jueves, 29 de julio de 2010

UN PEQUEÑO SABOR DE CIELO

Un bocado de anticipo es un adelanto del sabor real. La Biblia lo llama arras – “Es las arras de nuestra herencia” (Efesios 1:14). Significa que nos dan a probar un bocado antes de que venga todo el festín. Nuestra herencia es Cristo mismo – y el Espíritu Santo nos trae a su propia presencia como un anticipo de sabor a lo que será ser recibido como su novia, disfrutando de un amor y una comunión eterna con él.

Pablo describe a unas personas de Dios que están “sellados con el Espíritu Santo” (Efesios 1:13). Esto se refiere a personas especialmente marcadas por el trabajo del Espíritu Santo. El Espíritu Santo ha producido en ellos una marca distintiva, un trabajo interior glorioso – algo sobrenatural que los ha cambiado para siempre.

Ya no son creyentes ordinarios. Ya no son más “de este mundo” desde que han colocado sus afectos en cosas de arriba, y no en las de esta tierra. No son movidos por los eventos mundiales. En lugar de eso, son inamovibles. Ya no son tibios ni a medias ganas. En lugar de eso, sus corazones claman día y noche, “Ven pronto, Señor Jesús…”

¿Qué sucedió en ellos? ¿Qué hizo el Espíritu Santo en estos creyentes? ¿Qué los marcó y los selló para siempre como propiedad del Señor? Simplemente esto: ¡El Espíritu Santo les dio un bocado de la gloria de su presencia! El vino a ellos, les abrió el cielo – ¡y ellos experimentaron una manifestación sobrenatural de su grandeza sublime! El nos da “un poquito de cielo” para llegar al cielo con eso – para afilar nuestro apetito.

¿Qué clase de novia usted cree que el Espíritu Santo le presentará a Jesucristo en ese día de revelación? ¿Una que está sin mucho ánimo? ¿Una cuyo amor es tibio o frío? ¿Una que no es devota a Jesús? ¿Una que no quiere intimidad con Cristo?

Si usted verdaderamente ama a Cristo, él nunca está fuera de la mente suya. El está presente en cada momento que usted esté despierto. Algunos Cristianos piensan, “Eso sucederá después de que yo muera. Cuando llegue al cielo, todo cambiará. Yo seré la novia especial del Señor recién entonces”. No, ¡la muerte no santifica a nadie! El Espíritu Santo está aquí hoy día. El está vivo y trabajando dentro de usted – ¡para producir un amor apasionado por Cristo en este lado de nuestra muerte!

Romanos 8:26 describe uno de los trabajos más poderosos del Espíritu Santo en el corazón del creyente. “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.”

La palabra traducida como “gemidos” en el Griego significa “un anhelo” – un deseo vivo de tener más de Cristo. Usted puede anhelar tanto a Cristo, que usted puede sentarse en su presencia y nada saldrá de la boca suya sino un gemido profundo – algo que no puede ser pronunciado. Dice, “Jesús, tú eres la única felicidad en este mundo. Yo he probado y he visto que tú eres bueno – y quiero todo de ti.”

Esta es la marca de aquél que está caminando en el Espíritu. El tiene un apetito insaciable por Jesús. Como Pablo, ¡ésta persona está ansiosa de partir y estar con el Señor!

miércoles, 28 de julio de 2010

UN MINUTO ANTES DE LA MEDIA NOCHE

Vemos en 1ra de Samuel 13 que Saúl enfrentó un momento crucial que todo creyente deberá confrontar eventualmente. Es un tiempo de crisis donde somos forzados a decidir si esperamos a Dios por fe, o nos volvemos impacientes y ponemos mano en el asunto.

El momento crucial de Saúl vino cuando nubes siniestras de guerra se aglomeraban sobre Israel. Los Filisteos habían reunido un gran ejército de caballería, carrozas de fierro, y legiones de soldados que blandían sus armas modernas. En contraste, los Israelitas sólo tenían dos espadas en todo su ejército – una le pertenecía a Saúl y la otra era de su hijo, Jonatán. Todos los demás tenían que usar armas como ser lanzas que habían fabricado de los implementos que usaban para la agricultura.

Una semana antes, Samuel le había advertido a Saúl que lo esperase en Gilgal antes de ir a la batalla. El profeta había dicho que él llegaría después de siete días para ofrecer los sacrificios apropiados al Señor.

Cuando llegó el séptimo día y Samuel no había llegado, los soldados de Saúl empezaron a dispersarse. Peor aún, el rey no tenía la dirección de Dios para la batalla.

¿Qué decisión tomó Saúl? ¿Se paró firme, declarando, "No importa si Samuel tarda ocho días en llegar, yo voy a permanecer en la Palabra que Dios me dio. Ya sea que viva o muera, yo obedeceré su mandato"? No – Saúl entró en pánico. El permitió ser abrumado por sus circunstancias. Y él terminó manipulando sus acciones para evitar la Palabra de Dios. El ordenó al sacerdote que estaba presente, hacer los sacrificios sin Samuel. Y al haber hecho esto, él cometió un pecado grave contra el Señor (ver 1ra de Samuel 13:11-12).

No – Dios nunca se atrasa. En todo momento, Dios conocía cada paso que Samuel estaba tomando hacia Gilgal. El había colocado al profeta en un sistema de navegación celestial, que apuntaba a su llegada en el segundo preciso. Samuel llegaría allí el día séptimo, aún si fuese un minuto antes de la media noche.

Dios no ha cambiado a través de los siglos. Y él está interesado en que sus hijos obedezcan su mandato: "Obedezcan la voz del Señor, y no sean rebeldes al mandato del Señor" (1ra Samuel 12:15 parafraseado). No importa si nuestras vidas están fuera de control – debemos caminar en completa confianza en el Señor. Aún si las cosas parecen sin esperanza, no debemos actuar en temor. En lugar de eso, tenemos que esperar pacientemente a que él nos libre, tal como lo promete su Palabra.

El hecho es que, Dios estuvo al lado de Saúl mientras el ejército masivo de los Filisteos marchaba hacia él. Dios conocía la crisis en la que estaba Saúl, y su ojo estaba en cada detalle.

Nuestro Dios ve cada detalle de la crisis de usted. El ve todos los problemas de la vida que lo están apretando. Y él está absolutamente consciente de que su situación se torna peor cada día. Aquellos que oran y esperan en él con fe calmada, nunca están en ningún peligro real. Es más, él conoce los pensamientos suyos de pánico:"Yo no sé cómo voy a poder pagar esta deuda…No tengo ninguna esperanza para mi matrimonio…No sé cómo podré seguir con trabajo…" Pero su mandato continúa siendo verdadero: "No entres en pánico, ni te me adelantes. No debes de hacer nada más que orar – y depender de mí. Yo honro a todo aquél que pone su confianza en mí. "

Considere éstas palabras que Dios ha dado a su iglesia: "Sin fe es imposible agradar a Dios" (Hebreos 11:6). "Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio" (Salmo 62:8). "Los que teméis a Jehová, confiad en Jehová; El es vuestra ayuda y vuestro escudo" (Salmo 115:11). "Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas" (Proverbios 3:5-6).

