jueves, 31 de marzo de 2011

FUE RESUELTO EN LA CRUZ

Debemos de una vez por todas entender lo que Cristo hizo por nosotros en la cruz. Él quitó para siempre aquello que ofende el ojo santo de Dios para que tengamos el derecho a estar en su presencia por la eternidad. Somos aceptados en la presencia de Dios y no hay nada en contra de nosotros en el corazón de Dios.

No dé un paso más hasta que usted aprenda la eficiencia de la sangre de Cristo - ¡Usted ha sido perdonado totalmente! La cruz nos limpió ante los ojos de Dios. Puede que nosotros nos olvidemos de esto pero Él nunca lo hará. El velo fue rasgado para darnos acceso a Dios y con ello, Él nos dice “¡Tú eres aceptado! Entra confiadamente a mi trono porque ahora tú eres mío en el Amado.”

Si Dios está satisfecho, ¿por qué no lo deberíamos de estar nosotros? Este es un asunto que debe de ser resuelto. ¿Hay alguna cosa que lo separe a usted de su Padre en los cielos? Puede que usted diga, “¡Mi corazón me condena! He dicho y he hecho cosas que entristecerían al Espíritu. Me siento indigno y los cielos parecen estar hechos de metal.” A todo esto, usted puede contestar, “¡Pero Dios es más grande que mi corazón!”

¿Odia usted sus pecados? ¿Los ha confesado? ¿Cree usted que a través de Jesús, “Se anuncia perdón de pecados” (Hechos 13:38)?

Aquí es donde muchos cristianos fallan. Ellos viven con miedos y ataduras innecesarias porque no entienden la victoria de la cruz. Ellos están limpios ante los ojos de Dios y Él está totalmente satisfecho por el sacrificio de Cristo, pero ellos no lo saben. Nada impide el acceso ante Él excepto nuestro temor y falta de conocimiento. Cuando el velo fue partido, ¡Dios salió a encontrarse con usted y conmigo! ¡Nosotros nos acercamos a Él – y Él sale por nosotros!

¡Cuán increíble! Nosotros ofendemos a Dios pero él está tan ansioso de hacernos puros ante sus ojos que envía su propio sacrificio por nuestros pecados. El pecado fue juzgado y la ofensa fue removida. Ahora Dios puede decir, “Nunca más me acordaré de sus pecados ni de sus maldades” (Hebreos 8:12). ¡Él mismo quitó la distancia que había!

Dios no está queriendo imputar pecados en contra nuestra. En su lugar, Él busca reconciliarnos consigo mismo. Él desea que vivamos en la bendición de saber que el tema del pecado fue resuelto para siempre en la cruz.

miércoles, 30 de marzo de 2011

LA GRAN INTENCIÓN QUE DIOS TIENE PARA SU PUEBLO

A partir de la cruz, yo creo que Dios ha tenido una gran intención para con su pueblo y que no cambiará hasta que Cristo retorne en gloria. Dicha intención de Dios tiene que ver con entender el misterio del evangelio, el cual fue revelado primero al apóstol Pablo y por tanto, éste ya no es más un misterio.

Pablo dijo, “Pues por revelación me fue declarado el misterio…el cual en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado…por el Espíritu…Y de aclarar a todos cuál sea el plan del misterio…” (Efesios 3:3-9).

El misterio revelado es simplemente este: ¡El cuerpo de Cristo está todavía aquí en la tierra! La cabeza está en el cielo pero el resto de su cuerpo está aquí mismo en la tierra. Nosotros, los que lo amamos y lo servimos somos su cuerpo, la parte visible, la parte de Cristo que los hombres ven en la tierra.

“Porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos” (Efesios 5:30).“Él es también la cabeza del cuerpo que es la iglesia…” (Colosenses 1:18).

La completa intención de Dios para estos últimos días puede ser resumida en esta frase: Ya que somos el cuerpo de Cristo en la tierra, ¡la intención de Dios es que cada miembro llegue a ser una verdadera expresión de quién es Cristo!

Dios quiere que nosotros expresemos tal completa plenitud de Cristo que cualquier pecador pueda ver en nosotros al Señor Jesucristo explícitamente como si él estuviese caminando aquí en carne y hueso. Tenemos que apropiarnos tanto de su plenitud, de su gloria, de su totalidad, para que el mundo vea en nosotros la esperanza y las respuestas a sus necesidades.

No es suficiente conocer a Cristo. ¡Debemos ser una expresión completa de lo que él es! Debemos de mirar a cada cosa que decimos y hacemos, y preguntarnos: “¿Representa esto a lo que Cristo es? ¿Es esto lo que quiero que el pecador vea de Cristo a través de mí?” Cristo en su cuerpo físico, ¿entraría a un teatro de películas prohibidas para menores? ¿Se detendría a mirar en una venta de material pornográfico? ¿Abusaría Cristo su cuerpo de alguna manera? ¿Se deleitaría en adulterio, fornicación, en bebidas alcohólicas? ¿Engañaría, chismearía, contaría chistes colorados, o mentiría? ¿Viviría Cristo falsamente, y luego trataría de predicar la verdad? ¿Trataría él de ministrar luz con un puñado de tinieblas escondido en su bolsillo? ¿Le diría a otros que no deben de cometer adulterio, para luego hacerlo él en secreto?

Debemos mantener continuamente delante de nuestros ojos esta gran intención de Dios – ¡que nosotros, su cuerpo, reflejemos pura y honestamente quién es él! Proponga en su corazón ser una verdadera expresión de quién es Jesús.

martes, 29 de marzo de 2011

EL PECADO DE MEZCLAR

Ni en el Antiguo Testamento encontramos nada tan fuerte como las advertencias que Pablo hace en contra de la afinidad con el mundo:

“No os unáis en yugo desigual con los incrédulos, porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión, la luz con las tinieblas? ¿Qué armonía puede haber entre Cristo y Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Y vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo” (2 Corintios 6:14-16).

En el Antiguo Testamento cuando Dios quería revelar el poder de su presencia ante los malvados Egipcios, él trazó una línea de separación, separando al pueblo de Dios en Gosén del resto de Egipto.

“Pero Jehová hará distinción entre…Israel y…Egipto…porque yo enviaré esta vez todas mis plagas sobre tu corazón…para que entiendas que no hay otro como yo en toda la tierra” Éxodo 9:4, 14).
Dios quiere que el mundo vea la diferencia entre su pueblo que lo ama y el resto del mundo incrédulo. Él quiere que seamos un ejemplo de ser un pueblo liberado y victorioso, confiando en Su brazo poderoso para que nos libre de todo daño y maldad.

Las razones hoy en día para que nos separemos del mundo (Egipto), son las mismas de tiempo antiguo. Dios está nuevamente trazando la línea entre su pueblo y este siglo malvado para que esta generación pueda saber que en toda la tierra no hay ninguno que pueda liberar como él . Los malvados de este siglo necesitan tener una manifestación aún más grande de la presencia del Señor. Ninguna otra cosa les llamará la atención. Ninguna otra cosa los golpeará para convencerlos del pecado. ¡El Espíritu Santo ha sido derramado, para que toda carne pueda estar bajo el poder de la presencia de Cristo y ser convencidos de sus pecados, de justicia y de juicio!

Hablando acerca de sus verdaderos discípulos, él dijo, “No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo” (Juan 17:16). Y otra vez, “Yo os elegí del mundo, por eso el mundo os odia” (Juan 15:19).

