sábado, 28 de febrero de 2015

LLAMADOS A SALIR by Claude Houde

Una lectura cronológica rápida y limitada del texto en Génesis 11 y 12 podrían llevar a un lector novato de la Biblia a suponer que el padre de Abraham estaba muerto cuando Dios le extendió Su mano divina que guió su destino. Sin embargo, un simple estudio de la esperanza de vida y las edades de los personajes históricos involucrados, junto con un análisis riguroso de las genealogías, nos muestra claramente que este no era el caso en absoluto.

Intérpretes de la Biblia coinciden en que Abraham tuvo que abandonar la tierra estéril y de lo poco, y la comodidad y la transigencia en la que su padre había estado reposando complacientemente al tiempo en que su padre vivía. Tenía que salir de la casa de su padre. La Fe con negación es la fe que recibirá lo sobrenatural, porque está decidida a no morir en la tierra de lo poco y obedece el llamado a “salir de la casa de su padre” (Ver Génesis 12:1).

Querido lector, no estoy hablando aquí de orgullo espiritual y arrogancia, o de la actitud pretenciosa y condescendiente que desprecia a los mayores o culpa a las generaciones pasadas de nuestros desafíos actuales. No estamos llamados a compararnos con nadie y estamos llamados a honrar a nuestros padres y madres en la carne y en la fe. Apreciamos nuestra herencia, nos aferramos a lo que es precioso, y celebramos el bien y el testimonio auténtico de tantos que han caminado antes que nosotros.

Sin embargo, estoy convencido de que la fe que desea recibir lo sobrenatural debe aspirar a más de lo que ha sido la norma, más de lo que nos rodea o de lo que fue antes que nosotros. Rechaza la mentalidad mediocre y del mínimo esfuerzo. Cualquiera que sea la naturaleza y la limitación de tus antecedentes familiares o trasfondo espiritual, Dios te llama a salir de la casa de tu padre. La armadura de Saúl no será suficiente para matar a los gigantes de hoy en día. Debes salir de la casa de tu padre.

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Claude Houde, es el pastor principal de la Iglesia de la Nueva Vida (Eglise Nouvelle Vie) en Montreal, Canadá; y es un orador frecuente en conferencias para pastores y líderes dirigidas por World Challenge en todo el mundo. Bajo su liderazgo la Iglesia de la Nueva Vida se ha incrementado de ser un puñado de personas, a más de 3500 miembros, en una parte de Canadá donde pocas iglesias protestantes han alcanzado éxito.

viernes, 27 de febrero de 2015

ALE LA PENA OBEDECER

“Por la fe Moisés…rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios…por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible.” (Hebreos 11:24-27).

¡Moisés pudo haber tenido todo el oro y plata, los caballos, un harem, todos los lujos y placeres del Egipto materialista! Era un príncipe de Egipto, de la corte real del faraón. Pero “se negó a ser llamado hijo de la hija de Faraón”. Y esa decisión le costó todo. A su juicio, el reproche de Cristo era una riqueza mayor que los tesoros de los egipcios, prefiriendo sufrir con el pueblo de Dios.

Moisés tenía sus ojos en Jesús su Señor y no en las cosas de este mundo.
¿Vale la pena obedecer? ¿Vale la pena prestar atención el mensaje de Dios? Compare estos dos hombres de la Biblia: Salomón, repasando su vida, dijo: “No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno...miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos…y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol.” (Eclesiastés 2:10-11). Salomón continuó diciendo en Eclesiastés:

“Aborrecí, por tanto, la vida” (2:17).

“Aun de noche [mi] corazón no reposa” (2:23).

“Alabé yo a los…que ya murieron, más que a los…que viven todavía” (4:2).

“Hay un mal doloroso…: las riquezas guardadas [para mi propio] mal” (5:13).

“Y he hallado más amarga que la muerte a la mujer cuyo corazón es lazos y redes, y sus manos ligaduras” (7:26).

Pero mira a Moisés: a los ciento veinte años de edad, sus ojos estaban en llamas y todas sus fuerzas físicas estaban en su plenitud cuando Dios lo llamó a su presencia. ¡Dios tomó personalmente el cuerpo de Moisés!

Aquí está el testimonio de Dios dado a la humanidad en relación a Moisés: “Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya conocido Jehová cara a cara; nadie como él en todas las señales y prodigios que Jehová le envió a hacer en tierra de Egipto, a Faraón y a todos sus siervos y a toda su tierra” (Deuteronomio 34:10-11).

¡Vale la pena obedecer!

jueves, 26 de febrero de 2015

EL RESULTADO DE LA DESOBEDIENCIA

La desobediencia a la Palabra de Dios con el tiempo va a terminar en un colapso de la moral y el carácter cristiano.

Todo comienza con un acto descarado de desobediencia a una palabra clara de Dios. Añade a eso una convicción de pecado a medias, un arrepentimiento a medias, y terminarás como Salomón: ¡absolutamente extraviado!

“Y cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios…porque Salomón siguió a Astoret…ídolo abominable de los amonitas. E hizo Salomón lo malo ante los ojos de Jehová…y se enojó Jehová contra Salomón, por cuanto su corazón se había apartado de Jehová Dios de Israel” (1 Reyes 11:4-9). ¡Estas palabras me producen escalofríos!

Salomón estaba ahora endurecido al evangelio. La Palabra de Dios no tenía impacto en lo absoluto. ¡Él daba lástima! Quien una vez había construido una casa para una mujer extranjera, ahora tenía un gran harem. ¡La hija de Faraón se había convertido en una de las miles de amantes! El propio Salomón estaba ya viejo y demacrado, mientras Dios estaba en silencio y enojado con él. Ya no oraba a Dios y no le quedaba gozo. Su corazón estaba enfermo cuando escribió una prosa lamentable sobre la vanidad y la inutilidad de la vida. Jerusalén había sido contaminada con templos paganos, construidos con altos impuestos. El rey bebía mucho, aburrido con todas sus magníficas casas y jardines. Su corazón estaba lleno de idolatría, los días cuando estaba cerca de Dios no eran sino recuerdos borrosos. “Todo es vanidad, todo es en vano” (Ver Eclesiastés 1:14).

¿Es éste el mismo hombre que una vez oró tan elocuentemente en la dedicación del templo? “Toda oración y toda súplica que hiciere cualquier hombre. . . cuando cualquiera sintiere la plaga en su corazón, y extendiere sus manos a esta casa, Tú oirás en los cielos. . . y perdonarás. . . y darás a cada uno conforme a sus caminos, cuyo corazón tú conoces…para que te teman todos los días que vivan sobre la tierra que Tú diste a nuestros padres” (1 Reyes 8:38-40).