La incredulidad es mortal, y sus consecuencias son trágicas. Y enfrentaremos graves consecuencias si tratamos de desenredarnos nosotros mismos de nuestras dificultades, en lugar de confiar en que Dios nos sacará de ellas.

martes, 27 de julio de 2010

UN PURGANTE ESPIRITUAL FUERTE

El mandato de Dios de amar a nuestros enemigos puede tener un sabor amargo, como una medicina con sabor desagradable. Pero como el aceite de castor que teníamos que tomar en nuestra niñez, es un medicamento que sana.

Jesús lo dice claramente: "Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen" (Mateo 5:43-44).

¿Estaba Jesús contradiciendo a la ley aquí? De ninguna manera. El estaba revertiendo el espíritu de carne que había entrado en la ley. En aquél tiempo, los Judíos amaban solamente a otros Judíos. Un Judío no podía saludar dándole la mano a un Gentil, o aún permitir que su vestimenta rozara las ropas de alguien que no fuera Judío. Pero éste no era el espíritu de la ley. La ley era santa, e instruía, "Si el que te aborrece tuviere hambre, dale de comer pan, y si tuviere sed, dale de beber agua; porque ascuas amontonarás sobre su cabeza, y Jehová te lo pagará" (Proverbios 25:21-22).

Podemos odiar las acciones inmorales de aquellos que están en el gobierno. Podemos odiar los pecados de los homosexuales, abortistas y aquellos que odian a Cristo. Pero el Señor nos ordena orar por ellos. Si en algún momento yo desprecio a la persona en lugar de despreciar el principio detrás de esa persona, yo no estoy representando fielmente a Cristo.

He presenciado una marcha de homosexuales aquí en la ciudad de Nueva York. Doscientos cincuenta mil gays, muchos de ellos semidesnudos, algunos portando letreros que decían "Dios es Gay". Yo vi que ellos dejaban la marcha y saltaban sobre los Cristianos que tenían letreros diciendo, "Dios ODIA tu pecado – Pero El te ama a ti."

Me enrojecí de enojo. Sentí deseo de pedir que cayese fuego como el de Sodoma sobre todos ellos. Pero reflexionando, Yo dije en mi corazón, "Yo estoy actuando como los discípulos que querían que descendiera fuego para consumir a todos aquellos que rechazaron a Jesús."

Yo digo que – ¡La homosexualidad es pecado! ¡Pero también es pecado el adulterio! Y también lo es la amargura y la falta de perdón.

¡Ama a tus enemigos! ¿Amar a aquellos que campean su pecado delante de nosotros? ¿Orar por ellos? ¿Bendecir a los que nos maldicen?

¡Eso es exactamente lo que dijo Jesús!

¡Así que hágalo!

lunes, 26 de julio de 2010

DANIEL – UN HOMBRE DE OTRA CLASE

Daniel era "un hombre de otra clase" y él habla de ser quebrantado: Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión" (Daniel 9:3-4). Debido a esto, Daniel fue capaz de discernir los tiempos, por que él conoció el corazón de Dios. "Yo Daniel miré atentamente en los libros el número de los años de que habló Jehová al profeta Jeremías" (Daniel 9:2).

¿Cómo llegó Daniel a esta senda de quebrantamiento, conocimiento y discernimiento? Esto comenzó con su estudio de la Palabra de Dios. Daniel permitió que las Escrituras se apoderaran de él completamente. Y él las mencionaba seguido y extensivamente, por que él las había escondido en su corazón: "Conforme está escrito en la ley…" (Daniel 9:13).

En el capítulo 10, a este devoto profeta le fue dada una visión de Cristo, "Y alcé mis ojos…y he aquí un varón vestido de lino, y ceñido sus lomos de oro de Ufaz…y su rostro parecía un relámpago, y sus ojos como antorchas de fuego…y el sonido de sus palabras como el estruendo de una multitud" (10:5-6).

Yo le animo a usted, proponga en su corazón desde hoy día buscar a Dios con toda diligencia y determinación. Luego vaya a la Palabra de Dios con un amor y deseo que vaya en aumento. Ore ayunando por ser quebrantado, para recibir la carga de Dios. Finalmente, confiese y abandone todas las cosas que impiden que el Espíritu Santo pueda abrir las bendiciones del cielo para usted. La senda de los "hombres de otra clase" está abierta para todos. ¿Caminará usted en ella?

Ese caminar trae el toque de Dios. Daniel testificó, "Y he aquí una mano me tocó, e hizo que me pusiese sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis manos" (Daniel 10:10). La palabra que se traduce como "tocó", aquí significa "asir violentamente". Daniel nos está diciendo, "Cuando Dios puso su mano sobre mí, caí sobre mi rostro. Su toque me dio una urgencia de buscarlo con todo lo que hay en mí."

Esto sucede cada vez que Dios toca una vida. Esa persona cae de rodillas y se convierte en un hombre o una mujer de oración, motivado a buscar al Señor.

A menudo me he preguntado por qué Dios toca sólo a algunas personas con esta urgencia. ¿Por qué algunos siervos se vuelven buscadores hambrientos de él, mientras que otras personas fieles continúan su camino? Aquellos tocados por Dios tienen una relación íntima con el Señor. Ellos reciben revelaciones del cielo. Y ellos disfrutan de un caminar con Cristo que muy pocos disfrutan.

¿Por qué puso Dios su mano sobre Daniel y lo tocó? ¿Por qué podía este hombre ver y oír cosas que ningún otro podía? El declara, "Y sólo yo, Daniel, vi aquella visión, y no la vieron los hombres que estaban conmigo" (Daniel 10:7).

Dios necesitaba una voz para que hablara su mensaje. El quería un siervo que ora, alguien que respondería fielmente a su llamado. Daniel era ese hombre. El había estado devotamente orando tres veces al día. Y ahora, mientras él caminaba a orillas del río, el mismo Cristo se le reveló (vea Daniel 10:7-9).

Dios hizo que Daniel fuese su oráculo por que:

  1. Daniel nunca dejó de orar (vea Daniel 10:2-3)
  2. Daniel se angustiaba sobre la decadencia espiritual en la sociedad y en la iglesia (vea Daniel capítulo 9).
  3. Daniel se rehusó a albergar o a esconder pecado (Daniel 9:4-5).

domingo, 25 de julio de 2010

USTED NECESITA AL ESPÍRITU SANTO

Algunos hemos sido salvos por un número de años, otros tal vez un año, y algunos sólo unos meses o unas pocas semanas. ¡Ser salvos del pecado es maravilloso! Las cosas viejas se desvanecen – y todas las cosas se vuelven nuevas. ¡Estoy feliz de que usted sea salvo!

Pero para poder ser un buen soldado al servicio de nuestro Señor Jesucristo, no es suficiente el ser salvos. Hay mucho más para usted. ¡Usted necesita ser bautizado con el Espíritu Santo!

