miércoles, 13 de abril de 2016

CUANDO JESÚS SE PRESENTA

En Daniel 3, el rey Nabucodonosor preparó un dios de oro en Babilonia y exigió que sea adorado. Cada oficial, líder y ciudadano en más de cien provincias de Babilonia tenía que postrarse ante este dios o moriría. Sólo habían dos opciones: Postrarse o ser quemado. Si alguien se negaba a adorar al ídolo de Nabucodonosor, éste sería quemado vivos en grandes hornos.

Después de que se emitió el decreto, tres jóvenes devotos judíos en el reino se negaron a inclinarse. Lleno de ira, Nabucodonosor mandó a que los arrastraran delante de él y exigió saber: “¿Qué dios será aquel que os libre de mis manos?” (Daniel 3:15). Esta fue su respuesta: "He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado" (Daniel 3:17-18).

La respuesta de este rey tomado por los demonios, era predecible: "Entonces Nabucodonosor se llenó de ira…y ordenó que el horno se calentase siete veces más de lo acostumbrado" (Daniel 3:19). Esto era puramente odio demoníaco contra Jehová Dios. La verdad es que todos los que están por Cristo pueden esperar tal rabia. Su obediencia siempre despierta la furia de los que toman las instrucciones de Satanás.

Así que, ¿cuál fue el resultado? ¿El Dios de quién prevaleció en Babilonia? En medio de este concurso, el mismo Jesús manifestó Su gloria y poder. Cuando el rey Nabucodonosor se asomó en el horno al rojo vivo, se sorprendió por lo que vio. Gritó: "Echamos a tres hombres en el horno, pero ahora yo veo cuatro hombres. Están caminando alrededor del fuego, y no se están quemando. De hecho, actúan como si las llamas ardientes no fueran nada.¡ Y el cuarto Hombre tiene la apariencia del Hijo de Dios!" (Daniel 3:25, mi paráfrasis).

Cuando Jesús se presenta, Sus enemigos tienen que acobardarse delante de Él.