lunes, 31 de enero de 2011

LA LECCIÓN DEL HIJO PRÓDIGO

La Biblia dice, “Y cuando aún estaba lejos [el hijo pródigo], lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.” (Lucas 15:20)

Yo creo que el hijo pródigo volvió a casa por lo que había vivido con su padre. Este joven conocía el carácter de su progenitor - aparentemente había recibido gran amor de su parte. Él debió haber sabido que si regresaba, no sería condenado por sus pecados ni les serían echados en cara.

Observe cómo el padre del hijo pródigo lo recibió en su lamentable estado. El joven tenía la intención de ofrecerle una explicación. Pero cuando él vio a su padre, no tuvo la oportunidad de hacerlo por completo pues su progenitor lo interrumpió corriendo hacia él y lo abrazó.

El joven sólo pudo pronunciar el comienzo de su disculpa diciendo, “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo” (v. 21). Pero su padre no esperó a que terminara. Para él, el pecado del joven ya había sido saldado. La única respuesta del padre fue dar una orden a sus siervos: “Pónganle el mejor vestido a mi hijo y anillos en sus dedos. Preparen un festín, porque vamos a celebrar. Regocíjense todos – mi hijo está en casa.” Él conocía el corazón de su hijo. Él sabía que se había arrepentido completamente.

El pecado no representaba un problema para el padre. Lo único que había en su mente eran pensamientos de amor hacia su hijo. El padre quería que su hijo supiera que era aceptado aún antes de que él pudiese dar una explicación. Y este es el punto que Dios quiere mostrarnos a todos: Su amor es más grande que todos nuestros pecados. “Su benignidad te guía al arrepentimiento.” (Romanos 2:4)

domingo, 30 de enero de 2011

¡CÓRTALOS!

Jesús le dijo a sus discípulos, “Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno” (Mateo 18:8).

Jesús inicia este versículo con la palabra Por tanto, que siginifica “a la luz de esto que he dicho.” Con ello, Jesús vincula su afirmación al contexto de su lección acerca de mezclar las obras con la cruz. De tal manera que cuando él dice, “Si tu mano o tu pie te es ocasión de caer,” se refiere a la cómo la cruz representa una ofensa a la carne.

Cuando Jesús dice, “sácalo – córtalo”, él se estaba dirigiendo a los judíos que lo escuchaban hablar sobre su confianza en sus buenas obras. La mano, el pie y el ojo representan a la carne – instrumentos de independencia mediante los cuales cada hombre toma su propio camino y se subordina a su voluntad y esfuerzo humano para deshacerse de las ataduras del pecado. Cristo les está diciendo a tales personas, “Tu ojo está enfocado en la cosa equivocada. Estás viendo tu propia habilidad y poder. Por lo tanto, arranca tu ojo. Tú tienes que quitar de tu cuerpo, mente y corazón dicha malvada forma de pensar. Renuncia a ella, remuévela quirúrgicamente. Corta de ti toda esperanza de ofrecerle a Dios cualquier cosa que provenga de tu propio mérito o bondad. Lujurias y ofensas deben de ser cortadas – pero no por tus manos. Este es trabajo del Espíritu.”

“Luego simplemente corre a mis brazos. Humíllate como un niño al hacer tuya mi victoria en la cruz. Comprométete a una vida de devoción total y d edependencia en mí. Debido a mi obra en el Calvario, ya no te perteneces a tí mismo. Te he comprado. Mi Espíritu cumplirá mi petición de Santidad en ti.”

jueves, 27 de enero de 2011

¡NO PUEDO HABLAR CONTIGO…HASTA QUE…!

Lamentablemente, un gran número de cristianos no conocen la voz de Dios. Algunos pasan meses, aun años sin recibir en su hombre interior una palabra íntima del Señor. Dios en un momento les habló, pero con el paso de los años ellos han aprendido a silenciar la voz de Dios en sus corazones. Mientras tanto, otras personas se han apartado del Señor al observar a creyentes que absurdamente piensan que toda palabra que viene a su mente es divina. Dichos creyentes se jactan de “Dios me dijo”- cuando en realidad“la palabra” que escuchan es sólo la voz de su carne codiciosa.

Si usted quiere conocer y escuchar la voz de Dios en los días venideros, debe de estar listo para escuchar primeramente sobre su purificación antes de que él le hable sobre dirección. Muchos cristianos quieren que Dios les diga cómo mantener lo que han ganado, cómo proveer para sus familias, cómo mantener sus negocios o sus carreras a flote. Pero la verdad es que antes que Dios nos dé dirección en cualquiera de estos temas, él nos hablará de sus mandamientos.

“Esto os mando: Que os améis unos a otros” (Juan 15:17). Dios primero le hablará a usted sobre su comportamiento en su hogar con su esposa e hijos – sobre su fuerte temperamento, sus rencores y de su espíritu carente de perdon. Él le mostrará cada secreto oculto que usted tiene en su vida – y él le dirá amorosamente, “Yo quiero ser tu asesor, tu consejero, tu guía, tu protector, tu proveedor. Yo quiero caminar contigo a través de cada prueba y problema. Quiero darte mi favor, bendecirte, y cuidarte con mi Espíritu. Pero primero, tienes que ser honesto conmigo acerca de los ídolos escondidos que tienes en tu corazón. Ahora mismo, tú los tienes – ¡pero debes entregarlos! ¡Tú y yo simplemente no podemos caminar juntos a no ser que estemos de acuerdo en estos asuntos del corazón!

miércoles, 26 de enero de 2011

APRENDA A CONOCER LA VOZ DE DIOS

Dios quiere que sepamos que no importa cuán difícil sean las situaciones que afrontemos pues él sustentará a todo aquél que confía en él – con el poder de su tranquila y suave voz hablando diariamente a nuestro hombre interior.