En los tiempos de Pablo, algunos creyentes no sabían que había un Espíritu Santo. "Les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo" (Hechos 19:2) Estas personas fueron salvas, pero está claro de que no habían sido llenados ni bautizados con el Espíritu Santo.

Yo creo en que somos salvos a través del poder y ministerio del Espíritu Santo. ¡Pero las escrituras nos dicen que en adición a esto, hay también un bautismo, un llenar, y una posesión que el Espíritu Santo hace en nosotros!

Jesús mismo no envió a sus discípulos y seguidores al mundo, hasta que ellos fueron bautizados con el Espíritu Santo. Ciertamente, sus discípulos tenían corazones puros. Tenían fe para sanar enfermos, para echar fuera demonios. Tenían la Palabra del Señor y ya habían estado predicando y ganando convertidos. Ellos fueron testigos de su resurrección. ¿Qué más podría haber? ¡Ellos estaban dispuestos a morir por Jesús! ¿No era suficiente su amor por él para ser enviados al mundo a hacer su trabajo?

Amados, ¡Nada de eso era suficiente! Claramente, había más. "Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra" (Hechos 1:8)

¿Usted realmente quiere al Espíritu Santo? ¿Quiere que caiga sobre usted y lo bautice con fuego? Usted tiene que estar convencido que esto es para usted. Usted debe llegar al lugar donde usted sabe que no es nada, que no tiene nada y que no puede hacer nada sin el poder y la guía del Espíritu Santo.

¡Usted debe de saber que él está todavía bautizando, todavía cayendo sobre los creyentes – poseyendo sus cuerpos! "Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Por que para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare" (Hechos 2:38-39)

¡Cada hora de cada día, multitudes en todo el mundo están siendo bautizados con el Espíritu Santo! Ellos han leído ésta promesa en la Biblia o la han escuchado en una prédica. ¡Y ellos han clamado, apoderándose de la promesa, y han sido bautizados!

Este bautismo es especialmente para aquellos que están viviendo en los últimos días. "Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne…En aquellos días derramaré de mi Espíritu" (Hechos 2:17-18). El está disponible para todo el que lo pida:

"¿Cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?" (Lucas 11:13).

Dios quiere que usted viva y camine en el Espíritu. Usted no debe de correr buscando a algún otro que pueda satisfacer las necesidades de alguna persona. Usted es llamado a hablar la Palabra de Dios mientras el Espíritu se mueve en usted, y a poner manos sobre los enfermos, y a echar fuera demonios así como los apóstoles lo hicieron. ¡Somos llamados a ser testigos llenos del Espíritu Santo y de poder!

jueves, 22 de julio de 2010

GOBERNADOS POR LA PALABRA DE DIOS

Si Cristo reina como suprema autoridad sobre su reino, y si nosotros somos sus súbditos, entonces nuestras vidas deben de ser gobernadas por él. ¿Qué significa, exactamente, ser gobernados por Jesús?

De acuerdo al diccionario, gobernar significa “guiar, dirigir, controlar todas las acciones y comportamientos de aquellos bajo autoridad”. En corto, debemos permitir a Jesús controlar todas nuestras acciones y comportamiento, incluyendo cada uno de nuestros pensamientos, palabras y obras.
Jesús también rige las naciones del mundo. La Biblia nos dice, “El señorea con su poder para siempre; sus ojos atalayan sobre las naciones; los rebeldes no serán enaltecidos” (Salmo 66:7). “Jehová estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos” (Salmo 103:19).

No se engañe – nuestros países no están gobernados por los políticos, o por una autoridad humana. No está controlado por las entidades financieras tampoco. Ningún otro poder, sobrenatural o de la tierra reina sobre América o cualquier otra nación. Sólo Dios está en control. El está sentado como Rey de Reyes y Señor de Señores, gobernando y reinando sobre toda la creación desde su trono celestial.

En toda América estamos viendo un decaimiento moral terrible, el surgimiento de lo oculto, deviaciones sexuales rampantes, ateísmo atrevido y vociferante. Algunos Cristianos temen que las hordas del infierno estén tomando lentamente nuestras naciones, estableciendo el reino de tinieblas de Satanás.

No necesitamos preocuparnos. Isaías nos asegura, “Quebrantó Jehová el báculo de los impíos, el cetro de los señores… ¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones…Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo. Se inclinarán hacia ti los que te vean, te contemplarán, diciendo: ¿Es este aquél varón que hacía temblar la tierra, que trastornaba los reinos?” (Isaías 14:5, 12, 15-16).

Amados, nuestro Dios no está ansioso ni preocupado por Satanás. El no está angustiado sobre lo que nosotros vemos como un avasallamiento de nuestras naciones. Con tan sólo una palabra de la boca de nuestro Señor, Satanás se irá para siempre, y será atormentado por toda la eternidad. Por lo tanto, no debemos temer a lo maligno.

En ningún otro reino Dios gobierna tan soberanamente y tan poderosamente como en su propio reino – el que él ha establecido en los corazones de sus hijos.

Jesús dijo, “he aquí el reino de Dios está entre vosotros” (Lucas 17:21). Y es en ese reino – el dominio de nuestro corazón – que Cristo reina supremamente sobre sus hijos, guiándonos, sanándonos, gobernando nuestras acciones y comportamientos.

“Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite” (Isaías 9:7). Este verso habla del reinado de Jesús a través de toda la eternidad sin fin. Pero también tiene otro significado importante: Debemos siempre aumentar nuestra sumisión al gobierno de nuestro Rey.

¿Puede usted decir honestamente que día tras día, el gobierno de Jesús sobre usted está aumentando? ¿Está usted sujetando su comportamiento más y más bajo su autoridad?

Usted puede preguntarse – si Jesús está en los cielos, gobernando en total autoridad a la diestra del Padre, ¿cómo gobierna su reino aquí en la tierra? Encontramos la respuesta en el libro de Hebreos. El autor nos dice que en el Antiguo Testamento, Dios habló a su pueblo a través de los profetas. Pero hoy día el Señor ha elegido hablar a través de su Hijo (ver Hebreos 1:1-2).

Jesús es el mensaje explícito de Dios para nosotros – la Palabra divina hecha carne. Y el Padre, nos ha enviado al Espíritu Santo para recordarnos las palabras que Jesús habló mientras estuvo en la tierra. Así, Jesús nos gobierna por la escrita y revelada Palabra de Dios. La Biblia es el cetro de nuestro Rey, por medio de la cual él hace que su palabra sea conocida por nosotros.

Si usted quiere escuchar el testimonio de un hombre que era gobernado por la Palabra escrita de Dios, usted lo puede encontrar en el Salmo 119:11, “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (ver también los versos 105, 123, 133, 162).

miércoles, 21 de julio de 2010

ESTORBOS PARA CRECER EN GRACIA

En Efesios 4:31, Pablo nos da una lista de las cosas que debemos de remover de nuestras vidas si es que vamos a crecer en la gracia de Cristo: “Quítese de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.”

