicios por una temporada, como hice con Josías. Mi pueblo puede orar y rogar por mi misericordia. Pero el mundo no se arrepentirá si dicen que no hay misericordia.

¿Ve usted el mensaje de Dios para nosotros en esto? Como su pueblo, podemos unirnos en oración y Él nos oirá. Podemos hacerle peticiones y saber que Él contestará las oraciones sinceras, eficaces y fervientes de sus santos.

miércoles, 25 de junio de 2008

TEMOR Y MIEDO

Los profetas nos advirtieron que cuando vemos a Dios sacudiendo a las naciones, y tiempos peligrosos nos acontecen, nuestra naturaleza temerá en gran manera. Ezequiel preguntó: “¿Estará firme tu corazón? ¿Serán fuertes tus manos en los días en que yo proceda contra ti?” (Ezequiel 22:14).

Cuando Dios advirtió a Noé de su juicio venidero y le dijo que construya un arca, Noé, “con temor preparó el arca” (Hebreos 11:7). Aun osado y valiente, David dijo: “Mi carne se ha estremecido por temor de ti, y de tus juicios tengo miedo” (Salmos 119:120). Y cuando el profeta Habacuc vio que vendrían días desastrosos, clamó diciendo: “Oí, y se conmovieron mis entrañas; a la voz temblaron mis labios; pudrición entró en mis huesos, y dentro de mí me estremecí; si bien estaré quieto en el día de la angustia” (Habacuc 3:16).

Por favor, fíjese lo que dicen estos pasajes: El temor que vino sobre estos hombres de Dios, no fue carnal, sino un temor reverente hacia Dios. Estos santos no tenían miedo al enemigo de sus almas, pero si temían a los juicios justos de Dios. Y es porque ellos entendían el poder asombroso detrás de estas calamidades venideras. No temían al resultado de la tormenta, ¡sino a la santidad de Dios!

Así mismo, cada uno de nosotros experimentará un temor abrumador en los tiempos venideros de destrucción y desastres. Pero nuestro temor debe venir de una reverencia santa hacia el Señor, y nunca de una ansiedad carnal sobre nuestro destino. Dios mira de lejos todo miedo pecaminoso en nosotros, el miedo de perder cosas materiales, riquezas o nuestro estándar de vida.

Por todo el mundo hay gente llena de esta clase de temor, mientras ven a la economía de sus naciones deteriorarse. Tienen miedo de que una inundación económica arrase con todo aquello por lo que han trabajado durante toda su vida. Así es el llanto de los inconversos que no tienen esperanza. Este no debería ser el llanto de los creyentes. Verdaderamente, si usted es un hijo de Dios, su Padre celestial no soportará tal incredulidad en usted. Isaías advirtió: “¿Quién eres tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, y del hijo de hombre, que es como heno? Y ya te has olvidado de Jehová tu Hacedor...y todo el día temiste continuamente del furor del que aflige...” (Isaías 51:12-13). “A Jehová de los ejércitos, a él santificad; sea él vuestro temor, y él sea vuestro miedo.” (8:13).

Que Dios sea su temor y su miedo. Esa clase de temor que lo lleva no a la muerte sino a la vida.

martes, 24 de junio de 2008

EN TIEMPO DE NECESIDAD

Considere una de las promesas más poderosas de toda la Palabra de Dios:

“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque…tiemblen los montes a causa de su braveza. Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios, el santuario de las moradas del Altísimo. Dios está en medio de ella; no será conmovida. Dios la ayudará al clarear la mañana. Bramaron las naciones, titubearon los reinos; dio él su voz, se derritió la tierra. Jehová de los ejércitos está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob…que hace cesar las guerras” (Salmos 46:1-7, 9).

¡Qué maravillosa palabra! He leído este pasaje vez tras vez, docenas de veces, y me sigue dejando anonadado. La Palabra de Dios para nosotros acá, es tan poderosa tan inconmovible, que nos dice: “Nunca más tendrás que temer. No importa si el mundo entero esté en pánico. La Tierra puede temblar, los océanos pueden levantarse, las montañas pueden desmoronarse hacia el mar. Las cosas pueden entrar en un caos total, puede haber un alboroto completo alrededor tuyo. Pero a causa de mi Palabra, tendrás paz como un río. Mientras todas las naciones están enardecidas, poderosas corrientes de gozo brotarán hacia mi pueblo, llenando sus corazones de alegría”.

Ahora mismo, el mundo entero atraviesa un tiempo aterrador. Las naciones tiemblan por el terrorismo, sabiendo que no existe región alguna que esté libre de amenazas. Los problemas y los sufrimientos personales se multiplican. Pero, en medio de todo, el Salmo 46 declara al pueblo de Dios en todo el mundo: “Yo estoy en medio tuyo. Yo estoy contigo, a través de todo esto. Mi pueblo no será destruido o sacudido. Voy a ser una ayuda siempre presente para mi iglesia”.

Dios sabe que todos enfrentamos necesidades profundas; todos nos topamos con presión, tentaciones, tiempos de confusión que hacen que nuestras almas tiemblen. Su mensaje para nosotros, en el Salmo 46 es justamente para tiempos así. Está diciendo que si nosotros nos entregamos al miedo, dejándonos derribar o llenándonos de desesperación, estaremos viviendo absolutamente en contra de su realidad en nuestras vidas.

Es vital que usted entienda lo que el Señor nos está hablando en este Salmo. Nuestro Dios está disponible para nosotros en cualquier momento, día o noche. Él está continuamente a nuestra mano derecha, dispuesto a hablarnos y guiarnos. Y Él ha hecho esto posible al darnos su Espíritu Santo para que habite en nosotros. La Biblia nos dice que Cristo mismo está en nosotros, y nosotros estamos en Él.

lunes, 23 de junio de 2008

EL CUERPO DE CRISTO

El apóstol Pablo nos instruye: “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular” (1 Corintios 12:27). Luego dice más específicamente: “Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros…son un solo cuerpo, así también Cristo” (12:12).

Pablo nos está diciendo: “Échale una mirada a tu propio cuerpo. Tienes manos, pies, ojos, orejas. No eres tan sólo un cerebro aislado, desligado de los demás miembros. Bueno, de la misma manera es con Cristo. Él no es tan sólo la cabeza. Él tiene un cuerpo, y nosotros somos sus miembros”.