El mundo ama a los suyos, pero nosotros no somos del mundo. Que Dios nos ayude a aceptar alegremente nuestro carácter especial de separación y diferencia. ¡Sólo aquellos que están verdaderamente sin mezcla con el mundo y que se han separado para Cristo tendrán poder para salvarlo!

“Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él” (1 Juan 2:15).

lunes, 28 de marzo de 2011

LA VENIDA DE JESÚS

Creo que Jesús viene muy pronto. Vemos que el Señor reúne a las naciones contra Israel. Los eventos se mueven rápidamente hacia el Armagedón.

"Cuando veáis todas estas cosas, sabed que está cerca, a las puertas". (Mateo 24:33). "Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles del cielo, sino sólo mi Padre" (v. 36).

Todas las señales apuntan a una guerra en Medio Oriente contra Israel. De la confusión en los países árabes vendrá un llamado a la unidad para destruir a Israel. Estamos contemplando el cumplimiento de las profecías de las que hemos predicado y escuchado frecuentemente.

Los que conocen las Escrituras tienen ese profundo sentir del Espíritu Santo acerca de la venida del Señor. Escuchamos el llamado del Espíritu Santo que mora en nosotros, gritando, "Sí, Señor Jesús, ven." Jesús dijo:

"Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor" (v. 42).
"Por tanto, también vosotros estad preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora que no pensáis" (v. 44).
"Dichoso aquel siervo a quien su Señor, cuando venga, lo encuentre haciendo así" (v. 46).
Amado, ¿tiene este sentir, percibe usted que nos encontramos en el final de los últimos días?¿Comparte el anhelo por su retorno?

Alce la vista, ¡nuestra redención está cerca!

domingo, 27 de marzo de 2011

EXPERIENCIA VERSUS ESCRITURAS

He leído esta declaración del misionero George Bowen, escrita hace más de 150 años:

"TODAS LAS EXPERIENCIAS HUMANAS DE LOS CRISTIANOS DEBEN SER PUESTAS A PRUEBA EN LAS ESCRITURAS".

A través de esta declaración, Bowen estaba por ejemplo cuestionando, ¿pueden nuestros más profundos temores justificarse en las Escrituras? ¿Acaso se respalda nuestra fe vacilante en las éstas? ¿Puede igualmente ampararse algún tipo de duda ente las Escrituras?

Cuando las circunstancias se vuelven abrumadoras y la duda entra a nuestros corazones, tenemos la tendencia de justificarla debido a lo difícil de las experiencias que estamos viviendo. Sentimos dolor, contamos con aflicciones de todo tipo y pruebas apabullantes. La pregunta es: ¿Cómo reaccionar ante todo esto? ¿Se justifica nuestra reacción en las Escrituras?

¿Qué está enfrentando en su vida hoy?, ¿problemas financieros?, ¿desempleo? ¿problemas de salud?, ¿ataques de ansiedad?. ¿Cómo trata usted con ello?, ¿acaso su reacción presente ante estos problemas se justifica en Escrituras? Por ejemplo, las Escrituras establecen que: "El que duda es semejante a un barco sacudido por las olas." ¿Lee usted por encima de esta Escritura y continúa dudando debido a las duras experiencias que le aquejan?

He dudado muchas veces cuando mi situación parecía irremediable. Sin embargo, cada vez confío más en que el Espíritu Santo conformará mi experiencia a lo que dicen las Escrituras. Las Escrituras triunfan sobre la experiencia.

Dios nos ayude a examinar todos nuestros sentimientos con base en la Palabra de Dios. Pregúntese: "¿Esta reacción es bíblica? ¿Están mis emociones a la altura de la Palabra?". Si no es así, ore por la fuerza para admitirlo y hacer los cambios pertinentes.
¡Mantenga la fe!

jueves, 24 de marzo de 2011

ENTRA EN EL ARCA

John Owen, el gran predicador puritano, dijo el siguiente mensaje a su congregación el 9 de abril 1680:

“Ustedes saben que durante muchos años, sin fallar, les he estado advirtiendo continuamente que se acerca un tiempo de gran calamidad, y teniendo en cuenta los pecados que han sido la causa de ella... les he dicho que el juicio comenzará en la casa de Dios. Dios parece haber endurecido nuestro corazón a su temor... y nadie sabe lo que el poder de su ira será. En todas estas cosas les he pronosticado peligro, tiempo de angustia y de gran calamidad... Todo esto se encuentra a la puerta y entrará por nosotros”.

Dios envió su terrible juicio sobre la sociedad. John Owen vivió para llorar por el holocausto de fuego que afectó a Londres. Sin embargo, antes de que él viera acontecer una sola de esas calamidades, Owen fielmente clamó desde el púlpito: "Voy a mostrarles cómo deberíamos portarnos en y bajo las angustiantes calamidades que están viniendo sobre nosotros y que pueden alcanzarnos… ¡hasta el cuello!"

Queridos hermanos, estamos viviendo en un tiempo como el de Owen. Y en tiempos como éstos sólo hay una respuesta a la tormenta que se avecina: "¡El justo por la fe vivirá!"

Owen amonestó a su pueblo con lágrimas: "Consigan un arca, preparen el arca para su seguridad y la de sus familias." Luego agregó: "El arca es Jesucristo. No hay otra manera, ninguna otra arca; el profeta Isaías dijo de nuestro Señor: “Y un hombre [Cristo] será como un refugio contra el viento, y un refugio contra el turbión, como ríos de agua en un lugar seco, como las sombras de un gran peñasco en tierra calurosa”. ¡Él es nuestra arca! Bienaventurados los que confían sólo en Él... No conozco de ninguna otra seguridad o liberación de las pruebas y aflicciones que sobrevendrán sobre la tierra sino el creer en Cristo como nuestro único refugio."

Podemos ver peligros por todas partes, incluyendo al diablo y a sus principados que quieren ahogar nuestra fe con dudas. Pero a nuestro alrededor tenemos una gran guardia de ángeles y un Dios quien ha pactado guardarnos ante cualquier calamidad que enfrentemos.

Así que déjeme preguntarle, ¿quiere hacer frente a la tormenta que viene con quietud, confianza y con paz en su mente? Entonces desista hoy de sus propios caminos y medios para salvarse a sí mismo y comprométase a entregar su vida por completo al cuidado de Dios. Él es bueno con usted, es su buen Pastor y ¡Él es fiel para ver por usted ante cualquier circunstancia!

Fije su mirada en Jesús. Sólo Él es nuestra esperanza.

miércoles, 23 de marzo de 2011

DIOS ES GALARDONADOR

Hay muy poco propósito en orar si nosotros no creemos sinceramente que Dios es galardonador de los que le buscan.

Estoy convencido de que Dios se complace en dar muestras de su bondad a sus hijos amados. David el salmista insistió en que Dios es generoso y compasivo, que su misericordia es grande y que para Él es imposible rechazar a cualquiera que le pide su ayuda. Dios se alegra al perdonar los pecados y siempre es propicio.

Uno de mis pasajes favoritos de la Biblia es el Salmo 31:19-20,"¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, que has mostrado a los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres! En lo secreto de tu presencia los esconderás de la conspiración del hombre; los pondrás en tu Tabernáculo a cubierto de lenguas contenciosas."

¡Piense en ello! Primero Dios dice que debemos creer que Él recompensa nuestra fe, entonces, el salmista nos dice: "Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen... y los que confían en Ti.”

Dios cuenta con un inmenso almacén de bondad, bondad reservada para su pueblo, no sólo cuando nos encontremos en su gloria, sino para ahora ¡en nuestro diario caminar!

