jueves, 29 de enero de 2009

¡EL TESTIMONIO DEL ESPÍRITU!

“Y el Espíritu es el que da testimonio, por que el Espíritu es verdad” (1 de Juan 5:6).

Hay tiempos cuando el testimonio interior del Espíritu Santo no me permite quedar callado. El Espíritu se levanta dentro de mí y tengo que hablar.

El Espíritu Santo vive en nosotros para revelar lo que es verdadero y lo que es falso. El habla con una voz quieta, suave, en lo profundo del corazón. Muchos de nuestros antepasados creyeron en este funcionar del Espíritu en los creyentes. Ellos predicaron mucho sobre “teniendo el testimonio”. Pero yo no escucho que esta verdad siga siendo predicada. ¡En realidad, el testimonio del Espíritu virtualmente nunca ha sido escuchado en la mayoría de las iglesias de hoy día!

Los creyentes necesitan el testimonio del Espíritu como nunca antes. ¡Y lo vamos a necesitar más y más a medida que el día del Señor se acerca! Satanás ha venido descaradamente como un ángel de luz para engañar, si fuere posible, aun a los escogidos. Sus seducciones malvadas se manifestarán: falsas doctrinas, falsos maestros, falsos evangelios.

El testimonio interior del Espíritu opera bajo el “principio de paz.” La paz de Dios es la cosa más grande que usted pueda tener. ¡Y cuando su paz sea perturbada, usted puede estar seguro que el Espíritu Santo le está hablando! Cuando hay una inquietud en su espíritu – una sacudida y una lucha en lo profundo de su ser – Dios le está diciendo que algo es falso. ¡Usted sentirá la perturbación de Dios – su pena y su enojo!

“Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones” (Colosenses 3:15). ¡Cualquier pecado escondido, sin arrepentimiento, le robará al creyente su preciosa paz! Su corazón será rasgado por la culpa, la condenación y el miedo – y el Espíritu sólo le dirá dos palabras a esa persona: “¡Arrepiéntete! ¡Escapa!”

Sí, el Espíritu le hablará a usted para corregirlo; él tratará con usted sobre el pecado, la rectitud y el juicio. ¡Pero cuando se trata de darle dirección – esa voz pequeña que le dice qué hacer y hacia dónde ir – él no actuará en una vasija impura!

Si usted persiste en el pecado – si usted no lo confiesa o trata con el pecado – su corazón lo alimentará de un continuo chorro de mentiras. Usted escuchará enseñanzas que le permitirán sentirse tranquilo con su pecado. Usted pensará, “Mi problema no había sido tan malo. No me siento culpable.” ¡Pero usted estará siendo guiado totalmente hacia el extravío!

Isaías habla de un pueblo que proclamaba desear el verdadero consejo de Dios. Ellos decían: “¡Venga ya, apresúrese su obra, y veamos; acérquese, y venga el consejo del Santo de Israel, para que lo sepamos!” (Isaías 5:19).

¡Pero estas personas tenían engaño en su corazón – y ellos terminaron siendo pervertidos en toda su manera de ver las cosas! ¡El pecado había pervertido su manera de pensar! Como resultado, ellos no eran capaces de discernir lo malo. Y las cosas que eran santas y puras ellos las llamaban impías. Isaías dijo acerca de ellos, “¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo! (Isaías 5:20).

miércoles, 28 de enero de 2009

DESCANSE EN EL AMOR DEL PADRE

Alguna vez un ser querido le ha dicho, sin ninguna razón: “¿Estás enojado conmigo? ¿He hecho algo equivocado?”

Usted simplemente está callado, pensando en algo profundamente. Así que usted responde, “No, no estoy enojado. Tú no hiciste nada para herirme. Sólo estoy callado”.

Pero insisten: “¿Fue algo que dije?”

“No, no dijiste nada. Todo está bien”

Finalmente, para convencer a la persona, usted tiene que abrazarla diciéndole: “Mira, yo te amo – no estoy enojado. ¡Pero si continúas con esto, me vas a enojar!”

Amados, ¡así es como tratamos a nuestro Padre celestial! Al final del día, vamos a nuestra habitación secreta y decimos: “A ver, veamos, ¿cómo entristecí a Jesús hoy día? ¿Qué hice mal – qué me olvidé de hacer? Soy un desastre. No sé cómo él pueda amarme. Señor perdóname una vez más. Algún día seré tan obediente, que te será fácil amarme.” ¡Pero Dios está ahí en todo momento, esperando para abrazarlo! ¡El quiere mostrarle a usted cuánto él le ama y quiere que usted se recueste y descanse en su amor!

Cuando el hijo pródigo volvió a su hogar, él fue recibido de vuelta en la casa del padre. Recibió un vestido nuevo, comió en la mesa del padre y tuvo un perdón pleno. ¡Lo que este hijo supo fue que él estaba seguro en el amor de su padre! El supo que su padre tendría paciencia con él, trabajaría en él, lo amaría. Así es como nuestro Padre celestial es con nosotros.

No importa qué tan lejos nos desviamos de nuestro Padre, tenemos una puerta continuamente abierta para regresar. Pero debemos creer lo que la Palabra de Dios dice –él nos “hizo aceptos en el Amado” (Efesios 1:6).

El espera con los brazos abiertos para abrazar a todo aquél que acepta este acceso y retorna a su amor.

martes, 27 de enero de 2009

¡YO HE LIMITADO A DIOS AL CONFORMARME CON LO POCO!

Dios tiene tanto que quiere darle a usted. Su deseo es “abrir las ventanas del cielo, y derramar sobre usted bendición, que no habrá espacio suficiente para recibirla” (ver Malaquías 3:10). El está en un almacén lleno, diciendo, “Yo soy un Dios dador, amoroso – pero muy pocos recibirán de mi. ¡No me dejan que yo sea Dios para ellos!

Por supuesto, debemos agradecer a Dios por todo lo que él ya ha hecho y nos ha dado. ¡Pero no debemos estar satisfechos con lo que creemos que es mucho! Muchos Cristianos están satisfechos con sentarse en la iglesia y ser bendecidos por la presencia de Dios. ¡Tales personas son tan solo “esponjas satisfechas”! Ellos absorben todo – pero limitan a Dios en sus vidas, cuando él quiere ungirlos para el servicio.

Cuando los discípulos se maravillaron de los milagros de Cristo, Jesús respondió, “¡Dios tiene mayores cosas que vosotros haréis!” La mayoría de nosotros somos como los discípulos. Vemos un milagro, y estamos satisfechos por hablar de eso el resto de nuestras vidas. Pero si realmente hemos conocido a Dios y le permitimos que sea nuestro Dios, le pediríamos mucho más:

· Nosotros haríamos que nuestras oraciones alcancen los cielos por fe, creyendo que Dios derribará a los líderes impíos en los gobiernos locales, estatales y todas las agencias gubernamentales. ¡Derribaríamos fortalezas y principados, como Dios dijo!
· Le creeríamos a Dios que nos va a ayudar a saturar nuestra ciudad con el evangelio de Jesús. Nos levantaríamos en fe contra cualquier arma forjada contra nosotros, y derribaríamos fortalezas satánicas en nuestras familias e iglesias.