No podemos pasar por alto estos problemas enumerados en la lista de Pablo. El apóstol dice que nosotros debemos absolutamente encarar estas cosas si vamos a crecer en gracia. Si usted ignora los problemas del corazón que Pablo menciona aquí, usted entristecerá al Espíritu Santo. Su crecimiento será atrofiado, y usted terminará siendo un zombi espiritual.

Los tres primeros ítems en la lista de Pablo – amargura, enojo e ira – son explicativos por sí mismos. La amargura es rechazo a dejar que una herida del pasado se vaya, o a perdonar una falta del pasado. Enojo es una fortaleza o resentimiento que está acoplado con una esperanza de venganza. La ira es exasperación – ya sea un ataque explosivo o una indignación que bulle lentamente hacia alguna persona. Maledicencia son palabras que destruyen – es lo opuesto de edificar a alguien o de hablar palabras de edificación; La maledicencia es maliciosa, tiene intención de herir.

Gritería es un arranque emocional sobre algo sin importancia – un alboroto sin necesidad, un gran ruido que se hace sin motivo. Causamos una gritería cuando algo insignificante lo hacemos grande, o cuando hacemos una escena en lugar de de tratar de ayudar o de sanar.

El ítem final en la lista de Pablo es la malicia. Malicia es el deseo de ver a otro persona sufrir. Para muchos Cristianos, malicia significa la esperanza de que Dios castigue a alguien que nos ha herido. Este es un espíritu diabólico, y está generalmente escondido muy profundamente en el corazón.

Cuando Pablo dice “Quítese de vosotros todas estas maldades”, él no está hablando de una solución rápida. El está describiendo un proceso – un asunto de crecimiento que toma tiempo. Muchas veces, podemos fallar en nuestro intento de despojarnos de estas maldades. Pero si nos arrepentimos rápidamente, y nos proponemos a enmendar las cosas con la persona implicada, con el tiempo estos problemas desaparecerán.

martes, 20 de julio de 2010

UN CRECIMIENTO EXPLOSIVO EN LA GRACIA

Nuestro crecimiento en la gracia puede ser explosivo cuando intentamos edificar a aquellos que nos mortifican.

“Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios” (Efesios 4:29-30). La raíz griega de la palabra “edificación” que Pablo usa, significa “constructor de casas”. Esa palabra a la vez, viene de una raíz que significa “construir”. En corto, todo aquél que edifica, está construyendo la casa de Dios, la iglesia.

Pablo nos está diciendo tres cosas importantes sobre las palabras que hablamos:

1. Debemos usar nuestras palabras para edificar al pueblo de Dios
2. Debemos de usar nuestras palabras para ministrar gracia a otros.
3. Es posible entristecer al Espíritu santo con nuestras palabras.

Me siento profundamente conmovido mientras leo las historias de las vidas de los gigantes espirituales del pasado. Estos hombres y mujeres de Dios tenían su mente enfocada en el cielo- estudiosos de la Palabra de Dios, orando a menudo, y preocupados por crecer en gracia. Lo que más me impresiona sobre las vidas de estas personas, no es sólo su devoción a Cristo, o la intensidad de sus oraciones. Es también el fruto divino que estas cosas produjeron en ellos. Además, yo descubrí algo en común entre estos gigantes espirituales: su mayor inquietud era crecer en la gracia de un corazón puro, del cual una conversación santa pudiera fluir. “Por que de la abundancia del corazón habla la lengua” (Mateo 12:34).

Yo crezco en la gracia cuando elijo vivir para otros y no para mí mismo. Ese crecimiento en la gracia debe de comenzar en mi casa, mostrándole a mi conyugue y a mis hijos que me estoy pareciendo a Cristo, y que esto siempre va en aumento. Mi hogar debe de ser el campo de pruebas donde todos los problemas, todos los malos entendidos son vencidos por mi disposición “a renunciar a mis intentos de tener siempre la razón”.

El haber abandonado mi derecho a “tener la razón” me ha ayudado a disfrutar del poder de la gracia de Dios como nunca antes. Toda discusión, todos nuestros “derechos” se desvanecen cuando buscamos edificarnos el uno al otro en lugar de tratar de ganar una disputa tonta.

Crezcamos – en gracia.

lunes, 19 de julio de 2010

HOMBRES DE OTRA CLASE

Cuando yo leo sobre las hazañas de los hombres santos de Dios en el Antiguo Testamento, mi corazón arde. Estos siervos estaban tan apasionados por la causa del nombre de Dios, que hicieron obras poderosas que desconciertan las mentes de los cristianos de hoy día.

Estos santos de antaño eran como una roca, firmes en su determinación de no ir hacia delante si no recibían una palabra de Dios. Y ellos lloraron y endecharon por días debido a la condición de indiferencia que había en su casa de Dios. Ellos rehusaron comer, beber o lavar sus cuerpos. Se arrancaron puñados de pelos de sus cabezas y de sus barbas. El profeta Jeremías hasta estuvo echado de costado en el suelo por 365 días en Jerusalén, advirtiendo continuamente del juicio venidero de Dios.

Me pregunto, ¿de donde consiguieron estos santos la autoridad espiritual y la resistencia para hacer todo lo que hicieron? Ellos fueron hombres de otra clase, siervos completamente diferentes de los que vemos hoy día en las iglesias. Yo simplemente no puedo relacionarme con ellos o con su caminar. Yo sé que no soy totalmente de su clase. Y yo no conozco a ningún Cristiano que lo sea.

Algo de esto me inquieta. La Biblia dice que las hazañas de estos hombres del Antiguo Testamento fueron registradas como lecciones para nosotros: “Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos” (1Corintios 10:11). Sus historias son para nuestro ejemplo, para mostrarnos cómo mover el corazón de Dios, o cómo llevar a las personas corruptas al arrepentimiento.

Así que, ¿fueron estos santos una raza especial? ¿Fueron superhombres con un destino predeterminado, y dotados con poderes sobrenaturales que no hemos conocido en nuestra generación? No es así. La Biblia nos indica enfáticamente que nuestros devotos antepasados eran personas como usted y yo, sujetos a las mismas pasiones de la carne (vea Santiago 5:17). El hecho es que, sus ejemplos nos revelan un modelo que debemos seguir. Estos hombres poseían algo en su carácter lo cual causó que Dios pusiese sus manos sobre ellos. Esa es la razón por la cual los escogió para que llevasen a cabo sus propósitos. Y él nos está instando con insistencia a que busquemos esas mismas cualidades de carácter hoy en día.

Esdras era un hombre de Dios que despertó a toda su nación. Las Escrituras dicen que Esdras era un hombre sobre el cual Dios había puesto su mano. Esdras testificó, “Y yo fui fortalecido por la mano de mi Dios sobre mí” (Esdras 7:28). En otras palabras, Dios extendió su mano, envolvió a Esdras y lo hizo un hombre diferente.