¡Así que adelante, aférrate a sus ídolos! ¡Justifica tus áreas de desobediencia y excusa tus pequeños pecados! Un día estallarán en un fuego furioso e incontrolable de inmoralidad y apostasía.

miércoles, 25 de febrero de 2015

CRISTIANOS A MEDIAS

Salomón tenía su vida dividida: una mitad para Dios y una mitad para sus placeres. La Palabra de Dios lo convencía a medias. Él experimentó tristeza a medias y arrepentimiento a medias…¡con cambios a medias! No sé qué pasó, pero Salomón se convenció a medias de que su mujer pagana no podía vivir en el Lugar Santo cerca del arca. Así que decidió sacarla… ¡a mitad de camino de la ciudad! “Y pasó Salomón a la hija de Faraón, de la ciudad de David a la casa que él había edificado para ella; porque dijo: Mi mujer no morará en la casa de David…porque aquellas habitaciones donde ha entrado el arca de Jehová, son sagradas.” (2 Crónicas 8:11).

¡La verdad era que Salomón no quería renunciar a ella! Él sabía en su corazón que todo estaba mal y eso lo estaba molestando en su interior. Puedo oírlo diciendo: “Sí, tengo que hacer algo al respecto. Voy a demostrarle al Señor que quiero hacer lo correcto”. ¿Pero la envió de vuelta a Egipto?

Nuestras iglesias hoy en día están llenas cristianos a medias -convencidos a medias por la Palabra y arrepentidos a medias- que hacen cambios a medias en sus vidas. Muy pocos “tiemblan ante la Palabra”. He escuchado a muchos que todavía están viviendo descaradamente en pecado, que siguen haciendo las mismas cosas de antes. Dicen: “Dios sabe que quiero hacer el bien, Él ve mi corazón, realmente amo al Señor. He hecho algunos cambios y estoy mejorando”. No es suficiente querer hacer el bien. ¡Tenemos que hacerlo!

Salomón edificó el templo y había terminado todos sus proyectos de construcción, pero todavía estaba viviendo en desobediencia en estas áreas, pensando que no había peligro en ello. Sin embargo, Dios es tan misericordioso que siguió respondiendo sus oraciones. Salomón seguía subiendo tres veces al año para ofrecer sacrificios y se gozaba y alegraba en la presencia del Señor.

Creo que esta es la posición más peligrosa en la que un cristiano puede estar: Sus oraciones todavía son recibidas y hay gozo y alegría. Pero quedan, sin embargo, áreas de desobediencia donde la Palabra no es la autoridad absoluta, mientras que el creyente es ciego al deterioro que está tomando lugar.

Dios apareció otra vez a Salomón con un sermón fuerte, una Palabra poderosa: “Camina en integridad. Obedece a Mi Palabra”. Todo el tiempo, Salomón estaba alejándose de Dios, endureciéndose y volviéndose insensible a la Palabra, cegado por las bendiciones y misericordias de Dios. ¿Cuántos cristianos son bendecidos, sienten el Espíritu de Dios, se sienten felices en Él, y dicen: “Todo está bien, porque Dios me está bendiciendo”?

martes, 24 de febrero de 2015

A PRUEBA DE SERMONES

Ser “a prueba de sermones” es escuchar la Palabra de Dios, decir que lo amamos, profesar obediencia a ella, ¡Pero luego no actuar consecuentemente! Es llegar a endurecerse tanto, que el corazón ya no se conmueve y no se ve afectado por lo que se predica. Algunos lo llaman “endurecerse al evangelio”.

Piensa en todas las viejas historias de la Biblia y en los personajes de la Biblia. ¿Quién crees que fue más “a prueba de sermones”? ¿Quién se sentó a los pies de la palabra más fuerte y clara y aún así era totalmente inmune a ella?

¿Acaso fue Saúl? Él escuchó una palabra fuerte y clara: “Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos” (1 Samuel 15:3). Saúl desobedeció a este mensaje, y en lugar de eso, “Saúl y el pueblo perdonaron a Agag, y a lo mejor de las ovejas y del ganado mayor, de los animales engordados, de los carneros y de todo lo bueno” (1 Samuel 15:9). Entonces Samuel apareció y ¡Saúl se convirtió en un mentiroso! “Saúl le dijo…yo he cumplido la palabra de Jehová” (1 Samuel 15:13). Samuel estaba horrorizado porque podía oír el bramido de las ovejas que se salvaron. “¿Por qué…no has oído la voz de Jehová, sino que…has hecho lo malo ante los ojos de Jehová?” (Ver 1 Samuel 15:19).

¿Estaba endurecido Saúl? ¿Era “a prueba de sermones”? ¿Por qué otra razón iba a mentirle desvergonzadamente a un profeta de Dios teniendo las mercancías ahí? Escúchalo mentir de nuevo teniendo la evidencia de su mentira alrededor: “Antes bien he obedecido la voz de Jehová, y fui a la misión que Jehová me envió” (1 Samuel 15:20). Atrapado in fraganti, Saúl culpó a los demás e ideó excusas increíbles por su pecado: “Mas el pueblo tomó del botín ovejas y vacas…para ofrecer sacrificios a Jehová” (1 Samuel 15:21).

Samuel llegó al corazón del problema. Él sabía que Saúl era “a prueba de sermones” porque su corazón ya había sido entregado a la brujería. “Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado” (1 Samuel 15:23). El Saúl “a prueba de sermones”, terminó recibiendo orientación de una bruja y murió de una muerte cruel y temprana.

lunes, 23 de febrero de 2015

CADA OBRA GLORIOSA by Gary Wilkerson

Dios está detrás de toda obra gloriosa y no compartirá Su gloria. Él no permitirá que ningún obstáculo se interponga en el camino del brillo resplandeciente de su Hijo. Por lo tanto, Él necesita vasos limpios para hacer Su obra. En el momento cumbre, cuando Sus bendiciones y poder están fluyendo libremente a través de Su pueblo, Él les dice: “Detente ahora y pon todo en pausa. Quiero que examines tu corazón”.

Esa es la palabra que yo sentí que Dios quería que predicara cuando celebramos nuestro tercer aniversario como iglesia. Puedes imaginarte mi titubeo. Me imaginé a toda la congregación mirándome perpleja y pensando: “¡Un momento! Nos estás diciendo todo está muy bien, pero entonces miras a tu alrededor y dices que necesitamos cambiar”. Sería como el marido que lleva a su esposa a cenar para su aniversario y dice: “Cariño, quería que hablemos sobre el peso extra que has ganado”.