Nuestra visión sería ilimitada. ¡Le creeríamos a Dios por cosas aun más grandes para su reino!

lunes, 26 de enero de 2009

CONOCIENDO A DIOS COMO ÉL DESEA SER CONOCIDO

Jesús dijo, “El que me ha visto a mí ha visto al Padre” (Juan 14:9). No debemos ver a Jesús como lo enseñan los hombres, sino como el Espíritu lo revela a nosotros – ¡como Dios quiere que lo conozcamos y lo veamos! Tenemos que adquirir la visión de Dios y el testimonio de Cristo – ¡entonces conoceremos a Dios como él desea ser conocido!

Yo creo que Dios quiere que nosotros veamos a su Hijo así: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:17).

¡Jesús era un regalo! Dios envolvió todos sus atributos en Jesús – “ha dado a su Hijo unigénito…” (Juan 3:16). ¡Cristo es el don perfecto de Dios para nosotros, que vino enviado por el Padre! ¿Ve usted a Jesús como el regalo perfecto de Dios para usted? ¿Lo ve a él como todo lo que usted necesita para vivir gozosamente, victoriosamente, en justicia, lleno de paz y descanso?

Muchos siglos atrás, antes de que usted fuese creado, Dios vio cuáles serían sus penas y necesidades. El sabía con anticipación lo que usted necesitaría para resolver sus problemas. El no envolvió sus respuestas y se las envió a usted en un libro de reglas ni como un ejército de “soldados con respuestas”. No – él nos dio a todos nosotros una solución a todas nuestras crisis y necesidades – un Hombre, un Camino, una Respuesta a todo lo que necesitamos: ¡Jesucristo!

Dios le dice a usted, “¡Yo no quiero que vivas para el mañana! Mirarás y verás que hoy día pudo haber sido el mejor tiempo de tu vida. Jesús no podrá ser mejor ni más fuerte para ti de lo que él es ahora mismo. ¿Por qué no dejas que hoy día yo sea tu Dios?”

domingo, 25 de enero de 2009

CONOCER SU VOZ

Aquellos que verdaderamente conocen a Dios, han aprendido a reconocer su voz por encima de todas las otras voces. El quiere que usted esté absolutamente convencido que él desea hablarle a usted – para decirle cosas que usted no ha visto ni escuchado antes.

Yo creo que hay tres cosas que son requeridas de aquellos que van a escuchar la voz de Dios:

1. Una confianza inamovible de que Dios quiere hablarle a usted. Usted tiene que estar completamente persuadido y convencido de esto. Verdaderamente, él es un Dios que habla – y él quiere que usted conozca su voz para que usted pueda hacer su voluntad. Lo que Dios le diga, nunca irá más allá de los límites de las Escrituras.
2. Tiempo de calidad y silencio. Usted debe de estar deseoso de encerrarse con Dios y dejar que todas las otras voces se callen. Es verdad, Dios nos habla durante todo el día. Pero cuando él ha querido construir algo en mi vida, su voz vino a mí sólo después de haberme apartado de todas las demás voces, para escuchar sólo su voz.
3. Pedir en fe. No obtenemos nada de Dios (incluyendo el escuchar su voz) a no ser que nosotros verdaderamente creemos que él puede comunicar su mente a nosotros – ¡para que podamos entender su propósito perfecto!

¡Dios no es un bromista! El no permitirá que el enemigo lo engañe. Cuando Dios habla, la paz sigue – ¡y Satanás no puede falsificar esa paz!

“Pero el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. A este abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre y las saca. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas lo siguen porque conocen su voz. Pero al extraño no seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños” (Juan 10:2-5).

jueves, 22 de enero de 2009

LA POSICIÓN SUYA

En Éxodo 33, Moisés no lo sabía, pero Dios estaba por darle una revelación mayor de su gloria y de su naturaleza. Esta revelación iría más allá de amistad, más allá de la intimidad. Es una revelación que Dios quiere que conozcan todas las personas que están con dolor.

El Señor le dijo a Moisés que le mostraría su gloria: “Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti” Éxodo 33:19). Luego él dijo, “No podrás ver mi rostro – por que ningún hombre podrá verme y seguir viviendo… [Y] cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado” (33:20-22).

La palabra Hebrea que se traduce aquí como gloria significa “mi propia persona”. Dios le estaba diciendo a Moisés, “Yo mismo pasaré cerca de ti”. Una traducción lo dice de esta manera: “Te esconderé en una cavidad de la roca, y te defenderé con la protección de mi poder hasta que yo haya pasado.”

Esto es lo que el apóstol Pablo quiere decir cuando se refiere a que estamos “escondidos en Cristo.” Cuando le fallamos a Dios – cuando pecamos gravosamente contra la luz – no debemos permanecer en nuestra condición caída. En lugar de eso, debemos de correr rápidamente a Jesús, para ser escondidos en la Roca. Pablo escribe, “Nuestros padres…todos bebieron la misma bebida espiritual; por que bebían de la Roca espiritual que los seguía, y la Roca era Cristo” (1 Corintios 10:1, 4).

¿Cuál fue la gran revelación de su persona que Dios le dio a Moisés? ¿Cuál es esta verdad que debemos santificar en nuestros corazones? Es la siguiente:

“Jehová dijo a Moisés:…Prepárate, pues, para mañana, sube de mañana al monte Sinaí…Descendió Jehová en la nube y permaneció allí junto a él; y él proclamó el nombre de Jehová. Jehová pasó por delante de él y exclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! Dios fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira y grande en misericordia y verdad, que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, pero que de ningún modo tendrá por inocente al malvado” (Éxodo 34:1, 2 y 5-7).

Aquí estaba la revelación más grandiosa, el cuadro completo de quién Dios es. El Señor le dijo a Moisés, “Ven a esta roca en la mañana. Te daré una esperanza que te sustentará. Te mostraré mi corazón como nunca lo habías visto antes.” ¿Cuál fue la “gloria” que Moisés buscó que el Señor le mostrara?

Esta es la gloria: un Dios quien es “Misericordioso y piadoso, tardo para la ira y grande en misericordia y verdad, que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, pero que de ningún modo tendrá por inocente al malvado.”

Cristo es la expresión plena de esa gloria. Verdaderamente, todo lo que está en el Padre, está completo en el Hijo. Y Jesús fue enviado a la tierra para traernos esa gloria a nosotros.

miércoles, 21 de enero de 2009

¡TIEMPO DE ACCIÓN DE GRACIAS!

El tema de acción de gracias me vino recientemente durante un tiempo de grandes cargas personales. Ese tiempo, el edificio de nuestra iglesia necesitaba ser reparado extensamente. Los problemas de los feligreses se estaban acumulando. Todas las personas que yo conocía estaban pasando por alguna prueba. Y yo estaba sintiendo la carga de todo esto.

Fui a mi oficina y me senté, y comencé a sentir lástima por mí mismo. Comencé a quejarme a Dios: “Señor, ¿cuánto tiempo me tendrás en este fuego? ¿Cuánto tiempo tengo que orar sobre estas cosas para que tú hagas algo? ¿Cuándo me vas a responder, Señor?”