Esto lo confirma el profeta Isaías: “Entonces tus oídos oirán detrás de ti la palabra que diga: Este es el camino, andad por él y no echéis a la mano derecha, ni tampoco os desviéis a la mano izquierda” (Isaías 30:21). Usted necesita comprender que Isaías entregó esta palabra a Israel en su momento más dificil. La nación estaba bajo juicio, en absoluta ruina, colapsada. Isaías les dijo a los líderes de Israel, “¡Vuélvanse al Señor ahora! Él quiere darles una palabra de dirección – él quiere hablarles, diciendo ‘Vayan por éste lado, vayan por este otro, aquí está el camino…” Sin embargo ellos no escucharon. ¡Ellos decidieron buscar ayuda de Egipto para ser liberados! Ellos pensaron que podían depender de las carrozas egipcias, de sus caballos y de sus suministros para poder salir adelante.

No obstante, Dios no envió todo su juicio sobre Israel en ese instante. En su lugar, él decidió esperar pacientemente hasta que cada uno de los recursos utilizados por Israel resultaran inútiles. Él dijo, “Mientras ellos estén corriendo de un lado al otro maquinando cómo sobrevivir, yo esperaré. ¡Quiero mostrarles a ellos mi misericordia a pesar de su maldad!” (v. 18). Evidentemente, todo les falló y las cosas solamente empeoraron para la nación. Finalmente, cuando todos sus planes fracasaron, Dios le dijo al pueblo, “¡Ahora dejen que yo me haga cargo! Abran sus oídos y yo les hablaré. Yo conozco la salida, y yo los dirigiré. Quiero guiar cada movimiento que hacen, hacia la derecha y hacia la izquierda para librarlos. ¡Yo los guiaré con mi voz – hablándoles, diciéndoles qué hacer hasta el último detalle!”

Lo que importa – lo que es vitalmente relevante – es que usted conozca la voz de Dios. Él todavía sigue hablando. Él lo ha dicho claramente, “Mis ovejas conocen mi voz”. Hay muchas voces en el mundo hoy día – voces fuertes y exigentes. Pero existe aquella voz tranquila y suave del Señor que puede ser conocida y escuchada por todos los que confían en lo que Jesús dijo.

martes, 25 de enero de 2011

¿QUIÉN SOÑÓ CON ESTE PLAN DE SUPERVIVENCIA?

“Y vino a él [Elías] palabra de Jehová, diciendo: Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Querit, que está frente al Jordán” (1 Reyes 17:2-3).

Mientras Elías observó la crisis que le avecinaba, su situación le debió parecer absolutamente desesperanzadora. Pero Dios tenía en mente un plan específico de supervivencia para su siervo fiel. Él le dijo al profeta, “Dirígete al este del Río Jordán, y encontrarás a Querit, un pequeño arroyo. Ahí podrás conseguir toda el agua que necesites beber. Además, ¡he arreglado todo para que alimento te sea entregado todos los días por mis cuervos mensajeros!”

¿Cómo podría una persona soñar, en un millón de años, con esta clase de plan de supervivencia? ¿Cómo podría Elías haberse imaginado que sería enviado a un arroyo oculto donde encontraría agua para beber cuando no había mas que sequía a su alrededor? ¿Cómo pudo haber pensado que una provisión de pan le sería entregada diariamente por cuervos los cuales siempre se comen todo lo que está a su alcance?

Más tarde, la situación se complicó para Elías pues el arroyo finalmente se secó. Pero Dios tomó nuevamente el control del asunto dándole al profeta una palabra fresca de dirección. El le dijo, “Levántate, vete a Sarepta de Sidón y vive allí; ahí le he dado orden a una mujer viuda que te sustente” (v. 9). Una vez más necesito preguntarle a usted - ¿cómo podría alguien imaginarse que una pobre mujer viuda en medio de una depresión económica, podía alimentar a un hombre por días, semanas, y meses sin parar? Pero el hecho es que Dios usa las cosas más menospreciadas e insignificantes de este mundo para su gloria. Él l le dijo a Elías, “Si tú vas con ella y haces lo que te digo, sobrevivirás. ¡Escúchame – has caso a mi dirección – y saldrás adelante!”

La evidencia es abrumadora: ¡Dios – nuestro asesor, consejero y experto en supervivencia – tiene un plan detallado para cada uno de sus hijos, para ayudarlos a enfrentar las peores circunstancias!

lunes, 24 de enero de 2011

PAZ CON DIOS

Jesús murió en la cruz para comprar mi paz con Dios – y hoy él está en el cielo para mantener esta paz en mí. La paz que tenemos con Dios a través de Jesucristo distingue nuestra fe de todas las demás religiones.

Fuera del Cristianismo, todas las religiones dejan sin resolver el asunto del pecado. De esta manera el dominio del pecado no es eliminado, y por consiguiente no puede haber paz. “¡No hay paz para los malos!, ha dicho Jehová” (Isaías 48:22).Sin embargo, tenemos un Dios que provee paz al perdonar nuestros pecados. Esta es la razón misma por la cual Jesús vino a la tierra: para traer paz a una humanidad temerosa y en conflicto.

¿Cómo mantiene Jesús la paz de Dios en mí? Él lo hace de tres maneras:
• Primero, la sangre de Cristo removió la culpa de mi pecado. En este sentido, Pablo dice, “Él es nuestra paz” (Efesios 2:14). Jesús hizo paz en mí a través de su sangre.
• Segundo, Cristo mantiene mi paz y gozo al creer en: “Y el Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz en la fe, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (Romanos 15:13).
• Tercero, Jesús hace que me regocije al tener la esperanza de que entraré en su gloria “Y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios” (Romanos 5:2).

Para ponerlo de una manera simple, paz es la ausencia del miedo. Y una vida sin miedo es una vida llena de paz.

Cuando Jesús ascendió al cielo, él no solo disfrutó de la gloria que se le había otorgado. No, él fue al Padre para mantener la paz que ganó con tanto dolor para nosotros en el Calvario.