El apóstol Pablo recalca: “así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros” (Romanos 12:5). En otras palabras, no sólo estamos conectados con Jesús, nuestra cabeza. También estamos unidos a los demás. El hecho es, que no podemos estar conectados con Él, sin estar, al mismo tiempo, conectados con nuestros hermanos y hermanas en Cristo.

Pablo lleva este punto a su origen, al decir: “El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan” (1 Corintios 10:16-17). Dicho de una manera simple, todos somos alimentados por el mismo alimento: Cristo, el maná del cielo. “Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo” (Juan 6:33).

A menudo, Jesús hablaba con sus discípulos en parábolas y cada parábola contenía una verdad escondida de Dios. Estos secretos fueron compartidos por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo desde antes de la creación: “Abriré en parábolas mi boca; declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo” (Mateo 13:35). Jesús testifica que estas verdades ocultas son reveladas solamente a aquéllos que se dan el tiempo para buscarlas.

Jesús dijo: “Yo soy el pan de vida… Yo soy el pan vivo que descendió del cielo… El que me come, él también vivirá por mí” (Juan 6:35, 51, 57). Acá, la imagen del pan es importante. Nuestro Señor nos está diciendo: “Si vienen a mí, serán nutridos. Estarán unidos a mí, como miembros de mi cuerpo. Por lo tanto, recibirán fuerza del torrente de vida que está en mí”. En verdad, cada miembro de su cuerpo recibe fuerza de una sola fuente: Cristo, la cabeza. Todo lo que necesitamos para llevar una vida victoriosa fluye hacia nosotros, de Él.

Este pan es lo que nos distingue como miembros de su cuerpo. Somos apartados del resto de la humanidad porque participamos de un mismo pan: Jesucristo. “Todos participamos de aquel mismo pan” (1 Corintios 10:17).

domingo, 22 de junio de 2008

LA TIERRA PROMETIDA

Creo que el Salmo 46 es una figura de la “Tierra Prometida” del Nuevo Testamento. De hecho, el Salmo 46 representa el reposo divino al que se refiere Hebreos: “Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios” (Hebreos 4:9). Este Salmo describe el reposo del pueblo de Dios. Habla de su fuerza siempre presente, su ayuda en el tiempo de la necesidad, su paz en medio del caos. La presencia de Dios está con nosotros en todo momento, y su ayuda siempre llega a tiempo.

Israel rechazó este reposo: “Pero aborrecieron la tierra deseable; no creyeron a su palabra” (Salmo 106:24). Tristemente, la iglesia de hoy se parece a Israel. A pesar de las grandes promesas de Dios para con nosotros, su seguridad de paz, ayuda y provisión completa, no confiamos plenamente en Él. Al contrario, nos quejamos: “¿Dónde está Dios en mis pruebas? ¿Está conmigo o no? ¿Dónde hay alguna evidencia de su presencia? ¿Por qué sigue permitiendo que estas tribulaciones se acumulen sobre mí?”

Hoy, escucho al Señor preguntándole a su iglesia: “¿Crees que todavía le hablo a mi pueblo? ¿Crees que anhelo darte mi ayuda y dirección? ¿Realmente crees que yo quiero hablar contigo diariamente, a cada hora, momento tras momento?” Nuestra respuesta debe ser como la de David. Ese hombre de Dios sacudió el infierno cuando hizo la siguiente declaración respecto al Señor: “Porque él dijo, y fue hecho; el mandó, y existió” (Salmos 33:9).

Vemos acá, la promesa de Dios para cada generación de los que creen su Palabra, que Él desea hablarnos: “El consejo de Jehová permanecerá para siempre; los pensamientos de su corazón por todas las generaciones” (Salmos 33:11). ¡El Creador del universo quiere compartir sus pensamientos con nosotros!

La Escritura es clara, al decir: “Nuestro Dios habló a su pueblo en el pasado, está hablando a su pueblo ahora, y continuará hablándonos hasta el fin de los tiempos. Algo aun más grande: Dios quiere hablarle a usted acerca de su problema presente. Quizás lo haga a través de su Palabra, a través de un amigo piadoso o a través de un Espíritu quieto, una suave voz, un susurro: “Este es el camino, anda en él”.

No importa los medios que Él utilice, usted reconocerá su voz. Las ovejas conocen la voz de su Pastor. Y Él es fiel porque: “El guarda (preserva) las almas de sus santos; de mano de los impíos los libra” (Salmos 97:10).

jueves, 19 de junio de 2008

SEÑOR JESÚS, ¡VEN RÁPIDO, VEN PRONTO!

En Apocalipsis, Jesús anuncia: “¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro” (Apocalipsis 22:7). Cinco versículos después, Cristo dice: “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra” (22:12).

Acá tenemos el clamor de todo aquél que anhela expectantemente el regreso de Jesús: “Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven” (22:17). Esto se refiere a la novia de Cristo, compuesta por un cuerpo global de creyentes bajo su señorío. Todos estos siervos son creyentes nacidos de nuevo, lavados con sangre.

Usted preguntará: “Entiendo que este es el clamor del corazón del creyente, pero ¿por qué clamaría también el Espíritu Santo: “Ven”, a Jesús?” Es porque ésta fue la última oración del Espíritu Santo, sabiendo que su obra en la Tierra estaba casi completa. Tal como Pablo o Pedro, a quienes se les dijo que quedaba poco tiempo, así también, el Espíritu clama: “Ven, Señor Jesús”.

Así que, ¿dónde oímos hoy, este clamor del Espíritu Santo? Viene a través de aquéllos que están sentados juntamente con Cristo en los lugares celestiales, que viven y andan en el Espíritu, cuyos cuerpos son templos del Espíritu Santo. El Espíritu clama en ellos y a través de ellos: “¡Apresúrate, Señor, ven!”

¿Cuándo fue la última vez que usted oró: “Señor Jesús, ven rápido, ven pronto”? Personalmente, no recuerdo haber hecho esta oración. Nunca supe que podía apresurar la venida de Cristo, el dejar al Espíritu Santo hacer esta oración a través mío. Sin embargo, Pedro nos demuestra esta verdad increíble: “Esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán” (2 Pedro 3:12). En el griego, la frase: “apresurándoos…la venida del día (aquel día)” significa: “acelerar, urgir”. Pedro está diciendo que nuestras oraciones expectantes aceleran y apresuran, poniendo en el Padre, la urgencia de enviar pronto de regreso a su Hijo.