Mi oración en este devocional es: "Señor, te comprometiste a premiar mi fe si confío en ti delante de los hijos de los hombres. Necesito lo que prometiste. Necesito nuevas fuerzas y nuevas esperanzas. Necesito más de la paz que sobrepasa todo entendimiento. Señor, sólo te pido lo que has prometido. No hay bondad más alta que tener una nueva manifestación de tu dulce presencia. Esto es lo que deseo como mi recompensa.”

martes, 22 de marzo de 2011

RECORDANDO ANTERIORES BONDADES DE DIOS

Nada contribuye más eficazmente a animarnos a venir al trono de la gracia que recordar las bondades de Dios para con nosotros en el pasado.

Si no hubiésemos sido enseñados a creer a partir de las experiencias del pasado, nuestra fe sucumbiría ante la adversidad y el dolor ahogaría nuestro corazón. Estas experiencias nos ayudan a creer que Él escuchará las oraciones de su pueblo y que siempre, tal como lo hizo con compasión en el pasado, lo hace hoy y lo hará en el futuro.

¿Qué ha hecho Dios por usted en el pasado? ¿Cuál es la historia de su caminar con Él en los últimos años? ¿Acaso no ha mantenido Él su Palabra? ¿Alguna vez Él ha dejado de cumplirla?

"¿No volverás a darnos vida, para que tu pueblo se regocije en ti?" (Salmo 85:6).

Esta ha sido mi oración: "¡Señor, hazlo de nuevo! ¿Avivamiento? Hazlo de nuevo. ¿Fuerza, refrigerio del Espíritu Santo? ¡Señor, hazlo otra vez! ¿Los milagros del pasado? ¡Señor, hazlo otra vez! "

Vaya de vuelta directamente a la Ley y oiga lo que se revela de Su naturaleza: "Y el Señor pasó por delante de él, y exclamó: El Señor, el Señor Dios, misericordioso y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebeldía y el pecado... "(Éxodo 34:6-7).

¡Eso es lo que Dios fue, es y será! Dios le ha guardado hasta hoy, ¿por qué habría de apartarse de usted ahora?

¡Bendito el que confía en el Señor!

lunes, 21 de marzo de 2011

LAS LÁGRIMAS DE LOS JUSTOS

La Biblia declara enfáticamente que ni una lágrima de los hijos de Dios cae al suelo. David dijo, "pon mis lágrimas en tu redoma: ¿no están ellas en tu libro?” (Salmo 56:8). Para Dios, las lágrimas de los santos son tan preciadas que las conserva. Si Dios preserva mis lágrimas, entonces ¿no me protegerá a mí?

El hecho de que Dios guarde todas nuestras lágrimas suena demasiado maravilloso como para creerlo. Y lo que me impresiona aún más de ello es pensar que si Él cuenta cada una de mis lágrimas, entonces cuán preciosa será mi sangre para Él, mi vida y mis necesidades.

Hasta que contemos con la convicción en nuestras mentes de que Dios se percata de manera especial de todas y cada una de las aflicciones que sufrimos, será imposible obtener la confianza necesaria para creer que Él tiene nuestras lágrimas en su redoma. ¿Podemos creer esta verdad: que el Dios que ha contado los cabellos de nuestra cabeza y conserva cada una de nuestras lágrimas se interpondrá a favor nuestro?
Escuche esta palabra en su espíritu: Cada lágrima que ha derramado sobre los pecados del pasado, cada lágrima derramada en tiempos de tribulación y estrés; cada lágrima derramada por las almas perdidas está escrita en su libro.

Usted puede decir, "Yo no lloro, rara vez derramo una lágrima". Creo en las lágrimas del alma que sólo Dios ve en nuestro interior, lágrimas silenciosas a menudo encubiertas en momentos de dificultad y necesidad.

¡Ni uno sola de sus lágrimas se ha perdido! Ni una sola ha sido en vano. ¡Creer en Dios es creer en esta increíble verdad!

domingo, 20 de marzo de 2011

LA MARCA DEL SIERVO

David el Salmista dijo, “Has abierto [perforado] mis oídos" (ver Salmo 40:6). Esto podría muy bien interpretarse como, “Me has aceptado como tu siervo” aludiendo a la costumbre de que los amos perforasen la oreja del esclavo que declinase la oferta de libertad (ver Éxodo 21:6). En otras palabras, “Tengo un agujero en mi oreja como señal de que he sido marcado para el Señor, por toda la vida y la eternidad.” ¿Le ha permitido usted al Espíritu Santo perforar su oreja?

Lo que marcaba al siervo era que se comprometía a dar totalmente su tiempo en servicio a su amo. No hay nada místico acerca de ese estilo de vida. Comienza con el compromiso de darle al Señor lo mejor de nuestro tiempo. Dicho compromiso se ejerce en nuestro diario vivir.

Esto no significa que todos deberíamos dejar nuestros trabajos y nuestras carreras profesionales para comenzar un ministerio de tiempo completo. Muchos hoy en día se están apartando de la voluntad de Dios al caminar presuntuosamente por la vida, al hacer a un lado su responsabilidad de criar una familia y al desarraigarse del “andar por fe”. La cosa más grandiosa es quedarse quieto y darle al Señor más tiempo de calidad en el lugar donde usted se encuentra. Se trata de poner a Cristo en el centro de todo para que su familia, trabajo, y todas las cosas giren en torno a él. De tal manera, Cristo llega a ser el enfoque de nuestros pensamientos y pasamos tiempo en su presencia, escuchando su voz y obedeciendo sus mandatos.

El siervo es más un dador que un receptor. Junto con Pablo, él puede decir, “pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado.” Este siervo no está interesado en servir por recompensa ni por ganancia personal. Su salario es la gloria y el honor que él otorga a su amo. El verdadero siervo que está comprometido a un servicio de por vida, es marcado por el Señor de alguna manera especial. Este siervo no pasa desapercibido porque lleva en su cuerpo las marcas de su amo.

¿Qué marca al siervo en este día y época? Está claramente revelado en la Palabra como la marca de un espíritu contrito y quebrantado que llora por las abominaciones que se le hacen a su amo. Nuestro amo no nos perfora la oreja con un punzón, sino que rompe el corazón con su martillo.

“Y llamó Jehová al hombre vestido de lino que tenía a su cintura el tintero de escribano, y le dijo Jehová: Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y ponles una señal en la frente a los hombres que gimen y claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella” (Ezequiel 9:3-4).

Otra marca de este esclavo es la de una circuncisión hecha no por manos. Esto habla de una separación total del mundo y una entrega a Cristo. Significa que todos los planes, esquemas y sueños personales son abandonados, y las preocupaciones y cargas del Señor se vuelven supremas.

LA MARCA DEL SIERVO

David el Salmista dijo, “Has abierto [perforado] mis oídos" (ver Salmo 40:6). Esto podría muy bien interpretarse como, “Me has aceptado como tu siervo” aludiendo a la costumbre de que los amos perforasen la oreja del esclavo que declinase la oferta de libertad (ver Éxodo 21:6). En otras palabras, “Tengo un agujero en mi oreja como señal de que he sido marcado para el Señor, por toda la vida y la eternidad.” ¿Le ha permitido usted al Espíritu Santo perforar su oreja?

Lo que marcaba al siervo era que se comprometía a dar totalmente su tiempo en servicio a su amo. No hay nada místico acerca de ese estilo de vida. Comienza con el compromiso de darle al Señor lo mejor de nuestro tiempo. Dicho compromiso se ejerce en nuestro diario vivir.