Eso no es exactamente lo que se siente cuando Dios nos pide que nos examinarnos a nosotros mismos, porque después de todo, estamos conscientes de que nuestra justicia es como trapos de inmundicia, que necesitamos de Su gracia. Pero el hecho es que, justo cuando estamos al borde de la mayor obra de Dios en nuestras vidas, Él nos pide reflexionar sobre estas preguntas: “¿Hay algo en mi corazón que sea desagradable para el Señor? ¿He dejado de hacer algo que Él me ha pedido? No quiero tener nada en mi vida que obstaculice lo que Dios quiere hacer”.

Dios siempre está trayendo a Su pueblo a este punto. ¿Por qué? Porque antes de que pueda llevar a cabo lo mejor, tiene que hacer algo profundo en nosotros. Él quiere darnos Su victoria, pero también quiere nuestra devoción completa a Él.

¿En qué cosa de tu vida el Señor está poniendo Su dedo? ¿Es para quitar una cosa pequeña? ¿O para agregar algo que has descuidado? No te demores en tu respuesta a la voz fiel del Espíritu. Tratar con una cosa pequeña puede determinar tu futuro. ¿Vas a examinar aquello? Si es así, debes saber que lo mejor de Dios está por delante, y puedes estar seguro que has agradado a Aquel que te quiere bendecir.

“Probemos y examinemos nuestros caminos” (Lamentaciones 3:40).

viernes, 20 de febrero de 2015

EL ESPÍRITU DE INTENSIDAD

Cuando Dios está a punto de hacer una nueva obra, Él derrama un espíritu de intensidad sobre Su pueblo. Ya no podemos ser flojos espirituales, relajados, complacientes y apocados. Debemos ser intensos, llenos de calor y pasión por Cristo, sintiendo seriamente y en lo profundo la obra de Dios. Hoy, Dios está levantando un pueblo que odia el pecado y tiembla ante Su Palabra. Su remanente debe oír y creer en los santos profetas. Ellos no deben dudar ni volverse tibios; por el contrario, deben tomar las cosas de Dios con mayor seriedad a medida que transcurren los días.

Considera la intensidad de Esdras. Mira de cerca su pasión en contra de cualquier cosa que hiera a Dios y verás su odio atrevido por la mezcla con el mundo. “Cuando oí esto, rasgué mi vestido y mi manto, y arranqué pelo de mi cabeza y de mi barba, y me senté angustiado en extremo. Y se me juntaron todos los que temían las palabras del Dios de Israel, a causa de la prevaricación de los del cautiverio; mas yo estuve muy angustiado hasta la hora del sacrificio de la tarde” (Esdras 9:3-4).

¡Qué gran escena! Esdras estaba sentado con gran dolor piadoso, arrancándose el cabello y la barba “a causa de la prevaricación de los del cautiverio” (versículo 4). Uno a uno, todos loa que tenían el corazón tembloroso lo rodearon. Dios tenía sólo un hombre que sentía rubor por el pecado, y, a través de él, se levantó un cuerpo de dolientes.

“Mientras oraba Esdras y hacía confesión, llorando y postrándose delante de la casa de Dios, se juntó a él una muy grande multitud de Israel, hombres, mujeres y niños; y lloraba el pueblo amargamente” (Esdras 10:1).

Familias enteras del pueblo de Dios están coqueteando con el mundo, ¡pero muchos de ustedes están clamando por santidad y separación! Sientes el dolor de Dios por el pecado y te ruborizas de vergüenza. Tú sabes que es hora de ponerse serios acerca de caminar con Él.

jueves, 19 de febrero de 2015

TOCADO POR LA MANO DE DIOS

Nehemías fue un hombre de gran intensidad para Dios. “Vino Hanani, uno de mis hermanos, con algunos varones de Judá, y les pregunté por los judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalén. Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego. Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos” (Nehemías 1:2-4).

El remanente había regresado al lugar santo, pero el oprobio y el letargo se habían infiltrado. Las cosas seguían en una condición sepulcral; no se había hecho ningún progreso espiritual.

La Escritura dice que Nehemías comenzó a llorar, lamentarse y a hacer “oración…día y noche” (versículo 6). No era un asunto de ser despertado por Dios a mitad de la noche y que de pronto cayera sobre él una carga en su alma. ¡No! ¡Este hombre de Dios fue quien inició la carga, él la pidió! “Yo pregunté a mis hermanos acerca del remanente” (ver versículo 2).

Así también, Daniel pasaba horas, días y semanas estudiando la Palabra de Dios. Dios no le lanzó una carga sobrenatural a su corazón, en lugar de ello, Daniel humilló su propio corazón. Él desarrolló y nutrió una verdadera carga por el pueblo de Dios al estudiar diligentemente y obtener un entendimiento de lo que estaba diciendo: “Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza” (Daniel 9:3).

¡Hablando de intensidad, aflicción y llanto! Daniel dijo: “En aquellos días yo Daniel estuve afligido por espacio de tres semanas. No comí manjar delicado, ni entró en mi boca carne ni vino, ni me ungí con ungüento, hasta que se cumplieron las tres semanas...no tuve vigor alguno” (Daniel 10:2-3,8).

Cuando la mano de Dios tocó a Daniel, estas palabras vinieron del trono: “Desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido” (versículo 12). En hebreo, la palabra “humillarte” significa golpear la carne para ponerla en sujeción. ¡Pablo también dijo: “Golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre”!

El Señor va a tener hoy un pueblo que esté completamente entregado a Su obra; intenso, apasionado y quebrantado, que dará cada hora libre y cada dólar extra a aquello que represente Sus intereses en la Tierra.

miércoles, 18 de febrero de 2015

EL ESPÍRITU DE INTENSIDAD

Cuando Dios está a punto de hacer una nueva obra, Él derrama un espíritu de intensidad sobre Su pueblo. Ya no podemos ser flojos espirituales, relajados, complacientes y apocados. Debemos ser intensos, llenos de calor y pasión por Cristo, sintiendo seriamente y en lo profundo la obra de Dios. Hoy, Dios está levantando un pueblo que odia el pecado y tiembla ante Su Palabra. Su remanente debe oír y creer en los santos profetas. Ellos no deben dudar ni volverse tibios; por el contrario, deben tomar las cosas de Dios con mayor seriedad a medida que transcurren los días.

Considera la intensidad de Esdras. Mira de cerca su pasión en contra de cualquier cosa que hiera a Dios y verás su odio atrevido por la mezcla con el mundo. “Cuando oí esto, rasgué mi vestido y mi manto, y arranqué pelo de mi cabeza y de mi barba, y me senté angustiado en extremo. Y se me juntaron todos los que temían las palabras del Dios de Israel, a causa de la prevaricación de los del cautiverio; mas yo estuve muy angustiado hasta la hora del sacrificio de la tarde” (Esdras 9:3-4).