La misericordiosa paciencia del Señor determina el tiempo de su retorno. Entonces, ¿significa esto que no debemos orar por su regreso? No, en lo absoluto. Cristo mismo nos dice: “Porque aquellos días serán de tribulación cual nunca ha habido desde el principio de la creación que Dios creó, hasta este tiempo, ni la habrá. Y si el Señor no hubiese acortado aquellos días, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos que él escogió, acortó aquellos días” (Marcos 13:19-20). Imagínese lo que sucedería si, en todo el mundo, la novia de Cristo se despertara y orara en el Espíritu: “Jesús, ven”.

miércoles, 18 de junio de 2008

LIGADO A LA PALABRA VIVA

El Señor reina sobre toda creación con majestad y poder. Sus leyes gobiernan el universo entero, toda la naturaleza, toda nación y todos los asuntos del hombre. Él rige sobre los mares, los planetas, los cuerpos celestiales y todos sus movimientos. La Biblia nos dice: “El señorea con su poder para siempre; sus ojos atalayan sobre las naciones” (Sal 66:7). “Jehová reina; se vistió de magnificencia; Jehová se vistió, se ciñó de poder…Firme es tu trono desde entonces; tú eres eternamente… Tus testimonios son muy firmes” (Sal 93:1-2, 5).

Estos Salmos fueron escritos por David, el cual da testimonio, en esencia: “Señor, tus testimonios, tus leyes, decretos y palabras, son irrevocables. Son completamente confiables”. El autor de Hebreos lo reafirma, declarando que la Palabra Viva de Dios es eterna e inmutable: “el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8).

Piense al respecto: Hay leyes operando en el universo que gobiernan el funcionamiento de las cosas, sin excepción. Considere las leyes que rigen los movimientos del sol, la luna, las estrellas y la Tierra. Estos cuerpos celestes fueron puestos en sus respectivos lugares cuando Dios habló una Palabra, y desde aquel entonces, éstos han sido regidos por las leyes que Dios también declaró.

Se nos ha dicho a lo largo del Nuevo Testamento que este gran Dios es nuestro Padre y que Él tiene cuidado de nosotros, sus hijos. Hebreos nos dice que el Señor es afectado por los sentimientos de nuestras dolencias, y que Él escucha cada clamor nuestro y guarda cada lágrima. Sin embargo, también se nos dice que Él es el Rey justo que juzga según su ley. Y su Palabra es su constitución, la cual contiene todos sus decretos legales, por los que Él rige con justicia. Todo lo que existe es juzgado por su Palabra inmutable.

Dicho de una manera simple, podemos tomar la Biblia con nuestras manos y saber que: “Este libro me dice quién es Dios. Describe sus atributos, naturaleza, promesas y juicios. Es su reglamento de leyes, de su propia boca, por el que rige y reina. Y es una Palabra a la que Él está obligado a cumplir.

Todo juez terrenal está obligado a determinar el caso puesto delante de él, de acuerdo a la ley establecida. Dios rige y juzga todo lo que está delante de Él, según su ley eternal, esto es, su misma Palabra establecida. Cuando el Señor da un veredicto, habla por su Palabra viva, una Palabra con la que Él está comprometido.

martes, 17 de junio de 2008

CONFIADAMENTE

“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16). “En quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él” (Efesios 3:12). Estos versículos nos hablan de que venir al Señor con confianza con nuestras presentes, le agrada a Él.

Cuando Dios nos dice que vayamos a su trono confiadamente, con seguridad, no se refiere a una sugerencia. Es su preferencia, y debemos tomarla en cuenta. Así que, ¿de dónde obtenemos esta confianza, este acceso seguro para la oración?

“La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16). La palabra “eficaz”, acá leída, proviene de una palabra cuya raíz griega significa: “una posición firme”. Sugiere una actitud inconmovible, sólida. También implica la palabra “fervor” que se refiere a una confianza construida sobre una evidencia contundente, una prueba absoluta que respalda la petición. Ambas palabras juntas: “fervor eficaz”, significan venir a los atrios del Señor, con el pleno convencimiento de tener un caso muy bien elaborado. Esto va mucho más allá de las emociones, los gritos o un entusiasmo exagerado.

Dicha oración sólo puede venir de un siervo que busca la Palabra de Dios y está plenamente persuadido de que el Señor está obligado a cumplirla. De hecho, es importante que ninguno de nosotros vaya a la presencia de Dios sin traer consigo su Palabra. El Señor quiere que traigamos sus promesas, que se las recordemos, que lo comprometamos con éstas y nos pongamos de pie, firmes, sobre dichas promesas.

Vemos la demostración de esto en Hechos 10, cuando Pedro recibió una visión. Dios le dijo al apóstol: “Unos hombres vienen a tu puerta, y te pedirán que vayas con ellos. Yo los he enviado, Pedro, así que quiero que vayas con ellos, sin duda alguna”.

¿Qué nos enseña este pasaje? Dice que cuando Dios declara que algo es verdad, nosotros debemos creerlo y asumir dicha posición, sin consultar con la carne. Simplemente, no podemos medir la veracidad de la Palabra de Dios, haciendo un examen de cómo estamos o cuán dignos somos. Si lo hacemos, simplemente terminaremos viendo que somos indignos. Y nos convenceremos a nosotros mismos de no reclamar su Palabra, ni apropiarnos de ella.

Más aun, se nos ha dado ayuda para acercarnos al trono de gracia de Dios. La Biblia dice que nosotros hacemos nuestras peticiones en el trono de Dios y que Cristo es nuestro intercesor o abogado. Tenemos también al Espíritu Santo, parado a nuestro lado en los atrios del Padre. El Espíritu es nuestro “paracleto”, es decir, el consejero. Él se para junto a nosotros para hacernos acordar los decretos divinos y la constitución divina sobre la que se basa la Palabra de Dios.

De esa forma tenemos estas increíbles promesas, de un abogado y un consejero, parados al lado nuestro, para darnos confianza al venir al trono de Dios.

lunes, 16 de junio de 2008

AYUDA SIEMPRE PRESENTE

Dios nos ha prometido: “…en las tribulaciones, (cuando enfrentes una crisis persistente, siempre presente), Yo seré tu ayuda, siempre presente” (ver Salmos 46:1).

