miércoles, 11 de abril de 2012

GRACIA VERDADERA

Permítame presentarle el corazón del mensaje de la gracia verdadera: ¡No es un evangelio permisivo sino uno que enseña santidad!

“La gracia de Dios se ha manifestado para salvación a toda la humanidad, y nos enseña que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, mientras aguardamos la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.” (Tito 2:11-13).

De acuerdo con Pablo, nosotros no estamos caminando bajo la gracia hasta que hemos roto con las corrupciones del mundo. Nosotros no conocemos la gracia de Dios a menos de que andemos bajo el poder del Espíritu Santo para vivir vidas santas y rectas, y esperando a la venida del Señor en todo momento. Muchos cristianos quieren perdón, y nada más. Ellos no quieren ser librados del mundo presente porque ellos lo aman. Ellos están atados a sus pecados, no quieren renunciar a los placeres de esta tierra. Así que se agarrán de la doctrina que dice, “Yo puedo vivir como me plazca - mientras diga que yo creo.”

Ellos no quieren escuchar sobre obediencia, arrepentimiento, autonegación, recoger su cruz, tomar el yugo de Cristo. Ellos simplemente quieren una excusa para el día del Juicio -para tener todas sus iniquidades cubiertas. ¡Ellos esperan que Jesús abra las puertas aperladas, ponga sus brazos a su alrededor y los conduzca hacia las calles de oro donde les tiene una mansión reservada a pesar de que ellos nunca rompieron con el espíritu de este mundo!

Pablo escribe, "No os conforméis a este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” (Romanos 12:2). ¡Debemos romper con este mundo por completo y estar únicamente conformados a Cristo!

Jesús nos justifica a través de la fe con un propósito: Este es el darnos el poder para resistir al diablo y vencer a este mundo.

“[Jesucristo] el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre...” (Gálatas 1:4).