Ahora mismo nuestro Salvador está vivo en la gloria. El es completamente Dios y completamente humano, con manos, pies, ojos, cabello. Nuestro Salvador también tiene las cicatrices en sus manos y en sus pies, y la herida en su costado. Él nunca desechó su humanidad; él continúa siendo un hombre en la gloria. Y en este momento, nuestro hombre en la eternidad trabaja para asegurarse que la paz que nos otorgó al partir, nunca nos sea robada. Él ministra como sumo sacerdote al estar activamente involucrado en mantener a su cuerpo en la tierra lleno de su paz. Y cuando él venga nuevamente, quiere que nosotros seamos “hallados por él…en paz” (2 Pedro 3:14).

Cuando yo peco, mi paz se interrumpe en dos áreas. Primero, mi conciencia entra en conflicto y con buen motivo provoca culpa. Segundo, las acusaciones de Satanás ponen miedo en mí. Creo que éstas son las dos primeras áreas donde las intercesiones de Cristo se aplican en nosotros.

Primero, mi sumo sacerdote no permitirá que mi conciencia me tenga cautivo. Ni permitirá que las acusaciones de Satanás en contra mía no sean desafiadas. Cristo es mi abogado para con el Padre en contra de toda acusación del infierno. ¿Qué es un abogado? Es simplemente “mi amigo en la corte” Para los cristianos, este amigo en la corte es también el hijo del juez. Además, nuestro abogado es nuestro hermano. De hecho, vamos a heredar la fortuna del juez junto con él.

domingo, 23 de enero de 2011

NUESTRO INTERCESOR

“Por eso puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:25).

¿Qué quieren decirnos las Escrituras cuando mencionan que Jesús intercede por nosotros? Yo creo que este tema es muy profundo, majestuoso y que va más allá del entendimiento humano. Yo tiemblo con tan solo abordarlo. Los estudiosos de la Biblia tienen varios puntos de vista sobre su significado.

A través de la oración y confianza en el Espíritu Santo, estoy comenzando a entender sólo un poco de este increíble tema. Recientemente he orado muy sencillamente, “Señor, ¿cómo tu intercesión en el cielo afecta mi vida? Tu Palabra dice que te presentas delante del Padre en mi lugar. ¿Qué significado tiene esto en mi caminar diario contigo?”

La palabra intercesión en español significa, “suplicar a favor de alguien”. Esto habla de un sujeto que toma el lugar de usted ante los demás para suplicar por su caso. Cuando usted escucha esta definición, ¿se imagina usted a Cristo continuamente implorando a Dios por usted, pidiéndole misericordia, perdón, gracia y bendiciones? En mi opinión, esta imagen nos presenta al Padre como avaro. Yo simplemente me rehúso a creer que la gracia tiene que ser arrancada de nuestro amoroso Dios. Si nos acotamos a esta limitada definición de intercesión, nunca entenderemos el profundo significado espiritual de lo que Cristo hace por nosotros.

La Biblia sostiene que mi Padre celestial conoce mis necesidades antes de que yo se las presente. Inclusive, muy a menudo él las suple aun antes de orar al respecto. Por lo tanto, me resulta difícil aceptar que el mismo Hijo de Dios tiene que suplicarle a él por algo. Además, las Escrituras dicen que el Padre ya le ha confiado a su Hijo todas las cosas: “En él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad” (Colosenses 2:9).

No pretendo conocer por completo todo lo referente a la intercesión que Cristo hace por nosotros. Pero sí creo que aquéllo que nuestro sumo sacerdote está realizando en su intercesión por nosotros, es un asunto muy sencillo. Considero que su intercesión está directamente relacionada con el crecimiento de su cuerpo aquí en la tierra. Él está trabajando para suplir con poder y fortaleza a cada articulación y miembro.

jueves, 20 de enero de 2011

FUE EN LO PROFUNDO DE MÁS PROFUNDO DE LA AFLICCIÓN CUANDO LA ORACIÓN DE DAVID SE VOLVIÓ INTENSA

En su desesperación, David clamó, “Señor, oye mi voz; estén atentos tus oídos a la voz de mi súplica” (Salmo 130:2). Este versículo se asemeja a la oración de un hombre desahuciado. David obviamente no estaba simplemente expresando “oraciones estructuradas.” David se encontraba con su rostro en el suelo – deshecho, contrito, suplicándole a Dios desde lo más profundo de su corazón. “¡Oh Jehová santo Dios, tienes que escuchar mi clamor! Ya no puedo continuar más. Mi pecado está siempre delante de mí y me estoy hundiendo en temor y pánico. Por favor Dios, ten misericordia de mí.”

David sabía que su alma necesitaba ser liberada. Y él buscó sólo a Dios para encontrar esa liberación. David llegó a la conclusión, “Estoy en una situación tan grave que solo el Señor me puede ayudar ahora. No puedo apoyarme en consejeros, amigos, ni aún en mi familia. Mi única esperanza es la oración. ¡Así que voy a clamar noche y día hasta que Dios escuche mi súplica!”

¿Ha estado usted tan desesperado como David? ¿Se ha encerrado con el Señor con su rostro en el suelo, clamándole a Él? Oraciones monótonas, silenciosas, perezosas no lograrán nada. ¡Si usted no está desahogando su alma ante el Señor, usted realmente no quiere sanidad – usted sólo quiere una salida a su situación! David testificó, “… ¡Gimo a causa de la conmoción de mi corazón!...y mi suspiro no te es oculto” (Salmo 38:8-9).

Usted tiene que clamar en voz alta como lo hizo David, “¡Señor, escucha mi clamor! ¡No te voy a soltar hasta que me contestes!”

miércoles, 19 de enero de 2011

DISCIPLINA – USTED ES AMADO

Si usted se encuentra ahora mismo afligido profundamente como producto de su pecado – si usted está abatido porque la vara del Señor está sobre su espalda, siéntase reconfortado. Él lo está disciplinando porque lo ama tiernamente. Él lo disciplina porque quiere que usted tenga temor de El – que conozca que tiene cuidado de usted.