Esto no significa que todos deberíamos dejar nuestros trabajos y nuestras carreras profesionales para comenzar un ministerio de tiempo completo. Muchos hoy en día se están apartando de la voluntad de Dios al caminar presuntuosamente por la vida, al hacer a un lado su responsabilidad de criar una familia y al desarraigarse del “andar por fe”. La cosa más grandiosa es quedarse quieto y darle al Señor más tiempo de calidad en el lugar donde usted se encuentra. Se trata de poner a Cristo en el centro de todo para que su familia, trabajo, y todas las cosas giren en torno a él. De tal manera, Cristo llega a ser el enfoque de nuestros pensamientos y pasamos tiempo en su presencia, escuchando su voz y obedeciendo sus mandatos.

El siervo es más un dador que un receptor. Junto con Pablo, él puede decir, “pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado.” Este siervo no está interesado en servir por recompensa ni por ganancia personal. Su salario es la gloria y el honor que él otorga a su amo. El verdadero siervo que está comprometido a un servicio de por vida, es marcado por el Señor de alguna manera especial. Este siervo no pasa desapercibido porque lleva en su cuerpo las marcas de su amo.

¿Qué marca al siervo en este día y época? Está claramente revelado en la Palabra como la marca de un espíritu contrito y quebrantado que llora por las abominaciones que se le hacen a su amo. Nuestro amo no nos perfora la oreja con un punzón, sino que rompe el corazón con su martillo.

“Y llamó Jehová al hombre vestido de lino que tenía a su cintura el tintero de escribano, y le dijo Jehová: Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y ponles una señal en la frente a los hombres que gimen y claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella” (Ezequiel 9:3-4).

Otra marca de este esclavo es la de una circuncisión hecha no por manos. Esto habla de una separación total del mundo y una entrega a Cristo. Significa que todos los planes, esquemas y sueños personales son abandonados, y las preocupaciones y cargas del Señor se vuelven supremas.

jueves, 17 de marzo de 2011

SIERVO POR ELECCION PROPIA

“Pero si el siervo dice: Yo amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos; no quiero salir libre” (Éxodo 21:5). Para este siervo no hay dilema, no hay qué elegir. Su decisión nunca estuvo en duda. Su amo era su mundo. El siervo estaba atado a él con cadenas eternas de amor. A él no le sería posible dejar a su amo o su casa.

La vida del siervo giraba entorno al amor que sentía por su amo, y al igual que Pablo, él consideraba todo lo demás como “estiércol” con tal de ganar a su amo. Él era la clase de persona dispuesta a ser despreciada con tal de que otros pudieran llegar a conocer el amor de su Señor.

Este siervo valoraba la intimidad con su amo sobre cualquier otra bendición terrenal. ¿A quién le podría importar los rebaños, los sembradíos, o el vino y el aceite, cuando se puede tener una comunión e intimidad sin fin con el amo? Su corazón rebozaba de cariño por su amo y él lo dijo claramente: “Yo amo a mi señor, no quiero ser libre.”

Lo que este siervo nos está diciendo es simplemente esto: ¡Cristo es suficiente! Nada en este mundo tiene el valor suficiente como para perder el sentir de su presencia. Toda la riqueza y prosperidad de toda la tierra no se puede comparar a tener un día con él. Los placeres que están a su diestra exceden inmensamente cualquier éxtasis conocido por los hombres. Conocerlo a él, estar donde él está, sentarse juntos en los lugares celestiales, es más que la misma vida. Servirlo, ser guiado por él, ir y venir de acuerdo a su mandato, es vivir la vida en su plano más alto.

¿Me recordaría usted que es un hijo y no un siervo? Entonces yo asimismo le recordaría gentilmente que Jesús era un Hijo, el cual “siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo y se hizo semejante a los hombres” (Filipenses 2:6-7). Él pudo haber venido como poderoso Príncipe del Altísimo, arrasando a todo enemigo, sin embargo, Cristo eligió venir como siervo, totalmente comprometido con los negocios de su Padre.

Este siervo dedicado del cual leemos en Éxodo, creía tener una sola misión en su vida, y ésta era la de servir a su amo. Él no estaba buscando la herencia, aunque está escrito, “El siervo prudente se impondrá al hijo indigno, y con los hermanos compartirá la herencia” (Proverbios 17:2). El amor que tenía le hacía obedecer con facilidad desde la mañana hasta la noche, cada momento que estaba despierto, él vivía en servidumbre voluntaria a su amo. Él era impulsado sólo por el amor – no por culpabilidad, ni por sentido de obligación. No es de asombrarse que Jesús podía decir, “Si me amas, me obedecerás.”

miércoles, 16 de marzo de 2011

EL SIERVO

Los caminos de Dios parecen ser paradojas para la mente humana. Él dice, “Para tener vida, debes de morir. Para encontrar tu vida, debes perderla. Para ser fuerte, primero debes ser débil.”

De todas las paradojas, una de las más grandes es ésta: “Para ser verdaderamente libre, debe de ser atado”. Para alcanzar la más alta libertad en Dios, uno debe de rescindir de todos sus derechos y convertirse en un siervo del Señor Jesucristo para toda la vida. Hay una gloriosa esclavitud de amor que lleva hacia la forma más alta de libertad y liberación. Es un sometimiento voluntario que nace del amor y del cariño que a su vez causa que uno considere la servidumbre superior a ser considerado hijo.

En un tiempo cuando el pueblo de Dios está obsesionado con reclamar sus derechos y enfocado en las bendiciones del Señor y sus beneficios, nos sería de gran provecho permitir que el Espíritu Santo abra nuestros ojos para ver un lugar en Dios que esta mas allá de todo lo que hemos descubierto hasta ahora. Está en el perfecto orden divino el recibir todas las cosas buenas que vienen de la mano de Dios y ningún hijo del Señor debería sentirse culpable de recibir las bendiciones y beneficios derramados sobre él.

Pero necesitamos ver que hay algo mejor que bendiciones y prosperidad, algo mucho más gratificante que todos los otros múltiples beneficios que él nos da diariamente.

Un siervo es alguien que ha entrado en un sacramento de servicio con su amo. Esto esta hermosamente descrito en el siguiente pasaje de las Escrituras:

“Si compras un siervo hebreo, seis años servirá, pero al séptimo saldrá libre, de balde. Si entró solo, solo saldrá; si tenía mujer, su mujer saldrá con él. Si su amo le dio una mujer, y ella le dio hijos o hijas, la mujer y sus hijos serán de su amo, y el saldrá solo.

Pero si el siervo dice: ‘Yo amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos; no quiero salir libre’, entonces su amo lo llevará ante los jueces, lo arrimará a la puerta o al poste, y le horadará la oreja con lesna. Así será su siervo para siempre” (Éxodo 21:2-6).

Este pasaje es mucho más que una representación de lo que establece Dios respecto a los siervos y los amos. Aquí se expone claramente al Señor Jesucristo como siervo.

Cristo es el amo en este pasaje y nosotros somos los siervos cuya libertad ha sido comprada. La cruz es el sabático, el año de libertad para todos los prisioneros, cautivos, siervos, y sirvientes, y nosotros que fuimos vendidos bajo la Ley, ¡hemos sido puestos en libertad por la gracia!