¡Qué gran escena! Esdras estaba sentado con gran dolor piadoso, arrancándose el cabello y la barba “a causa de la prevaricación de los del cautiverio” (versículo 4). Uno a uno, todos loa que tenían el corazón tembloroso lo rodearon. Dios tenía sólo un hombre que sentía rubor por el pecado, y, a través de él, se levantó un cuerpo de dolientes.

“Mientras oraba Esdras y hacía confesión, llorando y postrándose delante de la casa de Dios, se juntó a él una muy grande multitud de Israel, hombres, mujeres y niños; y lloraba el pueblo amargamente” (Esdras 10:1). Familias enteras del pueblo de Dios están coqueteando con el mundo, ¡pero muchos de ustedes están clamando por santidad y separación! Sientes el dolor de Dios por el pecado y te ruborizas de vergüenza. Tú sabes que es hora de ponerse serios acerca de caminar con Él.

martes, 17 de febrero de 2015

¿QUÉ ES EL RUBOR EN EL ESPÍRITU SANTO?

“Porque desde el más chico de ellos hasta el más grande, cada uno sigue la avaricia; y desde el profeta hasta el sacerdote, todos son engañadores… ¿Se han avergonzado de haber hecho abominación? Ciertamente no se han avergonzado, ni aun saben tener vergüenza; por tanto, caerán entre los que caigan; cuando los castigue caerán, dice Jehová” (Jeremías 6:13,15).

El profeta Jeremías vio la terrible condición que venía sobre el pueblo de Dios. Escondieron los pecados que habían empezado a practicar, detrás de una máscara de paz y seguridad superficiales. La ambición y codicia había tomado tal control de sus corazones que camuflaban sus dolores con un quebrantamiento carnal. Sus vidas enteras se habían tornado superficiales: lágrimas superficiales, arrepentimiento superficial, incluso sanidad superficial.

El pueblo de Dios había perdido su noción de vergüenza y dolor por el pecado; por el pecado en toda la sociedad y por el pecado en sus propias vidas. Ya no sentían el odio y la ira de Dios contra la iniquidad. El pecado se había convertido en “una de esas cosas”.

Jeremías clamó: “¿Se han avergonzado cuando pecaron? ¡No! No se avergonzaron en absoluto, ¡no se ruborizaron!”

El “rubor” en el Espíritu Santo no es tan sólo tener las mejillas enrojecidas debido a una simple modestia. Es sentirse heridos, avergonzados, devastados: dolidos porque el nombre y la pureza de Jesús, nuestro Señor han sido pisoteadas, Su reputación ha sido manchada.

“Endurecieron sus rostros más que la piedra, no quisieron convertirse” (Jeremías 5:3). Ellos estaban cometiendo adulterio al acostarse con prostitutas y al desear la mujer de su prójimo. En el versículo 11 del mismo capítulo, ¡Jeremías la llamó rebelión directa contra el Señor!

A pesar de todas las advertencias proféticas hechas por Jeremías, este pueblo se fue por su antojado camino, diciendo: “No vendrá mal sobre nosotros, ni veremos espada ni hambre” (versículo 12). “El juicio no es el mensaje de Dios para nosotros”, dijeron.

Dios advirtió a su pueblo que prestaran oído a las instrucciones de las palabras dadas a ellos, o Él se alejaría de ellos. “Corrígete, Jerusalén, para que no se aparte mi alma de ti” (Jeremías 6:8). Y una vez más, Dios dijo: “¡Estoy hablando claramente! ¡Estoy advirtiendo! Pero, ¿quién está oyendo?”

lunes, 16 de febrero de 2015

FE EXTRAORDINARIA by Gary Wilkerson

¿Sientes que Dios está a punto de desatar algo tremendo en tu vida? Tal vez Él ha hablado a tu corazón: “He preparado algo especial para ti. Pronto entrarás en un caminar conmigo que nunca has conocido antes”. Tal vez tu vida ya ha sido grandemente bendecida por Dios. Ahora el Espíritu Santo está diciendo que Su promesa de tiempos antiguos está a punto de llegar a su pleno cumplimiento y te dejará perplejo.

Si esto describe tu vida en este momento, puedo decirte con la autoridad de la Escritura: Prepárate para examinar tu corazón.

Hablemos de lo que yo llamo experimentar "una fe loca". La fe loca es creer que no importa cuán buenas las cosas sean, lo mejor aún está por venir. Es una fe que dice: “Por mucho que soñemos y hagamos grandes cosas para el reino de Dios, Su visión es siempre más grande”. Lo que el Señor ha hecho en la breve existencia de la iglesia que pastoreo ha superado mis expectativas. No pasa una semana sin que alguien entregue su vida a Jesús. Siempre que distribuimos alimentos a los pobres, muchos de los receptores preguntan: “¿Por qué están haciendo esto?" Respondemos: “Es Jesús” y ellos entregan su vida a Él.

Todo está sucediendo milagrosamente. En pocos años, la asistencia a nuestra iglesia ha crecido fenomenalmente. Los nuevos creyentes están madurando rápidamente y se están convirtiendo en discípulos fieles, creciendo en su conocimiento de Dios. Ellos están bien encaminados hacia nuestra meta final para ellos: convertirse en misioneros radicalmente entregados a Jesús, donde quiera que Él los lleve.

Dios no sólo está superando nuestras expectativas, sino que nos está mostrando cuáles son Sus expectativas, y nos deja perplejos. Todavía hay un cuarto de millón de personas sólo en nuestra área que no conoce a Cristo y el Señor nos movió a plantar dos nuevas iglesias, una en un área problemática de la ciudad. Estoy simplemente anonadado por las grandes obras de Dios.

Aquí está la parte más loca de todas: Creo que las cosas más grandes están aún por venir.

“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” (Hebreos 11:1).

sábado, 14 de febrero de 2015

SU MANO DE AMOR by Jim Cymbala

Mantener la pureza doctrinal es bueno, pero no lo es todo para la iglesia del Nuevo Testamento. Los apóstoles querían hacer mucho más que simplemente “quedarse al mando del barco”, como dice un viejo himno, sino que pidieron a Dios que les dé poder para salir e impactar a toda una cultura.

En demasiados lugares donde se golpea la Biblia y se discute la doctrina hasta las tres de la mañana, está faltando el Espíritu de esa doctrina. William Law, un escritor de devocionales Inglés del siglo 18, escribió: “Puedes leer el capítulo de la Escritura que quieras, y siempre deleitarte en ello, sin embargo, te dejará tan pobre, vacío e igual a lo que eras, hasta que te hayas vuelto completamente al Espíritu de Dios, para que te traiga a la plena unión y dependencia de Él.”

