martes, 2 de junio de 2015

DESPIERTA TU HAMBRE

El Señor instruyó a Juan: “Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios…dice esto: Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto”. (Apocalipsis 3:1)

Jesús está diciendo: “Puede que seas una buena persona, alguien que haría todo por los demás, tienes una buena reputación en la iglesia y en el mundo. Se te conoce por estar verdaderamente vivo en Cristo, un bendito de Dios. Pero un elemento de muerte ha ido introduciéndose en tu vida. Algo del mundo te ha contaminado”.

“Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras” (3:4) ¿Cuál es la contaminación a la que se refiere a aquí? Es falta de oración. Y aquí está la advertencia que Jesús nos hace: “Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios”. (3:2)

Los creyentes en Sardis no habían estado alerta, no habían estado en oración, esperando en el Señor, buscándole como lo hicieron una vez. En lugar de eso, comenzaron a ser negligentes y dejaron de venir a Dios todos los días en busca de ayuda y ahora había recaído contaminación sobre ellos. La palabra que Jesús usa para “manchado” aquí significa una mancha de pecado, una mancha negra en un vestido blanco. Cristo nos está diciendo: “Si no oras, estás indefenso contra el enemigo. Tu negligencia permite que tu vestidura sea manchada”.

Sin embargo, Jesús declara que hay “unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas” (3:4). Él está diciendo: “Todavía tienes una pequeña llama de deseo por mí, no quieres perder Mi presencia para ser entregado a la aridez. Ahora, rápidamente, despierta tu hambre de nuevo. Vuelve a la habitación secreta de oración y clama a Mí, decídete a hacer Mi voluntad, aviva la llama de la fe antes que muera -antes que la muerte aprisione tu alma, como lo ha hecho con tantos a tu alrededor”.

No ignores el gran regalo del acceso a Dios en oración. Tu futuro eterno depende de ello: Orar y buscar al Señor. Él te ha proporcionado acceso y te promete satisfacer cada una de tus necesidades.