La frase: “siempre presente”, significa: “siempre acá, siempre disponible, con acceso ilimitado”. En resumen, la presencia viviente del Señor está siempre en nosotros. Y si Él está siempre presente en nosotros, entonces Él desea una continua conversación con nosotros. Él desea que hablemos con Él, sin importar donde estemos: en el trabajo, con la familia, con amigos, incluso con inconversos.

Rehúso aceptar la mentira que Satanás ha sembrado hoy en tantos hijos de Dios: que el Señor ya dejó de hablarle a su pueblo. El enemigo quiere que pensemos que Dios ha permitido a Satanás crecer en poder e influencia, pero que a la vez, Dios no ha equipado a su pueblo con una mayor autoridad. No, ¡jamás! La Escritura dice: “vendrá el enemigo como río, mas el Espíritu de Jehová levantará bandera contra él” (Isaías 59:19). No importa lo que el diablo traiga en contra nuestra. El poder de Dios en su pueblo siempre será mayor que los ataques de Satanás.

Este versículo de Isaías, de hecho, se refiere al portador de la bandera o estandarte que iba al frente del ejército de Israel. El Señor siempre guió a su pueblo a la batalla, detrás de su poderoso estandarte. De la misma manera hoy, Dios tiene un ejército glorioso de huestes celestiales que marcha bajo su bandera, listos para ejecutar sus planes de batalla en nuestro favor.

Quizás usted pregunte: “¿Cómo, entonces, nos da Dios su ayuda en nuestros problemas?” Su ayuda viene en el regalo de su Espíritu Santo, quien mora en nosotros y obra la voluntad del Padre en nuestras vidas. Pablo nos vuelve a decir vez tras vez que nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo. Somos el lugar de morada de Dios en la Tierra.

Por supuesto, repetimos a menudo esta verdad, en nuestra adoración y testimonios. Pero muchos de nosotros no lo tomamos en serio. Simplemente no entendemos el poder que está contenido en dicha verdad. Si lo entendiéramos y confiáramos en él, nunca más sentiríamos temor ni desmayaríamos.

Yo mismo no he aplicado completamente esta lección en mi vida. Aun después de todos mis años como ministro, sigo tentado a pensar que debo producir algún tipo de emoción para poder oír de Dios. No, el Señor está diciendo: “No tienes que pasar horas esperándome. Yo resido en ti. Estoy presente para ti, día y noche”.

Escuche el testimonio de David: “Bendeciré a Jehová que me aconseja; aun en las noches me enseña mi conciencia. Jehová he puesto siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido” (Salmos 16:7-8). David está declarando algo: “Dios está siempre presente delante de mí. Y yo he determinado mantenerlo a Él en mis pensamientos. Él me guía con fidelidad en el día y en la noche. Nunca más estaré confundido”.

domingo, 15 de junio de 2008

LAS MISERICORDIAS DEL SEÑOR SON PARA SIEMPRE

La Biblia nos dice que el Señor no hace acepción de personas. Y dado que Él no muestra favoritismos, porque sus promesas nunca cambian de generación en generación, podemos pedirle que nos muestre las mismas misericordias que le mostró a su pueblo a lo largo de la historia. El rey Manasés pecó más que cualquier otro rey antes que él, sin embargo, cuando él se arrepintió, fue restaurado (ver 2 Reyes 21:1-18).

Las misericordias del Señor son para siempre, y sus ejemplos precedentes de misericordias pasadas debieran darnos la certeza y la libertad para traerle a Él nuestras peticiones. Así que, amado santo, cuando usted sienta que ha pecado demasiado a menudo contra la misericordia del Señor, cuando piense que ya es demasiado y que Dios ha tirado la toalla respecto a usted, cuando esté desanimado, derribado por el fracaso o por su conducta poco cristiana, cuando se pregunte si Dios ya lo “relegó” a una repisa, o que está reteniendo su amor de usted a causa de sus pecados pasados, si usted verdaderamente tiene un corazón arrepentido, entonces aprópiese de esta verdad: DIOS NO CAMBIA.

Enlace a Dios con su Palabra. Escriba cada recuerdo que tenga de lo que Él ha hecho por usted en el pasado. Luego vaya a la Escritura y encuentre otras instancias de “misericordias precedentes” para con su pueblo. Traiga esta lista delante del Señor y hágale recordar: “Dios, tú no puedes negar tu propia Palabra. Tú eres el mismo ayer, hoy y para siempre”.

Le insto a que no descuide el hacerlo. A menudo nos apresuramos en hacer nuestras peticiones en la presencia de Dios, apasionada y celosamente. Pero nos marchitamos en nuestra vida de oración, por no venir preparados a su trono. Debemos tener una posición firme cuando venimos a Dios. La verdadera osadía no comienza con emociones; comienza cuando estamos completamente persuadidos. De modo que debemos elaborar un caso de antemano, no solamente para presentárselo a Dios sino para fortalecer nuestra fe misma.

Hoy tenemos algo en lo cual, los santos del Antiguo Testamento sólo podían soñar. Y me refiero al Mismo Hijo de Dios, sentado a la diestra del Padre-Juez. Conocemos al Hijo, porque es nuestro hermano de pacto de sangre, por adopción. Y podemos reclamar nuestro vínculo sanguíneo con Él, cada vez que estemos de pie frente al Juez, y ligarlo a sus propios argumentos: “Padre, no tengo nada que darte, sólo tu propia Palabra. Tú prometiste que yo estaría completo en Cristo, que no permitirías que caiga, y que Jesús sería mi intercesor. Prometiste abrir tu oído a mi petición y proveerías para todas mis necesidades. ¡Oh, Señor, ten misericordia y gracia para conmigo ahora, en mi tiempo de necesidad! Amén.

Creo firmemente que Dios maravillosamente bendecido cuando nosotros nos acercamos a su trono con este tipo de osadía, comprometiéndolo con su propia Palabra. Es como si Él nos dijera: “Finalmente, lo obtuviste, ¡me has bendecido!”.

jueves, 12 de junio de 2008

EL DÍA DE CRISTO ESTÁ CERCA

Pablo escribió: “Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca” (2 Tesalonicenses 2:1-2).