De repente, el Espíritu Santo cayó sobre mí – y me sentí avergonzado. El Espíritu susurró a mi corazón, “Sólo empieza a agradecerme ahora mismo, David. Tráeme un sacrificio de acción de gracias – por todas las cosas pasadas que he hecho por ti, y por lo que voy a hacer en el futuro. ¡Dame una ofrenda de acción de gracias – y súbitamente todas las cosas se verán diferentes!”

Esas palabras se establecieron en mi espíritu. Pero yo pensé: “¿Qué quiere decir el Señor con ‘un sacrificio de acción de gracias’?” Yo busqué esta frase en las Escrituras y me asombré de las referencias que encontré:

· Ofrezcan sacrificios de alabanza, y publiquen sus obras con júbilo” (Salmo 107:22).
· Te ofreceré sacrificio de alabanza, e invocaré el nombre de Jehová.” (Salmo 116:17).
· Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémosle con cánticos” (Salmo 95:2).
· Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanzas; alabadle, bendecid su nombre” (Salmo 100:4).

Vivimos en los días en que nuestro sumo sacerdote Jesús, ya ha presentado al Padre el sacrificio de su propia sangre para hacer expiación por nuestros pecados. Cristo ha borrado todas nuestras trasgresiones, para que nunca sean recordadas en contra nuestra. Así que el trabajo de expiación ya está terminado.

Pero, al igual que los Israelitas, debemos de entrar a los atrios del Señor como dice el Salmo 100 – con acción de gracias y alabanza. Y debemos de traer la ofrenda de nuestros labios. “Llevad con vosotros palabras de súplica, y volved a Jehová, y decidle: Quita toda iniquidad, y acepta el bien, y te ofreceremos la ofrenda de nuestros labios” (Oseas 14:2). El verdadero significado de la última frase en Hebreo es, “Te ofreceremos novillos tiernos, aun nuestros labios.”

Nuestra ofrenda de acción de gracias debe de ser hecha con lo que traemos – una ofrenda de nuestros labios o voces. Dios está diciendo, “Trae a mi presencia tus palabras de acción de gracias. ¡Habla, canta tus alabanzas para mí!”

Ya no tenemos que traer a Dios sacrificios de sangre ni ofrendas de plata ni de oro para expiación. En lugar de eso, debemos traerle a él un sacrificio de alabanza y acción de gracias de nuestros labios: “Ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre” (Hebreos 13:15). ¡El “fruto de labios” es gratitud, agradecimiento!

martes, 20 de enero de 2009

LA CANCIÓN CORRECTA – EN EL LADO EQUIVOCADO

Cuando el pueblo de Israel fue puesto a prueba, ¿se suponía que ellos expresasen gratitud y acción de gracias en medio de los problemas? Cuando ellos estaban rodeados y en situaciones desesperantes, ¿esperaba realmente Dios que ellos tuviesen esa clase de reacción?

¡Absolutamente – Sí! Ese era el secreto para que ellos puedan salir de sus dificultades. Vea usted, Dios quiere algo de todos nosotros en nuestros tiempos de problemas y pruebas abrumadoras. ¡El quiere que le ofrezcamos un sacrificio de acción de gracias en medio de todo lo que sucede!

Yo creo que Santiago había descubierto ese secreto cuando él amonestó, “…tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas…” (Santiago 1:2). El estaba diciendo, “¡No te rindas! Prepara un altar en tu corazón, y ofrece alegre acción de gracias en medio de tus pruebas.”

Por supuesto que los hijos de Israel ofrecieron al Señor alabanza y acción de gracias – ¡pero lo hicieron en el lado equivocado del Mar Rojo! Sí, las personas se regocijaron toda la noche – pero Dios no tenía placer en eso. Cualquiera puede gritar alegremente en gratitud después que viene la victoria. Pero la pregunta que Dios había puesto delante de Israel era, “¿Me alabarán ustedes antes de que yo envíe la ayuda – mientras están en medio de la batalla?”

Yo creo que si Israel se hubiese regocijado en “el lado de la prueba” del Mar Rojo, ellos no hubiesen sido probados nuevamente en las aguas de Mara. Si hubiesen pasado el examen del Mar Rojo, las aguas de Mara no hubiesen sido amargas sino dulces. Israel hubiese visto el agua manar en todas partes del desierto, en lugar de tener que andar sedientos.

Que Dios nos ayude a cantar la canción correcta en el lado de la prueba en nuestras dificultades. Esto trae el deleite más alto a nuestro Padre celestial.
¿Está usted ahora mismo pasando por un tiempo muy difícil? ¡Entonces cante! ¡Alabe! Dígale al Señor, “Tú puedes hacerlo – tú me has librado antes, tú puedes librarme ahora. Yo descanso con felicidad.”

lunes, 19 de enero de 2009

EL SACRIFICIO DE ACCIÓN DE GRACIAS

Uno de los versos más importantes en toda la Escritura se encuentra en la primera Epístola de Pedro. El apóstol habla de la necesidad de que nuestra fe sea probada: “Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 Pedro 1:7).

En este mismo pasaje, Pedro nos dice lo que podemos esperar cuando enfrentemos tales pruebas de fe: “…aunque ahora por un poco tiempo…tengáis que ser afligidos en diversas pruebas” (verso 6).

La palabra Griega que se usa para pruebas aquí significa “probar, examinar, prueba con dificultades y adversidades.” Pedro está diciendo, “Si tú eres un seguidor de Jesucristo, entonces vas a pasar por muchas pruebas y tentaciones pesadas. ¡Serás probado severamente!”

Este pasaje sugiere que Dios está diciendo, “Tu fe es preciosa para mí – más preciosa que todas las riquezas de este mundo, las cuales perecerán algún día. Y en estos últimos días – cuando el enemigo envía toda clase de maldad contra ti – yo quiero que tú permanezcas de pié, fuerte con una fe inamovible”.

Y él dice además, “¡Yo te cuidaré y te bendeciré a través de cada día oscuro! Tu parte en esto es simplemente tener fe en mí. ¡Tú serás guardado por mi poder, a través de la fe!”

“[Vosotros], que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero” (verso 5).

Pedro nos dice: “Sabe el Señor librar de tentación a los piadosos…” (2 Pedro 2:9). La palabra griega que aquí se usa para tentación significa “poniendo a prueba adversidades.”

Pablo escribe: “ No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Corintios 10:13).

Claramente, Dios no quiere mantenernos en nuestras pruebas. ¿Por qué estaría él interesado en mantenernos en medio de tentaciones y aflicciones? ¡El no recibe ninguna gloria de las pruebas de sus hijos – sino de los resultados de nuestras pruebas!

Sólo hay una manera de escapar de nuestras pruebas – y es pasando el examen. Piense en ello: Cuando usted estaba en el colegio, ¿cómo se escapó finalmente? Usted pasó el examen final. Y si usted no lo pasaba, lo enviaban de vuelta a clase.

Ese era el caso con el Israel antiguo, cuando Dios los trajo al Mar Rojo. Dios estaba probando a su pueblo, tratando con ellos. El los llevó al borde de la destrucción – los rodeó con montañas en ambos lados, y con el mar en frente, y con el enemigo que se acercaba a ellos por el otro lado.