¿Por qué haría esto Dios con Esdras? Había cientos de escribas en Israel en aquél tiempo. Todos ellos tenían el mismo llamado de estudiar y explicar la Palabra de Dios a las personas. ¿Qué diferenció a Esdras de los demás? ¿Cuál fue la causa por la que Dios puso su mano sobre este hombre, y lo puso a cargo de 50,000 personas para reconstruir la ciudad caída de Jerusalén?

Las escrituras nos dan la respuesta: “Por que Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová, y para cumplirla” (Esdras 7:10). Es simple: Esdras tomó una decisión consiente. El se propuso sobre todas las cosas buscar la Palabra de Dios y obedecerla. Y él no se desvió de esa decisión. El se dijo a sí mismo, “Voy a ser un estudioso de la Palabra. Y voy a actuar de acuerdo a todo lo que yo lea.”

Mucho antes que Dios pusiera su mano sobre Esdras, este hombre estaba diligentemente examinando las Escrituras. El se permitió ser examinado por ellas, lavado por ellas, y limpiado de toda suciedad de cuerpo y espíritu. Esdras tenía hambre por las escrituras y se regocijaba en ellas. El permitió que las Escrituras preparasen su corazón para cualquier trabajo que Dios hubiera elegido para él. Esta es la razón por la cual el Señor puso su mano sobre Esdras y lo ungió.

domingo, 18 de julio de 2010

LAS FUERZAS ESPECIALES DE DIOS

Usted ha escuchado de las Fuerzas Especiales del ejército – un ejército dentro del mismo ejército que está altamente entrenado, un grupo élite de soldados dedicados. Las Fuerzas Especiales están formadas completamente por voluntarios, guerreros que se han destacado y han sido escogidos por sus superiores.

Antes de la guerra de Afganistán, Osama bin Laden había dicho que los soldados americanos eran débiles, cobardes, y que no estaban entrenados para pelear en las montañas. El había predicho que el Talibán enviaría a las tropas estadounidenses de vuelta a sus casas avergonzadas, pero él no había contado con las Fuerzas Especiales americanas. Este grupo temerario invadió Afganistán con sólo 2.000 soldados. En pocos días, habían localizado las fortalezas del enemigo.

Yo creo que Dios está haciendo algo similar a esto en el mundo espiritual. Cuando yo estaba orando, el Espíritu Santo puso un concepto en mí – Dios ha estado trabajando en los cielos en una misión secreta. El está alistando a un ejército dentro de su ejército, buscando entre sus tropas para formar un grupo élite de voluntarios. Esta fuerza especial está compuesta de guerreros a los cuales él puede tocar y maniobrarlos, para batallar contra el enemigo. Vemos un cuadro de esto en la Biblia, con la milicia especial de Saúl. La Palabra nos dice, “Y fueron con él los hombres de guerra cuyos corazones Dios había tocado” (1 Samuel 10:26).

Las fuerzas especiales de Dios hoy día incluye a jóvenes, a adultos, y aún a los ancianos. Ellos han estado entrenando en sus lugares secretos de oración. Su intimidad con Jesús les ha enseñado cómo pelear. Ahora saben cómo guerrear en cualquier plano, ya sea en las montañas o en los valles.
Este ejército dentro del ejército de Dios está colocado en cada nación. Su actividad puede estar encubierta ahora, pero pronto los veremos haciendo proezas en el nombre y en el poder de Cristo. La Palabra de Dios está saliendo adelante, y la hambruna se está acabando. El Señor prevalecerá. Su Palabra lo conquistará todo.

“El pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará” (Daniel 11:32).

“Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán” (Isaías 40:31).

jueves, 15 de julio de 2010

SOMOS FAMILIA

Reclamar el poder que está en el nombre de Cristo, no es una verdad teológica complicada que esté escondida. En mi biblioteca hay libros que han sido escritos específicamente en el tema del nombre de Jesús. Los autores escribieron para ayudar a los creyentes a entender las implicaciones profundas que están escondidas en el nombre de Cristo. Pero, la mayoría de estos libros son tan “profundos”, que los lectores no los entienden.

Yo creo que la verdad que se nos ha dado sobre el nombre de Jesús es tan simple, que un niño puede entenderla. Es simplemente lo siguiente: Cuando hacemos nuestra petición en el nombre de Jesús, debemos de estar persuadidos que es igual que si Jesús mismo estuviese pidiéndole al Padre. Usted puede preguntar, ¿Cómo es posible esto? Déjeme explicarle.

Nosotros sabemos que Dios amó a su Hijo. El habló con Jesús y le enseñó mientras estuvo en la tierra. Y Dios no solamente escuchó sino también respondió a cada pedido que su Hijo le hizo. Jesús testificó sobre esto diciendo, “El siempre me escucha.” En otras palabras, el Padre nunca negó a su Hijo ninguna petición.

Hoy día, todos los que creen en Jesús están vestidos del Hijo de Dios. Y el Padre celestial nos recibe tan íntimamente como él recibe a su propio Hijo. ¿Por qué? Es por nuestra unión espiritual con Cristo. A través de su crucifixión y resurrección, Jesús nos ha hecho uno con el Padre. “Para que todos sean uno; como tú oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros…Yo en ellos y tú en mí” (Juan 17:21-23).

Para ponerlo de una manera simple, ahora somos familia – somos uno con el Padre, y uno con el Hijo. Hemos sido adoptados, con todos los derechos de herencia que le pertenecen a un hijo. Esto significa que todo el poder y todos los recursos del cielo están a nuestra disposición, a través de Cristo. Orar “en el nombre de Jesús” no es una fórmula. No es una frase que tiene poder simplemente pronunciándola. El poder está en creer que Jesús toma nuestra causa y la lleva al Padre en sus propios méritos. El es el Abogado – él está haciendo la petición por nosotros. El poder está en confiar plenamente que Dios nunca le niega nada a su propio Hijo, y que somos los beneficiados de la fidelidad total que el Padre tiene con el Hijo.

miércoles, 14 de julio de 2010

¡EL CRECIMIENTO EN GRACIA PUEDE SER DETENIDO!

Pablo les advierte a los efesios: "No seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina" (Efesios 4:14). Usted pensará: "Este versículo no se aplica a mí. Mi fundamento es bíblicamente sólido. Yo no soy llevado por estas modas del evangelio y artificios frívolos que distraen a la gente de Cristo. Yo estoy arraigado y cimentado en la palabra de Dios".

Aun así, oigan el resto del versículo de Pablo: "…llevados por…estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error" (Efesios 4:14). Quizás usted no pueda ser perturbado por una falsa doctrina. Pablo dice que usted podría ser llevado por un asunto totalmente diferente. Él está preguntando: "¿Es usted llevado por doquiera a causa de los planes malignos de aquéllos que se oponen a usted?".

El mensaje de Pablo nos hace examinarnos otra vez: ¿Cómo reaccionamos ante la gente que nos llama hermanos y hermanas en Cristo, pero esparce falsedades respecto a nosotros?