Los burladores señalan lo siguiente: “Ven, alguien en la iglesia primitiva sacudió a los creyentes con el mensaje de que Cristo estaba a punto de venir. Y Pablo les dijo: “No, no se preocupen por ello. Que no los perturbe o tome su atención”.

Pero eso no es lo que el texto original en griego revela: La raíz de la palabra es “[no sean sacudidos]…respecto a que el Señor ha venido”. Lo que perturbaba a los tesalonicenses era que ellos pensaban que Cristo ya había venido, y que ellos se lo habían perdido. Pablo los reafirma en el siguiente versículo: “Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición” (1 Tesalonicenses 2:3). Pablo estaba refiriéndose sólo a los temores de ellos, cuando dijo: “No se preocupen, porque dos cosas deben acontecer primeramente”.

Entonces, ¿cuál era la posición doctrinal de Pablo respecto al retorno de Cristo? La hallamos en dos pasajes: “Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. La noche está avanzada, y se acerca el día” (Romanos 13:11-12). “Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca” (Filipenses 4:5). Pablo está clamando: “¡Despierten! Ya pasamos la medianoche. La venida del Señor está cerca, ¡despabílense! No sean ociosos. Jesús vuelve por aquéllos que lo esperan”.

Los escépticos pueden preguntar: “Pero, ¿qué acerca de las propias palabras de Pablo? Ciertamente él dijo que dos cosas debían suceder antes que Cristo retorne. Primeramente, el Señor no puede volver hasta que la gran apostasía no se lleve a cabo. Y segundo, el Anticristo tiene que levantarse y proclamarse a sí mismo como Dios. Debemos ver al Anticristo sentado en el templo, exigiendo que la gente lo adore, antes que regrese Jesús”.

Primero, uno tendría que estar voluntariamente ciego para no ver esta horrenda apostasía tomando el control de todo el mundo. La incredulidad está barriendo a todas las naciones, por doquier, los creyentes se están apartando de la fe. La apostasía a la que se refiere Pablo, claramente ha llegado ya.

Algunos quizás digan: “Pablo dice con claridad que Jesús no puede volver hasta que el Anticristo no esté en el poder”. Considere lo que dice la Escritura: “¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo” (1 Juan 2:22). De acuerdo a Juan, el Anticristo es cualquiera que niega al Padre y al Hijo. Más aun, él dice que la proliferación de tales Anticristos es prueba de que estamos viviendo en los postreros días. En resumen, ¡no hay nada que esté reteniendo el regreso de Cristo!

miércoles, 11 de junio de 2008

DIOS USA PERSONAS

Dios usa personas para refrescar a otras personas. El ama tanto este tipo de ministerio que llevó al profeta Malaquías a referirse a ello como la tarea más necesaria en los últimos días. Malaquías describió cómo, en sus días, el pueblo de Dios se edificó el uno al otro a través de la edificación “uno a uno”. “Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero” (Malaquías 3:16).

¿Cuándo, exactamente, sucedió esto? Las palabras de Malaquías vinieron durante un tiempo de impiedad rampante, cuando el “devorador” había destruido gran parte del fruto en la tierra. El pueblo de Dios se había agotado y había empezado a dudar respecto a si valía o no la pena caminar con Dios. Pensaban: “Se nos ha dicho que nos iría bien si servimos al Señor, si obedecíamos su Palabra y llevábamos sus cargas. Pero vemos a los soberbios, a los que no tienen principios, ellos son que aparentemente están felices de verdad. Buscan la prosperidad, viven sin cuidado, disfrutando la vida al máximo”.

El Espíritu Santo comenzó a moverse en Israel y pronto llegó el temor de Dios a un pueblo con hambre de Dios. Súbitamente, todos en Israel, jóvenes y viejos, se convirtieron en misioneros de “uno a uno”. Por el despertar del Espíritu, las personas estaban abiertas para con los demás, y así todos edificaban y consolaban a los que los rodeaban.

Estoy convencido de que la palabra de Malaquías sobre este ministerio es un reflejo de los días actuales. El nos ha dado una figura del derramamiento del Espíritu Santo en los últimos tiempos; a medida que la iglesia de Dios en lugar de ser chismosa y quejarse, comienza a ministrar frescura. Está sucediendo por teléfono, por carta, por correo electrónico y cara a cara. Y Dios está tan complacido con este ministerio, sabemos que Él lo registra todo. Cada palabra dulce que hablamos, cada llamada realizada, cada carta escrita, cada esfuerzo por consolar a los rechazados está registrado en un “libro de memorias”. Y la Biblia dice que cada uno de nosotros, cuyos hechos se han escrito, será precioso para Él: “Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actúe” (Malaquías 3:17).

Sea usted un Tito para alguien que tenga el espíritu por los suelos. Ore para tener el espíritu de Onesíforo, quien buscaba a los heridos para sanarlos. Piense en esto: A usted se le ha dado todo el poder del cielo para refrescar a un creyente en necesidad, alguien que necesite el consuelo que Dios le ha dado únicamente a usted. Sí, hay personas que lo necesitan y la voluntad del Señor es que sus consuelos pasados les lleven a ellos un refrigerio. Llame a aquella persona hoy mismo y dígale: “Hermano, hermana, quisiera orar por ti y alentarte. Tengo una buena palabra para ti”.

martes, 10 de junio de 2008

ACCESO A DIOS

Busqué a Dios en oración y le pregunté: “¿Cuál es el aspecto más importante de haber sido hechos tu templo?”. Y ésta es la respuesta que vino a mí: acceso con libertad y confianza.

Pablo dice de Cristo: “En quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él” (Efesios 3:12).

En el templo judío, había muy poco acceso a Dios. De hecho, dicho acceso estaba disponible sólo para el sumo sacerdote, y luego, solamente una vez al año. Cunado el tiempo llegaba, el sacerdote entraba a la presencia de Dios en el templo con temor y temblor. Sabía que podía ser muerto instantáneamente por acercarse al propiciatorio teniendo en su corazón pecado no perdonado.

Hoy, Dios se ha levantado de esa habitación pequeña y restringida. Y ha venido directamente a nosotros en medio de nuestra desgracia y corrupción. Él nos dice: “He venido para vivir en ti. No tienes que ocultar tu inmundicia y desesperación de mí. Yo te he elegido porque te amo y estoy a punto de hacer de tu cuerpo, mi hogar, mi lugar de morada, mi residencia.