¿Qué significa exactamente temer al Señor? Significa que usted pueda decir, “Yo sé que mi Padre me ama. Estoy seguro que soy de Él para siempre y que nunca me abandonará. Él siente mi dolor cuando estoy en medio de la dificultad. Él me tiene paciencia cuando estoy luchando en contra de la incredulidad. Él siempre está listo para perdonarme cuando lo busco. Pero yo también sé que Él no me va a permitir continuar desobedeciendo Su Palabra. Mi Padre celestial no me lo pasará por alto – porque me ama profundamente.” La disciplina es para corregir.

Este es el punto central. Dios quiere que aceptemos su perdón para que le temamos. “Empero hay perdón cerca de ti, para que seas temido” (Salmo 130:4 R.V. Antigua). Una vez que temamos al Señor, vamos a querer más que simplemente obedecerle. Vamos a querer agradarlo, poner una sonrisa en su rostro. Ese es el resultado de un temor santo de Dios.

martes, 18 de enero de 2011

SÓLO POR FE

El perdón de Dios sólo puede ser obtenido por fe. No podemos razonarlo. El regalo expiatorio de la sangre de Cristo es tan profundo, tan lleno de gracia, tan misterioso, que está lejos de ser comprendido por medio de cualquier habilidad humana. Puede que veamos claramente cómo la ley de Dios es aplicada a nuestro pecado. Es posible que sintamos condenación, temor y culpa por nuestras transgresiones. Sin embargo, nuestro Padre celestial permanece amorosamente a nuestro lado en todo momento, listo para perdonarnos.

La sangre de Cristo, el amor del Padre, el deseo que tiene el Señor de perdonarnos: todas estas bendiciones solo pueden ser conocidas mediante la fe. “El justo por la fe vivirá” (Gálatas 3:11).

Usted puede preguntarse, “¿Cuántas veces me perdonará el Señor por continuar cometiendo el mismo pecado una y otra vez?” Sin embargo, usted puede descansar confiadamente en el hecho de que el increíble perdón del Señor es ilimitado. Cada vez que usted peca, usted puede ir a Jesús y encontrar liberación. No obstante, el perdón del Señor no es ingenuo ni ciego. Nuestro Padre celestial nos perdona – pero hasta cierto punto, Él nos disciplina para evitar que continuemos en pecado. “Porque el Señor al que ama, disciplina” (Hebreos 12:6).

lunes, 17 de enero de 2011

DAVID SALIO DE SU PROFUNDA AFLICCION AL RECORDAR LA NATURALEZA PERDONADORA DE DIOS

Después de haber llorado y clamado al Señor, David terminó testificando, "Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado" (Salmo 130:4). El Espíritu Santo comenzó a saturar su alma con recuerdos de las misericordias de Dios, y David súbitamente hizo memoria de todo lo que él había aprendido acerca de la naturaleza misericordiosa, perdonadora de Dios. "Pero tú eres Dios perdonador, clemente y piadoso, tardo para la ira y grande en misericordia" (Nehemías 9:17).

Pronto, David estaba con regocijo, recordando, "Porque tú Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan" (Salmo 86:5). "Él es quien perdona todas tus maldades..." (103:3). Aquí está una de las promesas fundamentales del Nuevo Pacto: Jeremías declara, "Porque perdonaré la maldad de ellos y no me acordaré más de su pecado" (Jeremías 31:34). Y Pablo añade en el Nuevo Testamento, "...perdonándoos todos los pecados" (Colosenses 2:13). ¡Dios nos ha prometido su perdón, por cada pecado!

domingo, 16 de enero de 2011

DEMASIADOS CRISTIANOS SE QUEDAN SUMERGIDOS EN SU AFLICCION TOTALMENTE

Para muchos creyentes, el tocar fondo significa el final. Llegan a abrumarse de tal manera de sus fracasos que los conduce a sentirse devaluados. Con el tiempo se sienten atrapados y sin ayuda. Isaías escribió acerca de estos creyentes, "¡Pobrecita, fatigada con tempestad, sin consuelo!" (Isaías 54:11).

Algunos, eventualmente se enojan con Dios. Se cansan de esperar a que El actúe así que claman con un tono acusador, "Señor, ¿dónde estabas cuando te necesitaba? Clamé a ti para que me liberaras pero tú nunca me respondiste. He hecho todo lo que pude hacer pero aún no soy libre. ¡Estoy cansado de arrepentirme y de llorar sin poder ver ningún cambio!" Muchos creyentes simplemente se rinden y se entregan a los deseos de la carne.

Otros, caen en un estupor de apatía espiritual. Ellos se convencen de que Dios no está interesado más en ellos. Se dicen a sí mismos, "Mi camino está escondido de Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio" (Isaías 40:27). "Me dejó Jehová, el Señor se olvidó de mí" (Isaías 49:14).

Así también existen otros creyentes que terminan enfocando toda su atención en el fracaso para mantenerse en un estado constante de culpabilidad. Sin embago, esto solamente les provoca desconcierto y los lleva a clamar , "Nuestras rebeliones y nuestros pecados están sobre nosotros, y a causa de ellos somos consumidos: ¿cómo, pues, viviremos?" (Ezequiel 33:10).

The fact is, feeling conviction is not an end in itself. When we're humbled by guilt and sorrow over our sin, we're not supposed to rest in those feelings. They're meant to drive us to the end of ourselves-and to the victory of the cross!

Pero en la realidad, el sentimiento de culpa no es un fin en sí mismo. Cuando somos humillados por la culpa y el dolor de nuestro pecado, no debemos permanecer en estos sentimientos. Por el contrario éstos deben conducirnos a tocar fondo - ¡y a la victoria de la cruz!

jueves, 13 de enero de 2011

JEHOVÁ SAMA – EL SEÑOR ESTÁ ALLÍ

Para ser un miembro de la verdadera iglesia de Dios, usted debe de ser conocido por el nombre de Jehová Sama – “El Señor está allí” (Ezequiel 48:35). Otros deberían poder decir de usted “Está claro para mí que el Señor está con esta persona. Cada vez que lo veo, yo siento la presencia de Jesús. Su vida verdaderamente refleja la gloria de Dios.”