Hemos sido liberados del pecado pero somos siervos para Cristo por la eternidad y por decisión propia.

martes, 15 de marzo de 2011

VIVA EN SU PRESENCIA

“Por tanto, nosotros todos, mirando con el rostro descubierto y reflejando como en un espejo la Gloria del Señor, somos transformados de Gloria en Gloria en su misma imagen, por la acción del Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18). ¡Nos convertimos en lo que observamos! El foco de nuestra atención esparce su influencia durante toda nuestra vida. Lo que contemplamos con nuestros ojos espirituales, nos obsesiona - ¡se apodera! Pablo eligió ser obsesionado con Cristo. El Salvador llegó a ser objeto exclusivo de sus pensamientos, de su prédicación, de su doctrina. “Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado” (1 Corintios 2:2). Él mantuvo sus ojos en la cabeza del cuerpo y no en los problemas del mismo.

El deseo de Dios para nosotros es que nos vistamos con la presencia de Cristo. ¿Quiere usted victoria sobre el pecado y ser librado de todo el poder del enemigo? Entonces ore diligentemente por una manifestación de la presencia de Cristo. Si usted lo hace en serio, los amorosos ojos de Cristo lo derretirán y lo llevarán a un lugar de quebrantamiento y contrición.

Esa misma presencia tierna del Señor llegará a ser el corazón y la vida de su propia alma. Usted no querrá salir de Su presencia. Usted se recostará sobre Su brazo y todo temor desaparecerá, y será reemplazado por un descanso y una paz perfecta. Revestido del glorioso poder de Su presencia, usted puede enfrentar al pecado y a Satanás. La Palabra de Dios promete, “El vencedor será vestido de vestiduras blancas, y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles” (Apocalipsis 3:5).

La iglesia va en los últimos días como “una mujer vestida del sol…” (Apocalipsis 12:1). ¡Este es Cristo, nuestro vestido blanco! Nos hemos vestido de Cristo y estamos permaneciendo en Su presencia por encima de todo principado y potestades.

En realidad esto no es complicado. De hecho, podemos resumirlo en cuatro palabras: ¡PERMANEZCA CERCA DE JESUS! Viva en su presencia y por fe tome asiento junto a Él en los lugares celestiales. Contémplelo mientras Él permanece a la diestra del Padre para beneficio suyo y nada le podrá ser un estorbo. Usted estará por encima de todo y así como Esteban, usted podrá contemplarlo en el cielo (ver Hechos 7:56).

lunes, 14 de marzo de 2011

LA PODEROSA MANO DE DIOS

“Tu diestra, Jehová, ha magnificado su poder. Tu diestra, Jehová, ha aplastado al enemigo” (Éxodo 15:6).

Aunque algunos cristianos saben que han sido perdonados y salvos, les falta el contar con el poder para luchar contra la carne. No han llegado al conocimiento de “una completa liberación” de su naturaleza pecaminosa. Cristianos, por su sangre él nos hace salvos y con su poderosa mano rompe el poder del pecado sobre nosotros. Ciertamente el pecado todavía mora en nosotros, ¡pero éste no nos gobierna!

“Librados de la esclavitud por el poder de su mano.” ¡Qué palabra tan alentadora ante estos tiempos de desilusión y de esfuerzo sobre-humano para librarnos del poder del pecado! Sin embargo, aún somos tan reacios a reconocer la obra de la mano de Dios. Va en contra de nuestro orgullo, -nuestro sentido de justicia, nuestra teología- el aceptar la verdad de que nuestra liberación del dominio del pecado viene de un poder que ajeno a nosotros. Observemos como ejemplo a Israel: Israel salió armado, pero todas las batallas fueron del Señor. “Jehová no salva con espada ni con lanza, porque de Jehová es la batalla” (1 Samuel 17:47). Ha sido escrito en Éxodo que “…los hijos de Israel habían salido con mano poderosa” (14:8). Y cantaron alabanzas a Dios después de haber pasado a salvo por el Mar Rojo.

La sangre salvó a Israel del juicio divino, pero la mano poderosa de Dios los libró del poder de la carne. Ellos habían experimentado seguridad y se habían regocijado en ella. ¡Ahora ellos necesitaban poder! Poder para deshacerse de una vez por todas del enemigo de antaño y poder para armarse en contra de los nuevos enemigos que vendrían. Ese poder está en la mano poderosa y sublime del Señor.

Nos han sido dadas preciosas y grandes promesas las cuales han sobrepasado a aquellas que les fueron dadas a Israel. Dios ha prometido librarnos de toda maldad y sentarnos en lugares celestiales en Cristo Jesús, libres del dominio del pecado.

Sin embargo, primero debemos aprender a odiar el pecado – no hacer pactos ni compromiso con él. Mime a su pecado, juegue con él, deje que permanezca, rehúse demolerlo – y un día llegará a ser el objeto más doloroso en su vida.

No ore pidiendo victoria sobre los pecados de la carne hasta que usted haya cultivado un odio hacia ellos. Dios no tolera nuestras excusas ni nuestro apaciguamiento. ¿Está usted esclavizado por un pecado secreto que le causa angustia y agitación tanto física como espiritualmente? ¿Lo odia con pasión? ¿Siente la ira santa de Dios en contra del pecado?
Mientras usted no lo haga, la victoria nunca vendrá.

domingo, 13 de marzo de 2011

A SALVO DEL JUICIO

La sangre de Cristo limpia de todo pecado – es nuestra expiación. Pero antes que nada, es nuestra seguridad. Es la manera en que Dios se asegura de tener un pueblo listo para ser completamente liberado. Recuerde la noche de la Pascua, los Israelitas estaban a salvo pero no habían sido liberados todavía. Ellos aún tenían que enfrentar un Mar Rojo, un desierto, una guerra contra gigantes, unas murallas imponentes, y unas fortalezas enemigas.

Estoy convencido de que antes de poder pelear contra postestades y principados, de ser capaz de resistir pasiones y tentaciones (nuestros gigantes de hoy en día), debo tener conocimiento de que al estar cubierto por la sangre estoy seguro. Por tanto, a pesar de no estar completamente liberado, me encuentro a salvo del juicio. Los enemigos de la carne me aguardan amenazantes, pero la sangre ha hecho de mí un soldado salvo.

Usted no puede luchar contra gigantes, derribar fortalezas, o hacer frente a circunstancias abrumadoras a no ser que tenga una certeza absoluta de estar cubierto por la sangre. No importa lo que diga mi corazón, no importa cuán culpable o condenado me sienta, no importa las voces que me susurren, ¡yo debo saber, sin duda alguna, que soy salvo! No voy a ir al juicio porque la sangre en la puerta de mi corazón me mantiene seguro ante Sus ojos.

Siempre estamos con dudas acerca de nuestra seguridad. Si Dios hubiese basado nuestra seguridad en el amor que le tenemos o en nuestros buenos actos, estaríamos en mayor peligro que aquellos que han quebrantado la ley pues bajo la gracia existe una demanda más alta. Dios debe quitarnos de las manos nuestra seguridad para que ésta se fundamente solamente en su misericordia y en su gracia. Una segurirdad no basada en nuestra devoción, ni en nuestra obediencia, ni en nuestra bondad – sino solamente en su misericordia. Obediencia y devoción son el resultado de nuestro amor por Cristo.

No fue el pan sin levadura que salvó al pueblo de Israel sino la sangre. Ningún Israelita “entró y salió” de su protección por alguna falla personal. Todos estuvieron a salvo hasta que pasó el juicio. La obediencia fue poner la sangre en el marco de la puerta. A nosotros se nos ha llamado a confesar y a confiar en la sangre redentora de Cristo.