Una manera de reconocer si sufrimos de esta desconexión es mirar a nuestra preocupación por las personas sucias…que son “diferentes”…que no encajan en la imagen de grupo principal. La idea de que una iglesia pueda ser llamada a servir a una sola clase determinada no se encuentra en el Nuevo Testamento. Los estragos del pecado no son agradables, pero son aquello que Jesús vino a perdonar y a sanar. “El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido" (Lucas 19:10). El Espíritu de Dios es un Espíritu de misericordia, de compasión y de alcanzar a otros.

Sin embargo, los cristianos a menudo vacilan en extenderse a los que son diferentes. Quieren que Dios limpie los peces antes de que los pesquen. Si el anillo de oro de alguien está unido a una parte corporal extraña, si la persona no tiene el mejor aroma, o si el color de su piel no es el mismo, los cristianos tienden a vacilar. Pero reflexiona por un momento sobre Dios extendiéndose hacia nosotros. Si alguna vez hubo una “extensión”, fue esta: la Santa y pura Deidad extendiéndose hasta alcanzar a los que estábamos sucios, los que teníamos el corazón malvado y éramos impuros. Dios pudo haber dicho: “Eres tan diferente de mí, tan desagradable, en realidad preferiría no acercarme demasiado a ti”. Pero no dijo eso, justamente fue nuestra diferencia lo que atrajo su mano de amor.

Jesús no solo habló palabras de sanidad a los leprosos a la distancia. . . Él los tocó. “Entonces, extendiendo él la mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante la lepra se fue de él.” (Lucas 5:13).

__________ 

Jim Cymbala comenzó la iglesia Brooklyn Tabernacle con menos de veinte miembros en un pequeño y deteriorado edificio en una parte difícil de la ciudad. Nacido en Brooklyn, es un viejo amigo de David y Gary Wilkerson, y un orador frecuente en conferencias para pastores y líderes patrocinadas por World Challenge en todo el mundo.

viernes, 13 de febrero de 2015

ESCRITO ESTÁ

“El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4). “Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios” (4:7). “Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás” (4:10). Cuando Jesús se enfrentó a las artimañas del diablo, venció con la Palabra de Dios.

Hoy en día tenemos además otro “escrito está": “Yo he rogado por ti, que tu fe no falte” (Lucas 22:32). Puedes decirle al diablo: “Puedes tratar de derribar mi fe, pero tienes que saber esto: ¡Mi Jesús está orando por mí!”

La fe de Pedro fue probada y sacudida, y debido a su orgullo tropezó. Pero en respuesta a la oración del Maestro, las raíces de su fe no habían sido destruidas. Justo cuando Satanás estaba gritando de alegría y parecía como si el Señor había perdido un amigo ungido, ¡Pedro vio los ojos de Jesús y éstos lo traspasaron! “Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro…y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente” (Lucas 22: 61-62).

“Lloró amargamente” en griego significa “algo desgarrador, un grito violento”. “Y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces” (22:61). Me imagino que este hombre caminó hacia las colinas de Judea, postrándose sobre su rostro con las manos extendidas, llorando: “¡Oh, Padre, él estaba en lo correcto! No le hice caso. Me advirtió que Satanás trataría de destruir mi fe. ¿Morir por Jesús? ¿Por qué? ¡No podría ni siquiera defender a una dama! ¡Perdóname! ¡Yo lo amo! ¿A quién más podría ir?”

Creo que la fe de Pedro se apoderó de algo más que Jesús le había dicho: “Y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos” (Lucas 22:32). ¿Cuántas veces Pedro recordó estas palabras en su mente y corazón, reflexionando dentro de sí: “¿Acaso no dijo Jesús vuelve? ¿Acaso no dijo que todavía tenía un ministerio? ¿Después de lo que hice, se supone que debo ayudar a los demás?”

Dios contestó la oración de su Hijo. Puedo ver a Pedro poniéndose en pie con el Espíritu de Dios fluyendo a través de él y con las manos levantadas al cielo, diciendo: “¡Vete, Satanás! Yo le fallé, pero todavía lo amo. Él prometió, y de hecho profetizó, que yo iba a volver y que sería fortaleza para otros, que sería una roca. ¡Volveré donde mis hermanos y hermanas!”

jueves, 12 de febrero de 2015

YO HE ROGADO POR TI



El Señor dijo a Pedro: "Yo he rogado por ti, que tu fe no falte" (Lucas 22:32). Miro este maravilloso ejemplo del amor de Cristo y me doy cuenta que no sé casi nada sobre cómo amar a los que caen. Ciertamente Jesús es el "amigoŠmás unido que un hermano" (Proverbios 18:24).

Jesús ve lo bueno y lo malo en Pedro y concluye: "¡Este hombre es digno de ser salvado! Satanás lo desea, pero yo lo deseo aún más". Pedro verdaderamente amaba al Señor y el Señor verdaderamente amaba a Pedro, aunque conocía sus rasgos de personalidad.

Jesús dijo: "¡He orado por ti!" No dijo: "¡Voy a orar!'. Jesús probablemente había pasado muchas horas con Su Padre hablando acerca de Pedro. Cómo le amaba, cuán necesario era en el Reino, cuán valioso era como amigo.

¡Señor, danos a todos de esa clase de amor! De esa manera, cuando veamos a alguien siendo transigente o encaminándose a problemas o a un desastre, lo amaremos lo suficiente como para advertirles tan firmemente como Jesús lo hizo con Pedro. Entonces seremos capaces de decir: "¡Estoy orando por ti!" Tenemos que decirlo en amor, no de una manera acusadora.

Toma a esa gente al trono de Dios; implora por ellos para que pasen por sus pruebas con su fe intacta. Jesús no le dio un sermón a Pedro, más bien, Jesús simplemente le dijo: "He orado por ti".

"Yo he rogado por ti". En el griego, la palabra ti es plural, y significa "todos ustedes". Jesús no sólo estaba hablándole a Pedro, sino a todos los discípulos y también a nosotros hoy. "Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos sonŠPadre Santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombreŠno ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal" (Juan 17:9, 11, 15).

miércoles, 11 de febrero de 2015

CEÑIDOS CON ALEGRÍA

Sólo hay una manera de animar tu corazón y permanecer en alegría.

“Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo…fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche…derramo mi alma dentro de mí… ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío” (Salmos 42:2-5). Este es el mensaje de Dios a todos los que están “abatidos”, todos los que se sienten tristes, derrotados, desanimados, decaídos, y deprimidos.