Enviaré a mi Espíritu Santo, quien los santificará. Él limpiará y barrerá toda habitación, para preparar sus corazones para que sean mi novia, pero eso no es todo. Los voy a sentar justo al lado mío y los voy a animar a venir con libertad a mi trono, con confianza. Miren, Yo quiero que me pidan poder, gracia, fuerza, todo lo que necesitan. He hecho descender el cielo a sus almas, para que todos puedan tener acceso. Son ricos, pero todavía no se dan cuenta. Son herederos de toda mi gloria”.

La única razón por la que su cuerpo es santo es porque el Espíritu Santo mora dentro de él. Y se mantiene santo, sólo a causa de su continua presencia y poder. Usted no lo puede hacer. Terminaría en un naufragio de nervios, sólo cuidando todas las entradas. Se desalentaría al no poder impedir que entre el polvo y la suciedad. Se agotaría corriendo de habitación a habitación, barriendo y lustrando, tratando de que las cosas se vean bien.

Todo cristiano debe regocijarse de este hecho: ¡Dios está en usted! Y Él está siempre con usted, así que ¿quién podrá estar en su contra?

lunes, 9 de junio de 2008

ENSANCHAMIENTO DE CORAZON

Los evangelistas Jorge Whitefield and Juan Wesley fueron dos de los más grandes predicadores en la historia. Estos hombres predicaron a miles de personas en reuniones al aire libre, en las calles, en los parques y en las prisiones; y a lo largo de sus ministerios muchos vinieron a Cristo. Pero se levantó una disputa doctrinal entre los dos, respecto a cómo es santificada una persona. Ambas posiciones doctrinales se defendían fuertemente y alguna que otra palabra indebida fue intercambiada entre los seguidores de estos hombres, los cuales discutían de forma desagradable.

Un seguidor de Whitefield vino a él un día y le preguntó: “¿Cree Ud. que verá a Juan Wesley en el cielo?” Lo que estaba preguntando, en efecto, era: “¿Cómo podrá Wesley ser salvo si está predicando tal error?”.

Whitefield respondió: “No, no veremos a Juan Wesley en el cielo. El estará tan alto, tan cerca al trono de Cristo, tan cerca al Señor, que no podremos ser capaces de verlo”.

Pablo llamó a este tipo de espíritu: “ensanchamiento de corazón”. Y él mismo lo tenía al escribir a los corintios, una iglesia, en la que algunos lo habían acusado de ser duro y de quien se habían mofado por su predicación. Pablo les aseguró: “Nuestra boca se ha abierto a vosotros, oh corintios; nuestro corazón se ha ensanchado” (2 Corintios 6:11).

Cuando Dios ensancha nuestro corazón, de pronto ¡tantas limitaciones y barreras son quitadas! Ud. ya no ve a través de un lente estrecho. Más bien, se encuentra a sí mismo siendo dirigido por el Espíritu Santo hacia aquéllos que están sufriendo. Y los dolidos son atraídos a su espíritu compasivo por la atracción magnética del Espíritu Santo.

Así que, ¿tiene usted un corazón blando cuando ve personas en dolor? Cuando ve a un hermano o hermana que ha caído en pecado o quizás tiene problemas, ¿se siente usted tentado a decirle que algo está mal en sus vidas? Pablo dice que los quebrantados, los que pasan dolor necesitan ser restaurados con un espíritu de mansedumbre y benignidad. Ellos necesitan tener un encuentro con el espíritu que Jesús demostró tener.

Este es el clamor de mi corazón para el resto de mis días: “Dios, aleja de mí toda estrechez de corazón. Quiero tener tu espíritu de compasión para aquéllos que sufren, tu espíritu de perdón cuando vea a alguien que ha caído, tu espíritu de restauración, para quitarles su oprobio.

“Aparta de mi corazón toda parcialidad y ensancha mi capacidad de amar a mis enemigos. Cuando me acerque a alguien está en pecado, no dejes que me acerque en juicio. Por el contrario, que el pozo de aguas que brota de mi ser, sea un río de amor divino para ellos. Y permite que el amor mostrado a ellos, encienda en ellos un amor para con los demás”.

domingo, 8 de junio de 2008

DIOS AMA A LA IGLESIA

La verdadera iglesia de Jesucristo es la niña de los ojos de Dios. Sin embargo, desde sus inicios, la iglesia ha experimentado apostasías y falsos maestros. Las iglesias primitivas, aquellos cuerpos apostólicos fundados por Pablo y los apóstoles, fueron instruidos por el pleno consejo de Dios. Nada “provechoso para el crecimiento y determinación” fue negado a los seguidores de Cristo. Se les dio la verdad, no sólo en palabra sino en demostración y en poder del Espíritu Santo.

Pablo le advirtió a Timoteo que el tiempo vendría en el que algunos del pueblo de Dios “no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” (2 Timoteo 4:3-4).

La historia registra que esto sucedió tal como Pablo lo predijo. Después de la muerte de los apóstoles, y de la generación que fue enseñada por ellos, una conspiración de error perverso inundó la iglesia. Los creyentes eran seducidos por doctrinas extrañas; y la ciencia y la filosofía minaron la verdad del evangelio de Cristo.

Considere lo que Pablo dijo sobre la pureza de la iglesia de Cristo: “…Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga…sino que fuese santa y sin mancha” (Efesios 5:25-27).

La gran preocupación de Dios no es por la iglesia apóstata. Incluso las apostasías no podrán matar o destruir a la iglesia de Jesucristo. A pesar de estos problemas, Dios tiene todo bajo control, y su iglesia invisible, mística y vencedora no morirá. Por el contrario, el río del Espíritu Santo está fluyendo hacia el “mar muerto” de iglesias apóstatas, exponiendo la iniquidad y la tibieza. Y produciendo que una nueva vida emerja.

Aquéllos que se han tornado de iglesias muertas, sin vida, pueden no ser otra cosa que un remanente. No obstante, Jesús declaró: “Los campos están blancos para la siega y aun hay tiempo para que los obreros vayan al campo”. En ninguna parte de la Biblia dice que el Espíritu Santo ha huido de la escena, dejando atrás una cosecha marchita. El Espíritu de Dios sigue obrando, convenciendo de pecado, tocando y atrayendo a los perdidos a Cristo, incluso a los apóstatas.