Pero el Señor puso a Israel en esas circunstancias esperando cierta reacción. El quería que su pueblo reconociera que estaban impotentes. El quería escucharlos decir “Nosotros recordamos cómo Dios nos libró de las plagas. Recordamos cómo nos sacó del horno de aflicción donde hacíamos ladrillos sin paja y no teníamos descanso. ¡Dios nos libró entonces – y él lo hará otra vez! Regocijémonos en su fidelidad. El es Dios – y nos ha dado promesas que cumplirá. El nos protegerá de cada enemigo que venga contra nosotros.”

domingo, 18 de enero de 2009

CONOCIENDO A DIOS

Voy a hacer una declaración que tal vez le parezca chocante, pero se lo digo con toda sinceridad: ¡Yo realmente no conozco a Dios! Quiero decir que no lo conozco de la manera que él quiere que lo conozca.

¿Cómo sé esto? El Espíritu Santo me lo dijo. El susurró amorosamente, “David, tú realmente no conoces a Dios en la manera que él quiere que lo conozcas. Tú realmente no le permites a él ser Dios para ti.”

En el Antiguo Testamento, Dios tomó un pueblo para sí – personas que no eran más ricas ni más inteligentes que otras – sólo para ser su Dios: “Y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios” (Éxodo 6:7). Dios estaba diciendo, en otras palabras, “¡Voy a enseñarles a ser mi pueblo – para poder ser Dios para ustedes!”

Verdaderamente, Dios se reveló y manifestó a su pueblo una y otra vez. El envió ángeles. Les habló audiblemente. Cumplió cada promesa librándolos grandemente. Pero después de cuarenta años de milagros y señales asombrosas, la opinión de Dios sobre su pueblo fue: “¡No me conocéis – no conocéis mis caminos!”

“Cuarenta años estuve disgustado con la nación y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos” (Salmo 95:10). Dios dijo “¡En todo esto, ustedes nunca realmente dejaron que yo fuese vuestro Dios! ¡En los cuarenta años que quise enseñarles, ustedes todavía no me conocen – todavía no saben cómo trabajo!”

¡Dios está todavía buscando a personas que le dejen ser Dios para ellos – al punto que ellos verdaderamente lo conozcan y aprendan sus caminos!

Las Escrituras dicen de Israel “Y volvían y tentaban a Dios, y provocaban al Santo de Israel” (Salmo 78:41). Israel se apartó de Dios en su incredulidad. Y de igual manera, yo creo que nosotros limitamos a Dios hoy día con nuestra duda e incredulidad.

Confiamos en Dios en la mayoría de las áreas de nuestra vida – pero nuestra fe siempre tiene límites y fronteras. Tenemos por lo menos una pequeña área que marcamos como nula, donde no creemos que Dios realmente hará algo por nosotros.

Yo limito a Dios mayormente en el área de la sanidad. He orado por la sanidad física de muchos, y he visto a Dios hacer milagro tras milagro. Pero cuando se trata de mi propio cuerpo, ¡yo limito a Dios! Tengo temor de dejar que él sea Dios para mí. ¡Me lleno de medicamentos o corro a ver al médico aun antes de orar por mí mismo! No estoy diciendo que está mal ver al médico. Pero algunas veces se me puede describir como aquél que “en su enfermedad no buscó a Jehová, sino a los médicos” (2 Crónicas 16:12).

Yo le pregunto: ¿Ora usted para que Dios derribe las murallas de China o Cuba – pero cuando se trata de la salvación de su propia familia, usted no tiene ni una onza de fe? Usted piensa, “Dios no debe querer hacer esto. Mi ser querido es un caso tan duro. Parece que Dios no me escucha sobre esto.” ¡Si esto es cierto, usted no ve a Dios como Dios! ¡Usted es ignorante de los caminos de Dios! El deseo de Dios es “hacer todas las cosas más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros” (Efesios 3:20).

Los setenta ancianos de Israel comieron y bebieron en la mismísima presencia de Dios en la montaña. Pero el Señor dijo de ellos, “¡Ustedes nunca llegaron a conocerme ni a mis caminos!”

Los discípulos pasaron tres años en la presencia de Dios – con Cristo, el cual era Dios en la carne. Ellos se sentaron a escuchar sus enseñanzas y estuvieron con él día y noche. ¡Pero al final, ellos lo abandonaron y huyeron – por que no conocieron sus caminos!

Jesús dice que Dios no escucha nuestras oraciones y alabanzas simplemente por que las repetimos una y otra vez, durante horas. Es posible orar, ayunar y hacer cosas justas, y aun así no alcanzar el lugar donde tenemos hambre de conocerlo y de comenzar a entender sus caminos. No aprendemos sus caminos en nuestro lugar de oración solamente, aunque todo aquél que verdaderamente conoce al Señor, es muy íntimo con él. Usted no puede conocer los caminos de Dios sin estar mucho tiempo con él en oración. Pero la oración debe de incluir tiempo de calidad en el cual le permitimos a Dios ser Dios para nosotros – colocando cada necesidad y petición en sus manos y dejándolas allí.

jueves, 15 de enero de 2009

¿AL FINAL DEL LÍMITE?

¿Está usted al final de su límite? ¿Cansado, abatido, con ganas de rendirse? Yo lo desafío a que responda con un simple sí o no las siguientes preguntas:

· ¿Promete la Palabra de Dios suplir todas sus necesidades?
· ¿Dijo Jesús que él nunca lo dejaría, y que estaría con usted hasta el final?
· ¿Dijo él que lo mantendría sin caída y que lo presentaría sin mancha delante del trono del Padre?
· ¿Dijo él que supliría todo lo que usted necesite en todo tiempo? ¿Prometió él darle toda la semilla que necesite para propagar el evangelio?
· ¿Está él más deseoso de dar, que usted de recibir? ¿Es mayor el que está en usted, que aquél que está en el mundo?
· ¿Son buenos los pensamientos que él tiene sobre usted? ¿Es él galardonador de todos los que lo buscan diligentemente?
· ¿Está él preparando un lugar en la gloria para usted? ¿Está viniendo él en las nubes para reunir a sus hijos y llevarlos a casa? ¿Va a irse usted con él cuando venga?

Su respuesta a todo esto debería de ser, “¡Absolutamente, sí!”

Ahora – haga un inventario. Pregúntese, ¿Realmente creo que Dios es fiel a su Palabra, o yo flaqueo en mi confianza?

“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.

Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada; por que el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor” (Santiago 1:2-7).

Usted puede recibir la sabiduría de Dios, toda la sabiduría necesaria para resolver los problemas de la vida – si usted va a creer sin dudar, y confía su misma vida y futuro a esta promesa.

Dios da a todos… libremente… sabiduría.

miércoles, 14 de enero de 2009

PONGALE SU CORAZÓN

Dios no acepta de nadie servicio hecho de mala gana. “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” (Colosenses 3:23). De corazón significa, “con todo tu corazón – todas sus fuerzas, todo lo que hay dentro de ti.”

Pablo escribe, “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad [sin deseo]…” (2 Corintios 9:7). El apóstol hace una aplicación doble sobre este tema de dar: tiene que ver con nuestras ofrendas financieras – ¡y de dar nuestras propias vidas al trabajo del Señor!