¿Por qué estoy deprimido? ¿Por qué estoy melancólico y triste? ¿Por qué estoy agobiado? ¿Por qué lloro? David ni siquiera trata de responder estas preguntas en este salmo. Todo lo que puede decir es: “¡Espera en Dios! ¡Él es la salvación mía!”.

Para aquellos que esperan en Dios paciente y expectantemente, “de día mandará Jehová su misericordia, Y de noche su cántico estará [contigo] (42:8)

Dios ha dado una advertencia clara que es un asunto serio para Él cuando no le servimos con alegría. En Deuteronomio 28, encontramos todas las maldiciones y enfermedades que se apoderan de los incrédulos: “Y vendrán sobre ti todas estas maldiciones…por cuanto no serviste a Jehová tu Dios con alegría y con gozo de corazón, por la abundancia de todas las cosas” (28:45-47).

Dios dice: “Te has enfocado en alguna pequeña herida, algo injusto, y al hacerlo, ¡te has olvidado de todas las bendiciones y las cosas maravillosas que he hecho por ti!”

Cristo convertirá tu desesperanza en regocijo y te vestirá con alegría, si pones tu fe en Él. “Has cambiado mi lamento en baile; Desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría” (Salmos 30:11). ¡Santos, regocíjense en el Dios de la esperanza y vivan!

martes, 10 de febrero de 2015

HAY UN RÍO

“Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios, El santuario de las moradas del Altísimo. Dios está en medio de ella; no será conmovida. Dios la ayudará al clarear la mañana” (Salmos 46:4-5).

Sí, el río es Jesús: Su sola presencia. En el momento en que derribas todas las dudas y el miedo, y clamas: “Señor, creo, y en Ti tengo mi esperanza, esperanza abundante”, serás trasplantado a las orillas de este río por el poder del Espíritu Santo.

La razón por la que es tan importante que estés profundamente arraigado en Dios se debe a que ¡lo peor está por venir!

“Si corriste con los de a pie, y te cansaron, ¿cómo contenderás con los caballos? Y si en la tierra de paz no estabas seguro, ¿cómo harás en la espesura del Jordán?” (Jeremías 12:5).

Se supone que éstos son buenos tiempos. Vivimos bajo una lluvia leve en comparación con la tormenta que viene. Esto es un juego de niños en comparación con los problemas que se avecinan. Puedes pensar que estás pasando algo muy horrible, ¡pero no es nada comparado a la luz de la angustia que pronto vendrá sobre la tierra!

¡Tenemos que lograr que nuestras raíces estén profundamente arraigadas! Si no estás sacando fuerzas de Él hoy, no vas a soportar cuando las densas tinieblas cubran la tierra. Tú y yo ahora estamos siendo probados por una “tribulación momentánea” (2 Corintios 4:17) para llevarnos al Señor, para que cavemos profundo y entremos en la reserva secreta de vida.

“Bendito el varón que confía en Jehová…será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto.” (Jeremías 17:7-8).

lunes, 9 de febrero de 2015

COSAS DEDICADAS A LA DESTRUCCIÓN by Gary Wilkerson

El Señor advirtió a Israel que no tomaran ningún botín de los enemigos a los que derrotaran. ¿Por qué esta prohibición? Era para que no confiaran en el poder del hombre ni trataran de conquistar a sus enemigos para obtener beneficios materiales. Dios quería que sus ojos estuvieran fijos en las cosas de arriba, no en cosas “dedicadas a la destrucción” (bienes materiales que se desvanecerían como la hierba, véase Josué 6:18).

Pero un hombre, Acán, decidió tomar algunas cosas para sí. “Pues vi entre los despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un lingote de oro de peso de cincuenta siclos, lo cual codicié y tomé” (Josué 7:21). En realidad, no era mucho, sólo un abrigo bonito y un puñado de plata y oro. Sin embargo, siempre es sólo una pequeña cosa sobre la que Dios pone su dedo. ¿Por qué? Porque Él sabe que esa es la cosa que puede obstaculizar el cumplimiento de todo Su destino para con nosotros.

¿Hay algo en lo que has sido negligente, una cosa que podría refrenarte de alcanzar lo mejor de Dios para ti? Para muchos de nosotros, estas podrían ser cosas razonables. Tal vez el deseo de aferrarse a los ahorros que el Señor quiere que regalemos, o aferrarse a una carrera exigente que nos aleja de nuestra familia. Al igual que Acán, podemos aferrarnos a algo “insignificante” sin tener en cuenta lo que eso hace a nuestros corazones. Dios nos dice: “¡Sí! Saca esa cosa que no te pertenece. Hazlo, porque tan sólo una pequeña cosa oculta puede entorpecer la victoria sin igual que yo quiero darte”.

Nuestro Dios quiere hacer grandes cosas a través de nosotros. Él quiere expresar Su amor al mundo a través de nosotros. Así que si estamos aferrándonos a una cosa que se interponga en el camino de lo que Él quiere lograr – algo deliberado, alguna negativa a confiar en Él para todo - Él nos la señala.

¿En qué cosa de tu vida el Señor está poniendo Su dedo? ¿Es para quitar una cosa pequeña? ¿O para agregar algo que has descuidado? No te demores en tu respuesta a la voz fiel del Espíritu.

sábado, 7 de febrero de 2015

LA LETALIDAD DEL PECADO by Carter Conlon

“He aquí, por tercera vez estoy preparado para ir a vosotros; y no os seré gravoso, porque no busco lo vuestro, sino a vosotros, pues no deben atesorar los hijos para los padres, sino los padres para los hijos. Y yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado menos.” (2 Corintios 12:14-15)

Estas son las palabras de Pablo, un hombre cuyo corazón y vida eran la personalización de Jesucristo. La vida de Pablo fue entregada por el pueblo de Dios, como es el caso de todo verdadero siervo de Dios. Él estaba dispuesto a viajar a través de tormentas, inundaciones e incendios; a soportar anhelos personales y carencias; a ser presionado sobremanera incluso hasta el punto de perder la esperanza de conservar la vida, todo con el fin de poder llegar al pueblo de Dios con un mensaje de Su amor. Sin embargo, Pablo se dio cuenta que cuanto más amor expresaba, mas se apartaban ciertas personas. ¿Por qué se daba este caso?

Creo que encontramos la respuesta en el siguiente capítulo: “Esta es la tercera vez que voy a vosotros. Por boca de dos o de tres testigos se decidirá todo asunto. He dicho antes, y ahora digo otra vez como si estuviera presente, y ahora ausente lo escribo a los que antes pecaron, y a todos los demás, que si voy otra vez, no seré indulgente” (2 Corintios 13:1-2)

Recuerda que la iglesia de Corinto estaba saliendo de lo que podría considerarse un abismo inmoral. En medio de su ciudad había un templo importante con más de mil prostitutas, la prostitución se consideraba en realidad un acto de adoración en esa sociedad. Claramente, lo malo se había convertido en bueno, y lo bueno en malo.

