jueves, 14 de marzo de 2013

¡HAZLO DE NUEVO!

Cuando Israel salió del mar Rojo, el pueblo cantó alabanzas a Dios por la poderosa liberación que Él proveyó. Debieron haber dicho unos a otros: "¡Jamás podría haber un milagro tan grande como este! En el futuro, ninguna otra generación en toda la historia será jamás testigo de una manifestación tan fuerte del poder de Dios, ¡de un modo tan visible!"

David recordó la liberación milagrosa de Israel en el Mar Rojo, diciendo: " Vengan a ver las obras de Dios, las maravillas que ha hecho por los hombres: convirtió el mar en tierra seca, y nuestros antepasados cruzaron el río a pie; ¡alegrémonos en Dios!" (Salmo 66:5-6).

A Israel se le ordenó contar a sus sucesivas generaciones sobre el poderoso milagro que Dios obró a favor de ellos. Tenían que usar su liberación en el Mar Rojo como su ejemplo, " no lo ocultaremos a nuestros hijos. Con las generaciones futuras alabaremos al Señor y hablaremos de su poder y maravillas." (Salmo 78:4).

En su niñez, David debe haberse sentado cautivado al oír la historia una y otra vez. Luego, David contó a sus hijos la misma historia: "Ustedes saben que Dios vive porque Él tomó a nuestros antepasados a través del Mar Rojo como por tierra seca. Ahora, cuéntenle a sus hijos y a sus nietos." Y así lo hicieron.

No era suficiente con hablar de lo que Dios había hecho en el pasado distante. El salmista quería ver a Dios librar a su pueblo ahora: " Oh Dios, nuestros oídos han oído y nuestros padres nos han contado las proezas que realizaste en sus días, en aquellos tiempos pasados: Con tu mano echaste fuera a las naciones y en su lugar estableciste a nuestros padres." (Salmos 44:1-2).

El salmista está diciendo: "Señor, toda mi vida he oído hablar de lo que hiciste en el pasado y cómo estas escenas increíbles de tu gloria se manifestaron visiblemente a mis padres. Mis hijos han oído hablar de ello y ahora mis nietos oirán hablar de ello también."

Luego, el salmista exclamó: "Tú eres mi Rey, oh Dios, manda victorias a Jacob" (v. 4). En otras palabras: "Pero, Dios, Tú también eres mi rey. Haz estas cosas de nuevo por tu pueblo."

Mientras se escribía este salmo, Israel se encontraba en un momento de gran prueba. El pueblo de Dios enfrentó a una gran crisis y necesitaban una inmediata liberación. Así que el salmista, con este fuerte argumento vino al Señor clamando: "Oh, Señor, Tus hijos en el Mar Rojo pudieron haber pensado que nunca podría haber una crisis como la suya otra vez. Necesitamos una poderosa manifestación de tu fuerte brazo extendido para liberar. ¡Señor, hazlo de nuevo hoy!"