Nunca fue la intención de Dios que Sus hijos vivieran en temor, con ansiedad o culpabilidad. Él ha preparado un descanso para ellos: la perfecta y absoluta seguridad de la sangre de su amado Hijo. Con este acto de gracia, Dios le estaba diciendo a Israel, “Ahora que ustedes ven que los he asegurado y los he sacado del miedo al juicio, dejen que Yo libere sus cuerpos. Yo les di esa seguridad para hacerlos santos”.

El hecho inalterable es, que no hay ni una cosa que se pueda añadir a la sangre de Cristo para hacernos más seguros. La sangre nos ampara perfectamente haciéndonos aceptados ante Dios y librándonos de Su ira. El apóstol Pablo declara “Con mucha más razón, habiendo sido ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira” (Romanos 5:9).

jueves, 10 de marzo de 2011

AGRADECEMOS A DIOS POR SUS MÚLTIPLES MISERICORDIAS Y SU BONDAD AMOROSA

Estoy siendo guiado por el Espíritu Santo a escribirle a usted acerca de abrir puertas que están cerradas. Alguien leyendo este mensaje puede relacionarse inmediatamente con esto pues está enfrentando una o más puertas cerradas. Está ahí, frente a usted, una puerta que parece estar continuamente cerrada. Puede ser una situación financiera seria y ante la cual usted ha orado para que una puerta que le dé solución a su problema sea abierta. Pero todo lo que usted trata de hacer parece fallar; las puertas simplemente no se abren.

Yo no sé cuál es su puerta cerrada, pero para muchos parece ser que las puertas y las ventanas de los cielos están cerradas. Los cielos parecen ser de bronce y usted no parece poder penetrarlos. Esta puerta cerrada a la cual me refiero es algún problema, alguna situación, alguna necesidad por la que ha estado orando mucho. Puede ser una crisis que requiera nada menos que un milagro. Y usted no ha recibido todavía una respuesta a sus fervientes oraciones y peticiones que le ha hecho al Señor.

En Apocalipsis, Cristo se refiere a sí mismo como EL QUE ABRE Y CIERRA PUERTAS (3:7). Esto estaba en una carta enviada a los creyentes de la antigua Filadelfia, una iglesia a la que el Señor alabó por guardar su palabra y por nunca negar su nombre. Es decir, en los tiempos más duros, estas personas permanecieron fieles a la Palabra de Dios. Ellos no acusaron al Señor de descuidarlos ni de tener oídos sordos a sus clamores.

Evidentemente, Satanás tenía que venir a ellos con mentiras. Sus principados y poderes de las tinieblas, espíritus mentirosos salidos de las entrañas del infierno dicen que Dios ha cerrado todas las puertas, que él no es merecedor de adoración ni de fe. Pero estos creyentes, de los cuales Jesús dijo que tenían poca fuerza, siguieron confiando, esperando pacientemente a que Dios colocara la llave en la puerta para abrirla. Él tiene la llave para cada puerta cerrada – y sólo él pone delante de nosotros las puertas abiertas.
Aquí está lo que el Señor les prometió a ellos y es ésta también nuestra promesa:

“Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia [no te rendiste durante tu prueba], yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra” (3:10).

Esta hora de la prueba está ya sobre nosotros. Trae pruebas increíbles de fe tan grandes y tan fuertes que muchos caerán en incredulidad mortal. Verdaderamente, ahora en todo el mundo hay una gran caída de esa fe resistente.

Pero usted, – porque usted todavía confía en sus promesas, y está dispuesto a morir en fe, aún si no ve las promesas cumplidas – usted será guardado de la tentación que vendrá sobre todo el mundo para caer en incredulidad. Dios ha escuchado su clamor y él sabe el tiempo, la misma hora en que abrirá todas las puertas. Así que nunca se rinda. Nunca dude. Permanezca firme en sus promesas. Él no le fallará.

miércoles, 9 de marzo de 2011

ALABADO SEA DIOS POR SUS BONDADOSAS MISERICORDIAS

Tengo un mensaje corto para aquellos que están experimentando una situación dolorosa y abrumadora. No me estoy dirigiendo a aquellos que ahora disfrutan de un tiempo de descanso después de sufrir, a quienes no están bajo dolor ni pena. Gracias a Dios por esos tiempos de tranquilidad y descanso.

Recibo un gran número de cartas de preciados seguidores de Jesús, los cuales están viviendo con penas profundas y situaciones de crisis increíbles: divorcio, hijos drogadictos o en prisión, la muerte de un cónyuge. Una mujer que está tan enamorada de Jesús acaba de perder a sus tres hijos que murieron sofocados en un fuego. Un pastor se lamenta por su esposa, la cual lo dejó a él y a sus hijos por una amante lesbiana. Son muchas las personas devotas que están abrumadas con penas y dolores.

Tengo un mensaje para usted que está sufriendo dolor y pena, usted que está viviendo con lamento o dolor. En el Salmo 40, David clamó, “Me han rodeado males sin número…Quieras, oh Jehová, librarme; Jehová apresúrate a socorrerme” (Salmo 40: 12-13). “Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan…Aunque afligido yo y necesitado, Jehová pensará en mí. Mi ayuda y mi libertador eres tú; Dios mío no te tardes” (40: 16-17).

He sido tan bendecido y consolado por esta línea en el verso 17: “Jehová pensará en mí.” Imagine eso. El Señor Dios que creó todas las cosas, el Dios de este universo, está pensando en mí.

Aún ahora, en esta misma hora, sus pensamientos son acerca de usted, en su hora de necesidad.

Cuando Israel estaba cautivo en Babilonia, lamentándose de la pérdida de casas y familias, y soportando aflicciones y problemas, Dios les envió una palabra a través de Jeremías: “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis” (Jeremías 29:11). Dios le dijo a su pueblo, “Vuestra pesadilla va a terminar. Yo sólo tengo pensamientos buenos, amorosos para con vosotros, y si me buscáis con todo vuestro corazón, me encontraréis” (ver Jeremías 29:11-13).

Dios no está enojado con usted. Personas santas son afligidas, así que no vacile en su confianza en él. En tiempos de estrés y sentimientos de soledad y pena, ore. Derrame su corazón al Señor. Él está pensando en usted – y él está trabajando para usted.

martes, 8 de marzo de 2011

EL AMOR DE DIOS POR SU PUEBLO NUNCA FALLA

Mientras leía el Salmo 13 me ví en la necesidad de enviarles unas cuantas palabras de ánimo que recibí personalmente de este bendito capítulo.

David escribió las palabras contenidas en este Salmo. Él preguntó, “¿Hasta cuándo Jehová me olvidarás? ¿Será por siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí? ¿Por cuánto tiempo resguardaré diariamente pena en mi corazón? ¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí?”

Las palabras de David parecieran indicar que se sintió abandonado por Dios al sufrimiento y a despertar cada día con una nube negra sobre su cabeza. Por un tiempo David habló con desesperación, “Dios, ¿tendré para siempre este sentimiento de aislamiento? ¿Cuándo serán contestadas mis oraciones?”

Cuando los problemas nos asaltan, aunque conocemos el amor del Señor – cuando nuestra liberación parece distante y sin esperanza – nos hundimos por el estrés generado por estos conflictos. Ahora mismo alguien que está leyendo estas palabras. se está derrumbando por la terrible presión generada por una situación que parece no tener solución. Dicha persona está al borde de la desesperación total esperando una calma momentánea que le dé alivio temporal a su prueba.

