viernes, 31 de mayo de 2013

LA MARCA DE UN CREYENTE MADURO

La marca de un creyente maduro es la negativa a ser “llevados por doquiera de todo viento de doctrina” (Efesios 4:14). Tales creyentes no pueden ser manipulados por ningún maestro. Ellos no tienen necesidad de correr de aquí para allá, porque están dándose banquetes en verdes pastos, están creciendo en Cristo. Ellos han aprendido a Cristo. No serán cautivados por la música, amigos, personalidades o milagros, sino por un hambre de la Palabra de Dios pura.

Pablo dijo: “para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador.” (Tito 2:10). ¿Cuál es la doctrina de Cristo? La gracia de Dios nos enseña que “renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente” (Tito 2:12). La doctrina de Cristo te conformará a la imagen de Cristo y expondrá todo pecado oculto y todo anhelo de maldad.

¿Está tu maestro reprendiendo con autoridad, hablándote y exhortándote a abandonar el pecado y a derribar todos los ídolos como se indica en Tito 2? ¿Estás aprendiendo a odiar el pecado intensamente? ¿O sales de la iglesia, aún sin sentir convicción profunda de pecados? El mensaje de la doctrina de Cristo es: “limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.” (2 Corintios 7:1).

Muchos nos escriben contándonos que sus pastores les dicen: “Yo no estoy aquí para predicar en contra del pecado; yo estoy aquí para exaltar a Jesús”, o “¡Nada de predicaciones de condena desde este púlpito! Yo estoy aquí para quitar el miedo y la depresión de mi pueblo.” Aun en los predicadores pentecostales hay dos extremos. Algunos vociferan un evangelio duro y legalista, sin amor, sólo por obras; mientras que otros predican acobardados contra el pecado, y luego se retractan de sus palabras en el mismo mensaje.

La doctrina de Cristo es una doctrina de piedad y santidad. “Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas,” (1 Timoteo 6:3-4).

La predicación de la doctrina de Cristo te bendecirá, fortalecerá y animará, pero también te causará tan profunda convicción de pecado, que no podrás sentarse a los pies de ella y todavía aferrarte a un pecado secreto.

jueves, 30 de mayo de 2013

CONTEMPLANDO EL ROSTRO DE CRISTO

Pablo habla de un ministerio que no requiere dones o talentos especiales, sino que debe ser asumido por todos los que han nacido de nuevo. Este ministerio es el primer llamamiento de cada creyente y ningún ministerio puede ser agradable a Dios a menos que nazca de este llamado.

Estoy hablando del ministerio de contemplar el rostro de Cristo. Pablo dice: “Pero nosotros todos, con rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor” (2 Corintios 3:18 BTX).

¿Qué significa contemplar la gloria del Señor? Pablo está hablando aquí de adoración centrada y dedicada, el tiempo que se le da a Dios simplemente para contemplarle. Y el apóstol añade rápidamente: “Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio” (4:01). Pablo deja en claro que contemplar el rostro de Cristo es un ministerio al que todos debemos dedicarnos.

La palabra griega para contemplando en el versículo anterior es una expresión muy fuerte. Indica no sólo echar un vistazo, sino “fijar la mirada.” Significa decidir: “No me moveré de esta posición. Antes de hacer cualquier cosa, antes de intentar lograr una simple meta, tengo que estar en la presencia de Dios.”

Muchos cristianos interpretan mal la frase “contemplando como en un espejo.” Piensan en un espejo, con la cara de Jesús reflejándose a ellos. Pero eso no es lo que quiere decir Pablo aquí. Él está hablando de una mirada enfocada intensamente, como escudriñando algo con empeño a través de un vidrio, tratando de verlo más claramente. Tenemos que “fijar nuestros ojos” de esta manera, determinados a ver la gloria de Dios en la faz de Cristo. Tenemos que encerrarnos en el lugar santísimo con una sola obsesión: mirar tan intensamente y tener comunión con tal devoción, que seamos transformados.

¿Qué ocurre cuando un creyente contempla el rostro de Cristo? Pablo escribe: “Somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.”(2 Corintios 3:18).

La palabra griega para “transformación” aquí es “metamorfosis”, es decir transformado, transfigurado. Cada persona que con frecuencia fija su mirada intensamente en Cristo está siendo transformada. Una transfiguración está teniendo lugar. Esa persona está siendo continuamente transformada a la semejanza y el carácter de Jesús.

miércoles, 29 de mayo de 2013

ALGO PEOR QUE UNA CAIDA

Me senté en mi automóvil llorando, pensando que yo era un terrible fracaso. Había sido expulsado sin contemplaciones de un tribunal después de que pensé que estaba siendo guiado por Dios para testificar a siete asesinos adolescentes. Me estremezco al pensar de cuánta bendición me habría perdido si me hubiera rendido en esa hora oscura. Cuán alegre estoy hoy en día de que Dios me enseñó a enfrentar mi fracaso y pasar a los siguientes pasos que Él tenía para mí.

Conozco a dos destacados hombres de Dios, quienes habían ministrado a miles de personas, que cayeron en el pecado que David cometió con Betsabé. Un ministro decidió que no podía seguir y hoy en día bebe y maldice al Cristo del que alguna vez predicó. El otro hombre se arrepintió y volvió a empezar. Ahora dirige un programa de misiones internacionales que llega a miles para Cristo. Su fracaso ha quedado atrás y él sigue avanzando.

En mi trabajo con adictos e incorregibles, he observado que la mayoría de los que vuelven a sus viejos hábitos se vuelven más fuertes que todos los demás cuando se enfrentan a sus fracasos y vuelven al Señor. Ellos son especialmente consientes del poder de Satanás y rechazan toda confianza en la carne.

Cuando Adán pecó, trató de esconderse de Dios. Cuando Jonás se negó a predicar a Nínive, su miedo lo llevó al océano para huir de la presencia del Señor. Cuando Pedro negó a Cristo, tenía miedo de enfrentarse a Él.

Dios me ha mostrado una verdad que me ha ayudado muchas veces: Algo mucho peor que el fracaso es el miedo que le acompaña. Adán, Jonás y Pedro se alejaron de Dios, no porque habían perdido su amor por Él, sino porque tenían miedo de que Él estuviera demasiado enojado con ellos para entenderlos. Satanás utiliza tal temor para que la gente piense no tiene caso intentarlo.

Si David se hubiera resignado al fracaso, quizás nunca hubiésemos oído hablar de él de nuevo. Sin embargo, el corrió a la casa de Dios, se asió de los cuernos del altar, encontró el perdón y la paz, y volvió a su mejor momento. ¡Y lo mismo puede ser cierto para ti!

martes, 28 de mayo de 2013

CONSIDERA LOS FRACASOS

¿Consideras que Moisés era un fracaso? ¡Difícilmente! Él fue a Israel lo que Washington y Lincoln juntos fueron para América y aun más. Pero mira de cerca la vida de este gran legislador. Su carrera comenzó con un asesinato, seguido de cuarenta años escondiéndose de la justicia.

