martes, 16 de junio de 2015

SOBRE TODO PODER DEL ENEMIGO

Creo que la iglesia hoy está en una crisis a gran escala por su falta de autoridad espiritual. Con regularidad recibo llamadas de pastores y padres en pánico acerca de sus hijos. Ellos suplican: “he descubierto que mi hijo es un drogadicto y no sé qué hacer.”

Siento gran pesar en mi corazón por estos padres. Sus corazones están quebrantados, desesperados por encontrar la verdadera autoridad espiritual que los guíe a una verdadera ayuda. Y aún, tengo que preguntarme: ¿dónde está la autoridad espiritual en su hogar? En mi opinión, muchos padres piensan que son impotentes cuando en realidad no lo son. Alguien en la familia tiene que tener el poder para ahuyentar al diablo fuera de su hijo y fuera de su casa. Le digo a cada padre que sufre: “usted debe echar mano de la autoridad espiritual por sí mismo. Aunque su hijo le cierre las puertas, usted todavía puede obtener poder en su habitación secreta de oración”.

Usted puede protestar: “Pero yo no soy Jesús. Él vino a la tierra con autoridad divina.” El hecho es que, Jesús, aunque es Dios encarnado, afrontó al diablo como un hombre, un hombre lleno con el poder del Espíritu. Él no luchó con Satanás de ninguna otra forma. De la misma manera, Satanás siempre se acercó a Cristo como a un hombre, aunque él sabía que Jesús era el hijo de Dios. El demonio lo reconoció tanto así, al decir: “¿Qué tienes con nosotros, Jesús Nazareno? (Marcos 1:24). Ellos se dirigieron a Jesús como a un ser humano, nacido en una ciudad particular en Israel. Sin embargo, aún cuando Cristo era un hombre de carne y hueso, él ejerció autoridad espiritual total sobre cada poder demoníaco.

Usted también puede pensar: “Si tan sólo yo tuviera esa clase de poder sobre el enemigo...pero no poseo esa clase de autoridad para hacer huir a Satanás”. Eso no es cierto. Los discípulos de Jesús tenían este mismo poder: “Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia.” (Mateo 10:1). “Les he dado autoridad a ustedes para pisotear serpientes y escorpiones, y vencer todo el poder del enemigo” (Lucas 10:19).