Pablo escribió que la iglesia en Macedonia literalmente le rogó que los dejara levantar una ofrenda para los santos de Jerusalén los cuales eran pobres y estaban sufriendo. ¡Los de Macedonia estaban tan entregados al Señor, que dieron de su pobreza!

“…sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios” (2 Corintios 8:5). Pablo dice que los de Macedonia dieron mucho más que dinero. Le dijeron a él, “Aquí está nuestra ofrenda. Ahora, ¿qué más podemos hacer? ¡Queremos ofrecer nuestros servicios al trabajo del Señor!” ¡Ellos no escatimaron ninguna cosa para servir al Señor y a sus hermanos en Cristo! “…con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas” (8:3). ¡Ellos dieron más allá de su habilidad humana – con mucha oración!

Si usted solo da por que cree que es un mandato – o si usted siempre está pensando, “¿Es el diezmo un concepto del Nuevo Testamento, o sólo del Antiguo Testamento?” – ¡la actitud de su corazón está toda equivocada! Si usted da diez porciento por que el pastor se lo pide, también eso es equivocado. ¡Nada de esto alcanza llegar al tema – al corazón de lo que significa dar!

¡Si usted se va a entregar completamente al Señor y a su servicio, usted debe de hacerlo alegremente! “…por que Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9:7).

Este verso me toca profundamente – por que muy a menudo yo continúo con mi vida y con mi ministerio sin la alegría del Señor. Yo escucho a muchos Cristianos que dicen, “Estoy tan cansado, no creo que pueda continuar. Oh Dios, ¡tienes que venir a darme fuerzas!” Ese es un clamor humano que es común para todos nosotros. Pero darse a sí mismo para agradar a Dios, debe de nacer de un espíritu alegre – disponible para todos nosotros por una simple fe, como de niño.

La palabra “alegre” en Griego significa “divertidísimo, feliz, alegre” – teniendo un corazón liviano, dispuesto, con regocijo; estar lleno de risa. Dios está diciendo, “¡Todo lo que hagas para mí – ya sea interceder, adorarme en mi casa, o buscarme en tu lugar secreto – hazlo alegremente! ¡Sé alegre y generoso en todo – tu dinero, tu servicio, tu tiempo, y tu vida!”

Yo le pregunto a usted: Su servicio al Señor, ¿se ha vuelto pesado, aburrido para usted? ¿Es tan sólo una carga, que lo deja mayormente triste y cansado?

Dios no quiere que usted se queje de su carga – ¡él quiere que usted arroje esas cosas de su vida, agarrándose de la Palabra de Dios!

¡La fe son los cheques del banco de Dios para recibir sus recursos! El está diciendo, “Ya he hecho provisión para ti. ¿Qué necesidad en tu vida es tan grande que yo no pueda suplir más de lo que se requiera?”

martes, 13 de enero de 2009

SUFICIENCIA EN TODO

¿Por qué muchos creyentes experimentan debilidad, sentimientos de desesperación y vacío, como si no pudieran continuar más? Es por que ellos no tienen la revelación que el Espíritu le dio a Pablo – ¡una revelación de todas las provisiones que Dios ha hecho posible para aquellos que se apoderan de ellas por fe!

¿Encaja usted en la descripción que hace Pablo del siervo rico en todo – aquél que tiene todo lo que necesita y aun más, en todo tiempo, en cada crisis? ¿Ha comprobado usted esto haciendo retiros del banco del cielo?

Por varios años yo trabajé con Kathryn Kuhlman. Yo predicaba con todo mi corazón en sus campañas de la mañana y de la noche, y generalmente al final de cada día yo estaba agotado. Una noche Kathryn nos dijo a mi esposa Gwen y a mí, “Vamos a algún lugar a cenar.” Yo le respondí, “Lo siento – estoy muy cansado. Quiero irme al hotel y dormir un poco.”

Ella me miró con curiosidad y me preguntó, “David, ¿predicaste bajo la unción del Espíritu esta noche? Yo respondí, “Tú sabes que yo estaba ungido. ¡Los altares estaban llenos de gente!”

Kathryn dijo suavemente, “Entonces no estas captando algo. Si tú estás ministrando bajo el poder del Espíritu Santo, tú deberías estar más fuerte al final del culto que cuando comenzaste – ¡por que él es un Espíritu que vivifica! Tú puedes sobreponerte a tu carne, por que por el Espíritu tu puedes apropiarte de esa libertad.” Desde entonces, yo he comprobado esa verdad en mi ministerio.

“…a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra” (2 Corintios 9:8). Abundar aquí significa literalmente, “siempre aumentando; tener más al final que al comienzo.” En otras palabras, mientras la batalla se torna más fuerte, ¡la gracia de Dios aumenta! Cuando la debilidad venga sobre usted, la fuerza de Dios viene sobre usted más fuerte – si usted lo cree.

lunes, 12 de enero de 2009

EL YA HA HECHO PROVISIÓN

Cuando Dios nos llama a un trabajo específico, él ya ha hecho provisión para que tengamos todo lo que necesitemos para llevarlo a cabo.

“Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo necesario, abundéis para toda buena obra” (2 Corintios 9:8).

Este verso no es sólo una esperanza - ¡es una promesa! Comienza diciendo que “Dios es poderoso”.

Dios no está interesado sólo en suplir su necesidad. El quiere darle siempre más de lo que usted necesita. Eso es lo que “abunde” significa – ¡un suplir superabundante que va siempre en aumento!

“Y aquél que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros” (Efesios 3:20).

Piense en lo que se está prometiendo aquí: Cuando usted está cansado y abatido, y no cree que pueda seguir, Dios es poderoso para vigorizarlo para tener todo lo que usted necesite – en todo tiempo, en cada situación posible.

Es como si el Señor estuviese diciendo, “¡Escuchen todos ustedes pastores! ¡Escuchen todos ustedes que fielmente vienen a mi casa y trabajan en la oración, alabanza e intercesión! ¡Yo quiero darles una abundancia de fuerza, esperanza, gozo, paz, descanso, finanzas, ánimo, sabiduría! ¡En realidad, yo quiero que tengan una sobreabundancia de todo lo que necesiten – en todo tiempo!”

Dios nunca tuvo la intención de que fuésemos pordioseros espirituales, pobres en las cosas del Señor. Por lo contrario, ¡el siervo rico en todo es el que disfruta una revelación de todas las grandes provisiones que Dios ha preparado para él! ¡Y él va tras de esta revelación por fe!

“Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio ni oído oyó ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que lo aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu, por que el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios” (1 Corintios 2:9-10).

Parafraseando, “¡Las personas del Antiguo Testamento no podían ni comenzar a entender todas las grandes provisiones que Dios había preparado! Nunca entró en su visión, nunca lo escucharon ni lo imaginaron. Pero no hay razón para que nosotros seamos ciegos a estas cosas, y que estemos sin saber lo que es nuestro. Nuestros ojos deben ver, nuestros oídos deben escuchar, debe de entrar en nuestras mentes y corazón – ¡por que somos las personas para las cuales Dios ha preparado todo esto! ¡El Espíritu Santo nos lo ha revelado a nosotros!”