Moisés era un hombre con temor e incredulidad. Cuando Dios lo llamó para sacar a los israelitas de la esclavitud, él suplicó: “nunca he sido hombre de fácil palabra…porque soy tardo en el habla” (Éxodo 4:10). Toda su vida Moisés deseó entrar en la Tierra Prometida, pero sus fracasos le impidieron entrar. Aun así, en Hebreos 3:1-2, Dios compara la fidelidad de Moisés con la de Cristo. Los fracasos de Moisés no le impidieron entrar al Salón de los Campeones de Dios.

Generalmente pensamos en Jacob como el gran guerrero de oración que luchó con el ángel del Señor y prevaleció. Sin embargo, la vida de este hombre estaba llena de evidente fracaso. Cuando joven Jacob engañó a su padre ciego con el fin de robar la herencia de su hermano. Despreciaba a su esposa Lea mientras alimentaba un gran amor secreto por su hermana, Raquel. Él no aceptaba su responsabilidad como esposo.

Aquí tenemos a un hombre atrapado en una telaraña de engaño, robo, infidelidad y poligamia. Sin embargo, todavía adoramos al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

El Rey David, un poderoso guerrero y cantante de salmos, se deleitaba en la ley del Señor, y se presentaba como un hombre justo que no se encontraría entre pecadores. Sin embargo, que chocantes son las debilidades de este gran hombre. Tomando a Betsabé de su esposo Urías, envió a ese hombre inocente a la muerte al ponerlo en la primera línea de batalla de su ejército. El profeta Natán declaró que este doble pecado les dio una gran oportunidad a los enemigos del Señor para blasfemar.

Imagina al gran rey de pie junto al ataúd de su hijo ilegítimo muerto, una esposa robada a su lado, y un mundo lleno de enemigos que maldecían a Dios a causa de sus pecados tan notorios. Sin embargo, Dios llamó a David “un varón conforme a su corazón” (1 Samuel 13:14).

Si estás desanimado por tus fracasos, tengo buenas noticias para ti. Nadie está más cerca del reino de Dios que el hombre o la mujer que puede mirar la derrota a los ojos, enfrentarla, y pasar a una vida de paz y victoria. A pesar del fracaso, ¡Sigue avanzando! Es frecuentemente después de un fracaso que un hombre hace su obra más importante para Dios.

lunes, 27 de mayo de 2013

UN MOVIMIENTO DE JESÚS VERDADERO by Gary Wilkerson

¿Qué hombre, mujer o niño afligido no correría a un lugar donde sus problemas de toda la vida fuesen solucionados por Dios; donde tomasen lugar sanidades profundas y milagrosas? Esto es verdaderamente un “movimiento de Jesús”. Y no pasa por planificación, ingenio o eventos organizados, sino que sucede cuando Dios se manifiesta. Dondequiera que Su gloria se manifiesta, ya sea a través de la predicación fiel o un testimonio sencillo, la gente correrá a experimentarlo.

El pueblo “concurrió a ellos” (Hechos 3:11). Hay un gran significado en la palabra “concurrió”. Estas personas no estaban luchando entre sí para adelantarse, sino que fueron como uno solo, cada uno en humildad ante el majestuoso poder de la presencia de Dios.

La gloria de Dios tiene ese efecto. Nos unifica en sobrecogimiento. De hecho, ese es el deseo de Dios para nosotros: dejar a un lado nuestras diferencias, perdonar las ofensas, e ir a aquellos que necesitan nuestro perdón o que necesitan perdonarnos.

No podemos esperar que un Dios glorioso e impresionante se mueva en medio de nosotros, si nos aferramos a una lengua que habla perversidades, a un corazón que guarda rencores o a un espíritu que se niega a perdonar a otros. ¿Por qué los incrédulos correrían a una iglesia donde reinan la malicia y la división? Los actos gloriosos de Dios unifican nuestros corazones, pero ¿Cómo podemos ser unificados si nos negamos a dejar a un lado nuestras divisiones?

¿Por qué la gloria de Dios se manifiesta en algunas iglesias y personas pero no en otras? Pedro provee una respuesta en la escena en el templo. Le dijo a las maravilladas personas: “Varones israelitas…el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús”.(Hechos 3:12-13)

Dios ha puesto toda Su majestad, gloria y poder en una sola fuente: Cristo. Su gloria no se da a conocer en hombres inteligentes y poderosos o a través de planes brillantes y estrategias ingeniosas. Su gloria se encuentra en una sola fuente: Jesús.

Si queremos la gloria de Cristo en nuestras vidas y en nuestras iglesias, ésta no va a venir a través de nuestra fuerza o esquemas. Va a venir al vaciarnos de nosotros mismos para que Él pueda llenarnos. Debemos decir junto con Juan el Bautista: “Es necesario que Él crezca, pero que yo mengüe.”(Juan 3:30)

viernes, 24 de mayo de 2013

ESTE POBRE CLAMÓ

En el primer verso del Salmo 51, leemos que David apela a las misericordias tiernas y perdonadoras de Dios: “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones”.

David sabía qué hacer: “Este pobre clamó, y le oyó Jehová, y lo libró de todas sus angustias” (Salmos 34:6). “Claman los justos, y Jehová oye, Y los libra de todas sus angustias” (Salmos 34:17).

Amado, ésta es tu victoria sobre el pecado: La confianza absoluta de que no importa cuán doloroso haya sido tu pecado o tu caída, tú sirves a un Señor que está listo para perdonar, ansioso para sanar y posee más misericordia hacia ti que la que puedas necesitar.

El diablo viene a ti y te dice: “¡No! Si tú te sueltas tan fácilmente, caerás de vuelta al pecado”. Él te hará sentir miserable, indigno de levantar tus manos para alabar a Dios o aun de leer Su Palabra.

Pero, he aquí tu arma: Clama como David, con todo tu corazón. Anda a Dios y dile: “Señor, Tú me amas. Sé que estás listo para perdonarme. ¡Lo confieso!”.

En ese mismo instante, has arreglado cuentas con Dios. No tienes que pagar por tu pecado. Dios te ama tanto que dio a Su Hijo, quien ya pagó por ello. Un abogado misericordioso y amoroso anhela ayudarte y librarte: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Juan 2:1).

Mi pequeña nieta quería caminar encima de un muro bajo de concreto. Mientras la sostenía por detrás, ella trató de sacudirse de mi mano. La dejé ir y eventualmente se cayó (sin herirse). Cuando cayó, no la sermoneé diciendo: “Mira lo que has hecho ¡Ya no eres mía!”.