Si somos honestos, tenemos que admitir que no sentimos la dulce presencia del Señor entre los cristianos muy a menudo. ¿Por qué? Los Cristianos gastan su tiempo envueltos en buenas actividades religiosas – grupos de oración, estudios Bíblicos, ministerios de alcance – y todo esto es muy elogiable. Pero muchos de estos mismos Cristianos pasan poco o nada de tiempo
Ministrando al Señor, en el aposento secreto de oración.

La presencia del Señor simplemente no puede ser falsificada. Esto es cierto ya sea que se aplique a la vida de un individuo o al cuerpo de una iglesia. Cuando me refiero a la presencia de Dios, no estoy hablando de algún aura espiritual que envuelve místicamente a una persona, o que desciende sobre un culto en la iglesia. En lugar de eso, yo estoy hablando del resultado de un caminar de fe simple pero poderoso. Ya sea que se manifiesta en la vida de un Cristiano o en una congregación entera, causa que las personas lo noten. Se dicen a sí mismos, “Esta persona ha estado con Jesús”, o “Esta congregación verdaderamente cree en lo que predican.”

Se necesita mucho más que un pastor justo para producir una iglesia Jehová Sama. Se necesita gente justa, personas de Dios que se encierren a solas con él. Si una persona extraña al terminar el culto dice, “Yo sentí la presencia de Jesús ahí adentro”, usted puede estar seguro que no fue por la prédica o por la alabanza. Fue porque una congregación justa entró a la casa de Dios, y la gloria de Dios estaba en medio de ellos.

miércoles, 12 de enero de 2011

EL SEÑOR JUSTICIA NUESTRA

“Vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso y actuará conforme al derecho y la justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual lo llamarán: JEHOVÁ, JUSTICIA NUESTRA” (Jeremías 23:5-6).

Dios le dio al profeta Jeremías una revelación de JEHOVA TSIDKENU en un tiempo de crisis similar al que estamos enfrentando hoy. Así que, ¿qué significa esto para nosotros, en términos prácticos? ¿Qué es esta justicia de la cual él es Señor – y cómo debemos de conocer y entender a Jesús en este rol?

Pablo nos da algunas respuestas sobre la definición de justicia de Dios en varios pasajes.

• “Creyó Abraham a Dios y le fue contado por justicia” (Romanos 4:3).
• “A Abraham le fue contada la fe por justicia” (Romanos 4:9).
• “Así Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia (Gálatas 3:6).

Cada uno de estos versos se refiere a una cosa que Abraham hizo para obtener la verdadera justicia: él creyó.

Finalmente, Pablo nos da del Señor la definición de justicia: “[Abraham] tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció por la fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido. Por eso, también su fe le fue contada por justicia” (Romanos 4:20-22).

La Biblia no podría hacer este tema más claro. Justicia es creer las promesas de Dios, estando completamente persuadidos que él mantendrá su palabra.

martes, 11 de enero de 2011

NUESTRO PASTOR TODAVÍA AMA A LAS DESCARRIADAS

Nuestro gran pastor ama cada oveja que se ha descarriado debido a las pruebas, problemas, heridas o dolores. Nunca nos animaríamos a acusar a nuestro pastor de abandonarnos. Él todavía camina a nuestro lado y nos cuida todo el tiempo.

Ahora mismo, tal vez usted está perdiendo la guerra contra alguna clase de tentación. Cualquiera que sea su lucha, usted se ha propuesto no apartarse del Señor. Usted rehúsa entregarse a las garras del pecado. En lugar de eso, usted se ha tomado a pecho la Palabra de Dios.

Pero, al igual que David, usted se ha desanimado. Y ahora ha llegado al punto en que se siente absolutamente impotente. El enemigo lo está llenando de desesperación, miedo y mentiras.

Su prueba puede volverse más desconcertante e inexplicable. Pero yo quiero que usted sepa que – no importa por lo que esté pasando, el Espíritu Santo quiere revelar en usted a Jehová Rohi (Ra’ah), el Señor su pastor. Usted tiene un pastor que quiere imprimir su amor en el corazón de usted.

Jesús nos asegura, “Nunca te dejaré ni te desampararé.” Y nuestro Padre celestial – Jehová Rohi, el Señor nuestro pastor – se ha revelado a nosotros en el Salmo 23. Él nos dice, “Te conozco por tu nombre, y sé por lo que estás pasando. Ven, recuéstate en mi gracia y en mi amor. No trates de entenderlo todo. Sólo acepta mi amor por ti. Y descansa en mis amorosos brazos. Sí, yo soy el Señor de los ejércitos. Soy el Dios majestuoso y santo. Yo quiero que conozcas todas estas revelaciones de mí. Pero la revelación que yo quiero que tengas ahora es la revelación de Jehová Rohi. Quiero que me conozcas como tu pastor que te ama y te cuida. Quiero que descanses seguro de que pasarás todas tus pruebas, en mi ternura y mi amor.”

lunes, 10 de enero de 2011

EL SEÑOR MI PASTOR

Todos estamos familiarizados con el Salmo 23. Su mensaje de consuelo es muy conocido aun entre los incrédulos. Este Salmo célebre fue escrito por el Rey David, y su pasaje más famoso está en el verso de entrada: “Jehová es mi pastor; nada me faltará.”

La palabra Hebrea que David usa para faltará en este verso indica un significado de no tener. David está diciendo, en otras palabras, “No me faltará nada.” Cuando combinamos este significado con la primera parte del verso, David está diciendo, “El Señor me dirige, me guía y me nutre. Y por eso, nada me falta.”

En este verso breve, David nos da todavía otro reflejo del carácter y la naturaleza del Señor. La traducción literal en Hebreo de la primera parte de este verso es Jehová Rohi (Ra’ah). Significa “El Señor mi pastor.”