En medio de su propia tribulación, David preguntó, “¿Hasta cuándo continuaré defendiendo a mi alma?” Él había ideado un plan tras otro, tratando de encontrar una salida a su problema – pero todos sus planes, todos sus arreglos habían fracasado. Ahora él ya no tenía más ideas, ni ninguna solución que funcionara. El había llegado al final de todo.

Cuán desconcertante es empezar a ver un rayo de esperanza, un poco de luz, y que de pronto la desesperanza regrese. Tenga en mente que todo esto le sucedió a un hombre devoto, alguien que quería agradar al corazón de Dios. David era un hombre que testificó tener gran confianza en el Señor. Pero, al igual que nosotros, David atravesó tiempos duros, como lo describe en este Salmo.

¿Cómo se levantó David de este pozo de desesperación? “Mas yo en tu misericordia he confiado…Cantaré a Jehová.”

Deje que comparta con usted razones para seguir confiando en Dios mientras atraviesa sus problemas:

• No importa cuán fuertes sean las tormentas, nuestro precioso Señor todavía seguirá alimentando a las aves del cielo, vistiendo a los lirios del campo, y supliendo a todo un océano lleno de peces de sus necesidades diarias. “Vuestro Padre celestial las alimenta…” Ningún ave cae al suelo sin que el ojo del Padre esté sobre ella.
• ¿Qué clase de Padre alimentaría a todas las criaturas de la tierra y descuidaría a sus hijos? Jesús nos exhortó a “no afanarnos” por las necesidades y problemas diarios, “porque él cuida de nosotros.”

Verdaderamente el Señor lo ama, y él no dará oídos sordos a sus clamores. Agárrese de sus promesas. Siga adelante en fe. Espere en él pacientemente. Él nunca le fallará.

lunes, 7 de marzo de 2011

¡EXALTAMOS EL NOMBRE DE JESUCRISTO NUESTRO SEÑOR!

Alguien que está leyendo esto, necesita que Jesús lo toque. Cuando el Señor ministró aquí en la tierra, él sanaba y restauraba a los afligidos con simplemente tocarlos. Cuando Jesús tocó a la suegra de Pedro, “la fiebre la dejó”. Él tocó el féretro de un joven muerto y éste volvió a la vida. Jesús tocó los ojos de los ciegos y ellos pudieron ver. Él tocó el oído de un sordo, y éste pudo oír. Padres trajeron a sus hijos a Jesús “para que los tocara”. Su suave toque cambió todo. Multitudes trajeron a sus enfermos y Jesús se dio tiempo para extender su mano, tocarlos, sanarlos.

Si usted en verdad conoce al Señor íntimamente, usted ha conocido y ha sentido el toque de la mano de Jesús. En momentos de soledad, en tiempos de desánimo, en tiempos de confusión, en tiempos tan dolorosos e inciertos, usted clamó desde lo profundo de su alma: “Señor Jesús, necesito tu toque. Necesito sentir tu presencia. Ven Jesús y toca mi alma sedienta.”

Algunos necesitan el toque de Jesús sobre sus mentes. Satanás ha venido junto con sus malvados principados para molestar y sobrecargar la mente con pensamientos que son infernales – pensamientos de incredulidad, pensamientos que no nos hacen como Cristo, pensamientos de temor, pensamientos de baja estima, pensamientos de que estamos desagradando a Dios. Los creyentes honestos les dirán que ellos han experimentado estos ataques a sus mentes. Satanás está determinado a destruir nuestra fe y dependencia del Señor.

En las Escrituras, el toque de Jesús vino en respuesta a un clamor. No hay evidencia de que él alguna vez rechazó un lamento. Y él no le dará la espalda al suyo sino que responderá misericordiosamente a su necesidad. En Mateo 8 nosotros leemos sobre un leproso el cual vino a él diciendo, Señor, si quieres, puedes limpiarme.” Jesús extendió su mano y lo tocó diciendo, “Quiero; sé limpio.” “Y al instante su lepra desapareció”.

Encuentre un lugar a solas con Jesús hoy día y dígale lo que el leproso le dijo: “Señor, tú puedes. Límpiame.” Luego esté a la expectativa que aquél que no hace acepción de personas lo tocará y lo sanará en mente, cuerpo, alma y espíritu. El brazo del Señor está extendido hacia usted pero él espera por aquél clamor de necesidad, ese clamor por ayuda que también es un clamor de expectativa.

“Y los Egipcios nos maltrataron y nos afligieron, y pusieron sobre nosotros dura servidumbre. Y clamamos a Jehová el Dios de nuestros padres; y Jehová oyó nuestra voz, y vio nuestra aflicción, nuestro trabajo y nuestra opresión; y Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte, con brazo extendido, con grande espanto, y con señales y milagros; y nos trajo a este lugar, y nos dio esta tierra, tierra que fluye leche y miel” (Deuteronomio 26:6-9).

domingo, 6 de marzo de 2011

UNA PROMESA INFALIBLE

Dios nos ha dado una promesa infalible para la vida en esta tierra. Él dice que cuando nuestro enemigo intenta aplastarnos, “Mi pueblo conocerá mi nombre en aquél día, porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente” (Isaías 52:6). En otras palabras, Dios dice, “Cuando estás en tu prueba más oscura, yo vendré y te hablaré una palabra. Me escucharás decir, ‘Soy yo, Jesús, tu Salvador. No temas.’”

En Mateo 14, los discípulos estaban dentro de una barca durante una gran tormenta, siendo azotados por el viento y las olas. Súbitamente, los hombres vieron a Jesús caminando hacia ellos sobre las aguas. Las Escrituras dicen, “Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo” (Mateo 14:26). ¿Qué hizo Jesús en ese momento infundado por temor? “Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! (14:27, cursivas mías).

Me he preguntado por qué Jesús empleó estas palabras en particular, “Tened ánimo.” ¿Por qué les diría estas palabras a personas que pensaban que estaban a punto de morir?

La palabra traducida “ánimo” significa “estar aliviado, alegre, liberado del miedo.” Y aquí en la hora de prueba de los discípulos, Jesús ató esta palabra a su identidad. Recuerde, estos hombres lo conocían personalmente. Y él esperaba que ellos actuasen con fe conforme a su palabra. Él estaba diciendo, “El Padre ha prometido que yo vendré a ustedes durante su tormenta. Escrito está, ‘Por tanto, mi pueblo conocerá mi nombre en aquel día, porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente‘ (Isaías 52:6). Ahora he venido a ustedes en su tormenta. Soy yo, Jesús, aquí con ustedes en medio de todo. Así que, tengan ánimo, alégrense.” De igual manera, nuestro Salvador espera que tengamos la misma reacción de fe durante nuestros tiempos de dificultad.

jueves, 3 de marzo de 2011

COMPLETAMENTE DEPENDIENTE DE ÉL

Dios siempre ha querido un pueblo que caminase completamente dependiente de él ante los ojos del mundo. Por eso, él tomó la insignificante y pequeña nación de Israel y la aisló en un desierto. Él la colocó en una serie de pruebas con el objetivo de producir un pueblo que confiaría en él bajo cualquier circunstancia. Dios quería que Israel pudiese testificar, “Puedo pasar por cualquier prueba, cualquier dificultad, aún aquellas que rebasan mis habilidades. ¿Cómo? Yo sé que mi Dios está conmigo en cada prueba. Él me llevará al otro lado.”

