martes, 10 de junio de 2008

ACCESO A DIOS

Busqué a Dios en oración y le pregunté: “¿Cuál es el aspecto más importante de haber sido hechos tu templo?”. Y ésta es la respuesta que vino a mí: acceso con libertad y confianza.

Pablo dice de Cristo: “En quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él” (Efesios 3:12).

En el templo judío, había muy poco acceso a Dios. De hecho, dicho acceso estaba disponible sólo para el sumo sacerdote, y luego, solamente una vez al año. Cunado el tiempo llegaba, el sacerdote entraba a la presencia de Dios en el templo con temor y temblor. Sabía que podía ser muerto instantáneamente por acercarse al propiciatorio teniendo en su corazón pecado no perdonado.

Hoy, Dios se ha levantado de esa habitación pequeña y restringida. Y ha venido directamente a nosotros en medio de nuestra desgracia y corrupción. Él nos dice: “He venido para vivir en ti. No tienes que ocultar tu inmundicia y desesperación de mí. Yo te he elegido porque te amo y estoy a punto de hacer de tu cuerpo, mi hogar, mi lugar de morada, mi residencia.

Enviaré a mi Espíritu Santo, quien los santificará. Él limpiará y barrerá toda habitación, para preparar sus corazones para que sean mi novia, pero eso no es todo. Los voy a sentar justo al lado mío y los voy a animar a venir con libertad a mi trono, con confianza. Miren, Yo quiero que me pidan poder, gracia, fuerza, todo lo que necesitan. He hecho descender el cielo a sus almas, para que todos puedan tener acceso. Son ricos, pero todavía no se dan cuenta. Son herederos de toda mi gloria”.

La única razón por la que su cuerpo es santo es porque el Espíritu Santo mora dentro de él. Y se mantiene santo, sólo a causa de su continua presencia y poder. Usted no lo puede hacer. Terminaría en un naufragio de nervios, sólo cuidando todas las entradas. Se desalentaría al no poder impedir que entre el polvo y la suciedad. Se agotaría corriendo de habitación a habitación, barriendo y lustrando, tratando de que las cosas se vean bien.

Todo cristiano debe regocijarse de este hecho: ¡Dios está en usted! Y Él está siempre con usted, así que ¿quién podrá estar en su contra?