El Señor me dijo: “David, tú le das tanto amor a esta niña, pero no me permites a mí, amarte de la misma manera. Te llenas de orgullo por tus hijos, ¡pero no dejas que yo haga lo mismo en favor tuyo!”.

¡La Biblia dice que Dios se complace en Sus hijos!

miércoles, 22 de mayo de 2013

EL TEMOR DEL SEÑOR

Solía decir: “No pases delante para ser salvo, sólo porque tienes miedo del infierno. Sólo ven con una fe simple”. Pero estaba equivocado. El apóstol Pablo dijo: “Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres” (2 Corintios 5:11). Existe un temor santo que guía al arrepentimiento.
Es verdad que el infierno ha sido creado para el diablo y sus ángeles. También es cierto que los cristianos son salvos por gracia inmerecida y que dicha fe en Cristo es la seguridad del creyente.

Con la ayuda de Dios, yo, de una vez y para siempre, he dejado la carrera fatal de carnalidad y mundanalidad. ¡He abandonado la carrera de competencia! Ya no corro en las carreras motivadas por la carne, dirigidas al ego y agradables al hombre.

Quiero hacer más que sólo rendir mi atadura mental a las cosas, casa, carros, tierras y posesiones. Quiero tener el poder y la gracia para frenar mis apetitos, para hacer a un lado toda la basura, para vender lo que no necesito, para dejar de comprar y construir y de adquirir cosas innecesarias y enfocarme de tal manera en Cristo y en la eternidad, que las cosas de este mundo dejen de dominarme y que el materialismo ya no sea mi amo.

Amado, si este mensaje no te agrada, si te irrita y te fastidia aunque sea un poco, quizás debas hacer lo que yo he estado haciendo últimamente. Enciérrate con Dios, día tras día y pide al Espíritu Santo que encienda la santa linterna de búsqueda de Dios en tu alma. Sé totalmente honesto con Dios. Pronto descubrirás, como lo hice yo, cuánto tiempo has desperdiciado, cuántos deseos y gustos tontos te han paralizado y caerás sobre tu rostro delante de un Dios santo, confesando la frialdad y el vacío en tu corazón.

Si haces esto con un corazón honesto, comenzarás a agradecer a Dios por haber aguijoneado tu conciencia y por haberte movido a correr una carrera diferente.

Santos de Dios, muy pronto nuestro Señor vendrá de las nubes en gloria para llevarse a Su novia, una novia sin mancha ni arruga. Una novia purificada de codicia, orgullo y ambición humana.

¿Deberíamos gastar nuestras horas finales en la Tierra poniendo dinero en sacos rotos? ¡No, gracias! Yo sólo estoy de paso. Ya no quiero que más raíces me retengan. Gracias a Dios por las cosas buenas que me ha dado, mi familia, una linda casa, una movilidad moderna, pero ahora, cada día, preparo mi corazón para apartarse de todo ¡para poder ser abrazado por los brazos de mi Salvador!

martes, 21 de mayo de 2013

LA CARRERA FATAL

La palabra carrera indica competencia y en Hebreos 12:1 al pueblo de Dios se le compara con corredores en una carrera de larga distancia. Hoy, la carrera se ha corrompido y el premio se ha vuelto carnal.

Si pudiéramos pasar tan sólo unos minutos en cielo, nunca más volveríamos a competir en una carrera carnal. ¡Si sólo pudiéramos experimentar un breve caminar en las puertas de la ciudad de Dios, bebiendo de su paz, de su belleza, del esplendor celestial; si oyéramos los grandes coros de ángeles cantando las glorias del Señor; si camináramos entre los patriarcas, los mártires, los apóstoles, los que salieron de la gran tribulación; si visitáramos a nuestros seres queridos que ya partieron; si sintiéramos el brillo de la luz santa de Dios; y más que todo, si vislumbráramos el rostro del resucitado Cordero de Dios y sintiéramos la gloria, el calor y el sentido de seguridad brillando desde Su presencia!

¿Volveríamos alguna vez a esta Tierra a retomar esta carrera fatal otra vez? ¡Nunca! Tú y yo viviríamos sólo para el Señor, rechazando al mundo y todos sus placeres y cosas carnales. ¡Correríamos Su carrera!

Si pudiéramos pasar sólo unos minutos en el infierno, nunca seríamos los mismos. ¡Imagina lo que se sentiría ser absorbido por ese negro horno de fuego y tinieblas eternas; para súbitamente ser echados a un mundo demoníaco de impiedad, maldición, odio, lujuria y corrupción; para oír los gemidos de los condenados por la eternidad y fuéramos testigos de su terror, su crujir de dientes, su compañerismo con los hacedores de maldad, los que crucificaron al Señor Jesús; para oír los incesables sonidos de desesperanza, las inútiles oraciones de los condenados, levantando sus puños contra la justicia de Dios, maldiciendo el día en que nacieron; para sentir lo que significa estar perdidos, privados de Dios, de la verdad, del amor, de la paz y de toda comodidad!

¿Cómo podrías regresar a la Tierra después de tu corta visita al infierno y ser otra vez el mismo? ¿Volverías para seguir siendo negligente con la Palabra de Dios, con Su casa, con Su amor? ¿Regresarías a tus búsquedas egoístas de acumular oro y plata y luego orar para obtener aun más? Lo dudo. No, tú y yo viviríamos cada hora como si fuera nuestra última hora.

¿Quieres dejar de correr en vano y de dar golpes al aire? ¡Fija tu rostro y tu corazón para buscar al Señor como nunca antes!

lunes, 20 de mayo de 2013

ESPERANDO EN ÉL

El mandato del profeta Samuel al Rey Saúl fue: “…bajarás delante de mí a Gilgal… hasta que yo venga a ti y te enseñe lo que has de hacer” (ver 1 Samuel 10:8). ¡La única responsabilidad de Saúl era esperar! Dios quería oír a Saúl decir: “Dios guarda Su palabra, nunca ha caído a tierra ni una sola palabra de la boca de Samuel. Dios dijo que debo esperar instrucciones y esperaré”.

Pero el orgullo opina: “No creo que Dios lo haya dicho en serio. Quizás oí mal”. En lugar de afirmarnos en la Palabra de Dios, comenzamos tratando de descifrar las cosas a nuestra manera. Sobre nuestras camas, de madrugada, decimos: “Señor, así es como veo que esto pueda hacerse”. Es pecado hacer algo lógico y razonable cuando esto no es una palabra clara de dirección de Dios. Si quieres demostrarle algo a Dios, demuestra que esperarás pacientemente a que Él actúe.

