jueves, 25 de diciembre de 2008

CONOZCA, CREA Y SIGA CONFIANDO EN SU AMOR

Cualquiera puede mantener su gozo cuando está en las alturas del Espíritu Santo, sin ser probado ni tentado. Pero Dios quiere que nos mantengamos en su amor en todo tiempo, especialmente en nuestras tentaciones.

El apóstol Juan nos dice de manera muy simple, cómo es que podemos mantenernos en el amor de Dios: “Nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él” (1 Juan 4:16). En resumen, si nosotros “permanecemos en el amor de Dios”, nos mantendremos en Dios.

Acá, la palabra “permanecer”, significa “quedarse en un estado de expectación”. Es decir, Dios desea que nosotros estemos expectantes de que su amor se renueve en nosotros cada día. Debemos vivir cada día en el conocimiento de que Dios siempre nos amó, y siempre nos amará.

En realidad, muchos de nosotros entramos y salimos del amor de Dios, según nuestro estado de ánimo. Nos sentimos a salvo en su amor sólo si nos hemos portado bien. Pero no estamos seguros de su amor cuando somos tentados o probados, o cuando le hemos fallado. Ése es justamente el momento en el que debemos confiar en su amor. Él nos está diciendo en estos pasajes: “No importa la prueba que enfrentes, nunca debes dudar de mi amor por ti. Si estás constantemente confiando en mi amor, entonces estás viviendo como yo quiero que vivas”.

Jeremías 31 ofrece una maravillosa ilustración del amor de Dios. Israel estaba en un momento de caída. El pueblo había engordado y prosperado, y consentían en toda clase de impiedades.

Repentinamente, sus deseos se tornaron amargos. Perdieron todo placer en satisfacer sus apetitos sensuales. En seguida, clamaron: “Señor, estamos perdidos. Necesitamos que nos vuelvas a ti”. Dios oyó su clamor de arrepentimiento, y Su amoroso corazón se dirigió hacia ellos. Él castigó a su pueblo con su vara de corrección, e Israel clamó: “Me azotaste…conviérteme, y seré convertido…después que me aparté tuve arrepentimiento” (Jeremías 31:18-19).

Oiga las palabras de Dios en este punto: “Desde que hablé de él, me he acordado de él constantemente. Por eso mis entrañas se conmovieron por él; ciertamente tendré de él misericordia” (v. 20). “Con amor eterno te he amado” (v. 3).

Esto es lo que usted debe saber del amor de Dios: Dios le decía a su pueblo: “He tenido que castigarles y hablarles duras palabras de verdad. Aun así, pecaron contra mí, a pesar de la gracia y la misericordia que les extendí. Se apartaron de mi amor, y me rechazaron. Sin embargo, mis entrañas de compasión se movían profundamente para con ustedes, los recordaba en sus luchas; ciertamente tendré misericordia de ustedes. Los perdonaré y restauraré de pura gracia”.