Ciertamente, la Biblia dice que debemos buscar que él nos revele esto. Pablo escribió, “(Hemos recibido) el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido…las que enseña el Espíritu…por que se han de discernir espiritualmente” (versos 12-14).

¡Yo creo que la mayoría de los Cristianos no han encarado honestamente el poder de estas promesas de Dios! Las hemos leído muchas veces, pero ellas permanecen como letras muertas para nosotros. No las hemos abrazado diciendo, “¡Señor, revélame lo que has preparado! Abre mi mente y mi espíritu a tus recursos. ¡Tu Palabra dice que debo conocer todas estas cosas que me son dadas sin ninguna restricción, para que pueda apropiarme de ellas para tu gloria!”.

domingo, 11 de enero de 2009

¡EL SIERVO RICO EN TODO!

Recientemente yo fui al Señor en oración con un corazón muy cargado, agobiado con muchos asuntos. Y empecé a suplicar mi caso delante de él:

“Oh Señor, nunca he estado tan fatigado en toda mi vida. ¡No tengo fuerzas para continuar! Entonces comencé a llorar. Estaba tan cansado que las lágrimas literalmente salieron en chorros. Mientras estaba postrado llorando, yo pensé, “¡Seguro que mis lágrimas moverán el corazón de Dios!”

El Espíritu Santo vino y me ministró – ¡pero no de la manera que yo pensé que lo haría! Yo quería compasión, ánimo, comprensión. Y él me dio todo eso – pero de una manera muy diferente a la que esperaba.

El Señor suavemente me instruyó a que buscase 2 Corintios 9:6-11 and él dijo que todo lo que necesitaba estaba contenido en este pasaje:

“Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza ni por obligación, por que Dios ama al dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo necesario, abundéis para toda buena obra;

“(Como está escrito: Repartió, dio a los pobres, su justicia permanece para siempre. Y el que da semilla al que siembra y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera y aumentará los frutos de vuestra justicia;) para que seáis ricos en todo para toda generosidad, la cual produce, por medio de nosotros, acción de gracias a Dios.”

Yo leí este pasaje y volví a leerlo – pero no recibí nada. Finalmente, cerré mi Biblia y oré, “Señor, estoy confundido. Yo no veo nada aquí que me ayude o me anime.”

Finalmente, el Espíritu me habló fuertemente pero con amor a mi hombre interior: “David, esto tiene que ver con todo lo que estás atravesando. ¡Últimamente me has estado sirviendo sin un espíritu abundante y alegre! ¿Dónde está tu alegría y felicidad en tu servicio a mí? Mi Palabra no solo habla de de dar dinero para ayudar a los pobres. ¡Está hablando de ministrarme a mí y a mi cuerpo!

“Te he llamado a la ciudad Nueva York, y no te he enviado sin ayuda ni recursos abundantes. Todo lo que necesitas está a tu disposición – fuerzas, descanso, poder, habilidad, alegría y ánimo. No hay motivo para que trabajes con tristeza, ni que estés sobrecargado. ¡Tú tienes acceso a toda la fuerza y alegría!”

jueves, 8 de enero de 2009

APRENDA A PONERSE DE PIÉ Y PELEAR USTED MISMO

Usted tiene que aprender a pelear sus propias batallas. ¡Usted no puede depender de otros para que lo liberen!

Tal vez usted tiene un amigo de oración al que puede llamar y decirle, “Estoy en una batalla. ¿Puedes orar por mí? ¡Yo sé que tienes poder con Dios!” Eso está de acuerdo con las Escrituras – ¡pero no es la voluntad completa de Dios para usted! ¡Dios quiere que usted sea un guerrero! El quiere que usted pueda hacerle frente al diablo.

Dios le prometió a Gedeón, “Ciertamente yo estaré contigo, y tú derrotarás a los madianitas como a un solo hombre” (Jueces 6:16) Dios le dijo, “¡Yo te he mandado – yo estaré contigo!”

Pero entonces la gente del pueblo vinieron buscando al que había derribado sus ídolos (ver Jueces 6:28-30). ¿Dónde estaba Gedeón? El estaba escondido – todavía inseguro de las promesas de Dios, todavía preguntándose si Dios estaba con él. Gedeón dijo: “Si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Dónde están todas esas maravillas que nuestros padres nos han contado…?” (verso 13). ¡Y así es con muchos de nosotros! Jesús nos ha prometido, “Yo estoy con vosotros todos los días” (Mateo 28:20). ¡Y todavía no hemos aprendido a confiar en su Palabra y pelear!

Las cosas comenzarán a cambiar – en el momento que usted esté completamente persuadido que Dios está con usted. ¡Que él le habla y le mostrará todo lo que necesita saber!

¡Usted es más fuerte de lo que piensa! Como Gedeón, usted puede preguntarse, “¿Cómo puedo pelear? Soy tan débil, tan inexperto”. Pero Dios le dijo a Gedeón, “Ve con esta tu fuerza” (6:14). “¿Qué fuerza?” puede usted preguntar. La fuerza de Gedeón estaba amarrada en la palabra que Dios le dio: “Ciertamente yo estaré contigo”.

Amado, ¡la misma palabra – “Yo estoy contigo” – es su fuerza! ¡Y usted recibirá esa fuerza creyendo que esa palabra es verdad – y actuando en ella!

miércoles, 7 de enero de 2009

TRATE CON SUS TEMORES Y CON SU INCREDULIDAD

Israel había caído en la idolatría. ¡Pero la raíz de su pecado continuaba siendo la incredulidad, lo cual resultaba en toda clase de temores! Y Dios les envió un profeta para exponer la raíz de su pecado.

El profeta les dijo en pocas palabras, “Mírense – son un grupo de miedosos, escondidos, temerosos de ponerse de pié y pelear. Ya se han acobardado. ¡Pero ustedes tienen una historia de la liberación de Dios! El dio a sus antepasados grandes victorias cuando confiaron en él. Y él ha prometido librarlos a ustedes también – ¡pero ustedes no le creen!” (Ver Jueces 6:7-10).

Muchos Cristianos están aterrorizados de que el diablo los va a destruir. Tienen temor de que cometerán un error o que volverán a su pecado, y el diablo los tendrá en sus manos. ¡Pero esa es una mentira del infierno! ¡La Biblia dice que usted no tiene que estar aterrorizado mientras camina a través de esta vida!

Cuando usted se agarra del temor, este se vuelve contagioso. ¡Todos a su alrededor empiezan a tenerlo! Cuando Gedeón juntó a su ejército, Dios le dijo que envíe a casa a todo soldado miedoso: “Quien tema y se estremezca, que madrugue y regrese a su casa…Regresaron de los del pueblo veintidós mil” (Jueces 7:3)

Dios está diciendo las mismas palabras a su iglesia hoy día. El está preguntando, “¿Por qué tienen miedo? ¿Por qué pecan al no confiar que yo traigo victoria a sus vidas? ¡Yo he prometido que derrotaré cada poder demoníaco que venga contra vosotros!”

