jueves, 15 de julio de 2010

SOMOS FAMILIA

Reclamar el poder que está en el nombre de Cristo, no es una verdad teológica complicada que esté escondida. En mi biblioteca hay libros que han sido escritos específicamente en el tema del nombre de Jesús. Los autores escribieron para ayudar a los creyentes a entender las implicaciones profundas que están escondidas en el nombre de Cristo. Pero, la mayoría de estos libros son tan “profundos”, que los lectores no los entienden.

Yo creo que la verdad que se nos ha dado sobre el nombre de Jesús es tan simple, que un niño puede entenderla. Es simplemente lo siguiente: Cuando hacemos nuestra petición en el nombre de Jesús, debemos de estar persuadidos que es igual que si Jesús mismo estuviese pidiéndole al Padre. Usted puede preguntar, ¿Cómo es posible esto? Déjeme explicarle.

Nosotros sabemos que Dios amó a su Hijo. El habló con Jesús y le enseñó mientras estuvo en la tierra. Y Dios no solamente escuchó sino también respondió a cada pedido que su Hijo le hizo. Jesús testificó sobre esto diciendo, “El siempre me escucha.” En otras palabras, el Padre nunca negó a su Hijo ninguna petición.

Hoy día, todos los que creen en Jesús están vestidos del Hijo de Dios. Y el Padre celestial nos recibe tan íntimamente como él recibe a su propio Hijo. ¿Por qué? Es por nuestra unión espiritual con Cristo. A través de su crucifixión y resurrección, Jesús nos ha hecho uno con el Padre. “Para que todos sean uno; como tú oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros…Yo en ellos y tú en mí” (Juan 17:21-23).

Para ponerlo de una manera simple, ahora somos familia – somos uno con el Padre, y uno con el Hijo. Hemos sido adoptados, con todos los derechos de herencia que le pertenecen a un hijo. Esto significa que todo el poder y todos los recursos del cielo están a nuestra disposición, a través de Cristo. Orar “en el nombre de Jesús” no es una fórmula. No es una frase que tiene poder simplemente pronunciándola. El poder está en creer que Jesús toma nuestra causa y la lleva al Padre en sus propios méritos. El es el Abogado – él está haciendo la petición por nosotros. El poder está en confiar plenamente que Dios nunca le niega nada a su propio Hijo, y que somos los beneficiados de la fidelidad total que el Padre tiene con el Hijo.