Jehová Rohi no es un pastor benigno y pasivo. El no es como un asalariado – alguien que sólo provee comida y guía. El no solamente apunta hacia los pastos y las lagunas de agua y nos dice, “Ahí está lo que necesitas. Ve y come.” Ni tampoco se hace el ciego a nuestras necesidades. El no corre hacia el lado opuesto cuando escucha nuestros gritos de ayuda ni cuando ve que estamos en problemas. No, él conoce cada dolor que soportamos, cada lágrima que derramamos, cada herida que sentimos. El conoce cuando estamos demasiado cansados para dar otro paso hacia adelante. El sabe cuánto podemos soportar. Más que nada, él sabe cómo rescatarnos y llevarnos a un lugar para sanarnos. Una y otra vez, nuestro pastor viene a nosotros, nos trae y nos lleva a un lugar de descanso. Él continuamente nos hace descansar para tener un tiempo de sanidad y restauración.

Jehová Rohi - el Señor nuestro pastor – nos insta a que lo sigamos para ir a su descanso, para que él pueda “shekinah” en medio de nosotros. El Señor dice en Éxodo 29:45, algo “Y habitaré entre los hijos de Israel, y seré su Dios.” La palabra Hebrea para “habitaré” aquí es Sekinah, que significa “permanecer por”, o “asentarse junto a.” Esta palabra no significa una presencia pasajera, sino una presencia permanente – una presencia que nunca nos deja. En corto, la gloria sekinah de Dios no es una marca que desaparece de nuestros corazones como una tinta invisible. No, es algo que Dios implanta permanentemente en nuestra alma. Es su eterna y muy cercana presencia.

Este cuadro aquí es glorioso: Nuestro pastor ofrece venir a nosotros en medio de nuestro dolor y de nuestra condición de depresión, y sentarse junto a nosotros. Él promete curar nuestras heridas y enderezar las partes nuestras que han quedado enfermas y malogradas.

Esa es la gloria sekinah de Dios. La presencia del Señor que permanece y que dura para siempre. Y muy a menudo la experimentamos cuando estamos en apuros. Nuestro gran pastor nos dice, “Yo quiero restaurarte. Y lo voy a hacer estando presente contigo, aún en el valle y en las sombras de muerte. Mi presencia estará contigo a través de todo lo que el enemigo lance contra ti. Aún si tratas de alejarte de mí, yo voy a correr tras de ti. Y cuando te alcance, te tomaré en mis brazos y te llevaré a mi descanso. Entonces vendaré tus heridas y sanaré todas tus enfermedades”

domingo, 9 de enero de 2011

LO UNICO QUE EL QUIERE DE USTED ES SU FE

Dios no quiere su casa, su carro, sus muebles, sus ahorros, sus posesiones. Todo lo que él quiere es su fe – la confianza fuerte de usted en la Palabra de Dios. Y tal vez esa sea la cosa que más le falta a las personas que parecen ser espirituales. Usted puede pensar que otra persona sea más espiritual que usted. Pero esa persona puede estar luchando arduamente para mantener una apariencia de justicia. Pero cuando Dios lo mira a usted, él declara, “He aquí un hombre o una mujer justa.” ¿Por qué? Usted ha admitido su incapacidad de llegar a ser justo. Y usted ha confiado en que el Señor le da su justicia.

Pablo nos dice que somos contados como justos en los ojos de Dios, por la misma razón que Abraham fue contado. “Por eso, también su fe le fue contada por justicia. Pero no solo con respecto a él se escribió que le fue contada, sino también con respecto a nosotros a quienes igualmente ha de ser contada, es decir, a los que creemos en aquel que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro” (Romanos 4:22-24).

Puede que usted declare, “Yo creo esto. Yo tengo fe en que Dios resucitó a Jesús.” Pero, la pregunta para usted es, ¿cree usted que el Señor puede resucitar su matrimonio cuando está lleno de problemas? ¿Cree usted que él puede traerle vida a un familiar que está muerto espiritualmente? ¿Cree usted que él puede sacarlo del hoyo de un hábito que lo está debilitando? ¿Cree usted que él puede borrar su pasado maldecido y restaurarle todos los años que el gusano se ha comido?

Cuando todo parece sin esperanza – cuando usted está en una situación imposible, sin recursos, y sin ninguna esperanza por delante - ¿cree que Dios será su Jehová Jireh, y proveerá para su necesidad? ¿Usted cree que él está comprometido a cumplir sus promesas con usted – y que si aún una de sus palabras fallara, los cielos se derretirían y el universo colapsaría?

jueves, 6 de enero de 2011

EL SEÑOR JUSTICIA NUESTRA

“Vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso y actuará conforme al derecho y la justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual lo llamarán: JEHOVÁ, JUSTICIA NUESTRA” (Jeremías 23:5-6).

Dios le dio al profeta Jeremías una revelación de JEHOVA TSIDKENU en un tiempo de crisis similar al que estamos enfrentando hoy. Así que, ¿qué significa esto para nosotros, en términos prácticos? ¿Qué es esta justicia de la cual él es Señor – y cómo debemos de conocer y entender a Jesús en este rol?

Pablo nos da algunas respuestas sobre la definición de justicia de Dios en varios pasajes.

• “Creyó Abraham a Dios y le fue contado por justicia” (Romanos 4:3).
• “A Abraham le fue contada la fe por justicia” (Romanos 4:9).
• “Así Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia (Gálatas 3:6).

Cada uno de estos versos se refiere a una cosa que Abraham hizo para obtener la verdadera justicia: él creyó.

Finalmente, Pablo nos da del Señor la definición de justicia: “[Abraham] tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció por la fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido. Por eso, también su fe le fue contada por justicia” (Romanos 4:20-22).

La Biblia no podría hacer este tema más claro. Justicia es creer las promesas de Dios, estando completamente persuadidos que él mantendrá su palabra.

miércoles, 5 de enero de 2011

NO ESTAMOS SIN ESPERANZA

Nosotros que conocemos la justificación de Cristo, no podemos vivir como aquellos que no tienen esperanza. Hemos sido bendecidos tanto con el amor de Dios, como también el temor de Dios. Y su deseo para con nosotros en los tiempos oscuros y más terribles es obtener su gozo y alegría. Aun cuando vemos juicio cayendo alrededor nuestro, debemos cantar y regocijarnos con júbilo – no porque el juicio ha llegado, sino que lo hacemos aún cuando hay juicio.