Pablo era un apóstol y un pastor, por lo que estaba consciente de la letalidad del pecado. Comprendió el peligro de aquellos que caen en la trampa de justificar continuamente lo malo. Ese es el dilema de la condición humana, cuanto más tiempo hacemos algo que la Palabra de Dios define como pecado, más nuestra naturaleza caída se eleva a un primer plano y comienza a determinar lo que está bien y lo que está mal. Pablo sabía que si el pueblo continuaba haciendo deliberadamente lo malo, haciendo las paces con las cosas por las que Cristo murió para liberarlos, la victoria de la cruz no podría ser legítimamente reclamada como propia.

Después de todo, aquellos que lo hicieran se quedarían sólo con una ilusión; en otras palabras, tendrían conocimiento sin poder detrás de él. Y así, como un verdadero padre espiritual de la iglesia de Corinto, Pablo estaba tratando de llevarlos a una forma correcta de pensar y de vivir. Por eso dijo: “no voy a escatimar”. Lamentablemente, ese es el punto en el que muchos optaron por retirarse.

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Carter Conlon se unió al equipo pastoral de la Iglesia Times Square en 1994, por invitación del pastor fundador David Wilkerson, y fue nombrado para el cargo de Pastor Principal en 2001. Un líder fuerte y compasivo, y un orador frecuente en conferencias para pastores y líderes dirigidas por World Challenge en todo el mundo.

viernes, 6 de febrero de 2015

SACANDO AGUA DEL RÍO DE VIDA

¿Por qué algunos creyentes están llenos de paz y de gozo, irradiando el resplandor de vida y salud espiritual a todos los que conocen? ¿Es quizás porque no tienen mis problemas? ¡No! La verdad es que probablemente tengan más problemas que tú, ¡de hecho más que la mayoría!

Pero estos santos han aprendido el secreto de echar raíces en el río de Dios. Si estás arraigado en el río, no necesitarás un avivamiento; no necesitarás una lluvia de bendiciones; no necesitarás un derramamiento especial; no necesitarás un diluvio de victorias repentinas. Y debido a que gozas de un flujo constante de agua viva, estás constantemente moviéndote del desierto a la bendición, de lo bajo a lo alto, de frialdad a avivamiento. El hambre espiritual no te tocará, el calor abrazador de la apostasía no te derribará ¡porque tú estás absorbiendo agua del río de vida!

Si tuviera que elegir entre el avivamiento y las raíces, yo elegiría, a ojos cerrados, echar raíces. Ya que mucho tiempo después de que el avivamiento haya terminado, yo seguiré floreciendo a causa de mis raíces, las cuales me proveerán diariamente de todo lo que necesito.
Ezequiel vio un río de vida que brotaba desde el santuario. "Y junto al río, en la ribera…crecerá toda clase de árboles frutales; sus hojas nunca caerán, ni faltará su fruto...porque sus aguas salen del santuario; y su fruto será para comer, y su hoja para medicina" (Ezequiel 47:12).

Dios le mostró a este profeta un río que salía de Su santo templo. Y con el paso del tiempo, pasó de ser un pequeño arroyo a un torrente en el que se podía nadar. Ezequiel vio a un hombre que medía la creciente corriente de vida, hasta que se convirtió en "un río que yo no podía pasar, porque las aguas habían crecido de manera que el río no se podía pasar sino a nado" (Ezequiel 47:5). Como puedes ver, la iglesia primitiva experimentó el agua que le llegaba hasta los tobillos; en la Reforma el agua llegaba hasta los lomos. Y en estos tiempos, ¡las aguas han crecido tanto que ahora podemos nadar!

En las orillas de este río hay muchos árboles, todos verdes y cargados de fruto. ¿Quiénes son estos árboles? Son todos aquellos que han echado sus raíces de confianza en Él. "Y toda alma viviente que nadare por dondequiera que entraren estos dos ríos, vivirá; y habrá muchísimos peces por haber entrado allá estas aguas, y recibirán sanidad; y vivirá todo lo que entrare en este río" (Ezequiel 47:9).

jueves, 5 de febrero de 2015

EN EL RÍO DE DIOS

Porque será como el árbol plantado junto a las aguas” (Jeremías 17:8). Aquí encontramos el secreto de cómo vivir en una constante esperanza; el secreto de estar llenos de gozo y de paz en el Espíritu Santo. No se encuentra en tratar de corregirnos ni en hacerle a Dios promesas que no podremos cumplir.

Aquel que experimenta esta promesa, ya no puede ser herido por las personas, porque no tiene sus esperanzas en éstas. Todas sus expectativas están en el Señor. A él no le importa lo que diga o haga la gente; sus ojos están sólo en el Señor. ¡Y el Señor nunca le falla ni lo decepciona!

"Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces" (Jeremías 17:8). Una asombrosa palabra hebrea es usada aquí cuando leemos "plantado"; de hecho significa “trasplantado”. La fe desarraiga todos los arbustos secos y sin fruto del desierto, que son feos, están estériles y quemados; y los trasplanta junto a las aguas vivas que fluyen desde el Líbano.

David dijo: "Del río sus corrientes alegran la ciudad [el pueblo] de Dios…Dios está en medio de ella; no será conmovida. Dios la ayudará al clarear la mañana" (Salmos 46:4-5). Y David le dijo a Dios: "Visitas la tierra, y la riegas; en gran manera la enriqueces; con el río de Dios, lleno de aguas…Bendices sus renuevos" (Salmos 65:9-10).

Echa tus raíces en lo profundo de Su río y no tendrás temor cuando venga el calor. Porque tu "hoja [aspecto] estará verde [fresco, vivo]" (Jeremías 17:8). La sequía, las palabras áridas, no te afectarán, y darás fruto constantemente.

No estarás continuamente cansado, llorando, solo, seco ni sintiéndote abandonado. En lugar de ello, podrás ser trasplantado tan sólo poniendo en Él tu confianza y tu fe al descansar en Su Palabra. Y pronto crecerán tus raíces en lo profundo de Su río de vida.

miércoles, 4 de febrero de 2015

SACANDO AGUA DEL POZO DEL SEÑOR

Una de las grandes maravillas de Estados Unidos es el increíble acueducto en Nueva York. Hecho de ladrillos, fue todo construido bajo tierra, tiene miles y miles de kilómetros de tuberías que transportan el agua a esta metrópoli. ¿Qué pasaría si ese acueducto fuera eliminado y no hubiera más agua para la ciudad? Nueva York se convertiría en un “desierto…en tierra despoblada y deshabitada” (Jeremías 17:6). Podemos sobrevivir sin combustible, pero no sin agua.

