domingo, 1 de junio de 2008

¡ASOMBROSA PAZ!

Jesús nos da más de una razón por la cual necesitamos su paz. Cristo les dijo a sus discípulos, en Juan 14:30: “Viene el príncipe de este mundo”. ¿Cuál era el contexto de esta declaración? Él acababa de decirle a los doce: “No hablaré ya mucho con vosotros”. Luego, explicó el por qué: “Porque viene el príncipe de este mundo”.

Jesús sabía que Satanás estaba ocupado en aquella misma hora. El diablo ya había enlistado a Judas para que lo traicionara. Y Cristo sabía que la jerarquía religiosa en Jerusalén estaba siendo fortalecida por los principados del infierno. Él también era conciente de que una multitud inspirada por el diablo vendría muy pronto para llevarlo prisionero. Ahí es cuando Jesús les dice a los discípulos: “Satanás, el maligno, viene. Así que, ya no les seguiré hablando más”.

Jesús sabía que necesitaba tener un tiempo con el Padre para prepararse para el conflicto que enfrentaría. Él estaba a punto de ser puesto en manos de hombres malvados, tal como Él mismo lo había dicho. Y sabía que Satanás estaba haciendo todo lo posible para estremecer su paz. El diablo habría de acosarlo e intentaría desalentarlo, todo ello, en un esfuerzo por quebrantar la fe de Cristo en el Padre, cualquier cosa con tal de que Él no vaya a la Cruz.

Puede ser que usted se encuentre confundido, pensando: “Todo terminó, no lo voy a lograr”. Pero Jesús dice: “Yo sé lo que estás pasando. Ven y bebe de mi paz”.

Ahora mismo, usted puede estar atravesando el tiempo mas difícil que haya enfrentado. Su vida puede estar en juego y todo parece carecer de esperanza. Pareciera no haber escapatoria para usted y cada puerta que usted abre lo llena de más tensión, confusión y cansancio.

No interesa lo que usted esté pasando. Su vida puede parecer haber sido devastada por un tornado. Usted puede estar soportando pruebas que hacen que otros lo vean como un Job moderno. Pero en medio de sus pruebas, cuando clame al Espíritu Santo para que lo bautice en la paz de Cristo, Él lo hará.

La gente lo señalará y dirá: “El mundo de aquel hombre se ha hecho pedazos, sin embargo él ha determinado confiar en la Palabra de Dios, viva o muera. ¿Cómo puede hacerlo? ¿Cómo puede continuar? El debiera haberse rendido hace mucho tiempo, pero no lo ha hecho. Y a lo largo de todo, no ha cedido ninguno de sus principios. ¡Qué asombrosa paz! Está más allá del entendimiento”.