La nube de testigos celestiales nos diría que no busquemos el juicio, que no nos enfoquemos en “guardar nuestra posición”. Todavía es el día del Espíritu Santo, que está a la espera de llenar a toda vasija dispuesta.

Dios sigue amando a su iglesia, ¡con manchas y todo!

jueves, 5 de junio de 2008

ESTÉ LISTO

En Mateo 24, Jesús usa una parábola para enseñar sobre el estar listo para su retorno: “Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá”

Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 24:44-51).

Note que Jesús se refiere a siervos, dando a entender, creyentes. Un siervo es llamado fiel y el otro es llamado malo. ¿Qué es lo que es malo a los ojos de Dios? Según Jesús, es algo que éste “dijere en su corazón” (Mateo 24:48). Este siervo no vocaliza dicho pensamiento, ni tampoco lo predica. Pero lo piensa. Ha entregado su corazón a una mentira demoníaca. “El Señor tarda en venir”. Note que no dice: “El Señor no vendrá”, sino: “tarda en venir”. En otras palabras: “Jesús no vendrá repentina o inesperadamente. Él no retornará en mi generación”.

Este “siervo malo” es claramente, un tipo de creyente, quizás uno que está en el ministerio. Se le ordenó “vigilar” y “estar listo”, “porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis” (Mateo 24:44). Pero este hombre aplaca su conciencia aceptando la mentira de Satanás.

Jesús no muestra el fruto de esta manera de pensar. Si un siervo está convencido de que el Señor a retrasado su venida, entonces no ve necesidad de vivir correctamente. No tiene urgencia de hacer las paces con sus compañeros. No ve la necesidad de preservar la unidad en su hogar, en su trabajo ni en la iglesia. Puede golpear a sus compañeros siervos, acusarlos, guardar rencores, destruir su reputación. Como Pedro dijo, este siervo es impulsado por sus deseos. Quiere vivir en ambos mundos, consintiendo en una vida de maldad, mientras cree estar a salvo del justo juicio de Dios.

miércoles, 4 de junio de 2008

LAS MENTIRAS DEL ENEMIGO

En nuestros momentos de prueba y tentación, Satanás viene a nosotros, trayéndonos mentiras como: “Estás completamente rodeado y no hay salida. Siervos más fuertes que tú han caído en circunstancias menos difíciles. Ahora te toca caer. Eres un fracaso, de otra manera no estarías pasando por esto. Algo está mal en tu vida y Dios está descontento contigo”.

En medio de su prueba, Ezequías reconoció su incapacidad. Este rey se dio cuenta de que no tenía la fuerza para detener las voces de ira en su contra, voces de desánimo, de amenazas y de mentiras. El sabía que no podía librarse de esta batalla, así que buscó al Señor para que lo ayude. Y Dios le respondió, enviándole al profeta Isaías, con este mensaje: “El Señor ha oído tu clamor. Ahora, dile al Satanás que está a tus puertas: ‘Eres tú el que caerá. Por el mismo camino por donde viniste, te irás’”.

Ezequías por poco cayó en el truco del enemigo. El hecho es que si no nos ponemos de pie para enfrentar las mentiras de Satanás, si en nuestra hora de crisis, no nos dirigimos a la fe y a la oración, si no obtenemos fuerzas de las promesas de liberación que Dios nos ha dado, el diablo se reirá de nuestra débil e inconstante fe, e intensificará sus ataques.

Ezequías cobró valor por la palabra que recibió, y fue capaz de decirle con firmeza a Senaquerib: “Rey Diablo, tú no has blasfemado mi nombre, sino el de Dios mismo. Mi Señor me librará. ¡Y porque blasfemaste Su Nombre, enfrentarás su ira!”

La Biblia nos dice que Dios libró sobrenaturalmente a Ezequías y a Judá esa misma noche: “Y aconteció que aquella misma noche salió el ángel de Jehová, y mató en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos” (2 Reyes 19:35).

Hoy, los creyentes no están de pie sólo sobre una promesa sino sobre la sangre derramada de Jesucristo. Y en esa sangre tenemos victoria sobre todo pecado, tentación y batalla que alguna vez enfrentemos. Quizás usted ha recibido una carta del diablo, recientemente. Permítame preguntarle: “¿Cree usted que Dios tiene el anticipado conocimiento respecto a cada una de sus pruebas, cada uno de sus torpes movimientos, cada una de sus dudas y temores? Si es así, usted cuenta con el ejemplo de David, el cual oró: “Este pobre clamó y el Señor lo libró”. ¿Se atreverá usted a hacer lo mismo?

martes, 3 de junio de 2008

LA PAZ Y EL ESPIRITU SANTO

¿A quiénes les concede Jesús su paz? Usted pensará: “Yo no soy digno de vivir en la paz de Cristo, tengo demasiadas luchas en mi vida, mi fe es tan débil”.

Haríamos bien en considerar a aquellos primeros hombres que recibieron la paz de Jesús. Ninguno de ellos era digno y ninguno tenía el derecho de recibirla.

Piense en Pedro. Jesús estaba a punto de conceder su paz a un ministro del evangelio que pronto iba a estar maldiciendo. Pedro era celoso en su amor por Cristo, pero también lo iba a negar.

Luego tenemos a Santiago y su hermano Juan, hombres con un espíritu competitivo, siempre buscando el reconocimiento. Pidieron sentarse a la derecha e izquierda de Jesús, cuando ascendiera a su trono en gloria.

Los otros discípulos no eran más justos. Se enfurecieron contra Santiago y Juan, cuando éstos trataron de sobresalir. Luego está Tomás, un hombre de Dios que se había rendido a la duda. Tanta fe les hacía falta a todos los discípulos, que Jesús se asombraba y se preocupaba. Es más, en la hora más crítica de Cristo, todos lo abandonaron y huyeron. Aun después de la Resurrección, cuando la frase “¡Jesús ha resucitado!”, se esparció por doquier, los discípulos fueron tardos para creer.

Pero aun hay más. También eran hombres confundidos. No entendían los caminos del Señor. Sus parábolas los confundían. Después de la Crucifixión, perdieron todo sentido de unidad, dispersándose en todas las direcciones.