“Entonces Samuel dijo: ¿Qué has hecho? Y Saúl respondió: Porque vi que el pueblo se me desertaba, y que tú no venías dentro del plazo señalado, y que los filisteos estaban reunidos en Micmas, me dije: Ahora descenderán los filisteos contra mí a Gilgal, y yo no he implorado el favor de Jehová. Me esforcé, pues, y ofrecí holocausto. Entonces Samuel dijo a Saúl: Locamente has hecho…ahora tu reino no será duradero. Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó” (1 Samuel 13:11-14).

Saúl esperó siete días, pero esa espera era inmunda. Él estaba impaciente, molesto, temeroso y caprichoso. Debemos esperar con fe, creyendo que Dios se ocupa de nosotros y nos ama, que Él estará ahí en Su tiempo. Este tema de esperar es tan importante que debemos ver unas Escrituras para demostrarlo.

“Y se dirá en aquel día: He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación” (Isaías 25:9).

“Ni nunca oyeron, ni oídos percibieron, ni ojo ha visto a Dios fuera de ti, que hiciese por el que en él espera” (Isaías 64:4).

domingo, 19 de mayo de 2013

MUÉSTRANOS TU GLORIA by Gary Wilkerson

Pedro y Juan estaban caminando hacia el templo cuando se encontraron con un mendigo cojo. Al oír sus ruegos pidiendo limosna, Pedro respondió: “No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.” (Hechos 3:6).

¡El mendigo fue sanado instantáneamente! Fue un milagro que tuvo un efecto impactante: “Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón” (3:11). Acá también vemos otra asombrosa escena de la manifestación de la gloria de Dios.

El cojo que había sido sanado “se asió” de Pedro y de Juan. Ésta es la figura de alguien sujetándose por su propia vida, agarrado sin ninguna vergüenza. Es como si este hombre dijera: “¡La presencia de Dios es real! He estado sentado en este lugar durante años, rogando que me ayuden, pero nunca he experimentado algo como esto. ¡Él ha movido mi alma más que cualquier cosa que haya conocido!

Dios ama un corazón que se prenda de Él, le busque y clame: “Señor, tu gloria es demasiado grande para dejarla pasar. Me agarro de la esperanza que me has dado; una esperanza de sanidad, de transformación, de Tu presencia en mi vida y en mi mundo.”

“Todo el pueblo” vino a ver lo que había sucedido (3:11). Cuando Dios revela Su Gloria en poder, la respuesta no pasará desapercibida. La grandeza de Su poder requiere la atención de todos alrededor.

Supongamos que la sanidad milagrosa de este mendigo haya acontecido en la iglesia donde pastoreo. No podríamos comprar suficientes sillas para recibir a las multitudes que vendrían. No me estoy refiriendo sólo a curiosos que aman el espectáculo. Todos anhelamos que Dios toque nuestras vidas. Tanto los creyentes como los inconversos tienen dolor en este momento, divagan como ovejas sin pastor, con hambre de algo real. Así que, cuando la gloria de Dios se manifiesta, trayendo novedad de vida, ésta atrae la atención de todos, no sólo de unos cuantos.

“Todo el pueblo [estaba] atónito” (3:11). Cuando el pueblo vio que el mendigo fue sanado, se maravilló: “Nada de lo que conocemos se compara a eso. ¡De cierto Dios está en este lugar!”

Déjame preguntar: ¿Quieres que tu vida esté más sumergida en Dios? ¿Quieres que Su gloria venga a tu casa, tu matrimonio, la vida de tus hijos y transforme las cosas de modo que todos queden atónitos? Adivina, ¡esto es lo que Dios quiere! Él quiere que tú quedes atónito por Su gloria y seas transformado por ella. Y Él quiere que el mundo que te rodea se sorprenda mientras Su poder glorioso trae nueva vida a aquellas situaciones en las que siempre hubo derrota.

jueves, 16 de mayo de 2013

COMPASIÓN INFINITA

Una hermosa enfermera, de 19 años de edad, me detuvo después de un servicio en una cruzada. Entre lágrimas, sollozó una penosa confesión: “Sr. Wilkerson, soy lesbiana. Me siento tan sucia e impura. La iglesia donde solía asistir me pidió que nunca volviera. El ministro dijo que no podía correr el riesgo de que sedujera a otros en su congregación. Siento como si el suicidio fuese mi única salida. Yo vivo con miedo y condenación total. ¿Será que debo matarme para encontrar paz?”

Ella se alejaba de mí, como si se sintiera demasiado impura para estar en mi presencia. Le pregunté si todavía amaba a Jesús. “Oh, sí”, respondió ella. “Cada hora del día, mi corazón clama a Dios. Amo a Cristo con todo en mí, pero estoy atada a este terrible hábito.”

Qué hermoso fue ver su cara iluminarse cuando le dije lo mucho que Dios la amaba, incluso en sus luchas. Le dije: “No vuelvas nunca a entregarte a tu pecado. Dios traza una línea justo donde estás. Cualquier impulso hacia Él es contado como justicia. Cualquier movimiento al otro lado de esa línea, lejos de Él, es pecado. Si nos acercamos a Él, Él se acerca a nosotros. ¡Sigue tu impulso espiritual! Sigue amando a Jesús a pesar de que aún no tienes la victoria total. Acepta diariamente Su perdón. ¡Vive un día a la vez! ¡Convéncete de que Jesús ama a los pecadores así que Él te debe amar a ti también!”

Ella sonrió con una sonrisa de alivio y dijo: “Sr. Wilkerson, usted es el primer ministro que me ofrece un rayo de esperanza. En lo profundo de mi corazón yo sé que Él todavía me ama y yo sé que me va liberar de esta esclavitud. Pero todos me han condenado tanto. Gracias por su mensaje de esperanza y amor”.

Lector de este mensaje, ¿Estás viviendo bajo condenación? ¿Has pecado contra el Señor? ¿Has contristado al Espíritu Santo en tu vida? ¿Estás librando una batalla perdida con una tentación abrumadora?

Todo lo que necesitas hacer es buscar en la Palabra de Dios y descubrirás un Dios de misericordia, amor y compasión infinita. David dijo: “JAH, si mirares a los pecados, ¿Quién, oh Señor, podrá mantenerse? Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado.” (Salmo 130:3-4).

miércoles, 15 de mayo de 2013

SU MISERICORDIA

Hemos de predicar sobre la misericordia del Señor a toda la humanidad. David dijo: “He publicado tu fidelidad y tu salvación; no oculté tu misericordia y tu verdad en grande asamblea.” (Salmo 40:10).