Considere la declaración de Moisés a Israel: “[Dios] te afligió, te hizo pasar hambre”(Deuteronomio 8:3). Dios le estaba diciendo, “Yo orquestré tu prueba. No fue el diablo. Yo poseía todo el pan y carne que necesitarías. Yo estaba listo para enviártelos del cielo en cualquier minuto. Estaba todo almacenado, esperando a que lo recibieras. Pero lo guardé por un tiempo. Hice esto por un periodo. Estaba esperando a que llegases al límite de tu dependencia en ti mismo. Quería traerte a un punto de crisis donde sólo yo podría librarte. Yo permití que experimentaras el límite de tu ingenio, un lugar de imposibilidad humana. Esto conllevaría a un milagro de liberación de parte mía.”

Hoy día el Señor todavía sigue buscando personas que dependan completamente de él. Él quiere una iglesia que testifique tanto en palabras como en acciones que Dios es todopoderoso para ellos. Él quiere que un mundo perdido vea que él trabaja poderosamente para aquellos que le aman.

Job declaró, “Él conoce mi camino: si me prueba, saldré como el oro” (Job 23:10). Aquí está una declaración increíble, especialmente cuando consideramos el contexto en el cual Job lo dijo.
Job sufrió una de las peores pruebas que un ser humano pudiera pasar. Perdió a todos sus hijos en un accidente, y luego su riqueza y posesiones se desvanecieron. Finalmente, Job perdió su salud física. Todas estas cosas sucedieron en un corto periodo de tiempo y por consiguiente, le fueron grandemente abrumadoras.

Sin embargo, Dios había puesto a Job en ese camino. Y sólo el Señor sabía hacia dónde lo llevaría eventualmente. Era un plan tan divinamente orquestrado que Dios aún permitió a Satanás que afligiese a Job. Es por eso que Job no podía ver a Dios en nada de lo que sucedía: “Si me dirijo al oriente, no lo encuentro; si al occidente, no lo descubro. Si él muestra su poder en el norte, yo no lo veo; ni tampoco lo veo si se oculta en el sur. Más él conoce mi camino” (Job 23:8-10).

Job estaba diciendo, “Yo sé que Dios conoce todo lo que estoy soportando. Y él conoce el camino por recorrer. Mi Señor me está probando ahora mismo. Y yo estoy confiado en que él me sacará al otro lado y tendré una fe más fuerte. Saldré limpio y purificado, con una fe más preciosa que el oro.

miércoles, 2 de marzo de 2011

FORTALEZA PARA EL VIAJE

Nadie en esta tierra puede colocarlo en el ministerio. Le pueden dar un diploma de un seminario, puede ser ordenado por un obispo, o recibir una comisión de parte de una denominación. Pero el apóstol Pablo revela la única fuente de un verdadero llamado al ministerio: “Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús, nuestro Señor, porque, teniéndome por fiel, me puso en el ministerio” (1 Timoteo 1:12).

¿Qué quiere decir Pablo aquí cuando dice que Jesús lo fortaleció y lo tuvo por fiel? Piense en el tiempo de la conversión del apóstol. Tres días después de ese evento, Cristo colocó a Pablo en el ministerio – específicamente en el ministerio de sufrimiento: “Porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre” (Hechos 9:16). Este es el ministerio al cual Pablo se refiere cuando dice, “Por lo tanto, teniendo nosotros este ministerio…” (2 Corintios 4:1). Él continúa añadiendo, “…según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos.” Él está hablando del ministerio de sufrimiento. Y él lo pone en claro que es un ministerio que todos tenemos.

Pablo nos está diciendo que Jesús le dio una promesa para este ministerio. Cristo se comprometió a serle fiel y a fortalecerlo a través de todas sus pruebas. La palabra Griega equivalente a habilitar significa, “un suministro contínuo de fortaleza”. Pablo declara, “Jesús prometió darme más fortaleza de la que necesito para el camino. Él me habilita para mantenerme fiel al ministerio. Gracias a él, yo no desmayaré ni me rendiré. Yo emergeré con un testimonio.”

Una transfiguración está sucediendo en nuestras vidas. La verdad es que somos cambiados por lo que nos obsesiona. Llegamos a ser como las cosas que ocupan nuestra mente. Nuestro carácter está siendo influenciado e impactado por lo que tiene cautivo a nuestro corazón.

Yo le agradezco a Dios por cada persona que alimenta su mente y su alma con las cosas espirituales. Tales siervos han fijado sus ojos en lo que es puro y santo. Ellos mantienen su mirada en Cristo, pasando tiempo de calidad adorándolo a él y edificándose en la fe. El Espíritu Santo está trabajando en estos creyentes al cambiar continuamente su carácter a la semejanza de Cristo. Dichos creyentes estarán listos para los sufrimientos duros e intensos que vienen. Los creyentes flojos, descuidados y sin oración sufrirán ataques de corazón o abatimientos. Sus temores los abrumará porque no tienen al Espíritu Santo trabajando en ellos, transfigurándolos. Cuando vengan los tiempos difíciles, ellos simplemente no tendrán fuerza.

Aquí está la palabra final de Pablo sobre este tema: “No damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo, para que nuestro ministerio no sea desacreditado. Antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias, en azotes, en cárceles…como entristecidos, pero siempre gozosos; como pobres, pero enriqueciendo a muchos” (2 Corintios 6:3-5, 10). ¿Cómo “enriquecemos a muchos”? Haciendo brillar hacia afuera la esperanza de Cristo en medio de nuestro sufrimiento. Ofrecemos verdaderas riquezas cuando causamos que otros pregunten, ¿Cuál es su secreto? ¿Dónde encuentra él tanta paz?

martes, 1 de marzo de 2011

CONTENTAMIENTO

El contentamiento fue una gran prueba en la vida de Pablo. Después de todo, Dios había dicho que lo usaría grandemente: “Instrumento escogido me es este para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, de reyes y de los hijos de Israel” (Hechos 9:15). Cuando Pablo primero recibió su comisión, “Enseguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que este era el Hijo de Dios” (9:20).

Pablo no tenía prisa de ver que todo se cumpliese durante su vida. Él sabía que tenía una promesa inamovible de parte de Dios y se aferró a ella. Pablo tenía contentamiento en el lugar donde se encontrara ministrando: a un carcelero, a un marinero, a unas cuantas mujeres a la orilla de un río. Este hombre tenía una comisión mundial, pero se mantenía fiel a predicar a Cristo de manera individual.

Tampoco Pablo estaba celoso de los hombres jóvenes que parecían rebasarlo. Mientras éstos viajaban por el mundo ganando a judíos y a gentiles para Cristo, Pablo estaba en prisión. Él tenía que escuchar reportes de grandes multitudes siendo convertidas por medio de hombres con los cuales había tenido que contender acerca del evangelio de la gracia. Pero Pablo no tenía envidia de aquellos hombres. Él sabía que un hombre rendido a Cristo sabe tanto de rebajarse como de honrarse: “Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento…teniendo sustento y abrigo [ropa], estemos ya satisfechos” (1 Timoteo 6:6, 8)

El mundo hoy día podría haberle dicho a Pablo, “Tú estás al final de tu vida ahora. No tienes ahorros ni inversiones. Todo lo que tienes es una muda de ropa.” Yo sé lo que la respuesta de Pablo hubiera sido: “Oh, pero he ganado a Cristo. Déjenme decirles, yo soy el ganador. He encontrado la perla de gran precio. Jesús me ha otorgado el poder de entregarlo todo y tomarlo nuevamente. Lo he entregado todo y ahora una corona me aguarda. Yo sólo tengo una meta en esta vida: ver a Jesús cara a cara. Todos los sufrimientos de este tiempo presente no se pueden comparar con el gozo que me aguarda.”