¡Qué cuadro! Estos hombres estaban llenos de temores, incredulidad, división, lamento, confusión, competencia, orgullo. Sin embargo, fue a estos mismos siervos afligidos, que Jesús dijo: “Les voy a dar mi paz”.

Los discípulos no fueron escogidos por ser buenos o justos; eso está claro. Tampoco era porque tenían talento o habilidades. Eran pescadores y obreros, mansos, del pueblo. Cristo llamó y eligió a los discípulos porque vio algo en sus corazones. A medida que miraba en ellos, sabía que cada uno se sometería al Espíritu Santo.

En este punto, todo lo que tenían los discípulos era una promesa de paz por parte de Cristo. La plenitud de dicha paz les sería dada en Pentecostés. Ahí es cuando el Espíritu Santo vendría y moraría en ellos. La paz de Cristo que recibimos, proviene del Espíritu Santo. Esta paz viene a nosotros a medida que el Espíritu nos revela a Cristo. Cuanto más anhelemos de Jesús, el Espíritu nos mostrará más de Él, y tendremos más de la paz de Cristo.

lunes, 2 de junio de 2008

LA GRAN PREOCUPACIÓN DE DIOS

En medio de esta global “remoción de todas las cosas”, ¿en qué está enfocada la preocupación de Dios? ¿Será en los eventos del Medio Oriente? No. La Biblia nos dice que La mirada de Dios está puesta sobre sus hijos. “He aquí el ojo de Jehová sobre los que le temen, sobre los que esperan en su misericordia” (Salmos 33:18).

Nuestro Señor es conciente de todo lo que se mueve en la Tierra, todo lo que respira. Aun así, su mirada está primordialmente enfocada en el bienestar de sus hijos. Él ha fijado sus ojos en los dolores y necesidades de cada miembro de su cuerpo espiritual. Dicho de una forma simple, cualquier cosa que nos afecte, le preocupa a Él.

Para demostrarlo, Jesús dijo: “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno” (Mateo 10:28). Incluso, en medio de las grandes guerras mundiales, el primer enfoque de Dios no está en los tiranos. Su enfoque está en cada circunstancia que sucede en las vidas de sus hijos.

Cristo dijo en el versículo inmediato siguiente: “¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre” (Mateo 10:29). En los días de Cristo, estos pajarillos eran la carne de los pobres y se vendían a dos por un centavo. Sin embargo, Jesús dijo que ninguna de ellos caía a tierra sin que lo supiera nuestro Padre.

El uso que le da Jesús al verbo “caer” en este versículo, va más allá de la muerte de un ave. El significado arameo es “posarse sobre la tierra”, en otras palabras, “caer”, aquí, indica hasta el mínimo sobresalto que un pequeño pajarillo hace.

Cristo nos está diciendo lo siguiente: “La mirada de tu Padre está puesta sobre el pajarillo, no sólo cuando muere, sino cuando se posa en tierra. A medida que el pajarillo aprende a volar, cae del nido y comienza a brincar sobre la tierra. Y Dios ve hasta la lucha más pequeña que éste tiene. Él se preocupa de cada detalle de su vida”.

Luego, Jesús añade: “Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos” (Mateo 10:31). De hecho, Él está diciendo: “Pues aun vuestros cabellos están todos contados” (Mateo 10:30). En otras palabras, Aquél que creó y contó cada estrella, que monitoreó cada acto del Imperio Romano, que guarda a las galaxias en sus órbitas, tiene sus ojos fijados en ti. Y, Jesús pregunta: “¿No valéis vosotros mucho más que ellos?”.

domingo, 1 de junio de 2008

¡ASOMBROSA PAZ!

Jesús nos da más de una razón por la cual necesitamos su paz. Cristo les dijo a sus discípulos, en Juan 14:30: “Viene el príncipe de este mundo”. ¿Cuál era el contexto de esta declaración? Él acababa de decirle a los doce: “No hablaré ya mucho con vosotros”. Luego, explicó el por qué: “Porque viene el príncipe de este mundo”.

Jesús sabía que Satanás estaba ocupado en aquella misma hora. El diablo ya había enlistado a Judas para que lo traicionara. Y Cristo sabía que la jerarquía religiosa en Jerusalén estaba siendo fortalecida por los principados del infierno. Él también era conciente de que una multitud inspirada por el diablo vendría muy pronto para llevarlo prisionero. Ahí es cuando Jesús les dice a los discípulos: “Satanás, el maligno, viene. Así que, ya no les seguiré hablando más”.

Jesús sabía que necesitaba tener un tiempo con el Padre para prepararse para el conflicto que enfrentaría. Él estaba a punto de ser puesto en manos de hombres malvados, tal como Él mismo lo había dicho. Y sabía que Satanás estaba haciendo todo lo posible para estremecer su paz. El diablo habría de acosarlo e intentaría desalentarlo, todo ello, en un esfuerzo por quebrantar la fe de Cristo en el Padre, cualquier cosa con tal de que Él no vaya a la Cruz.

Puede ser que usted se encuentre confundido, pensando: “Todo terminó, no lo voy a lograr”. Pero Jesús dice: “Yo sé lo que estás pasando. Ven y bebe de mi paz”.

Ahora mismo, usted puede estar atravesando el tiempo mas difícil que haya enfrentado. Su vida puede estar en juego y todo parece carecer de esperanza. Pareciera no haber escapatoria para usted y cada puerta que usted abre lo llena de más tensión, confusión y cansancio.

No interesa lo que usted esté pasando. Su vida puede parecer haber sido devastada por un tornado. Usted puede estar soportando pruebas que hacen que otros lo vean como un Job moderno. Pero en medio de sus pruebas, cuando clame al Espíritu Santo para que lo bautice en la paz de Cristo, Él lo hará.

La gente lo señalará y dirá: “El mundo de aquel hombre se ha hecho pedazos, sin embargo él ha determinado confiar en la Palabra de Dios, viva o muera. ¿Cómo puede hacerlo? ¿Cómo puede continuar? El debiera haberse rendido hace mucho tiempo, pero no lo ha hecho. Y a lo largo de todo, no ha cedido ninguno de sus principios. ¡Qué asombrosa paz! Está más allá del entendimiento”.