Joás, el padre de Gedeón había edificado estatuas de Baal y de la diosa Asera con piedras grandes. Su manera de pensar era, “Baal le ha dado poder a Madián sobre nosotros, así que talvez si nosotros adoramos a su dios, él nos dará poder a nosotros”. Las personas venían desde muy lejos para adorar allí, incluyendo los Madianitas y los Moabitas; ¡era una fortaleza demoníaca poderosa en Israel!

Dios le dijo a Gedeón, “Yo no voy a liberar a Israel hasta que tú quites a este ídolo que se interpone entre nosotros. ¡Derríbalo – córtalo! Así que durante la noche Gedeón “tomó diez hombres de entre sus siervos e hizo como Jehová le dijo” (Jueces 6:27). ¡El tomó un toro y usó unas cuerdas para derribara Baal y a Asera!

Dios le está dando a su iglesia el mismo mensaje que le dio a Gedeón: “Quiero ayudarlos – pero no puedo hacerlo cuando no confían en mí. Ustedes están llenos de temores. ¡Y antes de que yo traiga liberación, tendrán que derribar esta fortaleza, este pecado que los asedia!” “Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia” (Hebreos 12:1). ¡Tenemos que derribar todas las fortalezas de miedos y de pecado!

Gedeón derribó las fortalezas demoníacas usando un toro fuerte. Pero a nosotros se nos han dado armas mucho más poderosas que las de Gedeón (ver 2 Corintios 10:4-5)

La victoria viene cuando oramos en fe. Esto no significa una oración fría y vacía, sino una oración en el Espíritu, una oración que cree en que Dios contestará: “Orad en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu” (Efesios 6:18).

martes, 6 de enero de 2009

¡CÓMO PONERSE DE PIÉ Y PELEAR!

A pesar de todo lo que se habla en la iglesia sobre la guerra espiritual, los Cristianos todavía no han aprendido a resistir al enemigo. ¡Somos presa fácil para el diablo!

Yo no creo que cada desgracia que le sucede a un Cristiano venga del diablo. Nosotros lo acusamos equivocadamente por muchos de nuestros descuidos, desobediencias y flojeras.

Es fácil culpar al diablo por nuestras insensateces. Así, no tenemos que corregirlas. ¡Pero hay también un verdadero diablo presente en el mundo hoy día – y él está ocupado trabajando!

Déjeme decirle algo de las estrategias de Satanás. ¡Si él no puede quitar al Altísimo de su trono, él tratará de rasgar la imagen de Dios en usted! El quiere transformar a los adoradores en murmuradores y blasfemos.

Satanás no puede atacarlo a usted a voluntad propia. Dios ha puesto un cerco de fuego alrededor de cada uno de sus hijos, y Satanás no puede atravesar ese cerco sin el permiso de Dios.

Satanás no puede leer la mente del Cristiano. ¡Algunas personas están temerosas de orar por que piensan que el diablo los está escuchando! Otros piensan que el diablo puede leer sus pensamientos. ¡No es así! Sólo Dios es omnipresente y omnisciente.

Las Escrituras nos ordenan a ponernos de pié, ser fuertes y batallar contra la carne y el diablo: “Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos” (1 Corintios 16:13). “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el señor, y en el poder de su fuerza” (Efesios 6:10).

¡Usted tiene que llegar al punto en que se sienta harto de ser derrotado por el diablo – vivir sin ánimo, deprimido, sin gozo, vacío, molestado!

El libro de Jueces nos dice, “Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová; y Jehová los entregó en mano de Madián por siete años. Y la mano de Madián prevaleció contra Israel” (Jueces 6:1-2).

Los Israelitas estaban en su punto más bajo. Fueron dispersados y vivían en cavernas oscuras y húmedas, hambrientos, con miedo e indefensos. Entonces algo sucedió. Comenzó con Gedeón, y se esparció por todo el campamento: ¡Israel se hartó de estar escondidos en esas cuevas oscuras!

Gedeón se dijo a sí mismo, “¿Cuánto tiempo vamos a seguir soportando esto? ¡Ellos vienen a nuestras tierras sin que haya oposición. Nadie se pone firme ni hace nada al respecto! Nos han dicho que tenemos un Dios que actuó por nuestros padres. Pero mírennos ahora – estamos despojados, indefensos. ¡Vivimos continuamente con miedo!”

Algo se levantó en el interior de Gedeón. Y él dijo lo que Dios estaba esperando escuchar: “¡Esto ya ha ido demasiado lejos! Nosotros servimos a un Dios poderoso, victorioso. ¿Por qué seguimos día tras día soportando este abuso?”

Dios no hará nada hasta que usted esté completamente harto – hasta que usted esté cansado de estar abatido y derrotado.

Usted tiene que hacer lo que hizo Gedeón – ¡clamar a Dios! Servimos al mismo Dios que Israel sirvió. Si él escuchó el clamor de ellos en medio de su idolatría, él lo escuchará a usted – cuando lo haga sinceramente.

lunes, 5 de enero de 2009

LA ORACIÓN DE INCREDULIDAD

Usted ha escuchado de la oración de fe. Yo creo que existe como la imagen opuesta de un espejo de esta oración, una oración que está basada en la carne. Yo llamo a esto la oración de incredulidad.

Yo quiero presentarle una pregunta. ¿Ha escuchado alguna vez al Señor decir, “Deja de orar – deja de estar de rodillas”? Alguna vez su Espíritu le ha ordenado, “Deja de llorar, y seca tus ojos. ¿Por qué estás postrado delante de mí?”

El Señor le dijo estas palabras a Moisés: “Entonces Jehová dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí?” (Éxodo 14:15). Lo que literalmente dice en el Hebreo es, “¿Por qué me estás chillando? ¿Por qué todo ese ruidoso pedir en mis oídos?”

¿Por qué diría Dios esto a Moisés? Este era un hombre devoto, que oraba, y que estaba en la mayor crisis de su vida. Los Israelitas estaban siendo perseguidos por el Faraón y no había escape. La mayoría de los Cristianos probablemente reaccionarían como lo hizo Moisés. El se apartó a un lugar desolado para estar solo con el Señor. Entonces vació su corazón en oración.
Cuando Dios escuchó a Moisés chillando, dijo “Basta”. Las Escrituras no son explícitas sobre lo que continuó. Pero en algún momento Dios pudo haber dicho, “Tú no tienes derecho a agonizar delante de mí, Moisés. Tu llanto es una afrenta a mi fidelidad. Yo ya te he dado mi promesa solemne de liberación. Y te he instruido específicamente en lo que tienes que hacer. Ahora, deja de llorar.”

Cuando enfrentamos nuestras crisis, podemos convencernos, “la oración es lo más importante que puedo hacer ahora mismo.” Pero llega el tiempo en que Dios nos llama a actuar, a obedecer su Palabra en fe. Cuando ese tiempo llega, él no nos permitirá apartarnos a un desierto para orar. Eso sería desobediencia y cualquier oración sería ofrecida en incredulidad.

La oración de incredulidad toma en consideración solamente la bondad de Dios. Ignora la severidad de sus juicios santos. Pablo escribe, “Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios” (Romanos 11:22). El apóstol menciona a propósito la bondad y la severidad de Dios juntos aquí. El está diciendo que una no puede estar separada de la otra.