David no sólo se apropió de este maravilloso mensaje para sí mismo, él sabía que era sumamente necesario para toda la congregación y para un mundo que sufre. David estaba agradecido de Dios por tan grande amor, porque estaba rodeado de sus propios fracasos: “Me han alcanzado mis maldades” (Salmo 40:12). No importa cuán gravemente la gente haya pecado, Dios aun los ama. Por eso envió a Su Hijo. ¡Y eso es lo que deberíamos estar predicando al mundo!

¿Puedes decir con David: “No oculté tu misericordia en grande asamblea”?

Tal vez uno de los versículos más citados y cantados en toda la Palabra de Dios es éste: “Porque mejor es tu misericordia que la vida; mis labios te alabarán.” (Salmo 63:3). Te puedes preguntar, “¿Qué quiere decir con que Su misericordia es mejor que la vida?” ¡La vida es corta! Se desvanece como la hierba, que está aquí una temporada y luego desaparece. Sin embargo, su misericordia perdurará para siempre. En mil millones de años a partir de ahora, Jesús será tan tierno y cariñoso con nosotros como lo es ahora. Pueden quitarte la vida, pero no pueden quitarte Su misericordia.

La mayor proclamación de Su misericordia es la alabanza gozosa. Detente y piensa por un momento: Dios no está enojado contigo. Si estás listo para renunciar a tus pecados, puedes ser perdonado y restaurado en este mismo momento.

La Palabra dice que nada puede interponerse entre el Señor y nosotros: ni pecado, ni culpa, ni pensamientos condenatorios. Puedes decir: “Mi vida es una bendición para el Señor, y puedo regocijarme y alabar a Dios. ¡Estoy limpio, libre, perdonado, justificado, santificado y redimido!"

Si realmente entendieras lo tierno Él es hacia ti, lo paciente, lo cariñoso, lo dispuesto a perdonar y bendecir, no serías capaz de contenerte. ¡Gritarías y lo alabarías hasta quedar sin voz!

Amado, Jesús viene, y estamos listos para irnos. Tienes un Padre tierno y amoroso que se preocupa por ti. Él ha guardado cada lágrima que has derramado. Él ha visto cada necesidad y sabe cada pensamiento, y ¡Él te ama!

martes, 14 de mayo de 2013

EL HIMNO DE VICTORIA

¡Los hijos de Israel estaban en una situación imposible!

El Mar Rojo estaba delante de ellos, las montañas a su izquierda y su derecha, y Faraón con sus carros de hierro se acercaban por detrás. El pueblo de Dios parecía desamparadamente atrapado, como presa fácil esperando ser cazada. Sin embargo, lo creas o no, Dios deliberadamente los había conducido a este lugar precario.

Había pánico en el campamento de Israel. Los hombres temblaban de miedo, y las mujeres y los niños lloraban mientras se agrupaban alrededor de los abuelos y otros parientes. De repente, Moisés fue rodeado por airados jefes de familia que gritaban: “¡Sin duda este es el fin! ¿No había suficientes sepulcros en Egipto para enterrarnos allí? ¿Tenias que sacarnos hasta aquí para morir? Te dijimos en Egipto que nos dejes tranquilos. ¡Era mejor ser esclavos allí que morir en este miserable desierto! “ (Ver Éxodo 14:10-12)

Me pregunto si incluso Moisés tuvo un momento de turbación acerca de sus circunstancias. Sin embargo, cuando este hombre de Dios clamó, el Señor parece haberle reprendido: “¿Por qué clamas a mí?” (Éxodo 14:15).

¡Nadie en Israel podía imaginarse la gran liberación que Dios iba a traer! De repente los vientos separaron el mar, y las personas caminaron en medio de las olas divididas en tierra seca. Cuando faraón y su poderoso ejército trataron de seguirlos, las aguas comenzaron a embravecer otra vez, rodeándolos y ahogando a todos!

Qué espectáculo debe haber sido cuando el pueblo de Dios se dio vuelta a mirar desde el otro lado y vio a su poderoso enemigo destruido como soldaditos de plomo. Entonces, una canción se elevó en el campamento cuando se dieron cuenta, una vez más, que Dios los había librado de circunstancias imposibles. La Escritura registra su reacción y la canción que cantaron:

"Entonces cantó Moisés y los hijos de Israel este cántico a Jehová, y dijeron: Cantaré yo a Jehová, porque se ha magnificado grandemente; Ha echado en el mar al caballo y al jinete. Jehová es mi fortaleza y mi cántico, Y ha sido mi salvación. Este es mi Dios, y lo alabaré; Dios de mi padre, y lo enalteceré." (Éxodo 15:1-2).

PRAYING PAYSON

El Dr. Edward Payson, conocido como “Payson, hombre de oración” fue un pastor en Portland, Maine, Estados Unidos, hace casi 200 años. En 1806, pocos años después de la Declaración de Independencia, América fue devastada por una depresión severa. Fue un período oscuro y Dr. Payson, quien registró vívidamente la tragedia en su área, escribió:

“Los negocios se han estancado, muchos están quebrando. Cientos...han sido despedidos ​​de su trabajo y son indigentes. Me estremezco por mi pobre país. Me temo que nuestros pecados han ayudado a hacer descender el juicio sobre nosotros. Algunos de nuestros maravillos jóvenes convertidos lo han perdido todo y les han quitado sus hogares; pero le hace bien a mi corazón verlos alegres y tranquilos pese a todo. Otros, que no tienen a Dios, han perdido la razón, se preocupan incesantemente, y al parecer se están muriendo por la herida de sus corazones”.

El Dr. Payson y su congregación sufrieron el despojo de todos sus bienes. El propio Dr. Payson vivía con sólo centavos en esos momentos difíciles. El 28 de diciembre de 1807, en una carta a su madre, escribió:

“Las condiciones empeoran. Un gran número de comerciantes ricos ahora viven en la pobreza. Las empresas están quebrando a diario. El asilo para pobres ya está lleno, y cientos aún necesitan ser mantenidos. Muchos de los que fueron educados en opulencia ahora dependen de los demás para su comida diaria.

"Quizás, madre, te afligirás por mí y dirás: ‘¡Pobre Edward!’ Pero con mayor razón ahora puedes regocijarte en mi nombre, y decir: ‘¡Rico Edward!’. Bendito sea Dios, mi fe no se basa en esos cimientos tambaleantes como para ser sacudida por estas conmociones. Dios me mantiene tranquilo, resignado, e incluso feliz en medio de todos estos problemas. No quiero decir que no siento dolor, sí lo siento. Todas mis esperanzas en este mundo han sido destruidas. En estas circunstancias, es imposible no sentir dolor. Pensé que sabía de antemano que no hay que confiar en este mundo y que sus goces son pasajeros...pero estos tiempos difíciles me han enseñado a desprenderme de las cosas materiales y buscar las cosas de Dios. Es mi oración, que si Dios tiene alguna bendición de este mundo reservada para mí, Él se complacerá en darme su gracia en lugar de ello”.