Cuando Pablo ordena: "Ya no seamos niños", nos está diciendo: "Tus enemigos, los que hacen uso de chisme y calumnia, fraude y manipulación, malicia y astucia, engaño e hipocresía; yo les digo, todos ellos son hijos rebeldes. Se han desviado y estropeado. Y no han permitido que la gracia de Dios obre en ellos, Así que, no caigas en sus juegos malignos e infantiles. Ellos quieren que tú reacciones a su bajeza como lo haría un niño. Pero no debes responderles con niñerías".

En el siguiente versículo, Pablo nos insta a avanzar hacia la madurez: "sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo" (Efesios 4:15). Él está diciendo: "No puedes impedir los desprecios que recibes, las heridas que te causan, el chisme hecho contra ti, el fraude y engaño dirigido a tu persona. Sin embargo, puedes usar estas cosas para crecer en gracia. Míralas como oportunidades para ser más como Cristo. Responde suavemente, con un espíritu manso. Perdona a los que te utilizan maliciosamente".

martes, 13 de julio de 2010

LA ORACION QUE SACUDE AL INFIERNO

Cuando el libro de Daniel fue escrito, Israel estaba en cautiverio en Babilonia. Y, por el capitulo seis, después de una larga vida ministerial, Daniel tenía ochenta años.

Daniel fue siempre un hombre de oración. Y ahora, en su vejez, no pensaba bajar la guardia. Las Escrituras no mencionan que Daniel se haya agotado o desanimado. Por el contrario, Daniel apenas comenzaba. La Escritura muestra que aun a sus ochenta años, sus oraciones sacudían al infierno, enfureciendo al diablo.

El rey Darío promovió a Daniel al oficio más alto en toda la nación. Daniel llegó a ser uno de los tres presidentes de igual nivel, quienes regían sobre príncipes y gobernadores de 120 provincias. Darío favoreció a Daniel sobre los otros dos presidentes, poniéndolo a cargo de desarrollar la política de gobierno y de capacitar a todos los miembros del tribunal e intelectuales (Daniel 6:3).

Obviamente, Daniel era un profeta ocupado. Sólo alcanzo a imaginarme los tipos de presión que existían sobre este ministro, con su ocupado horario y reuniones que le absorbían el tiempo. Nada, sin embargo, podía apartar a Daniel de su tiempo de oración; él nunca estaba demasiado ocupado para no orar. La oración seguía siendo su ocupación central, por encima de todas las otras exigencias. Tres veces al día, él se retraía de todas sus obligaciones, cargas y exigencias como líder para pasar tiempo con el Señor. Simplemente de retiraba de todas las actividades y oraba. Y Dios le respondía. Daniel recibía toda su sabiduría, dirección, mensajes y profecías mientras estaba de rodillas (Daniel 6:10).

Usted se preguntará: ¿Cuál es la oración que sacude al infierno? Viene del siervo diligente y fiel, que ve su nación e iglesia cayendo más y más en pecado. Esta persona cae de rodillas, clamando: “Señor, no quiero aislarme de lo que está sucediendo. Déjame ser un ejemplo de tu poder guardador en medio de este siglo pecaminoso. No importa si nadie más ora, yo voy a orar”.

¿Demasiado ocupado para orar? ¿Dice usted: “Yo simplemente lo recibo por fe”? Quizás piense: “Dios conoce mi corazón; Él sabe cuán ocupado estoy. Yo oro en mi mente a lo largo del día”.

Creo que el Señor desea calidad, un tiempo no apresurado a solas con nosotros. La oración, entonces, se convierte en un acto de amor y devoción, no sólo en un tiempo de petición.

lunes, 12 de julio de 2010

SOLICITANDO EL PODER QUE ESTÁ EN CRISTO

Jesús pasaba sus últimas horas con sus discípulos, les dijo: “De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará” (Juan 16:23). Luego, les dijo: “Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido” (Juan 16:24).
¡Qué increíble declaración! Mientras esta escena se llevaba a cabo, Cristo les advertía a sus seguidores que Él partiría y que nos los vería por un breve momento. Sin embargo, con las mismas, Él les aseguraba que ellos tenían acceso a toda bendición del cielo. Todo lo que tenían que hacer era pedir en Su nombre.

Los discípulos habían sido enseñados personalmente por Jesús a tocar, buscar y pedir por las cosas de Dios. Fueron enseñados de primera fuente que todas las bendiciones del Padre, toda la gracia, el poder y la fuerza, se encontraban en Cristo. Y ellos habían oído a Jesús, cuando declaró a las multitudes: “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré” (Juan 14:12-14).

Las palabras de Cristo a los discípulos me convencieron: “Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre” (Juan 16:24). A medida que leía esto, escuché al Señor, susurrándome: “David, tú no has solicitado el poder que he puesto a tu disposición. Simplemente debes pedir en mi nombre”.

Acá tenemos, lo que creo que entristece el corazón de Dios más que la combinación de todos los pecados de la carne. Nuestro Señor es entristecido por la constante y creciente falta de fe en Sus promesas…por las constantes y crecientes dudas respecto a si Él responde las oraciones…y es finalmente entristecido, por un pueblo que solicita cada vez menos del poder que está en Cristo.

No importa cuánto haya usted pedido ser semejante a Cristo; eso no es nada en comparación a los recursos de la sabiduría espiritual que siguen aguardándonos en su almacén. ¡Pida en grande! Pida sabiduría, pida dirección, pida revelación. Pero debe pedir con fe, sin dudar nada.

domingo, 11 de julio de 2010

¿CUÁN GRANDE ES TU JESÚS?

Juan 14 contiene dos magníficas promesas. En la primera, Jesús declara: “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré” (Juan 14:12-14). Jesús lo dice con total claridad y simpleza: “Pidan cualquier cosa en mi nombre y Yo lo haré”.

Dos versículos después, Jesús promete: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros” (Juan 14:16-18). Acá Cristo está diciendo: “Voy a darles el Espíritu de Verdad. Y su poder permanecerá en ustedes”.

Se trata de dos increíbles promesas de Jesús. Sin embargo, note el versículo emparedado entre éstas: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15). ¿Por qué aparece aquí esta declaración? Cristo nos está diciendo: “Hay un asunto de obediencia ligado a estas promesas”. En resumen, ambas promesas tienen que ver con guardar y obedecer la Palabra de Dios. Fueron dadas para ser cumplidas, de modo que nada nos impida solicitar el poder que es Cristo.

Estoy convencido de que pedir poco o nada en el nombre de Jesús es un reproche para Él. Año tras año, muchos cristianos se contentan con menos y menos. Finalmente, se contentan tan sólo con la salvación. No tienen otras expectativas aparte de llegar al cielo algún día.

Le pregunto: “¿Llegó usted al final de su Cristo? ¿No espera nada más que ser salvo por Su poder y gracia? ¿Su Cristo se agota con apenas la fuerza suficiente para sobrevivir un día más? ¿Termina Él con usted en el lugar ocasional de paz y gozo, en medio de una vida mayormente vivida bajo el hostigamiento de Satanás?