En el Antiguo Testamento, Isaías lo dice de esta manera: “He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír; pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír. Por que vuestras manos están contaminadas de sangre” (Isaías 59:1-3).

Amados, Dios no ha cambiado entre el Antiguo Testamento y el Nuevo. El es un Dios de amor y misericordia, como Isaías lo indica. Pero él todavía odia el pecado por que él es santo y justo. Por eso él le dijo a Israel, “No puedo escucharte por tu pecado”.

Considere las palabras del salmista David: “A él clamé con mi boca, y fue exaltado con mi lengua. Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado. Mas ciertamente me escuchó Dios; atendió la voz de mi súplica. Bendito sea Dios, que no echó de sí [ignoró] mi oración (Salmo 66:17-20).

El salmista está diciendo, “Yo vi que había iniquidad en mi corazón, y rehusé vivir con ella. Así que fui al Señor para ser limpiado. Entonces él escuchó mi oración. Pero si no hubiese soltado mi pecado, Dios no hubiera escuchado mi clamor”.

domingo, 4 de enero de 2009

EL OTRO LADO DE LA COMUNIÓN

Caminando en la gloria de Dios no sólo significa que recibimos el amor del Padre, sino también que lo amamos a él. Se trata de un afecto mutuo, dando y recibiendo amor. La Biblia nos dice, “Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas” (Deuteronomio 6:5).

Dios nos dice a nosotros, “Hijo mío, dame tu corazón” (Proverbios 23:26). Su amor demanda que reciproquemos, que le demos de vuelta un amor que es total, íntegro, que requiera todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas.

Sin embargo, el Señor nos dice en términos muy claros, “¡Tú no puedes ganarte mi amor! ¡El amor que yo doy, no es por méritos!” Juan escribe, “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” y “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 de Juan 4:10, 19).

De igual manera que el amor de Dios es marcado por descanso y regocijo, nuestro amor por él debe de tener estos dos elementos mismos:

1. David expresa un descanso en su amor por Dios cuando él escribe, “¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra” (Salmo 73:25). El corazón que ama al Señor, cesa completamente de buscar alivio en otro lugar. En lugar de eso, encuentra completo contentamiento en él. ¡Para este amante, la amorosa bondad de Dios es mejor que la misma vida!

2. Tal corazón también se regocija en el amor que tiene por su Dios. Canta y baila en éxtasis de felicidad por el Señor. ¡Cuando un hijo de Dios sabe cuánto su Padre lo ama, tiene un deleite en su alma!

Deje que le dé uno de los versos más poderosos de toda la Escritura. Proverbios nos da esas palabras proféticas de Cristo: “Con él estaba yo ordenándolo todo. Yo era su delicia cada día y me recreaba delante de él en todo tiempo. Me regocijaba con la parte habitada de su tierra, pues mis delicias están con los hijos de los hombres” (Proverbios 8:30-31).

Amados, ¡nosotros somos los hijos mencionados aquí! Desde la fundación de la tierra, Dios vio un cuerpo de creyentes juntos con su Hijo. Y desde entonces el Padre se deleitó y regocijó de esos hijos. Jesús testifica, “Yo era el deleite de mi Padre, la felicidad de su ser. ¡Y ahora todos los que vienen a mí en fe, son también su deleite!”

Así que, ¿cómo amamos a Jesús recíprocamente? Juan responde, “Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos” (1 Juan 5:3).

¿Cuáles son estos mandamientos? Jesús dice en esencia que hay dos, y que “de estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas” (Mateo 22:40). El primero y más importante es amar al Señor con todo nuestro corazón, alma y mente. Debemos dárselo todo a él sin retener nada. Y el segundo es que amemos a nuestro prójimo como nos amamos a nosotros mismos. Estos dos mandamientos simples y que no son gravosos, incluyen toda la ley de Dios.

Jesús está diciendo aquí, que no podemos estar en comunión con Dios ni caminar en su gloria si tenemos algo en contra de alguna persona. Así que, amar a Dios significa amar a cada hermano y hermana de la misma manera en que hemos sido amados por el Padre.

jueves, 1 de enero de 2009

UNA VIDA DE COMUNIÓN

Multitudes de los hijos de Dios conocen poco o nada de una vida de comunión con él. ¿Por qué es esto?

Yo creo que aquellos Cristianos tienen un concepto triste, torcido del Padre celestial. Me recuerdo de la parábola del siervo que escondió su talento por que tenía una imagen torcida de su amo. Ese siervo dijo, “Señor, te conocía que eres hombre duro” (Mateo 25:24).

De igual manera, muchos creyentes hoy día piensan, “No es posible que Dios se agrade de mí, regocijándose y cantando enamorado. Le he fallado miserablemente a veces, trayendo reproche a su nombre. ¿Cómo podría él amarme, especialmente en los problemas que estoy enfrentando ahora?”

Yo creo que esta es una razón poderosa por la que muchos Cristianos no se acercan a su Padre celestial. Temen acercarse a Dios por que sienten que le han fallado de alguna manera. Todo lo que ellos conciben de Dios es que él es un fuego consumidor, listo para juzgarlos y condenarlos.

La pregunta para todos nosotros hoy día es, ¿Cómo no vamos a querer estar cerca de un Padre que nos escribe cartas de amor, que nos dice que anhela estar con nosotros, que está listo siempre para abrazarnos, y dice que sólo tiene buenos pensamientos sobre nosotros? A pesar de nuestras tonterías, al nos asegura que, “Satanás puede decirte que no sirves para nada, ¡pero yo te digo que tú eres mi alegría!”

Usted puede estar pensando, “Seguro que el señor no se regocija sobre alguien que está en pecado. No puedo esperar que él me ame si continúo en mis caminos pecaminosos.” Esta manera de pensar se acerca mucho a la blasfemia.

Sí Dios ama a sus hijos pero no ama al pecado. La Biblia dice que él reprende a cada hijo que continúa en iniquidad, pero él siempre lo hace con mucha pena. Después que él nos reprende, su Espíritu nos llena con un sentimiento de su indignación sobre el pecado.

A través de todo esto, el amor de Dios permanece sin cambiar. La Palabra dice, “Yo Jehová no cambio” (Malaquías 3:6). “del Padre…en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:17). “Dios soy, y no hombre” (Oseas 11:9).

El amor de Dios nunca fluye y luego decae como nuestro amor por él lo hace. Nuestro amor varía casi cada día, fluctuando de caliente y ferviente a tibio o aún frío. Al igual que los discípulos, podemos estar listos a morir por Jesús un día y luego abandonarlo y huir el próximo día.

Yo debo de preguntarle si usted puede decir, “¡Mi Padre celestial está enamorado de mí! El dice que soy dulce y amado a sus ojos, y yo le creo. Yo sé que no importa por lo que yo atraviese, o cuánto sea tentado o probado, él me rescatará. El me cubrirá a través de todo, nunca permitiendo que sea aplastado. ¡El siempre será amable y tierno conmigo!”

Así es como la verdadera comunión comienza. Debemos estar convencidos cada día del inalterable amor de Dios por nosotros. Y tenemos que mostrarle que creemos lo que nos ha revelado de su persona. Juan escribe, “Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él” (1 Juan 4:16).