Edward Payson había dejado de tratar de correr la carrera de la vida por su cuenta (ver Hebreos 12:1). Podía aceptar con alegría el despojo de todo lo que poseía, porque estaba en este mundo pero no era de él.

“Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.”(2 Corintios 12:9).

domingo, 12 de mayo de 2013

COSAS MAS GRANDES ESTÁN POR VENIR by Gary Wilkerson

Dios quiere hacer grandes cosas a través de nosotros. Quiere expresar Su amor al mundo a través de nosotros. Así que si estamos aferrándonos a una cosa que se interponga en el camino de lo que Él quiere lograr -alguna obstinación, alguna negativa de confiar en Él para todo- Él nos lo señala.

A veces Dios quiere que agreguemos algo a nuestras vidas antes de que Él traiga lo mejor. Esto puede implicar algo que no hemos hecho, por lo que Él quiere que nos preguntemos: “¿He tardado en responder a algo que Dios me ha pedido que haga?”

Encontramos un ejemplo de esto en Hechos, cuando los discípulos agregaron un nuevo miembro para reemplazar a Judas. Mientras estaban en el aposento alto, echaron suertes y escogieron a Matías. Parecía una cosa tan pequeña. Estos mismos hombres habían visto a Jesús obrar milagros, abrir los ojos de los ciegos, echar fuera demonios, incluso levantar a un hombre de entre los muertos. Habían visto el avance del reino de Dios en la tierra como nunca antes en la historia. Y cuando Cristo ascendió al cielo, les dio esta increíble palabra: “Ustedes van a hacer aún mayores obras, una vez que les envíe mi Espíritu. Él les dará el poder. Las cosas más grandes están por venir”(vea Hechos 1:1-8).

De hecho, estos mismos discípulos irían más allá de Israel y el Medio Oriente, Europa, India y África, predicando las buenas nuevas de Cristo a las naciones, todo en su generación. ¿Cuál era la importancia de agregar otro discípulo? Ellos lo hicieron por una simple razón: Pedro sintió que era algo que Dios quería que hicieran.

“En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos…y dijo: ‘Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas. . . y era contado con nosotros, y tenía parte en este ministerio’”(Hechos 1:15-17). Pedro se refirió al Salmo 109:8: “Tome otro su oficio”.

Aquí hay una gran lección para la iglesia de Cristo de hoy en día. Esto es, nunca ignores un conflicto inquietante del corazón, no importa cuán pequeño sea. Dios pone su dedo sobre estos asuntos por una razón: para revelar la respuesta de nuestro corazón a Él. ¡Las cosas más grandes están por venir!

jueves, 9 de mayo de 2013

TRATANDO CON LA DUDA

Si tú no tratas con tus dudas, serás entregado a un espíritu de murmuración y queja. Vivirás y morirás de esa manera. Tus dudas no pueden simplemente ser suprimidas, deben ser arrancadas de raíz.

Mira a Israel, tan sólo tres días después de su liberación de Egipto. Habían estado cantando, tocando sus panderetas y testificando del poder y la fuerza de un Dios poderoso, gloriándose de que Él los guiaba y protegía. Entonces llegaron a Mara, que significa: “aguas amargas”. Éste habría de ser el lugar de prueba para ellos.

Simplemente, Dios permite crisis sobre crisis, hasta que finalmente aprendamos la lección. Si no resistimos a aprenderla, llega el momento en el que Él nos entrega a nuestra amargura y murmuración. "…y anduvieron tres días por el desierto sin hallar agua...entonces el pueblo murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Qué hemos de beber?" (Éxodo 15:22, 24).

El domingo, los israelitas lo estaban pasando muy bien, cantando, danzando y alabando. Luego llegó el miércoles y tuvieron problemas; otra crisis y… ¡se estaban desmoronando!

¿Cómo puede un pueblo perder su confianza tan rápidamente? La respuesta es que nunca la tuvo, es decir, nunca tuvieron ese fundamento puesto debajo de ellos. Así que, otra vez, fallaron la prueba. No aprendieron absolutamente de sus crisis pasadas y otra vez perdieron una oportunidad de resplandecer en la grandeza de Su Dios.

Desde aquel día en adelante, Israel se quedó muy lejos de aprender algo de Dios. Incluso comenzaron a tomar Su bondad por sentada. No tenían comida, así que Él les envió maná del cielo. Envió codornices del cielo, apiladas un metro afuera del campamento. ¡Pero no se oyó ni una sola palabra de agradecimiento! En lugar de ello, el pueblo se tornó a la codicia, acaparando lo que Dios les proveía. ¡Israel se volvió dura de cerviz!

¡Oh, qué vergüenza es pasar crisis tras crisis y no aprender nada en el proceso! Trae consigo la maldición que serás entregado a un espíritu de murmuración.

miércoles, 8 de mayo de 2013

SANA MI INCREDULIDAD

"Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor." (Santiago 1:6-7).

El mundo está lleno de cristianos que no guardan la Palabra de Dios. Piensan que es algo inocente sentarse a la mesa en la casa de Dios y murmurar y quejarse, como si Dios no oyera. ¡Dios sí oye nuestras murmuraciones! Acusaciones que dicen que Él no se preocupa, insinuaciones que Él te ha abandonado.

Dios me ha advertido de no dar lugar a las dudas y temores persistentes, sea que vengan de mi esposa, de mis amigos, de mis seres queridos o de mis colegas. Dios dice que tome esas dudas a la cruz y diga: “Jesús, sana mi incredulidad, llévatela”.

Israel pasó cuarenta años en el horno, murmurando, quejándose, llenos de amargura y celos. ¡Qué existencia tan miserable llevaban ellos, mientras decían ser hijos de Dios, creyéndose santos!; pero éste era el testimonio de ellos, no de Dios.

Debemos llegar al lugar en el que confiemos en Él. Si lo aprendemos ahora, la siguiente vez que venga una crisis, ¡cantarás y gritarás alabando a tu Libertador! ¡Oh! la victoria estará ahí, pero hay algo más importante: habrás dado un golpe mortal a toda duda, temor e incredulidad.

¿Dónde comienzas? Mirando directamente al espejo de la Palabra de Dios. Considera tus palabras y acciones de los últimos treinta días: ¿Has estado murmurando quejándote?; quizás respondas: “sí, ¡pero no he murmurado contra Dios!”; ¡Oh, sí que lo has hecho!, no importa dónde o de quién te quejas, siempre está dirigido a Dios.

En cada lugar que busco en mi Biblia, veo: “Confía en mí y te ayudaré. Sólo encomienda tus caminos a mí”. ¿Qué se necesita?; simplemente esto: Estar quietos y ver la salvación del Señor. Tu preguntarás: “¿Pero qué si nada sucede?” Esa pregunta refleja duda y temor.

