jueves, 12 de abril de 2012

DEJE DE CONFIAR EN USTED MISMO

Pablo no habló de tener fe hasta que perdió toda su confianza en su carne. Él tomó toda su educación, su confianza en sí mismo, sus habilidades y sus doctrinas, y las selló y e hizo a un lado. Él habló de fe después de haber dicho, “No puedo confiar en mi carne.” Esta verdad también se aplica a nosotros.

Antes de que alguien sea capaz de andar bajo una fe verdadera, este tendrá primero que darse cuenta de cuan perdido y desesperanzado es. Nosotros no tenemos una fe que salva hasta que llegamos al límite de creer que alguien o algo más allá de Jesús puede salvarnos.

Una fe salvadora y justifadora involucra someter nuestra vida a Jesucristo con todo nuestro corazón. Esto incluye un arrepentimiento que dice, “Jesús, yo no tengo nada que ofrecer. ¡Vengo a someterme a tu señorío!”

En Romanos 10:9, Pablo describe a la fe salvadora como el momento en que creemos con todo nuestro corazón y confesamos con nuestra boca. Él está diciendo que la fe es más que un mero consentimiento mental. Por el contrario, es someter toda su vida a Él - con todo su corazón.
En Hechos 8:37, Felipe le dijo al eunuco, "Si crees de todo corazón...” y el eunuco respondió: “Creo...” Esto no fue un “sí” mental a Jesús -él realmente creyó con todo su corazón y fue salvo.

En contraste, Simón creyó en la prédica de Pablo. Sin embargo él solamente tuvo una fe temporal porque su corazón no estaba involucrado. Inclusive, multitudes en los tiempos de Jesús creyeron temporalmente en Su nombre, por tanto Jesús no se fiaba de ellos porque sabía que sus corazones no estaban siendo entregados (ver Juan 2:23-24).

Entonces usted se pregunta, ¿quién verdaderamente es justificado por fe? Aquél que sabe que está perdido, desamparado y que ha intentado todo pero ha fallado. Ahora él entrega toda su vida en las manos del Señor -con todo su corazón, mente, alma y fuerza. Él clama, “¡Señor, soy tuyo! Tú eres mi única esperanza.” Y ¡él es salvo!