¡Lo mismo sucede en nuestras vidas! Cuando la gente pierde la esperanza, en lugar de correr al Señor, se callan y corren hacia su interior. Se acurrucan en su interior y pierden la esperanza; y sus corazones se convierten en un lugar desierto, una tierra despoblada.

Hoy, muchos cristianos están experimentando esta desesperación devastadora, similar a la que acabo de describir. Pero Dios le está diciendo esto a Su pueblo: "Estás desesperado porque no pones tu confianza en Mí. Te tornas a otros, a los médicos, a los amigos, a los consejeros, a la medicina, a las finanzas. No estás siendo levantado por Mis promesas, te sientes seco, vacío y desolado porque no estás sacando agua de Mi pozo".

En Jeremías 18:13-14, Dios señala que Su propio pueblo estaba cometiendo un pecado increíblemente horrible: “Por tanto, así dijo Jehová: Preguntad ahora a las naciones, quién ha oído cosa semejante. Gran fealdad ha hecho la virgen de Israel. ¿Faltará la nieve del Líbano de la piedra del campo ¿Faltarán las aguas frías que corren de lejanas tierras?".

¿Qué es esta cosa horrible que el pueblo de Dios está cometiendo?

Como las aguas frías y refrescantes que descienden de los deshielos, Dios da una provisión inagotable de fuerza a Su pueblo. Estas aguas son las aguas de fuerza, disponibilidad y garantía. Sin embargo, a menudo el pueblo de Dios continúa en su propio camino, seco, vacío y triste, diciendo: “Hemos sido abandonados. Tomaremos nuestro propio y olvidado camino, ¡como no deseados!”

Esta es una imagen de los cristianos desesperados que han olvidado las promesas de Dios, que se sientan abatidos junto a un arroyo por el que fluye el amor de Dios, y piensan: "El Señor no está obrando en mi vida. Tendré que apretar los dientes y hacer lo mejor que pueda. Es inútil esperar más. ¡Tengo que hacer lo que pueda para sobrevivir!"

martes, 3 de febrero de 2015

DISFRUTANDO LA PAZ Y EL GOZO EN EL SEÑOR

“Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová. Será como la retama en el desierto, y no verá cuando viene el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada. Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto” (Jeremías 17:5-8).

Jeremías presenta dos leyes inmutables de la vida espiritual: Una conduce a la vida y a la esperanza; la otra, a la muerte y a la desesperación. Estas son las claves para entender porqué algunos cristianos disfrutan de una constante paz y gozo en el Señor, mientras que otros andan a tientas en la desesperación y la falta de esperanza.

¿Cómo se puede saber si estamos confiando en el hombre en lugar de Dios? Si te desmoronas cuando alguien más te defrauda, o si los actos de otros afectan tu caminar con Dios, entonces ¡sabrás que estás confiando en brazo de carne!

Si pones tu confianza en el hombre, puedes estar seguro de que saldrás lastimado, porque en algún momento alguien te decepcionará y defraudará profundamente. "Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?" (Jeremías 17:9).

La mayor parte del sufrimiento y falta de esperanza que experimentamos es el resultado de haber sido decepcionados por parte de alguien en quien pusimos nuestra confianza. Una esposa podría decir: "Si mi esposo cambiara, ¡yo sería feliz! En realidad, él me ha herido profundamente. Él me descuida y ni siquiera trata de entender. Está matando mi amor”.

Tu problema no es con tu esposo, sino con Dios. Jeremías dice que tú eres como una retama en el desierto, que no cuando viene el bien, sino que mora en los sequedales del desierto. Esto significa que estás desconectado de la verdadera fuente de felicidad y esperanza. Has descuidado al Señor y no estás acercándote a Su agua viva. ¡Te has convertido en un arbusto muerto y seco, estéril y sin fruto!

Fuera de Dios, no puedes confiar en que algo o alguien te dará alegría y esperanza. Lo que crees que solucionará tu problema, sólo podría hacerte sentir peor.

lunes, 2 de febrero de 2015

PREPARÁNDONOS PARA LA BATALLA by Gary Wilkerson

Los primeros seis capítulos de Josué describen la obra gloriosa que hizo Dios entre Su pueblo cuando éste entró por primera vez a la Tierra Prometida. Israel había sido libertada después de cuatrocientos años de esclavitud y luego había vagado por el desierto por otros cuarenta años. Pero ahora, ellos se encontraban en la frontera de Canaán, la tierra que fluye leche y miel, que Él les había prometido años antes. Así que cruzaron, y ¿qué sucedió? Inmediatamente Josué se dirigió a la generación más joven de hombres y los apartó para Dios. Las Escrituras usan la palabra “circuncidó” para describir su preparación, pero el significado más profundo es: “Fueron alistados” (ver Josué 5:2-7).

¿Por qué hizo esto Josué? Ahora que ya habían cruzado el rio Jordán, se enfrentaron a los gruesos e impenetrables muros de Jericó. En lo natural, vencer a este enemigo habría sido imposible para los mediocres israelitas, pero Dios les había dicho: “Yo los he bendecido con Mis increíbles riquezas estos años recientes, pero aún no han terminado su tarea”.

¿Cómo se prepararon los israelitas para esta batalla? No afilaron sus espadas ni lustraron sus armaduras. Por el contrario, la preparación se llevó a cabo dentro de sus corazones. Dios les ordenó que den vuelta a la ciudad, entonando cánticos, orando y esperando en Él. Finalmente, Él les dijo que tomaran sus trompetas e hicieran un sonido estruendoso. En un instante, esas poderosas murallas se desplomaron.

En seguida, Josué y sus hombres hicieron grandes proezas, al derrotar a sus enemigos, heredar grandes tierras y obtener victorias como nunca antes. De hecho, Josué hizo algo que ni siquiera Moisés pudo hacer: Derrotó a treinta y un reyes. Fueron diez veces más que los que había derrotado Moisés. Yo creo que esta es una figura de lo que el Señor quiere hacer en las vidas de todos nosotros. Él quiere darnos un aumento de diez veces más. ¡Él quiere derramar Su espíritu de maneras asombrosas! Y Él quiere que creamos que Él quiere hacerlo todo. Él quiere que tengamos una fe loca.

“Y Josué dijo al pueblo: Santificaos, porque Jehová hará mañana maravillas entre vosotros” (Josué 3:5).