Todos estos pasajes en la Palabra de Dios me convencen de que “mi” Jesús es más grande que mis peticiones. Aun así, tristemente, muchos creyentes hacen que Cristo se vea insignificante y sin poder a causa de su incredulidad. Amado, yo no quiero que mi Cristo sea limitado. Por el contrario, quiero que todo diablo en el infierno sepa cuán grande es mi Dios al ver cuán grandes son mis peticiones. Quiero más de mi Cristo. Quiero que sea más grande que nunca en mi vida.

jueves, 8 de julio de 2010

EL ESCRIBIÓ NUESTRO NOMBRE EN SU MANO

¡Qué increíble autoridad se nos ha dado en la oración! Pero, ¿cómo exactamente, hacemos uso de dicha autoridad? A través del mismo nombre de Cristo. Vea usted, cuando pusimos nuestra fe en Jesús, Él nos dio Su nombre. Su sacrificio nos hace aptos para decir: “Yo soy de Cristo, Yo estoy en Él, Yo soy uno con Él”. Luego, sorprendentemente, Jesús tomó nuestro nombre. Como sumo sacerdote nuestro, Él lo escribió en la palma de Su mano. Y de esta manera, nuestro nombre es registrado en el cielo, bajo Su glorioso nombre.

Usted puede ver por qué la frase “en el nombre de Cristo” no es una simple fórmula impersonal. Por el contrario, es una posición literal que tenemos con Jesús. Y esa posición es reconocida por el Padre. Jesús nos dice: “En aquel día pediréis en mi nombre; y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios” (Juan 16:26–27).

Acá vemos por qué Jesús nos ordena orar en su nombre. Está diciendo: “Cada vez que piden en mi nombre, su petición tiene el mismo poder y efecto con el Padre que mi petición; como si estuviera Yo mismo pidiéndoselo”. En otras palabras, es como si nuestra oración fuera hecha por el mismo Jesús delante del trono del Padre. Así también, cuando imponemos manos sobre los enfermos y oramos, Dios lo ve como si Jesús estuviera imponiendo manos sobre los enfermos para sanarlos.

Esta es la razón por la que debemos venir confiadamente al trono de gracia. Debemos orar con confianza: “Padre, estoy delante de ti, como escogido en Cristo para ir y dar fruto. Ahora extiendo mi petición, para que mi gozo sea cumplido”.

Oigo a muchos cristianos decir: “Pedí en el nombre de Jesús, pero mis oraciones no fueron respondidas”. Estos creyentes declaran: “Intenté reclamar el poder en el nombre de Jesús. Pero simplemente no funcionó conmigo”. Hay muchas razones por las que no recibimos respuestas a nuestras oraciones. Quizás hemos permitido algún pecado en nuestras vidas, algo que contamina nuestra unión con Cristo. Esto se convierte en barricadas que detienen el fluir de Su bendición. Y Él no responderá nuestras oraciones hasta que hayamos abandonado nuestro pecado.

O, quizás el bloqueo se debe a tibieza, o desánimo hacia las cosas de Dios. Puede ser que estemos siendo vencidos por la duda, lo cual nos descalifica del poder en Cristo. Santiago nos advierte: “Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor” (Santiago 1:6-7).

Santiago dice claramente: “El que duda, no recibirá nada de Dios”. La palabra que Santiago usa para dudar significa “estar indeciso”. La verdad es que cuando estas personas hacen sus peticiones, coaccionan a Dios, dicen en sus corazones: “Señor, si me respondes, te serviré. Te daré todo, si tan sólo respondes esta oración. Pero si no, viviré mi vida a mi manera”.

Sin embargo, Dios no puede ser sobornado. El conoce nuestros corazones, y sabe cuándo estamos indecisos en nuestro compromiso con Su Hijo. Él reserva el poder que está en Cristo para aquéllos que se rinden enteramente a Él.

miércoles, 7 de julio de 2010

ÉL LO QUIERE TODO

"Bienaventurados todos los que confían en él… nunca más llorarás; el que tiene misericordia se apiadará de ti; al oír la voz de tu clamor… Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él… a la mano derecha… a la mano izquierda… Vosotros tendréis cántico como de noche… y alegría de corazón" (Isaías 30:18-19,21,29). Isaías estaba diciendo: "Si tan sólo esperaran en el Señor, si clamaran a Él otra vez, y volvieran a confiar en Él, Él haría por ustedes todo lo que he dicho y aun más".

Con un pequeña palabra de Dios, el enemigo podría desmayar delante de nosotros: "Porque Asiria que hirió con vara, con la voz de Jehová será quebrantada" (Isaías 30:31). Amado, no hay problema que nuestro Padre no pueda resolver, no existe batalla que Él no pueda ganar en nuestro favor con una simple palabra de sus labios. Isaías dice "el soplo de Jehová" consumirá todo lo que se ponga en nuestro camino (Isaías 30:33).

Sin embargo, este proceso de confiar en Dios en todas las cosas no es fácil. Recientemente busqué al Señor acerca de una situación concerniente a las instalaciones de la iglesia, en la ciudad de Nueva York. Le dije a Dios: "Confío en ti respecto a esto, Padre. Te he buscado al respecto y estaré en paz respecto a ello". Así es como Él me respondió: "David, estoy sorprendido de que puedas confiar en mí respecto a tus propiedades, finanzas y otras cosas materiales. Pero, aún no confías en mí respecto a tu bienestar físico".

Había estado muy consciente de mi edad. Y había estado excesivamente preocupado por lo que le sucedería a mi familia, después de mi partida. Ahora, las palabras de convicción del Señor me golpearon como un rayo. Había puesto en sus manos, toda preocupación material, mas no las preocupaciones eternas. Me di cuenta: "Señor, tú quieres que confíe en ti con todo, ¿no es así?".

Sí, amado santo, Él lo desea todo, su salud, su familia, su futuro. Él desea que usted le confíe todos sus asuntos. Y Él quiere que usted viva en quietud, confianza y reposo. Así que, vaya a su lugar secreto y enciérrese con el Señor. Tráigale todo. Él ha prometido: "Oirás mi palabra detrás de ti, diciéndote qué camino debes seguir. Este es el camino, ahora, ¡camina en él!".

La evidencia de la fe es el descanso. La confianza trae como resultado la paz de la mente. Y la verdadera fe confía en Sus manos, todas las cosas.

martes, 6 de julio de 2010

FUERZA ESPIRITUAL Y CONFIANZA

El Espíritu Santo nos da la fuerza cuando dejamos todas nuestras necesidades en las manos de Dios y confiamos en su poder.

Rut es un ejemplo de este tipo de confianza. Después de que su marido murió, Rut vivió con su suegra, Noemí. Noemí estaba preocupada por el bienestar y el futuro de Rut. Así que le aconsejó a Rut que se acueste a los pies del acomodado Booz y le pida que cumpla su obligación hacia ella como pariente.