Amado, tórnate a Dios hoy y dile: “Señor, he hecho todo lo que sé hacer en mi situación, de todas formas, sé que no hay nada que pueda hacer para arreglar el problema. Confiaré en Ti y esperaré Tu victoria”.

Que Dios haga de ti, un testimonio para el mundo, un testigo de Su fidelidad. Ámalo con todo tu corazón ahora mismo. ¡Entrégale todo tus problemas, toda tu fe y toda tu confianza!

martes, 7 de mayo de 2013

UN CÁNTICO EN MEDIO DE TIEMPOS DIFÍCILES

"Y los que nos habían llevado cautivos nos pedían que cantásemos, y los que nos habían desolado nos pedían alegría, diciendo: Cantadnos algunos de los cánticos de Sion. ¿Cómo cantaremos cántico de Jehová en tierra de extraños?" (Salmos 137:3-4).

El pueblo de Dios se encontraba en el lugar más difícil que haya estado jamás. Y mientras eran llevados, sus captores les pidieron un cántico. Sin embargo, ya no quedaba vida en ellos, sólo depresión, desesperación y desesperanza.

Hoy, multitudes de cristianos están en la misma posición. Quizás has sido atrapado por tus circunstancias o el diablo te está atacando con una antigua tentación. Estás a punto de rendirte y piensas: “No lo lograré, a pesar de todo mi clamor y oración, ¡esa vieja atadura me perseguirá para siempre!”.

Cuando Israel cayó en la esclavitud de Babilonia, sus captores les gritaban: “¡Canten para nosotros! ¡Toquen para nosotros!; hemos oído todo acerca de ustedes y de lo que su Dios ha hecho por ustedes. Ahora, ¡tomen sus panderetas y saquen sus arpas. Toquen una canción para nosotros, ¡Muéstrennos el gozo en su Dios! ”

No creo que esta petición haya sido hecha sólo como burla. Creo que también se trataba de una rogativa lastimera. Los dioses de los babilonios los habían dejado vacíos y secos. No tenían esperanza. Pero habían oído a Israel cantando a su Dios, un Dios que los había llevado a través de circunstancias imposibles. Ellos decían: “Este pueblo tiene un Dios que puede abrir un mar para ellos, Su fuego viene desde el cielo y Él se enfrenta a sus enemigos. ¡Tiene que haber algo especial en el Dios de ellos!”

Como todo el mundo, ellos querían ver un pueblo que después de resistir los mismos problemas que ellos habían resistido y después de enfrentar las mismas batallas que ellos habían enfrentado, ¡pueda cantar y gritar y mantener su fe en la hora más oscura! Los babilonios exigían un cántico porque hay algo en el corazón de toda persona que clama: “¿Dónde hay, en la faz de la tierra, algo que pueda hacerte cantar, incluso cuando lo has perdido todo?” ¡Ellos necesitaban un testimonio! Es importante que los hijos de Dios, donde sea que se encuentren, en cualquier momento, cante los cánticos de Sion: “Dios, Yo Te creo, sin importar lo que esté sucediendo!”

El mundo nos está gritando: “¡Ustedes pueden mostrarnos un milagro! Lo que nos impresiona no es que el Mar Rojo se haya abierto; ni que los ciegos vean o los cojos caminen; sino que pueden ver la hora más oscura de su vida, una situación sin esperanza alguna para toda lógica humana, y aun así sonreír con gozo y cantar alabanzas a Dios. Ése es el milagro que queremos ver”.

lunes, 6 de mayo de 2013

SERVICIO

El orgullo es repelido ante la idea del servicio. Hoy, todos quieren ser cualquier cosa menos siervos. Un popular juego de niños en Estados Unidos se llama “Los Amos del Universo”. Pero esto también se está volviendo la teología de muchos cristianos. Mencionamos esta escritura: “Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo” (Gálatas 4:7). Lo que realmente Pablo está diciendo es que un hijo al que se le ha enseñado correctamente, sabe que legalmente es el hijo del rey con todos los derechos, pero ama tanto a su padre que elige el rol del siervo. Pablo dijo también que él era “siervo de Jesucristo” (Romanos 1:1) y Santiago se llamó a sí mismo “siervo de Dios y del Señor Jesucristo” (Santiago 1:1).

Un siervo no tiene voluntad propia; la palabra de su señor es su voluntad. La cruz representa la muerte de todos mis planes, ideas, deseos, esperanzas y sueños. Y principalmente, significa la muerte absoluta de mi propia voluntad. Ésta es la verdadera humildad. “…se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:8). Él le había dicho a Sus discípulos: “Mi comida (el cumplimiento de mi vida) es que haga la voluntad del que me envió” (Juan 4:34). En otras palabras, “Renuncio a tomar acción con mis propias manos. ¡Esperaré hasta oír cada instrucción de Mi Padre!”.

Juan escribió: “…como él es, así somos nosotros en este” (1 Juan 4:17). Todo verdadero Cristiano debe estar dispuesto a decir: “Yo quiero verdaderamente hacer Su voluntad”. Pero aquí es precisamente donde erramos. Fijamos nuestros corazones en algo que queremos, algo que se ve bien, que suena lógico, pero no es la voluntad de Dios. Ayunamos, oramos e intercedemos, derramamos un mar de lágrimas, lo reclamamos, citamos la Biblia y hacemos que otros estén de acuerdo con nosotros.

Una de las mayores trampas para los cristianos es una “buena idea” que no está en la mente de Dios, una “buena estrategia” que no es de Dios, un “plan bien elaborado” que no es Suyo. ¿Puede tu deseo sobrevivir a la cruz? ¿Puedes alejarte de ello y morir a ello? Debes ser capaz de decir con honestidad: “Señor, quizás no es el diablo el que me está deteniendo, sino Tú. Si esto no es Tu voluntad, me podría destruir. Me rindo ante la cruz. ¡Hazlo a tu manera, Señor!

domingo, 5 de mayo de 2013

UNA FE TENAZ by Gary Wilkerson

“¿He dejado de hacer algo que Él me pidió que hiciera? No quiero que nada en mi vida impida lo que Dios quiera hacer.”

Dios siempre está trayendo a Su pueblo a este punto. ¿Por qué? Porque antes de llevarnos al mejor lugar, Él debe hacer algo en lo profundo de nosotros. Él quiere darnos Su victoria, pero Él también desea nuestra completa devoción.

Los primeros capítulos de Josué describen la obra gloriosa que Dios hizo entre Su pueblo durante algunos años: Israel había sido liberada después de 400 años de esclavitud; posteriormente, tuvieron que pasar 40 años de divagar en el desierto; y, después de todo esto, Dios los bendijo.

