viernes, 17 de marzo de 2017

EQUIPO PROTECTOR

Cuando Moisés oyó la voz de Dios que venía de la zarza ardiente, se sorprendió de lo que Dios le pidió que hiciera: “Quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es” (Éxodo 3:5). Dios le dice a cada cristiano hoy lo mismo que le dijo a Moisés: “Sólo hay una tierra sobre la cual puedes acercarte a Mí, y ésta es tierra santa. No puedes confiar en tu carne, porque ninguna carne estará de pie en Mi presencia”.
¿Por qué se enfocó Dios en el calzado, en el pasaje de Éxodo? ¿Qué tiene eso que ver con despojar la carne? Nuestros pies son partes blandas de nuestro cuerpo y los zapatos son una protección para nuestra carne. Nos protegen de los elementos, de las piedras, de las serpientes, de la suciedad y el polvo, del pavimento caliente.
Así que para con Moisés, Dios estaba usando una cosa cotidiana y ordinaria para enseñar una lección espiritual, al igual que Jesús usó, más tarde, monedas, perlas, camellos y semillas de mostaza. Dios estaba diciendo: “Moisés, usas equipo protector para impedir que tu carne tenga un daño, pero ninguna cantidad de protección carnal podrá protegerte. Donde estoy a punto de enviarte, necesitarás un milagro de liberación”.
¿A dónde estaba enviando Dios a Moisés? A Egipto, al foso de iniquidad, a hacer frente a un dictador endurecido. Moisés tuvo que dejar de lado toda confianza en su carne: su mansedumbre, celo y humildad. Todas sus habilidades carecerían de valor, a no ser que Dios las santifique. Moisés tuvo que poner su confianza total en el nombre y el poder de Dios.
De hecho, Moisés se enfrentó a todo tipo de pruebas y desafíos. Estaba por llevar a unas tres millones de personas al desierto, donde no había lugar para comprar comida ni lugar para obtener agua. ¡Él tendría que depender completamente de Dios para todo!
Dios nos haría la misma pregunta, que le preguntó a Moisés. ¿Estamos dispuestos a rendir nuestras propias capacidades y ambiciones y confiaremos completamente en Él? ¿Pondremos toda nuestra confianza en Él, en vez de en nuestros propios dones y planes?