jueves, 22 de enero de 2009

LA POSICIÓN SUYA

En Éxodo 33, Moisés no lo sabía, pero Dios estaba por darle una revelación mayor de su gloria y de su naturaleza. Esta revelación iría más allá de amistad, más allá de la intimidad. Es una revelación que Dios quiere que conozcan todas las personas que están con dolor.

El Señor le dijo a Moisés que le mostraría su gloria: “Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti” Éxodo 33:19). Luego él dijo, “No podrás ver mi rostro – por que ningún hombre podrá verme y seguir viviendo… [Y] cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado” (33:20-22).

La palabra Hebrea que se traduce aquí como gloria significa “mi propia persona”. Dios le estaba diciendo a Moisés, “Yo mismo pasaré cerca de ti”. Una traducción lo dice de esta manera: “Te esconderé en una cavidad de la roca, y te defenderé con la protección de mi poder hasta que yo haya pasado.”

Esto es lo que el apóstol Pablo quiere decir cuando se refiere a que estamos “escondidos en Cristo.” Cuando le fallamos a Dios – cuando pecamos gravosamente contra la luz – no debemos permanecer en nuestra condición caída. En lugar de eso, debemos de correr rápidamente a Jesús, para ser escondidos en la Roca. Pablo escribe, “Nuestros padres…todos bebieron la misma bebida espiritual; por que bebían de la Roca espiritual que los seguía, y la Roca era Cristo” (1 Corintios 10:1, 4).

¿Cuál fue la gran revelación de su persona que Dios le dio a Moisés? ¿Cuál es esta verdad que debemos santificar en nuestros corazones? Es la siguiente:

“Jehová dijo a Moisés:…Prepárate, pues, para mañana, sube de mañana al monte Sinaí…Descendió Jehová en la nube y permaneció allí junto a él; y él proclamó el nombre de Jehová. Jehová pasó por delante de él y exclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! Dios fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira y grande en misericordia y verdad, que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, pero que de ningún modo tendrá por inocente al malvado” (Éxodo 34:1, 2 y 5-7).

Aquí estaba la revelación más grandiosa, el cuadro completo de quién Dios es. El Señor le dijo a Moisés, “Ven a esta roca en la mañana. Te daré una esperanza que te sustentará. Te mostraré mi corazón como nunca lo habías visto antes.” ¿Cuál fue la “gloria” que Moisés buscó que el Señor le mostrara?

Esta es la gloria: un Dios quien es “Misericordioso y piadoso, tardo para la ira y grande en misericordia y verdad, que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, pero que de ningún modo tendrá por inocente al malvado.”

Cristo es la expresión plena de esa gloria. Verdaderamente, todo lo que está en el Padre, está completo en el Hijo. Y Jesús fue enviado a la tierra para traernos esa gloria a nosotros.