Ahora Israel se encontraba en la frontera de Canaán, la tierra que fluye leche y miel, que Él había prometido años atrás. Al cruzar la frontera sucedió algo: Josué se dirigió inmediatamente a la generación más joven de hombres y los apartó para Jehová. La Escritura usa el término “circuncidó” para referirse a su preparación, pero el significado más profundo es: “Ellos fueron preparados”.

¿Por qué hizo esto Josué? Ahora que habían cruzado, enfrentaban los gruesos e impenetrables muros de Jericó. Vencer a este enemigo habría sido imposible para los sencillos israelitas. Sin embargo, Dios les estaba diciendo: “Yo los he bendecido todos estos años recientes. Ustedes han experimentado Mis increíbles riquezas. Pero su labor aún no acaba”.

¿Cómo se prepararon los israelitas para esta batalla? No afilaron sus espadas ni lustraron su armadura. En lugar de ello, la preparación se llevó a cabo dentro de sus corazones. Dios les ordenó que rodeen la ciudad cantando cánticos, orando y esperando en Él. Finalmente, los hizo tocar sus trompetas y gritar con gran vocerío. ¡En un instante, aquellos muros poderosos se desmoronaron!

Después de eso, Josué y sus hombres hicieron grandes proezas, derrotando a sus enemigos, heredando tierras más grandes y viendo victorias como nunca antes. Josué hizo algo que ni siquiera Moisés había hecho; derrotó a treinta y un reyes. Es decir, diez más de los que Moisés había derrotado. Yo creo que ésta es una figura de lo que el Señor quiere hacer en nuestras vidas. Él quiere traer un aumento décuplo (diez veces mayor), derramar Su Espíritu de manera asombrosa y que nosotros creamos que Él quiere hacerlo todo. En pocas palabras Él quiere que poseamos una fe tenaz e inconmovible.

jueves, 2 de mayo de 2013

ÉL NO AMENAZABA

Aquí hay una verdad asombrosa relacionada con el sufrimiento de Cristo: “Cuando era maldecido, no replicaba con una maldición; padeciendo, no amenazaba” (1 Pedro 2:23).

¡Qué tremenda declaración!: “padeciendo, no amenazaba”. Ni una sola vez se defendió de los que le maltrataban. Él no castigó ni se vengó de nadie.

¡Qué distinto a nosotros! Nosotros amenazamos cuando el sufrimiento se vuelve insoportable, nos defendemos, constantemente protegemos nuestros derechos y reputación, y lo peor de todo, amenazamos a Dios. Es una cosa muy sutil, y la mayoría de nosotros no somos conscientes de lo que estamos haciendo. Cuando nuestras oraciones no son respondidas, cuando los problemas y desastres golpean de nuestras vidas, cuando parece que el Señor nos ha decepcionado y terminamos solos y heridos, nos alejamos de Dios. Descuidamos la oración y la lectura de la Biblia. Todavía le amamos, pero dejamos nuestro celo. Empezamos a distanciarnos y nuestra fe se apaga, se vuelve inactiva. Todas esas respuestas son amenazas contra el Señor.

Cada vez que retrocedemos en la búsqueda del Señor con todo nuestro corazón, lo estamos amenazando. Es una manera sutil de decir: “Señor, hice lo mejor que pude y Tú me decepcionaste.”

El Señor tiene infinita paciencia con aquellos de nosotros que sufren. Espera con amor hasta que regresemos a Su tierno cuidado. Pero esto puede convertirse en una forma de vida, una amenaza a la fidelidad de Dios, si nos negamos a despertar y renovar nuestra fe y esperanza en Él. Algunos se desilusionan tanto, que ceden a sus deseos y pasiones. Se entregan a sus deseos porque la batalla parece tan imposible, que es su manera de decir: “¿De qué sirve? Le pido a Dios que me ayude, que me libre, pero la ayuda nunca llega. Todavía tengo esta cosa en mí, después de todas mis lágrimas y oraciones.”

Finalmente todo se reduce a esto: “Tengo el derecho de hacerlo, porque he sido herido profundamente.” Es una amenaza a Dios, una manera de vengarse de Él por no responder la oración a tiempo.

¡Amados, hay esperanza! ¡El Señor de los Ejércitos está con nosotros! Sólo Él es nuestro guardador, no dejará que sus hijos resbalen o caigan. Él nos sostiene en la palma de su mano.

Hagamos lo que Cristo hizo. Él “se encomendaba al que juzga justamente” (1 Pedro 2:23). "Encomendarse" es poner tu vida completamente en sus manos. Renunciar a tu lucha, dejar de tratar de lograr algo en tu propia fuerza, y encomendar el cuidado de tu cuerpo y alma al Señor de los Ejércitos!

miércoles, 1 de mayo de 2013

DIOS TODAVÍA ESCOGE AL DÉBIL

“Sino que lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios, y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a los fuertes;” (1 Corintios 1:27).

Dios todavía elige al débil para revelar Su fuerza. ¿Alguna vez te has afligido por tu debilidad? ¿Te has sentido insignificante, frágil e inútil para Dios? ¿Has mirado a otros que parecen ser tan fuertes y perfectos, y en comparación a ellos has pensado de ti mismo que eres demasiado pecador y lerdo para ser usado por Dios? Dios no está buscando gigantes espirituales, sino más bien está buscando santos comunes y corrientes, con la fe de un niño y que hayan perdido toda la confianza en la carne.

Dios va a confundir a los fuertes y sabios ungiendo como Sus instrumentos a los que se consideran débiles y tontos. El Señor pasará por alto a aquellos que confían en el brazo de la carne, quienes confían en su talento, sus conocimientos, su experiencia o su reputación familiar. En lugar de eso, levantará a los abatidos, a los débiles y cansados. El derramará sobre ellos un espíritu de alabanza y un bautismo de amor. Les mostrara Su grandeza, Su fidelidad, Sus pactos, y ellos llegarán a ser fuertes en el Señor y en el poder de Su fuerza.

¿Hay un espíritu en ti que te impulsa a lugares nuevos y más altos en el Señor? ¿Hay un fuego por Dios encendido en tu interior? ¿Sientes un acercamiento a una fe y confianza renovada en Dios? ¡Se agradecido! ¡Esa es la llamada de Jesucristo el Señor!

Sus promesas para nosotros son grandes y preciosas: “¡Cuán grande es tu bondad que has guardado para los que te temen, Que has preparado para los que en ti confían, Delante de los hijos del hombre! En lo secreto de tu presencia los esconderás de intrigas humanas. En un refugio los guardarás de las contiendas de la lengua.” (Salmos 31:19-20).

“Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios preparó para los que lo aman, pero Dios nos las reveló por medio del Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun las profundidades de Dios.” (1 Corintios 2:9-10).