martes, 7 de marzo de 2017

DESTRONANDO A JESÚS

“Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra…sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él” (Colosenses 1:16).
“Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia…para que en todo tenga la preeminencia” (Versículo18). 
Dios el Padre puso a Cristo en el trono como rey sobre todas las naciones y toda la naturaleza, y como Señor sobre la iglesia. Pablo está diciendo: “No importa cómo se vean las cosas. Pareciera que todo está fuera de control y que el diablo ha tomado el poder. Pero lo cierto es que Dios ha puesto todas las cosas bajo los pies de Jesús. ¡Cristo aún es rey sobre todas las cosas!”
Estos pasajes demuestran que el Dios todopoderoso ha dado el dominio sobre todas las cosas a Jesucristo.  Sin embargo, todo a nuestro alrededor vemos como nuestra sociedad y gobierno rechazan reconocer la autoridad y señorío de Cristo. Estamos quitando a Dios de nuestras escuelas y de nuestras cortes, y lo estamos ignorando al crear nuestras leyes.
Yo creo que la razón detrás de todo el derrame de sangre, violencia, odio racial, desintegración moral, abuso de drogas, y el brote mortal de enfermedades sexuales en nuestra sociedad es que América ha rechazado el señorío de Cristo. Los legisladores, educadores y los medios de comunicación han hecho de Dios un tema del cual no se puede hablar.
Peor aún, Jesús está siendo destronado en las iglesias alrededor de la tierra y en las vidas de multitudes de creyentes. Se puede entender que una persona impía quiera destronar a Cristo, pero ¡Cómo debe entristecer al Padre ver como aquellos que se hacen llamar por su nombre destronan a Cristo!
Debido a que Dios ha hecho que Cristo sea todo para la iglesia, no debemos tener ningún otro recurso, referencia o consejero antes que Jesús. Todo el gobierno, guía y consejo de la iglesia debe venir de Él: “Y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Isaías 9:6).