Aquella noche, después de finalizar de aventar el grano, Booz se acostó "a un lado del montón" (Rut 3:7) y se cubrió. A la mañana siguiente, se levantó perplejo, viendo a una mujer acostada a sus pies. (No había nada inmoral en la presencia de Rut ahí; ésta era una costumbre común en aquellos días).

Rut le dijo: "Extiende el borde de tu capa sobre tu sierva, por cuanto eres pariente cercano" (Rut 3:9). Ella estaba diciendo, en esencia: "¿Aceptarás la obligación que representa ser mi pariente? ¿Me proveerás?" Ella en realidad estaba preguntando: "¿Te casarás conmigo?".

Esta no era una artimaña de manipulación. Rut y Noemí habían hecho todo en el orden divino. Podemos estar seguros de ello, porque el linaje de Cristo vino a través de Rut. Cuando Rut regresó a casa, Noemí le preguntó: "¿Qué hay hija mía?" (Rut 3:16). Estaba preguntando, en otras palabras: "¿Debiera llamarte Rut la novia, o sigues siendo Rut, la viuda?".

Rut le contó a Noemí todo lo que había sucedido. Escuchen el consejo piadoso de Noemí: "Entonces Noemí dijo: Espérate, hija mía, hasta que sepas cómo se resuelve el asunto; porque aquel hombre no descansará hasta que concluya el asunto hoy" (Rut 3:18). Noemí había orado acerca del asunto, buscando la dirección de Dios, y Dios le había dado consejo. Le había hecho recordar la ley del pariente-redentor (que era un tipo y sombra de Cristo). Así que, Noemí tenía la confianza de que tanto ella como Rut habían hecho su parte. Ahora era momento de quedarse quietas y confiar que Dios haga lo que había prometido. Ella estaba diciendo: "Todo está en las manos del Señor ahora, Rut. Sólo relájate y mantente en calma".

La casa de Noemí se llenó de calma y paz. Nadie estaba frenético, ni mordiéndose las uñas, ni preguntaban: "¿Lo hará Dios? ¿Cuándo sucederá?" Estas dos fieles mujeres pudieron relajarse, cantar y alabar al Señor por su bondad.

¿Ha orado usted? ¿Ha confiado? ¿Está listo para estar quieto y "ver la salvación del Señor"? Él tiene todo bajo control.

lunes, 5 de julio de 2010

VOLVIÉNDONOS UN PUEBLO DE ORACIÓN

En Jeremías 5, Dios imploró: "Recorred las calles de Jerusalén, y mirad ahora, e informaos; buscad en sus plazas a ver si halláis hombre, si hay alguno que haga justicia, que busque verdad; y yo la perdonaré" (Jeremías 5:1). Lo que el Señor estaba diciendo, en esencia era: "Seré misericordioso, si tan sólo pudiera hallar una persona que me busque".

Durante el cautiverio babilónico, Dios halló a tal hombre en Daniel. Y ahora, más que nunca en la historia, el Señor está buscando el mismo tipo de hombres y mujeres piadosos. Él busca siervos fieles que estén dispuestos a "hacer vallado" y "pararse en la brecha", obras que sólo pueden ser logradas a través de la oración.

Tal como Daniel, tal persona será encontrada con la Palabra de Dios en su mano. Cuando el Espíritu Santo vino sobre Daniel, el profeta estaba leyendo el libro de Jeremías. Fue entonces, que el Espíritu le reveló que el tiempo de liberación había llegado para Israel. A medida que venía la revelación, Daniel fue llevado a orar: "Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. Y oré a Jehová mi Dios…" (Daniel 9:3-4).

Daniel sabía que el pueblo de Dios no estaba listo para recibir su restauración. Aun así, ¿mandó el profeta castigar al pueblo por sus pecados? No, Daniel se identificó a sí mismo con el decaimiento moral que le rodeaba. Él declaró: "Hemos pecado…nuestra es la confusión de rostro…porque contra ti pecamos" (Daniel 9:5, 8).

Dios anhela fuertemente bendecir a su pueblo hoy, pero si nuestras mentes están contaminadas con el espíritu de este mundo, no estamos en posición de recibir sus bendiciones. Daniel hizo esta poderosa declaración: "Todo este mal vino sobre nosotros; y no hemos implorado el favor de Jehová nuestro Dios, para convertirnos de nuestras maldades y entender tu verdad. Por tanto, Jehová veló sobre el mal y lo trajo sobre nosotros…" (Daniel 9:13–14).

Si examináramos nuestro propio caminar con el Señor y dejáramos que el Espíritu Santo nos muestre las áreas en las que hemos cedido, haríamos más que orar por una nación apartada de Dios. Estaríamos clamando: "Oh Señor, escudriña mi corazón. Expón en mí cada parte del espíritu de este mundo que ha penetrado en mi alma". Como David, recién entonces podremos fijar nuestros rostros para orar por la liberación de nuestras familias, de nuestra nación".

jueves, 1 de julio de 2010

EL SECRETO DE LA FUERZA ESPIRITUAL

"Porque así dijo Jehová el Señor, el Santo de Israel: En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza" (Isaías 30:15).

Acá vemos el secreto de Dios para la fortaleza espiritual: "En quietud y en confianza será vuestra fortaleza". La palabra quietud en hebreo significa "reposo". Y reposo quiere decir estar calmado, relajado, libre de toda ansiedad; estar quieto, apoyarse sobre un respaldo.

No muchos cristianos hoy, tienen este tipo de quietud y confianza. Muchos están envueltos en un frenesí de actividades, locamente desesperados por obtener riquezas, posesiones y placer. Incluso en el ministerio, los siervos de Dios viven preocupados, en temor, buscando la respuesta en conferencias, seminarios, libros famosos. Todos quieren dirección, soluciones, algo que calme su espíritu. Pero buscan en todo lugar, excepto en el Señor. No se dan cuenta de que Dios ya les dio una palabra para ellos, a través de Isaías: Si no se tornan a Él como fuente, sus luchas acabarán en lamento y confusión.

Isaías describe lo que debiera lograr en nosotros, la justicia de Dios: "Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre" (Isaías 32:17). Si en verdad estamos caminando en justicia, nuestras vidas darán como fruto un espíritu calmo, quietud de corazón y paz con Dios.

A medida que Isaías miraba alrededor de él, veía al pueblo de Dios huyendo a Egipto para pedir ayuda, confiando en hombres, apoyándose en carros y caballos. Embajadores iban y venían. Líderes llevaban a cabo reuniones estratégicas de emergencia. Todos estaban en pánico, gimiendo: "¿Qué podemos hacer?".

Isaías les aseguró: "No tiene por qué ser de esta manera. Vuelvan de sus malos caminos. Arrepiéntanse de la rebeldía de confiar en los demás. Tórnense al Señor y Él los cubrirá con un manto de paz. Él les dará descanso y reposo en medio de todo lo que estén enfrentando".