Isaías 51:11 comienza con la palabra Ciertamente, que significa “a la luz de lo que acabo de decir.” ¿Qué es lo que Dios ha dicho aquí? Él le ha recordado a su pueblo, “[Yo] el que transformó en camino las profundidades del mar para que pasaran los redimidos” (Isaías 51:10), que significa, “Yo todavía soy el Señor, el de tiempos antiguos, el que hace milagros. Y mi brazo sigue siendo fuerte para librarte.”

Así que, ¿qué es lo que Dios quiere que su pueblo conozca a la luz de esta verdad? Él lo dice todo en un verso, Isaías 51:11:

• “Ciertamente volverán los redimidos de Jehová; volverán a Sión cantando.” En otras palabras: “Voy a tener un pueblo que vuelve a mí con confianza, fe y certeza. Ellos quitan sus ojos de las condiciones que los rodean. Y ellos reciben de vuelta su canción alegre.”

• “Y gozo perpetuo habrá sobre sus cabezas.” El gozo que el pueblo de Dios experimenta no será sólo por un Domingo en la mañana, o una semana o un mes. Durará a través de los años, a través de los tiempos difíciles, aún hasta el final.

• “Tendrán gozo y alegría.” Dios miró a través de los tiempos y dijo: “Voy a tener un pueblo que obtendrá alegría, que la tomará y la poseerá. La agarrarán, y será de ellos.”

• “Y huirán el dolor y el gemido.” Esto no significa que todo nuestro sufrimiento terminará. Significa que nuestra confianza en el Señor nos pone por encima de cada dolor y prueba. Tales cosas no podrán robarnos de nuestra alegría y felicidad en Cristo.

martes, 4 de enero de 2011

LLEGANDO A CONOCER AL PADRE

Yo creo que nuestros hijos en este mundo llegan a conocer nuestra naturaleza y carácter hacia ellos, mayormente durante sus tiempos de crisis. Cuando ellos se encuentran en medio del dolor, sufrimiento o necesidad, ellos reconocen nuestro profundo cuidado y provisión para ellos. Cuando mis hijos estaban creciendo, yo nunca tuve que enseñarles cómo era yo. Yo nunca tuve que decirles, “Yo soy tu padre – soy paciente, bondadoso, lleno de misericordia y de amor hacia ti. Tengo un corazón tierno para contigo, listo para perdonarte a cada momento.” Hubiera sido absurdo el hacer esa clase de proclamación. ¿Por qué? Mis hijos aprendieron sobre mi amor por ellos durante sus experiencias de crisis. Y ahora que están casados y con sus propios hijos, mis hijos e hijas me están conociendo a través de un conjunto de experiencias completamente nuevas. Ellos están aprendiendo aún más sobre mí debido a mis actitudes y mis acciones hacia ellos durante este nuevo periodo de necesidades en sus vidas.

Y así es con nosotros, en llegar a conocer a nuestro Padre celestial. Desde el tiempo de Adán, hasta la cruz de Cristo, el Señor le dio a su pueblo una revelación que aumentaba continuamente sobre su carácter. Pero él no hizo esto simplemente proclamando quién era él. Él no trató de revelarse anunciando, “Los siguientes nombres describen mi naturaleza. Ahora, vayan y apréndanlos y descubrirán quién soy yo.”

Las expresiones Hebreas (nombres) verdaderamente describen las maravillosas glorias y provisiones que están dentro del nombre del Señor. Pero Dios reveló a su pueblo estos aspectos de su naturaleza, actualmente haciendo por ellos lo que él había proclamado ser. Él vio la necesidad de sus hijos, conocía de antemano las estrategias del enemigo contra ellos, e intervino sobrenaturalmente a favor de ellos.

Yo le insto a que llegue a conocer a su Padre celestial, despacio, con propósito, al nivel del corazón. Pídale al Espíritu Santo que le haga acuerdo de las muchas facetas de provisiones del cielo que Dios le ha dado durante sus momentos de necesidad. Entonces pídale al Espíritu que edifique en usted un verdadero conocimiento en su corazón de YO SOY – el Dios que es todo lo que usted necesita, en todo tiempo.

lunes, 3 de enero de 2011

LA PRUEBA MÁS GRANDE DE TODAS

“Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas” (Éxodo 14:21).

Ante los Israelitas se abrió un camino que los llevaría a la seguridad. En este momento crucial, Dios quería que su pueblo mirase a aquellas murallas de agua y creyese que él mantendría el agua separada hasta que ellos pudieran llegar a salvo al otro lado. Para decirlo simplemente, Dios quería que su pueblo tuviese una fe que declarase, “Aquél que comenzó este milagro para nosotros, también lo terminará. Él ya nos ha demostrado que él es fiel.

“Mientras miramos hacia atrás, vemos que todos nuestros temores fueron en vano. No debimos de haber temido cuando veíamos venir a los Egipcios. Dios levantó un muro sobrenatural de oscuridad para protegernos de ellos, y no debimos de haber tenido miedo al escuchar sus amenazas toda la noche. Todo ese tiempo, Dios nos proveyó con una luz luminosa, mientras nuestros enemigos estaban enceguecidos por la oscuridad. También temimos en vano aquellos vientos feroces, cuando todo ese tiempo Dios estaba usándolos para abrirnos un camino de escape.

“Vemos ahora que Dios sólo desea hacer cosas buenas para nosotros. Hemos visto su poder y su gloria para beneficio nuestro. Y ahora estamos determinados a no vivir más con temor. No importa si esos muros de agua se derrumban. Vivos o muertos, le pertenecemos al Señor.”

Había una razón por la que Dios quería que Israel tuviese esa clase de fe en este momento. Ellos iban a enfrentar un viaje a través del desierto. Ellos soportarían privaciones, peligros y sufrimientos. Así que él dijo, “Yo quiero que mi pueblo conozca que yo les daré sólo lo bueno. No quiero que estén con miedo de que vayan a morir cada vez que enfrenten el peligro. Yo quiero un pueblo que no le tenga temor a la muerte, porque ellos conocen que soy de confiar en todas las cosas.”

Un verdadero adorador no es alguien que baila después que ha ganado la victoria. No es la persona que canta alabanzas a Dios una vez que el enemigo ha desaparecido. Eso es lo que los Israelitas hicieron. Cuando Dios partió el Mar Rojo y llegaron al otro lado, ellos cantaron y bailaron, alabaron a Dios y pregonaron su grandeza. Pero, tres días más tarde estas mismas personas murmuraron enojados contra Dios, en Mara. ¡Estos no eran adoradores – sólo eran gritones superficiales!

Un verdadero adorador es aquél que ha aprendido a confiar en Dios durante la tormenta. La adoración de esta persona no está sólo en sus palabras, sino en su manera de vivir. Su mundo está con calma en todo momento, porque su confianza en la fidelidad de Dios es inamovible. El no está temeroso del futuro, porque él ya no tiene temor a morir.

Mi esposa Gwen y yo vimos esta clase de fe inamovible en nuestra nieta Tiffany de doce años de edad. Sentados junto a su cama durante sus días finales, contemplamos en ella una paz que sobrepasó todo nuestro entendimiento. Ella me dijo, “Abuelo, yo quiero irme a casa. He visto a Jesús, y él me dijo que quiere que yo esté allí. Yo ya no quiero estar acá.” Tiffany había perdido todo su miedo a la muerte y a las privaciones.

Ese es el descanso que Dios quiere para su pueblo. Es una confianza que dice como Pablo, o como Tiffany, “Viva o muera, yo soy del Señor” Esto es lo que hace a un verdadero adorador.

Yo oro para que todos aquellos que lean este mensaje, puedan decir en medio de su tormenta: “Sí, puede ser que continúe enfrentando otra noche oscura, tormentosa. Pero yo he probado que Dios es fiel. No importa lo que venga, yo descansaré en el amor que él me tiene.”

domingo, 2 de enero de 2011

HAGAN TRES COSAS

En medio de la prueba, Dios le dijo a Israel que hicieran tres cosas: “No temáis. Estad firmes. Ved la salvación de Jehová” Su llamado para Israel fue, “Voy a pelear por ustedes. Simplemente manténganse quietos. Estén callados y déjenlo todo en mis manos. Ahora mismo, estoy haciendo un trabajo en lo sobrenatural. Todo está bajo mi control. Así que no entren en pánico. Confíen que estoy peleando contra el diablo. Esta batalla no es de ustedes” (ver Éxodo 14:13-14).

Pronto el atardecer cayó sobre el campamento. Este era el comienzo de la noche tormentosa y oscura de Israel. Pero también era el comienzo del trabajo sobrenatural de Dios. Él envió un ángel protector impresionante para que se colocara entre su pueblo y el enemigo. Yo creo que Dios todavía envía ángeles protectores para acampar alrededor de aquellos que lo aman y le temen (ver Salmo 34:7).

El Señor también movió la nube sobrenatural que le había dado a Israel para guía. La nube súbitamente se cambió del frente del campamento de Israel a la retaguardia y surgió como una pared negra oscura ante los Egipcios. Al otro lado, la nube proveyó una luz sobrenatural, dándole a los Israelitas una visibilidad clara toda la noche (ver Éxodo 14:20).

Aunque el ejército del Faraón estaba en una oscuridad total, ellos todavía podían alzar sus voces. Y toda la noche ellos lanzaban amenazas y mentiras. Este aluvión de mentiras sacudió el campamento de Israel aquella noche oscura. Pero no importaba cuánto gritaba el enemigo sus amenazas. Un ángel montaba guardia protegiéndolos, y Dios había prometido a su pueblo que él los sacaría adelante.

Amado santo, si usted es un hijo de Dios comprado con la sangre, él ha puesto un ángel guerrero entre usted y el diablo. Y él le manda a usted, de igual manera que lo hizo con Israel, “No temas. Está firme. Cree en mi salvación.” Satanás puede que venga contra usted vociferando amenazas malvadas. Pero en ningún momento durante esa noche oscura y tormentosa, podrá el enemigo destruirlo.

“Moisés extendió su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirara por medio de un viento recio oriental que sopló toda aquella noche” (Éxodo 14:21).
La tormenta de viento que Dios envió fue tan poderosa, que comenzó a partir las olas del mar: “Un viento recio oriental…Así se secó el mar y las aguas quedaron divididas” (14:21).

La palabra Hebrea que se traduce aquí como viento, significa “exhalar violento”. En otras palabras, Dios exhaló y el agua se congeló en paredes. El campamento de carpas de Israel debió de haberse sacudido ferozmente cuando esos torrentes soplaron a través del campamento. ¿Por qué permitió Dios que Israel pasara toda una noche tormentosa, cuando él bien pudo haber hablado una simple palabra y calmado los elementos?

Qué tormenta debió de haber sido. Y qué tiempo aterrorizante para Israel. Yo le pregunto a usted, ¿qué estaba Dios haciendo aquí? ¿Por qué Dios permitió que esa terrible tormenta continuara toda la noche? ¿Por qué no le dijo a Moisés que tocase las aguas con su manto, y que partiera las olas sobrenaturalmente? ¿Qué razón tendría Dios en permitir que esa terrible noche aconteciera?

Había sólo una razón: El Señor estaba haciendo adoradores. Dios estaba trabajando todo el tiempo, usando esa tormenta terrible para hacer un camino para que su pueblo saliera de la crisis. Pero los Israelitas no podían ver esto en ese momento. Muchos estaban escondidos en sus carpas, pero aquellos que salieron afuera presenciaron un espectáculo glorioso de luces. Ellos también contemplaron la gloriosa vista de las olas montándose, y las poderosas paredes de agua levantándose para formar una senda seca que atravesaba el mar. Cuando las personas vieron esto, ellos debieron de haber gritado, “Miren, Dios ha usado el viento para hacer un camino para nosotros. “¡Alabado sea el Señor!”